Democracia

Cuestións sobre a democracia

Bihr, Alain: Crisis en Europa. ¿Sin novedad en el frente?

Bihr, Alain: Crisis en Europa. ¿Sin novedad en el frente?
Bihr, Alain. Profesor de Sociología, Universidad de Franche-Comté, profesor de filosofía en Estrasburgo, Francia. Es doctor en sociología y autor de diversas obras como:
La farce tranquille, Spartacus, 1960. Entre bourgueoisie et prolétariat, L' Harmatta,1989. También es colaborador de Le Monde Diplomatique y de varias otras publicaciones francesas.
, julio de 2012

Hace ya tres años que venimos explicando por qué se tendió la trampa de la austeridad neoliberal y cómo esta estaba estrangulando progresivamente, aunque de modo desigual, a todas las naciones europeas, sobre todo a las clases populares. Aplicadas obstinadamente desde hace más de tres décadas por los gobiernos de cualquier color político, las políticas neoliberales combinaban un alto nivel de desempleo crónico con el desarrollo de puestos de trabajo precarios, la austeridad salarial (aumentos de salarios nominales inferiores a las mejoras de la productividad) y el desmantelamiento progresivo de los mecanismos de protección social, con la consiguiente agravación generalizada de las desigualdades sociales de todo tipo, el alza vertiginosa de las rentas altas y la ampliación de las grandes fortunas. Paralelamente, se produjo una extensión de la pobreza y la miseria al amparo de una internacionalización cada vez mayor de la circulación de capitales en todas sus formas (la llamada “globalización”), que se ha traducido sobre todo en una agudización de la competencia entre los trabajadores de todo el mundo.

Este proceso se vio salpicado por periódicas crisis financieras, la última de las cuales ­­–la de las llamadas subprime– alcanzaría dimensiones históricas (solo comparables a la de 1929-1932), llevando a los Estados afectados a intervenir masivamente para salvar el sistema financiero y evitar que la crisis financiera degenerara en una depresión económica general. El salvamento del crédito privado provocó finalmente una crisis crónica del crédito público: el fuerte aumento de los déficits presupuestarios y de las deudas de los Estados harán que la financiación de estos últimos resulte cada vez más problemática.

Está claro que la prosecución de las políticas de austeridad anteriores, ahora reforzadas por la necesidad de hacer frente a la degradación de las finanzas públicas a golpe de recortes del gasto y de aumento de los ingresos, sobre todo a través del aumento de los impuestos indirectos, no ha hecho más que agravar la situación, conteniendo o incluso reduciendo el poder adquisitivo de la mayoría de la población. De este modo, la economía de la Unión Europea se ha instalado en un régimen de exiguo crecimiento, por no decir de estancamiento, entrecortado por fases de recesión, lo que ha provocado inevitablemente el aumento de los déficit presupuestarios y, por consiguiente, de la deuda pública, justo lo que la austeridad pretendía evitar.

Intermon Oxfam: Crisis, desigualdad y pobreza

Intermon Oxfam: Crisis, desigualdad y pobreza

Un informe de Intermón Oxfam analiza los efectos de las medidas de ajuste, ya aplicadas en América Latina y el Este Asiático en los años 80 y 90, y su potencial repercusión sobre los niveles de desigualdad y pobreza en España

Hans Magnus Enzensberger: El expolio de Europa

Hans Magnus EnzensbergerHans Magnus Enzensberger: El expolio de Europa
A fuerza de rescates y de tratados de urgencia negociados a puerta cerrada, a los ciudadanos de la UE se les va despojando poco a poco del control sobre sus instituciones, denuncia el escritor alemán Hans Magnus Enzensberger

¿Crisis? ¿Qué crisis? Los cafés, las terrazas, los restaurantes no se quedan vacíos, los turistas se atropellan en los aeropuertos alemanes, se nos habla de récords de exportaciones, de que el paro disminuye. La gente bosteza ante la “cumbre” política de cada semana y las oscuras disputas de los expertos. Todo esto parece desarrollarse en una retórica vacía llena de discursos oficiales ininteligibles que no tienen nada que ver con la llamada vida real.

Es manifiesto que nadie o casi nadie se percata de que desde hace cierto tiempo los países europeos ya no están gobernados por instituciones que cuenten con una legitimidad democrática, sino por una ristra de siglas que han ocupado su lugar. Ahora mandan el MEDE, el FEEF, el BCE, la ABE y el FMI. Hace falta ser un experto para saber a qué corresponden esos acrónimos.

Por otra parte, solo los iniciados llegan a comprender quién hace qué y cómo en el seno de la Comisión Europea y del Eurogrupo. Todos esos organismos tienen en común que no figuran en ninguna constitución del mundo y que no asocian a los electores a su toma de decisiones.

Una indeferencia que produce escalofrío

La indiferencia con que los habitantes de nuestro pequeño continente aceptan que se les despoje de su poder político produce escalofríos. Quizá se deba a que se trata de una novedad histórica. A diferencia de las revoluciones, los golpes de Estado y los alzamientos militares, que no escasean en la historia de Europa, esta desposesión se está llevando a cabo sin ruido y sin violencia. Todo ocurre pacíficamente, en un reservado.

Ya no asombra a nadie que no se respeten los tratados. De las reglas existentes, como el principio de subsidiariedad establecido por el Tratado de Roma o la cláusula que prohíbe los rescates financieros en el de Maastricht, se hace caso omiso cuando hace falta. El principio pacta sunt servanda [hay que respetar lo pactado] se convierte en un eslogan carente de significado, obra de algún jurista puntilloso de la Antigüedad.

La abolición del Estado de derecho queda meridianamente clara en el tratado fundacional del MEDE (el Mecanismo Europeo de Estabilidad). Las decisiones de los pesos pesados de esta “sociedad de rescates” tienen validez inmediata en el derecho internacional y no están sujetas al consentimiento de los parlamentos. Se les llama “gobernadores”, como era habitual en los antiguos regímenes coloniales, y, como en estos, no tienen que rendir cuentas ante la opinión pública. Muy al contrario: se les concede expresamente la categoría de secreto. Recuerda a la omertà, que forma parte del código de honor de la mafia. Nuestros “padrinos” están exentos de todo control judicial o legal. Y gozan de un privilegio que no posee ni el jefe de la Camorra [la mafia napolitana]: la inmunidad penal absoluta (según los artículos 32 a 35 del tratado fundacional del MEDE).

