Eduardo Ibarra Colado: El Libro de la universidad imaginada

Reflexionando entre el buen lugar y ningún lugar

 

El libro de la universidad imaginada

 

  

 

 

Lo extraordinario de este libro es su cualidad de artefacto flexible, volátil, líquido, inacabado, en construcción. Un libro perpe­tuo y efímero a la vez, que en su condición de libro-mutante, se desplaza desde una carpeta alojada en una nube de datos, implicando al lector en un camino que comparte como coautor permanente. Un libro que forma parte de la era “pos-PC” en la que el lector-autor se sitúa sobre nuevas superficies donde seguir e-scribiendo. Subyacente tras la tinta y el papel, las múltiples dimensiones de este li­bro anticipan a la universidad del futuro, que es su tema central. Los nuevos modos de conocer y de comunicar que ya han trastocado a la universidad de hoy, nos permiten dar respuesta a preguntas como la siguiente: ¿qué universidad nos aguarda en un mundo fluido dominado por la velocidad, la des­esperación, el desanclaje espaciotemporal, los sistemas difusos, el totalitaris­mo del instante y la recreación simbiótica de los cuerpos humano/social/artifi­cial? Lo que pone en juego este libro que imagina a la universidad entre el buen lugar y ningún lugar, es la recuperación de nuestra capacidad para volver a pensar con nuestras propias cabezas desde nuestras propias histo­rias y lugares, pensando en nuestras lenguas. El libro de la universidad imaginada es un espacio abierto a todo tipo de saberes y no sólo a aquellos que se han erigido como “verdaderos”. Es el empeño de universitarios que creen en una universidad abierta, completa y en diálogo que se asiente en nuevas prácticas de aprendizaje y colaboración social.

 

[Extracto del libro de Eduardo Ibarra Colado y Luis Porter Galetar (coords.), Lilian Álvarez, Daniel Cazés, Raquel Glazman, Arturo Guillaumín, Javier Ortiz y Lourdes Pacheco (2012) El libro de la universidad imaginada: hacia una universidad situada entre el buen lugar y ningún lugar, México, UAM-Cuajimalpa/Juan Pablos, 283 págs. (ISBN: 978-607-477-768-0)]

 

Advertencias sobre los epígrafes que dan inicio a esta obra y sobre algunos aspectos de este texto, entre cuyos títulos se encuentra el de una universidad situada entre el buen lugar y ningún lugar

 

La recuperación de la identidad latinoamericana, que puede realizarse a través de la pintura, la literatura, la música o de cualquier otra expresión de la cultura y la vida de nuestras comunidades ancestrales, con el juego de espejos y artificios de entrada, nos remite a la articulación de sucesivas e infinitas figuras que intentan encontrar los sentidos de la historia, ahí comprendidos sus futuros.

 

La cultura latinoamericana ha tenido como tema recurrente el espejo; tal fue la cultura preincaica enclavada en Chavín de Huántar, y luego la Inca para la que el cosmos reflejaba, cual espejo, su vida en este mundo. Los teotihuacanos, antes de construir su pirámide del sol, trazaron el “eje del mundo”, el corazón de la pirámide misma como centro del cosmos, mientras los Aztecas, que transportaban en sus largos viajes su tótem de obsidiana, representaban el origen del universo en Tezcatlipoca.

 

Luego, con la invasión/invención de América, el espejo solar va a ser conquistado, hecho añicos y trocado por espejitos. Con la modernidad, los espejos, más que reflejar la tierra de los Dioses o la verdadera imagen del alma, prometen mostrar las cosas “tal como son”. Sin embargo, sus cristales proyectan los objetos siempre al revés, como advirtiéndonos involuntariamente que tales imágenes ocultan, en su apariencia y sus distorsiones, su verdad más íntima, invitándonos a escudriñar lo que hay realmente detrás. El espejo de vocación eurocéntrica, entronizado en la “Verdad” y la “Razón”, muestra hoy, cabalmente, sus vanas ilusiones en la diseminación de sus contrarios, lo aparente, lo falso y lo irracional.

Esto ya lo hemos mostrado. La metáfora del espejo nos acompaña al menos desde 1993, cuando publicamos La Universidad ante el espejo de la Excelencia, para dar cuenta de los enjuegos y las distorsiones que producen los juegos discursivos, desnudando el poderío de la palabra que impone como verdad aquello, no porque es, sino porque se dice que es. Se trata de “explicaciones” introyectadas socialmente, que entierran las realidades mundanas de todos los días, condenándolas al silencio. A la pregunta ¿qué es la universidad? se le responde de muy diversas maneras, pero sin aludir demasiado a sus condiciones particulares de existencia, a lo que se vive y sucede cotidianamente en ellas, para dibujar en su lugar frescos y murales que muestran sus coloridas bondades aparentes, eliminando todo lo demás.

