José Carlos Bermejo Barrera: Cuatro rectores y una universidad: Santiago de Compostela

José Carlos Bermejo Barrera: Cuatro rectores y una universidad: Santiago de Compostela

Los grandes nos parecen grandes

solo porque estamos de rodillas.

¡Pongámonos de pie!”

Cit. K. Marx y F. Engels,

La Sagrada Familia, Madrid, Akal, 1977, p. 108.

Solían algunas viejas universidades situar en sus claustros los llámados Víctores o retratos de aquellos que habían sido sus rectores o sus más eminentes profesores. Esta tradición continúa en la Universidad de Santiago, que suele estar a la vez orgullosa de su pasado escasamante glorioso, a la vez que sienta las bases para destruir las posibilidades de reconstruir ese mismo pasado de un modo crítico. En esto sólo es fiel seguidora del paso marcado por los gobernantes centrales, autonómicos y la sociedad gallega en general y en esto también ha aportado su contribución a la construcción de un gran muro de silencio, tras el que se amparan la mayor parte de sus miembros, incapaces de sacar a la luz o impotentes para ello, un discurso que les permita ser conscientes de su propia situación institucional y del lugar que las universidades ocupan realmente en el mundo de la producción económica, la realidad social o la vida política.

Yacen cuatro retratos de los últimos rectores en el silencio del claustro del Pazo de san Xerome, una sede del rectorado de la universidad de Santiago, que a la vez de poseer el calificativo de Palacio está también bajo la advocación del santo que tradujo la Biblia al latín creando la versión única y obligatoria del texto más sagrado del Occidente cristiano para decenas de siglos, lo que podría interpretarse alegóricamente más que como una coincidencia.

Como modesto cronista trazaré a continuación una imagen histórica de esas cuatro personas que gobernaron mi universidad desde hace treinta años con la tranquilidad de saber, fuese cual sea el resultado, que su imagen siempre quedará mejor parada que la que reflejan sus retratos, de los que lo único que se puede decir con seguridad es que no pasarán a ser parte de la Historia del Arte. Con ello intentaré contribuir a que se puedan dejar de oir en el futuro en Santiago los sonidos del silencio que hace ya más de cuarenta años habían descrito Simon y Garfunkel.

Los sonidos de silencio

¡Hola oscuridad, mi vieja amiga¡,

otra vez vuelvo a hablar contigo,

porque una visión que reptaba suavemente

me dejó sus semillas mientras dormía,

y esa visión que se me grabó en la cabeza

aun perdura

en el sonido del silencio.

Caminaba solo en mis pesadillas

Por callejuelas de adoquines

Y bajo el halo de una farola,

Entre el frío y la humedad me subí el cuello

Cuando mis ojos se cegaron por un resplandor de neón

Que atravesaba la noche,

Y sonó el sonido del silencio.

Bajo la luz desnuda ví

A diez mil personas, quizás más.

La gente hablaba sin decir nada

Y oía sin escuchar,

Y escribían canciones que nadie compartía

Y que a nadie le importaban

Interrumpiendo el sonido del silencio.

“¡Estúpidos!, les dije, ¿es que no veis

que el silencio está creciendo como un cáncer?

¡Escuchad lo que os quiero decir,

coged los brazos que os extiendo!”

Pero mis palabras cayeron como silenciosas gotas del lluvia

Resonando en los pozos del silencio.

La gente se inclinaba y rezaba

Al dios de neón que ellos mismos se habían hecho.

Y el luminoso iba formando un anuncio,

Que con sus luces decía:

“Las palabras de los profetas

están escritas en las paredes del metro

y en las vallas de los solares”

Y así susurraba en los sonidos del silencio.

(trad.J.C.Bermejo Barrera).

