Opinión

Artigos de opinión

Iván González Cruz: Los sexenios de investigación o la corrupción de la inteligencia: Preguntas del Lazarillo de Tormes ante la indiferencia por la investigación en España

Iván González Cruz: Los sexenios de investigación o la corrupción de la inteligencia: Preguntas del Lazarillo de Tormes ante la indiferencia por la investigación en España

  • ¿A qué se debe su crítica a la Comisión Nacional Evaluadora de la Actividad Investigadora (CNEAI)?

Los criterios que aparecen en las Bases de su Convocatoria bastan para que cualquier persona decente intelectualmente se percate de su tendencionismo y carencia de rigor científico. Cito textualmente “No se tomarán en consideración: los libros de texto; las obras de divulgación; las enciclopedias; los artículos de opinión, antologías o diccionarios comunes”. A ello se suma, entre otros deméritos según la CNEAI para tener el reconocimiento investigador, el que un profesor publique una investigación en su Universidad. Para que se tenga una idea gráfica de esta salvajada que nada tiene que ver con el conocimiento y la sabiduría, voy a mencionar algunas personalidades que por los criterios citados de la CNEAI no podrían ser admitidos como investigadores. Ni Bertrand Russell, connotado matemático y Premio Nobel que desarrolló gran parte de su labor investigadora en obras de divulgación; ni María Moliner, que hizo el Diccionario de uso del español, el mejor que yo conozca; ni el enciclopedista Denis Diderot, símbolo de la Ilustración… podrían llamarse investigadores según la CNEAI por sus criterios citados anteriormente. ¿Cómo respetar aquello que no se puede respetar a sí mismo?

  • La obra, la gran ausente

Tener una obra de investigación es ya causa suficiente para no ser evaluado positivamente. Téngase en cuenta que la CNEAI ni siquiera se lee las aportaciones de los candidatos, sean artículos, capítulos o libros. Juzgan sin saber. Esto no solo es un fraude, sino una auténtica corrupción en el sistema universitario español. Imaginemos un profesor que evalúe a un estudiante sin leerse su examen. Es inadmisible. Pues bien, este es el mensaje implícito que se da a la comunidad universitaria, a través de la CNEAI, justamente a sus profesores-investigadores responsables de formar a las nuevas generaciones: “miente, como hace el sistema que te evalúa a ti, profesor”. Frente a esta infamia, es preferible vivir en la soledad de la verdad, antes de estar rodeado de la compañía de la mentira.

José Carlos Bermejo Barrera: La cartografía del insulto: una innovadora tecnología académica

José Carlos Bermejo Barrera: La cartografía del insulto: una innovadora tecnología académica

Cuando algunos colegas de un profesor dibujan con trazos gruesos su retrato, intentando centrarse en su persona y no aportando dato o argumento alguno, debe suponerse que lo hacen impulsados por sus académicos ardores, propios de su juventud, pero que perduran en algún caso hasta después de la jubilación. Se ha escrito mucho acerca de la metodología y la epistemología de la geografía y la historia - no por cierto por parte de los autores del artículo publicado el día 2 de este mes en este periódico-, en libros y revistas nacionales e internacionales, y para ello se utilizan normalmente argumentos, siguiendo ese viejo refrán inglés que dice que “los señores hablan de ideas y los criados de personas”. Los autores de referencia sobre esos temas suelen ser conocidos por sus obras, en las que todo puede defenderse acerca de si es mejor impartir la geografía en el nivel de grados o másteres, tras destacar su carácter imprescindible, y si las instituciones en las que se enseñan han de ser institutos, departamentos o facultades.