 

Hoy mantenemos la pertinencia de esta metáfora, pero le otorgamos un sentido más positivo o la empleamos con un ánimo más optimista. El espejo no sólo proyecta luminosidades que nos deslumbran y enceguecen, escondiendo el sentido profundo de las cosas, como esa tan pregonada “excelencia” que, sustentada en datos, indicadores, diplomas y certificados, cubre y oculta las mediocridades de esos malos académicos que, como fantasmas a la caza de las bolsas de dinero bajo concurso, deambulan alegres en nuestras universidades de hoy, sin importarles demasiado las aspiraciones más plenas del compartir, aprender, reflexionar y crear.

 

Afortunadamente, lo hemos constatado, hay también muchos buenos académicos que se empeñan en hacer bien las cosas, a pesar de las condiciones institucionales adversas, perpetuadas por la inercia burocrática, por el cinismo o la dejadez de las autoridades –no de todos pero, sin duda, de muchos– y por esa corrupción sistémica de la universidad que es ya moneda de curso legal.

 

Por ello, además de los malos resplandores, es indispensable comprender que en el espejo se cifran también otras imágenes que representan el más allá de las miradas, de las memorias y las búsquedas, de los anhelos. Es necesario recobrar el espíritu cósmico de los espejos de nuestras culturas latinoamericanas, pues ellas nos recuerdan que la vida es más que sobrevivir, que ella entraña la creación más íntima del ser en el arte de vivir con los otros a través del aprendizaje, el trabajo y el ocio. Aquí es donde cabe la búsqueda de los posibles futuros que deseamos, que nos aguardan y que podemos comenzar a realizar desde ahora. Espejos planos y convexos, reveladores de realidades complejas y sus reflejos, de sus pliegues interiores y de la alteridad, de pasados y futuros, en fin, de posibles modos de existencia que implican nuevas prácticas para liberarnos de nuestras ataduras, prejuicios y atavismos, tanto como de las sujeciones que operan desde las instituciones y lo instituido.

 

Por tanto, el futuro que aquí dibujamos no es profecía ni predicción, es un intento de ayudarnos a erigirlo anclados en nuestra propia cultura, por lo que dibujamos una serie de imágenes que puedan servir de referente a quienes transiten por estas páginas para que conjuntamente derramemos semillas de nuevos-huevos, como dice Roa Bastos, y que construyamos espirales de nuevas maneras universitarias. Se trata de traspasar los espejos para aventurarnos en las circularidades que, como inquietos remolinos, intentan llegar al fondo de la pregunta que hoy nos ocupa: ¿qué universidad queremos?

 

Sobre el índice y el futuro de este libro

 

El libro de papel nos obliga a un orden determinado. Sin embargo, nos las hemos ingeniado para subvertirlo y escapar a sus dictados. Al abrir el libro, el lector se encuentra con un objeto que contiene más de lo que suponía y que le exige más de lo que pensaba. Después de los títulos, epígrafes y agradecimientos, se despliega un índice circular (metafóricamente organizado en anillos concéntricos) que podríamos describir como una cartografía esférica cuyo mapa permite advertir múltiples rutas, formando una malla o red en la que las conexiones se multiplican, generando posibilidades insospechadas que una lectura lineal o una ruta preestablecida harían imposibles. La condición de “esférica”, “enredada” o “rizomática” intenta superar la idea de un orden plano o lineal o con un único centro, sugiriendo un ámbito multidimensional, la naturaleza soterrada de la vida o los nudos que se ramifican horizontalmente y que no son distintos al espacio virtual.

 

Visto esto, el lector debe actuar, sumándose casi desde el primer momento a un proyecto de lectura/aprendizaje que exige determinación. Tome un lápiz y empiece a conectar los temas desplegados en este índice siguiendo sus corazonadas sobre lo que más despierte su interés. Así irá construyendo su propia red de lectura, las rutas de su intuición inicial. Luego comience a leer. En el momento en el que decida parar, vuelva al índice y, motivado por lo que ya ha leído, re-trace sus rutas obteniendo un nuevo itinerario que aguardará la siguiente parada y hechura. Haga esto tantas veces como lo desee, hasta que determine que este artefacto no tiene más que ofrecerle, al menos por el momento.

 

Hemos adoptado la idea de anillos concéntricos, pues permite ubicar un punto de partida, para desde allí, por medio de vínculos y saltos, navegar por los senderos o intersticios del texto. Se trata de un recurso al alcance del lector que le permitirá crear libremente los hilos conductores de ideas y dimensiones para potenciar una lectura intencionada, la cual, al despertar interrogantes y polémicas, podrá traducirse en nuevos diálogos y en la propia reescritura de lo ya dibujado en el papel. Por ello hemos apostado a un doble despliegue, el del cuerpo principal del texto, que es acompañado por un conjunto de recuadros que, como ventanas, propician pausas reflexivas, aperturas y, por qué no, hasta rutas de escape. De esta manera, el lector podrá optar por leer la obra de corrido atendiendo sólo el texto principal, por escudriñar en los recuadros saltando al gusto entre ellos, o tal vez por dejar fluir la lectura en un ir y venir entre texto y recuadros, tal como el ánimo, el interés y las emociones lo vayan dictando.

