Privatización

Ariel Jerez y Javier Franzé: El tasazo: hacia la restauración de la universidad elitista

Ariel Jerez y Javier Franzé: El tasazo: hacia la restauración de la universidad elitista
Ariel Jerez y Javier Franzé, Profesores de Ciencias Políticas y vicedecanos de Estudiantes y Profesorado respectivamente en la Universidad Complutense de Madrid

A pesar del grado de evidencia científica existente en el conocimiento social y económico, el liderazgo sistémico insiste en las políticas de austeridad como salida de la crisis. Su objetivo sigue estando guiado por el manido eslogan de “dejar trabajar a los mercados”, que con su mano invisible destruirían lo mal diseñado en el pasado, para que el futuro se construya sobre acertadas bases competitivas. La hegemonía implacable de este discurso ideológico pivota en el enorme poderío mediático que acompaña a estas ideas en nuestro país. Como viene demostrando el profesor Viçenc Navarro, los rasgos acríticos y antipluralistas de nuestros medios no tienen parangón en las llamadas sociedades avanzadas, ni siquiera en Estados Unidos.

En el sistema educativo en general, y en la universidad española en particular, estamos muy escasos de recursos si nos comparamos con cualquier país de la UE (incluso más periféricos y latecomers), como lo demuestra cualquier índice de gasto medio tanto en relación al PIB como per capita por estudiante. Sin embargo estamos siendo objeto de una profunda reforma económica e institucional, realizada a espaldas de las respectivas comunidades educativas. Con la excusa del “equilibrio” presupuestario público, se propone un modelo de universidad acorde a la nueva sociedad oligárquica y clasista que están organizando los gestores globales de la crisis financiera.

La marea verde viene movilizando importantes sectores de la comunidad educativa en el último año, con los grupos más activos del profesorado trabajando en amplia alianza con los estudiantes y con las asociaciones de las madres y padres. En la educación universitaria, en la medida en que la reforma parece ser más dilatada en el tiempo y auto-aplicada en virtud de la autonomía universitaria, la dinámica parece estar teniendo otro ritmo. Por razones sociológicas e ideológicas que bien cabría indagar, el profesorado está mayoritariamente desmovilizado y, por tanto, condicionando a la baja el margen de negociación de las autoridades rectorales. Es todavía el estudiantado quien lleva casi en exclusiva la batuta de la resistencia a las políticas neoliberales en la universidad, en buena medida porque está sufriendo en su propia carne biográfica las primeras consecuencias del tasazo del año pasado.

Henry A. Giroux: America’s Education Deficit and the War on Youth

America’s Education Deficit and the War on YouthHenry A. Giroux: America’s Education Deficit and the War on Youth

Editorial: Monthly Review Press, 2013
ISBN:
978-1-58367-344-7

America’s latest war, according to renowned social critic Henry Giroux, is a war on youth. While this may seem counterintuitive in our youth-obsessed culture, Giroux lays bare the grim reality of how our educational, social, and economic institutions continually fail young people. Their systemic failure is the result of what Giroux identifies as “four fundamentalisms”: market deregulation, patriotic and religious fervor, the instrumentalization of education, and the militarization of society. We see the consequences most plainly in the decaying education system: schools are increasingly designed to churn out drone-like future employees, imbued with authoritarian values, inured to violence, and destined to serve the market. And those are the lucky ones. Young people who don’t conform to cultural and economic discipline are left to navigate the neoliberal landscape on their own; if they are black or brown, they are likely to become ensnared by a harsh penal system.

Giroux sets his sights on the war on youth and takes it apart, examining how a lack of access to quality education, unemployment, the repression of dissent, a culture of violence, and the discipline of the market work together to shape the dismal experiences of so many young people. He urges critical educators to unite with students and workers in rebellion to form a new pedagogy, and to build a new, democratic society from the ground up. Here is a book you won’t soon forget, and a call that grows more urgent by the day.

Giroux has written a compelling critical discourse analyzing the present crisis of democracy. We can only hope it will become a manifesto, taken up by an informed and energized citizenry—ready to act.
Carol Becker, Professor of the Arts and Dean of the School of the Arts, Columbia University; author, Thinking In Place

This is classic Giroux in the sense that it contains all the passion, empathy, and righteous anger that we have come to associate with Henry Giroux. Impressive in his unflagging commitment to a public pedagogy that creates, sustains, and expands our discussions of what it means to be a citizen and member of a world community. Among so many strengths, I would single out this book’s attention to the youth of the world—not as ‘resources’ to be ‘developed’ and ‘trained,’ but as our best hope for a just world.
David Palumbo-Liu, author, The Deliverance of Others: Reading Literature in a Global Age

From Mobil/Exxon to the two presidential candidates, everyone has a cure for the ills of education, but as usual Henry Giroux sees the truth behind the rhetoric. Stop stealing the future from our young people, especially in the working class. Unable to get decent educations, chained to dead-end jobs, our young people are the targets of state-sponsored violence. Giroux knows personally this situation; this book is his intellectual autobiography. Listen to him and act.
John Carlos Rowe, University of Southern California

Enrique Javier Díez y Adoración Guamán (coords.): Educación pública: de todos para todos

Educación pública: de todos para todos Enrique Javier Díez y Adoración Guamán (coords.): Educación pública: de todos para todos

Editorial Bomarzo, 2013
288 páginas
ISBN: 978-84-15000-92-1

Vivimos una época de dictadura económica donde la barbarie se perpetra impunemente desde los cómodos despachos de instituciones políticas y financieras. Con "la excusa de la crisis", la educación pública ha sido uno de los primeros objetivos entre los derechos sociales a suprimir en este cambio de modelo que la minoría dominante está imponiendo a la mayoría social. Convertida la educación en una "cuestión social", el momento nos exige también elaborar y discutir los argumentos para contestar todas y cada una de las estrategias por las que se pretende desmantelar la educación pública. En este contexto consideramos que era imprescindible lanzar una publicación como la que tienes entre las manos. Para conseguir los objetivos señalados hemos reunido en esta publicación a dieciséis autoras y autores de diversa procedencia que viven el día a día de la educación pública, en su faceta de profesores, sindicalistas o estudiantes. Con la esperanza puesta en que estas páginas puedan servir como instrumento para la movilización social, como argumentario para la defensa de la educación pública y como contribución para continuar los necesarios debates sobre el modelo educativo y transformador que entre todas queremos construir, lanzamos este conjunto de contribuciones, desde abajo y a la izquierda.

Carlos Berzosa, Francisco Imbernón, Antonio Antón, Monserrat Galcerán, Julia López, Rosa Cañadell, Francisco García, Miguel Recio, Mariano Fdez. Enguita, Carlos Fdez. Liria, Jorge García, Manuel Gómez, Olmo Masa, Fabio Córtese

Roger Brown & Helen Carasso: Everything for Sale? The Marketisation of UK Higher Education

Everything for SaleRoger Brown & Helen Carasso: Everything for Sale? The Marketisation of UK Higher Education

Published: 4th February 2013 by Routledge
238 pages
ISBN: 978-0-415-80980-1

The marketisation of higher education is a growing worldwide trend. Increasingly, market steering is replacing or supplementing government steering. Tuition fees are being introduced or increased, usually at the expense of state grants to institutions. Grants for student support are being replaced or supplemented by loans. Commercial rankings and league tables to guide student choice are proliferating with institutions devoting increasing resources to marketing, branding and customer service. The UK is a particularly good example of this, not only because it is a country where marketisation has arguably proceeded furthest, but also because of the variations that exist as Scotland, Wales and Northern Ireland increasingly diverge from England.

In Everything for Sale, Roger Brown argues that the competitive regime that is now applicable to our Higher Education system was the logical, and possibly inevitable, outcome of a process that began with the introduction of full cost fees for overseas students in 1980. Through chapters including:

  • Markets and Non-Markets
  • The Institutional Pattern of Provision
  • The Funding of Research
  • The Funding of Student Education
  • Quality Assurance
  • The Impact of Marketisation: Efficiency, diversity and equity;

He shows how the evaluation and funding of research, the funding of student education, quality assurance, and the structure of the system have increasingly been organised on market or quasi-market lines.

