Democracia

Cuestións sobre a democracia

Francesc Valls: Opulencia política, austeridad social

AusteridadFrancesc Valls: Opulencia política, austeridad social

Las tijeras de la Generalitat penetran profundamente y con dolor en la sanidad, la enseñanza, los servicios sociales y siembran el pánico entre los empleados públicos. Exigencias del guion, arguyen quienes las propician. A partir de septiembre, tal como ayer avanzó este diario, 1.475 trabajadores contratados -de un total de 16.000- por las empresas de la Generalitat perderán su empleo. Y el resto a trabajar más, porque se trata de una amputación justa, insisten sus valedores, para que la gangrena no se extienda por todo el cuerpo, haya más despidos y el ejercicio de 2011 no pueda cerrarse con el déficit previsto del 2,66%.

Son muchos los políticos que reclaman compresión y adhesión a la ciudadanía para que se resigne al castigo que va a recibir. Con su discurso generan tal sentimiento de culpa que quien disfruta de un puesto de trabajo pasa a ser considerado un privilegiado. En este gran país de tradición católica toca apuntarse ahora al calvinismo extremista, reclama el Gobierno del dolor.

Claro que para este ejercicio que entraña la pérdida de derechos sociales, incluido el mismísimo puesto de trabajo, los políticos deberían ser los primeros en predicar con el ejemplo. Y las cosas no van por ahí. Algunos se empecinan en dar recetas sin aplicarse a sí mismos las más mínimas medidas de decoro.

Resulta increíble que quienes proponen recurrir al despido y la flexibilización del mercado laboral se tengan en tan alto concepto, que se permiten teorizar sobre las virtudes de la austeridad mientras disfrutan de un saneado salario. Socializan la culpabilidad por la crisis mientras que privatizan los beneficios salariales. Y eso no solo lo hacen algunos políticos. Ahí tenemos los 10 millones de euros de nómina anual que se han fijado los tres directivos de Bankia, entidad que ha recurrido al FROB público.

Josep Ramoneda: La socialdemocracia de los emprendedores

Josep Ramoneda: La socialdemocracia de los emprendedores

Una de las pestes de la comunicación política son las palabras de moda. Emprendedor es la estrella del momento. Los periódicos hacen suplementos para emprendedores, los padres suspiran para que sus hijos sean emprendedores, los Gobiernos se declaran amigos de los emprendedores. En realidad, es un eufemismo, porque lo que correspondería es hablar de empresarios pero parece que todavía hay cierto pudor a utilizar esta palabra. Emprendedor queda más moderno y menos aparatoso. Cualquier político que quiere estar en los signos de los tiempos tiene que hablar de los emprendedores y hacer su apología. Rubalcaba no ha resistido a la tentación de acudir a ella. Al fin y al cabo, la comunicación de masas pasa por un número limitado de palabras y cuando una está en la cresta de la ola hay que aprovecharla. Y Rubalcaba lo ha hecho: "Me voy a partir el pecho por los emprendedores", dijo en su discurso de asunción de candidatura. Una expresión popular para expresar el compromiso con los que cambian el mundo, según dice el tópico dominante. Todos caben en la socialdemocracia de Rubalcaba.

Más allá de lo que tenga de oportunista la apelación de Rubalcaba a los emprendedores creo que es un indicio de que el candidato socialista es consciente de que las bases electorales de su partido se están esfumando. Y que el proyecto socialdemócrata necesita conectar con sectores sociales nuevos muy alejados de la cultura socialista y obrerista del siglo XX. En este sentido, es posible que Rubalcaba conozca algunos análisis del socialismo francés que apuntan hacia nuevos agentes sociales para la reconstrucción de la izquierda. Casi todos ellos estuvieron presentes en el discurso del candidato: los jóvenes urbanos, por supuesto, con los que los socialistas están absolutamente en deuda, dada la situación en que se encuentran hoy. Muchos de ellos han completado estudios universitarios, tienen buena formación, y pugnan entre la emprendeduría y el paro, entre el montarse la vida o retrasar indefinidamente la edad de emancipación. A todos ellos iba dirigido buena parte del discurso de Rubalcaba, porque es con ellos con quien hay que construir el futuro. Con ellos, con las mujeres que quizás han percibido con mayor sutileza el enorme cambio de sociedad que estamos viviendo y con las minorías de todo tipo, cultural, sexual, o identitario, se completa probablemente la vanguardia, para decirlo en términos clásicos, de las nuevas realidades políticas globales. Y solo haciendo propuestas atractivas para estos sectores sociales, la socialdemocracia puede aspirar a sumar y a reconquistar algunas de sus bases tradicionales. Cuando se pierde Madrid, cuando se pierde Valencia, cuando se pierde Barcelona, cuando se pierde Sevilla, está muy claro que hay mucho trabajo que hacer con los sectores más dinámicos de la sociedad. Pero hay principios de los que la izquierda nunca se puede alejar si no quiere desaparecer: la libertad, el progreso, la igualdad, el reconocimiento, la dignidad. La incógnita es cómo conseguir que estos sectores los hagan suyos. La codicia de los especuladores ayuda.

Declaración ciudadana ante la Estafa de la Deuda Publica

Declaración ciudadana ante la Estafa de la Deuda Publica

Invito a firmar aqui esta declaración contra la estafa de la deuda pública:

Declaración ciudadana ante la Estafa de la Deuda Publica

NO VAMOS CONSENTIRLO
BASTA YA DE POLÍTICAS IMPUESTAS A LOS PUEBLOS
NI UN RECORTE MÁS DE DERECHOS
ALTO A LA ESPECULACIÓN FINANCIERA
POR UNA DEMOCRACIA REAL YA
… PORQUE NO SOMOS MERCANCÍA EN MANOS DE POLITICOS Y BANQUEROS

Los llamados “mercados”, que no son otra cosa que los grandes poderes financieros, las empresas multinacionales como Telefónica, que despiden a miles de trabajadores cuando ganan miles de millones de euros, o los bancos, que están en las esquinas de nuestras calles y juegan al casino con nuestro dinero, no dejan de atacar a los estados europeos y están a punto de hundir a nuevos países como Italia o España, después de haberlo hecho con Grecia, Irlanda o Portugal.

