Opinión

Artigos de opinión

Andrew McGettigan: Who let the dogs out? The privatization of higher education

Andrew McGettigan: Who let the dogs out? The privatization of higher education
Radical Philosophy 174(July/August 2012

In April last year, I framed my article on ‘New Providers’ in relation to the delay surrounding the publication of the government’s White Paper for Higher Education (HE). That was caused by a combination of factors, but chiefly the need to fix a hole in the proposals for student loan financing; and additional preparation for the marketization of HE in England. The government is now fully committed to removing the legislative restrictions that prevent new, cheaper operators from entering the sector. These ‘operators’ are the eponymous ‘new providers’ that the government is keen to see enter the English HE landscape in order to undercut established provision.

The White Paper finally appeared at the end of June 2011 under the title Students at the Heart of the System, outlining a series of consultations and a programme of implementation that was supposed to lead to a Higher Education Bill in 2012. It introduced a ‘core/margin’ model in an effort to drive down average fees reducing the recruitment allocations institutions received (the ‘core’) and encouraging reduced fees by creating a pool of 20,000 places (the ‘margin’) to which only those charging below £7,500 (after waivers) could bid. In addition, the document and accompanying ‘Technical Consultation’ (published in August 2011) outlined measures to lower the barriers to ‘market entry’ by relaxing eligibility conditions on institutions applying for degree-awarding powers and use of the protected title of ‘university’.

One year further on, delay is again the theme. Though a Bill was drafted, any reference to HE was absent from the Queen’s Speech at the beginning of May. It is now therefore extremely unlikely that there will be any further attempt in 2012 to enact primary legislation introducing the regulatory framework outlined in the White Paper and the Technical Consultation. David Willetts, Minister for Universities and Science, has indicated that a draft bill may be published later in the year. This would open further consultation and prepare for legislation in 2013. So what explains these further delays?

Carlos Sevilla Alonso: Un plan de ajuste estructural para las universidades públicas

Carlos Sevilla Alonso: Un plan de ajuste estructural para las universidades públicas
Del “proceso de Bolonia” al RD-Ley 14/2012, de 20 de abril, de medidas urgentes de racionalización del gasto público en el ámbito educativo

En este artículo trataré de mostrar las conexiones entre la política educativa de la Unión Europea en materia de educación superior e investigación y las directrices para la política económica emanadas de la denominada Estrategia de Lisboa y de la Estrategia UE 2020. La educación superior y la investigación forman parte de las competencias exclusivas de cada uno de los estados miembros. Sin embargo, el desarrollo del método de “coordinación abierta” para la armonización europea de la política educativa, ha cristalizado por el momento en dos iniciativas de gran calado que se han convertido ya en derecho interno de muchos estados miembros (soft law). Estas dos iniciativas son, el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) nacido a través del “proceso de Bolonia” y la propuesta de creación por parte de la Comisión Europa del Espacio Europeo de Investigación (EEI). Ambas iniciativas empiezan a consolidarse a partir del año 2000. En otra parte, he desarrollado un estudio dedicado íntegramente al desarrollo del EEES y sus conexiones con la Estrategia de Lisboa, al que remito para profundizar en sus aspectos sustanciales.

En este trabajo me detendré en la agenda “modernizadora” para la universidad pública, entendida como la segunda ola de reformas derivadas del proceso de Bolonia, que se puede resumir en la siguiente triada: financiación competitiva de las universidades, gobernanza corporativa y transferencia de los resultados de la investigación al entorno productivo. Estas reformas estructurales sellarán el tránsito de la universidad de masas a la universidad-empresa. La crisis constituye la oportunidad política para implementar estos ajustes estructurales en las universidades públicas a nivel Europeo y, en particular, en el Estado español, a través de la Estrategia 2015.

Ignacio Ramonet: Resistir

Ignacio Ramonet: Resistir

Resistir es decir que no. No al desprecio. No a la arrogancia. No al trituramiento económico. No a los nuevos amos del mundo. No a los poderes financieros. No al G-8. No al Consenso de Washington. No al mercado totalitario. No al librecambio integral. No al dominio del "poker del mal" (Banco Mundial, FMI, OCDE, OMC). No a la hiperproductividad. No a los organismos genéticamente modificados. No a las privatizaciones permanentes. No a la extensión irresistible del sector privado. No a la exclusión. No al sexismo. No a la regresión social. No al desmantelamiento de la seguridad social. No a la pobreza. No a las desigualdades. No al olvido del Sur. No a la muerte diaria de 30.000 niños pobres. No a la destrucción del medio ambiente. No a la hegemonía militar de una única superpotencia. No a la guerra preventiva. No a las guerras de invasión. No al terrorismo. No a los atentados contra las poblaciones civiles. No a los racismos. No al antisemitismo. No a la islamofobia. No a la ideología securitaria. No a la vigilancia generalizada. No al espionaje del pensamiento. No a la degradación cultural. No a las nuevas censuras. No a los medios que mienten. No a los medios que nos manipulan. Resistir también es poder decir que sí. Sí a la solidaridad entre los seis mil millones de habitantes de nuestro planeta. Sí a los derechos de las mujeres. Sí a la existencia de una ONU renovada. Sí a un nuevo plan Marshall para ayudar a África. Sí a la erradicación definitiva del analfabetismo. Sí a una ofensiva internacional contra la fractura digital. Sí a una moratoria internacional para la preservación de las culturas minoritarias. Sí a los derechos de los indígenas. Sí a la justicia social y económica. Sí a una Europa más social y menos mercantil. Sí al consenso de Porto Alegre. Sí a una tasa Tobin de ayuda a los ciudadanos. Sí a un impuesto sobre la venta de armas. Sí a la eliminación de la deuda de los países pobres. Sí a la prohibición de los paraísos fiscales. Resistir es soñar que otro mundo es posible. Y contribuir a construirlo.

Rebelión, 05/05/04

José Carlos Bermejo Barrera: Gestión honoris causa: recetas para un doctorado

José Carlos Bermejo Barrera: Gestión honoris causa: recetas para un doctorado

Fue en la Sorbona medieval donde se creó el procedimiento para conceder el doctorado. En él un candidato debía desarrollar una tesis por encargo y bajo la dirección de su maestro y defenderla públicamente de toda objeción posible ante el cuerpo de doctores, garantes de la validez del texto propuesto por el aspirante. Desde entonces el doctorado, máximo grado académico, ha estado siempre bajo el amparo de la responsabilidad y el conocimiento de los especialistas, únicos garantes posibles de su calidad. Ahora, sin embargo, las cosas han cambiado. Los profesores de las universidades tenemos la impresión, muy bien fundada, de vivir bajo continua sospecha y ser culpables de algo hasta que demostremos nuestra inocencia ante otros profesores, evaluadores o burócratas que ejercen algunas competencias que les dan las leyes y se atribuyen alguna que otra a mayores en muchos casos, y entre ellos la del doctorado.

