Neoliberalismo

Declaración de Bogotá: I Encuentro Nacional de Universidades Públicas

Declaración de Bogotá: I Encuentro Nacional de Universidades Públicas

DECLARACIÓN FINAL

Los 350  delegados de los estamentos universitarios convocados por los gremios profesorales, de trabajadores y estudiantiles, reunidos durante los días 2 y 3 de noviembre en las instalaciones de la Universidad Nacional de Colombia, como respuesta unitaria a la crisis profunda del país, y en particular de la Universidad Pública, expedimos la presente declaración:

Los estamentos de las Universidades Públicas Colombianas compartimos la preocupación de múltiples sectores nacionales por la agudización de la crisis económica, política y social del país. El mundo se enfrenta a partir de los lamentables hechos ocurridos el 11 de Septiembre en Estados Unidos, a una falsa cruzada mundial por la libertad y contra el terrorismo promovida por el imperio Norteamericano, la cual, además de expresar la doble moral característica  de la superpotencia mundial, amenaza y facilita el desarrollo de sus planes de dominación sobre los pueblos del mundo. Aprovechando la tragedia de miles de personas, el gobierno norteamericano se cree con mayores e incuestionables derechos de imponer sus designios militares, políticos y económicos en cualquier país. Bombardean y agreden pueblos inocentes, como el de Afganistán, los condenan a la muerte por hambruna, persiguen y señalan sobre la base de la lucha contra el terrorismo a cientos de organizaciones y movimientos populares; en definitiva, apuntalan toda una campaña de dominación unipolar sobre la base de la amenaza de que todo el que no esta conmigo, esta contra mi.  Rechazamos estas imposiciones que evidencian el injusto orden internacional y llamamos al conjunto de la sociedad a rechazar la intervención norteamericana y oponerse a cualquier intento de intervención directa de fuerzas extranjeras en nuestro suelo.

El actual panorama internacional facilita mucho más la injerencia imperialista en nuestra patria, sus voluntades parecieran órdenes ante la indignidad de los actuales gobernantes. Se condena al país a perpetuar una guerra promoviendo un plan intervencionista como lo es el Plan Colombia, hoy Iniciativa Andina, que devela claramente sus reales intenciones como herramienta de control norteamericano de la región.  En el ámbito económico, se avanza en la imposición del ALCA, el cual, pretende acabar con lo poco de soberanía económica que existe en los países del continente e insertarlas a la órbita de los intereses Norteamericanos; dichos planes se extienden al campo de las instituciones culturales y educativas, donde se determinan procesos de reforma, en dirección a facilitar, entre otros propósitos, el control ideológico de nuestros pueblos, desdibujando sus  tradiciones e identidades.

Es lamentable que continúen siendo los funcionarios del FMI y el Banco Mundial quienes definan nuestra política económica; no hay iniciativa legislativa en este campo que no pase por sus despachos. Los gobernantes colombianos, en especial en los últimos veinte años, han sido agentes incondicionales de dichas imposiciones, vía aplicación del Neoliberalismo, sus políticas han desmantelado al país debilitando los sectores fundamentales de la producción; es incuestionable la crisis que hoy afronta el sector industrial manufacturero, agropecuario y comercial. Han contribuido a entregar el patrimonio nacional a capitales privados transnacionales y facilitan por medio de los caciques políticos en el Congreso la aprobación de leyes en contra de los intereses del pueblo colombiano.

El actual Congreso, manejado por el gobierno de Andrés Pastrana y los partidos liberal y conservador, con muy pocas excepciones, es herramienta incondicional de los intereses de latifundistas, monopolios económicos y  empresas electorales, que con su posición antipatriótica han promovido y aprobado leyes tan lesivas como el acto legislativo 012, hoy acto legislativo 01 (recorte de transferencias), la ley de seguridad nacional , que convoca a la militarización y a la represión contribuyendo al aumento de la criminalización de la protesta popular, y otras que se avecinan como la reforma laboral y del régimen de pensiones, que agudizan las ya precarias condiciones de vida de los trabajadores y aumentan la crisis nacional.

El país mantiene los más bajos indicadores sociales de su historia, el desempleo que abarca un gran número de compatriotas, especialmente mujeres y jóvenes, no cede; la CEPAL en su último informe nos reseña como el país que reporta los mayores niveles de pobreza y de miseria en la región, los hospitales han sido abandonados a su suerte por el credo neoliberal, conllevando a su cierre definitivo o limitación de sus servicios, en conclusión, la receta económica impuesta por los organismos financieros multilaterales y aplicada por el gobierno de Pastrana no ha generado cambio distinto al de aumentar la marginalidad, las inequidades y las injusticias en el país.