José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca y la nostalgia del ladrillo

José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca y la nostalgia del ladrillo

España vivió no hace mucho un supuesto milagro económico cuyo autor intelectual fue Rodrigo Rato. Sus bases consistieron en reducir el déficit público privatizando lo que quedaba del sector público, que provenía de la época de Franco, y no de la época de Lenin; y en crear la burbuja inmobiliaria. Se alcanzó la cota en 2006, cuando se construyeron en España tantas viviendas como en el resto de la comunidad europea. La burbuja tuvo efectos milagrosos porque puso en movimiento muchos sectores: cemento, ladrillo, cerámica, metal, madera, electricidad, fontanería…, que junto a la propia construcción crean mucho empleo, generan unos ingresos por IVA para la hacienda pública muy altos, a los que se suman los ingresos por IRPF y otros impuestos. Su financiación corrió a cargo de la banca, pública y privada, que entró en una espiral de insensatez crediticia, que llevó a todo un país al endeudamiento masivo.

José Carlos Bermejo Barrera: Curar y cuidar

Teresa RomeroJosé Carlos Bermejo Barrera: Curar y cuidar
Para Teresa Romero

La vida es un proceso temporal, que tiene un curso propio, regido por miles de leyes de las que no conocemos casi nada, y que se autorregula, viéndose alterada episódicamente por la enfermedad, que habitualmente termina por acabar con ella. Toda enfermedad es tres cosas a la vez: un proceso biológico, un proceso psicológico y un proceso social y a veces económico. Estas tres facetas son inseparables, pero tendemos a verla sólo como un proceso biológico: anatómico, fisiológico o microbiológico, tal y así la estudian los médicos en sus textos desde el mundo griego en adelante. El médico es un espectador imparcial ante la enfermedad, debe conocer el proceso patológico de un modo objetivo y por eso tiene que ser neutral y no implicarse en él. Mira al enfermo desde arriba y a distancia. Para él la enfermedad es un espectáculo digno de observar con curiosidad y sin pasión hasta el final, y por ello hubo escuelas médicas como el “nihilismo terapéutico” de los vieneses de fines del siglo XIX, que consideraban que, dado que la enfermedad remite y se cura por sí misma o sigue su curso inexorable, sólo cabe describirla y analizarla con la esperanza de poder quizás preverla, pero nada más, ya que en ella estamos contemplando un drama científico natural.

La medicina es el arte de prevenir y curar las enfermedades con los modos de que se dispone en cada momento histórico, que ahora son: las ciencias anatómico-biológicas, las ciencias químicas y bioquímicas, desde la fisiología a la genética; y las microbiológicas, para el campo de las enfermedades producidas por agentes patógenos externos. Con su ayuda conocemos algo de algunas enfermedades, poco o nada de muchas y seguimos ignorando miles de procesos patológicos ocultos. Sin embargo, en la historia se han logrado avances clínicos mediante la mera práctica, y a pesar de desconocer los fundamentos científicos de la enfermedad. Semmelweiss consiguió reducir en Viena la mortalidad de las parturientas obligando a lavarse las manos a médicos y comadronas. No conocía el mecanismo de una infección postparto, pero supo cómo evitarla. En la Edad Media se sabía que si uno se iba al campo cuando llegaba la peste y volvía una vez que hubiese diezmado su ciudad estaría a salvo, y también que quemar las casas de los infectados y aislar sus cadáveres tenía un efecto muy beneficioso. Durante miles de años los humanos aprendimos a curar empíricamente heridas, fracturas y traumatismos, como ha estudiado G. Majno en su libro The Healing Hand (1975). Los usos medicinales de plantas, animales y sustancias minerales fueron conocidos desde la prehistoria, y las primeras farmacopeas griegas y romanas no fueron más que sistematizaciones de un saber milenario compartido por hombres y mujeres y transmitido oralmente. Y es que, antes de que la profesión médica se constituyese como parte del saber racional, y conviviendo con él, la humanidad ha sabido luchar contra las enfermedades de diferentes modos, muchos de ellos aun válidos.

Enrique López González: ¿Quo vadis universidad?

