Chile:
Los conflictos de interés tras el negocio de las agencias acreditadoras de
universidades
Ex ministros y ex rectores aparecen a uno y otro lado del mesón
En teoría velan por la calidad de los programas
y carreras del sistema de educación superior chileno. Pero la
institucionalidad creada en 2006 enfrenta hoy diversos cuestionamientos,
como que los nombres que circulan en el ambiente juegan a las “sillas
musicales”. Para Educación 2020 sólo sirven para mejorar la imagen en su
objetivo de capturar alumnos-clientes. Algunos de sus miembros también
defienden su rol e idoneidad.
Hace poco más de dos semanas la Universidad Nacional Andrés Bello recibió
una buena noticia: logró acreditar por cinco años el Programa de Formación
de Especialistas en Psiquiatría del Adulto. Un punto a favor para una
universidad que se creó el año 1988 y que se ha posicionado entre las
principales instituciones privadas de educación superior del país.
“El objetivo de la acreditación de los programas de las especialidades
del área salud es, en último término, velar por la calidad de los cuidados
profesionales médicos y por el respeto de los derechos y la dignidad de los
enfermos”, señala en su sitio web Apice Chile, la agencia que acreditó la
especialidad que si bien cumplió con la ley al momento de dar los años de
gracia, con este cotidiano hecho deja al descubierto uno de los
cuestionamientos más duros en contra del sistema de acreditación: los
conflictos de interés que eventualmente pueden tener los dueños de las
agencias, uno de los pilares del modelo. A veces están en la vereda de los
evaluadores y, en otras ocasiones, en la de los evaluados.
El decano de la Facultad de Medicina de la UNAB fue hasta marzo de este
año Pedro Uribe, quien abandonó ese puesto para hacerse cargo de la
rectoría. El punto es que al mismo tiempo que dejaba el decanato, también
renunciaba al directorio de Apice Chile,
que sólo meses después acreditaría la especialidad de la UNAB.
Las agencias fueron creadas por la Ley Nº 20.129 de noviembre de 2006,
que estableció un Sistema Nacional de Aseguramiento de la Calidad y creó la
Comisión Nacional de Acreditación (CNA). Los criterios de calidad son
definidos por la ley. Si las carreras cumplen, se acreditan por hasta siete
años. En el caso de los postgrados, el tope es de 10 años.
Sin embargo, muchos expertos coinciden en que su nacimiento fue un parto
con fórceps. Eugenio Díaz –ex vicepresidente de la Comisión Nacional de
Acreditación y actual consejero del organismo– dice que las agencias de
acreditación fueron creadas por sugerencia de quienes temían que la CNA
expresara una intromisión indebida del gobierno en la autonomía de las
instituciones de educación superior, refiriéndose a la derecha. “Para
compensación o contrapeso se propuso la creación de las agencias
acreditadoras, instituciones privadas, sin tradición en el país, asignándole
la función de acreditar carreras de pregrado en las áreas en que fueren
autorizadas y programas de magíster”, señala Díaz.
Las sillas musicales
Las agencias acreditadoras reconocidas por la CNA son ocho y nacieron
entre 2008 y 2010. Son las encargadas de dar garantía pública de calidad de
las carreras y programas impartidos por las instituciones de educación
superior autónomas. Cobran entre 3 millones y más de 8 millones de pesos
–como mínimo– por acreditar una carrera. “A veces hacen combos por acreditar
más de una”, cuenta el encargado del área administrativa de una universidad.
Según datos de la CNA, desde la creación del sistema, el conjunto de las
ocho agencias acreditadoras autorizadas han realizado 858 procesos de
acreditación en pregrado y 53 de postgrado.
Acreditacción es la que ha
desarrollado el mayor número de procesos (235), seguida por
Agencia Akredita
QA (208) y Agencia Acredita CI (156). En general han acreditado a más del
90% de programas y carreras que han evaluado.
Acreditacción es una sociedad anónima que comenzó a funcionar en junio de
2008. Su directorio está presidido por Moisés Silva, reconocido experto del
mundo académico y en aseguramiento de la calidad de la educación desde el
año 1991. Trabajó en la Universidad de Concepción, fue consejero de la CNAP
-predecesor del actual sistema de acreditación- y fue director de
aseguramiento de la calidad de la Universidad Mayor. Silva es también,
actual vicerrector de Aseguramiento de la Calidad de la UNAB. En la empresa
también está Juan José Villavicencio, ex rector de la Unicyt.
Akredita QA fue autorizada para operar el 9 de julio de 2008 y en su
constitución jurídica figuran Luis Riveros Cornejo, ex rector de la
Universidad de Chile; Manfred Max-Neef, ex rector de la Universidad Austral;
Ubaldo Zúñiga, ex rector de la Usach; Iván Navarro, ex vicerrector académico
de la Universidad de Los Lagos; Jaime Pozo, ex rector de la Universidad de
La Serena y Carlos Lorca, ex secretario ejecutivo del Consejo de Rectores de
las Universidades Chilenas (Cruch). “Puede estar permitido por la ley, ¿pero
tú crees que no hay conflictos entre una agencia formada por rectores y
vicerrectores si son todos amigos y más de una vez se sientan a la misma
mesa a comer?”, comenta un ex miembro de la CNA.