Ellos crearon la crisis, por culpa de ellos se endeudaron los estados y ahora aprovechan la coyuntura para imponer a los pueblos su propio rescate como si fuera el de las naciones a las que están a punto de arruinar.

Nosotras y nosotros, mujeres y hombres de todas las edades y condiciones, jóvenes maduros, empleados o parados, de todas las corrientes ideológicas y simplemente amantes de la justicia y la democracia real y enemigos de la mentira y de la avaricia

DECLARAMOS:

- Que rechazamos las políticas que se vienen aplicando, que no significan sino recorte de derechos sociales en beneficio de la banca y las grandes empresas y que no tienen nada que ver con las necesarias para crear empleo y salir de la crisis.

- Que hay que poner fin a la especulación financiera contra los estados soberanos y que para ello reclamamos a las autoridades europeas y especialmente al Banco Central Europeo que impidan que se sigan produciendo, simplemente controlando urgentemente los movimientos de capital, dejando de prestar dinero gratis a la banca si no es con la firme garantía de que se utiliza para financiar a las economías y estableciendo inmediatamente un impuesto sobre esos movimientos financieros especulativos que los disuada para siempre. Hay que garantizar que fluya el dinero a las pequeñas y medianas empresas, que son las que realmente crean empleo, creando una banca pública mediante la nacionalización de las cajas de ahorros.

- Que Europa no puede construirse ni tiene futuro si no es sobre la democracia real y que el sometimiento y la complicidad actual de los gobiernos ante los poderes financieros es indigno y suicida.

- Que no vamos a aceptar que se tomen en España más medidas de recorte de derechos y sociales y menos aún que se proceda a otro falso “rescate” como los que se han realizado en otros países y que solo han significado dar dinero del pueblo a la banca que ha creado la crisis. Y que vamos a exigir por todos los medios que la crisis la paguen quienes la han provocado.

Y al firmar esta declaración manifestamos expresamente NUESTRO COMPROMISO PERSONAL EFECTIVO DE DEFENDER EN LA CALLE, EN LA RED Y DONDE HAGA FALTA las conquistas sociales que tanto ha costado alcanzar, de ejercer el legítimo derecho a la desobediencia civil cuando las medidas políticas se toman a las espaldas del pueblo sin dejar que éste se pronuncie, y que haremos todo lo que esté a nuestro alcance para que los bancos y banqueros, que son los verdaderos culpables de la crisis, paguen el daño que han hecho a la sociedad.

Ganas de escribir, 13/07/11

Juan Torres López: Están al acecho

Juan Torres López: Están al acecho

Hienas al acecho

Los "mercados" se preparan para atacar y entrar a saco: debemos prepararnos nosotros para evitarlo.

Su arma es la avaricia y el dinero. La nuestra la unión y el amor a la justicia.

¡No dejemos que se salgan con la suya! Hablemos con la gente, expliquemos lo que pasa, las consecuencias de todo esto y pidamos su apoyo y su compromiso. Y a la menor amenaza, ¡a la calle! No tenemos otra salida.

Ganas de escribir, 12/07/11

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Juan Gelman: El agua, ¿de quién es?

Juan Gelman: El agua, ¿de quién es?

Aunque el sentido común responde que es de todos, los hechos suelen contradecirlo: el calentamiento global y los cambios climáticos que conlleva han convertido el agua en algo tanto o más codiciado que el petróleo y grandes empresas se están convirtiendo en dueñas de ese recurso natural, extrañamente, con la ayuda de las Naciones Unidas, la organización creada para velar por los derechos de los habitantes del planeta entero. En este caso, y no sólo, parece inclinada a preservar más a los unos que a los otros. Con razón decía Bernard Shaw que el sentido común es el menos común de los sentidos.

Una de las primeras medidas que adoptó Ban Ki-moon, flamante secretario general de la ONU, fue el lanzamiento del CEO Water Mandate, “una iniciativa público-privada especial destinada a asistir a las empresas en el de-sarrollo, aplicación y difusión de políticas y prácticas sostenibles en la esfera del agua” (www.unglobalcompact.org). Un propósito loable, su trastienda no tanto. Megapolios como Marck&Co. o Siemens se acogen al Mandato para privatizar un bien común. Como sucede con otros proyectos importantes de la ONU, FMI, el Banco Mundial y bancos de desarrollo regionales en general se encargan de manejarlos.

El Banco Mundial acaba de asumir el control del Fondo Verde de la Conferencia sobre el Cambio Climático, financiado con 100 mil millones de dólares. Es notoria la poca o ninguna transparencia del BM en lo que hace a proyectos similares, pero estas iniciativas se reiteran “no sólo porque los Estados miembros más poderosos de las Naciones Unidas las empujan”, señaló Maud Barlow, presidenta del Consejo Nacional de Canadienses (CNC): también porque la ONU carece de fondos suficientes y sus organismos y programas “recurren al patrocinio privado para funcionar”. Barlow es autora, entre otros libros, de Oro azul y El Pacto Azul: la crisis mundial del agua y la lucha por el derecho al agua.

