Neoliberalismo

Salmon relata el final de la soberanía popular

La estrategia de Sherezade. Apostillas a StorytellingSalmon relata el final de la soberanía popular
Analiza en su nuevo ensayo cómo el neoliberalismo vació la política de contenido
"El elector es ahora un espectador y el relato político una teleserie"
"La política consiste en vender a los políticos como marcas"

La política, "como experiencia de la democracia y arte del buen gobierno", no volverá. Pertenece al pasado, escribe Christian Salmon (Marsella, 1951), que hace tres años saltó la banca editorial con el ensayo Storytelling, donde descubría la nueva manera de movilizar a la opinión pública desde las emociones. Para entendernos, un cuento bien contado, pero falso, se ha apoderado de las nociones de derecha e izquierda: "Las posturas políticas y las afiliaciones ideológicas han sido aparcadas en la trastienda", explica el autor francés.

La estrategia de Sherezade. Apostillas a Storytelling (editado por Península) es una guía para escapar de la falsa esperanza de la llegada de la política. "Hemos tenido que admitir que no era más que una alucinación", dice de Barack Obama, última esperanza para el advenimiento de la política basada en el debate de las ideas. No ha sido así. Porque ya el discurso político ni siquiera pretende modificar las convicciones del electorado, sólo busca una buena historia con la que entretener.

¿Como una serie de televisión? "Exactamente. Ya que la política ha perdido contenido y capacidad de tomar decisiones, lo único que resta es perfeccionar las técnicas de persuasión. Es decir, ya no hay combate ideológico, el elector se ha convertido en un espectador y el relato político en una teleserie", resume el autor. Sin embargo, apela a la inteligencia del ciudadano, que desconfía de ellos pese al marketing: ahora, simplemente, se cambia de equipo al dejar de creer en uno. "Cuando no podemos cambiar la sociedad, cambiamos de serie", sin más.

James Carville y su esposa Mary Matalin inauguraron una nueva manera de hacer política. Se enfrentaron durante las elecciones presidenciales estadounidenses de 1992: Carville fue el estratega de Clinton, mientras Matalin aconsejaba al desafortunado George Bush. Estos spin doctors se aliaron a favor de George W. Bush años más tarde. Salmon resume su secreto del éxito en las elecciones: contar una historia, ser breve y ser emocional.

Debate entre iguales

Salmon reconoce que el pasado lunes vio el debate televisivo entre Rubalcaba y Rajoy, pero no encontró diferencias entre ambos. "Aún así, Rajoy es un político nulo desde el punto de vista del marketing. No se puede leer un texto delante de las cámaras de una manera tan inocente. Rubalcaba es más eficiente, pero está paralizado por el paradigma neoliberal", apunta Salmon.

El autor hace una llamada en favor de la actitud de Zapatero en los últimos meses. "Ha comprendido que la política es como las series de televisión, que su temporada ha terminado, que se tiene que retirar. Y se ha retirado. Su teleserie ha acabado porque su personaje ya no gusta. No es como Berlusconi", que trata de continuar el cuento, tal y como hizo Sherezade, para no ser decapitada.

Malos tiempos

Salmon advierte en estos momentos dramáticos el final del "gobierno del pueblo", inventado por los griegos hace más de 2.500 años. "La política ya no tiene que ver con la filosofía ni con la estrategia, sino con vender a los políticos como marcas".

Es decir, que si Maquiavelo conociera a algún think tank se asustaría: "El cinismo de sus sucesores le ha sobrepasado con creces". Los políticos ya no tienen margen de maniobra, los estados han perdido su soberanía y las elecciones son la forma ficticia de una elección. El panorama que pinta es desastroso. ¿Hay esperanza? "Sí, hemos vuelto a sentir la política gracias a la indignación mundial. Contrasta su horizontalidad con la verticalidad que hemos heredado de la política del siglo XIX".

"El neoliberalismo ha vaciado la política de contenido y los mercados se han quedado con la soberanía de los países. Los políticos sólo miran por mantener la calificación triple A". Y para ello se transforman, cambian de decorado, de relato una y otra vez. Cambian de rol, como el Zelig de Woody Allen, "para captar nuestra atención". Se fija en su presidente: "Sarkozy ha ido renovándose según los personajes a los que se acercaba. Empezó con Bush y Blair, pasó a Gordon Brown y de ahí a Merkel. El resultado es Merkozy. Y hace unos días en Cannes: Sarkobama", señala con humor.

Público, 11/11/11

Andrew Wernick: Will there still be Universities after the Revolution?

Andrew Wernick: Will there still be Universities after the Revolution?
Andrew Wernick is Emeritus Professor of Cultural Studies and Sociology at Trent University in Canada, a Visiting Professor at Ivan Franko National University in Lviv, Ukraine, and a Life Member of Clare Hall, Cambridge. A social theorist, intellectual historian, sociologist of culture and sometime musician, his writings include "Promotional Culture" (Sage 1991), "Auguste Comte and the Religion of Humanity" (Cambridge University Press 2001), and more than sixty essays on various aspects of contemporary culture and cultural/social theory.  He currently serves on the editorial boards of C-Theory, TOPIA: Canadian Journal of Cultural Studies, and Pensar la Publicidad.  His current work is on nihilism and the sacred in post Cold War culture, universities and intellectuals, and on the political theory of the gift.

The UK Government’s adoption of the Browne Report has all the charm of shock capitalism.  Amidst a declared state of fiscal emergency, and simultaneous with axing university teaching budgets, the ministerial equivalent of the IMF comes in with a bail out whose conditions amount to the privatization of what had been a tax-payer-funded public institution.

The plan is ingenious.  The government loan that compensates for the withdrawal of block grants will flow through students who become individually responsible for the debt, leaving universities and departments to scramble for funds through competition for students.  Inter-university competition will, in turn, encourage efficiencies, such as the closure of low enrollment programs, while promoting greater differentiation among institutions (why should they all do everything?) Of course no market can work without information, and so – to supplement the existing plethora of indices and league tables – the projected value added, in terms of life-time income, by acquiring this or the other degree will be made publicly available.  This will enable students to invest their borrowed fees in ways that make financial sense, and universities to allocate resources in line with what student demand signals about future labour market demand.  To help ensure that the current imbalance of too many humanities and social science graduates, and not enough Science Technology Engineering and Medicine (STEM) ones, is corrected, a 20% subsidy goes to universities for teaching the latter. Further tweaking, for example with fee caps, can be done over time.

The assumptions are starkly reductive: that higher education is training not bildung; that it is properly regarded as a service industry with students its customers; that its social value lies in the contribution it makes to the production of (highly qualified) labour power and to the economic growth this makes possible; and that the best way to optimize that production is through incentivizing students to invest rationally in courses that maximize their own income earning potential.  The claim can also be challenged that, through the salary-linked payback of student loans, access to universities will not become more inequitable, enrolments will not be dented and the HE sector will stay on track to enroll 50% of the cohort. 

It would be a mistake, though, to think that mere ideology is in play.  An enterprise model is encouraged throughout and the door is opened to the entry of fully commercial universities. However, privatisation does not go all the way. Tuition is tripled, but fees remain capped. The government will still hold the purse strings, including for basic research, in what remains a highly regulated system.  Marketisation, in fact, is imposed here not just as a simulation model, in which the rational choice paradigm (misrecognised as the logos of capital) precedes the territory it is mapping.  It is imposed tactically, as an instrument of planning.

This is evident when one considers what the new tuition regime is designed to achieve. In one fell swoop, three over-riding policy objectives are addressed.   First, a cost transfer that relieves the Treasury while ‘securing a sustainable future’ for a mass-based system.  Secondly, a better fit between the available mix of courses and places and the skills needed in a ‘knowledge-based economy’.  Thirdly, driven by price and brand competition, a more functionally differentiated system topped by a cluster of super-universities able to compete globally for foreign students, whether through direct recruitment, overseas branch-plants, or on line. 

Christopher Petrella: Defaulting on democracy: the political economy of public higher education

Christopher Petrella:  Defaulting on democracy: the political economy of public higher education
Ours is more than a debt-bubble; it’s a democracy bubble, and it’s about to burst.