La elaboración de una tesis supone un trabajo arduo, que requiere la dirección de un profesor experto y muchas veces medios materiales cuantiosos. Doctorandos y directores trabajan, muchas veces de modo desinteresado, para lograr honradamente algún resultado científico, que unas veces rentabilizan en su curriculum y muchas otras no. Cuando se termina el trabajo, después de ser aprobado el proyecto, tras pasar el filtro del departamento competente y cumplir varios requisitos formales, la tesis ha de pasar varios filtros: se deposita en ese departamento y sus doctores pueden consultarla y, en caso de que observen algo incorrecto o irregular, impugnarla. Luego, siguiendo un poco el trámite medieval, pasa a poder ser consultada por todos los doctores de la universidad, que podrán impugnarla si tienen conocimientos y motivo para ello, y por último se defiende ante un tribunal de especialistas en público. Un tribunal siempre formado por un un número impar de miembros para evitar empates.

Está claro que si se diese el caso de que en una universidad sus profesores formasen un claustro de defraudadores científicos, sus tesis doctorales carecerían de valor, lo que quedaría patente cuando se publicasen y fuesen objeto de crítica por parte de verdaderos científicos. Sólo ellos podrían detectar el supuesto fraude y no los profesores que gobernasen esa universidad, ni sus funcionarios, puesto que no tendrían conocimientos ni competencia para identificar fraudes y defraudadores, por muy perfeccionados que fuesen sus procedimientos. No es esto lo que parece deducirse de las normas vigentes en la Universidad de Santiago en este tema: unas normas prolijas hasta la obsesión y basadas en la idea de que doctorandos y directores de tesis pueden ser siempre sospechosos de fraude científico- al igual que ocurre en las demás universidades españolas-, como veremos a continuación.

Pasados los filtros reales de los departamentos, el director ha de proponer al organismo correspondiente el nombre de diez especialistas, razonando su competencia y méritos, tras consultarlos, pues participar en el tribunal de una tesis es voluntario y no tiene remuneración alguna, y teniendo que decirles que los propone pero que a lo mejor no han de juzgar la tesis ni como titulares ni como suplentes, siendo sólo sobreros. De ellos, la autoridad competente, pero no especialista en el tema, seleccionará a cinco titulares y dos suplentes, que tendrán que hacer informes previos a la lectura de la tesis, pudiendo impugnarla de nuevo, aunque los suplentes no vendrán a la lectura y harán el trabajo gratis et amore. Todo ello en vez de proponer tres miembros y un suplente, como se hace en la mayor parte de las universidades.

Por si todo esto fuera poco, se ha de tener en cuenta que el tribunal sea paritario en el número de especialistas y especialistos, como si en un mundo en el que se publican más de 3.000.0000 de artículos científicos al año, en todos y cada uno de los miles de campos posibles, a priori hubiese el mismo número de hombres que de mujeres; y como si fuese posible que un número impar se dividiese en dos números pares. Dice Goldbach que todo número par es la suma de dos primos; en el doctorado santiagués parece que lo que se quiere es que primos sean los directores de tesis. Ya que además deben tener en cuenta que los gastos de desplazamiento, alojamiento y manutención de cinco profesores en 2 o 3 días no superen los 800 euros. Podríamos pedirle a nuestro supercomputador que resuelva este problema:

Hallar los nombres de un par de mujeres sabias que, sumado a un número par de hombres sabios, dé un número impar de sabios igual a 5, teniendo que vivir todos ellos a una distancia de Santiago tal que puedan ir y venir a nuestra ciudad a hacer un trabajo gratis, y pernoctar en ella dos días por el máximo de 800 euros.

Si Ud., esforzado profesor, no es capaz de hallar la solución, repase la normativa.

José Carlos Bermejo Barrera: La independencia de coña

Mas y RajoyJosé Carlos Bermejo Barrera: La independencia de coña

Las naciones y los nacionalismos han sido los responsables del logro de las mayores glorias y miserias de la cultura occidental. Gracias a ellas se creó el estado burocrático-racional y lo mejor de la literatura, la filosofía, la música y las artes contemporáneas. Pero también trajeron docenas de guerras, con sus sacrificios, esfuerzos y la degradación humana y la miseria moral que a todas las guerras acompaña. Un estado-nación se define por la posesión de un territorio con fronteras y por el ejercicio en él de la plena soberanía nacional, que faculta al estado a ejercer la violencia legítima dentro de su territorio y enfrentarse violentamente con otros estados. Este ejercicio se lleva a cabo en condiciones normales con la creación y aplicación de sus propias leyes en el ámbito de su territorio y con el control del mismo mediante redes de comunicaciones que permiten al poder estatal estar presente en todas y cada una de las partes de su territorio y garantizar el cumplimiento de las leyes gracias a un sistema judicial y policial propio, así como ejercer un control de la actividad económica en el marco del mercado nacional, abierto o cerrado.

Un estado controla su economía dictando leyes y acuñando su moneda, lo que le permite tener una política monetaria y fiscal propia, además de protegiendo sus productos con tasas aduaneras. El control de su economía será la base del bienestar de la sociedad y lo que permita la creación cultural en todos y cada de sus aspectos en su propia lengua o lenguas. Partiendo de esta base, un estado-nación concibe su relación amistosa u hostil con otros estados. En los siglos XIX y XX se creía que la nación sólo vivía con plenitud en la guerra, pero en el siglo XXI se cree, por el contrario, que los valores de la paz y la convivencia son superiores a los de la pasión y el enfrentamiento armados porque hemos aprendido las lecciones de tantas guerras nacionales, de dos guerras mundiales y de guerras civiles, como es el caso de España. Por ello las competencias del estado nación se están difuminando cada vez más en marcos supranacionales.

Las naciones han de ser sin duda objeto de admiración y respeto. Un paseo en Verdún por los cementarios militares franceses, ingleses y alemanes en los que las hileras de tumbas se pierden en el horizonte, inspira los sentimientos de compasión y tristeza ante tantos cientos de miles de vidas perdidas en nombre de la sangre y el suelo patrios, unidos casi siempre al nombre de Dios o la fe. Pero en la España del 2012, sin embargo, ya nadie sabe ni lo que es una nación ni el nacionalismo, porque ya nadie sabe qué significa nada en el lenguaje de unos políticos que se han convertido en trileros de las palabras, los sentimientos y los sufrimientos de la gente. Todos comparten este mérito, pero entre ellos A. Mas ha logrado la excelencia.

