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Miriam Sánchez Hernández: ¿Quién manda en la educación?

Miriam Sánchez Hernández: ¿Quién manda en la educación?

En 2005 Emilio Azcárraga Jean, el dueño de Televisa, y 12 amigos crearon la fundación Mexicanos Primero. Después se sumarían otros más a su patronato. Todos ellos hombres de poder y dinero, frecuentes en las listas de los más ricos del mundo y del país.

Con esta fundación, la decisión de dictar el rumbo de la educación por parte de los hombres más ricos de México se hizo explícita y pública desde el sexenio pasado. Para tal fin, produjeron cuatro documentos, inventaron un índice educativo, crearon una película, difunden campañas mediáticas en contra del magisterio y penetran espacios de poder y de decisión política. Como ellos no son educadores sino empresarios, se sirven de intelectuales, investigadores e instituciones públicas del país, y participan con organismos internacionales con los que intercambian convenios. Todo ello en concordancia con la OCDE y el FMI, organismos de los ricos del mundo.

Entre 2008 y 2012 elaboraron cuatro documentos en los que describen el estado de la educación en México, la evalúan y la planean para el futuro. Esos documentos son: 1) Contra la pared: estado de la educación (2009); 2) Brechas: estado de la educación (2010); 3) Metas: estado de la educación (2011), y 4) Ahora es cuando. Metas 2012-2024 (2012). En todo ese periodo, Silvia Schmelkes, actual titular del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), fue colaboradora de esa fundación, desempeñándose en su comité académico.

A la par, el director de Mexicanos Primero, David Calderón Martín del Campo, inventó un Índice de Desempeño Educativo Incluyente (IDEI), que consiste en evaluar a las 32 entidades del país con seis indicadores, asignando a cinco de ellos (eficacia, permanencia, profesionalización docente, supervisión y participación en las escuelas) un valor de 10 a cada uno y 50 puntos al aprendizaje de los estudiantes, medido con la prueba ENLACE. El IDEI es un indicador arbitrario, no tiene bases pedagógicas y sólo jerarquiza a los estados, poniendo en último lugar a los que se manifiestan en desacuerdo con sus propósitos.

José Carlos Bermejo Barrera: ¿Quiénes son los enemigos de Fonseca?

José Carlos Bermejo Barrera: ¿Quiénes son los enemigos de Fonseca?

Decía Rahel Varnhagen, una intelectual judía alemana de comienzos de siglo XIX, que “la verdad es muy difícil de encontrar y además hay que ocultarla”, cosa lógica si tenemos en cuenta su doble condición de marginada, como judía y como mujer. Ello siguió siendo verdad en todas las dictaduras: alemana, soviética y también en España, cuando Franco, que no era judío sino de Ferrol, creía que quien se le oponía era antiespañol. Aunque algún presidente en excedencia, que gusta vestirse de Mío Cid y apreciar más la vanidad que la fidelidad, casi está diciendo que en España empieza a amanecer, nadie hay en nuestra universidad equiparable en modo alguno a estos personajes. Sin embargo sí es cierto que en ella parece pensarse que tenemos algo que ocultar, y que criticar a la universidad en público es también traicionarla, a pesar de ser el lugar en el que se intenta, con esfuerzo intelectual y mayores o menores medios materiales, contribuir al descubrimiento de las verdades que luego han de ser enseñadas.

Nubes de oscuridad parecer envolver las universidades, que con sus nuevos libros de estilo propagandístico dan la impresión de estar inspiradas, como señala B. Grinsberg, profesor de Oxford, en su libro del año 2011 sobre el tema, por el libro de estilo de la prensa de Corea del Norte. Creían los viejos filósofos que la existencia del mal era un problema. Hay muchas cosas malas en un mundo creado por un Dios bueno, lo que no dejaba de ser un escándalo, ya que o bien Dios no era bueno y quería el mal o no sabía que existía. Algunos viejos maestros pensaron que la solución sería pensar que el mal era un parte necesaria para lograr la armonía del mundo, sacando así a Dios del aprieto. Bradley, un gran filosófo oxfordiano, decía irónicamente en sus “Aforismos” que “el mundo es tan perfecto que todo lo que hay en él es un mal necesario”. Nuestros académicos contemporáneos, carentes de sentido del humor, parecen pensar lo contrario: no hay nada que esté mal en la universidad, nada hay que reformar porque es una institución perfecta, solo necesita más dinero, logrando de este modo resolver este viejo problema filosófico de la teodicea.

La subida de tasas y la disminución de becas multiplican el endeudamiento de los estudiantes universitarios

La subida de tasas y la disminución de becas multiplican el endeudamiento de los estudiantes universitarios
Los universitarios se prostituyen para pagar sus estudios

Si algo han puesto de manifiesto los desahucios son los riesgos de la financiarización del acceso a un derecho, como es en este caso el de la vivienda. Estamos viendo cómo el pago de una deuda queda por encima de derechos básicos. Lo mismo sucede con los mal llamados “rescates”, en los que los países pierden la soberanía y lo que quedaba de sus servicios públicos para que el ciclo del capital siga su curso. El mismo proceso se va introduciendo en la educación, y como todas estas grandes ideas, trae la etiqueta de “Made in USA”.

Actualmente la deuda estudiantil en los EE.UU. sobrepasaba el billón de dólares, creciendo a un ritmo de un 17% anual. A ese ritmo, en 2018 superaría al conjunto de la deuda pública española y en 2030 a la estadounidense(1). ¿Las causas? Sencillas: unas tasas universitarias desorbitadas, que han crecido un 900% en los últimos 30 años hasta situar el coste medio de una titulación universitaria en los 25.000 dólares (casi 19.000 euros)(2), una política de becas desligada de la renta, preocupada sólo por la competitividad entre los estudiantes y, finalmente, la creación de líneas de crédito públicas y privadas para hacer negocio con préstamos estudiantiles que elevan sus intereses cada año. El resultado es que la deuda individual media estudiantil (según estudios recientes de TransUnion(3)) ha crecido más de 5.000 dólares en los últimos cinco años, llegando a rozar los 24.000$, las peticiones de aplazamiento de pago alcanzan al 43,7% y la morosidad ha crecido un 27% en este tipo de préstamos.