In a forceful critique against the single mindedness of late-capitalism Frankfurt School theorist Theodor Adorno once said that happiness is obsolete because it’s uneconomic, but had he lived past 1969 he may have theorized the “the public sphere” in the same way. As I have written before, “the public sphere theoretically remains a space punctuated by elements of universality, openness, and accessibility.” http://mrzine.monthlyreview.org/2011/petrella070311.html But the accountable and accessible nature of public institutions— and explicitly, public higher education— upon which the economically marginalized and the racially oppressed often rely, has undergone a systematic displacement by corporatists who confuse consumption with compassion, decadence with deliberation, and private entertainment with public engagement. To paraphrase Marx, it seems as though all that is public has melted into air.

Against this historical backcloth Forbes recently projected that total U.S. student loan debt is expected to exceed $1 trillion by early 2012. And just weeks ago the U.S. Federal Reserve reported that the total amount of student loan debt finally surpassed that of credit cards. According to their figures, Americans owed $826.5 billion in credit card debt while outstanding student loans, both federal and private, totaled $830 billion.

And much closer to home, the Regents of the University of California have for months been debating a multiyear funding proposal that will likely result in a series of substantial tuition increases over the next few years. The Regents report that elements of a multi-year plan will include a proposal that “would call for eight percent annual increases each in State funds and in tuition and fees through 2015-16. If the State is unable to meet its share of this cost, student fees would be raised further to compensate for the State’s deficit. Thus, if the State provides only four percent increases each year, student tuition and fees would increase by 12 percent annually. If the State provides no increase, student tuition and fees would increase by 16 percent annually. Incorporating this principle into a multi-year plan will make clear to all stakeholders that a failure to invest in the University will directly increase the amount students and their families pay to attend.” http://articles.sfgate.com/2011-09-16/news/30163576_1_uc-budget-regent-dick-blum-tuition-increases According to their report, if the State of California does not increase funding over the next four years, tuition will rise 16% each year for a cumulative total of 81%.

Italia: Mario Monti e Goldman Sachs: governo tecnico o golpe finanziario?

Italia: Mario Monti e Goldman Sachs: governo tecnico o golpe finanziario?

Il rettore bocconiano Mario Monti, uomo della Goldman Sachs, sarà lo specialista che prenderà il posto del Premier Berlusconi? Un governo tecnicamente studiato a tavolino dai potenti del mondo? Scopriamolo insieme.

Lo smottamento berlusconiano e le promesse dimissionarie di Re Lear, che vede il suo impero economico vacillare, aprono nuovi scenari – ormai dati per scontati – della politica italiana. Inutile ribadire che le inaffidabili parole del Caimano vanno sempre prese col contagocce, giacché sappiamo che è capace di affermare tutto e il contrario di tutto. Tuttavia, gli sviluppi di queste ultime ore parlano chiaro: restare al governo è un suicidio privato. I suoi interessi stanno colando a picco (vedi azioni Mediaset precipitate rovinosamente) tanto da costringerlo a rinunciare: non per il bene del Paese, sia chiaro, bensì per il proprio.

E’ di oggi infatti la notizia, già ventilata da giorni, del successore, rettore bocconiano Mario Monti, appena nominato senatore a vita dal Presidente Napolitano. Il presunto tecnico che prenderà in mano le redini del Paese. Ma chi è Mario Monti? Tanti, immagino, non proprio addentrati nei meandri della finanza et affini, se lo saranno chiesto. Basta informarsi per scoprire che l’uomo designato a resuscitare la Repubblica è sicuramente un esperto di economia e quale economia! Scopro così informazioni illuminanti:

  • Presidente europeo della Commissione Trilaterale, un gruppo di interesse di orientamento neoliberista fondato nel 1973 da David Rockefeller membro del comitato direttivo del Gruppo Bilderberg. Dal 2005 è International Advisor per Goldman Sachs.

Avete capito bene, parliamo di una delle più potenti banche d’affari del mondo, quella che ha messo in ginocchio la Grecia (leggete qui e qui) e che ora, magicamente, piazzerà la sua pedina in Italia. Una figura, quindi, vicina, pericolosamente vicina a magnati del calibro del Re dei farmaci Rockefeller. E non solo, guardate i predecessori e i successori:

  • Romano Prodi, da consulente Goldman Sachs a Presidente del Consiglio in Italia
  • Mario Draghi, da Vicepresidente Goldman Sachs a Governatore della Banca d’Italia
  • Mario Monti, dalla Commissione Europea sulla concorrenza alla Goldman Sachs
  • Massimo Tononi, dalla Goldman Sachs di Londra a sottosegretario all’Economia nel governo Prodi del 2006
  • Gianni Letta, membro dell’Advisory Board di GS è nominato sottosegretario alla Presidenza del Consiglio del governo Berlusconi (2008)

Viene dunque da pensare a un disegno neoliberista premeditato dai Potenti del Mondo, che si va compiendo in tutto il suo splendore. Progetto che ci ha incastrati dal momento in cui abbiamo abbandonato la nostra valuta per abbracciare l’euro? A giudicare da questo articolo, direi proprio che è abbastanza chiaro. Dunque anche Prodi non ce l’ha raccontata giusta?

Siamo nelle mani di avvoltoi che detengono il potere economico planetario, e che hanno ridotto il nostro Paese al default. Impossibilitati a stampare moneta nazionale per rialzare l’economia italiana, succubi di una valuta comune che solo la BCE può emettere.

Guardate questa mappa dell’Europa: 21 governi di centrodestra su 27 paesi.

Mapa político de Europa

E sappiamo bene che la destra è dei ricchi capitalisti: Berlusconi, in Italia, ha imperversato per vent’anni. Ora il suo compito è finito: la marionetta preposta non è più adatta allo scopo di chi lo ha messo sulla poltrona presidenziale. Ma ciò che inquieta è il futuro prospettato dai poteri occulti che manovrano le fila del Pianeta: la totale approprazione dello Stato Italia. O dell’Europa, che forse è più calzante.

A giudicare dalla scelta del tecnico Mario Monti, direi che la strada del golpe finanziario è spianata: un governo tecnicamente studiato a tavolino. Era già tutto previsto.

Agora Vox, 11/11/11

Wal-Mart Plans Ambitious Expansion Into Medical Care

Wal-Mart Plans Ambitious Expansion Into Medical Care

Walmart
A trip to the local Wal-Mart, like this one in Oakland, Calif., could soon mean one less stop at the doctor's office.

Wal-Mart wants to be your doctor.

The nation's largest retailer is planning to offer medical services ranging from the management of diabetes to HIV infections, NPR and Kaiser Health News have learned.

In the same week in late October that Wal-Mart said it would stop offering health insurance benefits to new part-time employees, the retailer sent out a request for partners to help it "dramatically ... lower the cost of healthcare ... by becoming the largest provider of primary healthcare services in the nation."

On Tuesday, Wal-Mart spokeswoman Tara Raddohl confirmed the proposal. She declined to elaborate on specifics, calling it simply an effort to determine "strategic next steps."

The 14-page request, which you can read here, asks firms to spell out their expertise in a wide variety of areas, including managing and monitoring patients with chronic, costly health conditions. Partners are to be selected in January.

Analysts said Wal-Mart is likely positioning itself to boost store traffic, possibly by expanding the number of its in-store medical clinics and the services they offer.

The move would also capitalize on growing demand for primary care in 2014, when the federal health law fully kicks in and millions more Americans are expected to have government or private health insurance.

"We have a massive primary care problem that will be made worse by health reform," says Ian Morrison, a Menlo Park, Calif.-based health-care consultant. "Anyone who has a plausible idea on how to solve this should be allowed to play."

In-store medical clinics, such as those offered by Wal-Mart and other retailers, could also be players in another effort in the health law: collaborations between doctors and hospitals to streamline care and lower costs.

Such collaborations, known as accountable care organizations, might contract with in-store medical clinics, says Paul Howard, a senior fellow with the Manhattan Institute for Policy Research. He has studied retail clinics, some of which have recently expanded to offer services beyond simple tests and vaccinations, such as helping monitor patients with diabetes or high blood pressure.

Wal-Mart's request goes even further, asking possible partners to provide information on how they would oversee patients with complicated chronic conditions, including asthma, HIV, arthritis, depression and sleep apnea.