 

Además, de recuadro en recuadro, el lector dispone de los márgenes y de algunas páginas en blanco para ensayar su propia escritura, rehaciendo las páginas leídas con sus propios saberes, inquietudes, preguntas, dudas, respuestas tentativas, desacuerdos y con todo lo que sus recorridos le vayan provocando a lo largo de su propio itinerario. Por ello, al final, cada lector tendrá un libro diferente y nuevo, su propio libro, ese en el que se convirtió en co-autor de un experimento cognitivo inusual. Cumplido tal propósito, no olvide añadir su nombre en la portada de la obra.

 

De esta manera, se van dibujando diversos itinerarios o mapas, tantos como la imaginación y el atrevimiento de cada lector lo permitan. La metáfora de los anillos puede sustituirse por la de una cebolla o una “alcachofa interminable” (utilizando la imagen con la que Pablo Neruda describió el corazón de los poetas). En esta idea de capas y/o de hojas, los caminos fluyen y se bifurcan en infinidad de laberintos, tantos como quiera la curiosidad o permita la osadía del lector. Esta participación activa de quien escudriña el texto a su antojo y en el orden que libremente construye desde su intuición, sus ímpetus y sus corazonadas, hace que la comunicación cumpla la función fundamental y propulsora de los lenguajes como impulsores vitales de la imaginación y la reflexividad, abriendo así la puerta a nuevas formas de colaboración social.

 

Este libro deberá ir evolucionando al ritmo de los tiempos. Como lo muestran ya los dispositivos electrónicos a nuestro alcance, nos encontramos en posibilidad de comenzar a abandonar la tinta y el papel, o de aceptarlos como una opción entre muchas de un conjunto que se expresa en diferentes lenguajes, recurriendo a más sentidos que el de la vista. La tecnología disponible y la que se visualiza como inminente nos invitan a transitar hacia el hipertexto, incorporando otros lenguajes y formas de expresión, que ya no requieren de fluidos y celulosa, sino de descargas eléctricas enlazadas en infinidad de nodos, que resultan en imágenes en movimiento, sonidos y códigos extra textuales, entre otros muchos.

 

Echaremos mano de manera creciente de los soportes electrónicos que, mediante sus protocolos de transmisión de datos, abren espacio a nuevas formas compartidas de conocimiento y creación artística, capaces de reunir orgánicamente la palabra escrita, la imagen, el sonido y el movimiento, todo ello a partir de estructuras narrativas que potencian una nueva unidad compleja de creatividad comunicacional colectiva y de innovación social inclusiva.

 

La conciencia humana se asoma así a un concepto de lectura que rompe con la linealidad del texto tradicional, para abrirse a espacios de tránsito y navegación que demandan, ya no sólo la mirada atenta del lector que lee, sino la conversación activa del lector que observa, escucha, aprecia, siente y reacciona ante un hipertexto dinámico que se hace, deshace y rehace con cada interacción.

 

Si logramos alcanzar nuestro propósito, transformaremos el objeto-libro tradicional en un artefacto más complejo que llegará a incluir, eso esperamos, una memoria que puede tener la forma de un portal dinámico de Internet, de una carpeta compartida de conocimientos alojada en una nube de datos o de uno de tantos dispositivos de acopio, almacenamiento y transmisión de información. El nuevo libro-mutante, pues implica relaciones que le otorgan la condición de su escribiéndose permanente, permitirá pasar de la lectura limitada por los contornos del papel, a la interactividad en tiempo real a través de monitores y pantallas de esa creciente infinidad de dispositivos electrónicos enlazados que inundan nuestra hipermodernidad, desde los viejos ordenadores que adquirimos hace apenas unos años, pasando por los obsoletos discos duros y las memorias flash en proceso de extinción, hasta los pequeños dispositivos electrónicos que anuncian la era “post-PC” mostrando las potencialidades de las nanotecnologías que han dado un nuevo giro en la carrera hacia la miniaturización de la sociedad.

 

Más aún, gracias a la miniaturización que nos ha proporcionado el chip como una nueva superficie para “e-scribir”, el objeto-libro habrá de transformarse en un nano-libro transmisor que será literalmente incorporado, es decir, insertado en el cuerpo, como sucede ya con los marcapasos y otros dispositivos para resolver insuficiencias y discapacidades, todo ello con la finalidad de ampliar los límites de la racionalidad, potenciando nuestras capacidades cognoscitivas y comunicacionales en formas que hoy apenas imaginamos.