As well as helping to explain the evolution of British higher education over the past thirty years, the book contains some important messages about the consequences of introducing or extending market competition in universities’ core activities of teaching and research.

This timely and comprehensive book is essential reading for all academics at University level and anyone involved in Higher Education policy.

Joseba Fernández, Carlos Sevilla y Miguel Urbán: De la nueva miseria. La universidad en crisis y la nueva rebelión estudiantil

De la nueva miseria. La universidad en crisis y la nueva rebelión estudiantilJoseba Fernández, Carlos Sevilla y Miguel Urbán: De la nueva miseria. La universidad en crisis y la nueva rebelión estudiantil

Editorial Akal, Madrid, 2013
ISBN: 978-84-460-3739-2

Asistimos a la progresiva destrucción de la Universidad pública. Un proceso que, intensificado por las políticas de austeridad y recortes, ha alumbrado la emergencia de un nuevo modelo de Universidad de carácter mercantil. Ante esta situación urge elaborar un nuevo aparato conceptual y teórico para entender las dinámicas de transformación de las universidades a escala global. Así, la nueva Universidad-Empresa es el definitivo pulso lanzado por el mercado para convertirla en campo de valorización del conocimiento. Pero si este cambio de modelo supone una revolución en la naturaleza misma de la Educación Superior, la explosión de la crisis del capitalismo financiarizado a nivel global ha terminado por hacer estallar la idea de una Universidad autónoma y democrática. Estamos ante una nueva fase de la Universidad-Empresa: en el tránsito directo y acelerado a la Universidad de la deuda.

Este libro colectivo transita por algunos elementos para entender los nuevos tiempos de la Universidad: la deuda estudiantil, la precariedad de la comunidad universitaria, los cambios en las funciones sociales y económicas de la educación superior o, en definitiva, la naturaleza del nuevo ciclo de protestas estudiantiles. Se trata de actualizar y seguir construyendo un discurso crítico sobre el papel de la Universidad dentro del proceso de producción y acumulación capitalista. No sólo como un ejercicio intelectual, sino como un esfuerzo por alimentar las resistencias en curso que, en todo el planeta, se encaminan a frenar la venta de lo público.

José Carlos Bermejo Barrera: Ni hubo ni habrá un sistema universitario gallego

José Carlos Bermejo Barrera: Ni hubo ni habrá un sistema universitario gallego

Hace más de veinte años que la Universidad de Santiago fue dividida para crear un supuesto sistema universitario gallego, planificado y diseñado por las autoridades políticas. La razón fue muy simple: debido al incremento del número de sus alumnos y a las dificultades administrativas, comprensibles en un momento en el que la informática estaba en un estado incipiente, se decidió crear tres universidades, dividiéndose sus territorios de un modo un tanto arbitrario, puesto que a Santiago le correspondió Lugo, a A Coruña, Ferrol, y a Vigo, Ourense y Pontevedra. Y si la distribución territorial no tuvo mucha lógica, menos la tuvo la decisión de disolver los Colegios universitarios - que impartían primeros ciclos y que ahora tendrían asignados sus grados de Bolonia- obligándolos a convertirse en facultades e impartir licenciaturas, añadiendo docenas de licenciaturas más en una loca competencia entre rectores, apoyados y alentados por los políticos provinciales y locales.

Como no se hizo una distribución racional de los campus - convirtiendo por ejemplo a Vigo en la universidad politécnica de Galicia- cada universidad aspiró a tenerlo todo y así se duplicaron y triplicaron titulaciones. Y como además la creación de nuevas plazas de profesor era esencial para la promoción académica de muchas personas, las presiones corporativas del profesorado se sumaron a todas las demás.Se crearon centros apresuradamente y con medios precarios, pero la situación se mantuvo mientras creció el número de alumnos y fluyó el dinero público de la época dorada de la burbuja inmobiliaria. Hasta que llegó la crisis, se colapsaron las sobredimensionadas plantillas de personal, a la vez que caía el número de estudiantes y el paro juvenil llegaba al 55%, llevándose consigo el valor de los títulos universitarios.

Todo el pais se reconvirtió, llovieron los recortes, aunque en Galicia fueron pequeños en sus universidades, comparados con otros sectores educativos, por no decir nada de la sanidad y los sistemas de cobertura del paro o las pensiones. Ante esta situación, y arropado por sus discurso de adelgazamiento del sector público y sus administraciones, presenta el gobierno gallego un anteproyecto de ley de un supuesto sistema universitario de Galicia, que no sólo no corrigue ninguno de los defectos existentes, sino que empeora todavía más la situación de las universidades gallegas.

Resum del document PROPUESTAS PARA LA REFORMA Y MEJORA DE LA CALIDAD Y EFICIENCIA DEL SISTEMA UNIVERSITARIO ESPAÑOL elaborat per la Comisión de expertos para la reforma del sistema universitario español

Resum del document PROPUESTAS PARA LA REFORMA Y MEJORA DE LA CALIDAD Y EFICIENCIA DEL SISTEMA UNIVERSITARIO ESPAÑOL elaborat per la Comisión de expertos para la reforma del sistema universitario español

El propòsit d’aquest Resum és sintetitzar l’extens informe elaborat per la Comissió designada pel ministre Wert i no pas valorar-ne el conjunt ni cada un dels capítols en què es divideix. Els breus comentaris que acompanyen alguns aspectes del resum tenen la finalitat de clarificar-los o de fer-ne ressaltar algun aspecte o mancança que ens ha semblat òbvia. Ha estat elaborat pel col·lectiu SAVA (compost per Albert Corominas, Sergi Fillet, Antoni Ras i Vera Sacristán).

Sumari

  • Introducció
  • Capítol 1: Selecció del PDI
  • Capítol 2: Avaluació de la qualitat de las universitats: excel·lència i competitivitat
  • Capítol 3: Govern de les universitats
  • Capítol 4: Finançament
  • Capítol 5: Estudis i titulacions universitàries

El document complet és accessible a:
http://www.mecd.gob.es/dms/mecd/ministerio-mecd/servicios-al-ciudadano/participacion-publica/sistemauniversitario/propuestas-reforma.pdf 

i els vots particulars a:
http://www.mecd.gob.es/dms/mecd/ministerio-mecd/servicios-al-ciudadano/participacion-publica/sistemauniversitario/adenda-propuestas-reforma.pdf

¿Y ahora qué? ¿Qué pasa con la LOMCE? Entrevista a Beatriz Quirós

¿Y ahora qué? ¿Qué pasa con la LOMCE? Entrevista a Beatriz Quirós
Entrevistamos a Beatriz Quirós, profesora en el IES Rosario Acuña de Xixón, en Asturies, y miembro del Consejo Escolar del Estado.

P. Sabemos que la voluntad del Ministro Wert era que la LOMCE se hubiera aprobado a finales de 2012 para forzar su aplicación en el curso 2013-2014. Sin embargo, los plazos parecen estarse alargando. ¿Puedes explicarnos cuáles son los trámites que ha de pasar la LOMCE antes de su aprobación (o no) en el Congreso? ¿De qué tiempos estamos hablando?

El Anteproyecto de LOMCE, en su tercera versión, está en estos momentos en el Consejo de Estado tras su paso por el Consejo Escolar del Estado el 24 de enero. El Consejo de Estado no tiene un tiempo límite para emitir el informe preceptivo. Tras ese informe del Consejo de Estado iría al Consejo de Ministros, paso previo a su remisión como Proyecto de Ley al Parlamento. El texto que ahora figura como tercera versión del Anteproyecto contiene algunas modificaciones procedentes tanto del Consejo Escolar como algunas surgidas por parte de las CCAA en la reunión de la Conferencia Sectorial de Educación.