In health care, Wal-Mart has already flexed its super-size muscles when it comes to prescription drugs, says Ed Kaplan, a senior vice president at The Segal Company, an HR benefits firm. The company was the first to offer generic drugs at $4 for a month's supply,and its low-cost pharmacy is popular with employers and seniors. Kaplan says Wal-Mart could bring its massive purchasing power to medical supplies, diabetes test strips, just about anything.

Wal-Mart's efforts to partner with others on health care could help lower costs for some patients and increase access to primary care services. But the approach has detractors.

Family physicians have long been vocal critics of in-store clinics, arguing that patients need a regular source of care from someone who knows their medical history. Glen Stream, president of the American Academy of Family Physicians, says Wal-Mart's proposal takes health care in the wrong direction by further fragmenting care.

Others aren't sure the company's approach can really work. "Maybe Wal-Mart can deliver a lot of this stuff more cheaply because it is an expert at doing this with other types of widgets, but health care is not a widget and managing individual human beings is not nearly as simple as selling commercial products to consumers," says Ann O'Malley, a physician and senior health researcher at the Center for Studying Health System Change, a nonpartisan Washington think tank.

And will it save money? Because primary care services are not the main driver of health care costs in this country, "I would be surprised if this were a model that could truly attack cost problems," says O'Malley.

Whatever it does for health costs, it may also be a way to boost foot traffic and sales in Wal-Mart stores, says Colin McGranahan, a retail analyst for Sanford C. Bernstein & Co. "Their traffic has been declining for over two years and they've been losing market share," McGranahan says. "If you get someone in the door, you can also sell them milk and a shotgun."

Other retailers are ramping up their own medical offerings. CVS Caremark, Walgreens, Kroger, Target and others have recently reinvigorated efforts to open in-store medical clinics.

Until recently, Wal-Mart was the nation's leader in opening such clinics, but has dropped to third place with about 140 of them, well behind CVS Caremark's nearly 550 Minute Clinics and Walgreens' 355 Take Care clinics, according to data tracked by Tom Charland, CEO of Merchant Medicine, a Minnesota-based research and consulting firm. About 1,300 store-based clinics are open nationwide, he says.

They have different business models. Wal-Mart, which has more than 3,500 stores in the U.S., leases space to independent clinic vendors, for example, while CVS owns and staffs its Minute Clinics. While a few centers operated by retailers have doctors on site, most hire nurse practitioners or physician assistants to provide the care. In 2007, Wal-Mart CEO Lee Scott announced the firm would open 400 clinics by 2010.

But early efforts backed by venture capital money faltered and the firm failed to reach that number, says Charland. Wal-Mart then switched strategies and began leasing space to hospital systems, and the clinics began to grow again. Still, last month, the firm appeared to be struggling: Wal-Mart opened three in-store clinics, but closed 10, says Charland.

"This is an industry where people haven't figured out how to make money," he says. Hiring nurses isn't cheap — and business can be seasonal: more people come in during the cold winter months and business can slow to a crawl in the summer. "My guess is the whole purpose of (Wal-Mart's) request for information is to find someone to help them because they've not been able to pull it off."

NPR, 09/11/11

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Henry A. Giroux: Beyond the Limits of Neoliberal Higher Education: Global Youth Resistance and the American/British Divide

Henry A. Giroux: Beyond the Limits of Neoliberal Higher Education: Global Youth Resistance and the American/British Divide

“We need a wholesale revision of how a democracy both listens to and treats young people.”[1]

The global reach and destructiveness of neoliberal values and disciplinary controls are not only evident in the widespread hardships and human suffering caused by the economic recession of 2008, they are also visible in the ongoing and ruthless assault on the social state, workers, unions, higher education, students, and any vestige of the social at odds with neoliberal values. Under the regime of market fundamentalism, institutions that were meant to limit human suffering and misfortune and protect the public from the excesses of the market have been either weakened or abolished, as are many of those public spheres where private troubles can be understood as social problems and addressed as such.[2] Privatization has run rampant, engulfing institutions as different in their goals and functions as public schools and core public services,  on the one hand, and prisons, on the other. This shift from the social contract to savage forms of corporate sovereignty is part of a broader process of “reducing state support of social goods [and] means that states—the institutions best placed to defend the gains workers and other popular forces have made in previous struggles—are instead abandoning them.”[3] Faced with massive deficits, the U.S. federal government along with many states are refusing to raise taxes either on the rich or on wealthy corporations, while at the same time enacting massive cuts in everything from Medicaid programs, food banks, and worker retirement funds to higher education and health care programs for children. For example, Florida Governor Rick Scott has “proposed slashing corporate income and property taxes, laying off 6,700 state employees, cutting education funding by $4.8 billion, and cutting Medicaid by almost $4 billion. Scott’s ultimate plan is to phase the Sunshine state’s corporate income tax out entirely. He [wants] to gut Florida’s unemployment insurance system, leaving unemployed workers ‘with much less economic protection than unemployed workers in any other state in the country.’”[4] As social problems are privatized and public spaces are commodified, there has been an increased emphasis on individual solutions to socially produced problems, while at the same time market relations and the commanding institutions of capital are divorced from matters of politics, ethics, and responsibility. Free market ideology with its emphasis on the privatization of public wealth, the elimination of social protections, and its deregulation of economic activity now shapes practically every commanding political and economic institution in the United States. In these circumstances, notions of the public good, community, and the obligations of citizenship are replaced by the overburdened demands of individual responsibility and an utterly privatized ideal of freedom.

In the current market-driven society, with its ongoing uncertainties and collectively induced anxieties, core public values that safeguard the common good have been abandoned under a regime that promotes a survival-of-the-fittest economic doctrine. As Jeffrey Sachs points out, “Income inequality is at historic highs, but the rich claim they have no responsibility to the rest of society. They refuse to come to the aid of the destitute, and defend tax cuts at every opportunity. Almost everybody complains, almost everybody aggressively defends their own narrow, short-term interests, and almost everybody abandons any pretense of looking ahead or addressing the needs of others.”[5]  Shared sacrifice and shared responsibilities now give way to shared fears and a disdain for investing in the common good or for that matter the security of future generations of young people. Conservatives and liberals alike seem to view public values as either a hindrance to the profit-seeking goals of the allegedly free market or as a enervating drain on society. Espousing a notion of the common good is now treated as a sign of weakness, if not a dangerous pathology.[6]

Public spheres that once offered at least the glimmer of progressive ideas, enlightened social policies, non-commodified values, and critical exchange have been increasingly commercialized—or replaced by private spaces and corporate settings whose ultimate fidelity is to expanding profit margins. For example, higher education is increasingly defined as another core element of corporate power and culture. Public spaces such as libraries are detached from the language of public discourse and viewed increasingly as a waste of taxpayers’ money. No longer vibrant political spheres and ethical sites, public spaces are reduced to dead spaces in which it becomes almost impossible to construct those modes of knowledge, communication, agency, and meaningful interventions necessary for an aspiring democracy. What has become clear is that the neoliberal attack on the social state, workers, and unions is now being matched by a full-fledged assault on higher education. Such attacks are not happening just in the United States but in many other parts of the globe where neoliberalism is waging a savage battle to eliminate all of those public spheres that might offer a glimmer of opposition to and protection from market-driven policies, institutions, ideology, and values. Higher education is being targeted by conservative politicians and governments because it embodies, at least ideally, a sphere in which students learn that democracy, as Jacques Rancière suggests, entails rupture, relentless critique, and dialogue about official power, its institutions, and its never-ending attempts to silent dissent.[7]

Sauvons l'Université !: Idefi : un « succès de la CPU » ou la révolution des formations universitaires au service des entreprises

Sauvons l'Université !: Idefi : un « succès de la CPU » ou la révolution des formations universitaires au service des entreprises
Newsletter n°33, 5 novembre 2011

Ce texte a aussi été publié le 8 novembre sur le blog de Pascal Maillard (SLU) sur Médiapart (avec une présentation ad hoc motivée par la venue de Nicolas Sarkozy à l'université de Strasbourg).