Joan Subirats: La no identidad como identidad

Joan Subirats: La no identidad como identidad
Joan Subirats es catedrático de Ciencia Política de la UAB

Uno de los problemas que han tenido que afrontar los protagonistas de la serie de acontecimientos que se originaron el pasado 15 de mayo, ha sido y es la falta de liderazgo externo, la falta de rostros en los que personalizar la movida y que permitieran a los medios de comunicación transmitir e informar como tradicionalmente lo han hecho. La expresión "indignados" ha sustituido asimismo la falta de identidad ideológica que permitiera colocar a los movilizados en alguna de las categorías programáticas a las que estamos acostumbrados en la contemporaneidad, que ayudan a simplificar la complejidad de matices ideológicos de cada quien. Es evidente que el calificativo indignados no nos explica demasiado sobre qué piensan y cuáles son sus coordenadas normativas o propositivas, pero de lo que nadie duda es de su capacidad para sacudir y alterar la forma de entender el mundo y, sobre todo, cómo relacionarse con el sistema político e institucional. Están marcando la agenda, y el discurso de ayer de Alfredo Pérez Rubalcaba lo demuestra. Tenemos, como ya se ha dicho, un movimiento en marcha que no se reconoce a sí mismo como tal movimiento y cuyos componentes, además, presumen de no tener etiqueta ideológica convencional. Lo que está claro es que expresan el sentimiento de frustración de muchos ante la tendencia a fragmentar solidaridades y comunidades, a convertir cualquier cosa en mercancía, a confundir desarrollo y realización personal y colectiva con capacidad de consumo. Hay evidentes amenazas a los derechos y al bienestar social alcanzado, sin que los poderes públicos sean capaces de proteger a sus ciudadanos, demostrando una evidente pérdida de soberanía y de legitimidad democrática.

No solo no hay dimensión ética alguna en el capitalismo financiero y especulativo, sino que además están en peligro las promesas de que, si nos portábamos bien, viviríamos cada vez mejor, seríamos más educados y gozaríamos de buena salud. La absoluta falta de control y de rendición de cuentas democrática de los organismos multilaterales y de las agencias de calificación de riesgos, añadida a las más que evidentes conexiones y complicidades entre quienes toman las decisiones políticas y los grandes intereses financieros, ha provocado que en Europa, por primera vez en mucho tiempo, se conecte conflicto social y exigencia democrática, reivindicación de derechos y ataques contundentes a la falta de representatividad de los políticos, tanto por su falta de respeto a los compromisos electorales como por su fuero y privilegios.

Mucha gente empieza a darse cuenta de que la hegemonía neoliberal, a la que han servido en Europa sin reparo y sin distinción tanto conservadores como socialdemócratas, solo provocará, de persistir, más y más pobreza y un deterioro general de las condiciones de vida de amplísimas capas de la población, y de que, frente a ello, poco puede esperarse de un sistema político y de unos grandes partidos que se han convertido en meros ejecutores a sueldo de tal hegemonía. Mientras, en Internet se conectan cabreos y acciones. El movimiento de cultura libre, con su habilidad de retournement (que dirían los situacionistas), es decir, con su capacidad de hacer descarrilar, reconducir y recrear todo tipo de producciones culturales y artísticas, ha servido de zócalo a la movida rompiendo moldes y derechos de propiedad, compartiendo y difundiendo. Se ha aprovechado, asimismo, la gran capacidad de inventiva y de contracultura hegemónica desplegada en América Latina, donde ya hace años probaron de manera directa y cruda las recetas neoliberales. El movimiento de cultura libre, con éxitos tan evidentes como Wikipedia, muestra la fuerza de la acción colaborativa y conjunta, sin jerarquías ni protagonismos individuales, combinando el ideal de igualdad con la exigencia del respeto a la autonomía personal y a la diferencia. Cada vez más gente, más preparada, más precaria, con mejores instrumentos, más conectada, servirá de voz a esa gran masa de ciudadanos que saben que las cosas van mal y que la situación actual no puede durar. Tratar de poner nombre al movimiento, tratar de identificarlo y de encasillarlo, significaría ahora limitar su potencialidad de cambio y de transformación.

El País, 10/07/11

Patrick Le Hyarick: ¡Pueblos europeos, unámonos !

Patrick Le Hyarick: ¡Pueblos europeos, unámonos !
Patrick Le Hyarick, director de l´Humanité

La suerte reservada al pueblo griego se aproxima a la que inflige una dictadura. Por supuesto, el rostro de los verdaderos hombres de hierro está oculto. Alejado del país, un triunvirato compuesto por el Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional y la Comisión de Bruselas, actúa e impone sus insoportables dictados. El pago del quinto tramo de 12.000 millones de euros del denominado plan de ayuda está condicionado a un terrible chantaje, a una extorsión a los más pobres, a la venta en subasta del patrimonio del país – puertos, aeropuertos, correos, compañías de electricidad, del petróleo, del gas- que comprarán su duda los grandes grupos europeos. Un trabajador o un pensionista que sólo dispone de 680 euros al mes estará en adelante duramente gravado de impuestos y, además, el IVA aumentará y pagará un impuesto sobre el carburante y la calefacción. Los subsidios por desempleo disminuirán, los trabajadores de los servicios públicos tendrán su salario recortado y podrán ser despedidos. Las clases medias pagarán además un impuesto llamado de solidaridad.