Propone Mas la siguiente independencia. Partiendo de que España es un estado hostil le propone esto: si no me dejas que te pida la independencia la gente la va a querer. Por eso es mejor que me digas que me la vas a dar para que yo no te la pida y entonces me la dés cuando yo no la quiera, porque quiero llegar a un acuerdo contigo. Cataluña, dice Mas, quiere ser independiente con permiso de España y gracias a un referendum. Si la legalidad española no se lo permite, recurrirá a la legalidad europea, porque quiere estar en Europa. Pero si Europa le dice que no, entonces, para estar en Europa recurrirá a la legalidad extraeuropea. Así tendremos una Cataluña independiente bilingüe en inglés y catalán con el fin de relacionarse mejor con sus vecinos no hostiles, Francia, Italia y Alemania, todos ellos países anglófonos. Cataluña será independiente dentro de Europa y el euro porque ya está en Europa, porque España está en Europa y Cataluña está en España, aunque evidentemente no es España. Por ello Cataluña no tendrá fronteras con nadie, ni tampoco con España, a la que exporta más del 40% de su producción de modo hostil. Cataluña seguirá en la OTAN sin ejército y la defenderá otro ejército, según Mas el español, que es hostil por definición. Dice el conseller del Interior que los Mossos d’Esquadra son el germen de la columna vertebral del estado catalán y defenderán a Cataluña, pero el sindicato de los Mossos dice que de ninguna manera. No parece que quieran morir por la Cataluña en la que, según Mas, habrá copago sanitario, se pagarán peajes en todas las autopistas, se retrasará la edad de jubilación y habrá que hacer recortes para ser modernos. Y en la que no dice Mas cómo se le quitará la nacionalidad española a los catalanes que la quieran mantener; si para ello será necesario dividir Cataluña en dos; si se federará con Valencia y Baleares o volverá a reconquistarlas. Ni qué pasará con las empresas y bancos catalanes cuyos clientes son españoles si Cataluña queda provisional o defintivamente fuera del euro; si es así, qué moneda creará y como será convertible. Mas toma como modelo la independencia de Escocia, sin decir que Inglaterra no tiene constitución y los escoceses van a a seguir dentro de la libra y el ejército británico, con un nivel de autonomía que ya tiene Cataluña.

¿De que estamos hablando aquí? ¿De morir por Cataluña o de forrarse en ella? Desde luego no del dolor, el sufrimiento y los logros de tantas naciones y nacionalismos, incluido el catalán, que merecen el más profundo respeto y no ser la calderilla de un trapicheo político oportunista.

José Carlos Bermejo Barrera: Dictado al pie de la tuerca

José Carlos Bermejo Barrera: Dictado al pie de la tuerca

Suele ser una costumbre de intelectuales y científicos airear viejos recuerdos a través de los cuales quede bien clara la precocidad de su formación o los intensos contactos que en su vida tuvieron con escritores, premios Nobel o grandes pensadores. Seguiré la costumbre y recurriré a continuación a recuerdos de mi infancia, en modo alguno precoz, pero que parecen volver a revivir en el presente.

Llovía mucho en Santiago allá por los años sesenta, y por eso los niños del Colegio La Salle casi nunca hacíamos gimnasia, pues se hacía en el patio y con la ropa de diario. Con la lluvia en los cristales subíamos al aula con Don Benigno, un afable profesor lo más alejado que uno pueda imaginarse del sargento de los marines de las películas, que nos dictaba la clase de gimnasia en el medio del más profundo y general aburrimiento. Copiar tablas de gimnasia en las que se hablaba del tendido supino o prono y de flexión lateral derecha no tenía nada de apasionante, ni siquiera para Don Benigno, pero en sus dictados se emocionaba mucho, llegando a una profundidad casi filosófica cuando teníamos que copiar una mítica frase: “no es lo mismo campeón que plusmarquista”, frase que nos permitía derribar el muro de las apariencias y darnos cuenta de que el que gana no es siempre el mejor.

La diferencia entre campéon y plusmarquista en la gimnasia al dictado era algo tan singular como la copia generalizada del examen de “Formación del Espíritu Nacional”, una asignatura que no se impartía, aunque se compraba el libro, y cuyo examen nos dictaba el profesor Bermúdez. Fuera cual fuera el curso, el dictado siempre era el mismo: “La persona jurídica”, un tema que como es lógico suscitaba el entusiamo general del alumnado, cuando comenzaba diciendo: “César, capturado por los piratas del Mediterráneo es el mismo César que…”. Lo que nos permitía saber básicamente que los piratas a veces se salían del Caribe.

Esos dictados al pie de la letra nos revelaban verdades profundas, al permitirnos comprobar que la apariencia no es siempre real, como ocurría cuando se recitaba el monólogo de Segismundo en La vida es sueño, una obra cuyo lema todos entendíamos perfectamente si era lunes por la mañana temprano, aunque sin ser capaces de profundizar en la metafísica del barroco.

Casi cuarenta años después mucho se ha mejorado en la enseñanza y en tantos campos en nuestro país, pero la crisis económica y la creciente separación entre lo que se dice y lo que se hace en la política, la educación y la cultura hace posible revivir viejos tiempos.

Se imparte en la ciudad de Santiago un ciclo superior de FP sobre “Automatización y robótica industrial”, en el que los alumnos disponen de pocos ordenadores, teniendo que llevar los suyos, en el que asignaturas de carácter práctico como “Sistemas eléctricos, pneumáticos e hidráulicos”, “Sistemas de medida y regulación” o “Sistemas secuenciales programables” se dictan al pie de la letra, por carecer el centro de los aparatos necesarios para impartirlas correctamente, a pesar de que el ciclo se ha anunciado a bombo y platillo como algo enormemente innovador y clave para la formación avanzada de nuestros futuros técnicos.

En unos casos se dictan apuntes en vez de trabajar con máquinas, pero en este barroco mundo docente en el que “toda la vida es sueño y los sueños, sueños son” podríamos citar ejemplos de facultades con prácticas de laboratorio de bioquímica o biofisica, cuando no hay ni plaza, ni medios y a veces ni siquiera laboratorios. Como el lenguaje administrativo y la realidad son como las rectas paralelas, de las que se decía a los niños que “por mucho que se prolonguen nunca se encuentran”, uno se puede encontrar con un escrito oficial en el que se le pide que diga si las “prácticas de campo”, de una asignatura teórica, las hará dentro de su aula o fuera de ella. No porque las autoridades hayan llegado a creer que las aulas son invernaderos aptos para el cultivo, como lo es el campo, sino porque todo el lenguaje está pervertido y no tiene casi nada que ver con la realidad, cuando palabras carentes de contenido como competencias, habilidades, excelencia y calidad son repetidas por autoridades ventrílocuas.

