Opinión

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José Carlos Bermejo Barrera: El trébol del borriquito

BorriquitoJosé Carlos Bermejo Barrera: El trébol del borriquito

“Borriquito como tú, que no sabes ni la u, borriquito como tú, yo sé más que tú”, cantaba Peret, recientemente fallecido, y rezaba la canción infantil. Podríamos decir que en la universidad actual los profesores somos unos borriquitos a los que se nos dice constantemente “yo sé más que tú”. “Yo sé cómo se enseña y tú no, yo sé cómo se gestiona y tú no, y yo sé cómo se investiga y tú no”. Da la impresión de que los profesores, que somos los que sabemos algo de una pequeña parte de un saber, en realidad no sabemos nada y tenemos que admitir la tutela de los que, no sabiendo nada de algo, afirman saberlo todo de todo. El secreto de su éxito está en lo que podíamos llamar el trébol del borriquito, con sus tres hojas: docencia, gestión e investigación, que tienen la misma forma para cualquier clase de trébol y que pueden crecer bajo cualquier clima.

Las universidades actuales, y no solo las españolas, viven bajo la tiranía del discurso de la gestión. Se llama gestión, gestión de todo, a una técnica aparentemente neutral y racional que permite controlar cualquier proceso y a cualquier grupo social. Un gestor eficiente sabría lo mismo organizar un ejército – y así es como el ejército de los EE.UU. va de desastre en desastre en sus últimas campañas militares – que mejorar el funcionamiento de un hospital, reorganizar la plantilla de una empresa o decir cómo se enseña mejor cualquier cosa, cómo se investiga igual de bien cualquier tema, y cómo se publica cualquier cosa con el mismo formato y en las mismas revistas. Abby Day ha escrito un libro, How to get research published in journals, que ya conoce numerosas ediciones, en el que recomienda a los científicos “gestionar” sus publicaciones para mejorar su currículum partiendo de la idea de que hay que publicar lo que las revistas quieren en la forma en que lo piden, y no pretender investigar ni lo que es más importante ni lo que es más interesante. El investigador dejaría así de ser un experto guiado por la lógica de su ciencia para convertirse en un vendedor de sus mercancías a aquellos compradores que le den un mayor beneficio. Equipos de los grandes grupos editoriales científicos, que no son investigadores, dan cursos y conferencias a los investigadores enseñándoles a publicar. Los investigadores aceptan que son unos borriquitos que no saben ni la u y están dispuestos a que se la enseñe quien bien la pronuncia.

José Carlos Bermejo Barrera: Las ruinas de Bolonia: fragmentos

José Carlos Bermejo Barrera: Las ruinas de Bolonia: fragmentos

Me4rcado de la educación superior

1. Fábula: cuando los árboles buscaron un rey (Jueces, 9: 8/15)

Hubo una vez en que los árboles
se reunieron para elegir un rey.
Le dijeron al olivo: “Reina sobre nosotros.”
Pero el olivo les respondió:
“¿Por qué tendría yo que renunciar a mi aceite
que tanto alaban los dioses y los hombres
para gobernaros a los árboles?”.

José Carlos Bermejo Barrera: ¿Deben los filósofos picar piedras?

FilósofoJosé Carlos Bermejo Barrera: ¿Deben los filósofos picar piedras?

A juzgar por lo que se decía en la España de Franco, sí. La frase adecuada era: “yo a los filósofos los ponía a picar piedras”, proyecto a la vez laboral y político que resulta comprensible si se tiene en cuenta que muchos pensaban que la filosofía era una profesión peligrosa para el orden establecido, pues los filósofos, tábanos impertinentes, tenían la manía de poner en duda el orden establecido y las verdades consagradas de la religión. Como en la España de Franco la mayor parte de la población había interiorizado inevitablemente el franquismo, cuando una persona tenía una idea que consideraba buena para el bien común podía decir: “ si yo fuera Franco prohibiría…”, lo que naturalmente suponía admitir que la forma básica de la acción política y la mejora moral de un país ha de consistir siempre en prohibir o censurar algo. La idea del filósofo picapedrero, que no escultor en mármol o granito, también podía verse reforzada por la existencia de notorias iniciativas en el ramo de la cantería, como fue el caso del Valle de los Caídos, cuando no por la idea de que la filosofía había de ser esclava, “esclava de la teología”: ¿qué mejor trabajo para un esclavo que picar piedra en una cantera?