Un eslogan inepto

El espolio político de los ciudadanos alcanzaba así un ápice provisional. Empezó mucho antes, cuando se introdujo el euro, incluso antes. Esta moneda es el fruto de maquinaciones políticas que no han tenido en cuenta en absoluto las condiciones económicas necesarias para poner en marcha semejante proyecto.

Bien lejos de reconocer y corregir las malformaciones congénitas de su creación, el “régimen de los rescatadores” insiste en la necesidad de seguir a toda costa la hoja de ruta establecida. Proclamar sin cesar que no tenemos “otra salida” viene a ser negar el peligro de explosión inducido por el aumento de las disparidades entre los Estados miembros. Hace ya años que las consecuencias se dibujan en el horizonte: división en vez de integración, resentimiento, animosidad y reproches en vez de concertación. “Si el euro se hunde, Europa se hunde”. Este eslogan inepto trata de movilizar a un continente de quinientos millones de habitantes en la empresa azarosa de una clase política aislada, como si 2000 años no fuesen nada comparados con una moneda inventada hace muy poco.

La “crisis del euro” prueba que esto no acabará con el expolio político de los ciudadanos. Su lógica quiere que conduzca a su pareja, el espolio económico. Hay que estar donde los costes económicos se hacen manifiestos para comprender lo que significa. La gente baja a la calle en Madrid o Atenas porque no le queda, literalmente, otro remedio. Y no dejará de ocurrir también en otras partes.

Poco importa de qué metáforas se adorne la clase política, poco importa que bautice a sus nuevas criaturas MEDE, bazuca, Gran Berta, eurobono, unión bancaria, mutualización de la deuda: los pueblos saldrán de su letargo político a más tardar cuando tengan que meterles mano a sus bolsillos. Presienten que, tarde o temprano, tendrán que pagar los destrozos causados por los rescatadores del euro.

Humillación del principio de subsidiariedad

No se vislumbra en el horizonte ninguna solución simple para salir de este derrotero. Se ha cortado el paso a todas las opciones prudentes que hasta ahora se han propuesto. A la idea de una Europa a varias velocidades se la ha perdido ya de vista. Las cláusulas de salida sugeridas con la boca pequeña jamás han encontrado un lugar en los tratados. La política europea, sobre todo, ha humillado el principio de subsidiariedad, una idea demasiado convincente para tomársela en serio. Esa palabra bárbara significa, ni más ni menos, que, de la escala municipal a la regional, del Estado-nación a las instituciones europeas, siempre debe ser la instancia más cercana a los ciudadanos la que mande dentro de su marco de competencias, y los niveles superiores no deben herederar más competencias reglamentarias que las que no se puedan ejecutar en otros niveles. No es más que un propósito piadoso: la historia de la Unión es la prueba.

El horizonte estaría, pues, cerrado. Período propicio para las casandras, que no solo profetizan el hundimiento del sistema bancario y la bancarrota de los Estados cargados de deudas, sino también, al mismo tiempo, si es posible, ¡el fin del mundo! Pero, como suele ocurrir con los agoreros, estos adivinos se frotan las manos demasiado deprisa. Pues los 500 millones de europeos no capitularán sin haber opuesto resistencia.

Este continente ya ha fomentado, atravesado y superado conflictos muy diferentes, y más sangrientos que la crisis actual. Salir del callejón sin salida donde nos han arrinconado los apóstoles de que se nos ponga bajo tutela tendrá un coste y no se logrará sin conflictos y sin dolorosos recortes. El pánico, en una situación como esta, es el peor de los consejeros, y quienes predicen que Europa va a entonar su canto del cisne ignoran las fuerzas que tiene. Antonio Gramsci nos ha dejado esta máxima: “Al pesimismo de la inteligencia tiene que acompañarle el optimismo de la voluntad”.

presseurop, 12/10/12

José Carlos Bermejo Barrera: La consagración de la mentira. Entre la realidad y el silencio

José Carlos Bermejo Barrera: La consagración de la mentira. Entre la realidad y el silencio
Editorial Siglo XXI de España Editores
Año: 2012
ISBN: 978-84-323-1633-3
Precio: 14 €

La consagración de la mentira

En estos últimos años el mundo económico y político, la vida social y las relaciones internacionales han sufrido una mutación radical. Y es que, paradójicamente, gracias a la omnipotencia de los medios de comunicación audiovisuales y digitales, con su capacidad de generación masiva de información, se ha logrado no sólo desorientar y confundir a la opinión pública, sino también engañarla notoriamente. La mentira intencionada, diseñada y propagada por quienes controlan el poder político y económico mundial ha conseguido ahogar cualquier atisbo de realidad.

Este es un libro sobre la institucionalización de la mentira en la economía, la política, el conocimiento y la educación, sobre el deterioro de las formas de convivencia y sobre el ocultamiento de la realidad social, corporal y física. este es un libro sobre la crisis del discurso político, sobre la degradación intencionada del conocimiento y la educación. Este es un libro sobre la complicidad de los políticos, los intelectuales y los profesores, sobre su capacidad de fingir, de simular y de mentir. Pero también es un libro sobre el futuro y sobre la esperanza, encarnadas en las figuras de dos niñas protagonistas de unos cuentos en los que fijan su mirada ingenua sobre el mundo, la historia y el discurso de la educación. Y es, quizás, a partir de esa mirada donde pueden surgir unos nuevos discursos emancipadores.

Ignacio Ramonet: Otoño caliente

Ignacio Ramonet: Otoño caliente

Como si las vacaciones de verano fuesen un manto de olvido que disipase la brutalidad de la crisis, los medios de comunicación han tratado de distraernos con dosis masivas de embrutecimiento colectivo: Eurocopa de fútbol, Juegos Olímpicos, aventuras estivales de ‘famosos’, etc. Desean hacernos olvidar que una nueva andanada de recortes se avecina y que el segundo rescate de España será socialmente más lastimoso… Pero no lo han conseguido. Entre otras razones, porque los audaces aldabonazos de Juan Manuel Sánchez Gordillo y el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) han roto el conjuro y mantenido la alerta social. El otoño será caliente.