 

Se trata del biopoder llevado hasta sus últimas consecuencias, con lo que se seguirán transformando, cada vez de manera más radical, la vida, el trabajo y el lenguaje. El impresionante avance del conocimiento en muy diversos campos de problemas, va haciendo cada vez más tenues y borrosos los límites entre el cuerpo humano y la maquina artificial, con lo que se transforman el sentido y las posibilidades de la existencia social y sus representaciones culturales más profundas, incluidos sus mitos, creencias y valores. Entramos de lleno a una nueva era marcada por las posibilidades y los peligros del cibernantropo, los Cyborgs, el homo computacional, la vida artificial sintética y las computadoras cognitivas.

 

Estas transformaciones habrán de plasmarse en nuestros modos de conocer, trastocándolo todo, y con ello, trastocando también a la envejecida universidad de hoy, con sus anacrónicos modos de organización y sus inútiles prácticas de control, lo que nos conduce a plantear una pregunta adicional: ¿qué universidad nos aguarda en un mundo fluido dominado por la velocidad, la desesperación pues esperar se ha convertido en una circunstancia intolerable (Bauman, 2007: 21)–, el desanclaje espacio-temporal, los sistemas difusos, el totalitarismo del instante y la recreación simbiótica de los cuerpos humano/social/artificial?

 

Sobre el tono espontáneo de la obra

 

Surge el tono espontáneo de quienes sienten alegría al imaginar las posibilidades de un mundo distinto y mejor. Recurrimos al optimismo porque eso nos permite ver que el pasado ha sido, en muchos sentidos, no mejor sino peor. No nos contamos entre quienes añoran volver atrás, como si esos tiempos, convertidos por muchos en idilio, bandera y mito, fuesen preferibles a otros por el simple hecho de que ya no les favorecen. Por supuesto, nuestra visión de futuro no implica el abandono de la crítica del presente (y del pasado) o la renuncia a la necesaria combatividad ante situaciones que hoy vivimos y con las que no estamos de acuerdo. Pero tampoco hacemos a un lado el desafío inicial de la labor académica como parte de aquella mítica universidad que algunos conocimos en los convulsos años sesenta y que imaginaba un proyecto que sin duda valía la pena. La utopía no nos da permiso para negar la realidad y nos exige, cuando menos, intentar superarla.

 

El concepto de utopía, que aclaramos más adelante en detalle, incluye un sentido concreto y social, el sabor de la imperfección humana y de sus locuras, el desorden, los movimientos encontrados, la normalidad del error, la emergencia y el evento, la ruptura, en fin, todo aquello que es cuestionado por quienes prefieren la tranquilidad y el orden de una sociedad pasiva, en equilibrio y en plena calma, estacionaria y resignada, que acepta el eslogan tantas veces repetido de “PARA QUÉ HACER ALGO SI NO HAY ALTERNATIVA”. Frente a ese “NO PASA NADA” debemos responder con un “SE PUEDE TODO”.

 

Esta universidad futura, la que anhelamos y por la que vivimos, es la negación de la universidad que hoy padecemos y que no nos gusta; por ello la hemos denominado como la “universidad situada entre el buen lugar y ningún lugar”. Para imaginarla hemos recurrido al diálogo como método compartido de escritura, pues su reinvención se nutre de la existencia de opiniones diversas, a veces complementarias, a veces distintas, a veces en franca oposición. Desde tales intercambios se fueron ensamblando las sonoridades de esta sinfonía. Bajo este método todo es admisible y legítimo menos someterse al yugo de la autoridad erigida en juez de la moral, pues ella anularía la libertad.

 

Acordamos plantear esta construcción de la imaginación, no para aceptar el ingenuo fin de la historia preconizado por Fukuyama (1992), sino para propugnar un futuro otro, abierto y en construcción, sin el que sería imposible vivir el presente y escribir la historia al momento mismo de vivirla, al margen de guiones preestablecidos que apuestan a determinismos apocalípticos ya claramente desacreditados. Sólo es posible aspirar a cambiar lo que tenemos y que no nos gusta, cuando se posee el ímpetu y la fuerza para actuar con la intención expresa de realizar ese mundo imaginado al que aspiramos, pero también para corregirlo sobre la marcha, frente a cada acontecimiento que demande un nuevo ciclo reflexivo para enmendar el camino y saber cuándo disminuir la velocidad, cuando dar vuelta y cuando acelerar. Hay que enfatizarlo, estos futuros (in-)imaginados hacia una universidad futura se construyen y realizan desde las prácticas y los quehaceres renovados de nuestra cotidianidad actual, como posibilidad para agitar, desarmar y romper sus presentes instituidos, pues desinstitucionalizar no es otra cosa que ejercer nuestra autonomía al lado de otros para reinventar el mundo, la universidad y nuestra propia subjetividad.