A lo largo de 2.500 años de historia, la filosofía y los filósofos han cumplido diferentes funciones dentro de una matriz que puede seguirse considerando como común. El filósofo no siempre fue un profesional de una materia. Tales de Mileto, el primero de ellos, no vivía de la filosofía. Se le atribuyeron un viaje de estudios a Egipto y unos conocimientos físicos y astronómicos extraordinarios, que le permitieron, ante la burla de una esclava, que se rió de él por caerse en un pozo al caminar de noche mirando a las estrellas, hacerse millonario alquilando todos los molinos de aceite de su ciudad a un precio ridículo cuando todo el mundo esperaba una horrible cosecha que sólo él sabía que había de ser extraordinaria. Sería así el inventor de las operaciones bursátiles a corto plazo. Los filósofos griegos, que consideraron que la cumbre de todos los saberes eran las matemáticas y que todos los saberes racionales forman parte de la filosofía, vivieron a veces en cofradías religiosas, como la escuela del matemático Pitágoras o la Academia de Platón, porque pensaron que la filosofía, además de la síntesis de todos los saberes, era ante todo una manera de vivir, orientada a la búsqueda del conocimiento, y no del poder o las riquezas. Aunque otras veces fueron educadores y asesores de los poderosos y también itinerantes vagabundos o predicadores callejeros, como Heráclito de Éfeso y los filósofos cínicos.

José Carlos Bermejo Barrera: Retratos en Fonseca: Xosé Manuel Beiras Torrado

Xosé Manuel BeirasJosé Carlos Bermejo Barrera: Retratos en Fonseca: Xosé Manuel Beiras Torrado

Segundo o sociólogo Max Weber, existen tres tipos diferentes de autoridade: a tradicional, a carismática e a burocrática. Estes tres tipos poden darse tanto no campo político como no universitario e poden solaparse nunha mesma persoa, e quizais por iso a figura de X. M. Beiras, que desenvolveu a súa actividade vital simultaneamente nestes dous campos, poida ser un dos mellores exemplos da validez desta teoría.

Foi e segue sendo este profesor e político, próximo xa aos oitenta anos, un referente esencial para poder comprender gran parte da vida académica galega e por suposto do seu desenvolvemento político nos últimos corenta anos. E é que Beiras, que chegou a Santiago como catedrático de Estrutura Económica a finais dos anos sesenta, nunha universidade que comezaba a vivir as tensións políticas dos últimos anos do franquismo, foi á súa vez un mestre intelectual no campo das ciencias sociais e un político na clandestinidade que trataba de reformular o nacionalismo galego partindo dos desenvolvementos máis recentes da economía marxista e intentando comprender dun modo científico a realidade histórica e social da Galicia dese momento, sen dúbida moi diferente en moitos aspectos da actual. Para os estudantes da recentemente creada Facultade de Ciencias Económicas Beiras era un modelo a imitar, como só pode selo un profesor que a súa vez posúa a categoría de intelectual. E un intelectual, término creado na Francia de fins do século XIX a raíz do Asunto Dreyfus, é un escritor, pensador ou científico que se compromete política e persoalmente a defender as ideas nas que cre. Émile Zola, o novelista que publicou un artigo xornalístico titulado “Eu acuso”, sería o primeiro deles cando denunciou a falsedade do consello de guerra ao que fora sometido o capitán Dreyfus, acusado de traizón, debido entre outras cousas á súa orixe xudea.

José Carlos Bermejo Barrera: Deprimidos en Fonseca

El gritoJosé Carlos Bermejo Barrera: Deprimidos en Fonseca

Culminó su mandato el rector Casares dando la nota en el solemne acto de su relevo, al dejar claro que no podía improvisar un discurso de ocasión si no leía unos papeles sobre los que entabló contienda con su secretaria, a la que intentó poner en su lugar, tal y como de ello dieron fe las cámaras de la televisión, testigos parlantes de la ceremonia. Quizás no podía acabar de otro modo un mandato en el que, tras ser investido caballero, el nuevo desfacedor de entuertos entabló singular combate, siguiendo las huellas de su antecesor literario, con unos odres de vino en una venta, derrotó en épica batalla a unos molinos en los que quiso ver gigantes y realizó otras grandes gestas, como purgar a su propio equipo de gobierno sucesivas veces, pagar a trompicones una deuda de la que no era responsable, guiado para ello por su personal criterio contable, dar batalla a la vez a tirios y troyanos, para acabar condecorando a quienes combatieron con él hasta el final, a los que él mismo premió no sabemos si por su fidelidad o por su paciencia, a la vez que se encargaba un retrato que inmortalizase el recuerdo de su memoria.