Un modelo de enseñanza superior que promete un ascensor social para el que hay que pagar un peaje, los repetidos dogmas de la educación como inversión individual en el futuro personal, chocan con la tozuda realidad de un mercado laboral precario y con enormes cifras de paro, en el que más de la mitad de los titulados universitarios menores de 25 años están desempleados(4) y el 37,8% de los graduados trabaja en empleos que no requerían título universitario(5), por lo que en muchos casos cobran bajos salarios y tienen graves problemas para hacer frente al pago de su deuda. Movimientos sociales nacidos al calor de las protestas de Occupy Wall Street(6) lograron introducir esta problemática en la agenda política de las pasadas elecciones, si bien la solución está aún lejos.

Esta realidad hace tiempo que cruzó el charco, haciendo su primera escala en el Reino Unido. Una de las consecuencias es que desde hace años se viene constatando en ese país un auge en la prostitución de estudiantes, principalmente chicas, para costearse sus estudios universitarios(7). Según un estudio reciente de Ron Roberts, Catedrático de la Universidad de Kingston, las universidades británicas reciben anualmente entre 103 y 355 millones de libras (126 y 436 millones de euros) procedentes de actividades ligadas al sexo(8), al recurrir más de un 6% del estudiantado al sexo como fuente de financiación de sus estudios universitarios. Y es que el aumento de las tasas universitarias y la eliminación de becas promovidas por el gobierno de Cameron ha provocado que dos terceras partes de los universitarios británicos estén endeudados, cuando este porcentaje era solo de un 5% antes de empezar sus estudios superiores.

Al mismo ritmo que se generaliza un modelo educativo elitista, se generalizan sus consecuencias. En Francia, el sindicato estudiantil Sud Étudiant cifra en 40.000 el número de mujeres estudiantes que alquilan sus cuerpos para pagar sus estudios (frente a 5.000 hombres) de una población femenina de 800.000 estudiantes(9). Indican en su estudio que fenómenos similares ocurren en Italia, Bélgica, Holanda, Polonia y por supuesto España.

En nuestro país las consecuencias de la mercantilización de la educación superior comienzan a hacerse notar. En el último año, la subida de tasas impulsada por el Ministro Wert ha encarecido una media de 540 euros anuales los estudios universitarios de grado, si bien en comunidades como la de Madrid, la subida es aún mayor, haciendo que un estudiante de carreras como Medicina pague casi 2.000 euros por curso en una universidad pública. Además se sanciona a los estudiantes que por diversas razones no pueden aprobar todas las asignaturas de las que se matriculan, con incrementos en torno al 350% de la primera a la cuarta matrícula. En los títulos de posgrado, como pueden ser los másteres oficiales, los precios son absolutamente descabellados. Tomando la UCM como ejemplo, el coste de un curso se mueve entre los 2.100 y los 3.900 euros. Esta situación se ve agravada por los nuevos requisitos en materia de becas del Ministerio de Educación, que pese a presupuestar lo mismo en becas generales (no así en otras como el eliminado programa Séneca, de movilidad), según algunos estudios prevé un ahorro de 140 entre 264 millones de euros. Todo esto mientras “España destina a la financiación de becas y ayudas el 0,08% del PIB frente al 0,24% del PIB de media en los países de la OCDE”(10). El abandono de los estudios universitarios es la consecuencia que tienen estas medidas en capas amplias de la población, como toda persona con alguna relación con el mundo universitario conoce, pese a que el Ministerio no quiera publicar los datos de las matrículas anuladas por impago.

A esta situación se une la finalización del período de carencia de los préstamos renta-universidad impulsados por el gobierno de Zapatero, que tras generalizar la idea de que los préstamos se extinguirían si el estudiante no alcanzaba cierto umbral de renta, modificaron la normativa en 2008(11), haciendo obligatoria su amortización. Han pasado cinco años y los estudiantes que optaron por esta forma de financiar sus estudios tienen que pagar sus deudas. De la misma manera, la normativa aprobada en 2009(12) (ocupando Gabilondo el Ministerio) agotará en unos meses las posibilidades de ampliar los periodos de carencia de estas becas-hipotecas. Nos acercamos pues a una situación muy problemática para muchos estudiantes, a los que podemos suponer imposibilitados para hacer frente a su deuda, dadas las cifras de paro juvenil, que alcanzan una impresentable tasa del 57,6%.(13)

Frente a este estado de las cosas, del que son culpables tanto el PP como el PSOE, así como todos aquellos que promovieron la mercantilización de la universidad, no queda más alternativa que organizar la respuesta contra la deuda estudiantil y la financiarización del acceso a la educación, en favor de (como se dice en un libro de inminente publicación(14)), Otra Universidad Pública.

Notas

1. http://goo.gl/4HCLY
2. http://goo.gl/V8q4R
3. http://goo.gl/FB9YI
4. Íbid.
5. http://goo.gl/4Llt6
6. http://goo.gl/1Owk6
7. http://goo.gl/FZoFQ
8. http://goo.gl/jBpVd
9. http://www.asteriscos.tv/noticia-10789.html
10. http://goo.gl/IjOa5
11. http://becas.universia.es/ES/beca/14897/
12. http://goo.gl/B74qm
13. http://goo.gl/LbV4K
14. Artículo de Manuél Gómez, Fabio Cortese y Olmo Masa en un volumen colectivo de próxima aparición.

Mundo Obrero, 25/03/2013

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Ariel Jerez y Javier Franzé: El tasazo: hacia la restauración de la universidad elitista

Ariel Jerez y Javier Franzé: El tasazo: hacia la restauración de la universidad elitista
Ariel Jerez y Javier Franzé, Profesores de Ciencias Políticas y vicedecanos de Estudiantes y Profesorado respectivamente en la Universidad Complutense de Madrid

A pesar del grado de evidencia científica existente en el conocimiento social y económico, el liderazgo sistémico insiste en las políticas de austeridad como salida de la crisis. Su objetivo sigue estando guiado por el manido eslogan de “dejar trabajar a los mercados”, que con su mano invisible destruirían lo mal diseñado en el pasado, para que el futuro se construya sobre acertadas bases competitivas. La hegemonía implacable de este discurso ideológico pivota en el enorme poderío mediático que acompaña a estas ideas en nuestro país. Como viene demostrando el profesor Viçenc Navarro, los rasgos acríticos y antipluralistas de nuestros medios no tienen parangón en las llamadas sociedades avanzadas, ni siquiera en Estados Unidos.