En ellas se han expresado divergencias que se refieren sobre todo a aspectos económicos, ya que en última reunión de la Conferencia Sectorial de Educación, donde están representadas todas las Consejerías del Estado, algunas de las gobernadas por el PP ya expresaron su oposición a asumir la financiación de la implantación de la LOMCE. Las otras CCAA también rechazaron este aspecto y muchos otros de los que plantea la reforma.

Una vez que el proyecto esté en el Parlamento, su tramitación depende del número de comparecencias en comisión, de la presentación o no de nuevas enmiendas por parte de los grupos parlamentarios y del momento político en que se esté.

Por lo tanto, la Ley podría llegar a aprobarse en este año o bien prolongarse su debate después del verano y entonces ser aprobada el curso próximo, como sugería Soraya Saénz de Santamaría.

El Consejo de Estado no debería dar paso, por ejemplo, a aspectos relacionados con la creación de una Asignatura Alternativa a la Religión, ya que el Tribunal Supremo ya declaró discriminatorio que hubiera una materia con contenido curricular cursada por el alumnado que no está inscrito en Religión.

P. ¿Cuál es en estos momentos la postura del Consejo Escolar del Estado?

El Consejo Escolar del Estado emitió dos informes sobre la LOMCE —algo totalmente inusitado— ya que el gobierno cambió sustancialmente el texto que se había remitido para ser dictaminado en el Consejo Escolar del Estado de octubre de 2012. En aquella ocasión, los representantes de los sindicatos contrarios a la LOMCE, entre ellos STEs-i, y representantes de padres, madres y alumnado de la escuela pública y representantes de la Federación de Municipios y Provincias abandonamos el Pleno del Consejo al impedirse por parte la presidencia del mismo la defensa del Informe alternativo presentado por STEs-i. El informe sobre aquel anteproyecto, así como el correspondiente al Pleno que dictaminó el nuevo anteproyecto presentado por Wert —curiosamente a los pocos días de haberse tratado en el Consejo el primero— fueron aprobados por la mayoría conservadora del Consejo Escolar. En el segundo Pleno, —el 24 de enero— los representantes de sindicatos, CEAPA, asociaciones estudiantiles, etc, defendimos nuestros respectivos informes alternativos pero no entramos a votar las enmiendas al anteproyecto, por considerar imposible mejorar un texto como el actual. Así pues, la mayoría del Consejo Escolar del Estado aprobó una serie de enmiendas que en muchos casos empeoran el texto original —caso de algunas de las presentadas por las distintas patronales con representación en el CEE—, aunque alguna de las aprobadas iba contra la línea ministerial, concretamente en lo relativo a no recortar las competencias de los Consejos Escolares de los centros.

P. ¿Cuál es la postura de los partidos políticos de la oposición frente a la LOMCE?

Respecto a la posición de los diferentes partidos políticos que rechazan la LOMCE parece que todos los de la oposición en mayor o menor medida se están oponiendo al anteproyecto. Desde los partidos de ámbito estatal como PSOE o IU se plantean iniciativas parlamentarias o la integración en plataformas contra la LOMCE.

La oposición en los partidos de la derecha nacionalista se basa fundamentalmente en la invasión de competencias o en la cuestión lingüística en el caso de Catalunya. Pero algunas de las medidas incluidas en la LOMCE ya están siendo aplicadas allí, como el beneficio a las empresas privadas, el refuerzo a los centros concertados o la introducción de medidas de gestión empresarial en la escuela pública.

En el caso vasco, el PNV parece menos beligerante en este ámbito. Lo que es cierto es que la política de refuerzo de la red concertada coincide con la tendencia en este territorio, donde la red concertada supone una buena parte de la oferta educativa, en mayor medida que las de otras CCAA.

En el caso de partidos como UPyD, su posición no ha aparecido claramente en la escena pública. No obstante, su carácter marcadamente centralista apoya las pretensiones claramente recentralizadoras defendidas por Wert y que han puesto en pie de guerra a las fuerzas que defienden el derecho de los pueblos del estado a ser escolarizados en su lengua materna, cuyas enseñanzas hoy por hoy están en peligro a causa de la LOMCE.

P. ¿Cabe pensar en la posibilidad de algún acuerdo o incluso de un pacto de Estado entre PP y PSOE?

Respecto a la posibilidad de un pacto entre el PSOE y el PP en estos momentos pienso que sería probable en otros ámbitos más generales, vinculados al mantenimiento del status quo y no en el estrictamente educativo. Recordemos que el intento de pacto por la educación propuesto bajo el Ministerio de Ángel Gabilondo tuvo como consecuencia la inclusión de algunas de las medidas negativas propuestas por el PP y acordadas con el PSOE que fueron introducidas en la Ley de Economía Sostenible y que ya modificaban la LOE en el sentido que pedía el PP ( itinerarios en ESO, FP al servicio de los intereses empresariales, entre otras medidas). Para mí la propuesta de pacto por la educación es un arma engañosa que busca legitimar las propuestas más reaccionarias; el único pacto admisible es el que situara a la escuela pública y laica como prioridad total tanto en inversión como en concepción del sistema educativo. La LOE, recordemos, concibe que el sistema público de educación puede ser prestado por la red pública y la concertada, a las que pone en el mismo nivel. Pero la derecha educativa es insaciable, como vemos con la LOMCE y como previsiblemente veremos en el trámite parlamentario.

P. Caso de aprobarse la LOMCE, ¿qué va a pasar con su aplicación? ¿Cuáles son los posibles escenarios que nos podemos encontrar de puesta en marcha?

De aprobarse, su aplicación exigiría la modificación de la situación legislativa actual, es decir, se debería modificar, entre otras leyes, la LOE para que en ella apareciera lo que introduce la LOMCE. Recordemos que la LOMCE no es una ley nueva sino que lo que hace es, dentro de la estructura de la LOE, modificarla; es cierto que de forma radical. Pero es significativo que el Ministro aproveche la estructura de una Ley como la LOE y no haya hecho una entera nueva. Lo cierto es que la LOE contiene ya elementos que favorecen la privatización y la mercantilización de la educación, y que ello llevó a algunas organizaciones, como los STEs-i a oponerse a ella en su momento. La publicación de la Ley resultante deberá ser seguida por el desarrollo legislativo a través de la elaboración de varios Decretos como por ejemplo, los que desarrollen los nuevos curricula de los distintos niveles educativos, así como los correspondientes a la implantación de las evaluaciones- reválidas y sobre la modificación del acceso a la Universidad; recordemos que la PAU desaparecería, habría una reválida sin la cual no se aprobará 2º de Bachillerato y sería cada universidad la que organizara dicho acceso.

En la propia ley se prevé la puesta en marcha del llamado Estatuto Docente, que sería el marco legislativo en el que se desarrollarían, entre otras, las atribuciones del director/a para conformar el claustro de profesorado a su medida, como plantea la LOMCE. También se habría de modificar el Real decreto que regula el Concurso de Traslados —que quedaría casi en papel mojado gracias a las atribuciones del director y supondría traslados forzosos para el profesorado— y el Reglamento de Acceso a la función pública docente, que podría suponer el despido de miles de docentes interinos al implantar un sistema nuevo tanto de acceso como de provisión de plazas.

Otra modificación sustancial estaría vinculada a la evaluación docente que tendría como consecuencia la puesta en marcha del sistema de rendición de cuentas contemplado en el anteproyecto. En versión LOMCE esto significaría que el salario del profesorado y la estabilidad en el puesto de trabajo dependerían de la evaluación docente, basada entre otros aspectos en los resultados del alumnado. Algunas organizaciones no sólo no rechazan esta cuestión sino que defienden la implantación de la llamada carrera docente. Ese Estatuto cuyo recorrido comenzaría tras la aprobación de la LOMCE, sería una vuelta de tuerca más en esta carrera hacia la gestión empresarial de los centros públicos.

La libertad de elección de centro se plasmaría en decretos autonómicos sobre la creación del llamado distrito único y se modificarían las normativas autonómicas sobre conciertos facilitando su ampliación. Miles de puestos de trabajo podrían desaparecer en la enseñanza pública por esta razón y también como consecuencia de la “compactación” del bachillerato (unos 4000 docentes, según estimaciones).