Les formations universitaires avaient en partie échappé aux restructurations massives de l'ESR induites par la politique d'excellence et la kyrielle des « EX » qui ont surtout affecté le volet recherche des missions des universités. Même s'il était évident qu'étaient fragilisés les liens construits entre formation et recherche, même si la recherche universitaire était indexée à la seule politique d'excellence, même si certaines formations universitaires de licence semblaient devoir être reléguées dans des PUP (pôles universitaires de proximité) qui n'auraient plus d'université que le nom, même si, enfin, se faisaient sentir les effets, sur les formations et les disciplines, de la mastérisation, l'équilibre et la nature des formations n'étaient pas au centre des projets ministériels. Ce n'est plus le cas depuis le récent arrêté sur la licence (01 août 2011) et ça l'est encore moins avec le dernier appel à projet sur les « Investissements d'avenir ».

Cet appel à projets, dévoilé par Laurent Wauquiez le 25 octobre dernier et dont une version a commencé à fuiter le 31 octobre, avant même sa mise en ligne sur le site de l'ANR, est intitulé Idefi, « Initiative d'excellence en formations innovantes ». Il s'attaque à la pédagogie et aux contenus des enseignements pour imposer l' « excellence » et la concurrence dans le dernier espace qui pouvait encore, pour partie, lui échapper : l'offre de formation des universités.

Faiblement doté – 150 millions pour vingt projets – Idefi est essentiellement conçu pour des porteurs qui ont déjà des projets dans leurs cartons puisque la date de clôture de l'appel d'offre est, de façon aussi risible que scandaleuse, fixée au 19 décembre 2011. De tels délais impliquent une fois de plus que les projets seront conçus et portés par des équipes très resserrées (« groupe de pilotage » sans légitimité démocratique), sous la direction du président ou du directeur de l'établissement coordonnateur, bref une « gouvernance renforcée » qui prendra des initiatives engageant pourtant des restructurations majeures de leurs institutions, sans la moindre délibération sérieuse des instances représentatives, tels les conseils centraux. L'objectif de ce dispositif est de créer un puissant effet de levier sur les formations universitaires, en particulier sur le secteur des SHS, mais aussi plus généralement et de manière cohérente avec les dispositions relatives à la nouvelle licence, sur les relations entreprises/universités et les liens entre formation initiale et formation continue que le ministère souhaite renforcer, ainsi que sur la « gestion des ressources humaines » au sein des établissements.

Stephen I. Roscow et Thomas Kriger (eds): Transforming Higher Education : Economy, Democracy, and the University

Transforming Higher EducationStephen I. Roscow et Thomas Kriger (eds): Transforming Higher Education : Economy, Democracy, and the University
Lanham, Lexington Books, 2010
978-0-7391-3170-1 • Hardback • $75.00 (£44.95)
978-0-7391-3172-5 • eBook • $75.00 (£44.95)
Publication date: July 2010
Contributions by Hamid Azari-Rad; Catherine M. Dwyer; Frederick Floss; Sally Knapp; Timothy W. Luke; R Jeffrey Lustig; Sidney Plotkin; William Scheuerman; David Solomonoff and David Vampola

The university is being transformed and can be transformed. This doubleness informs this book. "Transforming" in "transforming higher education" can be read as adjective, suggesting that higher education is being transformed by the social and political situation in which it is enmeshed. "Transforming" can also be read as a gerund, implying the critical activity of changing the university, as signaling a creative and political act of radical possibility. The essays in this book address the transformation of higher education and the transformative possibilities of its current conditions. Only by viewing the university as a historical construction can we assess the dangers and opportunities of the new conditions of higher education, and chart a reasonable course for the future.

The essays in this book are critical of recent developments in universities and higher education. Most of us come from public universities, and all remain committed to a democratic higher education that we see threatened by recent developments. There is a danger that the combination of economic crisis, market ideology, and global pressures will continue to structure the debate about higher education in ways that freeze out the transformative and politically critical possibilities of the university.

Part I of the book examines the historical transformation of the university as it has changed into its current form. Part II examines both the transformation of the university into a neoliberal institution and makes the case for the more political and radical idea of transforming the university in opposition to how it has been transformed in recent years. Part III offers a number of studies aimed at illuminating possibilities for transforming the university in a more progressive, democratic direction.

Authors

Stephen J. Rosow is a professor of Political Science at State University of New York.

Thomas Kriger is Provost at the National Labor College.

Content

Introduction
Part I. Historical-Theoretical Interventions
Chapter One. Corporate MisEducation and The Liberal Arts Response
Chapter Two. Veblen's The Higher Learning in America and the Ambiguities of Academic Independence
Chapter Three: What is Information? The Neoliberal Turn, Digitalization and Interdisciplinarity
Part II. Contesting the Neo-liberal University
Chapter Four: The Concept of Corporatization: A Useful Tool or Feel-Good Slogan
Chapter Five. The Economics of Globalization and Corporatization of Higher Education
Chapter Six. Administrative and Geographic Determinants of Economics Course Offerings in American Colleges and Universities
Chapter Seven. Corporatization and Research Information
Part III. Envisioning Different Higher Education
Chapter Eight. Global Knowledge, the University and Democratic Politics
Chapter Nine. Controversy, Contest and Competition: The Institutionalization of the "Disciplines of Scale" and Higher Learning in the Twenty-First Century
Chapter Ten. Open Source and Open Content as a Counter to Globalization and Corporatism for Public Institutions of Higher Learning

Reviews

As universities in the private and public spheres restructure to meet financial demands driven by profit rather than the educational needs of students, Transforming Higher Education is insightful reading from multifarious scholarly voices. This collection is critical for understanding the deleterious changes underway that endanger the academy. This book provides one of the most penetrating analyses of the damaging influence of the corporate forces that seek to turn higher education into a profit center for capital. I strongly recommend this book to all students of education and political economy.

— Immanuel Ness, Professor, Brooklyn College, City University of New York Professor, Brooklyn College, City University of New York Professor,


The book provides excellent stimulus for thought….Transforming Higher Education begins to inspire readers, particularly faculty members, to keep fighting to protect higher education from those who would vocationalize it and lose sight of the real purpose of colleges and universities in a democratic society. When on that point, the book is highly effective.

— Academe

Manuel Castells: Ocupar Wall Street

Manuel Castells: Ocupar Wall Street
La inmoralidad del mundo financiero parece haber encontrado un contrapoder con el que no contaba: sus propios clientes

El capital financiero y sus altos ejecutivos tienen un problema serio: la gente no los quiere. Es más, muchos los odian. Y el clamor se extiende contra los políticos percibidos como marionetas de los bancos a los que protegen con el dinero de los contribuyentes sin que los bancos devuelvan el favor cuando les va bien a ellos y mal al país. Porque, argumentan, el dinero es de sus accionistas. Nadie lo cree porque en las juntas de accionistas está todo bien atado. Con una minoritaria participación de control unos pocos accionistas hacen y deshacen. Añádanse las inversiones cruzadas entre bancos (las llamadas cartas de amor y el sistema se cierra sobre sí mismo, con escasa utilidad social y máxima captación de fondos en beneficio de los banqueros, con bonos exorbitantes para sí mismos aun cuando quiebren sus entidades. Y nada de pagar más impuestos. Para eso están los paraísos fiscales.

De ahí que el movimiento Ocupar Wall Street, iniciado en el corazón del capitalismo financiero, haya tenido tal apoyo popular en EE.UU. y en el mundo. La idea se lanzó en internet por la revista Adbuster, una publicación de crítica a la publicidad editada en Vancouver, en julio del 2011. La propuesta de ocupar Wall Street el 17 de septiembre, día de la Constitución, para protestar contra el control de la política por el dinero, fue recogida por grupos diversos en todo el país, más o menos organizada en la red y finalmente llevada a cabo por unos mil manifestantes que acabaron acampando en Zuccotti Park en las inmediaciones del distrito financiero. El silencio mediático y la ausencia de apoyos organizados pareció confinar el movimiento al ostracismo. Sus demandas eran variopintas, pero coincidían en la crítica de un sistema financiero causante de la crisis y que seguía teniendo poder de vida y muerte sobre la economía y la política. Allí donde no llegan los medios de comunicación tradicionales llega la red y la iniciativa se extendió rápidamente a una ciudadanía harta de todo pero especialmente de los bancos. Y cuando la policía intensifico su represión, los sindicatos estadounidenses, que están sufriendo una campaña de exterminio por parte de los gobernadores republicanos y las grandes empresas, decidieron unirse al movimiento y acudir a las manifestaciones. Y los hackers entraron en acción. Anonymous publicó en la red el nombre y señas personales del policía responsable de haber herido a manifestantes. El alcalde Bloomberg ordenó desmantelar la acampada por "razones de higiene" (¿suena familiar?), pero ante la masiva movilización para impedirlo canceló la orden. El 1 de octubre los manifestantes marchan hacia el puente de Brooklyn, la policía los deja pasar. Es una encerrona: tienen pretexto legal para detener a centenares. Pero la torpeza policial ofrece la oportunidad de filmación espectacular para los medios que por primera vez cubren ampliamente el movimiento aun criticándolo.