 

Desglose general del índice

 

 

 

PRIMER ANILLO. Forma de escritura del libro 

 

Es indispensable explicar al lector el origen casi espontáneo de esta obra, su inesperado punto de partida y la forma en la que se fue escribiendo en vueltas sucesivas, conformando una sinfonía inconclusa en diálogos sucesivos. Hablamos de un experimento para probar que se puede trabajar de otras maneras, que se puede pensar colectivamente cuando hay voluntad de aventura y apertura para conversar, escribiendo, tachando, borrando y volviendo a escribir. Tales diálogos son un ingrediente fundamental que se nutre de sentido gracias a la direccionalidad que le van imprimiendo los escribanos, pues los condensan, resumen, articulan, mueven y ponen en perspectiva para llegar, bajo su propio juicio, riesgo y responsabilidad, a una nueva versión última, pues hay que concluir en algún momento, y preliminar, pues espera aún los diálogos y re-escrituras de quienes la lean hoy, mañana o cuando sea. Por eso hablamos de una sinfonía inconclusa interpretada por un ensamble scherzando, pues la interlocución funcionó como ese estímulo y acicate de reflexiones compartidas y divertidas que permitieron producir sinergia, escribiendo de otra manera hasta llegar a la versión del texto que el lector tiene en sus manos y que, stricto sensu, se produjo gracias a este juego de intercambios entre escribanos y dialogantes fundidos en este ensamble de voces que han dado lugar a ese autor colectivo que somos todos.

 

 

Superación de la denuncia de la universidad que tenemos
y recuperación de los saberes otros

 

De una actividad intelectual centrada en el deterioro reciente y presente de las universidades públicas mexicanas (Ibarra, 2001; Porter, 2003b; Cazés et al., 2007), pasamos a una actividad intelectual que aspira a imaginar un futuro mejor y a realizarlo desde ahora (Cazés, Ibarra y Porter, 2010b). Del pesimismo que provocan los intentos, cada vez más agresivos de reeditar el mismo modelo europeo que utilizó al conocimiento en nuestra región como forma de conquista y avasallamiento, pasamos al optimismo que produce pensar en una realidad distinta y mejor. Esto explica porque uno de los temas recurrentes de nuestros diálogos fue la necesidad de que la universidad futura rompa con la colonialidad del saber que ha impuesto el silencio a nuestras culturas ancestrales, y con ellas a nosotros mismos, mediante la verdad totalitaria de la razón occidental.

 

El presente visto desde un futuro utópico

 

Rechazamos las formas tradicionales de mirar el futuro, pues no logran desprenderse del presente ni de la racionalidad de las proyecciones y extrapolaciones. Por ello ha fracasado la prospectiva, pues no se atreve a imaginar el futuro sin el pasado, siempre a imagen y semejanza del presente, convalidado por datos y tendencias que pregonan ingenuamente que lo que perdura no cambia. Cuán equivocados están. El mundo humano está hecho de rupturas, emergencias y sorpresas, de futuros (in-)imaginados que desacreditan, de tiempo en tiempo, las verdades instituidas. Bajo esta convicción, en lugar de “pensar” a la universidad del futuro como proyección tendencial de la universidad que hoy tenemos, proponemos imaginarla sin ataduras, nunca como acto enteramente racional sancionado por las reglas de la ciencia positiva, sino como ese atrevimiento para soñar en lo imposible atendiendo a nuestras aspiraciones humanas y sociales más profundas. De esta manera, el foco en el futuro rompe con el presente y, si acaso lo toma en cuenta, es para situarlo como motivación central que ubica al presente como un nuevo destino después de haber viajado al futuro con la más amplia apertura de la imaginación.

 

Principios teóricos, ideológicos y pedagógicos
de la universidad situada entre el buen lugar y ningún lugar

 

Es una condición hablar de las razones teórico-ideológicas que guían los planteamientos de la universidad que imaginamos. No se trata de una especulación teórica desde el momento mismo en el que la guía una orientación vital/política/proactiva para recuperar la vida y el control sobre nosotros mismos, sobre nuestro trabajo y nuestra existencia, para constituirnos verdaderamente como arquitectos activos de nuestro destino. Se trata en el fondo de una orientación autonómica emancipadora, anti/contra/post/institucional y, en ese sentido, subversiva... Preguntamos: ¿quién se siente en estos días con la capacidad de enseñar? ... En la respuesta nos decimos que sólo aprendemos y que lo hacemos juntos. Hablamos de una pedagogía del diálogo y la conversación que conduce al aprendamos juntos como acto y proceso fundamental de convivencia social. El primer anillo en su conjunto es una amplia introducción a los elementos o rasgos del imaginario de la futura universidad utópica, donde el prefijo “no” indica con fuerza nuestro rechazo a todo lo que hoy padecemos al intentar reflexionar y conocer, dificultando la realización más plena de nuestra existencia como forjadora de sentido y fuente de creatividad.