Esta purga va a ser ineficaz y mortífera. Es ya la purga social, impuesta hace poco más de un año, que ha hundido Grecia en el cenagal recesionista actual. Con este nuevo plan de super austeridad, se va a la asfixia general. Vender el patrimonio nacional griego vuelve a quitar al país los instrumentos que podrían permitirle volver a levantarse. Es la compra encubierta del territorio y su puesta bajo tutela por fuerzas extranjeras, contra la soberanía del pueblo griego. Grecia se ha convertido en el laboratorio de experimentación de los voraces de las finanzas, antes de que éstos se enfrenten a Portugal, a Irlanda, y luego generalicen su devastación a todos los países europeos con el insoportable texto bautizado como “Pacto por el euro plus” (1)

Las amenazas que hace caer sobre los trabajadores, los jóvenes, los pensionistas, este texto, en curso de aprobación en el Parlamento europeo, son demasiado desconocidas. Bajo la apariencia de reducción de déficits, quita todo poder a los ciudadanos de elegir la política que quieren ver puesta en práctica al atribuir a la Comisión de Bruselas el derecho de vigilancia y de imponer sanciones. Define de antemano las opciones fundamentales a aplicar sin posibilidad de protestar, especialmente la presión a la baja sobre los salarios, el retroceso de la edad que da derecho a la pensión de jubilación, la privatización de las cajas de pensiones, la destrucción del contrato indefinido en favor de la flexibilidad laboral, la reducción de los servicios públicos. Junto a este pacto diabólico, se crea una estructura nueva, “el mecanismo europeo de estabilidad” (MES), que no es otra cosa que un FMI europeo. Los Estado son emplazados a inscribir en su Constitución la prohibición de tener “déficits”. Entendamos por ello que serán obligados a reducir las inversiones sociales y públicas. De esta manera, frente a la contestación cada vez mayor a la Europa del dinero, las fuerzas del capital y sus empleados políticos crean las condiciones para reducir la democracia real y destruir los derechos sociales y humanos. Ahora bien, vivir en común en un espacio tan grande como Europa apela a la solidaridad europea, y no al aplastamiento de los pueblos ni a la liquidación de sus bienes nacionales en beneficio de los bancos y de los mercados financieros.

Lo que sería necesario hacer, es desarrollar los servicios públicos, entre ellos unos servicios públicos a inventar, a crear, para construir una Europa de la justicia social, inseparable de una Europa del medio ambiente. La solidaridad europea supone cambiar el cometido del Banco Central que, sin esperar, debe comprar toda o parte de las deudas de los Estados que lo necesitan, permitirles a continuación refinanciarse con unos tipos de interés muy bajos y a largo plazo para ayudar a las iniciativas de desarrollo humano, social y ecológico. Le quedaría al Banco Central Europeo la posibilidad, para financiar a los Estados, de activar la creación de moneda. Una auditoría pública sobre la naturaleza de las deudas debe ser decidida sin esperar para determinar las causas de las mismas. Los regalos fiscales y sociales, el debilitamiento del crecimiento crean la deuda y no los derechos sociales.

Son el poder adquisitivo y las inversiones humanas y ecológicas los que sacarán a Europa del atolladero. No las curas de caballo de la Comisión de Bruselas, del FMI y del BCE. La reducción de los créditos asignados a la ayuda alimentaria por la Unión Europea es reveladora de la naturaleza antihumana de las opciones de los dirigentes actuales de la Unión Europea. ¡Ellos encuentran centenares de miles de millones para salvar los bancos, pero consideran que 500 millones de euros para aquellos que pasan hambre, es demasiado ! ¡Abyecto !

Las manifestaciones sindicales y las de los indignados, plaza Sintagma, lo vuelven a expresar con fuerza esta semana. A su lado, nos defendemos a nosotros mismo contra el pacto diabólico de las rapaces de las finanzas. ¡Pueblos europeos, unámonos !

(1) “Le Pacte des rapaces”, de Patrick Le Hyaric, Ediciones de l´Humanité.

l'Humanité, 08/07/11

Leonardo Boff: Pérdida de confianza en el orden actual

Leonardo Boff: Pérdida de confianza en el orden actual

En la perspectiva de las grandes mayorías de la humanidad el orden actual es un orden en desorden, producido y mantenido por las fuerzas y países que se benefician de él, aumentando su poder y sus ganancias. Este desorden se deriva del hecho de que la globalización económica no ha dado origen a una globalización política. No hay ninguna instancia o fuerza que controle la voracidad de la globalización económica. Joseph Stiglitz y Paul Krugman, dos premios Nobel de economía, critican al presidente Obama por no haber puesto freno a los ladrones de Wall Street y de la City en vez de rendirse a ellos. Después de haber provocado la crisis, todavía fueron beneficiados con inversiones mil millonarias de dinero público. Y volvieron, airosos, al sistema de especulación financiera.

Esos excepcionales economistas son óptimos haciendo análisis pero mudos presentando salidas a la crisis actual. Tal vez, como insinúan, por estar convencidos de que la solución a la economía no está en la economía sino en rehacer las relaciones sociales destruidas por la economía de mercado, especialmente la especulativa. Esta no tiene compasión y está desprovista de cualquier proyecto de mundo, de sociedad y de política. Su propósito es acumular al máximo y para eso tiene que someter estados, quebrar legislaciones, flexibilizar leyes de trabajo, y fundar economías nacionales, obligando a los países en crisis a privatizar todo lo que es vendible, lanzando al pueblo a pobreza y la desesperación.

Para los especuladores, también en Brasil, el dinero sirve para producir más dinero y no para producir más bienes para quien los necesita. Aquí, el gobierno tiene que pagar más de cien mil millones dólares anuales por los préstamos adquiridos, mientras solamente dedica cerca sesenta mil millones a los proyectos sociales. Esta disparidad resulta éticamente perversa, consecuencia del tipo de sociedad que está obligada a mantener, que coloca como eje estructurador central a la economía y hace una mercancía de todo, hasta de los bienes comunes necesarios para la vida, como el agua, las semillas, el aire y los suelos.

No son pocos quienes sostienen la tesis de que estamos en un momento dramático de descomposición de los lazos sociales. Alain Touraine habla incluso de fase pos-social en lugar de pos-industrial.