En los aspectos vinculados a la enseñanza en las lenguas maternas, estas sufrirían un retroceso en pocos años ya que se verían relegadas en sus respectivos territorios.

Por otra parte, las CCAA donde no gobierna el PP intentarían recurrir aspectos del desarrollo de la Ley, llegando incluso a la insumisión, como algunas plantean ya en determinados ámbitos. Con lo que la implantación de la Ley supondría, dependiendo del mapa político autonómico, un conflicto permanente, pues también las CCAA donde el PP gobierna plantearían problemas derivados del coste de la implantación de la misma.

Yo estudié en la pública, s.f.

Vicenç Navarro: Las reformas educativas del PP

Vicenç Navarro: Las reformas educativas del PP
Artículo publicado por Vicenç Navarro en la revista digital SISTEMA, 1 de marzo de 2013
Este artículo critica la reforma educativa del gobierno del Partido Popular que refleja una visión excesivamente economicista y clasista de las políticas públicas necesarias en el sistema educativo español.

Una de las características más negativas de la reforma educativa del Gobierno del Partido Popular es la filosofía que reproduce y expande en sus propuestas y que se centra en la visión de que un objetivo central de tales reformas es aumentar lo que llama el ‘capital humano’ de los alumnos. En sí, adaptar el sistema educativo a las necesidades de recursos humanos de una economía es un objetivo razonable y deseable. Pero lo que distingue el enfoque adoptado en estas reformas es su visión tan reduccionista que pone tal objetivo como el centro de sus propuestas. Lo que tal reforma intenta es hacer de los alumnos, trabajadores productivos para que encajen en la máquina productiva del país, viendo a los alumnos como objetos cuyo valor a la economía exige que tengan, no sólo el conocimiento, sino también la actitud laboral necesaria para incrementar la producción. De ahí que otra característica de tales reformas es su énfasis en la disciplina (con ribetes autoritarios) y en la uniformización. El gran valor que adquieren en la reforma las pruebas test es un indicador de ello. Por lo demás, áreas que no se perciben como contribuyentes a la productividad y creación de capital, como se consideran las “Humanidades”, y en cierta medida también las “Ciencias Sociales”, dejan de tener importancia en la asignación de conocimiento en el currículum escolar. En esta visión, la función fundamental de la educación es servir a la economía, esta categoría conceptual que sirve para ocultar el sistema económico-político actual, que se basa, no en el mérito (como su narrativa falsamente proclama), sino en las relaciones de poder de clase y género que origina y reproduce.

La educación, sin embargo, no debería ser primordialmente un medio para alcanzar un fin económico, sino al revés, el proyecto económico debería ser el medio para facilitar y promover la calidad de vida de la ciudadanía, la cual requiere el pleno desarrollo del ser humano, tanto como persona como ciudadano. Todo ser humano tiene un gran potencial de creatividad que el sistema educativo debe promover. Esta visión economicista lleva también a una visión clasista de la educación, en la que la educación pública debe formar a trabajadores productivos y disciplinados y la privada (donde envían a sus hijos la mayoría de dirigentes del gobierno popular presidido por el señor Rajoy) debe cumplir con su misión de formar las élites gobernantes, bajo la guía espiritual de la Iglesia. La mayoría de las escuelas privadas están gestionadas por tal institución. El favoritismo de las reformas a la escuela privada reproduce tal visión clasista de la educación.

LA EVIDENCIA CIENTÍFICA MUESTRA EL ERROR DE LOS SUPUESTOS DE LA REFORMA

El énfasis en incrementar el capital humano de la sociedad como manera de enriquecer a la ciudadanía, incrementando su productividad, tiene escasa evidencia empírica que la sustente. Veamos los datos. En una excelente presentación en el programa de Políticas Públicas de la Johns Hopkins University, en Baltimore, el economista John Schmitt (del prestigioso Center for Economic and Policy Research, de Washington) mostró como EEUU nunca antes había tenido un nivel educativo tan elevado como el que tiene ahora. El porcentaje de la población con educación universitaria nunca había sido más alto (el 30%) y el de escasa educación tan bajo (9%) como ahora. El incremento del primer grupo y el descenso del segundo grupo habían sido espectaculares en los últimos cuarenta años. Pero lo que es más importante que la evolución de los extremos era el incremento tan notable del nivel educativo de la gran mayoría de la población. Un indicador de ello es que casi el 60% de la población activa utiliza el ordenador en su puesto de trabajo.

Pero a pesar de ello, los salarios por hora (lo que el trabajador y empleado gana por hora) han disminuido entre la gran mayoría de hombres, aumentando sólo ligeramente entre la mayoría de mujeres (cuyo nivel inicial era mucho más bajo que el de los hombres) en los últimos casi cuarenta años (1973-2009). Otro dato presentado por John Schmitt era el notable crecimiento de la productividad, que no ha repercutido en el incremento paralelo de los ingresos de la clase trabajadora, que constituye la mayoría de la población en EEUU, cuyo nivel de educación ha aumentado considerablemente (En aquel país, el término “clases medias” se utiliza para definir primordialmente a la clase trabajadora). En realidad, las reformas neoliberales ampliamente extendidas a partir del mandato del presidente Reagan, tuvieron un impacto negativo para el bienestar de las clases populares, que se vieron en la necesidad de endeudarse para mantener su nivel de vida, origen del enorme endeudamiento de la población estadounidense. El aumento del nivel de renta y riqueza se ha concentrado en un sector muy minoritario de la población, cuyo altísimo nivel de renta no tiene nada que ver ni con mérito ni con la educación.

Una última observación. Nada de lo dicho debería interpretarse como un desmerecimiento que la educación tiene para la eficiencia económica de un país. El mejor ejemplo del valor del sistema educativo dentro de economías eficientes lo muestran la mayoría de países escandinavos, siendo la escuela finlandesa, por ejemplo, un punto de referencia en el mundo educativo. Ahora bien, la función primordial de la educación es formar ciudadanos libres, con capacidad creativa y decisoria en la gobernanza del país. Tal función no se respeta cuando a la educación se la ve primordialmente como un objetivo económico detrás del cual se oculta la reproducción de una sociedad clasista y sexista que dificulta la creatividad en la mayoría de la población.

Vicenç Navarro, 01/03/201

Los rectores acusan al Consell de tener una “agenda oculta”

Comunidad Valenciana:

Los rectores acusan al Consell de tener una “agenda oculta”
Expresan un creciente malestar ante la proliferación de campus privados

Los rectores de las universidades públicas consideran que el Consell tiene una “agenda oculta” y que la proliferación de campus privados responde a un “modelo ideológico claro” vinculado a la Iglesia Católica. El próximo curso, si se cumplen los plazos, en la Comunidad Valenciana habrá seis universidades privadas y cinco públicas. Las dos nuevas son la Universidad Católica San Antonio de Murcia (Ucam) que tendrá un campus en Sant Joan de Alicante, con diez títulos de los que nueve ya se pueden estudiar en Alicante, y la Universidad del Mediterráneo en El Campello. Estos proyectos han abierto un nuevo frente entre los rectores, agobiados por los recortes, la falta de liquidez presupuestaria y las reformas, y la Generalitat.

Manuel Palomar, rector de Alicante y presidente de turno de la Conferencia de Rectores de las Universidades Valencianas (CRUV) exige al presidente Alberto Fabra que desvele “su agenda oculta” y sus planes futuros con las universidades privadas. “Debemos saber qué modelo pretenden implantar y si es laico o no”, afirma Palomar que demanda “transparencia” a la hora de tramitar estas propuestas. Jesús Tadeo Pastor, rector de la Universidad Miguel Hernández de Elche, también muestra su “preocupación” por la falta de organización en la futura oferta de títulos universitarios. “Si no se organiza bien habrá un deterioro de la enseñanza práctica”, advierte el rector que pone como ejemplo el nuevo grado de Medicina en el que los alumnos de la Miguel Hernández hacen prácticas en cuatro hospitales públicos diferentes (Elda, Sant Joan, Alicante y Elche). “Las universidades se pueden duplicar, pero los hospitales no”, recuerda Pastor, que además incide en que de las diez titulaciones que ofertará la Ucam en Sant Juan solo una es nueva (Odontología), el resto se pueden estudiar ya en Alicante o en la Miguel Hernández.