En este trance tomó posesión de su cargo el rector Juan Viaño, un hombre de carácter afable que sabe lo que es el esfuerzo cuando uno desea conseguir algo y al que por ser especialista en el campo de la llamada matemática aplicada se le supone a su vez el manejo de la capacidad de abstracción y la visión práctica de la realidad. Señaló Viaño que veía a su universidad desanimada o desencantada, a la vez que magra en recursos financieros, lo que sin duda sabe por haber sido miembro del equipo de gobierno que dejó en herencia al rector anterior esa misteriosa, discutida y relativa deuda, cuyo monto varía según sea la persona que hable de ella.

Hay que reconocer que Fonseca tiene razones para estar deprimida. Sus miembros han sufrido recortes en su nómina, por parte de Zapatero, de Rajoy, de Feijóo, y por parte de la propia universidad que los aplicó sin acuerdo alguno del Claustro ni del Consello de Goberno y ante el silencio de unos sindicatos, sobre todo de profesores, únicamente preocupados en ver a quién se le puede asignar una nueva cátedra o en consolidar, sea a costa de lo que sea, a las pobres víctimas de los programas de formación de investigadores, que poco a poco comienzan a darse cuenta de que no existe ya la tierra prometida. Las nóminas se recortan, se recortan los gastos a la vez que los nuevos edificios del Campus de Excelencia Internacional se alzan tan orgullosos en el campus como lo están de ellos sus usufructuarios, cuyos proyectos de investigación son cada vez menos - al fin y al cabo manda la crisis -, cuyos equipos entran en crisis, a la vez que lo único que crece son los intereses de la deuda que la construcción de esos edificios supuso al sumarse a la deuda anterior.

José Carlos Bermejo Barrera: La nueva servidumbre: microeconomía de las publicaciones científicas

José Carlos Bermejo Barrera: La nueva servidumbre: microeconomía de las publicaciones científicas

Intentaremos llevar a cabo a continuación un análisis microeconómico del proceso real de publicación de los artículos científicos. De acuerdo con los principios de la microeconomía analizaremos el comportamiento de los agentes económicos en el mercado de las publicaciones de tipo científico, en el cual, como en todos los mercados, debemos distinguir dos tipos de actores: las empresas y las personas físicas. Este análisis no presupone de ninguna manera que el contenido de las publicaciones científicas carezca de valor, ya que no se trata de analizarlas desde los diferentes puntos de vista propios de cada una de las ciencias, labor propia del trabajo científico, sino que solo intentará comprender los patrones de conducta económica de los distintos tipos de agentes que interactúan en este tipo de mercados, basados como todos los demás mercados en dos elementos clave: la producción y el consumo, y tendentes a la búsqueda del equilibrio entre lo que se produce: la oferta, y lo que se consume: la demanda.

Hay que comenzar por señalar que es necesario aplicar el concepto de mercado al campo de las publicaciones científicas, pues todas ellas, o su inmensa mayoría, se venden y se compran, ya sea de modo individual o mediante el sistema de suscripciones. El mercado de las publicaciones científicas delimita el campo de lo que puede y lo que no puede ser llamado ciencia, en tanto que se considera de un modo prácticamente unánime que toda aquella publicación que no esté contenida en una revista científica o avalada por una editorial con prestigio científico no debe a priori alcanzar el estatuto de publicación científica.

En la producción de publicaciones científicas los agentes básicos del mercado son las revistas y editoriales, que se comportan del mismo modo que cualquier otro tipo de empresas y que utilizan lo que el derecho mercantil se llama marca. Entendemos por marca un concepto jurídico que avala y protege la comercialización en exclusiva de un determinado tipo de producto dentro del espacio delimitado de un mercado. Las editoriales científicas y las revistas científicas especializadas en un tema concreto actúan como marcas en un mercado porque su nombre avala y garantiza a priori la calidad de los productos que ofrecen a la venta, a la vez que excluye de esa categoría a aquellos otros productos no avalados por su marca exclusiva. El valor de la marca se incrementa en tanto en cuanto una revista se aproxime al logro del monopolio de un sector del mercado editorial y ese valor se suele concretar en el precio de su suscripción, más elevado cuanto más exclusiva sea la revista. Comprender la importancia del concepto de marca en el mercado de las publicaciones científicas permite entender porqué el valor de los artículos depende a priori del nombre de la revista en la que están publicados y del número de citas que cada artículo posee en el campo de esa revista o de otras similares, que interactúan con la revista en la que el artículo está publicado en el sector editorial correspondiente a uno o unos determinados temas. La contabilidad de las citas mide el grado de integración de un producto, el artículo, en el mercado de las publicaciones científicas y funciona del mismo modo como marca comercial, ya que en este mercado como en todos los demás, las empresas y las marcas forman redes en las que interactúan constantemente, ya sea mediante la competencia entre diferentes marcas o la interacción entre ellas, una interacción que permite incrementar el valor comercial de una marca gracias a su interrelación con el valor comercial de otras.