En una conversación pública mantenida en agosto pasado (1) con el filósofo Zygmunt Bauman coincidíamos en la necesidad de romper con el pesimismo imperante en nuestra sociedad desengañada del modo tradicional de hacer política. Debemos dejar de ser sujetos individuales y aislados, y convertirnos en agentes del cambio, en activistas sociales interconectados. “Tenemos el deber de tomar el control de nuestras propias vidas –afirmó Bauman–. Vivimos un momento de grave incertidumbre donde el ciudadano no sabe realmente quién está al mando, y esto hace que perdamos la confianza en los políticos y en las instituciones tradicionales. El efecto en la población es una situación constante de miedo, de inseguridad…?Los políticos sugestionan a los ciudadanos para que siempre tengan miedo, y así poder controlarlos, constreñir sus derechos y limitar las libertades individuales. Estamos en un momento muy peligroso, porque las consecuencias de todo esto afectan nuestra vida diaria: nos repiten que debemos tener seguridad en el trabajo, mantenerlo a pesar de las duras condiciones de empleo y de precariedad, porque así obtendremos dinero para poder gastar... El miedo es una forma de control social muy poderosa”.

Si el ciudadano ya no sabe quién está al mando es porque se ha producido una bifurcación entre poder y política. Hasta hace poco, política y poder se confundían. En una democracia, el candidato (o la candidata) que, por la vía política, conquistaba electoralmente el poder Ejecutivo, era el único que podía ejercerlo (o delegarlo) con toda legitimidad. Hoy, en la Europa neoliberal, ya no es así. El éxito electoral de un Presidente no le garantiza el ejercicio del poder real. Porque, por encima del mandatario político, se hallan (además de Berlín y Angela Merkel) dos supremos poderes no electos que aquél no controla y que le dictan su conducta: la tecnocracia europea y los mercados financieros.

Estas dos instancias imponen su agenda. Los eurócratas exigen obediencia ciega a los tratados y mecanismos europeos que son, genéticamente, neoliberales. Por su parte, los mercados sancionan cualquier indisciplina que se desvíe de la ortodoxia ultraliberal. De tal modo que, prisionero del cauce de esas dos rígidas riberas, el río de la política avanza obligatoriamente en dirección única sin apenas margen de maniobra. O sea: sin poder.

“Las instituciones políticas tradicionales son cada vez menos creíbles –dijo Zygmunt Bauman– porque no ayudan a solucionar los problemas en los que los ciudadanos se han visto envueltos de repente. Se ha producido un colapso entre las democracias (lo que la gente ha votado), y los dictados impuestos por los mercados, que engullen los derechos sociales de las personas, sus derechos fundamentales”.

Estamos asistiendo a la gran batalla del Mercado contra el Estado. Hemos llegado a un punto en que el Mercado, en su ambición totalitaria, quiere controlarlo todo: la economía, la política, la cultura, la sociedad, los individuos… Y ahora, asociado a los medios de comunicación de masas que funcionan como su aparato ideológico, el Mercado desea también desmantelar el edificio de los avances sociales, eso que llamamos: “Estado de bienestar”. 

Está en juego algo fundamental: la igualdad de oportunidades. Por ejemplo, se está privatizando (o sea: transfiriendo al mercado) de forma silenciosa la educación. Con los recortes, se va a crear una educación pública de bajo nivel en el que las condiciones de trabajo estructuralmente van a ser difíciles, tanto para los profesores como para los alumnos. La enseñanza pública va a ­tener cada vez más dificultades para favorecer la emegencia de jóvenes de origen humilde. En cambio, para las familias acomodadas, la enseñanza privada va a conocer seguramente un auge mayor. Se van a crear de nuevo unas categorías sociales privilegiadas que accederán a los puestos de mando del país. Y otras, de segunda categoría, que sólo tendrán acceso a los puestos de obediencia. Es intolerable.

En ese sentido, la crisis probablemente actúa como el shock, del que habla la socióloga Naomi Klein en su libro La Doctrina del shock (2): se utiliza el desastre económico para permitir que la agenda del neoliberalismo se realice. Se han creado mecanismos para tener vigiladas y bajo control a las democracias nacionales, para poder aplicar (como está pasando en España y pasó antes en Irlanda, Portugal o Grecia) feroces programas de ajuste vigilados por una ­nueva autoridad: la troika que ­forman el Fondo Monetario Internacional, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo; unas instituciones no democráticas cuyos miembros no son elegidos por el pueblo. Instituciones que no representan a los ciudadanos. 

Y sin embargo, esas instituciones –con el apoyo de unos medios de comunicación de masas que obedecen a los intereses de grupos de presión económicos, financieros e industriales– son las encargadas de crear las herramientas de control que reducen la democracia a un teatro de sombras y de apariencias. Con la complicidad complaciente de los grandes partidos de gobierno. ¿Qué diferencia hay entre la ­política de recortes de Rodríguez Zapatero y la de Mariano Rajoy? Muy poca. Ambos se han ­inclinado servilmente ante los especuladores financieros y han obedecido ciegamente a las consignas eurocráticas. Ambos han liquidado la soberanía nacional. Ninguno de los dos tomó decisión política alguna para ponerle freno a la irracionalidad de los mercados. Ambos consideraron que, ante los dictados de Berlín y el ataque de los especuladores, la única solución consiste –a semblanza de un rito antiguo y cruel– en sacrificar a la población como si el tormento inflingido a las sociedades pudiera calmar la codicia de los mercados.

En semejante contexto, ¿tienen los ciudadanos la posibilidad de reconstruir la política y de regenerar la democracia? Sin duda. La protesta social no cesa de amplificarse. Y los movimientos sociales reivindicativos se van a multiplicar. Por ahora, la sociedad española aún cree que esta crisis es un accidente y que las cosas volverán pronto a ser como eran. Es un espejismo. Cuando tome conciencia de que eso no ocurrirá y de que estos ajustes no son “de crisis” sino que son estructurales, que ­vienen para quedarse definitivamente, entonces la protesta social alcanzará probablemente un nivel importante. 

¿Qué exigirán los protestatarios? Nuestro amigo Zygmunt Bauman lo tiene claro: “Debemos construir un nuevo sistema político que permita un nuevo modelo de vida y una nueva y verdadera democracia del pueblo”. ¿A qué esperamos?

