Novas universidade

Novas xerais sobre as Universidades

Council of the European Union: Council conclusions on the global dimension of European higher education

Council of the European Union: Council conclusions on the global dimension of European higher education

In the course of several meetings, the Education Committee has prepared the above conclusions with a view to their adoption at the Education, Youth, Culture and Sport Council on 25-26 November 2013.

Council of the European Union, 06/11/13

José Carlos Bermejo Barrera: ¿Qué es la autoctonía universitaria?

José Carlos Bermejo Barrera: ¿Qué es la autoctonía universitaria?

Creían los atenienses, creadores de la democracia, que alcanzaron altas cotas en el desarrollo de la industria, el comercio, las artes y las ciencias, que sus antepasados habían nacido de la tierra, y por eso se denominaban autóctonos. Nunca habría habido en su historia un cambio en su población y así habían conseguido mantener su identidad a lo largo del tiempo. Nacer de la tierra, de las rocas o de las encinas era una forma más digna de venir al mundo que nacer del vientre de las mujeres, pues ello supone estar sometido a los procesos de generación y corrupción, teniendo al fin nuestra vida una tasa de mortalidad del 100%. Al igual que en el caso de los atenienses, existen en España unas instituciones igualmente autóctonas: las universidades, superiores a todas las demás e incólumes ante los males de la patria.

Nadie se libra de la sospecha. El Rey pide perdón en público por sus devaneos, al igual que los niños por sus travesuras. Otros miembros de la casa real no piden perdón ni están sujetos a devaneos, pero sí al parecer a otros enjuagues. Los partidos están desacreditados, sus militantes procesados por docenas; los bancos saquean los ahorros de los jubilados, sus directivos se endosan sobresueldos y muchos otros reciben sobres, que no contienen sueldos, pero sí euros. Ante este desolador panorama, del que no se libra tampoco la Iglesia, con sus sacerdotes sospechosos de caer en amores efébicos y sus correspodientes escándalos financieros, solo quedan unas instituciones que nunca han sido objeto de sospecha ni en el campo de la corrupción financiera, ni en el de la moral sexual, ni en el mero uso de las instituciones para favorecer los intereses personales, o de los amigos y parientes correspondientes. Se trata, naturalmente, de las unversidades autóctonas.

José Carlos Bermejo Barrera: La ciencia, el fútbol y la feria de las humanidades

José Carlos Bermejo Barrera: La ciencia, el fútbol y la feria de las humanidades

I

Caracteriza al debate político la pobreza de su lenguaje, la falta de estilo de muchos participantes, asimilables por ello, justa o injustamente para los tenderos, a esos comerciantes especializados en la venta de verduras, así como la débil capacidad de argumentar. Todo ello unido al uso de palabras abstractas casi ininteligibles para la mayoría, pero que dan a quien las usa un cierto aire de sabiduría. Así, a la independencia nacional se le llama autodeterminación, lo que puede llevar a algunos a preguntarse si eso tiene algo que ver con la automoción; a votar, capacidad de decidir, como si pudiese tomar una decisión formal alguien que no tiene capacidad, o si votar que se puede votar no fuese también votar. Del mismo modo en el debate público cuando alguien pretende ser profundo suele utilizar metáforas tomadas del fútbol, un sano deporte y entretenimiento, que debe ser todo menos la referencia básica del pensamiento de quienes todo lo miden por puntos, ligas, competiciones, y rankings.

No se libran de esto la ciencia y la universidad, pues en ellas siglas como I+D+i o PIB sustituyen no solo al pensamiento, sino también a la realidad. Cuando se habla del famoso I+D+i se alude a la economía del conocimiento, dando a entender que quien aumenta su conocimiento aumenta su riqueza y que la riqueza de unos es la riqueza de todos, pero ocultando que no es lo mismo la riqueza real de un país que la de sus universidades, y que financiar el currículum y los méritos de sus profesores poco puede tener que ver a veces con el bien común. Y es que la investigación entendida como el cultivo de los méritos de los investigadores casi nunca tiene que ver con la producción real de riqueza, limitándose a ser una competición muy semejante a una liga de fútbol. Veamos por qué. Tradicionalmente se creía que la economía era el juego de producción y consumo de bienes necesarios para un país. Si se produce todo lo necesario, el país es próspero; si no se llega a ello será pobre, y si se produce de más estallará una crisis cíclica como aquella con la que Marx imaginó que su hundiría el capitalismo. Se descubrió sin embargo que se puede producir lo que no es necesario y generar riqueza, creando nuevas necesidades y haciendo que queden obsoletos miles y miles de artículos. Puede haber así una destrucción creativa, y la capacidad de innovación, gracias a la mejora de la tecnología, puede hacer que un sistema no se hunda sino que se renueve constantemente. Este fenómeno se vio después de la II Guerra Mundial con la creación de la sociedad de consumo de masas, y cualquiera puede entenderlo hoy viendo cómo se renuevan los móviles y ordenadores, a la vez que se crean necesidades superfluas.