José Carlos Bermejo Barrera: Universidad pública, propiedad privada y especulación financiera

José Carlos Bermejo Barrera: Universidad pública, propiedad privada y especulación financiera

1. ¿Quién defiende a la universidad pública?

Muchas personas que creen en ella, pero desde luego sus rectores no, ni tampoco los principales partidos políticos españoles o gallegos; y raras veces los sindicatos, sobre todo cuando se trata de los sindicatos de profesores. Para defender la universidad pública, es necesario tener muy claro cuáles son sus funciones: la enseñanza y la investigación, y su carácter de servicio público orientado al bien común y no a la defensa numantina de los intereses corporativos. La universidad pública, como todo el sistema de la educación pública, es un instrumento esencial para la articulación de la sociedad civil, y el derecho al estudio universitario tiene que ser además un medio de igualación social en el cual los méritos de los individuos sirvan como criterio esencial de su promoción profesional.

No se puede defender la universidad pública, tal y como hacen los rectores y los partidos políticos, ejerciendo una doble moral y practicando un doble discurso según las circunstancias políticas. No se puede defender la universidad pública faltando a la verdad, ocultando todos sus problemas, negándose a reformarla, ni siquiera parcialmente, y desentendiéndose del futuro de miles y miles de titulados a los que se les están ofreciendo centenares de másteres de calidad ínfima y todo un sistema de docencia, amparado en la declaración de Bolonia, que ha supuesto la burocratización enfermiza de la vida universitaria, la degradación del nivel docente y la generalización de las peores técnicas pedagógicas, basadas en el conductismo más romo y en la adoración de los valores del mercado. No se puede defender la universidad pública subordinando el valor de la docencia al de la investigación, predicando la competitividad salvaje entre profesores y grupos de investigación, favoreciendo el acaparamiento de los recursos colectivos en manos de unos pocos, y formando a unos investigadores a los que desde su juventud se les inculca la idea de que lo fundamental es su promoción personal, sea al coste que sea, y que pronto tienen que asumir el principio básico de sálvese quien pueda.

José Carlos Bermejo Barrera: A administración do silencio: Filosofía e psiquiatría en J.M. López Nogueira

José Manuel López NogueiraJosé Carlos Bermejo Barrera: A administración do silencio: Filosofía e psiquiatría en J.M. López Nogueira
A trabe de Ouro, 95, III, Ano 24, 2013, pp. 347/356

Para Alicia Beatriz López Gallego (Ali)

Adoitaba dicir A. Hitler, do que non debemos esquecer que, por desgraza, gobernou a nación máis culta de Europa entre 1933 e 1945, que a política non é máis que a administración do terror (Sofsky, 1993). O terror é a base de todos os sistemas políticos, pero cada un deles o dosifica e o modula dunha forma diferente e cunha intensidade maior ou menor. Na Galicia do 2013 a política xa non é basicamente a administración do terror, senón do diñeiro público, e é ese diñeiro o que mantén unha cultura que á súa vez se basea na administración do silencio. A cultura galega, tal e como está agora constituída, é basicamente unha cultura do encomio, o panexírico e a conmemoración, na que aqueles que administran o diñeiro público deciden premiar ou castigar, loar ou censurar a unha serie de autores e persoas que foron os seus creadores nun pasado máis próximo ou remoto.

Por esa razón autores menores en todos os campos, creadores de frangullas filosóficas, poéticas ou narrativas, poden pasar a ser considerados como creadores de referencia, mentres se deixa intencionadamente caer no esquecemento a outros autores, moito máis importantes, e igualmente galegos, que en moitos casos ademais de ser creadores literarios ou artistas viron como as súas vidas quedaron truncadas ou marcadas para sempre polo sufrimento e a adversidade, dúas experiencias descoñecidas para a maior parte dos administradores do silencio cultural de Galicia, xa sexa debido á súa mocidade ou a que sempre souberon estar á beira do bando gañador. Como o están neste momento, logrando converter o que foi unha cultura de resistencia nunha cultura concibida como panexírico dun poder político, que dono do diñeiro e dosificador do silencio, necesita cada vez menos administrar o terror.