I

C. PAJARES VALES

Creemos los historiadores que el presente es consecuencia del pasado, por eso para comprender cuál es la situación de la universidad haremos un recorrido por las figuras y mandatos de aquellos de sus rectores que precedieron al inmediato presente, comenzando por el primero de ellos. Llegó C. Pajares Vales a Santiago como catedrático de Física teórica en una facultad recién creada; venía avalado por sus trabajos sobre la entonces innovadora teoría de los quarks, esos componentes de parte de las partículas a los que unos físicos dotados de sentido del humor - compañero fiel de la inteligencia- atribuyeron olores y sabores a la hora de denominar su propiedades. Fue en esos momentos, en el año 1983, cuando, tras la aprobación de la LRU elaborada por el ministro J.Mª Maravall, las universidades españolas vivieron una enorme transformación: crecieron, se multipicaron sin fin, se hicieron más internacionales, mejoraron sus recursos y plantillas, a la par que en ellas se fue poco a poco incubando el mal que saldrá a la luz al llegar la gran crisis.

C. Pajares, formado en los USA e identificado con la izquierda del PSOE, partido del que luego será militante, fue elegido rector en lid contra M.A. Ríos, un químico-físico que encarnaba un poco la continuidad con lo anterior, en el que no todo era tan malo, y con X.M. Beiras, que representaba la ruptura integral, no solo por ser el único candidato en el que podían reconocerse los nacionalistas, sino porque en su propio equipo, por ejemplo, figuraban como posibles vicerrectores estudiantes que habrían de gobernar y ser examinados a su vez por sus propios profesores. Personalmente creo que X.M. Beiras sabía que nunca podría ganar, pero también sabía que tenía un papel que representar, similar al que le tocó por dignidad representar en el eterno teatro de la política, en el que tragedia, comedia y farsa siempre se superpopen.

Fue apoyado C. Pajares por un núcleo de militantes del PSOE, CC.OO. y grupos de profesores de ideas más o menos izquierdistas, razón por la cual la parte más tradicional de la USC pareció temer que de nuevo volvían los rojos. No fue exactamente así, ya que lo que ocurrió es que se construyó una universidad nueva de arriba abajo en la que iban a caber, ¡qué remedio! todos los colores del arco iris. C. Pajares y su PUPA (Plataforma Progresista) crearon una estructura de apoyo, poder e influencia en la que rápidamente pasaron a integrarse personas de todas las orientaciones posibles, algunas incluidas en la candidatura de M.A. Ríos, por ejemplo. Y tuvo C. Pajares dos mandatos. El primero fue constituyente. La USC redactó sus complejos estatutos y se construyó casi a partir de cero, creándose los departamentos, que comenzaron a minar a las antiguas facultades, los nuevos sistemas de doctorado, todas las nuevas licenciaturas, así como las infraestructuras de investigación, que luego explosionarían con su propio crecimiento. El rector consiguió mejorar muchísimo la dotación económica, las plantillas de profesores y PAS de modo notable. Había mucho que ganar, y también mucho que perder. Muchos podían jugarse su futuro académico, sus cátedras, sus puestos, sus medios de investigación, y por eso la PUPA adquirió poco a poco solidez y fortaleza, una fortaleza que le permitió ganar el segundo mandato del Prof. Pajares, y cuya base ya no fueron las ideas ni los ideales, sino los más nítidos intereses del pan de cada día y sus necesarios condimentos.

Una plataforma, ¡malhadada palabra! no es un partido ni un sindicato, sino un grupo corporativo de intereses académicos, y como en la realidad la ganancia de uno es la pérdida de otro, fueron surgiendo grupos de profesores que no se sentían representados ya a los seis años de la elección de C. Pajares, en 1990. Primero los nacionalistas, claro, amparados por la poderosa sombra del BNG y X.M. Beiras y no asimilables en la izquierda española, y luego todos aquellos que venían de la etapa anterior y que no se habían podido integrar en el nuevo sistema. Un sistema complejo, que requería paciencia para negociar, pactar, e incluso intrigar, si se quería sobrevivir personalmente o defender el propio campo de conocimiento con la creación de títulos, departamentos o facultades. Estamos aun en el mundo de una universidad única, pues las dos nuevas se crearon en 1990, lo que hace la situación más compleja, y en un mundo en el que los intereses académicos se entrelazaban con poderes locales y provinciales, dispuestos a crecer a costa del vecino en un campo académico en el que todo este sistema se multiplicó además por tres, con universidades que repartieron ocho campus distribuidos en geográficas lonchas.