José Carlos Bermejo Barrera: ¿Qué es la ciencia de pacotilla?

José Carlos Bermejo Barrera: ¿Qué es la ciencia de pacotilla?

Se llama ciencia de pacotila - traducción del inglés science bling-bling- a aquella ciencia manipulada e inflada para mejorar el curriculum de los profesores, curriculum que, siendo la base del reclutamiento docente y la financiación pública de la investigación, se configura como la piedra angular de lo que, si no lo evitamos pronto, será la universidad de pacotilla. La ciencia de pacotilla es universal, es única y es medible y en ella todo se mide por igual: con índices y porcentajes similares para todo el mundo. Esta ciencia se mezcla con la ciencia real, pero también la desnaturaliza.

No existe una cosa llamada ciencia, sino muchos conocimientos que se amparan bajo esa etiqueta. Hay ciencias experimentales, como la física y la química, y otras basadas en la observación y la clasificación, como la astronomía, la zoología, la botánica o la anatomía. E incluso hay ciencias en las que ni el experimento ni la observación desempeñan ningún papel, como gran parte de las matemáticas. Las ciencias se agrupan en torno a dos polos: las matemáticas y el lenguaje. Las matemáticas son esenciales en las ciencias experimentales, las tecnologías y las ciencias económicas, mientras que el lenguaje es fundamental en el derecho y las ciencias sociales y humanas. Hay ciencias que generan tecnología y sin tecnología no se pueden cultivar muchas de ellas, como la física, la química. Pero también hay otras que no la generan ni dependen de ella para sus logros. Por último todas las ciencias, sean las que sean, son productos históricos porque derivan de la acumulación y mejora del conocimiento con el tiempo - la verdad es hija del tiempo, como decía el viejo Aristóteles - y además las ciencias son empresas colectivas de cientos de grupos y miles de científicos. Si esto es así, ¿por qué la ciencia de pacotilla quiere igualarlo todo? Pues porque es el pilar de la millonaria industria científico-editorial, que funciona casi en régimen de monopolio, y porque sirve como alivio psicológico para los científicos que necesitan ser reconocidos personalmente como investigadores en un mundo en el que el trabajo científico es masivo, casi anónimo, y en el que se podría prescindir de los nombres de los autores en el caso de las ciencias experimentales, en las que el 98% de los trabajos tiene más de un autor, mientras que en las humanidades sucede todo lo contrario: el 95% son trabajos unipersonales.

Jaime Gómez Márquez: Premios Nobel, investigación y 'politiquillos'

Jaime Gómez Márquez: Premios Nobel, investigación y 'politiquillos'

Hace pocas semanas se anunciaron los nombres de los nuevos Premios Nobel en Medicina y Fisiología, en Física y en Química. Sus investigaciones son fundamentales para seguir avanzando en el conocimiento de la naturaleza, de la materia, del universo. Sus resultados, junto con los de muchos otros científicos -también los que investigan en nuestras universidades- contribuyen a que el mundo progrese y a que nuestra esperanza en un futuro mejor siga viva. En estos tiempos en los que predomina valorar lo superfluo o lo mediático, es justo, bueno y necesario reivindicar la investigación con mayúsculas, sin matices.

Las investigaciones en cualquier ámbito científico requieren siempre de personas capacitadas y, casi siempre, de financiación. Ambos requerimientos dependen, directa o indirectamente, del poder político. Ahora, nuestros gobernantes han tomado la decisión de "asfixiar" a la investigación a través de dos medidas tóxicas: recorte drástico de los recursos dedicados a financiarla y escasez de apoyo para la incorporación y estabilización de jóvenes investigadores excelentemente preparados. El efecto pernicioso de esta miopía política durará muchos años porque cuando se destruye el tejido investigador de un país tarda décadas en restablecerse.