En el sistema educativo en general, y en la universidad española en particular, estamos muy escasos de recursos si nos comparamos con cualquier país de la UE (incluso más periféricos y latecomers), como lo demuestra cualquier índice de gasto medio tanto en relación al PIB como per capita por estudiante. Sin embargo estamos siendo objeto de una profunda reforma económica e institucional, realizada a espaldas de las respectivas comunidades educativas. Con la excusa del “equilibrio” presupuestario público, se propone un modelo de universidad acorde a la nueva sociedad oligárquica y clasista que están organizando los gestores globales de la crisis financiera.

La marea verde viene movilizando importantes sectores de la comunidad educativa en el último año, con los grupos más activos del profesorado trabajando en amplia alianza con los estudiantes y con las asociaciones de las madres y padres. En la educación universitaria, en la medida en que la reforma parece ser más dilatada en el tiempo y auto-aplicada en virtud de la autonomía universitaria, la dinámica parece estar teniendo otro ritmo. Por razones sociológicas e ideológicas que bien cabría indagar, el profesorado está mayoritariamente desmovilizado y, por tanto, condicionando a la baja el margen de negociación de las autoridades rectorales. Es todavía el estudiantado quien lleva casi en exclusiva la batuta de la resistencia a las políticas neoliberales en la universidad, en buena medida porque está sufriendo en su propia carne biográfica las primeras consecuencias del tasazo del año pasado.

Eduardo Ibarra Colado

Eduardo Ibarra ColadoEduardo Ibarra Colado
Eduardo Ibarra Colado en fírgoa

Con gran pesar nos enteramos de la temprana muerte de nuestro amigo y colaborador de fírgoa. Reproducimos el artículo que publica Carlos Ornelas en el Excelsior de México.

Carlos Ornelas

Cuando murió, el domingo 19, se encontraba en la cúspide de su carrera académica. Antes de cumplir los 56 años, sus esfuerzos de docente, investigador y creador de instituciones ya habían rendido frutos. A pesar de ser un profesor exigente y riguroso, o quizás por ello, sus estudiantes lo veneraban.

Para Carmen, con un abrazo fraternal.

Hacia finales de enero de este año fue la última vez que platiqué con él. Nos encontramos en el pasillo y me saludó con su sonrisa tranquila. Fuimos a mi oficina y charlamos por un rato breve. Me comentó que le gustaría asesorar a una estudiante del doctorado en ciencias sociales (programa que coordino), que quería diseñar su proyecto con un tema que a él le interesaba. Quedamos en el cambio de tutor al final del trimestre.

¡Ya no hubo ese cambio ni ninguna otra plática! Aquel día se quejó de una contractura en la espalda, pensaba que tenía una lesión en la columna, mas una intervención reveló que tenía cáncer en los riñones. La metástasis era un hecho. Eduardo Ibarra Colado luchó y perdió su batalla lleno de dignidad. Carmen, su viuda, me comentó en el velorio que él sufría porque iba a dejar muchas cosas pendientes. Ella se veía resignada, “contenta de haberlo compartido con todos ustedes”, pero triste por su partida.

En La ciencia como vocación, Max Weber especula: “En el campo de la ciencia, sin embargo, el hombre que se hace el empresario de la asignatura a la que se dedique; se para en el escenario y busca legitimarse a sí mismo a través de la experiencia; luego se pregunta: ¿Cómo puedo demostrar que soy algo más que un mero especialista y cómo le hago para decir algo en la forma o en el contenido que nadie más ha dicho?”

Cuando murió, en la noche del domingo 19, Eduardo Ibarra Colado se encontraba en la cúspide de su carrera académica. Antes de cumplir los 56 años, sus esfuerzos de docente, investigador y creador de instituciones ya habían rendido frutos. A pesar de ser un profesor exigente y riguroso, o quizás por ello, sus estudiantes lo veneraban; hablaban de él con reverencia, al mismo tiempo que se quejaban de la carga que representaban sus clases. Él impartió docencia en tres unidades de la UAM: Iztapalapa, Cuajimalpa y Xochimilco.

Fue un fanático de las universidades públicas y las hizo el centro de sus estudios. Publicó más de un centenar de piezas en revistas y casas editoriales de prestigio. Algunas de ellas de calidad académica sobresaliente. Por ejemplo, la que resultó de su tesis de doctorado, La universidad en México hoy: gubernamentalidad y modernización, obtuvo el premio a la mejor investigación en ciencias sociales que otorga la Universidad Autónoma Metropolitana a sus académicos, en 2003. El mismo trabajo ya había sido galardonado como la mejor tesis de doctorado en el año 2000 en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. En él dijo cosas que nadie había expresado antes.

Eduardo Ibarra era incansable en su hacer académico. Con el fin de documentar sus investigaciones y las de sus colegas, ideó la creación de un acervo y ordenamiento de documentos, el Laboratorio de Análisis Institucional del Sistema Universitario Mexicano con el fin de facilitar el examen comparado de las universidades mexicanas. Él era el editor y redactor principal (en forma artesanal, como le gustaba decir) del semanario de LAISUM, a partir de marzo de 2011 y hasta que la enfermedad lo puso en cama. En esa página electrónica se encuentran sus análisis personales, “Los puntos sobré las íes”, reseñas de libros, discusión de actividades y artículos de investigadores asociados al proyecto.

Su trabajo fue apreciado por pares y autoridades, obtuvo reconocimientos académicos y premios. La UAM le otorgó el estímulo a la docencia y la investigación en el más alto nivel en innumerables ocasiones y era miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel III. No era un mero especialista. Eduardo Ibarra Colado se encaminaba a ser un caudillo cultural. Su pasión por la ciencia y su entusiasmo por el trabajo intelectual, su influencia entre los estudiantes y entre quienes lo leímos y escuchamos, le otorgan una estatura académica de respeto y admiración.