En este contexto el movimiento popular sufre una de las más brutales agresiones contra sus dirigentes y organizaciones, el movimiento sindical y las comunidades campesinas padecen un ataque sistemático de asesinatos y persecución política, el movimiento universitario sigue entregando invaluables vidas de estudiantes, profesores y trabajadores que se han levantado contra la injusticia, la corrupción y los interesados en acabar con la educación pública. Rechazamos estos actos de agresión y de violencia contra el movimiento popular y exigimos del Estado pasar de las falsas declaraciones a garantizar el ejercicio legítimo a la organización y a la protesta de los sectores sociales organizados y no organizados. Nos sumamos a la mayoría de colombianos que desean una pronta solución de la guerra, consecuencia de la injusticia y profunda desigualdad social por décadas existente en el país y hacemos un llamado al pueblo para que cerremos filas contra el militarismo y la intervención.

Como es lógico, la educación superior no es ajena a esta problemática, su crisis se acrecienta como continuidad de la política oficial adelantada por los últimos gobiernos, favorable a los propósitos privatizadores, de los cuales el actual ministro de educación es un fiel exponente a través de un proceso de reforma soterrada, consignado en el denominado Plan Estratégico de Educación 2000-2002.

Con el discurso de la calidad y de insertar a la educación superior a las nuevas realidades de la globalización se pretende desmantelar lo que queda de Universidad Pública en el país, negándole los aportes económicos necesarios, llevándola por la  vía de  la venta desmesurada de servicios a la autofinanciación; recortándole su autonomía y privando a la comunidad universitaria del derecho a participar de su construcción y direccionamiento; promoviendo un proceso de acreditación, hoy también institucional, desde el cual, más que promover el mejoramiento de la calidad y un verdadero proceso de autoevaluación democrático, se afianza la privatización. Para tal fin, ha contado con la vergonzosa participación de algunas administraciones que como en las universidades del Eje Cafetero, Tolima y la ESAP, se han prestado para constituir una corporación de naturaleza privada, denominada ALMA MATER, que usufructúa el talento humano y los recursos materiales de las instituciones, manosea la integración regional y facilita el desarrollo de propósitos ajenos a la universidad pública y al beneficio mismo de la región.

Llamamos la atención de toda la comunidad universitaria para que realice un análisis crítico de toda esta política y se vincule al movimiento triestamentario de rechazo a estos procesos de privatización de la Universidad Pública  y a la presentación de alternativas  a las políticas gubernamentales.

En su afán de legitimación de sus políticas, el gobierno ha patrocinado o promovido algunos espacios de discusión sin la presencia de los estamentos organizados de la Universidad Pública y se prepara a realizar en las ciudades de Armenia y Pereira, durante los primeros días del mes de Diciembre, el II Congreso Nacional de Educación Superior. Al respecto, las organizaciones y participantes del I Encuentro Nacional de Universidades Públicas tomamos la decisión de constituirnos en el FRENTE UNITARIO DE DEFENSA DE LA UNIVERSIDAD PÚBLICA, el cual , en el marco del Frente Común de Defensa de la Educación y la Salud Pública y del Comando Nacional Unitario, será un escenario donde todo quien quiera enfrentar la privatización, construir y defender la Universidad Pública, encontrará un lugar de lucha. Convocamos a todas las organizaciones y universitarios en general, para que superando actitudes conflictivas y sin negar la diferencia y el debate, sumemos esfuerzos desde lo local y regional hasta lo nacional, para hacer realidad el sueño de una verdadera Universidad Publica comprometida con la justicia y la transformación nacional y democrática del país.

En consecuencia, nos comprometemos a trabajar en el impulso de los siguientes puntos generales:

? Propendemos por un nuevo y verdadero Sistema Estatal de Educación Superior, que se construya de manera democrática, con autonomía, que garantice la participación de profesores, estudiantes y trabajadores en la definición y desarrollo de sus políticas y reconozca, respete e integre las particularidades regionales en función de un proyecto de nación. El Sistema deberá contar con financiación Estatal y garantizará el acceso a todos los Colombianos

En consecuencia, convocamos a toda la comunidad universitaria a debatir y enriquecer las propuestas existentes, con miras a contar con una iniciativa unitaria avalada por todos los estamentos.

  • La financiación de la educación superior debe ser, esencialmente, una responsabilidad del Estado. No es responsabilidad estatal la financiación de las instituciones particulares. Ratificamos el principio de la gratuidad de la educación pública, estado al que se debe llegar dentro de un proceso donde inicialmente se congelen las matrículas y se garantice la gratuidad a los estratos 1, 2 y 3.

  • Solicitamos el cubrimiento del actual déficit presupuestal de las universidades públicas y la asignación presupuestal necesaria para su funcionamiento e inversión.