José Carlos Bermejo Barrera: Comerciantes sabios y científicos pardillos

José Carlos Bermejo Barrera: Comerciantes sabios y científicos pardillos

Decía un proverbio suizo del siglo XVIII que en la familia el hijo más listo se hace comerciante, el siguiente sacerdote y el más tonto profesor. Este refrán insultante para nosotros tenía su sentido, ya que nuestra profesión no tenía ningún prestigio en Suiza, un país al que en conjunto no le ha ido nada mal. Hace no mucho aun se decía “pasa más hambre que un maestro de escuela”, y a juzgar por el camino que vamos pronto volverá a ser cierto. Afirmaba también Miguel de Unamuno, catedrático de griego y rector de la universidad de Salamanca, que quien sabe algo lo hace y quien no lo sabe lo enseña, lo que fue cierto en el caso de este gran filósofo, escritor y polemista, que no aportó nada al estudio de la filología griega, materia que no daba prestigio alguno. Para intentar conseguir algo de prestigio, algunos profesores aspiran hoy en día a poner tienda, a ser posible dentro de su propia universidad, y admiran a empresarios de todo tipo, casi siempre por desgracia más listos que ellos, y a los que están dispuestos a servir defendiendo sus intereses a cambio de algo. La historia de la industria farmacética ha dado buenas pruebas de ello, sobre todo en el campo de la psicofarmacología

La crítica de las estrategias de esta industria puede hacerse desde una filosofía de perro-flauta que sostenga que la naturaleza nos ha dado miles de plantas para curar, fumadas o en infusión, todas las enfermedades, pero también de un modo científico, cuando la hacen psicofarmacólogos, médicos o psiquiatras como E.S. Valenstein, (1998; 2005), D. Healy (2004; 2008) y M. L. Podolsky (1997). Señalan ellos que en la investigación científica y clínica se debe buscar la causa de las enfermedades, actuar contra ellas y así suprimir los síntomas y curarlas, aunque a veces suceda lo contrario y surjan “curas a partir del caos”, o el azar, como reza el título del libro de Podolsky. Siempre se supo que la corteza de sauce masticada bajaba la fiebre y curaba el dolor de cabeza; cuando Bayer sintetizó el ácido acetil salicílico y creó el primer medicamento industrial masivo: la aspirina, de la que se consumen en el mundo 4.000 comprimidos por segundo, se abrió una nueva era. Se conocen 14 usos terapéuticos de la aspirina (M.L. Podolsky, 1997, pp. 388/389), como el control del colesterol a base de tomar 5 grs. al día, lo que produce indeseables efectos secundarios, y casi ninguno se puede explicar. Queda claro sin embargo que si quita el dolor de cabeza no es porque ese dolor lo produzca el déficit de aspirina en el cerebro. Sería estúpido pensarlo, pero así se ha escrito la historia de parte de la psicofarmacología en la que comerciantes sabios han controlado a científicos y médicos ambiciosos, como puede verse en algunos ejemplos.

José Carlos Bermejo Barrera: ¡Viaje con Aristóteles en Iberia Plus!!

José Carlos Bermejo Barrera: ¡Viaje con Aristóteles en Iberia Plus!!

Aristóteles fue una de las mentes más brillantes de nuestra historia. Nacido en Macedonia, se formó como médico y fundó en Atenas el Liceo, considerado quizás anacrónicamente como la primera universidad europea. Creó la ciencia de la lógica en una serie de libros que siguen siendo leídos veinte siglos después de su redacción, y junto a ella sistematizó la ética, la política, la metafísica, a la vez que en su escuela creó la primera biblioteca científica y recogió todo el saber de su momento sobre los animales y las plantas, por lo que fue el creador también de las ciencias naturales. Aristóteles fue el maestro de musulmanes, judíos y cristianos en la Edad Media y parte de su pensamiento sigue vigente en la actualidad entre aquellos que aun piensan y se esfuerzan por estudiar, enseñar y escribir correctamente. Murió Aristóteles en el exilio, protegido por un tirano en una pequeña ciudad, a la que pudo hacer llegar su biblioteca.