 

La anestesia de lo conocido

 

Como investigadores tratamos de salirnos de la rutina, de los rituales, de ciertos aspectos de la cultura que limitan las posibilidades de ver la realidad de otra manera, incluso de imaginarla libremente, pues el método tradicional, ya lo dijimos, nos empuja a ver el futuro como una extrapolación mecánica de lo conocido. Por ello enfrentamos el desafío de romper con la familiaridad, con la anestesia de lo conocido, es decir, asumir el reto de desechar los moldes y las recetas de los manuales de explicaciones ad hoc de las ciencias sociales, lo que implica abandonar nuestras propias certezas y dogmas para acogernos a la fecundidad de la incertidumbre, el desorden y lo desviante. Se trata de cultivar la antítesis de un Sistema de Posicionamiento Global (GPS por sus siglas en inglés), un sextante o la estrella boreal. ¿Acaso no es mejor el extravío que llama a la búsqueda y a la acción, que la certeza de los caminos tantas veces recorridos en los que todo se encuentra marcado y decidido? Nosotros preferimos guiarnos por la falta de señalamientos, que nos liberan para encontrar nuevas maneras de dar vuelta en U, acudiendo a nuestras corazonadas, arriesgándonos al descrédito por atrevernos a cuestionar lo instituido y a sostener indeclinables que las cosas pueden ser de otra manera. Renunciamos a nuestras filiaciones con la convicción de que haremos familia entre quienes se encuentren dispuestos a dialogar y recorrer con nosotros los territorios abruptos, empinados y montañosos de la libertad de imaginar y decidir.

 

La viabilidad de una utopía

 

Es necesario aclarar el sentido que le damos a la utopía, pues es confundida usualmente como lo imposible, lo irrealizable, como ese mundo perfecto o ideal al que aspiran ingenuos o soñadores. Sin embargo, más allá de estos referentes comunes, nosotros nos referimos antes que nada a la intención de crear, desde la imaginación en diálogo, una comunidad decidida a actuar y a vivir de otras maneras. Se trata de imaginar un estado futuro que se comienza a realizar desde el momento mismo en el que lo ponemos en operación, confeccionando una estrategia efectiva de (auto-)transformación de nuestros espacios de vida más inmediatos y más íntimos, de esa microfísica en la que recreamos, acompañados por otros, nuestros modos de existencia fabricando nuestro propio ser. Aunque no logremos arribar a ese mundo perfecto o esa universidad futura ubicada entre el buen lugar y ningún lugar, será posible rescatar, estamos convencidos, algunos de sus nichos de posibilidad, verdaderas madrigueras en las que todavía sea posible respirar. Así, más que aspirar a una revolución que abarque al mundo como totalidad, aspiramos a revolucionar nuestros propios micro-mundos y a contaminar a quienes nos rodean en olas expansivas que aspiran modestamente a modificar el pequeño lugar, espacio local que haga posible el buen vivir a pesar del desastre que domina a la humanidad. En todo caso asumimos la utopía como una meta-ficción que actúa, no como escape de la realidad, sino como búsqueda de formas posibles de realización alimentadas por las ideas, la creatividad y la belleza.

 

SEGUNDO ANILLO. Conceptos: complejidad, lentitud, decolonialidad

 

Este segundo anillo empieza a adquirir su circularidad al desplegar la idea de referentes que van mucho más allá de la idea más convencional de bibliografía o marco teórico. Los conceptos fundamentales que nos guían, los que hemos elegido por afinidad conceptual y por intuición teórica, son como “espejos” que nos ayudan a reconocernos, entre ellos el paradigma de complejidad, el movimiento lento y el pensamiento decolonial. Estos incluyen, además de autores y corrientes del pensamiento con los que hemos dialogado largamente a través de sus propios textos, nuevas nociones que reintroducen la centralidad de la información, el conocimiento y el poder como componentes de todo futuro (in-)imaginado. El marco de nuevas utopías deja espacios a la diversidad y a las rutas múltiples, sin amedrentarse ante las contradicciones e inconsistencias de planteamientos que se oponen, pues son tales contradicciones e inconsistencias el cemento de la sociedad y del mundo. No creemos en una universidad utópica única sino en la emergencia de muchas universidades en proceso, en flujo, que nunca llegan a ser totalmente porque cambian a cada momento. Tratamos de alejarnos, de esta forma, de los límites y la esterilidad de un “pensamiento único” y “claro” que se niega a dialogar y reflexionar, o a ceder en sus razones, por su adicción a la “verdad”.

