Ignacio Zarra, Mercedes Pintos y Eva Castro: Rector reelegido y mártir reincidente o por qué ahora

Ignacio Zarra, Mercedes Pintos y Eva Castro: Rector reelegido y mártir reincidente o por qué ahora
Ignacio Zarra, Catedrático de Fisiología Vegetal, fue Director del Centro de Posgrado de la USC
Mercedes Pintos, Catedrática de Física, fue Vicerrectora Adjunta al Rector para Coordinación Interna de la USC
Eva Castro, Catedrática de Filología Latina, fue Vicerrectora de Estudios de Grado y Posgrado de la USC

Finalizando su mandato se sitúa Juan Casares Long públicamente en una simbólica encrucijada en la que vacila a la hora de asumir de nuevo el reto de presentarse como candidato a rector, en cuanto que, según sus propias palabras, no tiene espíritu de mártir. La USC no necesita mártires a estas alturas, sino gestores inteligentes y proactivos, capaces de conducir a la institución hacia el mejor horizonte posible. Conviene que los futuros candidatos sean conscientes de que van a asumir un reto, no un martirio, que le supondrá al que resulte elegido estar al servicio de los demás para lograr el bien común con trabajo, esfuerzo y honradez, no para disfrutar de una vanagloria, parabienes y honores tan efímeros como irreales.

Una comunidad universitaria vigorosa intelectualmente, comprometida y responsable ante sí misma y ante la sociedad, no puede aceptar que se presente como candidato a rector quien no tenga claro el sentido del cargo. Tal cosa es comprensible en el actual rector que sólo consiguió el respaldo del claustro para aprobar sus primeros presupuestos (2011), frente a sus numerosos y bien sonados fracasos. El máximo responsable de la institución no puede esconderse tras terceros, sean colaboradores o comisiones, para eludir su responsabilidad en el rechazo de los presupuestos de los años 2012 y 2013, la desaprobación de las programaciones plurianuales (2012-2014), la imposibilidad (¿incapacidad?) de sacar adelante unos nuevos estatutos (programa electoral, 2010, p. 41), tumbados en el mes de abril del 2012, o los encontronazos con las organizaciones sindicales y la Xunta.

¿Cómo se ha llegado a esta situación de pérdida de apoyos? Por una muy sencilla razón: por el incumplimiento, desde el primer día de mandato, de los compromisos adquiridos ante la comunidad universitaria. Los lectores se podrán preguntar por qué hablan ahora los miembros de su equipo que compartieron un proyecto y que en su día presentaron su dimisión y se marcharon sin dar una explicación pública; por qué se fueron cuando habían estado dando voz desde el año 2006 a la comunidad que no se sentía representada ya por las plataformas, agrupadas en torno a Senén Barro, y cuando algunos de ellos fueron elegidos, con gran número de apoyos, como representantes de sus colegas en el Claustro y en el Consejo de Gobierno durante cuatro años. La respuesta es esta pregunta: ¿qué credibilidad podrían tener personas avezadas en tareas docentes, investigadoras y administrativas, que se consideran serios y rigurosos en su trabajo, que se dan cuenta de repente que la persona con la que habían estado trabajando codo con codo, como iguales, durante años se ha transformado? ¿No fuimos capaces de intuir el cambio o no lo quisimos ver? Era necesaria una particular travesía del desierto y el cultivo ‘del silencio creador como preparación para la palabra’, porque uno mismo no podía dar crédito a su propia torpeza. La conclusión es que, si durante esos años alguien nos hubiera dicho cómo iba a ser ese colega con el que compartimos tantas horas de trabajo, no se le hubiera creído, porque la experiencia personal que teníamos era muy distinta. Después de tanto tiempo, reflexionando y repasando frases y situaciones, uno ahora se da cuenta que lo que achacábamos al nerviosismo del inicio de campaña del 2010 en realidad estaba siendo un indicio de otra cosa muy distinta; pero no lo supimos ver.

Antes se ha apuntado que la situación en la que se halla la USC se debe al incumplimiento de los compromisos adquiridos. La lista de inobservancias de los ejes propuestos en el programa electoral del 2010 es larga, pero esa es otra historia que habrá de ser contada en otra ocasión, aunque baste ahora con recordar la renuncia a la consecución tanto de una gestión ágil y eficaz, como del equilibrio entre áreas de conocimiento, como se ve en la última convocatoria de plazas del programa ‘Ramón y Cajal’, contraria a lo que se había defendido durante años y afirmado en el programa del 2010 (pág. 14). No es cuestión menor que el proyecto del 2010 se apoyara, según ese mismo programa, en un equipo (págs. 5, 42-44); pero al menos siete miembros (entre adjuntías, direcciones y vicerrectorados) se han desligado de un proyecto, en el que se demostró que la imagen de grupo era sólo una estrategia para dar seriedad al proyecto y arañar más votos que las demás candidaturas. El silencio fue debido a un profundo sentido institucional, pero ese mismo sentido impulsó en otras ocasiones a una dura carta abierta, en la que se subrayaba que la acción de gobierno estaba respondiendo no a los intereses generales, sino a ‘decisiones unilaterales, interesadas o intervencionistas’ (Fernández Morante, noviembre 2012).

No fue el cansancio ni en la defensa de la palabra comprometida ante la comunidad universitaria, ni en la constante reclamación de que se cumpliera lo acordado, lo que nos movió a presentar la renuncia, sino el límite donde cada uno puso su dignidad personal ante una forma de gobernar errática en la que sólo imperaba la razón del ‘ordeno y mando’, tan voluble como el viento o variable como las fases de la luna. En unos casos fue el insulto en privado, en otros la desautorización en público, en otros ir deshaciendo con nocturnidad y alevosía lo que se había hecho de día con acuerdos legítimos en comisiones, en otros tardar más de nueve meses en dar una autorización para así hacer recaer sobre el responsable del ‘negociado’ la imagen de dejadez o incapacidad, o enviar a un miembro del equipo con una propuesta a una reunión para después hacer todo lo contrario, dejándole a los pies de los caballos de la desacreditación. Los que conocían los antecedentes de esa forma de actuar, estaban convencidos de que los que llevábamos tanto tiempo colaborando juntos la habíamos frenado. Craso error, porque ese modo de actuar no la habíamos visto jamás!

Ante este panorama sólo quisiéramos hacerle al posible candidato a rector-mártir tres cuestiones: para intentar volver a ser elegido, ¿va a renunciar a su supuesta independencia y aglutinará a miembros de antiguas plataformas?; su futuro programa electoral ¿cuánto tiempo tardará en incumplirlo?; sobre su posible equipo ¿cuánto tiempo tardará en dinamitarlo? Sin duda alguna ese futurible candidato está en todo su derecho a presentarse, pero carece de credibilidad.