Enrique López González: ¿Quo vadis universidad?
Enrique López González, Catedrático de Economía Financiera y Contabilidad de la Universidad de León

¿QUO VADIS UNIVERSIDAD? (I)
Reseteen sus cerebros

Sócrates era albañil. Si resucitase, no necesitaría más de una mañana para ponerse al día y levantar casas en el sector del ladrillo. En la sociedad del conocimiento no es tan fácil, las cosas mudan de forma abrupta y con rangos de aceleración nunca vistos. Einstein sentenció que, «en caso de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento». Y deduzcan ustedes que se refería al conocimiento que utiliza la imaginación como cabeza tractora.

Aquí y ahora, los conocimientos se acreditan con métodos administrativos, con un documento, un salvoconducto o título. ¿Se debieran acreditar, sin embargo, a capón, sin tanta intermediación, poniendo conocimiento encima de la mesa de trabajo? Parece una pregunta ociosa o inocua. Los partidarios y seguidores de la segunda opción, sin embargo, crecen exponencialmente. ¿Cómo la respondemos los españoles? Hay que lograr, decimos, que los salvoconductos expedidos por la Administración, por nuestras instituciones, coincidan con conocimiento y experiencia real. Es una respuesta conciliadora y templada. Y parece, desde luego, el pivote ideal sobre el que puede girar la reforma universitaria de España. En un mismo lance, salvamos la institución universitaria, su prestigio, muy desmejorado, y proclamamos nuestra adhesión al conocimiento. Sencillo. ¿Es lo que necesitamos? ¡Quía! Las palabras no rectifican la realidad ni reemplazan a los hechos ciertos. ¿Qué son el MIT, Stanford, Harvard, Oxford u otras universidades de la ‘Liga de la Hiedra’ (Ivy Leage), instituciones o marcas? ¿Son ‘Campus Universitarios’? Claro que lo son, aunque la idea de ‘Campus’ adjetiva más que sustantiva su actividad, y es algo que puede importarle a un español, a ciertos europeos y a nadie más y que, a todas luces, resulta obvio, es pregunta, retórica y contemplativa.

Entre los activos que son apreciables, que nutren y engrandecen el buen nombre de los integrantes de la Liga de la Hiedra, son escasos, créanme, los que tienen que ver con sus ‘Campus’, cada vez más irrelevantes frente a la aportación de sus Hubs de talento proactivo. Los activos de mayor peso son sus empresas, laboratorios/empresa, institutos/empresa, talleres/empresa, patentes, derechos, opciones, etc. Estas instituciones son expertas en líneas transversales y oblicuas, expertas en la menor distancia, en el recorrido más corto, entre el talento y sus start-ups y spin-offs. ¿La recluta de talento para sus laboratorios, institutos, talleres o hackerspaces procede de sus propios ‘Campus’? Quizá sí hace una o dos décadas. Ahora, procede de las líneas transversales, de las innumerables pasarelas, que no descansan en crear (hacer cosas), entre el talento y el objetivo, saltándose el ‘Campus’.

José Carlos Bermejo Barrera: ¿Adiós a la geografía?

José Carlos Bermejo Barrera: ¿Adiós a la geografía?

Decía un gran historiador alemán que “los geógrafos estudian la superficie de la tierra superficialmente”, expresando la idea ampliamente compartida de que la Geografía no es más que una acumulación de datos que parece haber perdido el sentido. Hace medio siglo los niños aun cantaban los partidos judiciales en versos como: “Coruña, Noya, Padrón/ Ferrol, Betanzos, Cedeira/ Santiago, Muros, Negreira/ Puentedeume y Corcubión”, unos versos que pocas vocaciones poéticas debieron suscitar, como pocas vocaciones geográficas nacieron de niños que tuvieron que aprenderse, cabos, golfos, ríos y afluentes de memoria.