Se rompe la barrera del silencio. El movimiento entonces se extendió por todo el país. Cientos de ciudades, y numerosos barrios y calles, tienen su propia ocupación, tanto en el espacio urbano como en una web que relata la acción cotidiana y se conecta a otras webs que van tejiendo una geografía virtual y espacial del cambio de mentalidad en el país capitalista por excelencia. Un 82% en el estado de Nueva York y un 46% en todo el país apoyan las críticas del movimiento Wall Street, frente a un 34% que se opone. El movimiento se autoproclama representante del 99% de los ciudadanos en contraposición del 1% que atesora el 20% de la riqueza. Y empieza a impactar la opinión política: mientras que el 68% pide aumentar impuestos a los ricos, el 69% piensa que los republicanos favorecen a los ricos. Como Obama aparece también como prisionero de Wall Street el efecto electoral directo es incierto, a menos que Obama haga un giro al respecto. Conforme el movimiento incrementa su popularidad y sus ocupaciones, se acentúa la represión policial, cientos de personas son detenidas en todo el país, las cargas policiales se endurecen. Acontecen hechos inéditos: el 22 de octubre ante una acción policial en Nueva York un fornido sargento de los marines de vuelta de Afganistán increpa a los policías y los acusa de deshonrar los ideales estadounidenses por atacar a sus ciudadanos. La policía no se atreve con él. El vídeo del incidente es visionado por 3 millones. De ahí surge un movimiento, Ocupar los Marines, hecho por los propios marines que invitan a dar apoyo táctico y liderazgo a los manifestantes. El 25 de octubre la policía de Oakland ataca toda la noche la acampada frente al Ayuntamiento. Un bote de humo fractura el cráneo del marine Scott Olsen, participante en la ocupación. La alcaldesa pide perdón. Las protestas se redoblan en todo EE.UU. En Nueva York una tormenta de nieve cubre la región. Unos días antes el alcalde había prohibido toda calefacción en Zuccotti Park por "razones de seguridad". Los acampados aguantan el intenso frío con el apoyo de los vecinos del barrio y redes de solidaridad.

Tras siete semanas, las ocupaciones proliferan y se refuerzan. Los bancos siguen en el punto de mira. Una joven de 22 años en Washington, Molly Katchpole, reacciona contra la imposición del Bank of America de cobrarle 5 dólares por cada utilización de tarjeta de débito, medida que iban a seguir los demás bancos. Publica su protesta en internet, en unas horas 300.000 personas se unen. Los bancos cancelan la medida, con amplia repercusión mediática. Move.Org, con 5 millones de afiliados, lanza una campaña para que la gente retire su dinero de los grandes bancos y lo deposite en cooperativas de crédito y bancos comunitarios. De la red a la calle y de ahí a la cuenta bancaria. Los ejecutivos que hace unas semanas brindaban provocadoramente con cava al paso de los manifestantes desde sus ventanas de Wall Street empiezan a esconder su identidad en público.

La inmoralidad del mundo financiero parece haber encontrado un contrapoder con el que no contaba: sus propios clientes.

La Vanguardia, 05/11/11

Transnational Institute: La crisis de la UE: guía de bolsillo

TNI: Guía de bolsilloTransnational Institute: La crisis de la UE: guía de bolsillo

Una útil guía de bolsillo que explica cómo la crisis de Wall Street se vio agravada por las políticas de la UE y cómo ha enriquecido al 1% de la población en detrimento del 99%, y apunta a posibles soluciones que priorizan a las personas y el medio ambiente por encima de los beneficios empresariales.

La crisis de la UE: guía de bolsillo (428 KB)

Índice

  • Cómo una crisis de la deuda privada se convirtió en una crisis de la deuda pública y en una excusa para la austeridad
  • La forma en que los ricos y los banqueros se beneficiaron, mientras que la gran mayoría perdió
  • Las devastadoras consecuencias sociales de la austeridad
  • La respuesta de la UE a la crisis: más austeridad, más privatizaciones, menos democracia
  • Diez alternativas presentadas por grupos de la sociedad civil para que la gente y el medio ambiente sean más importantes que la codicia empresarial
  • Recursos para mayor información

Fuentes para la elaboración de la guía

Gracias a Susan George, Myriam van der Stichele y a Andy Storey por sus comentarios, y a Ricardo Santos por el diseño.

Pages: 12pages

Transnational Institute

Imaxe de O Garcia do Outeiro

Fim da ficção da democracia burguesa

"E nasce o caos, a confusao das línguas, e misturam-se as propostas mais loucas com a verdade mais brilhante.

Abandonamos assim a nossa ligeireza de ontem. Desacostumados a pensar, contentes com a vida do dia para dia, hoje estamos desarmados face a treboada. Tínhamos mecanizado a vida, tínhamos mecanizado nós próprios. (...) Éramos místicos inconscientemente". António Gramsci: "Faz falha que mudemos nós próprios", 24 de novembro de 1917.

"Siento que está en decadencia esta cumbre de jefes de Estado. Es como decir que cada año hay que rendir cuentas al rey. ¿Qué mensaje da eso en Latinoamérica?", Evo Morales sobre a Cimeira Iberoamericana deste ano, palavras aplicáveis pela cidadania de toda a parte à cimeira do euro e do G-20.

Os recentes acontecimentos em Grécia, o referendo non nato, revelaram até onde é que chega a podridão da democracia burguesa e tornou evidente até onde é que esta é uma concessão amável da grande burguesia mundial para os períodos alegres do capitalismo. Tornou-se palmatorio que faz falha uma outra democracia.

Um resultado negativo no referendo sobre o segundo "resgate" de Grécia provocaria a suspensão de pagos desse país (em rigor um estado não pode quebrar, porque não pode ser liquidado). O primeiro acordo para resgatar a Grécia chegara em março de 2010 ao se seguiram recortes e uma suicida política de "austeridade" na onda da ortodoxia ultraliberal. Um ano depois, criava-se o primeiro Pacto do Euro (mais bem "pauto") e Portugal pedia oficiosamente ajuda

Assim chegamos ao passado mês de outubro onde os "expertos" da UE falavam de "expectativas quase cumpridas", ao ampliar o fundo de resgate até 1 bilião de euros e pactuou a recapitalização da banca (150.000 milhões de euros) ao tempo que recortava em gasto público (especialmente gasto público social) por toda a parte. Aliás, a oferta de participar no fundo de "resgate" ao FMI e a China, em lugar de pôr ao BCE a fabricar euros que é a sua competência, supõe uma cessão de poder sem precedentes a terceiros estados com interesses mal dissimulados.  Aliás, conver lembrar que por cada mil milhões que ficam imobilizados por mor da recapitalização, 10.000 retiram-se do crédito o que se traduz, segundo Buster e Doménech, na perda 500.000 postos de trabalho e uma contracção de 2'5% do PIB. A cimeira do euro também acordou que seja o fundo de "regate" (FEEF) e não o BCE quem compre dívida pública do Estado espanhol o que repercutirá em "axustes brutais" (só em 2012 há que refinanciar 300.000 milhões de euros em dívida pública no Estado espanhol)  ao ter que pagar por esses quartos.

Juan Gelman: Wall Street ocupada y preocupada

Juan Gelman: Wall Street ocupada y preocupada

A Ocupar Wall Street merece ya el nombre de movimiento nacional: se ha extendido a decenas de ciudades importantes de EE.UU. con idénticas consignas, consigue apoyo sindical y estudiantil. Es un movimiento pacífico, como prueba la reacción de los ocupantes de Oakland: el martes respondieron con una marcha sin mayores incidentes al brutal ataque policial contra su campamento que terminó con cien arrestos y un agredido baleado y en estado de coma. Es pacífico pero no pasivo y el miedo empresarial pasa sigiloso por las calles del centro financiero más importante del mundo.