Hoy tendremos que vivir sin él. Sus estudiantes lo lloran, sus colegas y amigos ya lo extrañamos, y su familia le guarda luto. Vivirá en nuestra memoria por un largo rato. Estoy seguro que de vez en cuando me confundiré si miro a alguien caminar como él, que le caiga el pelo castaño sobre la cara y le dé forma a una barba bien cuidada de donde surja esa sonrisa seria tan peculiar de él.

¡Descanse en paz!

Excelsior, 22/05/13

José Carlos Bermejo Barrera: Físicos contra burócratas

José Carlos Bermejo Barrera: Físicos contra burócratas

La historia de la física creó las mejores imágenes de científicos geniales, desde Arquímedes a Newton, pasando por Galileo condenado por la Inquisición y culminando en Einstein, Heisenberg y los grandes físicos del siglo XX; su desarrollo avanzó a pasos de gigante gracias a la capacidad de experimentar y pensar de unas pocas mentes maravillosas. Sin embargo, ya no solo Newton, sino ninguno de los creadores de la física contemporánea podría obtener hoy plaza alguna en el mundo académico, al no cumplir las normas diseñadas por unos funcionarios que no son científicos eminentes, pero sí expertos en medir todo con la misma medida, ya sea la física teórica o la filología hebrea, gracias a su nueva ciencia de la epistemetría.

Los artículos de Einstein fueron publicados sin referees, apenas tuvieron lectores y su impacto fue muchos años posterior a su publicación en una revista alemana. Ni él ni ninguno de los grandes científicos del siglo XX fue contratado siguiendo un baremo neutro, sino solo por sus méritos, a veces evaluables por muy pocos expertos (Eddington llegó a decir en un momento que solo él y Einstein comprendían la relatividad). Y figuras como Gödel o Turing combinaron la soledad de sus investigaciones con la más absoluta excentricidad. Pero todo cambió con la II Guerra Mundial, el mayor proceso de innovación científico-técnica realizado por la humanidad en el más breve lapso de tiempo, pues permitió producir todo tipo de tecnologías masivamente en tiempo récord e innovar más en los campos de la ingeniería, la química y la física que en todo un siglo. Con ella y el proyecto Manhattan se crearon los primeros grandes programas y equipos de investigación, formados por miles de expertos y científicos y coordinados por militares y politicos. En este caso, un general de brigada daba órdenes a Einstein, Gödel, Oppenheimer y tantos otros. Y ese mismo general prohibía publicar nada que tuviese que ver con el proyecto y comenzó a preocuparse cuando en la bibliografía alemana dejó de publicarse en esos mismos campos, los de verdadero interés estratégico y económico, en los que lo que se descubre nunca se da a conocer más que por sus efectos.

Enrique Javier Díez y Adoración Guamán (coords.): Educación pública: de todos para todos

Educación pública: de todos para todos Enrique Javier Díez y Adoración Guamán (coords.): Educación pública: de todos para todos

Editorial Bomarzo, 2013
288 páginas
ISBN: 978-84-15000-92-1

Vivimos una época de dictadura económica donde la barbarie se perpetra impunemente desde los cómodos despachos de instituciones políticas y financieras. Con "la excusa de la crisis", la educación pública ha sido uno de los primeros objetivos entre los derechos sociales a suprimir en este cambio de modelo que la minoría dominante está imponiendo a la mayoría social. Convertida la educación en una "cuestión social", el momento nos exige también elaborar y discutir los argumentos para contestar todas y cada una de las estrategias por las que se pretende desmantelar la educación pública. En este contexto consideramos que era imprescindible lanzar una publicación como la que tienes entre las manos. Para conseguir los objetivos señalados hemos reunido en esta publicación a dieciséis autoras y autores de diversa procedencia que viven el día a día de la educación pública, en su faceta de profesores, sindicalistas o estudiantes. Con la esperanza puesta en que estas páginas puedan servir como instrumento para la movilización social, como argumentario para la defensa de la educación pública y como contribución para continuar los necesarios debates sobre el modelo educativo y transformador que entre todas queremos construir, lanzamos este conjunto de contribuciones, desde abajo y a la izquierda.

Carlos Berzosa, Francisco Imbernón, Antonio Antón, Monserrat Galcerán, Julia López, Rosa Cañadell, Francisco García, Miguel Recio, Mariano Fdez. Enguita, Carlos Fdez. Liria, Jorge García, Manuel Gómez, Olmo Masa, Fabio Córtese

Roger Brown & Helen Carasso: Everything for Sale? The Marketisation of UK Higher Education

Everything for SaleRoger Brown & Helen Carasso: Everything for Sale? The Marketisation of UK Higher Education

Published: 4th February 2013 by Routledge
238 pages
ISBN: 978-0-415-80980-1

The marketisation of higher education is a growing worldwide trend. Increasingly, market steering is replacing or supplementing government steering. Tuition fees are being introduced or increased, usually at the expense of state grants to institutions. Grants for student support are being replaced or supplemented by loans. Commercial rankings and league tables to guide student choice are proliferating with institutions devoting increasing resources to marketing, branding and customer service. The UK is a particularly good example of this, not only because it is a country where marketisation has arguably proceeded furthest, but also because of the variations that exist as Scotland, Wales and Northern Ireland increasingly diverge from England.

In Everything for Sale, Roger Brown argues that the competitive regime that is now applicable to our Higher Education system was the logical, and possibly inevitable, outcome of a process that began with the introduction of full cost fees for overseas students in 1980. Through chapters including:

  • Markets and Non-Markets
  • The Institutional Pattern of Provision
  • The Funding of Research
  • The Funding of Student Education
  • Quality Assurance
  • The Impact of Marketisation: Efficiency, diversity and equity;

He shows how the evaluation and funding of research, the funding of student education, quality assurance, and the structure of the system have increasingly been organised on market or quasi-market lines.

As well as helping to explain the evolution of British higher education over the past thirty years, the book contains some important messages about the consequences of introducing or extending market competition in universities’ core activities of teaching and research.