Según los registros de la CNA es esta agencia la única que ha recibido
una sanción de ese organismo. Según consta en el
Acuerdo Nº39, el 24 de agosto de 2010, María Torres Salazar envió una
carta al ministro de Educación –entonces Joaquín Lavín– para advertir una
posible colisión de intereses en la acreditación de la carrera de Educación
Parvularia del Instituto Profesional Los Leones, ya que Luis Riveros no era
sólo presidente de la institución que acreditaba, sino que también miembro
del Consejo Académico Superior de ese instituto.
María Teresa Torres cuenta hoy a El Mostrador por qué
tomó esa decisión. En ese tiempo ella abandonaba el trabajo que realizó por
12 años en la institución –donde se desempeñó como directora de
administración y asegura que esa acreditación jamás debió existir. “Ni la
carrera ni el instituto debió ser acreditado. Primero porque es sólo un gran
negocio; si hacemos un símil con el retail podríamos decir que es como La
Polar. No hay filtro, se pueden matricular sólo con el carnet, antes se
pedía la Prueba de Aptitud… Los estudiantes quedan botados a mitad de
camino, más del 50% deserta. Pero lo principal es que como resultado no
había educación de calidad”, enfatiza Torres.
Hace dos semanas la Agencia Acreditadora de Chile terminó la última
visita para visar la carrera de Educación de Párvulos de la Universidad
Finis Terrae. El presidente de esta agencia es Pablo Baraona –fundador de
esa misma universidad. Esta agencia del ex ministro de Economía y Minería de
Pinochet, además de ex presidente del Banco Central, es compartida con Óscar
Cristi Marfil –hermano de la diputada María Angélica Cristi- y rector de la
Universidad de Los Andes entre los años 2000 y 2004–; Óscar Garrido Rojas,
quien ha sido miembro del Consejo Superior de la Universidad Finis Terrae y
rector de la Universidad de Talca. A ellos se suma también Sergio Thiers,
actual vicerrector de acreditación y evaluación de la calidad de la
Universidad Autónoma de Chile, fundada por el actual ministro de Justicia,
Teodoro Ribera.
Pese a la publicitada pelea con los Legionarios de Cristo que sacó
anticipadamente a Baraona de la rectoría ¿No es cuestionable que esta
agencia acredite una carrera de la Finis Terrae? “Por supuesto que no”,
responde Álvaro Vial Gaete, director ejecutivo de
A&C, quien fue vicerrector
académico de esa casa de estudios entre 1996 y 2004.
“Acá estamos compitiendo y nadie gana excesivamente. Nadie se ha llenado
los bolsillos de plata; sino estaríamos llenos de agencias”, señala Vial,
quien agrega que a pesar de que en el sistema hay muchos que están del lado
de los evaluados y evaluadores –y viceversa– hay una frontera ética que es
imposible vulnerar. “A ver, las carreras van tres pares evaluadores y
después cinco consejeros que estudian lo que hicieron los pares y cada uno
tiene muchos méritos, no es una tropa de gente que no sabe nada de nada”,
señala.
Sin embargo, Eugenio Díaz asegura que claramente la situación puede
prestarse al menos para dudas. “Sería conveniente restringir quiénes pueden
constituir las agencias. La extrema libertad actual da espacio a algunas
situaciones complejas, que resulta difícil comprender, en que se presentan
evidentes conflictos de intereses, que podrían evitarse con una regulación
más cuidadosa”, dice Díaz.
Las otras agencias también están en manos de personas ligadas a las
universidades. La agencia Qualitas está ligada a la Universidad Católica y
al DUOC UC. De hecho, funciona en el Campus Oriente. “Pese a que esta
agencia es seria, de igual modo puede prestarse para confusiones que esté
tan ligada a un establecimiento de educación superior”, señala un actual
miembro de la CNA.
Otras agencias más pequeñas son la Agencia Acreditadora de Ciencias de la
Salud, cuyo directorio preside Gonzalo Grebe Barros, es decano de la
Facultad de Medicina de la UC y también cuenta en sus filas con Andrea Aedo,
ex secretaria ejecutiva de la CNA.
Acredita CI, sociedad anónima conformada por el Colegio de Ingenieros de
Chile A.G y la Sociedad de Servicios Colegio de Ingenieros S.A, nació en
mayo de 2008 y entre su directorio cuenta con el nombre del ex ministro de
Eduardo Frei y ex presidente del Banco Central Carlos Massad.
En tanto, Apice Chile, la agencia -que opera desde enero de 2009- y que
acreditó el último programa de Medicina de la UNAB y que se especializa en
la evaluación de especialidades en el área de la salud, es una corporación
de derecho privado compuesta por la Asociación Chilena de Facultades de
Medicina (Asofamech), Asociación de Sociedades Científicas Médicas de Chile
(Asocimed) y el Colegio Médico.