Aristóteles sería hoy una figura anacrónica, no porque haya muerto hace más de dos mil años, sino porque todo lo que representó durante siglos en gran parte ha desaparecido de las universidades de los últimos veinte años, en las que la investigación más sistemática y de largo alcance, el pensamiento reflexivo y racional, la capacidad de argumentar, hablar y escribir, el escepticismo como método, y el desinterés y la entrega a la labor docente e investigadora han quedado relegadas a un segundo plano y relegadas bajo un nuevo sistema de valores. Sostienen los sociólogos estudiosos de las universidades que hay dos tipos de profesores: el profesor monje, que encarnaría todo este sistema de viejos valores y que aun continúa existiendo, y el profesor cortesano, también llamado jet-professor, que representa un nuevo mundo universitario.

José Carlos Bermejo Barrera: Van los rectores montados en sus caballos

José Carlos Bermejo Barrera: Van los rectores montados en sus caballos

Da la impresión de que España esté ahora viviendo a mediados del siglo XVIII, el Siglo de las Luces, en el que se escenificó un enfrentamiento entre una Ilustración que representaba a la ciencia naciente y daba culto a la razón y un Antiguo Régimen que encarnaba el más puro despotismo, consorte fiel de la ignorancia y la superstición. Y es en este escenario imaginario, como todo aquello que se entiende por política en este país, donde l@s rector@s de nuestras universidades defienden la sagrada y desinteresada causa de la tecnociencia, hermana gemela de la libertad, el bienestar y el progreso, con sus cifras sin sentido. Olvidan así el consejo de John M. Keynes, quien decía en su carta a E. Rorhbath (29-XI-1939): “cuando las estadísticas no tienen sentido, en general me parece más sabio preferir el sentido a las estadísticas”.

Sostener como ell@s que la tecnociencia está directamente unida a la democracia, la libertad y el bien común es una idea carente de sentido. La URSS, entre 1918 y 1989, conoció uno de los procesos de desarrollo industrial, tecnológico y científico más asombrosos de la historia. Sus ingenieros, científicos y su potencia industrial en todos los campos le permitió no solo derrotar a Alemania en la II Guerra Mundial sino también igualar todos los logros tecnológicos de Occidente. Un Occidente en el que la Alemania nazi logró entre 1933 y 1945 innovar en todos los campos de la ciencia y la técnica, perdiendo la guerra sencillamente porque no pudo superar en producción a varias superpotencias industriales. Lo mismo podríamos decir de la industrialización y el desarrollo tecnológico de la China de Mao y la China actual, que en 2020 será la primera potencia económica mundial y en la que la inexistencia de la libertad de expresión, de la libertad política y las garantías legales de lo que no sea la propiedad privada no solo no obstaculizan, sino que favorecen su increíble capacidad técnica. En mucha menor escala podríamos hablar de la industrialización de la Italia fascista o de la incipiente industrialización de la España de Franco.

José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca y los perros de Pavlov

José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca y los perros de Pavlov

El fisiólogo ruso Iván P. Pavlov (1849-1936) descubrió los reflejos condicionados. Colocándole una cánula en los conductos de las glándulas salivares a varios perros, consiguió demostrar que la producción de saliva era igual cuando el perro olía y veía la comida real que cuando oía una campana que se asociaba a la hora de la comida. Al final, bastaba la campana para que se produjese la salivación. La teoría de los reflejos condicionados pasó a ser la base de la filosofía soviética del conocimiento, de la psicología y de la psiquiatría. Basándose en ella, los psiquiatras soviéticos (S. Bloch y P. Reddaway, Psychiatric terror, Nueva York, 1977), consiguieron descubrir extraordinarias enfermedades, muy útiles para controlar a la disidencia, como la esquizofrenia latente, que cursaba sin ningún síntoma y tampoco podía ser detectada con pruebas diagnósticas; o el trastorno de ideas reformistas, que consistía en creer irracionalmente que podía haber algo en el sistema soviético que estuviese mal y tuviese que ser corregido. Después de conseguir que salivasen a la vez millones de seres humanos en la URSS, todo su sistema militar, económico, social y político se hundió estrepitosamente víctima de su propia perfección.