Foille administrado o silencio a un libro e a un autor excepcional no panorama filosófico e científico de Galicia, o Dr. José Manuel López Nogueira, médico, psiquiatra e filósofo outsider, é dicir, non profesor de filosofía senón creador dunha filosofía propia como “intelectual libremente flotante”, seguindo a terminoloxía de Max Weber, exposta nun libro que se sae do común: Dialéctica existencial y psiconálisis, publicado en 1972 sen subvención pola que foi editorial de referencia da cultura galega resistente ao franquismo, e caído hoxe en día practicamente no esquecemento (de feito, só pódese atopar un breve artigo sobre o autor obra de M. Pombo (2007) e publicado nunha revista de circulación limitada), ao que non é alleo o feito de que se trate dun gran libro de filosofía que excede as 600 páxinas. Un libro escrito ademais por un psiquiatra e non por un filósofo académico que tería que ser encomiado de oficio polos demais académicos turiferarios de quenda.

Non deixa de ser curioso que dous dos máis orixinais filósofos galegos, Francisco Sánchez (1550-1623) e J.M. López Nogueira (1932-1983) sexan precisamente médicos (si deixamos ao carón a figura de Amor Ruibal, xa que se trata en realidade dun teólogo, cuxa filosofía loxicamente é inseparable do dogma católico). A relación entre a medicina e a filosofía é ben coñecida para calquera coñecedor de Corpus Hipocraticum, no que está presente o contraste entre médicos empíricos e dogmáticos, ou teóricos. Pero é que ademais o máis grande filósofo grego, Aristóteles, tamén foi médico de formación, habendo sufrido a persecución que dictan os avatares da política, que o levaron a morrer no exilio, do mesmo xeito que a Moisés Maimónides, o máis grande filósofo do xudaísmo, médico tamén, nacido en Córdoba e morto no Cairo, a onde o conduciron os avatares da política.

José Carlos Bermejo Barrera: Elites y fetiches en Fonseca

ManagementJosé Carlos Bermejo Barrera: Elites y fetiches en Fonseca

I. Fonseca y la élite del poder

Suele decirse en los USA que la diferencia entre los líderes republicanos y los demócratas es que los republicanos se han hecho millonarios con el petróleo y los demócratas con la bolsa. Y es que en la más antigua democracia del mundo occidental todo el mundo es consciente, y los politólogos más, de que la política tiene la naturaleza de un juego en el que unos jugadores privilegiados intentan mover a su favor las fichas del tablero. CH.W. Mills, en un libro clásico de la sociología norteamericana, Power Elite (1956), había ya dejado muy claro que el poder político en Norteamerica, ya desde el momento de la propia independencia, fue un bien a repartir entre pequeños grupos y familias privilegiadas, que en algunos casos provenían de las élites coloniales, como los Vanderbilt, y luego los Morgan, Lehmann, Rockfeller…, que necesitaban controlar el poder político para poder defender mejor sus intereses económicos. En la Europa de los años veinte, economistas y sociólogos como W. Pareto. G. Mosca y muchos otros pusieron de manifiesto el fenómeno inverso y era que el estado, el sistema de partidos y todo el juego de la vida política podría convertirse en un medio para lograr un fin: el enriquecimiento personal. Muchos pensaron, y en buena media lo consiguieron, hacerse ricos dentro de un partido, e incluso a costa de él. Y así las elecciones se convertían en una dura competición para lograr el acceso a miles de cargos remunerados. En la Europa de fines del siglo XIX y comienzos del XX se denunciaba que la política fuese una fuente para conseguir la riqueza, al revés que en los países del capitalismo avanzado, en los que solo era el medio de conservarla mejor, pues en ellos nadie podría llegar a ser rico solo con la política, aunque la política podía ser de vez en cuando una buena hada madrina.