  • Defendemos la autonomía universitaria y rechazamos el proceso de acreditación estatal actual y propendemos por fortalecer un proceso de auto evaluación democrático que garantice la participación de profesores, estudiantes y trabajadores.

  • Reclamamos el legítimo derecho de la comunidad universitaria a definir el rumbo de sus instituciones, a participar en la elección de sus directivos y el respeto a su autonomía. En consecuencia, rechazamos las pretensiones que desde sectores gubernamentales existen por limitar los precarios espacios de participación existentes, como las consultas, e impedir procesos democráticos de mayor alcance.

  • Reclamamos las garantías necesarias para el libre ejercicio de la organización y la protesta, exigimos se brinden las medidas necesarias que detengan la criminalización y permitan a las organizaciones y sus dirigentes ejercer dichos derechos con plenas garantías.

Finalmente, acordamos trabajar por una agenda común de movilización que tenga como base el fortalecimiento de los procesos triestamentarios en cada universidad. Como actividades centrales de dicha agenda nos comprometemos a preparar y desarrollar las siguientes jornadas.

  • Jornada Nacional por la defensa de la Universidad Pública, contra la criminalización y la libertad de pensamiento 22 de Noviembre. Esta jornada se desarrollará en el marco de la agenda programada por el Frente Común por la defensa de la Educación y la Salud Públicas.

  • Delegar en el comité operativo triestamentario la preparación y realización de jornadas de movilización y de protesta para el próximo semestre, que prioricen el rechazo y la confrontación a la política oficial contra la Universidad Pública.

Bogotá, Noviembre 2 y 3 de 2001.  

I ENCUENTRO NACIONAL DE UNIVERSIDADES PUBLICAS  

FEDERACION NACIONAL DE PROFESORES UNIVERSITAROS. ASOCIACION SINDICAL DE PROFESORES UNIVERSITARIOS - ASPU- SINDICATO DE TRABAJADORES UNIVERSITARIOS DE COLOMBIA. -SINTRAUNICOL-. ASOCIACION COLOMBIANA DE ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS. -ACEU-. FEDERACION UNIVERSITARIA NACIONAL. -FUN COMISIONES-. ORGANIZACIÓN COLOMBIANA DE ESTUDIANTES.-OCE-.

Joint Declaration on Higher Education and the General Agreement on Trade in Services (PDF)

Joint Declaration on Higher Education and the General Agreement on Trade in Services (PDF)

Declaration signed by AUCC, the American Council on Education, the European University Association and the Council for Higher Education Accreditation.

25/10/01

AUCC, ACE, EUA, CHEA: Declaración Conjunta sobre la Educación Superior y el Acuerdo General de Comercialización de Servicios

AUCC, ACE, EUA, CHEA: Declaración Conjunta sobre la Educación Superior y el Acuerdo General de Comercialización de Servicios

Declaración conxunta da Association of Universities and Colleges of Canada (AUCC), o American Council on Education (ACE), a European University Association (EUA) e o Council for Higher Education Accreditation (CHEA). Versión en castelán. Formato DOC

28/09/01

José María Mendiluce: Globalización: violencia y política

José María Mendiluce: Globalización: violencia y política
José María Mendiluce es Eurodiputado y escritor. Miembro de ATTAC.

         'Una democracia no está segura si el pueblo tolera el crecimiento de un poder privado hasta tal punto que se convierte en más potente que el propio Estado democrático. En esencia, eso es el fascismo'.
Franklin Delano Roosevelt.

Para la mayoría del movimiento por otra globalización, decididos partidarios de la no violencia activa, el asesinato legalizado de Carlo Giuliani en las manifestaciones de Génova ha provocado rabia, dolor, impotencia, miedo y también preocupación. Son muchos los que comparten la afirmación de Susan George de que "el movimiento por otro tipo de globalización está en peligro y que o logramos exponer a la luz pública la actuación de la policía e impedimos los desmanes de algunos o conseguiremos que la mayor esperanza política de estas últimas décadas estalle en pedazos. Estén del lado que estén las responsabilidades -y están masivamente del lado de la policía y del G-8-, este movimiento amplio, potente e irresistible como las mareas, este movimiento soñado de los pueblos unidos y solidarios, ya no podrá avanzar de la misma manera. Ya no podrá aceptar que no importa quién haga no importa qué. Ha muerto un hombre".

Pero la preocupación de algunas personas, referentes del movimiento por otra globalización, por la relación de éste con la violencia de dentro y con la respuesta a las violencias del sistema, puede alejarnos de lo fundamental, que no es otra cosa que la relación del movimiento con la política formal (partidos, sindicatos, instituciones). O mejor dicho, con la política democrática. Un movimiento que acentúa el concepto de "resistencia" antes que el de "revolución" puede acabar sin liderar los cambios urgentes e imprescindibles para que "otro mundo sea posible". Posibilidad que se gana y se pierde no desde las migajas que arranquemos a los líderes del mundo, sino desde la capacidad de forzar un cambio de políticas -con ayuda de la calle, del voto y con la razón de los desfavorecidos o del planeta silencioso y herido- que acepte que "otro mundo es necesario" y que lo queremos ya.