Los rectores de las cinco universidades públicas consideran que ha llegado el momento de debatir y aprobar una Ley de Universidades Valencianas, como tienen en Cataluña o Andalucía, que regule el marco en el que se debe desarrollar la enseñanza superior (modelo, mapa de titulaciones, objetivos, financiación…). Palomar lamenta que detrás de estas dos nuevas iniciativas se esconda una “ideología política y un modelo” que apuesta por la enseñanza privada. El rector de Alicante pide a la Generalitat que la “incertidumbre no sobrevuele” sobre el sistema público universitario e insta al alcalde de Sant Joan, Manuel Aracil, del PP, a “no permitir injerencias y defender el sistema público”, y recuerda que no es obligación de una fundación privada rehabilitar colegios ni institutos públicos, ya que eso es tarea de la Generalitat.

La Ucam en realidad ya está impartiendo docencia en Alicante sin la preceptiva autorización de la Generalitat. Los viernes y sábado se atienden tutorías y se realizan exámenes en el Colegio de Médicos de Alicante. Según explican fuentes de la dirección del Colegio, la actividad es fruto de un convenio de colaboración entre el colegio de Economistas y la Ucam que permite impartir un grado de Derecho online. “Es una actividad docente clandestina que no se debería consentir”, denuncia el rector de Alicante, Manuel Palomar.

Por otro lado, el convenio entre la Ucam y el Ayuntamiento de Sant Joan que se aprobó en el pleno del jueves pasado no hay ni rastro del documento, ni a la oposición se le ha dado copia, ni a los medios de comunicación que lo han solicitado. En la alcaldía remiten al concejal de Urbanismo para cualquier aclaración. El acuerdo, según explicó el alcalde, consiste en que el Ayuntamiento adquiere por 4,5 millones de euros una antigua residencia de tiempo libre a la Consejería de Hacienda y la cede a la Ucam para que pueda impartir clases. A cambio la Universidad Católica se compromete a invertir 4 millones de euros en la rehabilitación de colegios, institutos e instalaciones deportivas.

Las negociaciones entre Ayuntamiento y Universidad Católica han ido cambiado durante los últimos meses. Primero se habló de que el Ayuntamiento cedía una parcela de 50.000 metros cuadrados a la Universidad, y ésta invertía 3 millones en infraestructuras deportivas y educativas. Después se planteó que fueran 4 millones a cambio de 26.000 metros y que la Universidad comprara a la consejería el inmueble para poder iniciar sus clases. Ahora la sorpresa es que el Ayuntamiento adquiere un inmueble para cederlo a la universidad privada a cambio de futuras compensaciones. El alcalde del PP se fía de la Universidad Católica, que generará riqueza y empleo.

El País, 25/02/2013

Albert Corominas: A quién le importa el gobierno de las universidades

Albert Corominas: A quién le importa el gobierno de las universidades
Albert Corominas, Catedrático de la UPC y miembro del Observatorio del Sistema Universitari

El pasado 12 de febrero, los miembros de la llamada Comisión de Expertos entregaron su informe (“Propuestas para la reforma y mejora de la calidad y eficiencia del sistema universitario español”) al ministro Wert, quien los había designado unos meses antes.

Dicho informe ha tenido un eco relativamente escaso en los medios de comunicación, posiblemente a causa del fuerte estruendo de sobres, corrupciones y espionajes. No obstante, contiene diversas recomendaciones que, de llevarse a la práctica, supondrían un vuelco del sistema universitario español.

El elemento central del informe es la propuesta, muy poco argumentada pero muy definida, sobre el gobierno de las universidades. En síntesis, cada universidad sería gobernada por Consejo con entre 21 y 25 miembros, un 50% de los cuales serían elegidos por el Claustro, un 25 % por la comunidad autónoma (no se especifica si por el gobierno o por el parlamento) y el resto por acuerdo entre los dos grupos anteriores. Dado que la comunidad universitaria es un reflejo de la sociedad plural en que se inserta, no es difícil llegar a la conclusión de que la comunidad autónoma tendría asegurada la llave del gobierno de cada universidad, máxime cuando el Consejo elegiría al rector y este designaría secretario general, vicerrectores, decanos y directores de escuela y propondría al Consejo el gerente.

¿Es una propuesta técnica que interesa solo a la comunidad universitaria? ¿Es una sorpresa, un planteamiento inédito que ha resultado del debate entre los miembros de la Comisión? O, por el contrario, ¿es un hito de una campaña mediática persistente orientada a poner las universidades públicas al servicio de los denominados mercados?

De un tiempo a esta parte, el gobierno de las universidades, es objeto de documentos, artículos e intervenciones en medios de comunicación. Mayormente, por parte de representantes de algunos intereses empresariales, los cuales proclaman que la universidad española no funciona, que su principal problema es la gobernanza y que es urgente modificarla, con el fin de implantar un sistema de gobierno jerárquico, cuya máxima autoridad sea nombrada por un órgano no universitario con participación hegemónica empresarial. De tales pretensiones se han hecho eco los representantes políticos de dichos intereses y, así, el gobierno de la Generalitat de Cataluña impulsó, en 2011 y 2012, una comisión con el propósito evidente, aunque no logrado, de dar cobertura, con los lógicos matices (las propuestas procedentes de instancias políticas no suelen coincidir formalmente con las que expresan, ya sin tapujo, las organizaciones empresariales o sus instrumentos) a estos proyectos.

Cabe analizar, y sería interesante hacerlo, los motivos y la pertinencia del uso reiterado del término “gobernanza”, y no “gobierno”, en esta campaña (por cierto, hay que agradecer a la Comisión de Expertos que su informe se refiera al “gobierno” y no a la “gobernanza”). Pero, como más o menos dijo Humpty Dumpty a Alicia, la cuestión no es qué significan las palabras, sino quién manda. Y de esto, simple y llanamente, se trata: de quién ha de mandar en la universidad pública (en las privadas mandan los propietarios pero esto, a pesar de los paupérrimos resultados de la gran mayoría de estas universidades, con muy contadas excepciones, no parece discutirlo nadie).

No se trata, pues, de un debate académico, que interesaría solo a especialistas, sino de una contienda política y social, que concierne a toda la ciudadanía.

Actualmente, en el gobierno de las universidades públicas intervienen la administración pública, autonómica y estatal, los consejos sociales (en los que es hegemónica la cultura empresarial, pese a que, o a causa de que, sus miembros externos a la propia universidad son designados por gobiernos y parlamentos autonómicos, y organizaciones locales, profesionales, patronales y sindicales) y los propios miembros de la universidad. Estos últimos eligen al rector o rectora y a una parte del Consejo de Gobierno (“el órgano de gobierno de la Universidad”, dice la ley), así como otros órganos colegiados que equilibran la indudable preeminencia del rector o rectora en las decisiones internas.

Con este sistema se han obtenido resultados notables (expansión numérica, territorial y social de la enseñanza universitaria; incremento substancial de la cantidad, la calidad y la proyección de la investigación universitaria, que constituye la mayor parte de la que se lleva a cabo en España) pero presenta también inconvenientes relevantes (ineficiencias debidas a una planificación deficiente de centros, títulos y plantillas y a una inadecuada, a veces ambigua, atribución de responsabilidades en lo que respecta a la elaboración de los presupuestos y al control de su ejecución), que requieren las reformas oportunas, lo cual no implica, desde luego, que todas las deficiencias de la universidad deriven de su sistema de gobierno ni que este sea su problema principal.