Queda claro que la España de comienzos del siglo XXI no es un país capitalista avanzado, sino un país con poco tejido productivo en el que el erario público se ha convertido en la cueva de Alí Babá en la que algunos aspiran a morar, de modo transitorio o permanente. ¿Pero qué pasa en nuestras universidades, gobernadas desde 1983 con un sistema creado a imitación de una nación y una democracia parlamentaria? Lo primero que tendríamos que decir es que la ficción ha funcionado tan bien que podemos ver a rectores y profesores utilizar la palabra soberanía, únicamente válida en la ficción política verosímil que es el derecho constitucional, aplicada a sus órganos de gobierno e Insulas Baratarias, cuando reclaman para ellas una autonomía que tampoco saben definir más allá de que podría ser un sistema en el que se tiene derecho a pedir a otros lo que uno considera que necesita sin pedir opinión a un tercero. Y dentro de esa ficción también han nacido unas élites de poder académico. Se trata de grupos de profesores, administrativos y alumnos manipulados por sus profesores y los partidos políticos que con diversos altibajos se vienen sucediendo en el ejercicio de los cargos académicos desde hace treinta años; profesores que provienen a veces de las mismas facultades, departamentos, y ahora de los mismos grupos de investigación. convirtiéndose en auténticos profesionales del poder universitario elección tras elección. Proclaman su legitimidad basándose en los votos obtenidos en unos sistemas electorales complejos, en los que puede convivir la abstención masiva del alumnado con la negociación del voto de personas o grupos a cambio de diferentes tipos de transacciones académicas posibles: cátedras, plazas, creación de títulos, facultades, construcción de edificios…, transacciones en un primer momento realizadas con discrección y luego a plena luz del día, dando a entender que son las legítimas hijas de la soberanía y la autonomía.

José Carlos Bermejo Barrera: Vida y muerte de las bibliotecas

Muerte del libroJosé Carlos Bermejo Barrera: Vida y muerte de las bibliotecas

Es la Biblioteca de Alejandría uno más de nuestros iconos culturales, pues aún conserva el prestigio de haber sido la más importante de la Antigüedad. En esa misma ciudad se ha construido un edificio que pretende recoger su legado, pero como suele ocurrir en la actualidad esta biblioteca será más valorada por el diseño del edificio o incluso por la originalidad de sus estanterías que por sus contenidos. La Biblioteca de Alejandría fue creada por los reyes griegos de Egipto en el siglo III a.C., y en ella se recogieron toda clase de libros. Pero esa biblioteca fue además un centro de estudio e investigación en todos los campos. En ella nacieron las versiones de la Ilíada y la Odisea que aún leemos y en esa misma ciudad fue donde se tradujo al griego el Antiguo Testamento. ¿Quién acabó con ella? Hay varias versiones: según una fue un incendio provocado por la conquista de la ciudad por Julio César, según otra sería obra de los fanáticos monjes cristianos, semejantes a los que mataron a la filósofa Hipatia. Pero hoy sabemos que los libros de esa biblioteca sobrevivieron a la conquista de la ciudad por los árabes. Fue el mismo califa que quiso desmontar las pirámides por ser monumentos de la idolatría quien preguntó si los libros de la biblioteca decían lo mismo que el Corán o algo diferente. Pensó que si decían lo mismo que su libro sagrado eran inútiles, y si decían algo diferente eran falsos y por eso acabaron sirviendo de combustible para calentar los baños públicos de la ciudad.

Cualquier persona que conozca el mundo editorial y académico español se dará cuenta de que en la actualidad parecen haber vuelto los califas a la academia, pues en ella se está desarrollando una auténtica cruzada contra los libros en nombre de las tecnologías de la comunicación y la investigación científica; flanqueada por otra cruzada paralela en la que la venta de libros de consumo masivo y baja calidad crea un mundo de lectores uniformes, asimiladores de tópicos e ideas banales en el mundo cultural de la aldea global. ¿Qué significa la muerte del libro y de la librería y las biblioteca, sus nichos naturales? Pues el fin de la libertad, de la capacidad de pensar globalmente, de articular un discurso sistemático y coherente y de poder observar la realidad con una perspectiva crítica, lo que interesa a los poderes económicos que necesitan defender la idea de que no hay alternativas al orden político y económico mundial; a los gobiernos, que saben que los ciudadanos críticos poseen más capacidad de resistencia y control; y a las autoridades educativas que quieren convertir la educación en todos sus niveles en un proceso de producción en serie de trabajadores reciclables, desechables y cada vez más baratos, reservando la educación de calidad para aquellos que han de ser los herederos de quienes controlan el poder.

