José Moncada: La privatización de la universidad pública

José Moncada: La privatización de la universidad pública
Ecuador

Después de más de 20 años de globalización y de ejecución en la mayor parte de los países del mundo y por cierto también en el Ecuador, de estrategias neoliberales, la esperanza que mucha gente depositó en tales procesos, no se cumplió.

Los países se beneficiaron desigualmente de las medidas aperturistas, privatizadoras, creyentes en las bondades del mercado, seductoras del capital y de la tecnología extranjera. Después de cerca de cuatro décadas de globalización y cuando van a cumplirse 15 años de desintegración de la URSS y de la comunidad de países socialistas, la economía mundial, empezando por la de los países desarrollados se encuentra atravezando una situación muy delicada. Japón con más de 10 años de estancamiento, la Unión Europea muy debilitada y Estados Unidos con una economía que no logra crecer, a pesar de los múltiples artificios utilizados por sus gobiernos para lograr su reactivación. Actualmente, lo que se ha tornado muy visible es el aumento de la pobreza y la desigualdad, el desempleo convertido en un fenómeno crónico, la destrucción de la riqueza natural, la expansión de la desertificación, la presencia de intensas olas de frío y de calor, la multiplicación de las emanaciones de bióxido de carbono causantes del debilitamiento de la capa de ozono que protege a la tierra de los rayos ultravioletas, la presencia de inusitados deshielos que aumentan el nivel de las aguas de los océanos, poniendo en serio peligro de inundación a las islas y a muchos países costeros.

En el Ecuador, después de más de 20 años de ejecución aunque irregular del neoliberalismo, han crecido como nunca la pobreza, la desigualdad, el desempleo, las migraciones, las deformaciones económicas, la inflación, hasta el punto de ser uno de los países más caros del mundo, la corrupción, los delitos. Las frecuentes crisis que vienen repitiéndose con una complejidad desconocida, han provocado impactos funestos no sólo en las finanzas del Estado, que vive con permanentes déficit presupuestarios, sino en los ingresos de las familias, que obtienen recursos que no les alcanza para vivir. La deuda externa sigue constituyendo un pesado fardo sobre las espaldas del pueblo.

Esta situación no puede perdurar. La simple observación de lo que actualmente ocurre en el mundo, en América Latina, en nuestro propio País, nos mueve a sostener que hay una dinámica económica, social y política que opera en sentido contrario a las grandes tendencias trazadas por el capital trasnacional, los gobiernos de los países imperialistas, los gobiernos de los países dependientes y subdesarrollados como el nuestro. En el próximo medio siglo, la población mundial será de cerca de diez mil millones de habitantes y la ecuatoriana de más de 35 millones y, si tanto a nivel mundial como nacional se pretende reproducir los patrones de producción y de consumo imperantes en la actualidad, nos enfrentaremos a inevitables y dramáticos impactos ecológicos y graves expresiones de conflictividad social y política que no podrán ser resueltos mediante métodos de tortura, represión ni asesinatos masivos que contengan su ira y anhelos de cambio de los pueblos. En todas partes se empieza a reconocer con mucha fuerza que, desde el punto de vista de la supervivencia de la Humanidad, es imperioso pensar en la construcción de otro mundo, de otra América, de otro país.

Consecuentemente, para no rezagarse en las perspectivas del desarrollo futuro, para no quedarse al margen de la historia, a las universidades ecuatorianas les corresponde resistir todo intento de mercantilización, cambiar de marco de referencia de sus múltiples actividades académicas, de investigación, de extensión; rechazar toda presión de los gobiernos y/o de ciertos grupos dominantes que tratan de imponerle sus ideologías y proyectos y, más bien, ser capaces de contribuir a hacer viable un proyecto nacional que difiera significativamente del neoliberalismo.

Las nuevas realidades que irán surgiendo cada vez con más visibilidad, les exigirá a las universidades enfrentarse al reto de redefinir su papel en la formación profesional y académica, partiendo de la premisa esencial de que el móvil esencial de la producción nacional debe ser la satisfacción de las necesidades prioritarias de la población y no la obtención de ganancias. Este solo principio resalta la conveniencia de trabajar en favor de la producción de bienes básicos más que de suntuarios, así como la exigencia de favorecer más la producción material que la de servicios comerciales o financieros, a fin de avanzar hacia la conformación de una sociedad productiva, solidaria, creativa, independiente, soberana, de amplia y profunda participación, donde se deseche el consumo opulento, la depredación ambiental.

El Telégrafo, 10/08/04