Esta descomposición social se revela por polarizaciones o por lógicas en oposición radical: la lógica del capital productivo, cerca de 60 billones dólares/año, y la del capital especulativo, cerca de 600 billones de dólares bajo la égida del greed is good (la codicia es buena). La lógica de los que defienden el mayor lucro posible y la de los que luchan por los derechos de la vida, de la humanidad y de la Tierra. La lógica del individualismo que destruye la «casa común», aumentando el número de los que ya no quieren convivir más, y la lógica de la solidaridad social a partir de los más vulnerables. La lógica de las élites que hacen los cambios intrasistema y se apropian de los beneficios, y la lógica de los asalariados, amenazados de desempleo y sin capacidad de intervención. La lógica de la aceleración del crecimiento material (Brasil) y la de los límites de cada ecosistema y de la propia Tierra.

Existe una desconfianza generalizada de que del sistema imperante pueda venir algo bueno para la humanidad. Vamos de mal en peor en todo lo que se refiere a la vida y a la naturaleza. El futuro depende del caudal de confianza que los pueblos tienen en sus capacidades y en las auténticas posibilidades de la realidad. Y esta confianza está menguando día a día.

Nos estamos enfrentando a este dilema: o dejamos que las cosas sigan así como están y entonces nos hundiremos en una crisis terminal o nos empeñamos en la gestación de una nueva vida social que sostendrá otro tipo de civilización. Los vínculos sociales nuevos no se derivarán de la técnica ni de la política actuales, despegadas de la naturaleza y de una relación de sinergia con la Tierra. Nacerán de un consenso mínimo entre los humanos, que debe ser construido en torno al reconocimiento y respeto de los derechos de la vida, de cada sujeto social, de la humanidad y de la Tierra, considerada como Gaia y nuestra Madre común. A esta nueva vida social deben servir la técnica, la política, las instituciones y los valores del pasado. Vengo pensando y escribiendo sobre estas cosas desde hace por lo menos veinte años. Pero ¿quién escucha? Es voz perdida en el desierto. «Clamé y salvé mi alma» (clamavi et salvavi animam meam, diría desolado Marx).

Alainet, 08/07/11

Eduardo Ibarra Colado: Designación de autoridades: el problema de los votos

ganador

¡Hagan sus apuestas, los dados ruedan! Y el ganador es...

Hace meses, en una conversación casual, un colega de la UAM-Xochimilco me indicó categórico: “Ya verás, Jorge Alsina será el nuevo Director”. He recordado esa plática a la luz de los acontecimientos que, durante las últimas tres semanas, han seguido a su nombramiento, haciendo bueno el pronóstico de mi amigo. El caso nos invita a reflexionar sobre los mecanismos que operan para designar a las autoridades de la institución y a preguntarnos con seriedad sobre la necesidad de su abandono, ajuste o modificación.

Sin duda, al revisar este tipo de procesos, uno no puede dejar de preguntarse por qué son designados candidatos que no gozan de un respaldo amplio de sus comunidades. Es de sobra conocido que ello conduce a conflictos que dificultan la colaboración entre los miembros de tales comunidades, para cumplir cabalmente con las funciones sustantivas de la universidad. Pero no se me mal interprete, no estoy afirmando que nunca deban ser nombrados candidatos que no gocen de las simpatías y los apoyos mayoritarios, pues ello conduciría a un “populismo pseudo académico” que de ninguna manera comparto y que alteraría en su esencia el modelo de gobierno que opera en la UAM.

Más bien, lo que sostengo es que, cuando éste sea el caso, el proceso de tal designación se conduzca con absoluta claridad y transparencia, para que las deliberaciones realizadas por cada uno de los órganos involucrados y por todos y cada uno de los representantes que en ellos participan, sean conocidas en detalle por la comunidad. Sólo así se alcanzaría la legitimidad de un nombramiento que, aunque no haya sido ampliamente compartido, se sostiene en razones y deliberaciones que explican y dan claridad a los votos emitidos, evitando con ello conjeturas y suspicacias. Sin duda, éste no fue el caso en el proceso que nos ocupa. Recapitulemos los hechos y comentemos el fondo de la cuestión.

Leonardo Boff: Una nueva sociedad o un tsunami social y ecológico?

Leonardo Boff: Una nueva sociedad o un tsunami social y ecológico?

En mi último artículo lancé la idea, sustentada por minorías, de que estamos ante una crisis sistémica y terminal del capitalismo, y no es una crisis cíclica. Dicho en otras palabras: las condiciones para su reproducción han sido destrozadas, sea porque los bienes y servicios que puede ofrecer han llegado al límite por la devastación de la naturaleza, sea por la desorganización radical de las relaciones sociales, dominadas por una economía de mercado en la que predomina el capital financiero. La tendencia dominante es pensar que se puede salir de la crisis, volviendo a lo que había antes, con pequeñas correcciones, garantizando el crecimiento, recuperando empleo y asegurando ganancias. Por lo tanto, los negocios continuarán as usual.

Las mil millonarias intervenciones de los Estados industriales salvaron los bancos y evitaron el derrumbe del sistema, pero no han transformado el sistema económico. Peor aún, las inyecciones estatales facilitaron el triunfo de la economía especulativa sobre la economía real. La primera es considerada el principal desencadenador de la crisis, al estar comandada por verdaderos ladrones que ponen su enriquecimiento por encima del destino de los pueblos, como se ha visto ahora en Grecia. La lógica del enriquecimiento máximo está corrompiendo a los individuos, destruyendo las relaciones sociales y castigando a los pobres, acusados de dificultar la implantación del capital. Se mantiene la bomba con su espoleta. El problema es que cualquiera podría encender la espoleta. Muchos analistas se preguntan con miedo: ¿el orden mundial sobreviviría a otra crisis como la que hemos tenido?