Respecto a la última acreditación de la UNAB, por medio de un comunicado
de prensa, esa casa de estudios señaló que Uribe “fue efectivamente director
de APICE en representación del Colegio Médico entre 2008 y marzo de 2011.
Una vez que asumió como Rector de la Universidad, renunció a dicha agencia
acreditadora. Cuando el Rector fue miembro de APICE nunca se acreditó
ninguna carrera o programa de nuestra universidad con esta Agencia.
Considerando, además, que APICE es la única agencia autorizada para
acreditar programas de formación de especialistas en Medicina”.
El rol de la CNA
Los organismos internacionales han sido críticos con el sistema de
acreditación en Chile. En un informe de 2009, la Organización para la
Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) destaca el sistema nacido en
2006, pero señala que sólo es “un primer paso” y no asegura necesariamente
una mejor calidad de la enseñanza en pregrado. Desde París, y en
conversación con El Mostrador, Andreas Schleicher, director
del Departamento para Indicadores y Análisis del Directorio para Educación
de ese organismo, recuerda que las recomendaciones del organismo destacaban
que para el avance de la Educación Superior en Chile se requiere, además de
importantes puntos, “un sistema amplio y completo de información sobre todos
los aspectos del funcionamiento del sector de educación terciaria,
incluyendo aportes, procesos y resultados”.
Es por esto que las dudas también caen sobre la propia conformación del
CNA, cuyos miembros –como consta en la misma página de la institución- son
designados por el CRUCH, universidades privadas, institutos profesionales,
centros de formación técnica, por otros miembros de la comisión y la
Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica.
Patricio Basso, secretario ejecutivo de la Comisión Nacional de
Acreditación se defiende de estas críticas: “Contamos con un sistema de
inhabilidades establecidos en la norma de manera tal que los miembros de la
CNA nunca intervienen, ni directa ni indirectamente, en los procesos de
acreditación de sus propias instituciones o con aquellas con que se
encuentran relacionados. Por otra parte, la ley estable que si bien los
miembros de la Comisión son designados por ciertas entidades, ‘no actuarán
en representación de las entidades que concurrieron a su designación’,
señala
Un reportaje del Centro de Investigación Periodística (CIPER) consignó
que en 2010 la CNA acreditó a todas las instituciones que se sometieron a
evaluación: “16 universidades, 5 Centros de Formación Técnica y 10
Institutos Profesionales. Desde el más precario instituto hasta la más
antigua institución que se presentó, todas se fueron al menos con un año de
acreditación bajo el brazo”, consigna la investigación que también reveló
otro dato: las irregularidades que detectó Contraloría por la función de
Carlos Lorca Auger, quien pasó de ser Secretario Ejecutivo del Cruch a ser
miembro del directorio de Akredita. “La Contraloría objetó las posibles
influencias que podría ejercer Lorca en ambos puestos ya que el CRUCH
designa a tres integrantes de la CNA y ésta debe fiscalizar a Akredita QA,
donde Lorca también trabaja”, señala el reportaje.
Con el objetivo de evaluar cómo está operando el sistema que la propia
OCDE será parte del proceso en los próximos meses. El Mineduc solicitó
formalmente a este organismo que conformara un panel de expertos
internacionales para desarrollar la Evaluación del Sistema Nacional de
Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior. El proyecto busca
evaluar el funcionamiento del sistema en su conjunto y de cada uno de sus
componentes (licenciamiento, acreditación e información); determinar los
principales resultados que éste ha generado sobre la calidad de la educación
superior en Chile; y recoger recomendaciones sobre la materia. Actualmente
la OCDE está constituyendo el equipo de expertos y afinando la propuesta
metodológica para el desarrollo de la evaluación. El proyecto debería
llevarse a cabo entre los meses de noviembre y abril, para contar con
resultados que lleven a introducir mejoras a la Ley de Aseguramiento de la
Calidad en Educación Superior dentro del primer semestre de 2012.
Todo esto se mezcla en un sistema que parece olla a presión y que no
tiene como consecuencia lógica la formación de mejores profesionales. Sólo
un ejemplo: casi la mitad de los médicos (48%) de la Universidad del Mar que
rindieron el último Examen Único Nacional –sobre conocimientos del área–
reprobaron. A pesar de esto, esa carrera está acreditada hasta 2012 por una
de las agencias con más volumen de clientes, Akredita.
Valentina Quiroga, directora de políticas educativas de Educación 2020
cree que finalmente la “acreditación” ha servido para que las instituciones
tengan una mejor imagen antes de comenzar a captar clientes, pero no
necesariamente para que mejoren su estándar: “Es como el semáforo de Lavín,
pero en otra escala. Finalmente lo que falta es un Estado preocupado de
garantizar la calidad de la educación que se entrega”.
El Mostrador, 26/10/11