(1) En el marco del Foro Social organizado en el seno del Festival Rototom Sunsplash en Benicàssim (Castellón) del 16 al 23 de agosto de 2012. www.rototomsunsplash.com/es

(2) Naomi Klein, La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre, Paidós, Barcelona, 2007.

Le Monde Diplomatique, Nº 203   Septiembre  2012

Francisco J. Bastida: Recortes y descrédito de la Constitución

Francisco J. Bastida: Recortes y descrédito de la Constitución
Francisco J. Bastida, catedrático de Derecho constitucional

Tantos recortes acaban por poner en entredicho el sistema democrático y la propia Constitución. Crece el descrédito de la política, arrodillada a los pies de la economía especulativa, crece el descrédito de la clase política, distanciada de la sociedad y enrocada en sus engaños, corrupciones y privilegios, y crece también el descrédito de la Constitución, el de las instituciones por ella reguladas y el de sus principios rectores de la política social y económica.

Se ha dicho que estamos de facto en un estado de excepción parlamentario, porque el Gobierno prescinde del parlamento y gobierna por decreto-ley. En realidad estamos ante algo más grave aún, un cambio de modelo constitucional por la puerta de atrás. Parece que solo hay un precepto que cumplir, el nuevo art. 135, introducido con nocturnidad y alevosía por PSOE y PP, que impone la estabilidad presupuestaria y da prioridad absoluta al pago de la deuda pública. El resto de la Constitución se pone a la cola.

Es cierto que la propia Constitución no da un mismo tratamiento a todos los derechos. Los llamados "fundamentales" (derecho a la vida, a la intimidad, a la libertad personal, etc.) tienen una eficacia directa, mientras los derechos "sociales" (derecho a la protección de la salud, a una vivienda digna, protección de los discapacitados, de los mayores, etc.) se articulan como meros principios rectores de la política social y económica. Pero los principios no son papel mojado; se enmarcan en el Estado social de derecho y son mandatos que la Constitución impone a los poderes públicos para que los cumplan en la mayor medida posible. Una cosa es el grado de cumplimiento y otra una política que los margine y desprecie.

La Constitución dispone la preferencia del pago de la deuda pública y la exigencia de un equilibrio presupuestario, pero nada dice sobre cómo hacerlo. Lo que sí establece es cómo no hacerlo y para ello señala unas líneas rojas que no deben rebasar los poderes públicos. Esas líneas están trazadas en aquellos principios rectores de la política social y económica, en los principios que han de informar el sistema tributario y en la obligación general de los poderes públicos de remover los obstáculos para que la igualdad sea real y efectiva (Art. 9.2).

Sin duda es difícil sentenciar cuándo se pisan tales líneas, porque su contenido es gaseoso y por ello es problemático que un tribunal constitucional decida sancionar como inconstitucionales medidas que afectan a esta nebulosa de principios, pero gaseoso no significa inexistente.

Para obviar esta parte de la Constitución el Gobierno afirma que sus medidas no son ideológicas y no obedecen a una determinada opción política; que son las necesarias e inevitables en el momento actual. Incluso exhibe Rajoy como prueba que siendo él de derechas ha tenido que nacionalizar un banco. (La verdad es que cada vez es más difícil saber si quien gobierna es Rajoy o Ruiz Mateos, visto el pago piramidal de los intereses de la deuda con más deuda y la simpleza mental para explicarlo). Sin embargo, son ideológicas: una mezcla de neoliberalismo que abomina de lo público, salvo para sanear lo privado, y de centralismo que intenta con cada decreto-ley incapacitar a las comunidades autónomas, imputándoles el origen del déficit. Una manifestación de esa carga ideológica es el efusivo aplauso de los diputados del PP a los recortes del Gobierno en políticas de ayuda a la dependencia o al desempleo. La diputada Fabra llegó a gritar "¡que se jodan!".

Pero además de ideológicas, las medidas pisan esas rayas rojas de la inconstitucionalidad; de manera clara en el terreno competencial de las comunidades autónomas y de manera más difusa, pero perceptible, en el campo de los principios rectores de la política impositiva, social, económica. Hay otras vías para recaudar y hay otras materias donde recortar. El Gobierno transita por una dirección contraria a la establecida en la Constitución cuando, para poder insuflar más dinero a los bancos a través del endeudamiento público, opta de manera sistemática por una fiscalidad que deja a salvo a las grandes fortunas e incluso amnistía a los grandes defraudadores, cuando los recortes pierden todo sentido de equidad y caen del lado de los grupos más vulnerables de la sociedad (parados, personas dependientes, pensionistas, inmigrantes, etc.) o cuando decide privar de la paga extra a los funcionarios con un claro sentido confiscatorio (lo de diferir su pago a un plan de pensiones suena a supresión de futuras pagas extra, no sólo la de navidad, para endilgar a los funcionarios una especie "participaciones preferentes", de ilusorio cobro). Dicho con trazo grueso, el resultado político es un Gobierno que actúa como un Robin Hood en negativo, le mete mano a los pobres y a la clase media en beneficio de los ricos. El resultado jurídico es que los recortes alcanzan también a la Constitución. La pregunta está en cuánto se puede seguir metiendo la tijera al Estado social de derecho sin que el Tribunal Constitucional certifique que se han rebasado las líneas rojas de nuestra norma fundamental.

En todo caso, más allá de disputas jurídicas, los ciudadanos son los que pueden y deben mostrar al Gobierno las líneas rojas de su actuación. Para ello no habrá que esperar a las próximas elecciones, solo a que explote el cabreo social, aunque al parecer apenas existe, según el nuevo patrón de medida utilizado por Esperanza Aguirre, el estadio Santiago Bernabeu.