El sociólogo francés Alain Touraine asegura en su reciente libro Después de la crisis (Paidós 2011): la crisis o acelera la formación de una nueva sociedad o se vuelve un tsunami, que podrá arrasar todo lo que encuentre a su paso, poniendo en peligro mortal nuestra propia existencia en el planeta Tierra (p. 49.115). Razón de más para sostener la tesis de que estamos ante una situación terminal de este tipo de capital. Se impone con urgencia pensar en valores y principios que puedan fundar un nuevo modo de habitar la Tierra, organizar la producción y la distribución de los bienes, no sólo para nosotros (hay que superar el antropocentrismo) sino para toda la comunidad de vida. Este fue el objetivo al elaborar la Carta de la Tierra, animada por M. Gorbachev que, como ex-jefe de Estado de la Unión Soviética, conocía los instrumentos letales disponibles para destruir hasta la última vida humana, como afirmó en varias reuniones.

Aprobada por la UNESCO en 2003, la Carta de la Tierra contiene efectivamente «principios y valores para un modo de vida sostenible, como criterio común para individuos, organizaciones, empresas y gobiernos». Urge estudiarla y dejarse inspirar por ella, sobre todo ahora, en la preparación de la Río+20.

Nadie puede prever lo que vendrá después de la crisis. Solo se presentan insinuaciones. Todavía estamos en la fase de diagnóstico de sus causas profundas. Lamentablemente son sobre todo los economistas quienes hacen los análisis de la crisis y menos los sociólogos, antropólogos, filósofos y estudiosos de las culturas. Lo que va quedando claro es lo siguiente: ha habido una triple separación: el capital financiero se desenganchó de la economía real; la economía en su conjunto, de la sociedad; y la sociedad en general, de la naturaleza. Y esta separación ha creado tal polvareda que ya no vemos los caminos a seguir.

Los “indignados” que llenan las plazas de algunos países europeos y del mundo árabe, están poniendo el sistema en jaque. Es un sistema malo para la mayoría de la humanidad. Hasta ahora eran víctimas silenciosas, pero ahora gritan fuerte. No sólo buscan empleo, reclaman principalmente derechos humanos fundamentales. Quieren ser sujetos, es decir, actores de otro tipo de sociedad en la que la economía esté al servicio de la política y la política al servicio del bien vivir, de las personas entre sí y con la naturaleza. Seguramente no basta querer. Se impone una articulación mundial, la creación de organismos que hagan viable otro modo de convivir, y una representación política ligada a los anhelos generales y no a los intereses del mercado. Hay que reconstruir la vida social.

Por mi parte veo indicios en muchas partes del surgimiento de una sociedad mundial ecocentrada y biocentrada. Su eje será el sistema-vida, el sistema-Tierra y la Humanidad. Todo debe centrarse en esto. De no ser así, difícilmente evitaremos un posible tsunami ecológico-social.

Adital, 02/07/11

Federico Mayor Zaragoza: La hora de “los pueblos”

Federico Mayor Zaragoza: La hora de “los pueblos”

“Nosotros, los pueblos…”
Inicio de la Carta de las Naciones Unidas, 1945

Por fin, “los pueblos” están empezando a tomar en sus manos las riendas del destino común. Las maquinaciones del Gran Dominio –financiero, militar, energético, mediático– comienzan a ser contrarrestadas por millones de voces hasta ahora desoídas y acalladas. Son los estertores de un sistema que, liderado por el presidente Reagan y la premier Thatcher, sustituyó los principios de justicia social, dignidad humana, libertad y solidaridad por el mercantilismo puro; las ayudas, por préstamos en condiciones draconianas; la cooperación internacional, por explotación; y las Naciones Unidas, por una oligarquía plutocrática (G-6, G-7, G-8…).

En todos estos años, la mayoría de los países fueron cayendo en la trampa de la “globalización”, y los intereses a corto plazo fueron ocultando, en el apogeo de la expansión neoliberal, el deterioro medioambiental, las burbujas económicas, la impunidad en el espacio supranacional con inadmisibles tráficos de toda índole, personas incluidas; el incremento de las asimetrías sociales; la deslocalización fundamentada en el “todo vale”… Todo ello aderezado con invasiones como las de Kósovo o Irak, basadas en la discrecionalidad y la mentira, sin contar con la autorización del Consejo de Seguridad.

De pronto, en momentos en que el gasto militar alcanzaba diariamente los 4.000 millones de dólares al tiempo que morían de hambre más de 60.000 personas, llegó la quiebra del sistema financiero en EEUU y su inmediato “rescate”. No había dinero para los Objetivos del Milenio, para la lucha contra el hambre y la pobreza extrema, ni contra el sida, pero, de pronto, aparecieron torrentes de fondos para salvar del naufragio a los mismos financieros que habían provocado la catástrofe. El Gran Dominio, restablecido, vuelve a las andadas y ha decidido aplicar a los países de la eurozona los mismos “ajustes” que durante décadas aplicó a los países en desarrollo: recortes, despidos masivos, privatizaciones a mansalva…

Sin embargo, desde los primeros años de la década de los noventa se viene fraguando el cambio radical que podría hacer posible que el siglo XXI sea el siglo de la gente. Desde el origen de los tiempos, unos cuantos hombres han mandado sobre el resto de los hombres y de las mujeres. Los ciudadanos no han tenido más opción que obedecer, ofreciendo sin discusión hasta su propia vida cuando quienes ostentaban el poder así lo requerían. Las elecciones han representado un importante adelanto, pero su “formalización progresiva” ha llevado, junto a una notoria desinformación de la ciudadanía, a democracias muy imperfectas, donde los ciudadanos son contados en las elecciones, pero luego no son tenidos en cuenta.