La PUPA sentó cátedra; otros profesores se agruparon para la nueva contienda y el heredero de la legitimidad de la PUPA, J. Sordo, perdió las elecciones, quedando su plataforma sin embargo activa y con plena potencia de fuego. C. Pajares, que siendo rector impartía sus clases a las nueve de la mañana, siguió siendo físico y apasionado socialista a la vez. Fue y sigue siendo ante todo un profesor universitario. No hizo carrera política ni empresarial. Tuvo sus aciertos y errores, pero también buena voluntad, y se mantuvo fiel a su profesión y sus ideas. Ahora, próximo a su jubilación, representa a España en el mayor centro de investigación física del mundo: el CERN. Está su retrato en el claustro de Fonseca; el óleo deja bastante que desear, esperemos que la historia le haga más justicia.

II

R. VILLARES PAZ

Si C. Pajares llegó de fuera y se dedicó al estudio de los constituyentes últimos de la materia, uniformes para todo el universo, situando su trabajo en los límites de la compresión científica, su sucesor en el cargo, R. Villares Paz, por el contrario, era gallego de nacimiento y se dedicó al estudio de la historia, que es ciencia no de lo universal, sino de lo singular, de lo local, e incluso de lo anecdótico y del más leve matiz, pues en ella no existe una proporción tan clara entre las causas y las consecuencias tal y como ocurre en las leyes de la física. Quizás por ser historiador el propio carácter del nuevo rector fuese mucho más sutil y atento al cálculo del detalle.

Ganó R. Villares las elecciones bajo una cierta aura de nacionalismo, a pesar de que los nacionalistas políticos no le mostraron nítidamente su apoyo, y ayudado por votantes provenientes del núcleo que luego se definiría como más conservador, aunque en su caso, como en los de las demás nuevas plataformas, cabía empezar a preguntarse qué diferencia podría haber entre conservador, progresista o nacionalista, ya que todo el mundo quiere conservar lo que consigue con duro empeño. En el caso de Villares, el nacionalismo funcionó más como estigma que como refuerzo, pues si algunos se habían imaginado la llegada de los rojos con el profesor Pajares, esos mismos, u otros, parecían querer creer que los nuevos gobernantes estarían dispuestos a llevar a cabo una especie de imaginaria limpieza étnica para galleguizar a la nueva y segregada USC a golpe y porrazo.

Era pura fantasía, pero esa imagen jugó en contra del mandato del profesor Villares, acusado a la vez de ser defensor de la supuesta derecha y de dar cobijo al nacionalismo gallego, fuese cual fuese su especie. Con ese doble frente abierto y teniendo en la trinchera a la PUPA con toda su estructura, disciplina y potencia de fuego, los que vivimos las Juntas de Gobierno de esa época podemos dar fe de la eficacia de sus bombardeos en casi todos los puntos de los órdenes del día. Al rector Villares le toco lidiar con dos nuevos rivales, los rectores de Coruña y Vigo, dispuestos a crecer y a garantizarse la supervivencia de sus nuevas universidades, incluso a costa de dejar exhausta a su vieja, pero nada decrépita, alma mater. En esa situación los juegos de poder académico se hicieron mucho más complejos, pues alcaldes y presidentes de diputación, junto con partidos y el propio gobierno gallego, comenzaron a manejar docenas de bazas en un múltiple intercambio de estrategias posibles, negociables y a veces hasta pactables.

La USC, ahora ya sola, siguió su camino. Se hicieron todos los planes de estudio nuevos de arriba abajo, y con ellos se generaron cientos de plazas de profesores que cubrían las nuevas licenciaturas, que llegaron a ser nueve en una sola facultad, Filología, bien defendida por una vicerrectora del equipo, R. Álvarez Blanco. El camino estaba trazado. Ni llegó la limpieza étnica ni nada que se le pareciese. Lo nuevo era que ya no había un grupo corporativo de intereses académicos, sino tres, que podrían competir por ocupar todo el espacio o pactar para repartírselo como ocurriría años después. Esos grupos disfrazaron sus intereses, fuesen o no legítimos, con las etiquetas y marchamos de unas supuestas ideologías políticas, entrecruzadas entre todos ellos y que cada cual podía manejar a su conveniencia, pues si para algo servimos los profesores es para hablar hasta el agotamiento, para justificar, para razonar y para avalar a veces nuestras mayores nimiedades bajo el amparo de las grandes ideas y los desinteresados ideales.