Faro de Vigo, 15/07/12

Manuel Castells: Intervención

Manuel Castells: Intervención
Al Gobierno actual se le votó con un programa totalmente distinto; o sea, nuevas elecciones

Ya es oficial: la economía española ha sido intervenida bajo la tutela de la Comisión Europea, el BCE y el FMI. Y aunque los eufemismos terminológicos de un gobierno falaz intenten suavizar la imagen, las 32 condiciones del memorándum aceptado por el Gobierno a cambio del rescate financiero no dejan lugar a duda. Era necesario. Buena parte del sistema financiero está quebrado o en peligro, exceptuando por ahora Caixa Bank, Santander y BBVA. Incluso en estos hay activos inmobiliarios hoy fuera de mercado. Es necesario un "banco malo", una entidad gestora de activos devaluados que sólo pueden reflotarse a largo plazo. Entidad financiada con fondos externos para no agravar la situación de los bancos o del FROB cuyos recursos son insuficientes para enfrentarse a la insolvencia potencial del sistema. Como todo esto lleva tiempo (ni siquiera existe aún el MEDE , futuro gestor de los fondos europeos de estabilización) y la situación es insostenible, se inyectarán 30.000 millones de inmediato en el sistema bancario para evitar el colapso de las cajas nacionalizadas y el pánico que podría cundir cuando la gente sepa que el Fondo de Garantías de Depósitos apenas cuenta ya con recursos para cubrir los depósitos en caso de quiebra generalizada. A cambio de este rescate, Europa impone una política macroeconómica y presupuestaria de extrema austeridad. Y retira el control del Banco de España al Gobierno, con lo que nuestro banco central se convierte en el gestor de la supervisión europea de nuestro sistema financiero. Esa es la consecuencia de la gestión irresponsable y prepotente de Fernández Ordóñez, que ninguneó en su momento las airadas objeciones de los competentes inspectores del Banco de España. Si se imputa a Rato, con razón, con mucha más razón debería imputarse a quien le permitió a él y a otros muchos prácticas presuntamente fraudulentas que eran comentadas entre expertos europeos y denegadas tozudamente por el exgobernador y sus jefes ( ¿recuerda la proclama de Zapatero en Nueva York vanagloriándose de que los bancos españoles estaban entre los más solventes del mundo?)

Mentiras, incompetencia, arrogancia y, a veces, estafa han caracterizado una gestión privada y una supervisión pública que han llevado a la bancarrota. Nada de crisis estructural del capitalismo (que también la hay, pero por otras vías), sino falta de transparencia en el sistema financiero y déficit democrático en la política. Por eso no es necesariamente negativa la intervención. Parecen más fiables los interventores que los intervenidos desde el punto de vista profesional y de responsabilidad. El problema de una intervención externa en términos tecnocráticos es que ni conoce ni le interesa la realidad del país, desequilibra el Estado autonómico y desestabiliza la sociedad. Por eso la crisis no se contiene, al contrario, ahora empieza en serio.

¿Por qué los mercados siguen incrementando la prima de riesgo y el interés de la deuda pública situándolos a niveles insostenibles ¿Por qué la bolsa sigue cayendo? ¿Por qué el euro se devalúa frente al dólar a pesar de la debilidad de la economía estadounidense?

Porque los inversores saben que sin crecimiento no se podrá pagar la deuda pública y privada española o italiana o de tantos otros países y que, por tanto, en algún momento habrá que aceptar una quita masiva de la deuda en la que bancos y gobiernos se destrozarán para saber quién paga. Y como el gasto público es lo único que puede reactivar a corto plazo la economía, dando tiempo a los factores creadores de futuro (emprendiduría , innovación y exportación) para inducir la salida de la crisis, por ahora la contracción de la demanda en la eurozona reduce drásticamente el negocio, desvía la inversión hacia otras latitudes y hace dudar de la recuperación económica.

El escepticismo de los mercados refleja la desconfianza con respecto a las instituciones políticas, europeas y nacionales, carentes de una estrategia común, opacas entre ellas y alejadas de sus ciudadanos. Estamos en un mundo en que nadie confía en nadie, ni los bancos entre ellos, ni las empresas en los gobiernos, ni los gobiernos entre ellos, y mucho menos los ciudadanos en sus representantes y los clientes en sus bancos. Se ha destruido la confianza, que es la base de un mercado dinámico y de una democracia estable. Es el sálvese quien pueda. Y por eso cuando se piden sacrificios suena a manipulación cínica. ¿Cómo viven los políticos y cómo viven los financieros en este momento mientras se piden sacrificios al pueblo? ¿En función de que se acepta el sacrificio, sobre todo cuando cualquier propuesta alternativa se acalla con rodillo parlamentario y cualquier protesta de disuelve a porrazos?

La inestabilidad institucional, social y política en la que desemboca necesariamente la intervención económica sin correctivos sociales no permite pensar en una estrategia de largo plazo para reconstruir la economía sobre bases socialmente sostenibles. La supervivencia día a día se va agotando mientras las familias se comen sus ahorros, los bancos retienen sus créditos y los políticos, casi todos compinchados, se apropian un poder que se suponía delegado y cierran puertas a la ciudadanía.

Aún hay algo más. Hay indicios de una gigantesca especulación de enormes masas de capital apostando contra el euro y preparándose a comprar a precio de saldo empresas, bienes raíces, instituciones financieras y hasta países enteros aprovechando la devaluación masiva que supondría la desintegración del euro. Resistir a esta megaespeculación global sí es una razón concreta para defender el euro; no los cuentos de terror para hacer tragar a la gente la destrucción de servicios esenciales en su vida. Esa resistencia pasa por un saneamiento integral del sistema financiero, incluyendo nacionalizaciones, liquidaciones y sanciones a los responsables. Y por una relegitimación del sistema político porque al Gobierno actual se le votó con un programa totalmente distinto. O sea nuevas elecciones. Si no se abren compuertas a la sociedad en una política renovada, hay riesgo de que la crisis financiera se convierta en crisis social de amenazantes perfiles.