Pues bien, cuando la tecnología de la comunicación empezó a permitir la exposición libre –por internet y los SMS de la telefonía móvil–, estaba claro que la participación no presencial sería el gran factor de transformaciones de hondo calado. Mediante los mismos avances tecnológicos se está procurando distraer a “los pueblos”, mantenerlos como espectadores impasibles, como receptores permanentes. Pero han sido ya muchos, y serán muchos más en el futuro próximo, los que vayan incorporándose a la gran plaza mundial del ciberespacio, a la gran Puerta del Sol, desde donde pedirán, como Blas de Otero, “la paz y la palabra”. Sus voces, expresadas serena y pacíficamente, ya no podrán ser desoídas.

Esta capacidad va acompañada de una conciencia global y de un conocimiento de la realidad a escala planetaria que permiten no sólo conocer las precariedades de los demás, sino apreciar lo que cada uno posee. Los ciudadanos del mundo se van dando cuenta de que pueden modificar las formas de gobernación mundial y hacer frente a los poderes que siempre han deseado, desde sus altos pedestales, mantenerlos atemorizados y silenciados.

Así, en Irán, China, Túnez, Egipto, Libia, Yemen, Siria, Italia o Reino Unido hubo concentraciones importantes, especialmente en el caso de la Primavera Árabe, movilizadas desde el ciberespacio, y el 15 de mayo se inició en España la reunión de los indignados, que respondían así a la provocación del lúcido nonagenario Stéphane Hessel. Urgidos, pero sin violencia, los ciudadanos, especialmente los jóvenes, están planteando con propuestas concretas una auténtica reformulación de la democracia.

“Situaciones sin precedentes requieren soluciones sin precedentes”, ha escrito Amin Maalouf, y me gusta repetirlo. Ha llegado el momento de la reacción popular, de formular propuestas muy concretas e innovadoras que respondan a los “esfuerzos creadores” que Robert Schumman reclamaba en 1950 para la Europa comunitaria que iniciaba su andadura.

Reforma inmediata de la Ley Electoral, supresión de los paraísos fiscales, rechazo a los servicios de los bancos que utilizan esos medios de evasión, transición urgente desde una economía de especulación a una productiva, desarrollo global sostenible, son algunas de esas propuestas. Otras son la autonomía europea en seguridad, con sus propios observatorios y mecanismos de calificación y decisión económica; el inaplazable desarme nuclear, y refundación de un sistema de Naciones Unidas como interlocutor único, dotado de toda la autoridad necesaria para resolver conflictos como los que hoy intentan –con efectos colaterales inadmisibles– abordar infructuosamente los periclitados G-8 o G-20. Todo esto podría ser realidad en poco tiempo.

Público, 02/07/11

Vicente Valero Costa: Grecia y la esclavitud

Vicente Valero Costa: Grecia y la esclavitud
El papel de las autoridades políticas y financieras ante la crisis helena
Vicente Valero Costa, ex consejero de España en Italia y Grecia

Lo de Grecia es para mesarse la barba. Y ponerla a remojo. Recuerden la condena de Sísifo. Cuando los intereses de la deuda bajan y los mercados se apaciguan, ahí tenemos a Sísifo, en la cumbre, sonriente y oteando el horizonte con la piedra ciclópea a sus pies. Vana sonrisa. Y fugaz. Al día siguiente la piedra vuelve a rodar ladera abajo. Y vuelta a empezar.

Privatizaciones, recortes, ajustes, austeridad, serruchazo al Estado del bienestar. Cuanto más se jibarizan salarios y pensiones y se agigantan los impuestos, más crece la deuda. Espeluznante: el pedrusco arrolla al estupefacto Sísifo arrastrándolo a la sima. Una y otra vez.

¿Y Europa? ¿Qué hace Europa? ¿Para qué sirve la Unión Europea? ¿Y el FMI? ¿Y el Banco Mundial? ¿No proclamaron los jerarcas mundiales, con fanfarrias a los cuatro vientos, que iban a «regularse los mercados», con el fin de que los «poderes financieros» no pusieran en jaque la «deuda soberana», para evitar que se disparase la «prima de riesgo»? Horror da pensar que los griegos -cada uno de ellos- estarán endeudados así que pasen cien años. Cien.

¿Cuál es el papel de la política? Frustrante. Indignante. ¿No era la política el instrumento que debía salvarnos de la debacle y de las garras de los buitres? La desregulación practicada por el neoliberalismo salvaje ha dejado en cueros a la política. Cual alfeñique en porreta. Una marioneta en las manos de banqueros.

Yo no atisbo más que una solución. Controvertida, es cierto. Y dolorosa. Pero se trata de una medida audaz. Liquidado su patrimonio (incluida la fascinante Acrópolis), y con el fin de que puedan pagar su deuda y sanear el país, se impone, sin más dilación, vender a los griegos y griegas desde los 10 a los 70 años, como mano de obra gratis. No barata. Gratis.

¿Cómo lo diría, evitando el sofoco, sin tapujos? Así: ha de reinstaurarse la esclavitud. Calculen unos siete millones de esclavos vendidos (a precios tasados por Francia y Alemania según edad y sexo y condición), trabajando de balde por Europa y por el mundo, para pagar la deuda de Grecia y la parte alícuota que les corresponda.

Que nadie se asombre. No es ni más ni menos que lo que se hacía en la antigüedad cuando se conquistaba un pueblo. Se lo sometía, se destruía y se expoliaba su riqueza. Acto seguido, a la población se la vendía como esclava, obteniendo muy buenos dividendos repartidos entre los vencedores.

¿Quién pone en duda que estamos asistiendo a un nuevo y, desde luego, mucho más criminal modelo de conquista y dominación?

Soy de los convencidos de que el objetivo final de esta maldición de Sísifo, es cepillarse el euro. Y de paso, cargarse «lo público», por su nula rentabilidad para el capitalismo sin escrúpulos.