La tecnología se dicta al pie de la letra, o de la tuerca, el aula es un campo y la práctica es teoría en laboratorios que pueden no existir. Da la impresión de que Calderón de la Barca haya redactado todos los planes de estudio. En el fondo, sin embargo, algunos profesores podemos estar tranquilos, puesto que sabemos, como enseñaba Don Beningo, que a pesar de lo que digan las autoridades, “no es lo mismo campeón que plusmarquista”.

José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca: fin de un sistema

FonsecaJosé Carlos Bermejo Barrera: Fonseca: fin de un sistema

Saben bien los juristas que la función de las leyes no es crear el mundo de la nada, como Dios hizo en el Génesis, sino regular la realidad de tal modo que en ella se puedan minimizar los conflictos. Las leyes son textos genéricos que se aplican en circunstancias concretas, por eso el derecho real no es el que está escrito, sino el que se aplica realmente. Y un sistema legal no es tal si pierde la credibilidad, es decir, si la mayor parte de la gente cree que en realidad ya no se aplica. En general en España y en concreto en sus universidades es esa credibilidad la que se está perdiendo, dando lugar a una sensación colectiva de descrédito y desencanto y suscitando el presentimiento de que se avecina una catástrofe.

Y es que en el momento presente da la impresión de que la única ley que siempre se cumple en las universidades es la ley de la gravedad, pues las leyes genéricas que les conciernen se desarrollan sin cesar en docenas de normativas y reglamentos en los que los legisladores se convierten en jueces, los jueces piden leyes hechas a la carta, y son a la vez parte y todo, encausados y sentenciadores de sí mismos, razón por la cual en las universidades nadie es responsable de nada y todo el mundo no es sólo inocente, sino que además hace que su caso particular se eleve a la categoría de doctrina.

La aplicación de las leyes se llama legalidad, pero como puede hacerse de múltiples modos, a veces quien la aplica puede perder la legitimidad y con ella su credibilidad ante la opinión públlica, si es que la opinión pública puede expresarse libremente. En las universidades españolas ya no hay opinión pública, sino que más bien reina una omertá napolitana ante los machacones mensajes de sus equipos de gobierno, obesionados por demostrar el prestigio de sus instituciones a base de índices elaborados en la China, o más allá. Esos mismos equipos que niegan que las universidades tengan otro problema que la falta de dinero, y que quieren hacer creer a la opinión pública que el dinero invertido en sus instituciones incrementa la riqueza del país, además de sus libros de contabilidad. Dicen que cuanto más se investiga más rico se es y menos paro hay, cuando en realidad lo que ocurre es que quienes más investigan son los que ya eran ricos, y como sus países son más ricos tienen también menos pobres y consecuentemente menos paro, porque en ellos los bueyes suelen ir delante del carro y no detrás, como en España.

Ya se sabe lo que les va ocurrir a las universidades. Se subirán las tasas, en el caso gallego después de las elecciones, se diferenciarán las destinadas a la investigación de las de segunda categoría, se favorecerá la entrada de capital privado y se introducirá el principio de gobernanza, ya incluido en el proyecto de reforma de las enseñanzas medias. Esto último quiere decir que los rectores serán nombrados por la autoridad política, que ellos nombrarán decanos y directores de departamentos, que tendrán que reducir drásticamente sus megaequipos, pagar sus deudas, cortar sus gastos y despedir profesores contratados, administrativos y otro tipo de trabajadores. Para eso se les nombrará, no para que caigan simpáticos. Se incrementará el control sobre sus cuentas y cada vez podrán legislar menos a favor de su propia casa. Y todo se hará casi sin resistencia, pues los no afectados seguirán casi seguro en la omertá, los afectados se quedarán fuera, los nombrados para gobernar en un sistema con menos órganos colegiados se sentirán más fuertes. Y los investigadores privilegiados por el azar y la fortuna se sentirán también a salvo, mientras cumplan los índices que miden su calidad, que pueden modificarse en cualquier momento por parte de quien manda.

Algunos dirán que se acabaron la democracia y la autonomía, porque ya no se puede seguir legislando a demanda y decidir que se tiene derecho a ingresar lo que uno quiere gastar. Sus voces, deslegitimadas por los hechos, apenas tendrán eco en ese nuevo mundo de sálvese quien pueda. Pues les recordarán cómo se gobernaban las universidades con el absentismo generalizado en los órganos de gobierno, con el absentismo docente de parte del profesorado y el escaso peso investigador de otra parte, con la sensación general de que los obsesivos mecanismos de control no controlaban ya nada cuando los aplicaban unos cargos académicos de los que cada vez más gente quería alejarse. Un mundo en el que dio la impresión de que los mejores profesores acabarían siendo empresarios privados dentro de la instituciones públicas, pero siendo solo aprendices de brujo, como lo fueron dos grandes filósofos griegos cuando perdieron el sentido de su oficio.

En efecto, Platón, un rico terrateniente ateniense, quiso educar a los tiranos de Sicilia, y por eso creó una ciudad ideal para aplicarla experimentalmente. En su aventura acabó siendo vendido como esclavo por el tirano Dioniso, aunque pudo ser rescatado por su rica familia. Aristóteles, que formó parte de la corte del rey de Macedonia, también acabó siendo un títere del juego de los poderosos y murió en el exilio, acogido por otro tirano, tras haber salido a duras penas de Atenas con su biblioteca a cuestas. Ambos fueron dos gigantes de la filosofía. A nosotros, los profesores de Fonseca, casi enanos a su lado, no nos va a tocar un mejor destino.

José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca y la muralla china

José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca y la muralla china

Construyeron los emperadores chinos una muralla que tenía como fin evitar que en su imperio penetrasen los bárbaros. Se hizo a mano, movilizando millones de personas en régimen de trabajos forzados, gracias a un sistema burocrático controlado por los mandarines, letrados y funcionarios, orgullosos de su saber, su eficacia y obsesionados con sus rituales y sus mecanismos de promoción profesional. Los filósofos chinos decían que el mejor gobernante es el que no gobierna nada, porque gobernar es siempre cobrar más impuestos, gastar más dinero y hacer obras, como la Gran Muralla, para mantener a un país aislado del mundo, como lo estuvo China hasta el siglo XIX, cuando los bárbaros ocidentales se infiltraron en el país desde el mar, haciéndola inútil.