Una curiosa coincidencia se ha producido a la hora de destacar la violencia de los manifestantes. Reportajes de todo tipo han dedicado más espacio a los blacks (infiltrados por las policías hasta las cejas, ausentes de las plataformas, antidemocráticos, provocadores, estrategas de la acción-reacción...) que a las propuestas alternativas. Y así, poco a poco, frente a la exigencia de que el movimiento evite o se aleje de los violentos, la espesura del silencio aumenta sobre la violencia difusa, la cotidiana -machista o laboral-, la violencia represiva de dictaduras blandas y duras sobre individuos y naciones o la violencia de la pobreza, del hambre, de la injusticia, de la corrupción, de la depredación suicida del planeta. O la durísima violencia de la especulación financiera ejercida desde una especie de "Gescartera Global". Violencia que aparece como inevitable. Y sin responsables.

No podemos obsesionarnos por la pureza de nuestras posiciones. Ni por la homogeneidad táctica de nuestra amplia, diversa y plural base. La diversidad es nuestra fuerza. Los blacks no son nuestros adversarios aunque no compartamos sus propuestas ni sus métodos. No podemos dejarnos chantajear -para ganar respetabilidad- por la presión mediática y política de los que nos exigen renuncias o denuncias, mientras los organismos financieros coquetean y alternan con auténticos asesinos de los derechos de pueblos y ciudadanos, desde la Cabilia al Tíbet. Muertos que no tienen, lamentablemente, la cobertura de Carlo Giuliani. Muertos sin nombre, pero muchos muertos.

Convivir con los diferentes tipos de respuesta, desde la no violencia activa o pasiva, es una contradicción que deberemos gestionar con lucidez y coraje. Y con indicadores que muestren resultados progresivos para que la violencia de la desesperación, la rabia o la impotencia no nos gane la partida a corto plazo. Es cierto que el debate moral sobre la ética de la violencia nos lleva a condenarla a priori. Y que las excepciones -legítima defensa o injerencia en auxilio de las víctimas- no sólo son derechos en la jurisprudencia internacional, sino delitos en caso de omisión. Y que no aceptamos la violencia ni la justificamos en las sociedades democráticas que conocemos. Pero hay que aceptar que es lícito y saludable cuestionarse si el Estado de derecho al que nos referimos tiene referente global y planetario. Y no sólo se trata de recordar la naturaleza violenta -con víctimas y agresiones cuantificables- de un modelo de relaciones internacionales y económicas basadas en el neoliberalismo más salvaje, sino de reconocer, sin ambigüedades, que la mayoría de los delitos contra la humanidad y contra el planeta gozan todavía de una impunidad criminal con grados de permisividad que convierten en responsables a muchos Estados y líderes políticos y en culpables a demasiados consejos de administración.

Grave error el de Joshka Fischer, ministro alemán de Exteriores y miembro destacado de Los Verdes, cuando ha dicho (aunque muchos lo han pensado) que él "habría estado en Génova si hubiera sido más joven". El movimiento por otra globalización no es una algarabía juvenil propia del idealismo de la inmadurez. Ni sus manifestaciones adecuadas sólo para los que saben correr o encuentran billete disponible. Con sus declaraciones, que quizá reflejen añoranza o renuncia a nuestro pasado, desprecia a los sensibles de cualquier edad, y se aleja de la comprensión de la composición transgeneracional y transversal de un mosaico de respuestas que expresan el hartazgo y la determinación de los que hemos dicho ¡basta! Hay un riesgo gravísimo de que el divorcio creciente entre la política formal y democrática, atrincherada muchas veces en la defensa de las instituciones, y las movilizaciones protagonizadas por las nuevas plataformas organizativas dejen peligrosos espacios a la demagogia y a subculturas antidemocráticas. Parece que el debate ya ha empezado, y con fuerza, en el espacio político de la izquierda verde y alternativa ante la parálisis de la socialdemocracia y el oportunismo de los restos de las fuerzas comunistas.