Los profesores de la Universidad son como los perros de Pavlov en lo que se refiere a la valoración de sus méritos, que se lleva a cabo mediante tres reflejos condicionados. Todo el mundo sabe que un buen profesor es una persona que, después de muchos años de estudio, controla una materia, es capaz de enseñarla manteniéndose al día y de realizar aportaciones a la investigación, que solo pueden ser valoradas por los expertos. En los reflejos condicionados académicos, los profesores son valorados por tres signos que producen salivación como la campana de Pavlov y que pueden no tener nada que ver con la realidad académica. Son estos tres signos el número de proyectos y la cantidad de dinero gastada en ellos; los sexenios de investigación; y los índices de citas. Si un profesor fuese bueno o magnífico, deberían coincidir sus sexenios, sus citas y el dinero que necesita gastar para investigar. Esto no es así. Profesores que dirigen equipos de investigación muy costosos a veces tienen menos producción científica que otros que gastan mucho menos dinero. Incluso puede darse el caso de que investigaciones no experimentales realizadas sin financiación específica producen resultados mayores y mejores que otras investigaciones costosísimas.

José Carlos Bermejo Barrera: El investigador chupatintas

José Carlos Bermejo Barrera: El investigador chupatintas

Se repite hasta la saciedad que sin investigación no puede haber futuro para la economía de un país, puesto que conocimiento y riqueza son sinónimos, y por ello cualquier recorte en los fondos destinados a este fin es casi una sentencia de muerte. Sería insensato negar que parte de la producción económica se basa en procesos de innovación técnica, pero también lo sería negar que sectores claves de la economía, como la construcción o el turismo, apenas pueden ser mejorados gracias a la investigación, del mismo modo que la agricultura o la ganadería. De nada sirve además tener los mejores ingenieros en un campo, como el naval, si no podemos trabajar en nuestros astilleros por razones sociopolíticas, y ningún descubrimiento farmacológico puede tener un futuro industrial si no es avalado por una gran farmaceútica, que puede favorecer su propia investigación y perjudicar o bloquear la de la competencia. El valor real de un proceso de investigación está determinado por su eficacia técnica y su rentabilidad económica, dos factores que no siempre van unidos, como ocurre en el campo militar industrial, en el que los enormes gastos en armamento técnicamente no se rentabilizan casi nunca. Todos sabemos que es mejor fabricar armas para disuadir al enemigo, como las nucleares, que usarlas para generar muerte y destrucción.

Tienden a identificarse conocimiento e investigación y a defender la investigación, sea cual sea, por su rentabilidad. Es evidente el nexo entre técnica e industria, pero puede haber conocimiento no utilizable industrial ni económicamente, como las humanidades y la mayor parte de las ciencias sociales. Sin embargo el peso de la ideología del mercado es tan grande que para justificar el valor económico de la historia, la filología, la filosofía y otras disciplinas afines se les asigna un papel productivo en relación con el turismo, ya que nada técnicamente eficaz ni vendible puede salir de ellas. Cuenta en uno de sus libros un gran helenista F. Rodríguez Adrados, que una de las cosas más absurdas que oyó en su vida tuvo lugar en Santiago en la inauguración de un congreso de su materia en la que una autoridad quiso señalar la vinculación entre el griego y el fomento del turismo. Semejante absurdo es hoy un tópico, aunque habría que preguntarse cómo es posible. Pensar que Odiseo, el eterno viajero que tarda diez años en volver a su casa recorriendo todo el Mediterráneo, es un precedente de turismo de vacaciones podría considerarse excesivo a todas luces.

Manifiesto de los Rectores CRUMA en defensa de la universidad pública y de rechazo a los recortes en materia de educación

Manifiesto de los Rectores CRUMA en defensa de la universidad pública y de rechazo a los recortes en materia de educación

Los rectores de las seis Universidades Públicas de la Comunidad de Madrid, integrados en la CRUMA (Conferencia de Rectores de las Universidades de Madrid), deseamos manifestar ante la opinión pública:

1. Nuestra rotunda oposición al aumento de las tasas universitarias establecidas por el Consejo de Gobierno de Madrid para los cursos 2012-2013 y 2013-2014, ya que suponen un claro deterioro de la equidad social y un serio atentado contra el principio de igualdad de oportunidades. Asimismo mostramos nuestra disconformidad con las medidas adoptadas por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte sobre las becas universitarias, así como por la situación de desigualdad entre las universidades de las diversas Comunidades Autónomas que ha propiciado el Real Decreto Ley 14/2012 de 20 de abril. Este Real Decreto Ley ha producido un mayor distanciamiento entre las condiciones de financiación de las universidades públicas españolas y el acceso a los estudios universitarios de los españoles residentes en distintas regiones del territorio nacional.