Los estudiosos de la historia de las universidades bautizaron a sus profesores con el nombre de mandarines, es decir, letrados chinos, porque muchas veces, como ocurre ahora, creían poder estar al margen del mundo y sus turbulencias económicas, sociales o militares, a pesar de no ser más que frágiles peones en el juego del poder y de la historia, escondidos solo tras una muralla imaginaria. Los mandarines, chinos y académicos, creen tener un sistema racional y perfecto en el que todo está regulado en los papeles, en las normas y en los procedimientos burocráticos, no importándoles si ese sistema atenta contra el sentido común o niega la realidad. Como creen que su sistema es perfecto, todo tiene en él su razón de ser, todo está justificado por una normativa y ha de hacerse siempre de la misma manera, y cuanto más complicada mejor, porque así harán falta más mandarines para controlar la realidad y para espiarse a sí mismos. Esto es lo que está ocurriendo hoy en lo que los economistas y juristas llaman la universidad omniadministrativa. Una universidad también defendida de la realidad por una gran muralla y en la que la pasión por hacer obras y dictar normas infinitas salta a la vista.

Hay cosas dificiles de comprender para el común de los mortales, pero que en la universidad siempre tienen explicación. Pueden hacerse edificios que es necesario ampliar antes de su inauguración porque ya no sirven, como el caso de la Facultad de Física de la Universidad de Santiago, edificio del tamaño de un gran chalet cuya planta baja exenta tuvo que ser cerrada para acoger a duras penas a profesores y alumnos, teniendo que ser derivados departamentos a otro edificio que nació muerto, a pesar de su nombre, como fue el caso del hospital materno infantil, construido en el campus de Santiago, sin parking y casi sin accesos, y que por suerte fue reconvertido en residencia universitaria. También pueden hacerse facultades en las que no caben los libros disponibles el día de su imauguración, teniendo que reconvertir a toda prisa en depósito de la biblioteca lo que en plano era un garaje, el caso de la Facultad de Filología, cuyo rápido crecimiento hizo igualmente que su profesores acabasen por quedar amontonados en sus despachos. Hubo también proyectos faraónicos, por suerte no realizados, como la idea de situar el depósito de libros de la Facultad de Geografía e Historia en la planta noble y hacer aulas en un piso abuhardillado bajo cubierta. Y hay por suerte proyectos efímeros revisables, gracias al pladur y las mamparas que hacen que algunos edificios vayan cambiando sus paredes como si estuvieran vivos. Así se tabica y destabica, a pesar de la crisis, se cierran unos pasillos para abrir otros, para que quede eterna memoria de quien manda gracias a las murallas chinas de yeso y cristal.

Es difícil de explicar por qué se pretenden trasladar fotocopiadoras a los puntos más alejados de alguna biblioteca, o por qué se derriban los servicios de una planta con ocho aulas repletas de alumnos el día antes del comienzo de las clases. También lo es saber por qué las pruebas de acceso a la universidad se celebran quince después del comienzo del curso, o por qué un festivo como la inauguración del curso es laborable porque hay exámenes en un centro, o por qué el plazo de matrícula de algunas asignaturas se abre casi un mes después de su inicio. Naturalmente todo ello obedece a una razón, porque siempre hay una normativa que explica que es la realidad lo que está mal porque todo es perfecto e inmutable para quienes viven tras la Gran Muralla.

José Carlos Bermejo Barrera: Resacón en Las Vegas

José Carlos Bermejo Barrera: Resacón en Las Vegas

Adelson

Hay dos visiones del mundo de Las Vegas: la que nos dio Mike Figgis en su obra maestra Leaving Las Vegas y la del burdo cine comercial. Narra Figgis la historia de Ben, un ejecutivo fracasado y ahogado en el alcohol que se va a Las Vegas a suicidarse bebiendo. Allí conoce a Sera, una bella prostituta que creía que solo podía ser digna degrandándose y se inicia una historia de amor y muerte en la que Sera decide respetar la voluntad de Ben de morir así, terminando el relato de su historia con la frase: “yo le quería”. Ben y Sera son una alegoría del lado más oscuro del complejo sueño americano, en el que encarnan una derrota y un fracaso que se redimen con la narración de su historia. Frente a esta visión tenemos también la otra imagen de Las Vegas. Una ciudad construida en un desierto que vive de noche entre neones que iluminan a la misma Via Láctea. Un paraíso del juego, del dinero fácil, del sexo sin problemas, de la droga en abundancia, al que acuden miles de incautos que creen poder hacer su agosto reventando la banca en todos estos campos controlados por particulares empresarios.

Asistimos en España a un titánico duelo entre Esperanza Aguirre, española hasta las cachas, y Artur Mas, catalán hasta la barretina, que a pesar de todo comparten sus ideas sobre el dinero, el empleo y el futuro de sus países, aunque una sueñe con la independencia de Madrid y el otro con la de Cataluña. Tras singular combate resulta Esperanza vencedora, al conseguir que se construya en su secarral castellano-manchego, émulo del desierto americano, un monumento a la arquitectura banal de seudo templos romanos, pirámides y Torres Eiffel, que sin duda serán alabadas por intelectuales españoles, dispuestos a recordarnos que el pensamiento posmoderno nació con un libro titulado Learning from Las Vegas, en el que se consagraron la banalidad y la charlatanería como formas de pensamiento.

Las Vegas de Madrid y sus rivales catalanes con seis centros de ocio y juego, serán construidos a la vez, permitiendo a dos grandes costructoras, tocadas y quebradas por el estallido de la burbuja del ladrillo, ser de nuevo financiadas por nuestros bancos rescatados con el dinero público, o con el propio dinero público ya directamente, por ser ambos proyectos de interés nacional en su nacimiento, su ascenso y su caída.

Nada hay oscuro en las viejas Vegas, ni tampoco lo habrá en las nuevas. En ellas cualquiera puede ganar limpiamente el dinero que chorrea en las tragaperras, y en ellas también muchas chicas son bailarinas exóticas, acompañantes, masajistas o parte del servicio de habitaciones; siendo el alcohol y la droga parte consustancial del ocio. Todo se gestiona en Las Vegas de modo transparente en aras del bien común, y por eso nuestros políticos quieren sus Vegas.

El alcalde de Alcorcón, sin ir más lejos, dice que si se instalasen su municipio no pasará por menos de que todos los primeros empleados sean de Alcorcón, ya sean cocineros, croupiers o bailarinas exóticas, en cuyo caso su mérito ha de ser la tarjeta censal y no su anatomía y habilidades. ¡Por fin se crearán empleos en España y Cataluña¡: 200.000 y 20.000 directos y otros tantos inducidos, respectivamente. No importa humillarse ante un prepotente inversor que pide que se le exima del cumplimiento de muchas leyes, porque al final todo será un éxito colectivo. Eso si, una vez que se nos aclare cuál será el IVA de las bailainas exóticas, o el impuesto a las ganancias del juego que harán ricos a tantos.