El desprecio intelectual y la arrogancia de los que reivindican permanentemente la legitimidad democrática y formal de las fuerzas políticas y sindicales progresistas frente al movimiento por otra globalización, combinadas con la mayoritaria alergia de éstos a la política, puede pasar una factura que se convierta en fractura insalvable que nos aleje mutuamente y anule nuestra eficacia. Contaminar y condicionar la política con nuevos objetivos y sensibilidades es tarea urgente para el pensamiento y la acción alternativos. Mientras, seamos implacables en la defensa del Estado de derecho, pero también a escala global. Vale que la policía defienda las propiedades públicas y privadas, pero debe defender también nuestro derecho a ocupar la calle, a manifestarnos libre y alegremente, a transitar todas las avenidas. Nuestro derecho a protestar, con toda la eficacia que podamos, sin tener que soportar el aliento provocador y policial sobre nuestras nucas. Que vigilen a los criminales: no les faltará trabajo.

El País, 07/09/01

Sami Naïr: La barbarie de rostro mercantil

Sami Naïr: La barbarie de rostro mercantil
Sami Naïr es eurodiputado por el Partido Socialista Francés y profesor invitado en la Universidad Carlos III de Madrid.

Centenares de miles de personas se manifiestan por todo el mundo contra la globalización liberal; los gobiernos están pensando en reunirse, a partir de ahora, en secreto, y a ser posible en islas alejados de todo; y con la muerte del joven Carlo Giuliani, aparece el primer mártir de esta lucha que no deja de sorprender a los estúpidos apologistas del 'fin de la historia'. Se trata de una globalización totalitaria en el sentido estrictamente comercial del término: su objetivo es ajustar el mundo a un sistema capitalista sin control, sometido únicamente a los imperativos del beneficio dictados por las organizaciones transnacionales. Implica el retorno de una gestión de la fuerza de trabajo que se creía vencida en el siglo XX gracias a la lucha de los movimientos sociales en los países avanzados. Y la progresiva globalización del empleo resultante de esta mutación significa la flexibilidad, la precariedad generalizada, la atomización de los asalariados. El empleo se convierte en una variable de la especulación financiera planetaria.

El culpable no es el mercado en sí. El mercado no es ni bueno ni malo: no es más que un medio de regulación de las relaciones sociales. Es el capitalismo sin reglas el que pudre, desde dentro, el mercado y la sociedad. Se beneficia de las innovaciones científicas y técnicas más excelentes: globalizado, depende tanto de las nuevas tecnologías de producción intensiva y de evaluación inmediata de las ventas, gracias a los programas informáticos de gestión, como de la dictadura de los accionistas de los fondos de inversión, especialmente en Estados Unidos. Su resultado es que ya vemos, y cada vez veremos más, decenas de miles de puestos de trabajo suprimidos por aquí, centenares de ellos creados por allá: un baile permanente del destino social de los trabajadores del mundo. Esto va emparejado a una tendencia igualmente estructural de ese capitalismo: el descenso,por doquier, del precio de la fuerza de trabajo poco y medianamente cualificada, y, por lo tanto, de los salarios. Esta situación, que caracterizaba sobre todo a los países del Tercer Mundo, se hace hoy global. La imperativa. Una brillante muestra de ello es la manipulación del mercado de la telefonía de primera, segunda y tercera generación. ¡El baile de despidos también es prometedor en este ámbito!estructura del comercio se haya igualmente en pleno cambio, con las consecuencias sociales que ello implica para los asalariados: hay una tendencia creciente hacia la venta ajustada de inmediato a una demanda sistemáticamente impuesta por una oferta.

Este ataque frontal al destino individual y a la vida colectiva provoca inevitables reacciones espontáneas que recuerdan a las de los trabajadores del siglo XIX frente a los estragos provocados por el naciente capitalismo industrial. Ayer se rompían máquinas; hoy, cuando éstas se hallan diseminadas por el mundo, se destruyen los comercios que venden sus productos. Este movimiento de protesta es una revuelta contra la barbarie rampante de un sistema mercantil que ha escapado al control de los pueblos. Rechaza la mercantilización del mundo, la reducción de todas las esferas de la vida cotidiana a las pulsiones del mercado. Sus manifestaciones de cólera no son más que la fase inicial de una toma de conciencia que debería aumentar y, sobre todo, ganar en madurez. Pues, si bien este movimiento social globalizado que hoy nace de buen augurio, carece, sin embargo, tanto de un proyecto alternativo (¿cómo superar la globalización liberal socializando la riqueza mundial?) como de formas estructuradas de lucha (¿cómo organizar ese rechazo para hacerle irreductible?). La historia de los movimientos sociales de los dos últimos siglos muestra que ningún movimiento social puede lograr sus fines si éstos no se traducen en objetivos políticos claros y posibles. La mediación política es insoslayable. Pero el movimiento contra la globalización liberal no existe ni sindical ni políticamente. Por el contrario, el capitalismo globalizado cuenta con la división de los intereses sociales -todavía no se ha visto a los asalariados de los países que se benefician de las deslocalizaciones apoyar a los de los países a los que ellas abandonan- y utiliza a fondo la ausencia de estrategia sindical transregional e internacional. En cuanto a los partidos políticos, decir que están totalmente fuera de lugar es poco. Fascinados únicamente por la conquista del poder, por el reparto de los cargos, de los privilegios, la mayoría de ellos se han convertido en fieles servidores de este sistema. La crisis que muestra el movimiento contra la globalización liberal es también la crisis de las mediaciones políticas.