El juego continuaba y la vida académica también. La universidad crecía y mejoraba, pero precisamente por ser más grande y potente el juego de intereses corporativos se iba haciendo cada vez mayor bajo la espada de Damocles de la poderosa PUPA, dispuesta a recuperar el poder perdido en aras de la contención del supuesto avance del nacionalismo, si así convenía, o con el fin de frenar a la derecha que estaba llevando a cabo simultáneamente otra especie de hispánica reconquista. Los dos nuevos grupos contendientes en el año 1994 sin embargo estaban de acuerdo en una cosa: había que llevarse bien con Manuel Fraga, bien asentado en la Xunta. Presumir de una buena relación con él era casi requisito indispensable para ambos: el propio historiador Villares y D. Villanueva Prieto, proviniente del campo de la imaginación, como teórico de la literatura, salido de las antiguas filas de la PUPA y dispuesto a ofrecer una nueva imagen de equilibrio que permitiese restaurar un supuesto orden roto y garantizar el progreso. Engrasados los engranajes electorales y disputándose voto a voto perdió Villares, hasta ahora el único rector que no pudo revalidar su mandato. Aunque por la misma razón que las perdió las hubiera podido ganar, pues el sistema estaba ya consolidado y funcionaba por sí mismo, cambiando solo el grupo que podría sacar mejores réditos de él, igual que en la vida política. Volvió el rector a su cátedra, tampoco hizo carrera política de partido ni carrera empresarial, quizás porque como historiador que es sabe que es peligroso vivir fuera del presupuesto del estado. Lo que si logró fue construirse una carrera propia político-cultural en el marco público, valorando siempre matices y circunstancias en su doble condición de historiador y gallego.

III

D. VILLANUEVA PRIETO

Tomó posesión de su cargo D. Villanueva dispuesto a poner fin al supuesto radicalismo en el que habría caído el gobierno del rector Villares, hombre más bien dado a la moderación que a los aspavientos; y las divisiones acorazadas de la PUPA se dispusieron a defenderlo frente al esperado ataque de la Plataforma Nacionalista. Sin embargo esa contraofensiva nunca tuvo lugar. Tras una multitudinaria cena homenaje al ex-rector en la que se pudo comprobar que continuaba teniendo muchos apoyos, de repente desapareció, o entró en hibernación esa segunda plataforma, pasando a gobernar D. Villanueva en dos sucesivos mandatos una universidad convertida, casi hasta el final de los mismos, en una balsa de aceite.

Tenía el nuevo rector fama de “hablar bien”, aunque nadie pudiese afirmar que el ahora ex rector no supiese hablar, y dio crédito a esa reputación introduciendo un nuevo estilo en las Juntas de Gobierno, pues en ellas se pasó de los enfrentamientos dialécticos más broncos y agotadores a interminables y exhaustivos informes del rector, un narrador de los acontecimientos en primera persona, cuyos relatos recibían por lo general únanimes parabienes. Si el estilo es el hombre, también el oficio deja marca en todos nosotros, y por ello no es raro que siendo D. Villanueva catedrático de “Teoría de la literatura”, una materia que estudia cómo se estructuran los géneros literarios, tragedia, comedia, novela o lírica, sus dos mandatos estuviesen configurados básicamente por la palabra brillante y bajo el amparo de la mímesis, o ficción razonable, clave de la creación literaria.

Heredó D. Villanueva una USC menos endeudada de lo que la había recibido el profesor Villares, que aplicó recortes, frenando el crecimiento de las plantillas y limitando gastos en bibliotecas, investigación, equipamiento y edificios. Y es que el problema clave de esta universidad, su déficit, ya venía del rector Pajares. Era una cuestión compleja, pues al crecimiento acelerado se unían fuertes discordancias con las Xunta a la hora de fijar los presupuestos y reconocer ciertos pagos y obligaciones de todo tipo por parte del gobierno gallego. Pero, del mismo modo que no había orden que restaurar en el supuesto desorden, tampoco existía la supuesta relación privilegiada con Manuel Fraga, el hombre más deseado por los tres rectores gallegos. Un presidente que tenía que tener en cuenta que los ejes universitarios Coruña-Ferrol y Vigo-Pontevedra-Ourense correspondían a cifras de población y votantes inmensas frente al limitado eje Santiago-Lugo, al que casi podríamos llamar, por comparación, rural, si tenemos en cuenta el tamaño de las ciudades.respectivas.