Los estudios universitarios de Geografía están en crisis. El grado de la misma no cubre los mínimos exigidos y podría ser suprimido si se aplicasen los criterios burocráticos obsesivo-compulsivos que gobiernan las universidades, y los alumnos que acuden a él lo hacen en muchos casos como última opción y porque sus notas medias apenas les permiten matricularse en otras carreras. ¿Debemos tirar la Geografía a la basura? Creo que no, pero también es verdad que su estudio podría mejorar al margen de la propia existencia de un grado, de un título cerrado o campo de concentración geográfico, que se quiere definir como ciencia de ordenación del territorio.

José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca no es lo que parece

José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca no es lo que parece

Que en el mundo una cosa es lo que ocurre y otra lo que realmente pasa es una idea consagrada por los refranes y las obras de grandes filósofos, historiadores y literatos. Así en el año 1729 B. Mandeville llegó a sostener en su Fábula de las abejas, un libro sobre economía, que “ los vicios privados hacen la prosperidad pública”, como decía el propio subtítulo de esta obra, una realidad que en la actualidad parece confirmarse. La mentira, la falsedad y el disimulo parecen ser elementos básicos del orden social, y también del propio orden biológico. El antropólogo V. Sommer publicó el libro Elogio de la mentira. Engaño y autoengaño en hombres y otros animales (1995) en el que deja bien claro que la ocultación y el engaño son dos estrategias esenciales en el mundo de la vida unicelular, vegetal y animal. Un virus desarrolla estrategias para engañar a los anticuerpos, una planta crea sistemas químicos para defenderse de los animales y se oculta y transforma mediante el mimetismo, y los animales necesitan engañar a otros para huir, para cazar, o para conseguir a las mejores hembras. Todo el mundo engaña a todo el mundo en el reino de la vida, pero es que además todos nos engañamos a nosotros mismos, creyéndonos mejores de lo que en realidad somos, o mejores que los demás. Todos tenemos que disimular nuestros defectos y las partes menos agradables de nuestro cuerpo y nuestras funciones vitales, y para eso todas las sociedades elaboran normas sobre el vestido, el sexo, o la dosificación de la violencia y del conjunto de nuestras pasiones. Sin embargo, no podemos concluir a partir de todo esto que la mentira sea una de las virtudes cardinales ni teologales.

En todos los campos la mentira debe tener límites. Sabemos que todo el mundo miente y disimula, pero si se da el caso de que todo un sistema político o una institución miente de modo sistemático y sin disimulo, entonces puede surgir un problema, porque la tolerancia a la mentira también tiene un límite. Los estudiosos del hundimiento de la URSS y sus satélites, como N. Hayoz (L’étreinte soviétique, 1997) llegaron a la conclusión de que uno de los principales factores que puede explicar el estrepitoso y fulminante hundimiento del sistema político-militar y de toda la economía soviética fue la mentira, o la disonancia cognitiva. Los países que predican la desigualdad y la competencia en la economía pueden tener que frenarlas para evitar la destrucción generalizada mediante la avaricia de los poderosos, tal y como ha ocurrido recientemente, pero un sistema que predica la igualdad y crea desigualdades ocultas acaba por hundirse en el desprestigio y caer en el colapso. Circulaban un chiste en la URSS que decía: “el capitalismo es la explotación del hombre por el hombre, el marxismo es todo lo contrario”. Sobran los comentarios.

Antoni Verger and Mario Novelli: “Education is not for sale”: Teachers’ unions multi-scalar struggles against liberalizing the education sector

Antoni Verger and Mario Novelli: “Education is not for sale”: Teachers’ unions multi-scalar struggles against liberalizing the education sector

The General Agreement on Trade in Services (GATS) of the World Trade Organization (WTO) pushes for the continuous liberalization of education all over the world. This agreement is directly affecting the education regulatory framework of the WTO member states as well as the geographies of decision-making in education affairs. However, the GATS is being widely contested by the education community. Teachers unions and other education stakeholders have opposed and campaigned against the GATS in different countries and at a range of geographical scales, from the local to the global.