José Carlos Bermejo Barrera: Una escena en Fonseca: o peche

José Carlos Bermejo Barrera: Una escena en Fonseca: o peche

Dijo A. de Foxá que el franquismo era una dictadura moderada por la incompetencia, lo que habría que matizar, puesto que la competencia represora de este régimen logró altas cotas de eficacia en algunos momentos de su historia. No era así en 1968, cuando el desarrollo económico y el propio paso del tiempo habían conseguido que en España lo político distase mucho de atraer la atención pública. Había en España instituciones que tenían el privilegio de la inviolabildad de sus recintos, por lo que las oposiciones sindical y política decidían a veces encerrarse en las iglesias o monasterios intentando con poco éxito quedar a su amparo. Eso ocurrió en el 68 santiagués y el encierro de los estudiantes en la universidad supuestamente inviolable, de la que acabaron siendo desalojados todos; algunos fueron expedientados y los demás pasaron a examinarse al final del curso. Quedó claro que ya no era posible encerrarse impunemente y así con la reanudación de las movilizaciones a partir de 1970 el encierro, luego llamado peche, fue sustituido por las asambleas, de muy corta duración, ya que el sistema de vigilancia formado por los bedeles, muchos de ellos guardias civiles jubilados a los que se les compensaba su magra jubilación con un pequeño puesto de subalterno, daban la voz de alarma para que viniese la policia a desalojar.

Asamblea y desalojo pasaron a ser las dos instituciones básicas de la revuelta estudiantil. La asamblea era una reunión en la que se intentaba hablar para reivindicar alguna cuestión, pero en la perspectiva del régimen parecía que fuese algo así como el motín del acorazo Potemkin o el preludio de un posible asalto armado al Palacio del Pardo. Las asambleas eran disueltas sin piedad, como las manifestaciones, y las autoridades se ponían histéricas ante ellas. En enero del año 1971 una asamblea en Xeografía e Historia fue desalojada de tal modo que la policía nacional, situada en embudo en las escaleras del edificio, fue aporreando a los estudiantes según salían, con tan mala suerte que a uno de ellos le destrozaron un ojo. Las asambleas se generalizaron y el rector cerró la universidad hasta mayo. Eran pues los rectores quienes cerraban periódicamente algunas universidades cuando entraban en pánico de pérdida de su control. Y así ocurrió hasta la muerte del dictador moderado por la incompetencia. Aún en 1975, en la misma facultad de que hablamos, un desalojo de una asamblea hizo que un alumno se cayese por la ventana desde un primer piso rompiéndose la pelvis. El panorama del aula desalojada era desolador, cientos de hojas de apuntes desparramadas y numerosos zapatos. D. Manuel Rabanal, un pacífico catedrático de griego que había llegado a dar clase a una aula vacía tras un desalojo, quizás porque creía en la idea platónica del alumno, al ver el panorama comentaba ¡qué barbaridad, qué barbaridad!

José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca y el síndrome del indiano

José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca y el síndrome del indiano

Castelao: O regreso do indiano - 1918  
Castelao: "O regreso do indiano" (1918)

Es la emigración uno de los fenómenos de larga duración característicos de nuestra historia. El desequilibrio entre población y escasos recursos obligó a abandonar su tierra a decenas de miles de personas que, o bien fracason de nuevo, o bien sobrevivieron, o retornaron ricos y victoriososo a su país. Geógrafos, historiadores e historiadores del arte han investigado este tema que hoy conocemos con detalle. Los que retornaron ricos a su patria tenían a veces una mentalidad que les llevaba a exhibir su riqueza mediante el consumo ostensible, construyéndose grandes y lujosas casas que los igualasen en prestigio a las clases dirigentes. En algunos casos fueron además mucho más generosos que ellas, pues fundaron escuelas para que los jóvenes no volviesen a emigrar, donaron edificios y parques públicos, como el que en Betanzos hicieron los hermanos García Naveira, que expusieron en él sus sencillas ideas sobre la vida y la cultura mediante imágenes de enciclopedia.

El consumo ostensible no es más que la ostentación de la riqueza para lograr prestigio, y es lógico que algunos indianos creyesen en él, como los millonarios norteamericanos estudiados por el economista T. Veblen a comienzos del siglo XX; pero es más discutible que una universidad lo manifieste en sus políticas constructivas. La Universidad de Santiago tuvo muy pocos edificios hasta el siglo XX: los colegios de Fonseca, San Xerome y San Clemente, junto con el edificio central ocupado a partir del siglo XVIII, sede hoy de una sola facultad. Como ese edificio se había quedado pequeño, Montero Ríos, como parte de su política de construcción de edificios públicos en Santiago que le llevó a construir una nueva y moderna Facultad de Veterinaria, hoy sede del Parlamento Gallego, decidió a comienzos de siglo XX añadirle un segundo piso que rompió las proporciones de la fachada original. En él se construyó la biblioteca con sus estanterías a medida, hoy atacadas por las termitas, el Paraninfo, decorado con pinturas contemporáneas de Picasso en las que las Musas llevan microscopios en el Olimpo, y tan cubierto de oro que parece que en él fuese a dar un baile María Antonieta. Allí estaban a mediados de los años 60 del siglo XX las facultades de derecho, ciencias, filosofía y letras, junto a la biblioteca y los servicios centrales de la universidad, quedando la facultad de farmacia en la vieja Fonseca y la de medicina, tras 1928, en un nuevo y funcional edificio.