No hubo privilegios para Santiago, pero D. Villanueva decidió frenar la política de recortes del anterior rector. Como además le correspondió poner plenamente en vigor los nuevos planes de estudio que implicaban grandes aumentos de plantilla, para su Facultad por ejemplo, con sus nueve licenciaturas, y hubo que construir nuevos edificios, encargando uno de ellos, la Facultad de Xornalismo, a un arquitecto estrella, A. Siza, con lo que ello supone en general de incremento del gasto, el profesor Villanueva acabaría su segundo mandato dejando a su universidad con un déficit imposible de amortizar, aun a día de hoy.

Hay normalmente en la historia mucha más continuidad que cambios bruscos, pues el prosaico lenguaje de los hechos y las cifras es mucho más alicorto que el de las fluidas palabras de la creación literaria, que a la vez que se refieren a la realidad, también saben expresar sentimientos, pensamientos, pasiones y anhelos: por eso el rector Villanueva fue también solo el heredero del precipitado Quinto Centenario de su universidad. Algunos historiadores le ofrecieron una datación discutible y hoy definitivamente desechada en el libro de referencia de historia de las universidades europeas, el que en su 4 volúmenes ha publicado la Universidad de Cambridge con el aval de todos los rectores de Europa. Se sabía que Santiago como universidad era mucho más vieja que sus dos hijas de cuatro años de edad, pero no hacía falta elevar su edad a los cinco siglos. No fue el rector Villanueva el que lo hizo, sino toda la comunidad que salvo mínimas excepciones lo apoyó. El problema fue que ese Centenario supuso gastos en congresos, actos y ceremonias de investidura de doctores honoris causa, casi en serie, y al final todo se vino a sumar al monto del amenazante déficit. Remantando su mandato vio D. Villanueva cómo el PSOE perdía el gobierno en Madrid y cómo se modificaba parcialmente la ley que regía la universidad. En sus últimos meses la USC protagonizó una movilización desproporcionada de profesores contratados, que fueron sistemáticamente convertidos en funcionarios sin reparar en gastos, y alumnos, protestando contra esa ley después de haber sido aprobada y cuando las movilizaciones en el resto de España se habían ya terminado. Tras ella se acabaron las reivindicaciones y el movimiento estudiantil por muchos años. D. Villanueva, que sabía transmitir la pasión en su relato, ingresó al fin en la RAE, sucediendo a su compañero G. Rojo Sánchez en la secretaría de la misma. Allí sigue hoy, a la vez que continúa como profesor de lo que Aristóteles llamó “retórica”, viviendo en y dentro del mundo de las palabras al que dedica su oficio.

IV

S. BARRO AMENEIRO

Finalizados los mandatos del rector Villanueva era obligado que apareciesen nuevos candidatos. Y así fue. Agrupando las fuerzas dispersas y desmoralizadas de la hibernada Plataforma Nacionalista se propuso J.M. Sabucedo, un psicólogo social, como candidato a arrebatar el eterno retorno de la PUPA, que ya había designado como heredero a S. Barro Ameneiro, un joven informático formado ya en la universidad nacida de la reforma del ministro Maravall. J.M. Sabucedo, moderado y sutil como buen psicólogo social, no estuvo dispuesto a criticar mucho al gobierno anterior, por eso ganó las elecciones quien iba a ser su legítimo continuador, S. Barro, quien, nada más tomar posesión de su primer mandato, se encontró con una sorpresa mayúscula. Apagadas las pasiones del V Centenario, con el PP en el poder en Santiago y Madrid lo único real era un monstruoso déficit, que podía explicarse por múltiples causas pero que estaba ahí. Se vio obligado a retener fondos de investigación, echar el freno e intentar aclarar las cuentas, y así lo hizo, aunque acabaría su segundo mandato, tras un intento fracasado protagonizado por J. Casares de arrebatar el gobierno a la recurrente PUPA, dejando de nuevo un déficit, contenido sí, pero no amortizable ni a corto ni a medio plazo.