En el fondo, y sea cual sea el modo en que se aborde el problema, caemos en dos interrogantes que las élites políticas se guardan muy mucho de subrayar: ¿cuál es hoy el estatuto de la soberanía ciudadana y, por tanto, del Estado que es su expresión frente al capitalismo globalizado? ¿Cuál es el papel de los partidos políticos frente a la dominación planetaria de la economía? ¿Es en alguna medida eficaz una política desconectada del poder legítimo del Estado por esa economía? Plantear una cuestión significa resolverla: contrariamente a lo que afirman cotidianamente los legitimadores del liberalismo globalizado, el resurgimiento de movimientos sociales a escala planetaria es un vibrante llamamiento a la acción pública y, por tanto, también estatal, frente a un capitalismo sin trabas. El Estado, sustentado por la voluntad popular organizada, puede oponerse a la dominación del capitalismo globalizado. Representa el derecho frente a un sistema que sólo reconoce la fuerza de la riqueza. Encarna la voluntad de una nación, de pueblos, de grupos sociales, frente a un sistema para el que las naciones, los ciudadanos, son como mucho 'parroquias culturales', individuos aislados, consumidores hechizados por sus mercancías. Hay que decirlo claramente: hoy como nunca, el Estado es el garante del bien público frente al liberalismo desbocado.

Ahora bien, es obligado constatar que el triunfo principal de esta globalización liberal es precisamente tanto la deslegitimación del Estado (para qué serviría si vivimos en la época de 'postnacional') como la sumisión, a menudo cómplice, de las élites políticas, no sólo de derecha sino, además, de izquierda. Realmente se necesita una fe ciega para encontrar una diferencia decisiva entre el liberalismo desbocado de la derecha y el social-liberalismo de cierta socialdemocracia. Uno y otra coinciden en concebir, en el mejor de los casos, al Estado como un servidor de dicha globalización.

Prestar oídos a lo que dicen esas decenas de miles de manifestantes en el mundo es devolver al Estado su vocación de defensor del bien público frente a la actual tendencia a la privatización de los bienes colectivos presionando a los grupos de poder y a los que pretenden acceder a él; es contribuir a un renacimiento de la política desde abajo ofreciendo a los movimientos sociales la posibilidad de existir a través de formas originales de organización. Es también concebir la soberanía popular más allá de un 'soberanismo' estrecho, de repliegue, conservador, tejiendo solidaridades entre las naciones, los pueblos, los grupos sociales a escala regional e internacional.

Pero aún más indispensable es hoy comprender que toda estrategia que sea únicamente 'localista' está destinada a la impotencia. Al liberalismo mundial hay que oponer una acción mundial.

Es terrible que la suerte de siete mil millones de seres humanos dependa únicamente de la lucha, desenfrenada y anárquica, de los capitales por el beneficio a escala mundial. La comunidad internacional debe establecer, a través de la ONU, una estructura mundial de regulación y control de la actividad de las multinacionales, así como impulsar la transparencia de las especulaciones en los mercados financieros. La OMC, el FMI, el BM, son hoy instrumentos de las sociedades transnacionales y de los países más ricos, pero hace unos años ha visto la luz la reivindicación de que, al lado del actual Consejo de Seguridad, se cree un Consejo mundial de seguridad económica, más democrático que aquél, fundamentalmente por contar con una representación más justa de los países pobres. ¿Por qué no hacer de ello una de las grandes reivindicaciones de la UE? Ello nos permitiría que la actual Comisión hable por fin de algo serio, y ejercer un peso efectivo a favor de un comercio mundial más equitativo.

Hay que gravar los enormes beneficios de las multinacionales con unos impuestos apropiados y distribuir prioritariamente lo recaudado entre unos programas mundiales de salud, de desarrollo de infraestructuras de base (agua, carreteras, etcétera) en los países pobres. Hay que poner en marcha el Protocolo de Kyoto sobre el cambio climático. Es inadmisible que, al bloquear su aplicación, la política despreciativa e imperial de Estados Unidos tome como rehenes a la totalidad de los países del planeta para único beneficio de los contaminadores estadounidenses. El pasado 23 de julio en Bonn, Europa cedió inútilmente al chantaje americano. Estados Unidos logró atenuar la lucha contra los Estados contaminadores sin adquirir ningún compromiso frente a las otras obligaciones, puesto que se negó a firmar el acuerdo final.