Vistas otras experiencias, también pueden resultar dos nuevos fracasos, y generar dos nuevas ruinas urbanísticas, nuevos desastres financieros, otros rescates y más paro. Será una historia digna de contar, aunque no podrá ser llevada al cine porque Berlanga ya ha muerto y el cine en España está a punto de hacerlo. Solo algunas voces aisladas podrán contar esa historia en el futuro, pero entonces serán tan marginales como la de la propia Sera de Leaving Las Vegas.

José Carlos Bermejo Barrera: La culpa es de los abuelos

José Carlos Bermejo Barrera: La culpa es de los abuelos

Cuando los historiadores estudien la España actual se darán cuenta de que fue un país en el que triunfaron las palabras huecas, los lemas vacíos y en el que camparon a sus anchas los engaños, las trampas, las maquinaciones más torticeras y las mentiras. Y es que en España, al contrario de lo que decía en el siglo XVIII el viejo obispo Butler, las cosas nunca son como son, sino de otra manera. Y por eso nadie es culpable ni responsable de nada.

Tras haber reventado la burbuja financiera y quedar destartalada la banca, hemos visto a politicos y banqueros en el Congreso casi negando que hubiese existido tal burbuja, y afirmando que ellos no fueron responsables de nada. La cosa esa no era de su competencia, al parecer, o no se enteraron de casi nada en muchos casos, porque da la impresión de que los directivos de la gran banca iban por sus despachos sólo de visita. Como nadie es culpable de nada y la culpa siempre la tuvo el de antes, o el que estuvo antes del de antes, podríamos ir tirando del hilo y decir que la culpa última la tuvo nuestra requetetatarabuela Eva, inventora del pecado original. Por eso sería lógico pensar que algunas limpiadoras de los grandes edificios bancarios, ya jubiladas por supuesto, programaron a escondidas los ordenadores para crear las Preferentes, para hinchar los balances de Bankia y emitir acciones fraudulentas sobrevaloradas, llevando a la ruina a sus inversores y quizás a todo un país, a la par que iban desplumando a muchos pensionistas modestos ahorradores.

Los Estados deficitarios emiten deuda para que la compren los bancos, la vendan y revendan y jueguen con ella y con sus depósitos, jugandose en algún caso el dinero de los fondos de pensiones y llevando a la ruina a sus jubilados. Hasta que al final el banco quebrado es rescatado por el Estado para que le vuelva a comprar la deuda pública con el dinero que el Estado le presta. A esto se le llama “los mercados”, que son científicos, racionales y no tienen culpa de nada, porque los culpables de todo son los abuelos pensionistas.

Como la mayor partida del gasto público son las pensiones, para cuyo cobro el trabajador cotiza toda su vida laboral, y hay pensionistas porque la gente no se muere pronto para llevarle la contraria al FMI, ni quiere trabajar hasta los ochenta, en contra de lo que piensa un ministro alemán, los pensionistas son culpables del déficit público. Como además los mayores de 65 son los que necesitan más medicamentos, se dice que abusan de ellos, por eso se retiran 400 de la sanidad pública y se crean listas de genéricos ahorrando en algunos casos sólo centimos. Todo para conseguir que esos jubilados que salen con su bolsa de pastillas de colores por gusto, como niños con tubo de Lacasitos, no acaben por arruinarnos.

Y por si todo esto fuera poco ahora los abuelos son los responsables legales de mantener a los parados con el nuevo plan Prepara, que parece suponer que todo lo que paga el Estado es una limosna. Y que atenta contra normas legales básicas y el sentido común al definir la unidad familiar.

Se entendía por unidad familiar a un matrimonio y sus hijos, o bien a una pareja de hecho reconocida legalmente. Los cónyuges en España pueden tener separación de bienes, hacer declaraciones de renta individuales y han de mantener a sus hijos hasta cierta edad, razón por la cual pueden aplicar una desgravación fiscal por ellos o familiares dependientes. A partir de ahora sin embargo, cuando algunos afortunados premiados con el paro de larga duración pasen a cobrar por 6 meses sus últimos 400 euros, y 50 más si tienen dos familiares a su cargo (a los que podrán mantener con 83 céntimos diarios), deben saber a qué unidad familiar pertenecen, porque en el nuevo cálculo se incluyen las rentas de los padres, hijos, y abuelos que se suman y dividen por el número de miembros de la familia. Si es legal. Si en vez de un matrimonio tenemos una pareja que vive junta sin declararlo entonces el afortunado parado puede cobrar la suculenta ayuda. Lo que deja claro que en España es recomendable que las familias pasen a la clandestinidad. Si el Estado quiere crear nuevas unidades familiares de abuelos, padres, nietos, ampliables a hermanos con rentas sumables, o primos, cuñados, yernos y nueras – que mantienen a parados sin tener derecho a desgravar por ello -, que cree una nueva especialidad policial rastreadora de unidades familiares e incremente así el empleo público.

Esta claro que los abuelos son un tesoro para el Estado. Por eso lo lógico sería que todos los gobiernos existentes en España, los parlamentarios y políticos de todo tipo, se quedasen sin sueldo y pasasen también a vivir de las pensiones de sus propios abuelos, que hacen ya años les compraban sus chuches.

José Carlos Bermejo Barrera: La universidad de pocas luces

José Carlos Bermejo Barrera: La universidad de pocas luces

Santiago está que echa chispas desde que un juez imputó a un electricista del robo más espectacular de la reciente historia de la Catedral. Quizás por esta tendencia a reducirlo todo al campo del electromagnetismo, su universidad - en contra de lo que ocurría en los viejos comics cuando ante una nueva idea se encendía una bombilla sobre la cabeza del protagonista - ha decidido solucionar todos sus problemas apagando bombillas. Es posible que comenzase a agotar sus pilas cuando celebró su centenario con el lema: “Ahora Galicia Resplandece”. A lo que respondió modestamente la universidad de A Coruña incluyendo en su escudo el lema: “Con esta luz”, convencida quizás de que la Torre de Hércules habría de ser faro y guía de sus futuros miembros.

Sea como fuere, lo que es cierto en que en Santiago todas las medidas de ahorro que se toman en su universidad técnicamente en quiebra, asfixiada por su deuda y los costes financieros de la misma, son siempre para ahorrar luz. Para ahorrar luz se cerró tres días en Semana Santa y ahora quince en agosto. Para ahorrar luz se cambiará todo el horario de clases en el segundo cuatrimestre, comenzando a las 8:30 y acabando a las 19:30, apagándolo todo precisamente cuando los días comiencen a alargarse. Para ahorrar luz, no se sabe cómo, sus administrativos pasarán a trabajar de 9 a 17 horas y no de 8 a 15, como los de las restantes administraciones públicas; teniendo casi que comer en sus puestos de trabajo con una fiambrera, no sabemos si porque sus sueldos cada vez mas recortados ya no les den para otra cosa, o porque su universidad haya decidido regular ahora sus ritmos culinarios con este nuevo horario. Un horario, no anunciado con luz y taquígrafos precisamente, sino sacado a la luz pública antes de hablar con ninguno de los sindicatos que legalmente representan a sus trabajadores y funcionarios.