En este sentido queremos informar a la opinión pública de que el pasado 16 de septiembre hemos requerido formalmente al Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid para que proceda a la derogación y anulación de determinados preceptos del Decreto de la Comunidad de Madrid 60/2013, de 18 de julio, relativos a las cuantías de las tasas universitarias establecidas para el curso académico 2013-2014, por entender que son lesivas para las familias con mayores dificultades económicas y para la propia sostenibilidad financiera de las universidades públicas, así como por infracción de las normas en materia de competencias.

2. Reiteramos nuestra solicitud de que el Gobierno de Madrid establezca a la mayor brevedad posible las medidas concretas, y recoja la partida correspondiente en los presupuestos de la Comunidad de 2014, para atender con la suficiencia económica debida la promesa realizada por el Presidente de la Comunidad y la Consejera de Educación, Juventud y Deporte de que ningún estudiante de las universidades públicas madrileñas se vería expulsado del sistema universitario por dificultades económicas. Las Universidades carecemos de recursos propios para afrontar programas de tipo asistencial o de becas que puedan paliar las duras circunstancias económicas por las que atraviesan las familias de muchos de nuestros estudiantes, y entendemos que es responsabilidad de las administraciones públicas afrontar la resolución de este problema.

3. Hemos requerido asimismo al Gobierno de Madrid para que cumpla con las obligaciones que la Ley impone a las Comunidades Autónomas en orden a abonar a las Universidades la diferencia económica que se produce, en las becas concedidas por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, entre el importe financiado por este y el coste real de las tasas de matrícula (establecidas por cada Comunidad Autónoma). La Ley establece que esta diferencia debe ser costeada y abonada por cada Comunidad Autónoma a sus universidades, algo que hasta la fecha no ha hecho la Comunidad de Madrid. El importe total correspondiente al curso 2012-2013 que reclamamos al Gobierno de Madrid es de 21.367.329,68 euros; un importe que hasta el día de hoy no hemos recibido y que se reclamará judicialmente.

4. Deseamos informar también de que las Universidades Públicas de Madrid ya han contribuido solidariamente, y de una manera muy considerable, al ajuste financiero de la Comunidad, pues la financiación pública a las Universidades ha pasado de ser, en el año 2010, de 1.085 millones de euros (programa 518 del presupuesto regional), a apenas algo más de 863 millones en 2013. Es decir, se ha producido una reducción en la financiación de más del 20%, mientras que, en el mismo periodo, el presupuesto de la Comunidad de Madrid ha disminuido en algo más del 12%, esto es, ocho puntos menos. Las Universidades rechazamos que en el curso 2013-2014 se contemple, tal como ha sido anunciado por la Consejera de Educación, Juventud y Deporte, un nuevo recorte en la financiación, inicialmente cifrado en torno a los 55 millones de euros.

5. Expresamos asimismo nuestro más firme rechazo a las políticas de recortes en la inversión pública en investigación e innovación, y apoyamos los manifiestos y declaraciones suscritos por la CRUE y diversos colectivos y asociaciones de científicos. Entendemos que las medidas aplicadas tanto por el Gobierno de España como por los Gobiernos autonómicos están ahogando la investigación en España, y dilapidando recursos humanos y materiales de primer orden mundial, además de condenar al exilio científico a miles de jóvenes investigadores cuyas esperanzas para iniciar o continuar su investigación en España han quedado por completo anuladas. En consecuencia, y en cuanto afecta directamente al Gobierno de Madrid, hacemos un llamamiento para que se convoquen de inmediato los programas de apoyo y desarrollo de proyectos y grupos de investigación y de incorporación de jóvenes investigadores a las universidades madrileñas.

6. Solicitamos al Gobierno de Madrid que, dentro de la responsabilidad que la Ley le asigna como garante del servicio público universitario, adopte un papel verdaderamente proactivo en el reconocimiento y pago de la importante deuda que tiene contraída con sus seis Universidades Públicas. Pedimos que no se limite simplemente a cumplir sentencias judiciales firmes, que gradual, pero muy lentamente, acaban condenando a la Comunidad de Madrid a abonar millones de euros a sus universidades, como consecuencia de los recortes en los planes de inversiones 2007-2011 y en otros conceptos como pagas extraordinarias, complementos específicos, trienios y contratos programa de financiación. La cuantía total que las seis universidades hemos reclamado por vía judicial al Gobierno de Madrid por estos conceptos asciende a 509.554.507,28 euros. Hasta la fecha, solo hay sentencias firmes que afectan a la Universidad Complutense de Madrid, que le han reconocido, hasta ahora, 100.774.496,40 euros.

