Tristan McCowan: “Shopping" de diplomas - Las nuevas universidades privadas en América Latina

Tristan McCowan: “Shopping" de diplomas - Las nuevas universidades privadas en América Latina
Tristan McCowan es Investigador del Laboratorio de Políticas Públicas (Río de Janeiro).

Recientemente, el diario colombiano El Tiempo, publicó una nota sobre las penurias del financiamiento estudiantil mostrando, en su primera plana, a un joven que conseguía pagar las cuotas de su universidad haciendo malabarismo frente a los coches parados en un semáforo. En el marco de una profunda crisis social, que sumerge en la pobreza a más de la mitad de la población, el 40 % de los estudiantes colombianos están abandonando las universidades por no poder hacer frente a los vencimientos de las matrículas. En Colombia, como en el resto de América Latina, la política de cost sharing (“repartir los costos”), promovida por el Banco Mundial, se ha afianzado como una aparente solución a la falta de decisión política del gobierno del Presidente Uribe Vélez de sostener el financiamiento público de la educación superior.

En América Latina, la privatización del sistema universitario está operando por medio de dos tendencias. En primer lugar, se ha producido un significativo aumento en el número de instituciones privadas que prestan servicios de educación superior, casi siempre de muy dudosa calidad. En segundo, se ha incrementado el financiamiento privado en las universidades públicas, a través de la transferencia del cobro de cuotas y matrículas a los estudiantes, mediante el estímulo a la inversión empresarial en el campo de la investigación, como así también a través de una pérdida del control público en la gestión e implementación de los procesos de evaluación del sistema.

El aumento del número de instituciones privadas ha sido, en los países latinoamericanos, dramático y escandaloso. En Chile, por ejemplo, durante la década del ochenta, el número de instituciones privadas creció de 8 a 180. Entre 1998 y 2001, en Brasil han sido abiertas un promedio de 2,5 instituciones de educación superior por día. Del total de alumnos matriculados, en México, 30 % corresponden a instituciones privadas ; en Colombia, 60 % ; en Costa Rica, 66 % ; y, en Brasil, 70 %. A comienzos del 2004, el diario argentino La Nación anunciaba un aumento entre el 15 y el 50 % en el número de alumnos inscriptos en las universidades privadas con relación al año anterior. En la ciudad de San Salvador, capital de uno de los países más pobres del mundo, universidades privadas de nombres rutilantes se multiplican por doquier en locales casi siempre modestos y arquitectónicamente impropios para el funcionamiento de una institución de educación superior.

Mientras que las universidades privadas han ido aumentando el número de alumnos matriculados desde 1940, el verdadero boom ha ocurrido en los últimos 10 años. En el pasado, gran parte de estas instituciones eran de origen religioso, hoy buena parte de ellas se caracterizan por ser grandes empresas comerciales, frecuentemente funcionando en un sistema de franchising. En Brasil, la Universidade Paulista (UNIP) es un buen ejemplo de este nuevo modelo de institución educativa que, al estilo McDonald’s, multiplica sus locales de atención al público y venta de servicios. De manera sintomática, en la ciudad de Río de Janeiro, las filiales de las universidades Estácio de Sá y UniverCidade, suelen disputar espacio con los grandes supermercados. Resulta obvio que, en el marco de esta guerra de posiciones, son las universidades las que tienden a confundirse con los supermercados y no lo contrario. Como emblema de esta nueva tendencia, la Universidad Estácio de Sá ha abierto en campus en el parque temático Tierra Encantada. Mientras que algunas de estas instituciones han introducido programas de bajos costos, destinados a captar estudiantes de menores ingresos, el promedio de sus cuotas mensuales es de US$ 170, valor superior al salario medio de la mayoría de los brasileros.

En Brasil, como en el resto de América Latina, aunque los empresarios de la educación privada reconocen que los pobres constituyen un interesante segmento del mercado de la educación superior, nada permite demostrar que, por el momento, la privatización de la oferta universitaria esté generando una dinámica democratizadora ni, mucho menos, ampliando los niveles de equidad de los estructuralmente injustos sistemas educativos nacionales.

Por otro lado, la difundida idea de que la calidad de los servicios de educación superior va a aumentar gracias a la competencia entre proveedores privados, tampoco parece sostenerse en las evidencias más elementales. En casi todos los países de la región, y a pesar del modesto desempeño académico que muestran, de manera general, gran parte de las instituciones universitarias públicas y privadas, las primeras continúan siendo las que poseen mejores estándares de calidad, las que realizan investigación y las que promueven proyectos duraderos de extensión universitaria, ejerciendo una función socialmente relevante.

El año que comienza no parece indicar un cambio significativo en esta tendencia. La disminución en la inversión pública o el mantenimiento de los bajísimos niveles de inversión estatal han permanecido estables en casi todos los países de la región. Por otro lado, nuevas formas de privatización universitaria parecen delinearse en el horizonte político latinoamericano. En Brasil, una conocida red de escuela privadas, Pitágoras, en asociación con la empresa educativa norteamericana Apollo, comenzó a desarrollar su primera institución universitaria, con sede en la ciudad de Belo Horizonte. Su currículo, creado por Claudio de Moura Castro, ex Asesor Jefe en Educación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y moldeado por la Phoenix University de Apollo, es un buen (y trágico) ejemplo de algunas de las nuevas formas de privatización que, con cierta probabilidad, irá a expandirse en América Latina : universidades calcadas de modelos institucionales externos, con currículos muy estandarizados, concebidos por un equipo de planificación central, que definen y controlan hasta el más pequeño detalle. Un proceso de estandarización que disminuye costos, aumentando el control y la rentabilidad de un negocio que se sustenta mediante la infiltración y presión que ciertos grupos empresariales ejercen en los ministerios de educación y, de manera más amplia, en la administración pública nacional. Vale destacar que, en Brasil, el extraordinario crecimiento de la oferta privada de educación superior tuvo como principal aliado al gobierno del presidente Fernando Henrique Cardoso que, de manera irresponsable, autorizó la creación y multiplicación de supermercados universitarios de pésima calidad. El gobierno Lula ha decidido combatir la complicidad estatal en este lucrativo negocio. En este sentido, el Ministro de Educación, Cristovam Buarque, ha declarado su malestar ante la insistente presión a que cotidianamente es sometido por los lobbistas del empresariado educativo. “70 % de mi tiempo debo dedicarlo a atender sus pretensiones y demandas” – ha dicho. La decisión de combatir estas prácticas es auspiciante y meritoria. Sin embargo, y como muestra del poder de infiltración que el mismo Ministro Buarque denuncia, el actual Ministro de Turismo del gobierno Lula, Walfrido dos Mares Guia, es uno de los propietarios de citado grupo educativo Pitágoras, cuyo modelo de universidad-empresa evidencia alguna de las nuevas modalidades institucionales que asume, tanto en Brasil como en el resto de América Latina, el proceso de reestructuración y privatización universitaria.

2004 será un año de grandes desafíos. La defensa y la transformación democrática de la universidad pública continuará siendo uno de ellos.

Boletín de la Secretaría Continental sobre Educación, Número 2, Marzo, 2004