La Vanguardia, 14/07/12

Juan José Millás: Los ricos y los defraudadores, primero

Juan José Millás: Los ricos y los defraudadores, primero

Si lo hemos entendido bien, la democracia ha sido suspendida hasta nueva orden. Usted puede votar a quien quiera, pero, gane quien gane, el presidente del Gobierno español, lejos de obedecer a sus ciudadanos para los que supuestamente trabaja y de los que evidentemente cobra, se cuadrará ante Alemania, ante Bruselas, ante los mercados o ante cualquiera otra de las abstracciones con las que venimos denominando a los golpistas que han usurpado la soberanía del poder popular. Si lo hemos entendido bien, el candidato a las elecciones generales, una vez en Moncloa, podrá incumplir punto por punto el programa electoral presentado a los contribuyentes sin sentirse obligado por ello a dimitir, a convocar elecciones o a pedir perdón. Bastará con que diga que es un mandado, como hizo Rajoy el miércoles en el Parlamento. Lo de "soy un mandado" cuadra muy bien con nuestra idiosincrasia, signifique lo que signifique idiosincrasia. Habíamos sido un país de mandados hasta ayer y ahora volvemos a donde solíamos por pura nostalgia de las cadenas. Si lo hemos entendido bien, en el futuro, el programa electoral se limitará, para salvar las apariencias, a una declaración de buenas intenciones con las que al día siguiente de la contienda electoral nos limpiaremos el culo en una suerte de aquelarre colectivo que funcionará a modo de catarsis, signifique lo que signifique catarsis. Si lo hemos entendido bien, Rajoy ha devenido ya en un ordenanza, en un conserje, en un sargento chusquero, no sé, de Merkel a quien en el futuro le servirá el café y le hará los recados. No preocuparse, Doña Angela proviene de la Alemania oriental de antes de la caída del muro y conoce los peligros de la burocracia soviética, de modo que cuando le ordene hacer esto o lo otro lo hará con conocimiento de causa, no por el mero placer de mandar. Lo sorprendente es que Rajoy haya aceptado el trabajo de recadero con esa sumisión cuando se escandalizaba de la falta de soberanía de Zapatero que, comparado con él, era en esta Europa basura que estamos construyendo un verdadero emperador. Si lo hemos entendido bien, estamos naufragando y lo que intenta Rajoy es que abandonemos el barco con cierto orden. Los ricos y los defraudadores, primero.

Información, 14/07/12

David Harvey: El enigma del capital y las crisis del capitalismo

David Harvey: El enigma del capital y las crisis del capitalismoDavid Harvey: El enigma del capital y las crisis del capitalismo

 

Editorial: Akal
Colección: Cuestiones de antagonismo
Traductor: Juan Mari Madariaga
Materia: Filosofía
ISBN: 978-84-460-3544-2
Dimensiones: 17x24
N.° páginas: 240
Año edición: 2012
Precio sin IVA: 18,75 €
Código: 17877

Durante más de tres siglos el sistema capitalista ha dominado y configurado la sociedad occidental, sufriendo implosiones periódicas en las que pueblos y personas quedaban expuestos a perderlo todo. En este lúcido ensayo el profesor David Harvey recurre a su conocimiento sin rival del capitalismo para preguntarse cómo y por qué puede ser así, y si debe seguir siendo así para siempre. Con una argumentación sólida y documentada, el autor muestra que los episodios esporádicos de crisis en el sistema capitalista no sólo son inevitables, sino también esenciales para su supervivencia; las políticas fiscales y monetarias que no tengan eso en cuenta causarán más daño que beneficio. La esencia del capitalismo es el interés egoísta, y hablar de imponerle regulaciones y moralidad es irracional. El Enigma del Capital presenta una amplia panorámica de la crisis económica actual desde los acontecimientos que llevaron al colapso económico de 2008 hasta hoy y explica la dinámica político-económica del capitalismo. Harvey pronostica el probable desarrollo de la situación actual, describiendo cómo ha evolucionado el capitalismo y cómo se pueden controlar las crisis. Este oportuno y brillante libro abre con soltura y claridad nuevas vías que podrían conducirnos a un orden social sostenible realmente justo, responsable y humano.

Índice

Preámbulo

I. EL TERREMOTO
II. CÓMO SE REÚNE EL CAPITAL
III. EL CAPITAL BUSCA TRABAJO
IV. EL CAPITAL ACUDE AL MERCADO
V. LA EVOLUCIÓN DEL CAPITAL
VI. LA GEOGRAFÍA CAMBIANTE DEL CAPITALISMO
VII. DESTRUCCIÓN CREATIVA DEL TERRITORIO
VIII. ¿QUÉ HACER? ¿Y QUIÉN LO VA HACER?

Epílogo
Apéndices
Fuentes y lecturas recomendadas

Constitución Española

Constitución Española

Artículo 21

  1. Se reconoce el derecho de reunión pacífica y sin armas. El ejercicio de este derecho no necesitará autorización previa.

  2. En los casos de reuniones en lugares de tránsito público y manifestaciones se dará comunicación previa a la autoridad, que sólo podrá prohibirlas cuando existan razones fundadas de alteración del orden público, con peligro para personas o bienes.

Juan José Millás: Chantajes

Juan José Millás: Chantajes

El Estado ha devenido en el brazo armado de los mercados, verdaderos responsables políticos de la acción gubernamental. Vuéleme usted este quirófano, le dicen al Gobierno, vuéleme esta residencia de ancianos, este hospital, esta infraestructura. Póngame usted una bomba en la universidad, en este centro de investigación, en aquel instituto de enseñanza media y en este conjunto de guarderías públicas. Arranquen los tubos de la diálisis a este enfermo del riñón y déjenlo morir, supriman el tratamiento a aquel enfermo de sida y abandónenlo a su suerte, anulen o modifiquen las leyes relacionadas al dorso, que limitan nuestras actividades. No olviden amnistiar periódicamente a nuestros delincuentes económicos y dótennos de cuantos subterfugios legales sean precisos para pagar menos impuestos que nuestros mayordomos. Pueden seguir montando sus festejos electorales a condición de no olvidar quién manda. Fíjense en Zapatero, cuya voluntad doblegamos en una sola noche. Entró en el zulo como un hombre de izquierdas y unas horas después estaba modificando la Constitución y congelando el sueldo de los pensionistas, como le habíamos pedido. En cuanto a Rajoy, pobre, creía que por pertenecer a la derecha liberal iba a recibir un trato privilegiado, y lo primero que hicimos fue hundirle la Bolsa y subirle la prima de riesgo, para que aprendiera. En cuatro meses le hemos obligado a limpiarse públicamente el culo con su programa electoral y acaba de comenzar el proceso de nacionalización de las pérdidas sin abandonar por eso el de la privatización de las ganancias (la socialización del sufrimiento, que decía ETA). El lunes pasado lo mandamos a la radio para que se confesara dispuesto a incumplir cuanto había prometido o pudiera prometer en el futuro. Y todo ello sin necesidad de ponernos en huelga de hambre, como de Juana Chaos.