7. A pesar de la coyuntura económica por la que atraviesan España y la Comunidad de Madrid, entendemos que el Gobierno de Madrid debería diseñar, en estrecha colaboración y negociación con sus universidades públicas, un nuevo modelo de financiación que permita actualizar el que venció en 2011 y que, a su vez, dote de los recursos y de los mecanismos adecuados a las Universidades, con las debidas garantías de rendición de cuentas y transparencia, para afrontar la planificación de los próximos años. No es posible elaborar proyectos serios de futuro, ni garantizar la calidad de las universidades madrileñas, si no se proporcionan los instrumentos necesarios para hacer programaciones a medio y largo plazo, pues las improvisaciones anuales no permiten la sostenibilidad del sistema.

José Carlos Bermejo Barrera: Universidad pública, plantilla privada

José Carlos Bermejo Barrera: Universidad pública, plantilla privada

Frente al recorte del gasto público y la campaña de privatizaciones que se viene desarrollando en unas autonomías más que en otras, llevándose la palma la de Madrid, tiene lugar una campaña ciudadana a favor de los servicios públicos básicos, sobre los que han recaído unos recortes cuyo monto es muy inferior al dinero empleado en el rescate de Bankia. Subiéndose al carro, los rectores pretenden igualar los recortes de pensiones, prestaciones sanitarias y servicios educativos esenciales con los que sufren sus instituciones en las que ellos mismos unas veces están dispuestos a practicar el despido y otras a recortar el sueldo de sus subordinados con criterios mucho más que discutibles. Apelan ellos a la autonomía, un concepto que no saben definir, pero que sería algo así como: “solo yo puedo fijar mis derechos y los deberes de los demás”. Pues de las universidades se supone que solo pueden hablar los universitarios.

Señala Óscar Alzaga en su voto particular a la propuesta de reformas encargada por el ministro Wert, que sus compañeros de comisión, excepto una que también era jurista, eran incapaces de entender la lógica jurídica, y por eso propusieron medidas que violaban la ley orgánica que rije las universidades, creyendo que eso se puede hacer sin problemas. Y es que cada vez hay menos universitarios capaces de comprender la lógica jurídica elemental, como veremos en el caso de las plantillas. Todo el mundo sabe que en una empresa cada persona ejerce una función, lo mismo que en un ejército, o en cualquier otra institución. Y en una institución pública, financiada con los impuestos, está claro que las plantillas de funcionarios o personal laboral han de cumplir una función específica con el máximo rendimiento y el menor coste posible, respetando, eso sí, los derechos de sus trabajadores. Las plazas de funcionarios, por ejemplo, se dotan para cumplir una función, y solo subsidiariamente se pueden cambiar para facilitar la promoción de los mismos entre distintos cuerpos. Parece claro, sin embargo, que lo que en realidad está ocurriendo en la USC es que, sobre todo en los cuerpos de profesores, el principio de la promoción personal intenta apoderarse de toda la racionalidad académica y por eso es fácil adivinar que en la próxima campaña electoral los temas estrella serán: ¿a cuántos titulares se les dota su cátedra?; y ¿a cuántos investigadores se les dota su plaza de profesor? En ambos casos, por supuesto, nadie se pregunta si hacen falta cátedras o más investigadores transmutados en profesores, y por qué la plaza es suya.

José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca y el gobierno de los elefantes

José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca y el gobierno de los elefantes

Me comentaba un colega, que además de serlo también fue rector, que gobernar la universidad puede ser desesperante porque, me decía: “es como si fuese un elefante, si te pones detrás para empujarla no consigues nada, y si te pones delante te aplasta”. Y es cierto, el gobierno de la universidad es un auténtico cementerio de los elefantes, pero paradójicamente de elefantes vivitos y coleando; pues en él se amontonan estructuras sin función pero con costes elevados que vienen de antiguo, junto a otras nuevas que compiten por el ejercicio de las mismas funciones, se interfieren mutuamente y consiguen que las partidas dedicadas a la administración crezcan casi sin control, tal y como ha estudiado el economista J. Galindo Lucas (JLCR, II, 2, pp. 20/32). Veámoslo con unos ejemplos.