José Carlos Bermejo Barrera: El mérito más meritorio de todos los méritos

José Carlos Bermejo Barrera: El mérito más meritorio de todos los méritos

Es muy difícil conseguir un puesto de trabajo, no solo por la escasez de empleos sino también por la creciente competencia entre los que los solicitan. Tanto en el caso de la empresa privada como en el de la función pública, normalmente se trata de que desempeñe el puesto la persona más capacitada. Tonto sería el empresario que contratase a una plantilla de ineptos, a menos que quisiese hundir su propia empresa, para lo que dispone de medios mucho más rápidos y adecuados, como su desfinanciación. En el caso de la función pública la situación es mucho más grave, ya que los puestos públicos se financian con el presupuesto del estado que proviene del dinero que se detrae de los ingresos de todos los contribuyentes.

A lo largo de la historia los puestos públicos se fueron asignando mediante diferentes criterios: por el mero arbitrio de los gobernantes, por relaciones familiares, e incluso mediante su compra o subasta, que se podía hacer legalmente y de modo público, asignándole el puesto al mejor postor, ya fuese en el caso del cobro de los impuestos, en el ejercicio de puesto de mando en el ejército, o en las cátedras universitarias, vendidas y alquiladas, heredadas (de hecho en la Europa de los siglos XVI al XIX el que se casaba con la hija de su maestro heredaba, en muchos casos, su cátedra y su biblioteca). Como la venta y el uso arbitrario de la concesión de los cargos públicos generaba todo tipo de abusos e intentos de enriquecimiento, se estableció en el siglo XIX el puesto del funcionario. Los funcionarios, ya fuesen jueces, militares, administrativos, médicos o profesores, debían ser la garantía de que la función pública se ejerciese de un modo neutro, racional y eficaz, puesto que el estado no debe nunca exigir de sus contribuyentes más dinero del estrictamente necesario.

José Carlos Bermejo Barrera: Retratos en Fonseca: Juan Casares Long

José Carlos Bermejo Barrera: Retratos en Fonseca: Juan Casares Long

Decía Bertrand Rusell que nadie cotillea acerca de las virtudes ocultas del prójimo. Por esa razón y porque la labor del historiador ha de ir más allá del mero cotilleo, cuando llega el momento de hacer el balance de la actuación como rector de J. Casares, una vez culminada su labor de gobierno, será conveniente glosar únicamente lo que fueron hechos evidentes de un mandato convulso, polémico y errático, del que fueron corresponsables tanto quienes en él ejercieron la labor de gobierno como aquellas personas institucionalmente encargadas de llevar a cabo una labor de oposición que osciló entre una clara complicidad y una complacencia teñida de un toque de sadismo, que se recreaba en contemplar los sucesivos errores que nadie podía ocultar.

Todo comenzó cuando, retomando sin saberlo un viejo dicho de Gladstone, que afirmaba que “el matrimonio son dos personas en una y esa persona es el marido”, J. Casares decidió gobernar de un modo personalísimo, consecuencia quizás de su fuerte carácter, que le llevó a algo insólito en la historia de la USC, y es que el rector en poco más de un año había entrado en conflicto con su propio equipo de gobierno y con las bases que le apoyaban, de modo tal que sucesivamente fueron dejando su equipo la mitad de sus vicerrectores y colaboradores más cercanos. Así comenzó a dar la impresión de que el nuevo rector parecería querer enfrentarse a sus propios apoyos e intentaba tender puentes con aquellos a los que llevaba años criticando y a los que atribuía todos los males de su institcuión: las llamadas plataformas, pequeños grupos de poder y presión que se movían por la universidad bajo unas supuestas banderas políticas casi nunca avaladas ni por los partidos correspondientes, ni siquiera por los carnets que certificarían la militancia pública de sus miembros.

José Carlos Bermejo Barrera: Aleluyas de la Ciudad de la Cultura

José Carlos Bermejo Barrera: Aleluyas de la Ciudad de la Cultura

Cidade da Cultura no deserto

Sacó Don Manuel las cosas de sus quicios,
y ordenó construir los grandes edificios
para admiración de propios y de extraños
y que fuesen visitables cientos de años.

Y así en un monte mal comunicado
decidió que cada edificio estuviese situado,
y que todos ellos fuesen ventanal
y en belleza compitiesen con la Catedral.

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