Todo es cuestión de luz en una universidad que es incapaz de aprobar su presupuesto, siendo responsables de ello tanto quienes la gobiernan como la oposición establecida dentro de las reglas del sistema, y que se gestiona sin presupuesto renovado. Todo es cuestión de bombillas en una universidad incapaz de aprobar la renovación de sus estatutos por estas mismas razones. Todo parece ser cuestión de luces en una universidad cuya única opción política es promocionar a los profesores de mayor edad a escalones docentes superiores, aun a costa, según el Ministerio de Hacienda, de reponer el 600% de sus jubilaciones frente al 10% permitido por la ley. Y en una universidad en la que no importa poner en la calle a investigadores jóvenes, a los que se les juzga con alambicadísimos baremos siempre cambiantes por quien convoca las plazas docentes para ellos.

Ya no hay más ideas, ni se encienden nuevas bombillas, pues se decide que todo siga igual y nada cambie cuando casi todo es insostenible. Quizás habría que reunir un consejo o senado de exrectores sabios y pedirle a Carlos Pajares que nos descubra la mínima partícula de la que se compone el euro, y así salir de nuestra penuria, a Ramón Villares que busque viejos documentos de históricos pelotazos que hayan sacado de la bancarrota a instuticiones en quiebra, a Darío Villanueva que nos patente alguna metáfora o metoniminia convertible también en euros y a Senén Barro que nos haga un programa informático que, desviando a nuestra cuenta los céntimos de las operaciones bursálites de un solo día de los “mercados”, nos permita de nuevo nadar en la abundancia. Y es que otras ideas no hay, las pilas se están agotando, las baterías nos muestran ya la señal de recarga cada vez más rápida. Quizás tampoco eso sirva ya y habría que recurrir a las energías renovables.

Antonio Pérez Casas: Carta aberta á comunidade universitaria

Antonio Pérez Casas: Carta aberta á comunidade universitaria

Se quedaba algunha raia vermella sen atravesar nas políticas de recortes e destrución de dereitos dos traballadores e traballadoras, é evidente que quedou atrás o pasado 13 de xullo coa aprobación do Real Decreto Lei 20/2012 xa que afecta ao conxunto da sociedade de xeito moi grave: perda dos dereitos laborais que tanto custou gañar, baixada na prestación do desemprego, subas no IVE de até o 13% e tantas outras medidas que afectan ao conxunto da economía e o emprego. Unha parte relevante delas afecta directamente ao emprego público.

Outro día nefasto, neste caso para a Universidade de Santiago de Compostela e o motivo polo que escribo esta carta aberta, foi o pasado 20 de xullo. Foi entón, no Consello de Goberno celebrado en dita data, que a equipa reitoral tivo a oportunidade de elixir: poñerse do lado das persoas que conformamos a Universidade ou poñerse ao lado dos recortes. E escolleu a segunda opción. Paso a dar a miña versión do que alí aconteceu.

Nese Consello, a xerenta da USC describiu, nunha longa ladaíña e cun fervor case relixioso, as medidas que nos afectan do RD Lei 20/2012 e como ía ser a súa aplicación para o persoal da USC.

No referido á eliminación das pagas extraordinarias, ou porcentaxe equivalente, explicounos que sería de aplicación para todo o persoal da USC e entidades dependentes e que no caso do persoal laboral sería de aplicación inmediata, tan pronto os procesos técnicos o permitiran. Indicóuselle que era unha reforma ilegal pois afectaba a períodos de traballo xa realizados (é porcentaxe anual e non só dos meses dende a aprobación do Real Decreto até final de ano), ilegal por modificar contratos de traballo vixentes e suxeitos a convenios e acordos colectivos, ilegal e inxusta por aplicar porcentaxes distintas de xeito arbitrario a distintas persoas da mesma institución en función do case azar que é o xeito de distribución do salario en soldos mensuais e pagas extras; as diferenzas neste caso van dende o 4% ao 7,14% tendo en xeral unha maior porcentaxe de desconto, aquelas persoas de menor soldo e categoría, o mundo ao revés!.

Informou tamén que no caso do PAS laboral se descontaría o 17,85% en todas as pagas dende setembro a final de ano, ao que se lle replicou que non deberamos permitir que compañeiros e compañeiras con contrato a tempo completo e con xornais de menos de 1.100 euros actualmente vexan reducida a súa paga a pouco máis de 900 €. A resposta foi sempre a mesma: “somos uns mandados”.

Con respecto ao artigo 8, que elimina para todo o persoal da USC a capacidade de negociación dos permisos e vacacións e que suprime os asuntos propios agás 3 días ao ano e os días extras de vacacións por antigüidade, informounos que sería de estrito cumprimento a partir do 1 de xaneiro de 2013. Temos que explicar que estes días de asuntos propios foron unha compensación a cambio de minguas salariais en diferentes momentos da democracia española (pódese mirar a hemeroteca do ano 1983, por exemplo). Tamén que na Universidade ninguén lembra a última vez que se contratou a alguén para substituír a quen estivera gozando destes días pois a norma interna impide celebralos se as necesidades do servizo non o permiten nese momento. Si, son días que se collen para facer pontes, pero tamén para levar aos maiores ao médico ou atender a fillos e fillas enfermos.

Informou tamén que a partir do 15 de outubro se reducirá a nómina en caso de enfermidade nun 50% nos primeiros 3 días e un 25% entre o cuarto e vixésimo día pero tampouco neste punto se fixo unha excepción ou matización.

Lembrou que segundo as novas normas temos que adaptar a xornada de traballo de todo o persoal a trinta e sete horas e media e informou que moi “eficientemente” xa están convocando os xefes de servizos e unidades con motivo da reorganización dos horarios.

En xeral, e no noso caso concreto, quedan anulados tamén numerosos dereitos sindicais, capítulos enteiros dos convenios colectivos, acordos do persoal funcionario e outros numerosos dereitos. A xerencia e a equipa de goberno non procuran alternativas.

Tampouco se presenta proposta algunha por parte da dirección da Universidade de compensación polo incremento do IVE nos gastos propios da USC, sendo como somos parte tamén do estado que vai a recadalo, nin tan sequera a reclamación de que os aforros producidos na aplicación das medidas de recorte podan ser utilizados para a redución da nosa propia débeda en vez de reducir só a débeda da Xunta de Galicia. Algo que en cambio si esixe a Xunta de Galicia ao Estado.