 

El proyecto como eje

 

Esta dimensión de nuestros diálogos se interna en la discusión de lo que entendemos por proyecto, por “capacidad de proyecto”, por plan y estrategia. Es un pasaje centrado en el concepto de planeación, pero no de aquel que ha sido apropiado y utilizado para conducir y controlar a la universidad de hoy, siendo presa inconsciente de las debilidades de una ortodoxia anglosajona sustentada en modelos e indicadores ya denunciada por sus incapacidades para lidiar con el futuro. El imperativo que reconocemos es recrear la planeación y reimaginarla al lado de quienes pudieran darle vida y hacerla posible y fructífera, más allá de vanas ilusiones de quienes lo reducen todo a un problema técnico de racionalidad. No comprenden que la planeación es tan sólo un báculo para reflexionar, que ella nunca se realizará plenamente ni alcanzará su proyectado punto final. Esto es así porque en el trayecto se topa con infinidad de relaciones que la van redirigiendo por rutas insospechadas marcadas por voluntades sociales en disputa. Se trata de todo un desafío conceptual y social, pues implica transformar nuestros modos de pensar, actuar y ser para construir proyectos desde dinámicas comunicacionales diversas sostenidas por individuos, grupos e instituciones.

 

La universidad en la calle

 

El anillo nos invita también a salirnos de la institución para transitar otros senderos en el ámbito urbano, en las calles y espacios abiertos de la ciudad, pero también en el campo, en pueblos y comunidades más cercanos a los territorios de lo rural y de lo inexplorado. En este caso la arquitectura, en complicidad con las nuevas tecnologías, sirve de infraestructura imaginada como relato de ciencia ficción. Damos sitio a una nueva concepción espacial, que parte de un diseño físico que trasciende lo netamente ingenieril como mecánico, frío, estático, ordenado y exacto, para proyectarse en lo arquitectónico como orgánico, vivo, en movimiento, creativo y estético. El espacio arquitectónico se transforma con el uso de las nuevas tecnologías informático-comunicacionales, lo que lleva al concepto de red, de especialización múltiple, rompiendo con la idea de recinto, de pasillo, de aula o de oficina, en suma, de espacio compartimentalizado. Se trata de una apertura de la sociedad que decide salir de su encierro escapando por las puertas y las ventanas, derribando esos muros que han otorgado a la universidad una identidad como espacio cerrado, aislado, especie de torre de marfil muy bien resguardada por los porteros del saber. Así, el conocimiento empieza a esparcirse como gas, trasminando la capilaridad social.

 

TERCER ANILLO. Creación, imaginación, diálogo, arte, atrevimiento,
sentido, poesía, movimiento, perplejidad

 

El tercer anillo marca otras rutas al discernir asuntos que son más específicos y puntuales pero que, en su propio desarrollo, permiten ir entretejiendo una trama textual, que va perfilando el sentido complejo de la perspectiva más comprensiva que se ha ido construyendo en el texto, a través de nuestros diálogos sinfónicos y sus disonancias. Se trata de un despliegue conceptual que persigue otorgar sentido a nuestra construcción imaginaria, marcando drásticamente los contrastes con el pre-dominio de la razón, el orden establecido, la pasividad prevaleciente, el aburrimiento de lo conocido, el tedio de lo repetido, y la conformidad ante la norma y la costumbre. Para desafiar la pereza mental que hoy pareciera apoderarse de todos nosotros, pues ya no queremos leer, pensar y expresarnos, y de la mediocridad que la institucionaliza, pues todo se reduce a jugar a las apariencias y cumplir con la norma, nos arriesgamos a apostar por la creación para escapar a la medianía imperante de la universidad de hoy. Es indispensable recuperar nuestra capacidad de imaginar, restituir los diálogos y conversaciones como modo compartido de reflexión social, reapropiarnos del arte, no solo como creación ajena de aquellos que reconocemos como artistas, sino de nuestro auto-descubrimiento como sujetos capaces de crear nuevos arte/factos y de desarrollar nuevas artesanías, que invitan a desmontar la universidad presente para dar paso a algo mejor. Mediante la experimentación viva de otros modos, otras prácticas y otros juegos en los que se rompen las reglas instituidas del conocimiento disciplinario y el comportamiento universitario, de lo que se denomina comúnmente como “buena ciencia” o “buenas prácticas”, será posible recuperar la perplejidad y la capacidad de asombro ante la vida y su belleza, una capacidad hoy ampliamente atrofiada que reclama otros modos de ser, de conocer y de existir.

 

Alternativas al método: ¿en qué planeación creemos?

 

La nueva universidad provoca un cambio paradigmático en el concepto de planeación, que implica una nueva manera de concebir el método como un proceso reflexivo, dialogante, abierto y participativo. Se muestra la conveniencia de aprender a distinguir las diversas identidades que cada caso presenta para reconocer en cada grupo y proyecto universitario, la particular hebra del tejido que entreteje las redes institucionales en sus diferentes escalas y ámbitos. En suma, la necesidad de conocer las partes sin perder de vista al todo. Este conocimiento requiere de métodos distintos, que hagan de la planeación académica un instrumento efectivo de cambio en nuestra ruta hacia la universidad imaginada. Para ello nos acompañan autores seminales que desde hace mucho tiempo han hablado de esto mismo, ayudándonos a pensar a la universidad en nuevos términos. Entre ellos Chris Argyris, cuando señala la necesidad de seguir siempre aprendiendo, para poder reinventarnos y enfrentar con nuevas miradas, los cambios que nos libren de caer en los usos y costumbres propios de la inercia. Destaca también Carlos Matus, quien nos ayudó a entender lo que la teoría clásica de las organizaciones y la planeación racional normativa no pudo: la necesidad de clausurar la oficina de planeación situada al lado del despacho del rector, para reconocer la capacidad planificadora de todos los sujetos, situando al individuo en la posición de reconocer al otro y de poder de esta manera, encaminar sus acciones a lugares posibles. Un abordaje que nos hablara con claridad sobre cómo sustituir la “racionalidad técnica” imperante con una “racionalidad productiva/creativa” que posibilite el aprendizaje compartido y la colaboración planificadora, esa que nos permite ver hacia el futuro para saber qué hacer hoy.