Es notorio que estos indignados se declaran representantes del 99 por ciento infortunado de la población estadounidense y que sus reclamos están dirigidos al opulento uno por ciento del país. Forbes invitó a varios multimillonarios de sus listas a visitar de incógnito a los reunidos en el Parque Zuccotti, ahora de la Libertad, para conocer de primera mano las demandas de los ocupantes. Sólo aceptó Jeff Greene, magnate del negocio inmobiliario al que la revista le calcula un capital de 2100 millones de dólares, y éste fue su comentario: “Por ahora es como una manifestación estudiantil, una muestra de la frustración de la clase media, pero podría eventualmente desembocar en la violencia, el próximo paso a temer” (www.forbes.com, 19/10/11).

No falta el ejecutivo que contactó a una agencia privada de seguridad “solicitando ayuda para planear su huida de EE.UU. en el caso de que el gobierno federal fuese derrocado”, informa el New York Times. Ni el banco que distribuye entre sus empleados un manual de seguridad ad hoc con instrucciones como éstas: “Evitar las zonas pobres o aisladas que los tornan vulnerables a un ataque”. O: “Eludir confrontaciones y contactos innecesarios con los manifestantes”, “No portar la identificación o algún logo del banco”, “No caminar o conducir solo”, “No razonar o argumentar con los manifestantes”, “Si le parece que está en peligro o si observa actividades sospechosas o ilegales, llame a la policía o marque 911”, “Sea un buen testigo y procure recordar al máximo posible los detalles de lo que ocurra” y otras del mismo tenor (www.truthout.org, 16/10/11).

Hay, sin embargo, seres felices en medio de esta paranoia: los fabricantes de dispositivos de seguridad y los directores de las agencias del ramo. Ejecutivos de bancos, compañías financieras y aseguradoras llaman cada vez con más frecuencia a las firmas que se ocupan de proporcionar seguridad. Paul M. Viollis, confundador de Risk Control Strategies –que vende protección a algunos de los ejecutivos más importantes de Wall Street–, espera “duplicar con creces sus ingresos este año” (www.nytimes.com, 18/10/11). Christopher Falkenberg, director de Insite Security, dice que los suyos aumentarán un 40 por ciento. Las tarifas son picantes.

Un guardaespaldas fornido y entrenado del “servicio profesional de protección” puede costar 200 dólares la hora y un chofer full-time hasta 150.000 por año. La vigilancia de locales y oficinas se cobra por metro cuadrado y el precio de un sistema completo de seguridad para viviendas oscila entre los 100.000 y 1,5 millón de dólares. Se ofrecen –y se venden– además ventanales a prueba de balas y artefactos de vanguardia como cerraduras biométricas que sólo se dejan abrir si la huella digital es la correcta, cámaras de infrarrojo que graban aunque la oscuridad sea total y sensores especiales que detectan movimientos de algún posible intruso. La panoplia es amplia. Y cara.

En tanto, los indignados multiplican acciones novedosas. Instan a escribir cartas con los agravios bancarios padecidos y enviarlas a los gigantes financieros como Goldman Sachs, Bank of America o Wells Frago y aun personales a unos 180 de sus ejecutivos prolijamente elencados (www.occupytheboardroom.org). El propósito es irónico: como “la vida de los de arriba se ve rodeada por una creciente y terrible soledad”, esas cartas les permitirán saber “que alguien está pensando en ellos”. No deben de ser pensamientos halagadores para los CEO de Morgan Stanley o del Citigroup. Los ocupantes proyectan inaugurar un tribunal público para juzgar los delitos contra los estadounidenses cometidos por Goldman Sachs.

El grupo Anonymous probó su eficacia hackeadora bloqueando a megaempresas como Master Card, Paypal, Visa y Amazon en apoyo de Wikileaks. Ahora promete acciones en favor de los indignados y el asalto más peligroso para el sector financiero estadounidense no se detendrá con ventanas blindadas ni cerraduras biométricas. Las nuevas técnicas electrónicas son algo serio.

Página 12, 03/11/11

Francisco Balaguer: Democracia en quiebra

Francisco Balaguer: Democracia en quiebra
Francisco Balaguer, Catedrático de Derecho Constitucional

Primero fue Portugal. El presidente del Eurogrupo lo dejó bien claro: gobierne quien gobierne Portugal, las políticas que aplique tendrán que ser las mismas. Llegará un momento en que, con esos planteamientos, algunos dirigentes europeos terminarán por ver los procesos electorales como un gasto inútil e innecesario.

Después fue España, nada menos que una reforma constitucional motivada por el deseo de calmar a los mercados. Pero los mercados no se han calmado: de hecho ni siquiera sabían que España tuviera algo tan extravagante como una Constitución democrática (debemos recordar que muchos especuladores financieros proceden de regímenes autoritarios, lo que explica muchas cosas). Buena prueba de ello la hemos tenido menos de un mes después de entrar en vigor la reforma, cuando una agencia de calificación bajó la nota de “la República de España”.

Ahora viene Grecia (Italia no cuenta: sigue bajo el reinado de Berlusconi y, por tanto, fuera del tiempo y de la historia). La convocatoria de referéndum ha despertado los instintos más bajos de los mercados. Pero también los de los líderes “democráticos” europeos. Por ejemplo, los de Sarkozy, que ha declarado: “Aunque es legítimo dar la palabra al pueblo, el plan de rescate financiero de la eurozona para Grecia es la única vía posible para resolver el problema de la deuda griega”. La misma paradoja de siempre: podéis elegir gobiernos o votar en procesos refrendatarios, pero ya sabéis que sólo hay un camino, que además está decidido de antemano.

En sentido similar, de rechazo al referéndum, se ha manifestado nuestro Gobierno a través de su portavoz, que ha indicado que “es una mala noticia para España y para Europa”. Quizás en términos económicos lo sea. Desde una perspectiva constitucional, sin embargo, es un soplo de aire fresco para una democracia que se ahoga. Por eso, al presidente del Eurogrupo, que ha declarado que un rechazo al segundo rescate en el referéndum podría suponer la “quiebra” de Grecia, habría que responderle que el referéndum griego quizás no contribuya a evitar la quiebra económica de ese país pero, al menos, contribuirá a evitar la quiebra de la democracia.

Público, 03/11/11

Melissa Benn: School Wars: The Battle for Britain's Education

School WarsMelissa Benn: School Wars: The Battle for Britain's Education
Verso Books
Paperback, 256 pages
ISBN: 9781844677368
November 2011
$19.95 / £12.99 / $25.00CAN

The story of the struggle for Britain’s schools, and a passionate call for education as a public good.

School Wars tells the story of the struggle for Britain’s education system. Established during the 1960s and based on the progressive ideal of good schools for all, the comprehensive system has over the past decades come under sustained attack from successive governments.

From the poorest comprehensives to the most well-resourced independent schools, School Wars takes a forensic look at the inequalities of our current system, the damaging impact of spending cuts, the rise of “free schools” and the growth of the private sector in education. Melissa Benn explores, too, the dangerous example of US education reform, where privatization, punitive accountability and the rise of charter schools have intensified social, economic and ethnic divisions.

The policies of successive British governments have been muddled and confused, but one thing is clear: that the relentless application of market principles signals a fundamental shift from the ideal of quality education as a public good, to education as market-controlled commodity. Benn ends by outlining some key principles for restoring strong educational values within a fair, non-selective public education system.