Se abre una nueva época. Es la civilización humanista la que está en juego frente a la barbarie de rostro mercantil. Es un desafío. Debemos afrontarlo. Y rápidamente, antes de que caigan otros Carlo Giuliani.

Rebelión, 26/08/01

Manuel Castells: Globalización y antiglobalización

Manuel Castells: Globalización y antiglobalización

A estas alturas, todo quisque tiene su opinión sobre la globalizacion. Éste es el principal mérito del movimiento global contra la globalización: el haber puesto sobre el tapete del debate social y político lo que se presentaba como vía única e indiscutible del progreso de la humanidad. Como es lo propio de todo gran debate ideológico, se plantea en medio de la confusión y la emoción, muertos incluidos. Por eso me pareció que, en lugar de añadir mi propia toma de posición a las que se publican cada día, podría ser más útil para usted, atento lector en su relajado entorno veraniego, el recordar algunos de los datos que enmarcan el debate. Empezando por definir la globalización misma. Se trata de un proceso objetivo, no de una ideología, aunque haya sido utilizado por la ideología neoliberal como argumento para pretenderse como la única racionalidad posible. Y es un proceso multidimensional, no solo económico. Su expresión más determinante es la interdependencia global de los mercados financieros, permitida por las nuevas tecnologías de información y comunicación y favorecida por la desregulación y liberalización de dichos mercados. Si el dinero (el de nuestros bancos y fondos de inversión, o sea, el suyo y el mío) es global, nuestra economía es global, porque nuestra economía (naturalmente capitalista, aunque sea de un capitalismo distinto) se mueve al ritmo de la inversión de capital. Y si las monedas se cotizan globalmente (porque se cambian dos billones de dólares diarios en el mercado de divisas), las políticas monetarias no pueden decidirse autónomamente en los marcos nacionales. También está globalizada la producción de bienes y servicios, en torno a redes productivas de 53.000 empresas multinacionales y sus 415.000 empresas auxiliares. Estas redes emplean tan sólo a unos 200 millones de trabajadores (de los casi 3.000 millones de gentes que trabajan para vivir en todo el planeta), pero en dichas redes se genera el 30% del producto bruto global y 2/3 del comercio mundial.

Por tanto, el comercio internacional es el sector del que depende la creación de riqueza en todas las economías, pero ese comercio expresa la internacionalización del sistema productivo. También la ciencia y la tecnología están globalizadas en redes de comunicación y cooperación, estructuradas en torno a los principales centros de investigación universitarios y empresariales. Como lo está el mercado global de trabajadores altamente especializados, tecnólogos, financieros, futbolistas y asesinos profesionales, por poner ejemplos. Y las migraciones contribuyen a una globalización creciente de otros sectores de trabajadores. Pero la globalización incluye el mundo de la comunicación, con la interpenetración y concentración de los medios de comunicación en torno a siete grandes grupos multimedia, conectados por distintas alianzas a unos pocos grupos dominantes en cada país (cuatro o cinco en España, según como se cuente). Y la comunicación entre la gente también se globaliza a partir de Internet (nos aproximamos a 500 millones de usuarios en el mundo y a una tasa media de penetración de un tercio de la población en la Unión Europea). El deporte, una dimensión esencial de nuestro imaginario colectivo, vive de su relación local-global, con la identidad catalana vibrando con argentinos y brasileños tras haber superado su localismo holandés. En fin, también las instituciones políticas se han globalizado a su manera, construyendo un Estado red en el que los Estados nacionales se encuentran con instituciones supranacionales como la Unión Europea o clubes de decisión como el G-8 o instituciones de gestión como el FMI para tomar decisiones de forma conjunta. Lejos queda el espacio nacional de representación democrática, mientras que los espacios locales se construyen como resistencia más que como escalón participativo. De hecho, los Estados nacionales no sufren la globalización, sino que han sido sus principales impulsores, mediante políticas liberalizadoras, convencidos como estaban y como están de que la globalización crea riqueza, ofrece oportunidades y, al final del recorrido, también les llegarán sus frutos a la mayoría de los hoy excluidos.

El problema para ese horizonte luminoso es que las sociedades no son entes sumisos susceptibles de programación. La gente vive y reacciona con lo que va percibiendo y, en general, desconfía de los políticos. Y, cuando no encuentra cauces de información y de participación, sale a la calle. Y así, frente a la pérdida de control social y político sobre un sistema de decisión globalizado que actúa sobre un mundo globalizado, surge el movimiento antiglobalización, comunicado y organizado por Internet, centrado en protestas simbólicas que reflejan los tiempos y espacios de los decididores de la globalización y utilizan sus mismos cauces de comunicación con la sociedad: los medios informativos, en donde una imagen vale más que mil ponencias.