Pese a ello, lo que se ha venido planteando no es la transformación del sistema actual para mejorarlo, sino, sin diagnóstico y sin argumentación, su revocación y substitución por un sistema jerárquico de corte empresarial.

¿Quién ha intervenido en el debate y con qué objetivos? Algunas organizaciones empresariales y sus supuestos think tanks, con la Fundación Conocimiento y Desarrollo como ariete (el nombre no hace la cosa: se trata del instrumento principal para cuestiones universitarias de un lobby empresarial presidido por Ana P. Botín) y con muchos presidentes de consejos sociales como voceros, reclaman el poder, en las universidades, para los empresarios. Algunos rectores, el poder para los rectores. Esta posición rectoral ha sido jaleada por las organizaciones empresariales interesadas y por sus pregoneros: sentado el principio de que el rector ha de tener amplios poderes, bastará reemplazar el procedimiento para elegirlo por un procedimiento para designarlo. Algunos rectores han visto ahora la jugada y han empezado a clamar (¿demasiado tarde?) que “no es esto, no es esto”.

¿Para qué quieren algunos empresarios mandar en la universidad? Para imponer la orientación de los planes de estudios, mercantilizar la investigación, subir las matrículas y hacer negocio con los préstamos. Se trata de un elemento más, y no el menor, del proceso de privatización de los servicios públicos, pero en este caso, con una singularidad: no se pretende asumir la propiedad del sistema, sino que este siga financiado públicamente o, en todo caso, por las familias, pero gobernado en función de los intereses empresariales. Jugada redonda: poner al servicio de intereses particulares los considerables recursos involucrados en el sistema universitario, ¡y sin invertir un céntimo!

¿Y quién debería mandar, pues, en la universidad? Parece razonable que esto dependa de la naturaleza, muy variada en la universidad, de las decisiones de gobierno. En lo que se refiere a la planificación y la financiación del sistema universitario, las administraciones estatal y autonómica, como responsables de la distribución de los recursos públicos y de la ordenación territorial, y como garantes de la igualdad de oportunidades y del servicio público. En el control del gasto y de la gestión, los órganos fiscalizadores de la administración y unos renovados consejos sociales, realmente comprometidos con la universidad y que representen pluralmente a la sociedad en sus vertientes culturales y económicas. La actividad académica, los contenidos y la forma de la docencia y la investigación y su gestión deben corresponder a la comunidad universitaria, que es la cualificada para estas competencias.

Finalmente, ¿a quién importa todo esto? A quienes estudian y estudiarán en la universidad y a sus familias, a quienes trabajan en ella, al empresariado que desea ser competitivo a medio y largo plazo y no pretende solo maximizar el beneficio inmediato. A toda la sociedad, porque toda ella se beneficia directa o indirectamente de una institución que genera y transmite conocimientos y contribuye así a que el país sea más culto y más productivo.

El Diario, 25/02/2013

LOMCE. Solicitud del dictamen del Consejo de Estado: LOMCE versión 3

LOMCE. Solicitud del dictamen del Consejo de Estado

El Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, ha solicitado el dictamen del Consejo de Estado sobre la versión 3 del anteproyecto de ley orgánica, en el que se han incluido las aportaciones resultado de las reuniones de la Conferencia de Educación del 4 y del 19 de diciembre de 2012, y de la sesión del Consejo Escolar del Estado del 24 de enero de 2013. La tramitación culminará con la aprobación del proyecto de ley por el Consejo de Ministros y su remisión al Congreso de los Diputados para su tramitación parlamentaria.

Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, 19/02/2013

Ramón Zallo: La contrarreforma de Wert

Ramón Zallo: La contrarreforma de Wert
Ramón Zallo es catedrático de la UPV-EHU

Se ha publicado el informe (84 páginas) que una Comisión de Expertos nombrada por el ministro Wert ha elaborado sobre la Reforma del Sistema Universitario Español. Intenta completar el modelo de reforma educativa emprendida por el Gobierno Rajoy para las otras enseñanzas y que ha cristalizado en el denostado proyecto de Ley Orgánica de Mejora de la calidad Educativa (LOMCE), consiguiendo el difícil record de poner a casi todos en su contra.

Hay dos previos que cuestionan ya de origen la propuesta de Reforma Universitaria.

Por una parte, es prematura. Plantearla cuando todavía está inacabada la aplicación del Plan Bolonia por falta de recursos es un castigo inmerecido para las Universidades, cuando no una provocación. Es conocida la inconsciencia del Ministro, así como su empecinamiento, pero es dudoso que el Gobierno Rajoy esté capacitado para convertirla en ley con la que está cayendo. De hecho encargó el informe en tiempos de alegres mayorías absolutas pero, deteriorada la legitimidad de ejercicio en el breve plazo de un año de legislatura, difícilmente está en condiciones de abrir otro frente.

Por otra parte, no hay fondos. Los expertos del Informe creen en las bondades de la globalización universitaria realmente existente en el mundo, sin cuestionar que las universidades de nuestras latitudes no pueden competir con Universidades de excelencia mundial que recogen recursos de todo tipo, pueden apostar casi sin límites por el I+D+i, cuentan con revistas de prestigio, captan el capital humano de mayor nivel, dominan los circuitos de visibilidad de las investigaciones y los círculos de poder del conocimiento…Ciertamente, no hay que resignarse ante esa situación, pero eso significa recursos económicos que no hay ni habrá para la inmensa mayoría de las Universidades públicas del Estado Español.

Querer organizar la “excelencia” sin recursos es un brindis al sol como ya ocurriera con la propia reforma voluntarista de Bolonia. Aunque también deban recabar fondos en el mercado, identificar la “excelencia” con la lógica de la rentabilidad a corto invita a las universidades públicas a comportarse como privadas.

Aspectos positivos pero maleables

El informe tiene algunas cuestiones positivas pero, según sea su aplicación, pueden convertirse en su contrario.

Por ejemplo, la conveniencia de una cierta especialización de las universidades por disciplinas o campos puede convertirse en una pesadilla si las universidades generalistas pasaran a tener dotaciones de puro mantenimiento como universidades de segunda. Las evaluaciones externas o los contratos programas y planes plurianuales traerían estabilidad a las Universidades, pero su idoneidad dependerá del enfoque, en el primer caso, y de las condiciones que impongan los gobiernos autonómicos, en el segundo. Asimismo, es loable la insistencia del informe en las becas y en la igualdad de oportunidades, pero está desligada de una propuesta realista para financiarlas….

Cuestiones muy discutibles

En lugar de un modelo equilibrado de Universidad -de alta formación integral o especializada y de preparación profesional- hay una preocupante propensión del informe a interiorizar solo intereses empresariales. Ello hace temer que la necesaria y razonable racionalización universitaria (hay exceso de campus) pueda convertirse en una privatización encubierta por abducción. El informe orienta en exceso la Universidad a la empleabilidad profesional de la mano de empresas que también pasarían a estar presentes en el máximo órgano directivo público universitario.

Igualmente, propone una doble vía de acceso del profesorado a la función de personal docente e investigador: funcionarial y laboral. Muy de acuerdo. Pero la apuesta por esta fórmula es válida, sólo si ambas figuras se equiparan en exigencias, estabilidad y rango -como ya se ha aplicado en la Universidad del País Vasco- pero de ninguna manera si el personal contratado lo es a dedo y por concursos poco rigurosos, o mediante sueldos precarios y con la intención de ir erosionando la vía de la estabilidad, como cabe deducir del informe.

Asimismo, no se contemplan algunos precios: los Campus de Excelencia Internacional que se proponen es seguro que se construirían a costa de empobrecer al resto y que la conversión de la propuesta en proyecto de ley probablemente también afectaría al nivel competencial de las Comunidades Autónomas, como ya ha ocurrido con la LOMCE.

Propuestas inaceptables.

Si hay temas que dependen de su aplicación y otros de su articulación, hay otros que son simplemente inaceptables, por concepción. La Autonomía Universitaria consagrada por la propia Constitución es zarandeada en la propuesta de estructura institucional. Lo dicen dos de los expertos del Informe que lo han hecho constar en informe aparte.