This timely and comprehensive book is essential reading for all academics at University level and anyone involved in Higher Education policy.

Joseba Fernández, Carlos Sevilla y Miguel Urbán: De la nueva miseria. La universidad en crisis y la nueva rebelión estudiantil

De la nueva miseria. La universidad en crisis y la nueva rebelión estudiantilJoseba Fernández, Carlos Sevilla y Miguel Urbán: De la nueva miseria. La universidad en crisis y la nueva rebelión estudiantil

Editorial Akal, Madrid, 2013
ISBN: 978-84-460-3739-2

Asistimos a la progresiva destrucción de la Universidad pública. Un proceso que, intensificado por las políticas de austeridad y recortes, ha alumbrado la emergencia de un nuevo modelo de Universidad de carácter mercantil. Ante esta situación urge elaborar un nuevo aparato conceptual y teórico para entender las dinámicas de transformación de las universidades a escala global. Así, la nueva Universidad-Empresa es el definitivo pulso lanzado por el mercado para convertirla en campo de valorización del conocimiento. Pero si este cambio de modelo supone una revolución en la naturaleza misma de la Educación Superior, la explosión de la crisis del capitalismo financiarizado a nivel global ha terminado por hacer estallar la idea de una Universidad autónoma y democrática. Estamos ante una nueva fase de la Universidad-Empresa: en el tránsito directo y acelerado a la Universidad de la deuda.

Este libro colectivo transita por algunos elementos para entender los nuevos tiempos de la Universidad: la deuda estudiantil, la precariedad de la comunidad universitaria, los cambios en las funciones sociales y económicas de la educación superior o, en definitiva, la naturaleza del nuevo ciclo de protestas estudiantiles. Se trata de actualizar y seguir construyendo un discurso crítico sobre el papel de la Universidad dentro del proceso de producción y acumulación capitalista. No sólo como un ejercicio intelectual, sino como un esfuerzo por alimentar las resistencias en curso que, en todo el planeta, se encaminan a frenar la venta de lo público.

José Carlos Bermejo Barrera: Ni hubo ni habrá un sistema universitario gallego

José Carlos Bermejo Barrera: Ni hubo ni habrá un sistema universitario gallego

Hace más de veinte años que la Universidad de Santiago fue dividida para crear un supuesto sistema universitario gallego, planificado y diseñado por las autoridades políticas. La razón fue muy simple: debido al incremento del número de sus alumnos y a las dificultades administrativas, comprensibles en un momento en el que la informática estaba en un estado incipiente, se decidió crear tres universidades, dividiéndose sus territorios de un modo un tanto arbitrario, puesto que a Santiago le correspondió Lugo, a A Coruña, Ferrol, y a Vigo, Ourense y Pontevedra. Y si la distribución territorial no tuvo mucha lógica, menos la tuvo la decisión de disolver los Colegios universitarios - que impartían primeros ciclos y que ahora tendrían asignados sus grados de Bolonia- obligándolos a convertirse en facultades e impartir licenciaturas, añadiendo docenas de licenciaturas más en una loca competencia entre rectores, apoyados y alentados por los políticos provinciales y locales.

Como no se hizo una distribución racional de los campus - convirtiendo por ejemplo a Vigo en la universidad politécnica de Galicia- cada universidad aspiró a tenerlo todo y así se duplicaron y triplicaron titulaciones. Y como además la creación de nuevas plazas de profesor era esencial para la promoción académica de muchas personas, las presiones corporativas del profesorado se sumaron a todas las demás.Se crearon centros apresuradamente y con medios precarios, pero la situación se mantuvo mientras creció el número de alumnos y fluyó el dinero público de la época dorada de la burbuja inmobiliaria. Hasta que llegó la crisis, se colapsaron las sobredimensionadas plantillas de personal, a la vez que caía el número de estudiantes y el paro juvenil llegaba al 55%, llevándose consigo el valor de los títulos universitarios.

Todo el pais se reconvirtió, llovieron los recortes, aunque en Galicia fueron pequeños en sus universidades, comparados con otros sectores educativos, por no decir nada de la sanidad y los sistemas de cobertura del paro o las pensiones. Ante esta situación, y arropado por sus discurso de adelgazamiento del sector público y sus administraciones, presenta el gobierno gallego un anteproyecto de ley de un supuesto sistema universitario de Galicia, que no sólo no corrigue ninguno de los defectos existentes, sino que empeora todavía más la situación de las universidades gallegas.

Resum del document PROPUESTAS PARA LA REFORMA Y MEJORA DE LA CALIDAD Y EFICIENCIA DEL SISTEMA UNIVERSITARIO ESPAÑOL elaborat per la Comisión de expertos para la reforma del sistema universitario español

Resum del document PROPUESTAS PARA LA REFORMA Y MEJORA DE LA CALIDAD Y EFICIENCIA DEL SISTEMA UNIVERSITARIO ESPAÑOL elaborat per la Comisión de expertos para la reforma del sistema universitario español

El propòsit d’aquest Resum és sintetitzar l’extens informe elaborat per la Comissió designada pel ministre Wert i no pas valorar-ne el conjunt ni cada un dels capítols en què es divideix. Els breus comentaris que acompanyen alguns aspectes del resum tenen la finalitat de clarificar-los o de fer-ne ressaltar algun aspecte o mancança que ens ha semblat òbvia. Ha estat elaborat pel col·lectiu SAVA (compost per Albert Corominas, Sergi Fillet, Antoni Ras i Vera Sacristán).