¿Qué es ese movimiento antiglobalización? Frente a los mil intérpretes que se ofrecen cada día para revelar su esencia, los investigadores de los movimientos sociales sabemos que un movimiento es lo que dice que es, porque es en torno a esas banderas explícitas donde se agregan voluntades. Sabemos que es muy diverso, e incluso contradictorio, como todos los grandes movimientos. Pero ¿qué voces salen de esa diversidad? Unos son negros, otros blancos, otros verdes, otros rojos, otros violeta y otros etéreos de meditación y plegaria. Pero ¿qué dicen? Unos piden un mejor reparto de la riqueza en el mundo, rechazan la exclusión social y denuncian la paradoja de un extraordinario desarrollo tecnológico acompañado de enfermedades y epidemias en gran parte del planeta. Otros defienden al planeta mismo, a nuestra madre Tierra, amenazada de desarrollo insostenible, algo que sabemos ahora precisamente gracias al progreso de la ciencia y la tecnología. Otros recuerdan que el sexismo también se ha globalizado. Otros defienden la universalización efectiva de los derechos humanos. Otros afirman la identidad cultural y los derechos de los pueblos a existir más allá del hipertexto mediático. Algunos añaden la gastronomía local como dimensión de esa identidad. Otros defienden los derechos de los trabajadores en el norte y en el sur. O la defensa de la agricultura tradicional contra la revolución genética. Muchos utilizan algunos de los argumentos señalados para defender un protecteccionismo comercial que limite el comercio y la inversión en los países en desarrollo. Otros se declaran abiertamente antisistema, anticapitalistas desde luego, pero también anti-Estado, renovando los vínculos ideológicos con la tradición anarquista que, significativamente, entra en el siglo XXI con más fuerza vital que la tradición marxista, marcada por la práctica histórica del marxismo-leninismo en el siglo XX. Y también hay numerosos sectores intelectuales de la vieja izquierda marxista que ven reivindicada su resistencia a la oleada neoliberal. Todo eso es el movimiento antiglobalización. Incluye una franja violenta, minoritaria, para quien la violencia es necesaria para revelar la violencia del sistema. Es inútil pedir a la gran mayoría pacífica que se desmarque de los violentos, porque ya lo han hecho, pero en este movimiento no hay generales y aun menos soldados. Tal vez sería más productivo para la paz pedir a los gobiernos que se desmarquen de sus policías violentos, ya que, según observadores fiables de las manifestaciones de Barcelona y Génova, la policía agravó la confrontación. No se puede descartar que algunos servicios de inteligencia piensen que la batalla esencial está en ganar la opinión pública y que asustar al pueblo llano con imágenes de feroces batallas callejeras puede conseguir socavar el apoyo a los temas del movimiento antiglobalización. Vano intento, pues, en su diversidad, muchos de esos mensajes están calando en las mentes de los ciudadanos, según muestran encuestas de opinión en distintos países.

Dentro de esa diversidad, si un rasgo une a este movimiento es tal vez el lema con el que se convocó la primera manifestacion, la de Seattle: 'No a la globalización sin representación'. O sea, que, antes de entrar en los contenidos del debate, hay una enmienda a la mayor, al hecho de que se están tomando decisiones vitales para todos en contextos y en reuniones fuera del control de los ciudadanos. En principio, es una acusación infundada, puesto que la mayoría son representantes de gobiernos democráticamente elegidos. Pero ocurre que los electores no pueden leer la letra pequeña (o inexistente) de las elecciones a las que son llamados cada cuatro años con políticos que se centran en ganar la campaña de imagen y con gobiernos que bastante trabajo tienen con reaccionar a los flujos globales y suelen olvidarse de informar a sus ciudadanos. Y resulta también que la encuesta que Kofi Annan presentó en la Asamblea del Milenio de Naciones Unidas señala que 2/3 de los ciudadanos del mundo (incluyendo las democracias occidentales) no piensan que sus gobernantes los representen. De modo que lo que dicen los movimientos antiglobalización es que esta democracia, si bien es necesaria para la mayoría, no es suficiente aquí y ahora. Así planteado el problema, se pueden reafirmar los principios democráticos abstractos, mientras se refuerza la policía y se planea trasladar las decisiones al espacio de los flujos inmateriales. O bien se puede repensar la democracia, construyendo sobre lo que conseguimos en la historia, en el nuevo contexto de la globalización. Que se haga una u otra cosa depende de usted y de muchos otros como usted. Y depende de que escuchemos, entre carga policial e imagen de televisión, la voz plural, hecha de protesta más que de propuesta, que nos llega del nuevo movimiento social en contra de esta globalización.

El País, 24/07/01

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