This paper explores how non-state actors, their ideas and strategic action, are key elements to understanding the outcomes of the global liberalization process entailed by the GATS. Specifically, it shows how the scalar interaction between civil society networks and the organization of the struggle at different scales is a key impact factor for non-state actors in global politics. At the same time, civil society organizations’ reflexivity on the re-scaling of politics and on the new challenges rescaling means in terms of strategy and political opportunities are also relevant factors of political success.

The arguments of the article are based on an in-depth case study over Education International, the biggest international federation of teacher unions, and its campaign against the GATS.

Santiago Gómez Obando: El sistema de acceso a la formación profesional como espejo del país o hacia una crítica de la igualdad formal en el acceso a la educación universitaria

Santiago Gómez Obando: El sistema de acceso a la formación profesional como espejo del país o hacia una crítica de la igualdad formal en el acceso a la educación universitaria

En las últimas semanas comenzó un nuevo capítulo de la confrontación entre el gobierno nacional y un sector de la sociedad colombiana -estudiantes, académicos e intelectuales pertenecientes a diversas tendencias políticas-, por definir los derroteros de sentido y actuación que deberán caracterizar al Sistema Educativo Superior Colombiano en los próximos años. El documento presentado por el Consejo Nacional de Educación Superior (en adelante CESU) el pasado mes de agosto, y la respuesta crítica elaborada por los profesores de la Universidad Nacional de Colombia, Andrés Felipe Mora y Leopoldo Múnera, se erigen en las dos propuestas más representativas que, hasta el momento, se han puesto sobre la mesa en relación con este tema en lo corrido de la segunda administración del Presidente Juan Manuel Santos.

Andrés Felipe Mora y Leopoldo Múnera Ruiz: Complejo de Superioridad (La política pública para la educación terciaria)

Andrés Felipe Mora y  Leopoldo Múnera Ruiz: Complejo de Superioridad (La política pública para la educación terciaria)Munera 1
Palabras al Margen, 15 Septiembre 2014.

Desde el título del documento del CESU, términos rimbombantes como “acuerdo por lo superior” intentan dar la impresión de que estamos frente a una propuesta extraordinaria y llena de virtudes, la cual, sin embargo, oculta los sentimientos de inferioridad de los encargados de dirigir las instituciones públicas de educación superior.

Leopoldo Múnera Ruiz
Andrés Felipe Mora

A comienzos del mes de agosto, el Consejo Nacional de Educación Superior (CESU) presentó ante la opinión pública un documento denominado, Acuerdo por lo Superior 2034. Propuesta de política pública para la excelencia de la educación superior en Colombia en el escenario de la paz. Según sus autores, el texto es el resultado de un gran diálogo nacional y de la construcción colectiva “para alcanzar un objetivo común: una educación superior de calidad para todos los colombianos”1.

Como había sucedido con la presentación de la reforma a la Ley 30 de 1992 por parte de la entonces Ministra de Educación, María Fernanda Ocampo, el texto juega con cifras absolutas para impresionar a los lectores. Dice que en un trabajo cuya duración superó los mil días, participaron 33.000 personas, en 155 espacios de debate, “impactaron” 6 regiones, recorrieron 32 departamentos, realizaron 2 eventos internacionales y parece, pues no lo afirma con precisión, que se apoyaron en 29 proyectos de investigación financiados por el Ministerio de Educación Nacional (MEN)2. Además, le solicitaron la introducción al conocido filósofo y sociólogo francés, Edgar Morin, principal representante de la llamada epistemología de la complejidad. Quizás por estas y otras pompas, Moisés Wasserman, exrector de la Universidad Nacional de Colombia, lo calificó como un parto de los montes, evocando la fábula de Esopo, la cual “relata que después de grandes ruidos y tremores en los montes que iban a dar a luz, nació un pequeño ratón”3. Como intentaremos ilustrar en este artículo, más que un roedor, el CESU fecunda un enjambre de termitas para la educación superior, especialmente para la universidad pública.

