José Carlos Bermejo Barrera: La ciudadanía tenía un precio

José Carlos Bermejo Barrera: La ciudadanía tenía un precio

Fueron los griegos y los romanos los que crearon la idea de ciudadano. En sus ciudades sus miembros varones tenían el derecho de participar en la vida política, el deber de defender a su ciudad en la guerra y el privilegio de poseer tierras y casas y poder legarlas a sus hijos habidos en el matrimonio. Todo ello estuvo por un pelo de llegar a ser un concepto anticuado, si el gobierno no se hubiese tragado entre los días 19 y el 20 de noviembre el globo sonda que lanzó con todo el orgullo de un estudiante aplicado, según el cual se podría conceder el derecho a la residencia permanente y al trabajo a aquellos extranjeros que comprasen un piso de más de 160.000 euros; piso que por supuesto habrían dejado a sus hijos, ya españoles. Corregido el garrafal error con el tipex que da el control de los medios de información, se pasó a decir que los extranjeros podrán comprarse un piso en España para venir de vacaciones. La pregunta es: ¿cómo se pudo lanzar a los medios de comunicación semejante disparate? Un disparate cuyas consecuencias desarrollaré a continuación para mejorar una posible segunda propuesta del gobierno, que a lo mejor llega.

Dice la Constitución que los ciudadanos tienen derecho al trabajo y a una vivienda digna. Hay casi 6 millones de personas sin trabajo y cada vez más se quedan también sin casa. Para solucionar el problema, el gobierno, con la lógica impecable de quien confunde el todo y la parte, el antecedente con el consecuente y la afirmación con la negación, creería entonces que si los extranjeros - chinos y rusos básicamente - se comprasen un buen piso en España, a la vez que obtienen la residencia permanente y el permiso de trabajo, entonces se solucionarán a la vez los problemas de la banca y sus pisos cautivos, de la vivienda y el paro. Según ese modo de razonar, es lo mismo decir que, como los cuervos son todos negros, entonces todos los negros también son cuervos. Nada tiene que ver una cosa con la otra, pero lo importante es que lo parece.

Continuemos desarrollando las consecuencias de la propuesta inicial, que en cualquier momento puede volver a ser retomada, como suele ser habitual, una propuesta que es a la vez económica y patriótica. Se dice que los catalanes quieren ser independientes. Como España es la poseedora única de la soberanía nacional en Cataluña, se le podría ofrecer su venta a los 7 millones de catalanes a cambio de 160.000 euros. Cada catalán dará esta cantidad en un sobre al gobierno a la vez que devuelve su carnet de identidad, comprando de este modo su libertad. Como la nueva Cataluña no estará en el euro, se facilitará a los catalanes que se deshagan de sus viejos billetes, ya no válidos con la nueva moneda catalana, que fluctuará en paridad con el yen, por ser China ya la primera economía antes del 2020. También podría estar a la par del franco suizo, para facilitar su circulación. Suiza es una confederación con tres lenguas, y podría añadirse otra más, porque los catalanes y los suizos tienen muchas cosas en común: son serios, ahorradores y trabajadores; y los dos países tienen montañas altas en las que se puede esquiar.

Llegados a España los 7 millones de sobres con 1.120 billones de euros, se solucionarían todos los problemas. El gobierno le compraría su nacionalidad a los 6 millones de parados a cambio de 160.000 euros, con lo que tendría solucionado el problema del paro, al ser los parados ya extranjeros. Eso sí, lo haría a condición de que comprasen un piso con ese dinero, recuperando la ciudadanía a la par que las llaves de su nueva casa. Mientras tanto, se crearía la categoría de ciudadano interino o español en prácticas, necesaria porque como los chinos habrían comprado los 600.000 pisos de la banca, habría que montar otra burbuja inmobiliaría para construir 6.000.000 de nuevas casas. Los españoles interinos deberían depositar su dinero en una cuenta vivienda de un nuevo banco, el NBBA (Nuevo Banco Burbuja), que sería privado y repartiría el dinero con los demás bancos, siguiendo las leyes del mercado, salvándose así la banca y consecuentemente la bolsa. Así ya no habría que pedir el rescate.

La nueva burbuja de 6.000.000 de pisos pondría en marcha la economía. En ella podrían participar muchos españoles interinos con su nuevo capital formando parejas de autonómos, de tal modo que cada uno con su dinero montase una empresa en la que emplease al otro, que sería así su trabajador, o su patrono, con lo que se superaría la diferencia de clases. Esta sinergia de los autónomos, unida al hecho de que los españoles interinos podrían volver a ser obreros de la construcción en sus nuevas casas, que ya tendrían pagadas, solucionaría todos los males patrios. Se relanzaría la economía, el gobierno llenaría sus arcas con el IVA, cuyos tipos podría volver a bajar, y se llegaría al superávit de las cuentas públicas. Con él se bajaría el IRPF a los pensionistas y a los españoles no interinos e interinos, y se incrementaría el consumo de todo tipo de bienes, llegándose al fín a la bonanza económica.

Y todo empezando por hacer que un chino se compre un piso. No me digan Uds. que la economía no es una ciencia exacta. Y no me nieguen que el autor de semejante despropósito tiene méritos para ser ministro de hacienda, por lo menos.