Mercados mafiosos

El País, 11/05/12

Manuel Castells: #12M15M

Manuel Castells: #12M15M
Los meses pasan, la situación empeora y los gobiernos siguen indiferentes a la protesta aplicando las recetas de la austeridad

¿Pero no estaba muerto y enterrado el 15-M? ¿No había degenerado en violencia callejera de la que ya se encarga la policía? ¿No se habían convertido los más sensatos en asociación legal Democracia Real Ya! debidamente registrada en el Ministerio del Interior? ¿Qué queda de ese movimiento espontáneo, multitudinario y creativo que contó durante meses con el apoyo moral de tres cuartas partes de los ciudadanos?.

Pronto lo sabremos. En las redes sociales circula ya el llamamiento para una manifestación local y global el 12 de mayo, junto con miles de personas alrededor del mundo, con el lema "Unidos por un cambio global", reactivando la protesta que movilizó a millones en 951 ciudades y 82 países el 15 de octubre. Y es que este es un movimiento rizomático, con múltiples nodos cambiantes y autónomos, que vive en las redes sociales en internet y entre la gente, que mantiene el fuego de la indignación mientras las cosas sigan como siguen y que aparece, desaparece y reaparece en el espacio público para palpar su existencia y elaborar un proyecto de cambio social. Al ser un movimiento sin jefes, basado en la horizontalidad y la participación, sin normas ni programa, supera cualquier circunstancia. Ni se crea ni se destruye, se transforma. Incluso sobrevive al peligro de los movimientos sociales: su autodestrucción por peleas internas.

Pero lo que es la práctica usual del izquierdismo no afecta al 15-M. Por eso cuando hace unos días Fabio Gandara, un veterano del movimiento, y otras personas se impacientaron y crearon una asociación DRY para actuar en nombre del movimiento, saltó la alarma en las redes sociales. Tal decisión, tomada de forma poco clara y minoritaria según el parecer de la mayoría de los nodos locales de DRY, contravenía los principios de democracia asamblearia sobre los que se funda el 15-M. Pero, tras un momento de irritación inicial, se adoptó la actitud de que cada uno hace lo que quiere y no pasa nada. La declaración de DRY de Valencia el 25 de abril oponiéndose a la idea de asociación firmaba "Democracia Real Ya! (el objetivo, no la marca)" porque no hay marca, no se puede apropiar lo que no tiene propietario. El 15-M es de la gente que sale a la calle y debate en la red, en cada momento, cada una con sus razones, reivindicaciones, ideales y manías. Por eso no es ni será un partido ni nada parecido. Y tampoco hay problema, a menos que haya trols por medio, porque gente de buena fe decida ir por otro camino hacia objetivos ampliamente compartidos. Es una red abierta, no una burocracia cerrada.

Mucho más grave es el otro peligro con el que se enfrenta el 15-M. Su deslegitimación en la mente de los ciudadanos por la los intentos de criminalizarlo mediante su asimilación a "los violentos". ¿Quiénes son esos violentos? No se sabe bien, excepto que son muy pocos y que son rechazados por la inmensa mayoría de los participantes en el movimiento. Porque el 15-M es, desde su origen, explícitamente no violento. Y lo ha demostrado en la práctica reiteradamente sufriendo las golpizas de la policía sin enzarzarse en enfrentamientos masivos que hubieran podido degenerar. Es esencial que dicha actitud continúe, pues la estrategia más eficaz para desconectar el movimiento de su referencia al 99% es precisamente provocar hasta que la televisión pueda ofrecer imágenes de caos, violencia, destrozos y sangre que aparten a los ciudadanos de aquellos que se atreven a manifestarse diciendo lo que muchos piensan. No será fácil evitarlo. Porque la policía parece ineficaz para hacer algo tan sencillo como intervenir de inmediato selectivamente en cuanto se quema el primer contenedor o se apedrea el primer banco. En lugar de pescar con red y llevarse a cualquiera que pasara por allí.

Pero sobre todo no será fácil contener la rabia de la gente porque los meses pasan, la situación empeora por momentos y los gobiernos siguen indiferentes a la protesta aplicando arrogantemente las recetas de la austeridad y haciendo pagar a las personas la crisis que, en la visión de los indignados, fue cosa de financieros y políticos, cubriéndose luego los unos a los otros. La vía institucional de debate ciudadano está cerrada. El rodillo parlamentario se aplica automáticamente. El PSOE, tras haber iniciado el desaguisado, sigue en encefalograma plano. Los sindicatos ladran pero no muerden, o quizá ya no tienen dientes. Los medios están mediatizados y buscando comprador. Y ministerios y autonomías se dedican con fruición al recorte creativo a ver qué más sacrificios humanos pueden ofrecer al dios de los mercados que sigue sin confiar en la deuda española, tanto pública como privada. Como no queda otra alternativa, miles saldrán a la calle el 12 de mayo. Y como siguen buscando nuevas formas de democracia se proponen deliberar, de nuevo, en las plazas públicas tres días. Ahí es donde las autoridades de turno los esperan. Prohibido ocupar cualquier espacio público. La alternativa entonces está entre irse a casa tras el desahogo y todo sigue igual o afirmar el derecho de reunión y debate y que se produzcan enfrentamientos violentos que permitan criminalizar al movimiento.

Si hubiera talante democrático en la clase política podrían dejar que los ciudadanos se encuentren en sus ágoras tres días, deliberen y propongan. Y tratar de reconectar la sociedad con las instituciones. Pero partidos y gobiernos son visceralmente opuestos a un movimiento que les niega su legitimidad. O bien entran en los cauces preestablecidos, precisamente aquellos denunciados por el movimiento como reglas tramposas, o se condena la protesta a la marginalidad seguida de represión. Tendrán que ser creativos los indignados para salir de ese dilema. Tendrán que imaginar formas de desobediencia civil protegidas por la ley. Tendrán que mostrar flexibilidad en sus tiempos y espacios de deliberación asamblearia. Tendrán que construir sus canales de comunicación directa con la ciudadanía. Recordando que cada día que nos vamos hundiendo en la crisis se van cargando de razón.