Reviews

“Melissa Benn deserves—demands—to be read. This is a passionate but well made argument for universal public education to promote every child's chances—not just for them, but for us.”
– Will Hutton, author of Them and Us: Changing Britain – Why We Need a Fair Society

“A tremendous book. It is a passionate polemic about the most important policy divide of the day, schooling, the area changing more at the hands of the coalition government than any other.”
– Anthony Seldon, Observer

“[A] partisan but surprisingly fair book ... is refreshing, in a debate usually full of denunciations. ”
– Andy Beckett , Guardian

“A poetically eloquent ... [and] important watershed. It is a clear-sighted re-statement of why universal, comprehensive education is – obviously – the best option. It should, and hopefully will, be taken as a rallying call to the left.”
– Phil Beadle, Independent

“A passionate defence of comprehensive schools.”
Guardian

“Superb, evidence-based history of the educational battleground during the second half of the last century.”
Camden New Journal

“Short, well written and passionate.”
– Francis Beckett, New Statesman

José Antonio Estévez Aráujo: Globalización neoliberal y democracia

José Antonio Estévez Aráujo: Globalización neoliberal y democracia
José Antonio Estévez Aráujo, catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad de Barcelona, redactor de Mientras Tanto y colaborador de Alba Sud

Tres libros publicados recientemente en España abordan el tema de los efectos de la globalización neoliberal sobre la democracia. Uno es el de Sidney Tarrow titulado El nuevo activismo transnacional (Barcelona, Hacer, 2010). El segundo es la monumental obra de Saskia Sassen titulada Territorio, autoridad y derechos. De los ensamblajes medievales a los ensamblajes globales (Buenos Aires, Katz, 2010) y el más reciente de todos ellos, el texto de Gerardo Pisarello titulado Un largo Termidor. La ofensiva de un constitucionalismo antidemocrático (Madrid, Trotta, 2011).

En relación con los efectos del neoliberalismo sobre la democracia, Naomi Klein decía en su libro La doctrina del shock algo extraordinariamente acertado: una de las estrategias centrales del neoliberalismo ha consistido en colocar sus principios fundamentales fuera del alcance de los mecanismos representativos. Poner esos principios en la constitución o en los tratados europeos era una manera de "blindarlos” y sustraerlos al juego político ordinario. El ejemplo de la independencia de los bancos centrales es el más claro desde el punto de vista de la autora canadiense. Así, el Consejo Nacional Sudafricano fue obligado a consagrarlo en la constitución como una de las condiciones para la transición en el país del apartheid. En Europa, el euro trajo consigo el Banco Central más independiente del mundo. Su única misión es mantener la estabilidad de los precios. La Reserva Federal norteamericana, al menos, tiene que velar también por el mantenimiento del empleo.

La estrategia de situar los principios del neoliberalismo fuera del alcance de la democracia se pone también claramente de manifiesto en los principios de política económica incluidos en la "constitución europea” desde el Tratado de Maastricht. La reciente reforma de la Constitución Española ha tenido como objetivo "internalizar" el Pacto de Estabilidad y Crecimiento incluido en los Tratados. Lo que se ha hecho al constitucionalizarlo es reforzar su exigibilidad. Ahora no estará protegido únicamente por los mecanismos de defensa propios del derecho europeo sino también por los instrumentos jurídicos de defensa de la constitución. Resulta igualmente inalcanzable que antes y, además, su protección jurídica se ha reforzado. La idea de poner los principios del neoliberalismo fuera del alcance de la democracia es un leitmotiv adecuado para rastrear lo que ha sucedido con las posibilidades de participación de las personas en el gobierno (o la "gobernanza”) del mundo globalizado. Nos puede servir también como hilo conductor para rastrear y comparar las tesis defendidas por los tres libros reseñados.

El más antiguo de los tres es el de Tarrow, publicado en su lengua original en 2005. Sidney Tarrow es uno de los más respetados e interesantes estudiosos de los movimientos sociales. En "El nuevo activismo transnacional” analiza los procesos de "globalización desde abajo” en terminología de Boaventura de Sousa Santos. Es decir, Tarrow analiza las formas de actuación, las alianzas, la difusión de las reivindicaciones, etc. conducentes a dotar a los movimientos de protesta y a sus reivindicaciones de una dimensión transnacional. En el libro aparecen desde la lucha de los agricultores franceses contra las imposiciones de Bruselas, hasta el movimiento zapatista; desde la yihad islamista internacional, hasta el Foro Social Mundial. Juntos, pero no revueltos. La inclusión del islamismo combatiente no parece responder a una toma de postura sobre su legitimidad, sino al interés por el estudio de los procesos que han llevado a la transnacionalización del mismo.

El libro de Tarrow llega, desde el punto de vista histórico, hasta la época de apogeo del Foro Social Mundial. De todas formas, su exposición no está organizada cronológicamente. Los capítulos analizan tipos de procesos de transnacionalización del activismo. Y resultan enormemente ricos en datos y estudios de mecanismos de difusión de ideas y configuración de organizaciones de muy diverso tipo.

Una de las bases del análisis de Tarrow es la distinción entre "globalización” e "internacionalización". La "globalización” se refiere a los fenómenos de desregulación y liberalización generadores de mercados tendencialmente mundiales. La internacionalización se refiere a lo ocurrido en el "campo político internacional” (por utilizar la terminología de Bourdieu). Ese espacio estuvo durante muchos siglos fuertemente acotado, permitiendo sólo a los estados y a las organizaciones interestatales el acceso al mismo. Con la globalización, la situación se ha vuelto mucho más compleja. Nuevos actores "privados” han entrado en el campo, como las grandes corporaciones multinacionales y sus asociaciones. También están presentes dentro del campo político internacional diversas ONG’S transnacionales con legitimación para participar en las conferencias de instituciones internacionales como la ONU. Asimismo, han aparecido nuevas instituciones internacionales no ya interestatales, sino con carácter supraestatal: desde la OMC en el ámbito global hasta la UE en el espacio europeo.

Por otro lado, los actores del campo político internacional no pueden ser contemplados ya como instituciones unitarias configuradas de forma burocrática y centralizada. Muchos de ellos se han desestructurado y forman redes con fragmentos de otras instituciones y con sujetos privados. Saskia Sassenpresta una especial atención al "descoyuntamiento” del estado fruto del proceso de globalización. Determinados fragmentos institucionales del estado, como los bancos centrales o los funcionarios encargados de la defensa de la competencia forman redes transnacionales con sus homónimos en otros estados o en instituciones supraestatales. Estas redes pueden ser formales o informales, estar o no sujetas a la supervisión de los respectivos estados y permitir o no la participación de sujetos privados (especialmente empresas y asociaciones empresariales). En cualquier caso tienen un extraordinario poder en el campo político internacional y su actuación es absolutamente opaca quedando fuera del alcance de cualquier mecanismo de control o participación por parte de las personas "de a pie”.

Todo eso ofrece un panorama enormemente complejo, distante y falto de transparencia. A la complejidad de la dinámica del campo jurídico internacional se añade la fluidez del cambio de escala nacional-internacional. En efecto, la distinción interno-externo es una de las que más claramente ha entrado en crisis con la globalización. Hoy día nos encontramos, por ejemplo, ante una gran confusión entre las acciones de policía y las acciones de guerra. En otros tiempos, sin embargo, quedaba claro el carácter interno de la actuación policial e internacional de la guerra (salvo el caso de las guerras civiles). Esa fluidez del cambio de escala se manifiesta en el hecho de que una decisión o protesta nacional pueda adquirir trascendencia mundial (como la "ocupación” de Wall Street), que una decisión adoptada en otro continente pueda tener consecuencias locales tremendamente graves (por ejemplo, la decisión de la sede central de una transnacional de cerrar sus plantas en un determinado país), que las decisiones adoptadas por las instituciones políticas de un estado tengan efectos enormemente perjudiciales para la población de otro cuyos integrantes no han podido influir en el proceso (como ocurre con las consecuencias de la política económica alemana para los países del sur de Europa) o que los movimientos que protestan en un país puedan conseguir apoyo de otros movimientos de países diferentes para lograr sus objetivos.