S. Barro sólo conoció la universidad nacida con el PSOE, fue pues un rector de segunda generación con un pasado breve. Pero es que además, al ser catedrático de una materia muy joven, “Lenguajes y sistemas informáticos”, en la que las investigaciones precedentes tienen un pasado mínimo, y en la que todo periclita y se renueva a pasos agigantados, quedándose continuamente obsoletas máquinas y programas, tiende a pensar que todo es nuevo bajo el sol y que hay que adaptarse a un nuevo mundo que se renueva cada día a velocidad de vértigo. Sin embargo su universidad no solo tiene un aplastante pasado, que la lastra por ejemplo con la edad media de sus plantillas de profesores, sino que en ella las disciplinas humanísticas, sociales, jurídicas y económicas siguen siendo su columna vertebral. Y sigue casi bajo la misma ley que había aprobado J.Mª Maravall en 1983 y que no ha sufrido más que retoques, remiendos y añadidos que la hacen casi imposible de aplicar.

Vivió S. Barro la llegada de la burbuja inmobiliaria como ciclo económico, creado por Aznar y avalado por Zapatero. Gracias a ella volvió a fluir el crédito y se pudo tirar para adelante a base de deudas, desde el hogar medio hasta la cumbre del estado, y así pudo ver el nuevo rector cómo se multiplicaron por cuatro los recursos de investigación entre 1996 y 2008, y creyó, como tantos, que se anunciaba la llegada de un nuevo tiempo para la universidad, el de la universidad empresa, de la universidad avalada por la banca, unida al desarrollo económico y pilar indispensable de la prosperidad de toda la sociedad. El que su especialidad fuese una ciencia innovadora que puede generar astronómicos beneficios le tenía que facilitar esa visión, imposible de desarrollar en un marco legislativo que aún la contradice, mientras no se opte por la desfuncionarización de los profesores y la privatización y desregulación de las universidades públicas. Tanto en su primer mandato como en el segundo, en el que agrupó a los restos del nacionalismo académico y la minoritaria “derecha”, nunca reconocida como tal por sí misma, para acabar con un equipo fragmentado, S. Barro apostó por un modelo universitario adaptado a lo que se llamó el “proceso de Bolonia”, y por privilegiar la investigación sobre la docencia, utilizando para ello los instrumentos legales a su disposición y creyendo que deben privilegiarse algunos campos de investigación en detrimento de otros, como es inevitable en cualquier lugar del mundo. Eligió para ello la USC bajo su segundo mandato el “Campus Vida”, que agruparía a los investigadores en genética, química, medicina, farmacología y biología. Para él se construyeron edificios a crédito y se creó, con la ley en la mano, una Escuela de Doctorado exclusiva, ahora paralizada prácticamente. Y todo parecía ir muy bien, mientras el mundo vivía surfeando en la cresta de la ola de la burbuja financiera, de la que bancos, estados y particulares fueron beneficiarios. Bolonia con su enseñanza cosmopolita, digital y ultramoderna, asociada a la investigación de élite en los campos más rentables de la industia prometía el mismo mundo feliz en el que vivió la lechera hasta que se le rompió el cántaro. Y el cántaro también se rompió en Fonseca, justo cuando Senén Barro remató su segundo mandato, declarando públicamente sus bienes, lo que le honra porque nadie le obligó, y pasando a simultanear su cátedra con su trabajo para Universia, dentro del Banco de Santander. Todo un signo de los tiempos.

Tras una campaña electoral caótica con siete candidaturas simultáneas y en la que J. Casares predicaba su independencia de todas las plataformas posibles, prometiendo recuperar el sentido institucional que éstas parecían haberle arrebatado a la universidad; una campaña en la que la vieja PUPA apareció dividida en tres candidaturas en lid encabezadas por tres catedráticas, la suma del azar y la aritmética permitió que accediera al cargo el rector Casares, recibiendo en sus manos una universidad al borde de un abismo que él parece contemplar con delectación en estado hipnótico. En poco tiempo liquidó su propio equipo, buscó alianzas con los miembros de las viejas plataformas por él denostadas y comenzó a aplicar serios recortes. Hasta hoy.