Sumari

  • Introducció
  • Capítol 1: Selecció del PDI
  • Capítol 2: Avaluació de la qualitat de las universitats: excel·lència i competitivitat
  • Capítol 3: Govern de les universitats
  • Capítol 4: Finançament
  • Capítol 5: Estudis i titulacions universitàries

El document complet és accessible a:
http://www.mecd.gob.es/dms/mecd/ministerio-mecd/servicios-al-ciudadano/participacion-publica/sistemauniversitario/propuestas-reforma.pdf 

i els vots particulars a:
http://www.mecd.gob.es/dms/mecd/ministerio-mecd/servicios-al-ciudadano/participacion-publica/sistemauniversitario/adenda-propuestas-reforma.pdf

José Carlos Bermejo Barrera: Maquiavelo en Fonseca

Maquiavelo en FonsecaJosé Carlos Bermejo Barrera: Maquiavelo en Fonseca

Quizá el que la Universidad de Santiago se fundase en el Renacimiento, en medio de un batiburrillo de fechas que dió lugar a polémicas entre historiadores, pueda explicar por qué sobre ella se extiende la alargada y astuta sombra de Maquiavelo. Encarna Maquiavelo la idea de la pasión del poder y el valor de la intriga y la astucia como métodos para conseguirlo, conservarlo y aumentarlo. Por ello en cierto modo podríamos decir que si fuese un santo, debería ser el patrono de las universidades, ocupando el lugar de Santo Tomás de Aquino.

Y es que desde el final del catedráticocentrismo, que tradicionalmente venía siendo el principio sobre el que se asentaban las universiades españolas, y su sustitución por un gobierno basado en un complejo sistema de órganos colegiados superpuestos y en conflicto permanente entre sí, tuvo lugar el nacimiento de un nuevo tipo de institución y de un nueva figura académica: el académico político, experto en conseguir votos, manejar órganos de gobierno a los que puede acceder por este método, y hacerlo a la vez en pos del bien común y de su particular provecho, no necesariamente económico.

Todos los elementos de los sistemas parlamentarios se trasladaron a la universidad: campañas electorales, grupos de presión o lobbies académicos, propaganda electoral, discursos banales y todo lo que sea necesario para conseguir, mantener e incrementar el poder personal, un arte al que Maquiavelo denominó virtú. Pero, eso sí, en las universidades todo es como en la política pero en opaco. Hubo en ellas comprometidos militantes de partidos y sindicatos, que en otros tiempos asumieron el riesgo de unas militancias ilegales, pero la mayoría eran ya mucho más jóvenes y sólo utilizaron el pasado sufrimiento de los demás como un capital expropiado. Son mayoritariamente estos académicos entrecuzados con partidos y sindicatos quienes en este nuevo mundo opaco, aparentemente presidido por la búsqueda del saber y los valores propios de la universidad, se hicieron con el control de las universidades.

Scott Sherman: University Presidents—Speak Out!

Scott Sherman: University Presidents—Speak Out!
“Once upon a time, university leaders were seen as sculptors of society.” Now they “are chiefly technocrats, agile climbers who reach the top without making too many enemies or mistakes.”

In May 1943, James B. Conant, the president of Harvard University, published an essay in The Atlantic Monthly titled “Wanted: American Radicals.” Conant was on the lookout for “a group of modern radicals in the American tradition,” whose ideas would encompass Thoreau and Whitman, Emerson and Marx, and who would be “lusty in wielding the axe against the root of inherited privilege” so as to prevent the growth of “a caste system.” His proposal? The imposition of “really effective inheritance and gift taxes and the breaking up of trust funds and estates.” Conant, whose essay infuriated Harvard’s well-heeled trustees, was hardly a radical himself; he was, and would always remain, a man of the establishment. But in those days, college and university presidents did not limit their activities to fundraising, shmoozing, paper-pushing and administration. They had access to bully pulpits, and they occupied them.

Think about it: When was the last time a college or university president produced an edgy piece of commentary, or took a daring stand on a contentious matter? 

It’s a familiar lament. The university president, Upton Sinclair wrote in The Goose-Step, was “the most universal faker and the most variegated prevaricator that has yet appeared in the civilized world.” William Honan, writing in The New York Times in 1994, wondered why college presidents no longer “cut striking figures on the public stage.” “Small Men on Campus: The Shrinking College President” was the headline of a New Republic cover story in 1998. In their 2010 book Higher Education?, Andrew Hacker and Claudia Dreifus declared, “Once upon a time, university leaders were seen as sculptors of society.” Now they “are chiefly technocrats, agile climbers who reach the top without making too many enemies or mistakes.” 

Recently the old concerns about higher education leadership were revived by controversies concerning two Ivy League presidents: Ruth Simmons of Brown and Lee Bollinger of Columbia. Not so long ago, both were seen as public-spirited, visionary leaders: Bollinger, when he led the University of Michigan, spearheaded the fight for affirmative action in college admissions; and Simmons, in 2003, initiated a far-reaching investigation into Brown’s historic connection to slavery and the slave trade. (She stepped down last year.) 

Those actions won praise, but serious questions have since been raised about what these people do in their spare time. In 2010, the Times reported that Simmons had served on the board of Goldman Sachs and was partly responsible for a $68 million pay package awarded to its chairman, Lloyd Blankfein, in 2007. (Simmons ultimately left the Goldman Sachs board with stock worth $4.3 million.) In June, Bollinger, the chairman of the Federal Reserve Bank of New York’s board of directors, defended the right of Jamie Dimon, CEO of JPMorgan Chase, to remain a member of that same board, despite the fact that Dimon’s bank had contributed money to Columbia. Those who thought Dimon should resign, Bollinger reportedly said, were “foolish.” Criticism came quickly: economist Simon Johnson, in blog posts for the Times, lashed Bollinger for serving on the Fed’s board, for sidestepping an obvious conflict of interest and for lacking the credentials to serve. (Bollinger’s term ended December 31.) 

Why should we fret about the presidents of our colleges and universities? Because American higher education is plagued by severe difficulties on many fronts—from soaring tuition and runaway student debt to the loss of public funding, the endemic corruption in college athletics and the erosion of the liberal arts—and the presidents won’t resolve those issues by kibitzing in the gilded suites of Wall Street. The time has come to demand more from them, and to hold them to more elevated standards. The finest presidents of the past—Conant, Robert Hutchins, Kingman Brewster, Clark Kerr—were not perfect men, but they exercised potent leadership, and sometimes they were quite courageous. 