De todas formas, los autores nos advierte que el documento es el producto “de la ponderación, análisis crítico, valoración y toma de posición del CESU, una vez discutidas y analizadas las propuestas de la mayoría de los actores del sistema”4. En otras palabras, muchas personas participaron en el proceso de discusión colectiva, pero fue el Consejo Nacional de Educación Superior quien tomó la decisión sobre el texto final. Los miembros de este que tienen voto, 4 representantes del gobierno, acompañados por tres invitados permanentes, 4 rectores de instituciones públicas de educación superior, 3 de las privadas, aunque la jurídicamente solo debían ser 2, 1 de las pertenecientes a la economía solidaria, 2 del sector productivo, y sendos voceros de las comunidades académicas, los estudiantes y los profesores5. Como sucede en el conjunto de las instituciones de educación superior, los representantes directos de las comunidades universitarias constituyen una pequeña minoría, pues los rectores de las universidades e institutos técnicos y tecnológicos son nombrados, en la gran mayoría de los casos, en virtud de las afinidades que tienen con los gobiernos regionales o con el nacional.

José Carlos Bermejo Barrera: El trébol del borriquito

BorriquitoJosé Carlos Bermejo Barrera: El trébol del borriquito

“Borriquito como tú, que no sabes ni la u, borriquito como tú, yo sé más que tú”, cantaba Peret, recientemente fallecido, y rezaba la canción infantil. Podríamos decir que en la universidad actual los profesores somos unos borriquitos a los que se nos dice constantemente “yo sé más que tú”. “Yo sé cómo se enseña y tú no, yo sé cómo se gestiona y tú no, y yo sé cómo se investiga y tú no”. Da la impresión de que los profesores, que somos los que sabemos algo de una pequeña parte de un saber, en realidad no sabemos nada y tenemos que admitir la tutela de los que, no sabiendo nada de algo, afirman saberlo todo de todo. El secreto de su éxito está en lo que podíamos llamar el trébol del borriquito, con sus tres hojas: docencia, gestión e investigación, que tienen la misma forma para cualquier clase de trébol y que pueden crecer bajo cualquier clima.

Las universidades actuales, y no solo las españolas, viven bajo la tiranía del discurso de la gestión. Se llama gestión, gestión de todo, a una técnica aparentemente neutral y racional que permite controlar cualquier proceso y a cualquier grupo social. Un gestor eficiente sabría lo mismo organizar un ejército – y así es como el ejército de los EE.UU. va de desastre en desastre en sus últimas campañas militares – que mejorar el funcionamiento de un hospital, reorganizar la plantilla de una empresa o decir cómo se enseña mejor cualquier cosa, cómo se investiga igual de bien cualquier tema, y cómo se publica cualquier cosa con el mismo formato y en las mismas revistas. Abby Day ha escrito un libro, How to get research published in journals, que ya conoce numerosas ediciones, en el que recomienda a los científicos “gestionar” sus publicaciones para mejorar su currículum partiendo de la idea de que hay que publicar lo que las revistas quieren en la forma en que lo piden, y no pretender investigar ni lo que es más importante ni lo que es más interesante. El investigador dejaría así de ser un experto guiado por la lógica de su ciencia para convertirse en un vendedor de sus mercancías a aquellos compradores que le den un mayor beneficio. Equipos de los grandes grupos editoriales científicos, que no son investigadores, dan cursos y conferencias a los investigadores enseñándoles a publicar. Los investigadores aceptan que son unos borriquitos que no saben ni la u y están dispuestos a que se la enseñe quien bien la pronuncia.

José Carlos Bermejo Barrera: Las ruinas de Bolonia: fragmentos

José Carlos Bermejo Barrera: Las ruinas de Bolonia: fragmentos

Me4rcado de la educación superior

1. Fábula: cuando los árboles buscaron un rey (Jueces, 9: 8/15)

Hubo una vez en que los árboles
se reunieron para elegir un rey.
Le dijeron al olivo: “Reina sobre nosotros.”
Pero el olivo les respondió:
“¿Por qué tendría yo que renunciar a mi aceite
que tanto alaban los dioses y los hombres
para gobernaros a los árboles?”.