En la USC existen 333 cargos remunerados ocupados por profesores, así que un 14% de ellos ejercen alguna responsabilidad de gobierno. Como muchos de ellos, además de cobrar por su trabajo, tienen exenciones de horas de docencia, al costo de sus cargos hay que sumarle el de las horas de trabajo de quienes los suplen en sus labores docentes. ¿Está esto justificado, o es que hay muchos cargos-elefantes? Más bien lo segundo. El gobierno de la universidad se basó tradicionalmente en los centros, o facultades, que controlaban un presupuesto docente, de biblioteca, de mantenimiento y administración con sus funcionarios y cargos propios. Cada facultad tiene un decano, varios vicedecanos y un secretario que es un profesor. Y cada decano tiene un secretario personal, estando además asistido por un gerente de centro, un funcionario de asuntos económicos, varios funcionarios para el control de administración docente y un conserje, que es el jefe del personal de servicios. Todo iría a las mil maravillas si la facultad tuviese competencias, pero es que casi no las tiene: los presupuestos de biblioteca son mínimos y además cada biblioteca tiene un director y su propia plantilla. Las funciones docentes básicas corresponden a los departamentos, la planificación docente al vicerrectorado correspondiente, el presupuesto docente ha quedado reducido al ridículo, ya no se pueden dar a los alumnos fotocopias de trabajo a 1 céntimo cada una porque se dice que no hay dinero. Los decanos restringen al máximo los gastos del correo oficial de los profesores, que por otra parte normalmente carecerían de ordenador si no tuviesen algún proyecto de investigación en el que incluir su compra. El dinero de prácticas de campo es cada vez menor y los servicios de la facultad languidecen, por un lado por la obsesión controladora de los vicerrectorados, que han arrebatado a las facultades competencias propias según la ley, como el doctorado y los másteres, basándose en otras leyes que contradicen a las vigentes; y por otra parte a causa de unos departamentos insurgentes y a veces insumisos a la autoridad del decano. Si esto es así, sería lógico reducir cargos académicos en las facultades, hacer que el secretario fuese un funcionario, lo que la ley permite, y dejar los equipos decanales en cuadro haciendo que los funcionarios coordinasen el trabajo que les quedase. Nada hay de ello, ni siquiera la intención de plantearlo, pues imponente es la lógica de los elefantes.

José Carlos Bermejo Barrera: Ratoncitos de Bolonia

Rat race José Carlos Bermejo Barrera: Ratoncitos de Bolonia

Si el fin de la educación fuese que, tras largos años de dedicación y duro esfuerzo, los alumnos alcanzasen el nivel de estupidez de la mayor parte de sus profesores, entonces la maquinación de Bolonia lleva camino de convertirse en un rotundo éxito. El término maquinación no es gratuito, pues nunca existió un Tratado de Bolonia que obligase a hacer nada concreto en las formas de enseñar u organizar los estudios, más allá de establecer un mero cómputo de créditos. X.L. Barreiro Barreiro (http://firgoa.usc.es/drupal/node/51088) ha narrado este sinsentido nunca arropado por ningún documento que obligase a convertir la enseñanza universitaria en una mera prolongación de la enseñanza secundaria ni a establecer como objetivo prioritario la domesticación y uniformización de las mentes del alumnado, anulando toda su capacidad de iniciativa.

Sin ningún apoyo legal ni ningún acuerdo institucional global, la pedagogía más roma de orientación conductista ha conseguido apoderarse de toda la Universidad gracias a su apisonadora verbal del juego de las competencias y habilidades. Sostenían los psicólogos conductistas que no existen los estados internos, que para estudiar científicamente a las personas, lo que estas piensen, sus ideas, sus intenciones y sus representaciones mentales no tienen ningún valor, debiendo medir solo la conducta. Los héroes de estos psicólogos fueron sus ratas de laboratorio, avezadas estudiantes que aprendían a conseguir el queso recorriendo un laberinto, recibiendo muchas veces pequeños calambrazos didácticos.

Toda la educación en España, desde el nivel infantil al doctorado, está diseñada a partir del sistema de las competencias y las habilidades. Se trata de conseguir que los sujetos aprendan a hacer algo y a hacerlo de la manera adecuada, ya sea una figura de plastilina, una tesis doctoral, o conseguir un trozo de queso en un laboratorio. Por eso las guías docentes, obras maestras de la palabrería pedagógica, son prácticamente iguales desde la enseñanza secundaria hasta los niveles más elevados de la enseñanza universitaria.

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