José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca y los hombres de negro

José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca y los hombres de negro

C.M. Reinhart y K.S. Rogoff publicaron en 2009 en la prestigiosa universidad de Princeton el libro Esta es vez es distinto. Ocho siglos de locura financiera. El lema “esta vez es distinto”, o lo que es lo mismo, “a mi no me va a pasar eso”, es un leitmotiv que perduró ocho siglos de historia antes de que se fuesen sucediendo las quiebras de los estados. Varias lecciones nos enseña esta historia. La primera es que todo el mundo se ha creido más listo que sus predecesores en el desastre, y la segunda es que nadie se endeuda si no quiere. En la historia de los estados el endeudamiento solía provenir del gasto público, que se centraba básicamente en la guerra, y del despilfarro, unido a la corrupción política y económica. Ese endeudamiento se cubría emitiendo moneda y provocando una crisis inflacionaria, que incrementaba todavía más la espiral del endeudamiento hasta llegar a un punto final en el que todo quedaba al albur de los acreedores. Este esquema se ha reproducido en las estrepitosas crisis financieras de Argentina, por ejemplo, inexplicables sin la corrupción económica y política, y con las intervenciones de tres de los PIGS europeos, Portugal, Grecia e Irlanda, debidas a dos razones: a que esos países no tienen moneda propia y dependen del Banco Central Europeo, y a que compesaron su empobrecimiento provocado por la entrada en el euro con el endeudamiento masivo del estado, la banca, la empresa y las propias familias. Hasta que llegaron los hombres de negro, ajustaron sus cuentas públicas e hicieron pagar a justos por pecadores, naturalmente. Por suerte, España se quedó a un pelo de ser visitada por estos caballeros, aunque también aquí llovieron los recortes sobre los débiles. Y en una situación similar se encuentra a día de hoy la USC. Lastrada por una deuda que, como el río Guadiana, aparece y desaparece, cuyo monto casi nadie sabe y de la que parece que nadie ha sido responsable, que no culpable.

Ninguna persona sensata puede imaginar que unas especies de Bárcenas salieron de San Xerome con maletines llenos de billetes de 500 euros. Es inverosímil en una institución cuyo gasto básico son sus nóminas, pero habrá que reconocer que algo pasa. No vale recurrir al tópico de la presunción de inocencia, pues ese derecho solo lo tienen aquellas personas previamente imputadas, antes de ser condenadas, y no los ciudadanos de a pie. El Juan Nadie de turno no es presuntamente inocente de la quiebra de Bankia o Pescanova, lo son los responsables si son procesados. A los ciudadanos de a pie ya les hubiese gustado ver físicamente los billetes que se manejaron, y luego ser procesados para salir sin cargos y con la pasta. No hay ningún procesado en la USC y lo que se ha hecho es legal, si un juez no dice lo contrario, pero ¿qué ha pasado con sus cinco rectores y su deuda?

C. Pajares dejó a la USC con deuda por razones múltiples: inversiones, plantillas y por el no reconocimiento de ciertos derechos económicos por parte de la Xunta. Él puede explicarlo con claridad. Su sucesor R. Villares reconoció esa deuda y recortó los presupuestos en sectores muy importantes, como las bibliotecas, ralentizando el crecimiento, simplemente porque reconocía que no había bastante dinero. Dejó, según se cree, a su universidad con menos deuda a su salida que a su llegada. Le sucedió D. Villanueva, que bajo el lema Gallaecia fulget, o sea, resplandece Galicia, gobernó ocho años sin recortes e implantando los nuevos títulos de la reforma Maravall con un incremento espectacular de plantillas, justificado o no. No sabemos cuánta deuda dejó, pero su sucesor S. Barro anunció en su discurso de toma de posesión que habían llegado “malos tiempos para la lírica”, lo que no significaba que tuviese nada contra la teoría de la literatura, especialidad de su antecesor, sino que no había dinero. Recortó nada más llegar el enorme presupuesto de la biblioteca, retuvo el dinero de la investigación, que entonces se calculaba por la producción científica, o sea, por los resultados reales obtenidos y no por las intenciones y promesas de lo que dicen los proyectos, que es como se calcula ahora. Se fue S. Barro afirmando que había llegado al equilibrio presupuestario, no que no hubiese deuda, sino queriendo decir quizás que él no se había endeudado más, y así llegamos a la situación actual con una misteriosa deuda-guadiana de tipo elástico según por donde se mire y quién hable de ella, pero que ha supuesto: que el personal de limpieza sufriese el primer ERE de la USC, que se recortase el sueldo de todo el personal de la universidad sin acuerdo ni del claustro, ni del consello de goberno ni de los sindicatos, culminando así el logro de gobernar una institución pública tres años sin aprobar su presupuesto, pero eso sí, sin tocar las retribuciones de sus numerosísimos cargos ni las nóminas que algunos funcionarios cobran, legalmente, a cargo de proyectos y contratos.

Se dice que todo lo que se debe no se debe a una deuda voluntaria, sino a que los acreedores quieren cobrar y ya no hay más dinero público, para una universidad que se proclama autónoma y dice que tiene 500 años de esplendor, no precisamente financiero. Hace 591 años Don Nicolás de Proxita, hijo del fundador de un convento de dominicos en Luchente (Valencia), logró con artes poco conocidas que el papa Sixto IV convirtiese a ese convento en universidad gracias a la bula correspondiente. Parece ser que los frailes solo podían concederse los títulos a sí mismos, o sea, que unos serían profesores de otros, con lo cual eran autónomos, a la vez que inocuos. Su universidad tuvo una breve vida, pero el convento siguió igual y no cayó en la ruina porque siguió cobrándole las rentas a quienes trabajaban su tierras. Fonseca no puede aprender ninguna lección de esta hermana mayor, más vieja e inocua, porque obtiene sus rentas de la gran renta pública del estado y puede ir a la ruina siguiendo ensimismada como los frailes de Luchente cuando también ellos fueron una universidad autónoma.