José Carlos Bermejo Barrera: ¿Deben los filósofos picar piedras?

FilósofoJosé Carlos Bermejo Barrera: ¿Deben los filósofos picar piedras?

A juzgar por lo que se decía en la España de Franco, sí. La frase adecuada era: “yo a los filósofos los ponía a picar piedras”, proyecto a la vez laboral y político que resulta comprensible si se tiene en cuenta que muchos pensaban que la filosofía era una profesión peligrosa para el orden establecido, pues los filósofos, tábanos impertinentes, tenían la manía de poner en duda el orden establecido y las verdades consagradas de la religión. Como en la España de Franco la mayor parte de la población había interiorizado inevitablemente el franquismo, cuando una persona tenía una idea que consideraba buena para el bien común podía decir: “ si yo fuera Franco prohibiría…”, lo que naturalmente suponía admitir que la forma básica de la acción política y la mejora moral de un país ha de consistir siempre en prohibir o censurar algo. La idea del filósofo picapedrero, que no escultor en mármol o granito, también podía verse reforzada por la existencia de notorias iniciativas en el ramo de la cantería, como fue el caso del Valle de los Caídos, cuando no por la idea de que la filosofía había de ser esclava, “esclava de la teología”: ¿qué mejor trabajo para un esclavo que picar piedra en una cantera?

A lo largo de 2.500 años de historia, la filosofía y los filósofos han cumplido diferentes funciones dentro de una matriz que puede seguirse considerando como común. El filósofo no siempre fue un profesional de una materia. Tales de Mileto, el primero de ellos, no vivía de la filosofía. Se le atribuyeron un viaje de estudios a Egipto y unos conocimientos físicos y astronómicos extraordinarios, que le permitieron, ante la burla de una esclava, que se rió de él por caerse en un pozo al caminar de noche mirando a las estrellas, hacerse millonario alquilando todos los molinos de aceite de su ciudad a un precio ridículo cuando todo el mundo esperaba una horrible cosecha que sólo él sabía que había de ser extraordinaria. Sería así el inventor de las operaciones bursátiles a corto plazo. Los filósofos griegos, que consideraron que la cumbre de todos los saberes eran las matemáticas y que todos los saberes racionales forman parte de la filosofía, vivieron a veces en cofradías religiosas, como la escuela del matemático Pitágoras o la Academia de Platón, porque pensaron que la filosofía, además de la síntesis de todos los saberes, era ante todo una manera de vivir, orientada a la búsqueda del conocimiento, y no del poder o las riquezas. Aunque otras veces fueron educadores y asesores de los poderosos y también itinerantes vagabundos o predicadores callejeros, como Heráclito de Éfeso y los filósofos cínicos.

José Carlos Bermejo Barrera: Retratos en Fonseca: Xosé Manuel Beiras Torrado

Xosé Manuel BeirasJosé Carlos Bermejo Barrera: Retratos en Fonseca: Xosé Manuel Beiras Torrado

Segundo o sociólogo Max Weber, existen tres tipos diferentes de autoridade: a tradicional, a carismática e a burocrática. Estes tres tipos poden darse tanto no campo político como no universitario e poden solaparse nunha mesma persoa, e quizais por iso a figura de X. M. Beiras, que desenvolveu a súa actividade vital simultaneamente nestes dous campos, poida ser un dos mellores exemplos da validez desta teoría.

