José Carlos Bermejo Barrera: La universidad de pocas luces

José Carlos Bermejo Barrera: La universidad de pocas luces

Santiago está que echa chispas desde que un juez imputó a un electricista del robo más espectacular de la reciente historia de la Catedral. Quizás por esta tendencia a reducirlo todo al campo del electromagnetismo, su universidad - en contra de lo que ocurría en los viejos comics cuando ante una nueva idea se encendía una bombilla sobre la cabeza del protagonista - ha decidido solucionar todos sus problemas apagando bombillas. Es posible que comenzase a agotar sus pilas cuando celebró su centenario con el lema: “Ahora Galicia Resplandece”. A lo que respondió modestamente la universidad de A Coruña incluyendo en su escudo el lema: “Con esta luz”, convencida quizás de que la Torre de Hércules habría de ser faro y guía de sus futuros miembros.

Sea como fuere, lo que es cierto en que en Santiago todas las medidas de ahorro que se toman en su universidad técnicamente en quiebra, asfixiada por su deuda y los costes financieros de la misma, son siempre para ahorrar luz. Para ahorrar luz se cerró tres días en Semana Santa y ahora quince en agosto. Para ahorrar luz se cambiará todo el horario de clases en el segundo cuatrimestre, comenzando a las 8:30 y acabando a las 19:30, apagándolo todo precisamente cuando los días comiencen a alargarse. Para ahorrar luz, no se sabe cómo, sus administrativos pasarán a trabajar de 9 a 17 horas y no de 8 a 15, como los de las restantes administraciones públicas; teniendo casi que comer en sus puestos de trabajo con una fiambrera, no sabemos si porque sus sueldos cada vez mas recortados ya no les den para otra cosa, o porque su universidad haya decidido regular ahora sus ritmos culinarios con este nuevo horario. Un horario, no anunciado con luz y taquígrafos precisamente, sino sacado a la luz pública antes de hablar con ninguno de los sindicatos que legalmente representan a sus trabajadores y funcionarios.

Todo es cuestión de luz en una universidad que es incapaz de aprobar su presupuesto, siendo responsables de ello tanto quienes la gobiernan como la oposición establecida dentro de las reglas del sistema, y que se gestiona sin presupuesto renovado. Todo es cuestión de bombillas en una universidad incapaz de aprobar la renovación de sus estatutos por estas mismas razones. Todo parece ser cuestión de luces en una universidad cuya única opción política es promocionar a los profesores de mayor edad a escalones docentes superiores, aun a costa, según el Ministerio de Hacienda, de reponer el 600% de sus jubilaciones frente al 10% permitido por la ley. Y en una universidad en la que no importa poner en la calle a investigadores jóvenes, a los que se les juzga con alambicadísimos baremos siempre cambiantes por quien convoca las plazas docentes para ellos.

Ya no hay más ideas, ni se encienden nuevas bombillas, pues se decide que todo siga igual y nada cambie cuando casi todo es insostenible. Quizás habría que reunir un consejo o senado de exrectores sabios y pedirle a Carlos Pajares que nos descubra la mínima partícula de la que se compone el euro, y así salir de nuestra penuria, a Ramón Villares que busque viejos documentos de históricos pelotazos que hayan sacado de la bancarrota a instuticiones en quiebra, a Darío Villanueva que nos patente alguna metáfora o metoniminia convertible también en euros y a Senén Barro que nos haga un programa informático que, desviando a nuestra cuenta los céntimos de las operaciones bursálites de un solo día de los “mercados”, nos permita de nuevo nadar en la abundancia. Y es que otras ideas no hay, las pilas se están agotando, las baterías nos muestran ya la señal de recarga cada vez más rápida. Quizás tampoco eso sirva ya y habría que recurrir a las energías renovables.