Los rectores acusan al Consell de tener una “agenda oculta”

Comunidad Valenciana:

Los rectores acusan al Consell de tener una “agenda oculta”
Expresan un creciente malestar ante la proliferación de campus privados

Los rectores de las universidades públicas consideran que el Consell tiene una “agenda oculta” y que la proliferación de campus privados responde a un “modelo ideológico claro” vinculado a la Iglesia Católica. El próximo curso, si se cumplen los plazos, en la Comunidad Valenciana habrá seis universidades privadas y cinco públicas. Las dos nuevas son la Universidad Católica San Antonio de Murcia (Ucam) que tendrá un campus en Sant Joan de Alicante, con diez títulos de los que nueve ya se pueden estudiar en Alicante, y la Universidad del Mediterráneo en El Campello. Estos proyectos han abierto un nuevo frente entre los rectores, agobiados por los recortes, la falta de liquidez presupuestaria y las reformas, y la Generalitat.

Manuel Palomar, rector de Alicante y presidente de turno de la Conferencia de Rectores de las Universidades Valencianas (CRUV) exige al presidente Alberto Fabra que desvele “su agenda oculta” y sus planes futuros con las universidades privadas. “Debemos saber qué modelo pretenden implantar y si es laico o no”, afirma Palomar que demanda “transparencia” a la hora de tramitar estas propuestas. Jesús Tadeo Pastor, rector de la Universidad Miguel Hernández de Elche, también muestra su “preocupación” por la falta de organización en la futura oferta de títulos universitarios. “Si no se organiza bien habrá un deterioro de la enseñanza práctica”, advierte el rector que pone como ejemplo el nuevo grado de Medicina en el que los alumnos de la Miguel Hernández hacen prácticas en cuatro hospitales públicos diferentes (Elda, Sant Joan, Alicante y Elche). “Las universidades se pueden duplicar, pero los hospitales no”, recuerda Pastor, que además incide en que de las diez titulaciones que ofertará la Ucam en Sant Juan solo una es nueva (Odontología), el resto se pueden estudiar ya en Alicante o en la Miguel Hernández.

Los rectores de las cinco universidades públicas consideran que ha llegado el momento de debatir y aprobar una Ley de Universidades Valencianas, como tienen en Cataluña o Andalucía, que regule el marco en el que se debe desarrollar la enseñanza superior (modelo, mapa de titulaciones, objetivos, financiación…). Palomar lamenta que detrás de estas dos nuevas iniciativas se esconda una “ideología política y un modelo” que apuesta por la enseñanza privada. El rector de Alicante pide a la Generalitat que la “incertidumbre no sobrevuele” sobre el sistema público universitario e insta al alcalde de Sant Joan, Manuel Aracil, del PP, a “no permitir injerencias y defender el sistema público”, y recuerda que no es obligación de una fundación privada rehabilitar colegios ni institutos públicos, ya que eso es tarea de la Generalitat.

La Ucam en realidad ya está impartiendo docencia en Alicante sin la preceptiva autorización de la Generalitat. Los viernes y sábado se atienden tutorías y se realizan exámenes en el Colegio de Médicos de Alicante. Según explican fuentes de la dirección del Colegio, la actividad es fruto de un convenio de colaboración entre el colegio de Economistas y la Ucam que permite impartir un grado de Derecho online. “Es una actividad docente clandestina que no se debería consentir”, denuncia el rector de Alicante, Manuel Palomar.

Por otro lado, el convenio entre la Ucam y el Ayuntamiento de Sant Joan que se aprobó en el pleno del jueves pasado no hay ni rastro del documento, ni a la oposición se le ha dado copia, ni a los medios de comunicación que lo han solicitado. En la alcaldía remiten al concejal de Urbanismo para cualquier aclaración. El acuerdo, según explicó el alcalde, consiste en que el Ayuntamiento adquiere por 4,5 millones de euros una antigua residencia de tiempo libre a la Consejería de Hacienda y la cede a la Ucam para que pueda impartir clases. A cambio la Universidad Católica se compromete a invertir 4 millones de euros en la rehabilitación de colegios, institutos e instalaciones deportivas.

Las negociaciones entre Ayuntamiento y Universidad Católica han ido cambiado durante los últimos meses. Primero se habló de que el Ayuntamiento cedía una parcela de 50.000 metros cuadrados a la Universidad, y ésta invertía 3 millones en infraestructuras deportivas y educativas. Después se planteó que fueran 4 millones a cambio de 26.000 metros y que la Universidad comprara a la consejería el inmueble para poder iniciar sus clases. Ahora la sorpresa es que el Ayuntamiento adquiere un inmueble para cederlo a la universidad privada a cambio de futuras compensaciones. El alcalde del PP se fía de la Universidad Católica, que generará riqueza y empleo.

El País, 25/02/2013

Albert Corominas: A quién le importa el gobierno de las universidades

Albert Corominas: A quién le importa el gobierno de las universidades
Albert Corominas, Catedrático de la UPC y miembro del Observatorio del Sistema Universitari

El pasado 12 de febrero, los miembros de la llamada Comisión de Expertos entregaron su informe (“Propuestas para la reforma y mejora de la calidad y eficiencia del sistema universitario español”) al ministro Wert, quien los había designado unos meses antes.

Dicho informe ha tenido un eco relativamente escaso en los medios de comunicación, posiblemente a causa del fuerte estruendo de sobres, corrupciones y espionajes. No obstante, contiene diversas recomendaciones que, de llevarse a la práctica, supondrían un vuelco del sistema universitario español.

El elemento central del informe es la propuesta, muy poco argumentada pero muy definida, sobre el gobierno de las universidades. En síntesis, cada universidad sería gobernada por Consejo con entre 21 y 25 miembros, un 50% de los cuales serían elegidos por el Claustro, un 25 % por la comunidad autónoma (no se especifica si por el gobierno o por el parlamento) y el resto por acuerdo entre los dos grupos anteriores. Dado que la comunidad universitaria es un reflejo de la sociedad plural en que se inserta, no es difícil llegar a la conclusión de que la comunidad autónoma tendría asegurada la llave del gobierno de cada universidad, máxime cuando el Consejo elegiría al rector y este designaría secretario general, vicerrectores, decanos y directores de escuela y propondría al Consejo el gerente.