Foi e segue sendo este profesor e político, próximo xa aos oitenta anos, un referente esencial para poder comprender gran parte da vida académica galega e por suposto do seu desenvolvemento político nos últimos corenta anos. E é que Beiras, que chegou a Santiago como catedrático de Estrutura Económica a finais dos anos sesenta, nunha universidade que comezaba a vivir as tensións políticas dos últimos anos do franquismo, foi á súa vez un mestre intelectual no campo das ciencias sociais e un político na clandestinidade que trataba de reformular o nacionalismo galego partindo dos desenvolvementos máis recentes da economía marxista e intentando comprender dun modo científico a realidade histórica e social da Galicia dese momento, sen dúbida moi diferente en moitos aspectos da actual. Para os estudantes da recentemente creada Facultade de Ciencias Económicas Beiras era un modelo a imitar, como só pode selo un profesor que a súa vez posúa a categoría de intelectual. E un intelectual, término creado na Francia de fins do século XIX a raíz do Asunto Dreyfus, é un escritor, pensador ou científico que se compromete política e persoalmente a defender as ideas nas que cre. Émile Zola, o novelista que publicou un artigo xornalístico titulado “Eu acuso”, sería o primeiro deles cando denunciou a falsedade do consello de guerra ao que fora sometido o capitán Dreyfus, acusado de traizón, debido entre outras cousas á súa orixe xudea.

José Carlos Bermejo Barrera: Deprimidos en Fonseca

El gritoJosé Carlos Bermejo Barrera: Deprimidos en Fonseca

Culminó su mandato el rector Casares dando la nota en el solemne acto de su relevo, al dejar claro que no podía improvisar un discurso de ocasión si no leía unos papeles sobre los que entabló contienda con su secretaria, a la que intentó poner en su lugar, tal y como de ello dieron fe las cámaras de la televisión, testigos parlantes de la ceremonia. Quizás no podía acabar de otro modo un mandato en el que, tras ser investido caballero, el nuevo desfacedor de entuertos entabló singular combate, siguiendo las huellas de su antecesor literario, con unos odres de vino en una venta, derrotó en épica batalla a unos molinos en los que quiso ver gigantes y realizó otras grandes gestas, como purgar a su propio equipo de gobierno sucesivas veces, pagar a trompicones una deuda de la que no era responsable, guiado para ello por su personal criterio contable, dar batalla a la vez a tirios y troyanos, para acabar condecorando a quienes combatieron con él hasta el final, a los que él mismo premió no sabemos si por su fidelidad o por su paciencia, a la vez que se encargaba un retrato que inmortalizase el recuerdo de su memoria.

En este trance tomó posesión de su cargo el rector Juan Viaño, un hombre de carácter afable que sabe lo que es el esfuerzo cuando uno desea conseguir algo y al que por ser especialista en el campo de la llamada matemática aplicada se le supone a su vez el manejo de la capacidad de abstracción y la visión práctica de la realidad. Señaló Viaño que veía a su universidad desanimada o desencantada, a la vez que magra en recursos financieros, lo que sin duda sabe por haber sido miembro del equipo de gobierno que dejó en herencia al rector anterior esa misteriosa, discutida y relativa deuda, cuyo monto varía según sea la persona que hable de ella.

Hay que reconocer que Fonseca tiene razones para estar deprimida. Sus miembros han sufrido recortes en su nómina, por parte de Zapatero, de Rajoy, de Feijóo, y por parte de la propia universidad que los aplicó sin acuerdo alguno del Claustro ni del Consello de Goberno y ante el silencio de unos sindicatos, sobre todo de profesores, únicamente preocupados en ver a quién se le puede asignar una nueva cátedra o en consolidar, sea a costa de lo que sea, a las pobres víctimas de los programas de formación de investigadores, que poco a poco comienzan a darse cuenta de que no existe ya la tierra prometida. Las nóminas se recortan, se recortan los gastos a la vez que los nuevos edificios del Campus de Excelencia Internacional se alzan tan orgullosos en el campus como lo están de ellos sus usufructuarios, cuyos proyectos de investigación son cada vez menos - al fin y al cabo manda la crisis -, cuyos equipos entran en crisis, a la vez que lo único que crece son los intereses de la deuda que la construcción de esos edificios supuso al sumarse a la deuda anterior.

Distribuir contido