Sin embargo, ¡ay!, lo que ha de ponernos en guardia, es lo de mesarse la barba. Y remojarla. O lo que es igual: empezar a asumir la probable condición de esclavos. ¿O lo somos ya?

La Nueva España, 02/07/11

Juan José Millás: Desahucio

Juan José Millás: Desahucio

Los expertos llevan años asegurando que el precio de los pisos bajará. Y también que no bajará. Ahora toca que bajará, pero dentro de un mes que no bajará. Y si esperamos hasta septiembre volverá a bajar.

Lo de los pisos vale para la velocidad en carretera, para los brotes verdes y para la fecha de las elecciones generales, por poner cuatro ejemplos, que en realidad son tres. La lógica y la democracia, que se inventaron en Grecia, han empezado a desmoronarse por Atenas. Pero lo importante es el diferencial de la deuda de aquí, al que le viene de perlas que Grecia se pegue un tiro en la boca. Mientras Papandreu apretaba el gatillo, los jóvenes eran apaleados sin orden ni concierto en la plaza de Syntagma. Otro atentado contra la lógica, si pensamos en el significado del término sintagma, y una cruz más para los profesores de lengua. Y para los de literatura, porque del mismo modo que se ha roto la sintaxis, se ha roto el relato. El capítulo titulado "Nuevo plan de ajuste" no tiene ni pies ni cabeza porque implica el desahucio entero de un país. Nos hemos presentado con nuestros agentes judiciales y nuestros guardias de la porra y les estamos poniendo los colchones en la calle. Quiere decirse que los griegos son ya turistas de su propio país, lo que tiene un lado bueno: quizá eso les ayude a descubrir la Acrópolis como los que vivimos en Madrid descubrimos el Guggenheim y, los que viven en Bilbao, el Museo del Prado. El mejor modo de conocer un sitio es no ser de él, y los griegos han dejado de ser de Grecia. Ahora son del FMI o de los mercados, esa versión contemporánea de los dioses. Gracias al sacrificio de la lógica y de la democracia griegas, los españoles podremos seguir siendo españoles (y quizá demócratas) durante un tiempo, el que decida Zeus. Por cada muerto de hambre en Atenas, sube un punto el Ibex 35.

El País, 01/07/11

Rafael Poch: El saqueo de Grecia, preludio de grandes acontecimientos

SaqueoRafael Poch: El saqueo de Grecia, preludio de grandes acontecimientos

El crack del capitalismo neoliberal –léase, “la crisis”- abrió en 2008 una oportunidad óptima para construir una Europa mejor. Para ello había que poner coto al dictado financiero y meterse en una profunda revisión institucional que diera un carácter ciudadano y social a una Unión Europea que fue construida a la medida de los negocios. Un “New Green Deal”, como se decía entonces, que utilizara la crisis para afrontar la super crisis del cambio climático y la transición energética. Para meterse en algo así había que arriesgarse, como hizo Gorbachov en la URSS, tener ideales y ser valiente. Demasiado para los políticos rutinarios que dominan el paisaje entre Lisboa y Varsovia. Así que siguieron con lo mismo. Con ello repiten la conducta de la era Brezhnev en la URSS, que evitó una crisis por la vía de negarla, lo que condujo a una crisis mucho mayor, con quiebra del superestado soviético veinte años después. No hay duda: esta gente nos lleva ahora a un segundo batacazo. Y no será en veinte, sino en bien pocos años.

Hacen creer que la crisis consiste en la insolvencia de los países del sur, sugiriendo colisiones de interés entre ciudadanos griegos y alemanes, cuando el problema está en el capital en su conjunto, porque los principales bancos europeos alemanes, franceses y británicos están implicados y expuestos hasta el cuello por la explosión de las burbujas inmobiliarias de todos ellos. En lugar de actuar en el orden de cosas que llevó a la crisis, es decir contra la desregulación neoliberal, Bruselas y Berlín, y detrás todos los demás, mantienen ese orden poniendo dinero en los países periféricos. Con ello sólo ganan tiempo con un mecanismo que se parece mucho a una pirámide financiera que sólo altera la estructura de la deuda, nacionalizándola, y no su monto.

El negocio de la financiación privada de los estados

En Grecia la deuda no disminuye, sino que crece. Lo único que disminuye es la exposición del sector privado (bancos, aseguradoras y fondos), gracias a la nacionalización de los riesgos que practica el Banco Central Europeo (BCE) con sus compras. Uno de los problemas es que los estados se financian a través de los mercados, y no directamente vía el BCE.

El BCE presta dinero a un interés de 1,25% a los bancos, que a su vez se lo prestan a los estados a intereses mucho mayores. A Austria, por ejemplo, se lo prestan a un interés del 4,05%. Si el país hubiera sido financiado directamente por el BCE en 2010 se habría ahorrado 4600 millones de euros. En el mismo escenario Alemania se ahorraría 25.000 millones anuales. Y el fardo de Grecia sería menos pesado.

Actualmente Grecia está pagando un interés medio del 4,68% por su deuda, lo que representa que Atenas paga 15.900 millones anuales sólo de intereses, sin reducir un céntimo su deuda. Es decir, dedica el 29% de sus ingresos anuales (55.600 millones) al pago de intereses: casi un euro de cada tres va para los bancos, sin cuya desregulación e irresponsabilidad (invirtiendo en negocios meridionales tan estúpidos y fantasiosos como rentables) nunca se habría llegado al actual problema. Si en lugar de ese esquema el BCE prestara el dinero a un interés, digamos, del 0,5%, Grecia habría pagado por intereses 1700 millones en lugar de los 15.900 y se habría endeudado por 6.400 millones en lugar de por 20.600 millones.

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