La razón de ser básica de la universidad es la transmisión, lo que se debería traducir en mimar la calidad de la docencia. Pero si se da valor exclusivo en el curriculum a la necesaria investigación –la otra misión- minaremos ambas. El informe apuesta por no valorar la docencia en las evaluaciones del profesorado, lo que solo invitará al desinterés docente y a la obsesión compulsiva por un curriculum de cantidad más que de calidad. Coherentemente con ello se abusa del rol de los sexenios de investigación como criterio único de excelencia en el curriculum y para formar parte de tribunales de evaluación. Sube tanto el listón de estos últimos que solo unos pocos podrán estar en todos los tribunales imaginables.

Tampoco se entiende que, para la promoción interna, se vuelva al anterior sistema de oposiciones, puesto que se suprimió por ineficiente, dando lugar al mejorable sistema actual.

Pero el mayor problema del informe es la contrarreforma institucional que propone hacia un régimen presidencialista, piramidal y externalizado. Se propone fundir Consejo de Gobierno y Consejo Social en un solo órgano decisorio, un Consejo de la Universidad de pocos miembros, con entrada de un 50% de personas no necesariamente vinculadas a la Universidad, y en el que se le daría vela al Gobierno Autónomo (o quizás a su Parlamento). Aunque se exige que los propuestos sean “personas de prestigio”, “empresarios”… hay todo el riesgo de que se elijan entre afines a los círculos de poder de cada comunidad. Se reduce la representatividad del estudiantado y del Personal de Administración y Servicios a un solo miembro por estamento.

Pero es que además ese órgano elegiría al Rector (eso sí, entre universitarios) y, a su vez, en una locura verticalista, sería este quién elegiría los decanos. Se socavaría así el sistema democrático en cada centro. Una pirámide plutocrática perfecta que haría que una elite o una camarilla se hiciera con las riendas de cada Universidad.

Es sabido que el funcionamiento de la Universidad Pública es bastante democrático aunque ello, a veces, le haga ser lenta en sus decisiones. Los Claustros, bastante representativos, son la base de la que emanan Junta de Gobierno y Rector, hoy, cuando no se le elige directamente por sufragio universal ponderado, como es el caso vasco. La reforma propone que el Claustro pase a ser solo un órgano consultivo, salvo en la elección del 50% para el nuevo Consejo de Universidad. Hoy el Claustro elige a la gran mayoría de los Consejos de Gobierno y respetando los estamentos.

Una reforma debería esperar algunos años y, mientras tanto, hay prioridades: generar transparencia y eliminar endogamias y mandarinatos; dignificar los sueldos del profesorado asociado e interino y estimular al profesorado más joven; salvar presupuestos y mantener dotaciones a la investigación… La contrarreforma propuesta crearía muchos más problemas que los que resuelve y minaría la democracia de la Universidad Pública.

Viento Sur, 23/02/2013

José Carlos Bermejo Barrera: Alguna vez los sabios se rebotan

José Carlos Bermejo Barrera: Alguna vez los sabios se rebotan

Llamó la atención en su momento que el altivo y desmesurado ministro Wert, que tiene la virtud de saber lo que quiere y decir lo que piensa, aunque se hunda el mundo y las encuestas de opinión, decidiese consultar a un grupo de sabios por él designados qué se podría hacer con las universidades, sobre todo si lo que dijesen coincidiera con lo que pensaba. Así lo han hecho los expertos, competentes en sus campos pero no en el derecho, excepto en los casos de Óscar Alzaga y Mariola Urrea, que han formulado un voto particular, advirtiendo del peligro de lo que se propone y de la necesidad de llevar a cabo muy importantes reformas en muchos aspectos del derecho público, entrando en dos campos, como el de la libertad de cátedra y la autonomía universitaria, susceptibles de amparo constitucional. Matices todos estos que, como sugieren los autores del voto particular (pág. 5), sus compañeros no saben o no quieren entender.

Podríamos resumir los resultados del informe en tres apartados: a)- el modelo de gobierno autoritario, b)- la crítica a gravísimos errores en la implantación del proceso de Bolonia, y c)- la confirmación global del sistema paralegal en el que se mueven las universidades, cuyas anomalías los dos juristas sí comprenden. Y llama la atención en el informe la existencia de dos tipos de textos: a)- los que dan oponiones, a veces muy fundadas, de sus miembros, y b)- el texto articulado casi como borrador de un proyecto de ley sobre el gobierno universitario, en el que Wert sí está oyendo lo que ya sabe y quiere que le confirmen.

Denuncia el informe en su apartado 5 que todos los títulos de ingenierías, el de arquitecto y el de derecho se han implantado erróneamente al convertirlos en grados, y propone volver a carreras de 5 o 6 años en esos títulos, como en el caso de medicina, en el que el sentido común y las presiones del Ministerio de Sanidad ya habían conseguido que el nuevo título tuviese nivel de grado y máster y otorgase competencia profesional, lo que tendría que haberse hecho en todos los casos citados. Del mismo modo se propone volver a reducir a 3 años magisterio y todas las antiguas diplomaturas, dejando sólo los anómalos grados de 4 años en algunos títulos. Todo esto quiere decir que el mismo año en que salen nuevos graduados se considera que sus planes de estudio estuvieron mal diseñados y que deben ser reformados inmediatamente. Es decir, se ha cometido un atropello exigiendo el máster de la abogacía a los licenciados en derecho y el máster docente a miles de licenciados que por ley están exentos de él. No es una broma, todo esto es gravísimo y deberían rodar metafóricamente las cabezas de quienes fueron responsables de ello, de quienes diseñaron una plantilla de 69 competencias universales válidas para fabricar cualquier carrera, sin considerar ni su contenido ni el sentido común.

Pero esto es una discreta recomendación. Los sabios, excepto los dos juristas, proponen ya articulado un modelo autoritario de gobierno, con un rector nombrado por la Autonomía y con dos sueldos: el oficial y el que libremente le conceda la autoridad política, ¡con la que está cayendo en este tema! Un rector con poder unipersonal amplísimo que nombra decanos, controla el nuevo órgano de gobierno, la mitad de cuyos miembros ni pertenecen a la universidad, que se queda con un claustro consultivo y puede contratar un cuerpo de profesores indefinidos que convivirán con los funcionarios a la vez que contemplan su extinción. Un rector que busca patrones externos de su universidad, en la que los órganos de gobierno serán tan reducidos (25 miembros o 60 para el claustro) que estudiantes y Pas se quedarán con una representación simbólica, y en la que todos los cargos y la pertenencia a esos órganos estarán condicionados por los sexenios de investigación: un patrón universal de medida del nivel de los profesores concedidos por los evaluadores de un modo a veces poco claro, como indica el propio informe. Esto es lo que Wert, altivo y desmesurado, quiere, pero es lo mismo que Ángel Gabilondo - que antes que ministro fue fraile y que ama a la par a Rilke y a la fundación Universia del Banco de Santander - y su equipo diseñaron en otro informe del 2011 sobre este tema y lo mismo que propusieron en 2010 la Fundación Alternativas y el grupo parlamentario socialista, que además deseaban que todo se llevase a cabo sin la profunda reforma legal que Alzaga y Urrea demandan.

Ahora sólo nos queda esperar que en la pornografía política española que sustituye al debate, que pornografía es porque sólo muestra lo más bajo para excitar las pasiones, el PSOE se convierta en defensor de la libertad intelectual y de la dignidad académica, desaparecida hace años, cuando sus evaluadores consiguieron imponer para todo y para todos las mismas varas de medir, a costa de amendrentar a profesores, Pas y alumnos y conceder a cuentagotas mínimos incentivos salariales, ahora restringidos por la crisis. Mientras tanto Wert, altivo y desmesurado, está dispuesto a meter en cintura y recetar jarabe de palo a las ingobernales, disfuncionales y caóticas universidades públicas, poniéndolas firmes a base de recortes y un autoritarismo académico del que serán protagonistas sus nuevos gobernantes, colaboradores necesarios en el viejo y nuevo sistemas.