 

Poliedro de transformaciones

 

La capacidad de comunicación enfrenta también cambios muy significativos, no sólo en sus dimensiones más atendidas, la verbal y la escrita, sino en aquellas que van mostrando su amplitud y complejidad. Nos referimos a asuntos de comprensión, razón utópica, análisis y crítica, identidad, formación integral, autonomía e individualismo. Todo este juego de elementos e interacciones hacen del acto comunicativo un espacio y un vínculo que cobija/potencia o desprotege/inhibe nuestras capacidades sociales para aprender y conocer. Esta discusión implica reconocer la importancia de nuevos modos para aprender juntos, para aprender-en-sociedad, apoyados en las posibilidades de otra educación como potenciación de la autonomía compartida.

 

Transformación de los campos profesionales
y nuevo espacio/tiempo universitario

 

Abordamos el problema de la fragmentación del saber en disciplinas y especialidades, imaginando formas emergentes de comunicación e ilación entre ellas, nuevas concepciones de las prácticas para conocer, aplicaciones emergentes que rompen los moldes instituidos, formas de trabajo de la “especialización flexible” del saber que aprende, nodos, redes y tejidos que, desde puntos y momentos distantes, confluyen en resultados convergentes y compartidos. El nuevo milenio ha cambiado radicalmente la forma en que se crea, interrelaciona y coordina el conocimiento. El desarrollo tecnológico ha agregado nueva sofisticación y complejidad al mundo actual afectando su papel como expresión de la cultura, su carácter educativo, su representatividad de una sociedad y de un momento histórico determinado, su impacto en los aspectos social, psicológico, político y económico del medio ambiente construido. También en el sentido y el uso del espacio. De ahí la afirmación de nuevas formas de generalización/especialización, junto a un ejercicio profesional más descentralizado y más innovador. La tendencia a la creación de condiciones técnicas y relaciones sociales conjugándose en nuevas formas, más democráticas, provoca una nueva integración y suma de energías, iniciativas y esfuerzos en la nueva universidad. El problema ahora es llegar a ser capaces de articular y organizar las visiones y las prioridades de los demás con las nuestras. Esto implica saber reconocer otras posibilidades, saber ceder e intercambiar, lo que obliga a saber dialogar, comunicarse y a la postre negociar.

 

Otros aspectos de la universidad
situada entre el buen lugar y ningún lugar

 

El complemento de este empeño reside en la integración de las diversas visiones de futuro que fueron desplegando los miembros del ensamble scherzando para pensar a las universidades públicas mexicanas en el año 2030. Por ello, esta zona de nuestro tercer círculo concéntrico da cuenta de diversos diálogos sostenidos para adentrarnos y profundizar en situaciones específicas tales como el tipo de concepciones sobre la universidad, el nuevo espacio/tiempo universitario y sus nuevas “misiones”, elementos que funcionaron como acicate para proyectar la configuración de imágenes sobre los futuros (in-)imaginados de la universidad y la nueva educación que podría potenciar.

 

A guisa de in-conclusión

 

A diferencia de los textos tradicionales, en éste se trata de no terminar, de dar la vuelta en U para seguir por otros senderos que muestren nuevas facetas de esa universidad utópica, de la que este libro en proceso de conformación recursiva, es una de sus primeras expresiones. Por ello reconocemos y nos hacemos cargo del carácter inacabado de este empeño, abandonando la postura pretenciosa del “sabio” instituido que cree que su obra es el arribo definitivo a la “verdad”. Apostamos en su lugar a la colaboración social a través del diálogo y la conversación, pues la lectura de estas páginas es tan sólo una invitación a aprender juntos, a reflexionar y debatir, a invitar al lector a escribir mientras lee, ocupando los márgenes y los espacios en blanco que aún conserva el libro de papel, pero que dará lugar también, a la “e-scritura” como nuevo modo de expresión virtual, que haga de este libro un verdadero artefacto con vida propia, alimentado de la inquietud y la dinámica social. Por ello, para seguir experimentando nuevos modos de hacer y conocer, propondremos pronto la edición virtual…