La Vanguardia, 05/05/12

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Juan José Millás: Un sindiós

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Todo este programa reformador de gran calado no puede ponerse en marcha sin mentir

Desde que los ministros de Rajoy, en especial Montoro y Ana Mato, decidieron explicar didácticamente los porqués de la demolición del Estado, entendemos las cosas mucho mejor. He aquí un resumen, claro como el agua, de sus argumentos: Se pone precio a la sanidad para que continúe siendo gratuita y se expulsa de ella a determinados colectivos para que siga siendo universal. Se liquidan las leyes laborales para salvaguardar los derechos de los trabajadores y se penaliza al jubilado y al enfermo para proteger a los colectivos más vulnerables. En cuanto a la educación, ponemos las tasas universitarias por las nubes para defender la igualdad de oportunidades y estimulamos su privatización para que continúe siendo pública. No es todo, ya que al objeto de mantener el orden público amnistiamos a los delincuentes grandes, ofrecemos salidas fiscales a los defraudadores ambiciosos y metemos cuatro años en la cárcel al que rompa una farola. Todo este programa reformador de gran calado no puede ponerse en marcha sin mentir, de modo que mentimos, sí, pero al modo de los novelistas: para que la verdad resplandezca. Dentro de esta lógica implacable, huimos de los periodistas para dar la cara y convocamos ruedas de prensa sin turno de preguntas para responder a todo. Nadie que tenga un poco de buena voluntad pondrá en duda por tanto que hemos autorizado la subida del gas y de la luz a fin de que resulten más baratos y que obedecemos sin rechistar a Merkel para no perder soberanía. A no tardar mucho, quizá dispongamos que los aviones salgan con más retraso para que lleguen puntuales. Convencidos de que el derecho a la información es sagrado en toda democracia que se precie, vamos a tomar RTVE al asalto para mantener la pluralidad informativa. A nadie extrañe que para garantizar la libertad, tengamos que suprimir las libertades.

El País, 27/04/12

Joan Subirats: Lo que acaba y lo que empieza

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El capitalismo ha demostrado su adaptación a lo largo de siglos, pero ahora tiene que asumir que la colaboración es mejor que la competencia, y eso duele

Las noticias se suceden sin cesar. Casi todas malas. Reflejan la imposibilidad de seguir como estamos si no cambiamos. El problema es que, los que deciden ahora, tras acusar a los de antes (que también eran ellos) de incrementalismo desenfrenado, practican un decrementalismo ciego y sin horizonte, del tipo “hacer lo mismo con menos”, sin entender que todo se mueve. Es cierto que llegamos tarde y mal al “Estado de bienestar”. Tarde, porque murió Franco en 1975, justo cuando se acababa el periodo de los 30 años gloriosos de las políticas de bienestar social. Mal, porque venimos de una larguísima tradición en la que lo público se confunde con lo que no es de nadie, y si es de alguien, ese alguien tiende a aprovecharse del ratito en el que está al mando. Tantos años de autoritarismo y mano dura terminaron convenciendo a la gente que cuanto menos te ocupes de lo colectivo mejor, y si te acercas a los que mandan será para ver qué sacas. Los más de 30 años de democracia, marcados por una transición mal resuelta y olvidadiza, no han alterado mucho el panorama. Acostumbraron a la gente a hacer de clientes de los servicios públicos, sin entender que su calidad y permanencia depende también de su implicación y protagonismo en los mismos. A los que han ido mandando les ha ido bien confundir cada demanda social con una necesidad pública que incluir en un presupuesto siempre incremental. Y, mientras, en Europa, desde la década de 1980 se establecieron cautelas económicas, amortiguadores y válvulas de implicación social en los servicios públicos, y se ha seguido invirtiendo en educación a lo largo de la vida. Aquí manteníamos el tipo, crecíamos con el ladrillo y seguíamos desatendiendo la formación de adultos, confundiendo educación con enseñanza.

Ahora, la confusión es general. Los que mandan nos acusan de irresponsables, de vagos y de manirrotos. Los mandados decimos que ellos más. Nadie parece tener la culpa de nada. Pero las cuentas no salen. Los más ricos se han organizado para no pagar, y con los que estamos más controlados, se está llegando al límite. Y, como acostumbra a pasar, los más nuevos (jóvenes e inmigrantes), los que menos capacidad tienen de quejarse y de hacerse oír (parados, ancianos, mujeres) son los que más acumulan problemas y palos. Lo cierto es que han de cambiar muchas cosas en la parte del gasto, pero lo más grave y más estructural está en la caída de ingresos. Y eso, tal como están las cosas y como funciona el mundo mundial, no tiene pinta de arreglarse ni de ser coyuntural. Y lo peor es que cada día que pasa comprobamos que los que dicen mandar no mandan, y que, además, nadie sabe hacia dónde nos dirigimos.

Mientras, las cosas van muy deprisa. Está en marcha la tercera revolución industrial (The Economist), tras las que supusieron la transformación de la industria a finales del XVIII y la que instauró el trabajo en cadena propiciando la producción masiva a inicios del XX. El cambio digital va a permitir, está permitiendo ya, la producción distribuida y colaborativa, acabando con la necesidad de espacios de intermediación y concentración fabril, de la misma manera que la producción y distribución de conocimiento, la creación compartida a escala global, está acabando con enciclopedias, editoriales, periódicos y universidades en sus versiones tradicionales. Las impresoras 3D, el crowdfunding, Wikipedia, Arduino o el Do it yourself son expresión de una nueva realidad que tercamente reclama su lugar en un escenario que resiste sin alternativas. El capitalismo ha demostrado su adaptación a lo largo de siglos, pero ahora tiene que asumir que la colaboración es mejor que la competencia, y eso duele. El poder político y sus instituciones siguen utilizando principios como la jerarquía y la distribución de competencias para hacer funcionar sus entramados clientelares y burocráticos. El estatus y el organigrama son sus mejores argumentos. Y mientras, todo se horizontaliza, se constatan las ventajas sociales y colectivas de los códigos abiertos y van surgiendo iniciativas de apoyo mutuo y de nueva institucionalidad aquí y allá. Y al poder instituido le va quedando solo la autoridad y la fuerza. No va a ser fácil, ni tampoco indoloro, pero lo que empieza irá abriéndose camino.

El País, 21/04/12

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