Antonio Valdecantos: La burbuja universitaria

Antonio Valdecantos: La burbuja universitaria
La ideología de la excelencia llegó a imponerse con rapidez y el resultado es el desprecio del conocimiento puro y la seducción por el lenguaje empresarial. La reflexión y la crítica seguirán fuera de las facultades
Antonio Valdecantos es catedrático de Filosofía de la Universidad Carlos III de Madrid. Edita el blog El paseante airado.

Muchos pueden celebrar por fin el cumplimiento de un antiguo deseo: la universidad ya no es una anacrónica rareza ni un cuerpo extraño infiltrado en el tejido social, sino lo que toda mente constructiva y acompasada con los tiempos ha querido desde siempre, a saber, un genuino reflejo de la sociedad. Parecía una utopía y se ha vuelto lo más real de este mundo: por fin universidad y sociedad van de la mano y comparten lo fundamental. Es cierto que lo compartido es la ruina, pero siempre será mejor algo que nada y, además, no está escrito que la miseria vaya a tener que lamentarse en toda ocasión: de sobra se sabe que la prosperidad genera molicie y hace olvidar la urgencia de poner al día instituciones manifiestamente inadaptadas.

La quiebra económica de la universidad pública se ha llevado casi todo por delante y adelgazará la institución hasta reducirla a las dimensiones eficaces y funcionales que desde hace tanto tiempo se han preconizado, pero la primera víctima del huracán ha sido ese sonrojante discurso montado en torno al término “excelencia” que, de no haberse desatado el ciclón, seguiría siendo la palabra más empleada por los gestores universitarios y los aspirantes a serlo. Aunque todo esto, como tantas otras cosas, se haya vuelto de la noche a la mañana una antigualla francamente remota, conviene recordar que estamos hablando de ayer mismo. “Excelencia” era, en efecto, el término más repetido por los hablantes de un newspeak que en muchas universidades había llegado a constituir el único lenguaje en uso. Contrariamente a las reglas de empleo de la palabra “excelente” (que sirve para alabar a personas o cosas a las que se admira o a las que se finge admirar), en la neolengua de la burocracia académica “excelencia” se usaba, más bien, como un atributo de la institución a que el hablante pertenecía, o de la que era rector o gestor. En cualquier ambiente saludable, el que alguien se califique a sí mismo de excelente será motivo de censura y hasta de burla, pero el clima universitario español de la última década había llegado a volverse francamente insalubre, y la adulación a las diversas instancias gestoras y evaluadoras exigía hablar su lenguaje como si ya no quedara otro.

La burbuja de la excelencia crecía sin que apenas nadie temiera su estallido. Las nuevas universidades públicas (y, poco a poco, también las menos nuevas) imitaban a las privadas en todo lo imitable y el fin último de la vida universitaria era converger con la empresa, haciendo de la enseñanza superior una actividad económicamente competitiva, orientada a formar los profesionales demandados por el mercado, y a hacerlo con toda la flexibilidad exigida por éste (a veces con un delicado complemento de confitería humanística). Por suerte o por desgracia, los dineros que habrían hecho falta para el desmantelamiento de la universidad pública designado como plan Bolonia no llegaron nunca, pero el plan en cuestión, de haberse llevado a cabo, habría dado de sí algo muy parecido a lo que la llamada crisis se ha encargado de producir por su cuenta. No volverán, parece, los tiempos en que el erario público sostenía a legiones de matemáticos, filólogos, teóricos sociales, físicos o historiadores entregados a sus propias tareas y sin preocupación ninguna por la rentabilidad de sus resultados. Sobrevivirá quien se adapte a la realidad, y punto, como siempre debería haber sido. La universidad tendrá que ser más pequeña y, sobre todo, deberá estar gobernada por representantes del mundo de la empresa, en lo cual, visto lo visto, quizá no vaya a haber muchas diferencias con la situación presente. Mientras tanto, habrá que despedir a unos millares de profesores, si bien tampoco hay que dejarse engañar en este asunto por las lágrimas de cocodrilo que a menudo vemos derramarse: la flexibilidad contractual fue desde muy antiguo todo un ideal de los sectores universitarios más innovadores, incluidos los exquisitamente progresistas. Como en tantas otras cosas, la crisis viene aquí muy bien, aunque convenga en algunos momentos y compañías disimular la satisfacción.

El hecho decisivo se silencia con el mayor pudor: la burguesía española posee un desinterés congénito por todo lo que sean estudios sin aprovechamiento económico o ideológico contante y sonante. Esto, que es antiquísimo, no ha variado en los últimos tiempos y no amenaza con volverse del revés. Lo único nuevo que ocurrió a partir de cierto momento fue que a los empresarios se les dio toda clase de facilidades para montar pequeños negocios (o no tan pequeños) en la universidad, a medias con profesores dinámicos, ávidos de ingresos extra. Creer que el capital privado puede sostener la universidad española se funda, en el mejor de los casos, en una ignorancia completa de lo que aquí es el capital privado y de lo que en cualquier sitio debe ser la universidad. Pero la ignorancia no es ningún estorbo para el éxito ideológico, y entre nosotros la ideología de la excelencia llegó a imponerse con rapidez como un signo ineluctable de los tiempos.

Semejante cuerpo de doctrina no habría triunfado, por cierto, sin la decisiva aportación de ese inconfundible atavismo modernizante (tan rancio como castizo) típico del patriciado intelectual del país. Ya se sabe que un poco de progresismo contestatario en la juventud es la mejor formación para el mandarín tecnócrata, feliz por haber comprendido con los años que debajo del asfalto no estaba la playa, sino el parque empresarial. Reclamar que la Universidad sea socialmente rentable es el primer paso para desprenderse del adverbio de modo y conservar el resto de la frase, una tarea que en los últimos años se ha ejecutado con toda diligencia. La burbuja de la universidad excelente ha estallado por fin, y lo que queda son los vicios que crecieron en la época del autoengaño: el desprecio del conocimiento puro y desinteresado, el amaneramiento de las ideas, la compulsión viajera y grafómana, la seducción por el lenguaje empresarial y la sumisión a la burocracia, aunque todo eso sin dinero y ya sin muchas ganas, a semejanza de quien ni siquiera llegó a nuevo rico y se quedó a medio camino, obligado a combinar grotescamente la poca ropa ostentosa que le dio tiempo a comprarse con la de su viejo armario menestral, ya raída del todo.

Es natural que, en tiempos de tribulación, las buenas gentes se pregunten “qué opinan los intelectuales”, “cuál es el parecer del mundo de la cultura” o cosas por el estilo, y debería llamar la atención (de hecho, no la llama en absoluto) que nadie se preocupe por saber, como antes ocurría tópicamente, “qué piensa la universidad”. Ha de reconocerse que tal desinterés social está más que justificado. Porque, en el ámbito del pensamiento y de las ciencias humanas y sociales, la burbuja universitaria fue, antes que nada, una formidable hinchazón de inanidad intelectual. Cualquier ocupación que no fuese cultivar la ortodoxia académica vigente en cada disciplina y entregarse a la escolástica (por lo común estadounidense) que en cada redil imperase era del todo ineficaz para hacer méritos en la universidad de la burbuja. Lo milagroso ha sido la pugnaz resistencia de muchos universitarios cuya conducta no formaba parte del guion y que, si sobreviven al huracán, lo harán de manera casi heroica. El futuro intelectual de la universidad no está en manos de quienes la gestionaron en los buenos tiempos, sino de quienes se esforzaron entonces en nadar a contracorriente. La burbuja de la universidad de la excelencia no dejará tras de sí ninguna huella intelectual memorable. Pero queda por ver si el malestar por su infatuación produce los frutos de lucidez que las circunstancias presentes reclaman. De lo contrario se repetirá lo que en tantas épocas ha ocurrido: que el pensamiento, la crítica y la reflexión serán fenómenos inequívocamente extrauniversitarios.

El País, 16/03/2013

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