¿Es una propuesta técnica que interesa solo a la comunidad universitaria? ¿Es una sorpresa, un planteamiento inédito que ha resultado del debate entre los miembros de la Comisión? O, por el contrario, ¿es un hito de una campaña mediática persistente orientada a poner las universidades públicas al servicio de los denominados mercados?

De un tiempo a esta parte, el gobierno de las universidades, es objeto de documentos, artículos e intervenciones en medios de comunicación. Mayormente, por parte de representantes de algunos intereses empresariales, los cuales proclaman que la universidad española no funciona, que su principal problema es la gobernanza y que es urgente modificarla, con el fin de implantar un sistema de gobierno jerárquico, cuya máxima autoridad sea nombrada por un órgano no universitario con participación hegemónica empresarial. De tales pretensiones se han hecho eco los representantes políticos de dichos intereses y, así, el gobierno de la Generalitat de Cataluña impulsó, en 2011 y 2012, una comisión con el propósito evidente, aunque no logrado, de dar cobertura, con los lógicos matices (las propuestas procedentes de instancias políticas no suelen coincidir formalmente con las que expresan, ya sin tapujo, las organizaciones empresariales o sus instrumentos) a estos proyectos.

Cabe analizar, y sería interesante hacerlo, los motivos y la pertinencia del uso reiterado del término “gobernanza”, y no “gobierno”, en esta campaña (por cierto, hay que agradecer a la Comisión de Expertos que su informe se refiera al “gobierno” y no a la “gobernanza”). Pero, como más o menos dijo Humpty Dumpty a Alicia, la cuestión no es qué significan las palabras, sino quién manda. Y de esto, simple y llanamente, se trata: de quién ha de mandar en la universidad pública (en las privadas mandan los propietarios pero esto, a pesar de los paupérrimos resultados de la gran mayoría de estas universidades, con muy contadas excepciones, no parece discutirlo nadie).

No se trata, pues, de un debate académico, que interesaría solo a especialistas, sino de una contienda política y social, que concierne a toda la ciudadanía.

Actualmente, en el gobierno de las universidades públicas intervienen la administración pública, autonómica y estatal, los consejos sociales (en los que es hegemónica la cultura empresarial, pese a que, o a causa de que, sus miembros externos a la propia universidad son designados por gobiernos y parlamentos autonómicos, y organizaciones locales, profesionales, patronales y sindicales) y los propios miembros de la universidad. Estos últimos eligen al rector o rectora y a una parte del Consejo de Gobierno (“el órgano de gobierno de la Universidad”, dice la ley), así como otros órganos colegiados que equilibran la indudable preeminencia del rector o rectora en las decisiones internas.

Con este sistema se han obtenido resultados notables (expansión numérica, territorial y social de la enseñanza universitaria; incremento substancial de la cantidad, la calidad y la proyección de la investigación universitaria, que constituye la mayor parte de la que se lleva a cabo en España) pero presenta también inconvenientes relevantes (ineficiencias debidas a una planificación deficiente de centros, títulos y plantillas y a una inadecuada, a veces ambigua, atribución de responsabilidades en lo que respecta a la elaboración de los presupuestos y al control de su ejecución), que requieren las reformas oportunas, lo cual no implica, desde luego, que todas las deficiencias de la universidad deriven de su sistema de gobierno ni que este sea su problema principal.

Pese a ello, lo que se ha venido planteando no es la transformación del sistema actual para mejorarlo, sino, sin diagnóstico y sin argumentación, su revocación y substitución por un sistema jerárquico de corte empresarial.

¿Quién ha intervenido en el debate y con qué objetivos? Algunas organizaciones empresariales y sus supuestos think tanks, con la Fundación Conocimiento y Desarrollo como ariete (el nombre no hace la cosa: se trata del instrumento principal para cuestiones universitarias de un lobby empresarial presidido por Ana P. Botín) y con muchos presidentes de consejos sociales como voceros, reclaman el poder, en las universidades, para los empresarios. Algunos rectores, el poder para los rectores. Esta posición rectoral ha sido jaleada por las organizaciones empresariales interesadas y por sus pregoneros: sentado el principio de que el rector ha de tener amplios poderes, bastará reemplazar el procedimiento para elegirlo por un procedimiento para designarlo. Algunos rectores han visto ahora la jugada y han empezado a clamar (¿demasiado tarde?) que “no es esto, no es esto”.

¿Para qué quieren algunos empresarios mandar en la universidad? Para imponer la orientación de los planes de estudios, mercantilizar la investigación, subir las matrículas y hacer negocio con los préstamos. Se trata de un elemento más, y no el menor, del proceso de privatización de los servicios públicos, pero en este caso, con una singularidad: no se pretende asumir la propiedad del sistema, sino que este siga financiado públicamente o, en todo caso, por las familias, pero gobernado en función de los intereses empresariales. Jugada redonda: poner al servicio de intereses particulares los considerables recursos involucrados en el sistema universitario, ¡y sin invertir un céntimo!

¿Y quién debería mandar, pues, en la universidad? Parece razonable que esto dependa de la naturaleza, muy variada en la universidad, de las decisiones de gobierno. En lo que se refiere a la planificación y la financiación del sistema universitario, las administraciones estatal y autonómica, como responsables de la distribución de los recursos públicos y de la ordenación territorial, y como garantes de la igualdad de oportunidades y del servicio público. En el control del gasto y de la gestión, los órganos fiscalizadores de la administración y unos renovados consejos sociales, realmente comprometidos con la universidad y que representen pluralmente a la sociedad en sus vertientes culturales y económicas. La actividad académica, los contenidos y la forma de la docencia y la investigación y su gestión deben corresponder a la comunidad universitaria, que es la cualificada para estas competencias.

Finalmente, ¿a quién importa todo esto? A quienes estudian y estudiarán en la universidad y a sus familias, a quienes trabajan en ella, al empresariado que desea ser competitivo a medio y largo plazo y no pretende solo maximizar el beneficio inmediato. A toda la sociedad, porque toda ella se beneficia directa o indirectamente de una institución que genera y transmite conocimientos y contribuye así a que el país sea más culto y más productivo.

El Diario, 25/02/2013

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