El incremento de complejidad del campo político tanto nacional como internacional (en caso de tener todavía algún sentido esa distinción) da lugar según Tarrow a nuevas amenazas para los movimientos sociales, pero también a nuevas "oportunidades”. Ese es el aspecto más discutible del planteamiento de este autor. Pues su texto transmite siempre la impresión de que el balance entre las nuevas amenazas y las nuevas oportunidades es equilibrado: que lo que se pierde por un lado, se gana por otro. Los movimientos sociales tienen que transnacionalizar sus luchas para conseguir objetivos antes susceptibles de ser alcanzados a escala nacional (el libro editado por Boaventura de Sousa Santosy César A. Rodríguez Garavito El derecho y la globalización desde abajo está lleno de casos que lo demuestran). Pero no creo que las nuevas "oportunidades” que crea la transnacionalización del campo político compensen la mayor dificultad derivada de la necesidad de buscar alianzas internacionales para conseguir objetivos que antes se podían alcanzar movilizándose sólo a escala local o nacional. El planteamiento de Tarrow suena un poco a "hacer de la necesidad virtud”. Sin embargo, el hecho de que se multipliquen los casos de globalización desde abajo no significa que la capacidad real de incidencia de los movimientos sociales se haya mantenido, ni mucho menos aumentado con la globalización. En realidad, la globalización ha aumentado mucho el poder de los "de arriba” y ha disminuido enormemente el poder de los "de abajo” y Tarrow, sin embargo transmite la sensación de que todos han salido ganando.

Gerardo Pisarello sostiene en su libro "Un largo Termidor" la tesis de que con la globalización las constituciones han adquirido un fuerte componente oligárquico en detrimento de su componente democrático. Pisarello habla en ese sentido de que en la actualidad las constituciones tienen un carácter claramente "mixto".

El proceso de "oligarquización" es especialmente evidente en el caso de la Unión Europea. Los lobbies que representan a las empresas y a las asociaciones patronales tienen una influencia determinante en las decisiones de las instituciones europeas. Desde 1986, tras la aprobación del Acta Única, se optó porque la comunicación de la Comisión Europea con la "sociedad civil" se hiciera por medio del sistema de lobbies. Y aunque las asociaciones ecologistas o de consumidores son consultadas por la Comisión, su capital cultural económico y social no se puede comparar con el de los 15.000 lobbistas de las empresas presentes en Bruselas.

Las organizaciones empresariales y patronales europeas no sólo influyen en el proceso legislativo ordinario, sino que también han tenido un gran peso en el proceso constituyente. Son consultadas respecto a las modificaciones de los Tratados ejerciendo una influencia determinante en la redacción de los mismos. Así, por ejemplo, la proliferación de agencias independientes en el seno de la Unión Europea ha sido fruto fundamentalmente de la presión empresarial. Las grandes corporaciones prefieren que sean agencias "independientes" las que lleven a cabo las tareas de regulación porque les resulta relativamente fácil "colonizarlas". El caso de la Agencia Europea del Medicamento lo pone claramente de manifiesto.

Aparte de la posición privilegiada de los lobbies empresariales, la Comisión Europea ha expresado en repetidas ocasiones su desprecio hacia la voluntad popular. En un documento del año 2001 que sigue siendo representativo de la mentalidad de la "Eurocracia", el Libro Blanco sobre la Gobernanza Europea, la Comisión hace una agria crítica de los resultados del referéndum irlandés de ese mismo año que dijo no al Tratado de Niza. Los irlandeses son el único pueblo de Europa que tiene derecho a decidir por referéndum si aprueba o no las modificaciones de los tratados europeos. Eso es así por una disposición constitucional que considera dichos tratados como reformas de la constitución que deben ser sometidas a plebiscito. La Comisión Europea critica el no irlandés debido a la "escasa calidad del debate que lo precedió". Después adopta una posición que cabría calificar de "despotismo ilustrado" pues considera que el problema es que los ciudadanos europeos no se dan cuenta de los muchos beneficios que reciben gracias a la acción de la Unión Europea. Decir que el problema es de "visibilidad" y no de democracia conlleva afirmar que el pueblo, en este caso el irlandés, se equivocó. Obviamente también se equivocaron más tarde el pueblo francés y el holandés cuando votaron que no al proyecto de Constitución Europea. Por eso el contenido del proyecto de constitución ha sido trasladado al Tratado de Lisboa, aprobado sin intervención de los pueblos afectados (salvo el irlandés que tiene el derecho de pronunciarse en virtud de su constitución). Está claro que si existe una contradicción entre la voluntad de las instancias europeas y la voluntad del pueblo a quien hay que disolver, naturalmente, es al pueblo.

La manera como se utiliza el "derecho fuerte” (hard law) y el "derecho débil” (soft law) a nivel supraestatal también es una forma de poner el neoliberalismo fuera del alcance de la democracia. El AMI (Acuerdo Multilateral de Inversiones) fue un intento de crear un derecho internacional fuerte que protegiese las inversiones de las transnacionales en países extranjeros. Como muy bien recuerda Pisarello el AMI fracasó. Pero si analizamos los tratados bilaterales de inversiones firmados desde entonces (por ejemplo el firmado entre España y Bolivia) veremos que el objetivo del AMI se ha alcanzado por medio de las disposiciones contenidas en los mismos. En estos tratados se protege a los inversores extranjeros frente a las expropiaciones, frente a la normativa social o ambiental que les pudiera perjudicar y, sobre todo, se establece un régimen de solución de conflictos ajeno al estado destinatario de las inversiones y favorable a los intereses de las transnacionales: el centro internacional de arbitraje del Banco Mundial (CIADI). Mientras tanto, las empresas transnacionales regulan la "responsabilidad social" que tienen en los países destinatarios de sus inversiones o a los que deslocalizan la producción mediante subcontratación por medio de "códigos de conducta" que ellas mismas elaboran y que no pueden ser alegados ante instancia judicial alguna.

La combinación de derecho duro neoliberal y derecho blando social es especialmente patente en la UE. Si comparamos, por ejemplo, los artículos de la Versión Consolidada del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea en materia de defensa de la competencia (101-106) con los referidos al empleo y la política social (145-161) nos daremos cuenta inmediatamente de la diferencia de lenguaje. Para defender la competencia, la UE dicta normas obligatorias, prohíbe taxativamente determinadas actuaciones tanto a las empresas como a los estados y la Comisión tiene facultades para sancionar a quien las viole (uno de los últimos sancionados ha sido la empresa Microsoft por incluir programas suyos en el paquete del sistema operativo Windows). El lenguaje relativo al empleo y la política social es completamente diferente. En los artículos correspondientes se habla de "coordinación" de las políticas de los estados, de respetar la "diversidad" de las prácticas nacionales, de la realización de "informes", de que el Consejo, a propuesta de la Comisión elaborará "orientaciones" y "recomendaciones" dirigidas a los estados, del "aprendizaje mutuo", de las famosas "mejores prácticas", de competencias legislativas que deben ejercerse por unanimidad y de la prohibición de armonizar determinadas políticas a nivel europeo.

Esa estrategia de reservar el hard law y las competencias fuertes para el derecho neoliberal y dejar el soft law, la falta de competencias y la exigencia de que las decisiones se adopten por unanimidad para las políticas sociales es funesta. Es un mecanismo que debilita sistemáticamente los resortes del estado asistencial y los derechos laborales sin que las personas de a pie puedan hacer nada para cambiarlo por medio de los mecanismos de representación política; pues, como hemos visto, les ha sido sustraído el poder constituyente por lo que a los tratados europeos se refiere (con excepción del referido caso del pueblo irlandés).

Pero la obra maestra del neoliberalismo para situarse fuera del alcance de la democracia (especialmente en Europa) ha sido otra distinta de las anteriores. Ha consistido en convencer a los socialdemócratas de que la política neoliberal es la única política económica posible. Como señala Pisarello, el episodio decisivo fue el fracaso del último proyecto reformista serio en un país europeo: el de la coalición social-comunista francesa a principios de los 80. Sus intentos de introducir cambios estructurales y la nacionalización de algunas entidades bancarias obtuvieron como respuesta huidas de capitales y presiones de los mercados financieros internacionales. El fracaso sirvió de "aviso para navegantes", aceleró el proceso de integración del mercado europeo, y convirtió masivamente a los socialdemócratas al neoliberalismo. Al no existir diferencias de fondo entre los planteamientos de política económica en los socialdemócratas y de los partidos expresamente neoliberales, los ciudadanos no tienen en realidad más opción que elegir el neoliberalismo o no votar. Una anécdota que cuenta Pisarello resulta enormemente significativa a ese respecto: interrogada Margaret Thacher sobre cuál fue el mayor éxito de su carrera política, ella respondió: "mi mayor triunfo político ha sido... Tony Blair".

Adital, 31/10/11

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