Aínda quedaban outros despropósitos antes de rematar este último consello de goberno. Ao igual que fixemos con dous compañeiros PAS do campus de Lugo fai un par de meses, tomouse a decisión -con numerosos votos en contra- de despedir por causas económicas ¿? a 5 profesores asociados a tempo completo con entre 15 e 30 anos de traballo na USC, a maioría a moi poucos anos da xubilación.

Todo isto sucedeu sen que houbera espazo a cuestionar o que estabamos a facer, á protección da comunidade universitaria fronte a estas ameazas, á defensa do valor que ten o servizo que prestamos á sociedade.

Malia ter sido interpelados en numerosas ocasións e terlles sido lembrada a nosa autonomía, lembrando que estabamos nun órgano de goberno da USC e non nunha sección menor dun departamento da Xunta, que non ten máis cometido que actuar segundo as instrucións recibidas, a equipa reitoral no seu conxunto non fixo un mínimo aceno de rebeldía, de recurso destas decisións ante órganos superiores, de obstaculización da aplicación dunha lei que todos entendemos inxusta e ilegal, de amortecemento das medidas naqueles casos máis sangrantes ou esperpénticos, ... mais ben sucedeu todo o contrario, preferindo en todo momento o cumprimento estrito e inmediato das medidas de recorte.

Só ao final e con moitas dificultades, algún dos presentes conseguiu que polo menos se aprobara o desacordo do Consello de Goberno co contido do Real Decreto Lei 20/2012.

Vivimos tempos difíciles e todos temos que decidir como os afrontamos. A Universidade e o seu Reitor teñen que elixir se van a estar do lado da comunidade universitaria e do lado dos milleiros de galegos e galegas que o mesmo día anterior ao consello de goberno ateigabamos as rúas e prazas de Galicia, ou si van a limitarse a facer de burócratas de Rajoy e Feijóo e aplicar as medidas de recorte actuais -e as que nos cheguen- de xeito automático.

De optaren por esta última vía e asumiren a totalidade dos recortes, a desaparición da autonomía da universidade e o desmantelamento da universidade pública, eu lles pediría que, por dignidade, dimitan antes da súa aplicación e deixen que dirixa a universidade un liquidador, de traxe escuro, nomeado pola Xunta de Galicia. Así, as cousas estarían claras e todos e todas saberíamos a que atermos.

Praza, 24/07/12

José Carlos Bermejo Barrera: Naufragios, bancarrotas y mentiras

Rajoy saltando de alegríaJosé Carlos Bermejo Barrera: Naufragios, bancarrotas y mentiras

Tocado y hundido el Prestige tras haber navegado haciendo eses como si estuviese pilotado por un capitán que hubiese superado con creces el umbral de alcoholemia, Mariano Rajoy, Vicepresidente del Gobierno a la sazón, declaró que no había peligro alguno, pues solo salían del pecio unos hilillos como de plastilina.

Quizás aun estuviese bajo el impacto del uso de este material en su etapa preescolar, pero más bien cabría pensar que en su caso, como en el de los demás políticos, estaríamos ante otro modo de desdramatizar la realidad, que le hubiese también permitido decir, en un caso similar, que el Titanic tuvo algún problema de estabilidad al chocar con algo así como un gran cubito de hielo. Y es que efectivamente Rajoy sucedió al desdramatizador Zapatero, que convirtió la economía en un taller mecánico a fuerza de distinguir entre aterrizajes suaves, frenadas controladas, frenazos y encontronazos, y en una herboristería en la que cada día crecía un brote verde, regado con dinero público, que se marchitaba al día siguiente.

Y es que en la España de los últimos veinte años la política y la economía se han convertido en el paraíso del tocomocho, el reino de los trileros y el foro de los trapaceros manipuladores de las palabras. En España parece que todo vale, que se puede decir lo que a uno le dé la gana, si uno es un político, y que uno se puede desdecir y decir que no dijo lo que dijo, y que el que miente es el otro, que es exactamente igual que él mismo. El PSOE, que hizo en economía lo mismo que el PP actual, lo que le mandaban, que reflotó bancos para que los bancos reflotasen al Estado que reflota bancos, que bajó sueldos y recortó prestaciones, que reformó la Constitución a la brava, y que fue criticado por ello por su oposición, ya no se acuerda de lo que hizo y critica al PP por hacer lo mismo que él antes hacía.

Pero no importa, porque aquí vale todo y hablar es gratis. Viene De Guindos de negociar el siguiente rescate bancario de la lista y dice un sábado que los intereses del préstamo al gobierno de España se convertirán en deuda y el domingo Rajoy dice lo contrario, poniendo cara de que, o bien ese tema no se lo había estudiado, o de que le daba lo mismo y por eso mantenía esa impertérrita cara de póquer que se convierte en la cara de estupor profundo, por no utilizar una expresión más popular, que se le queda a Montoro y a la Vicepresidenta del Gobierno el viernes 20, pareciendo ambos querer decir: “no entiendo nada, hago lo que me mandas y por encima me castigas hundiéndome la bolsa y el crédito de mi país”. Como ambos creían que pueden seguir diciendo lo que les parezca, no se dan cuenta de que un Ministro de Hacienda, que no piensa mejorar el control del fraude fiscal en un país con cientos de inspectores de Hacienda en excedencia para asesorar empresarios y en el que se está dando una enorme fuga de capitales (en un mundo en el que dinero negro depositado en paraísos fiscales es de 32 trillones de dólares), no puede justificar el recorte de la paga de Navidad de sus funcionarios diciendo que ya no tiene dinero para pagar nóminas. Primero porque no es verdad, segundo porque eso supone anunciar una bancarrota y tercero porque no se puede mentir así para justificar una elección política.

Del mismo modo, los políticos saben que los recortes pactados en Bruselas, los hechos y los que vendrán, son órdenes - aunque se llamen recomendaciones-, pero si lo dice un Comisario europeo casi se propone su linchamiento. La vida social se basa en la confianza mutua y el acuerdo; la economía y el crédito también. ¿Quién puede extrañarse de que un país que parece dar culto a Pinocho pase a ser considerado como poco serio? C.M. Reinhardt y K.S. Rogoff han publicado un libro titulado Esta vez será distinto. Ocho siglos de locura financiera (Oxford, 2009). En él puede verse la repetición del mismo modelo. Un reino o país se endeuda en el interior, cuando no puede finaciarse pasa a hacerlo en el exterior y falsea sus cuentas públicas, luego deteriora su moneda, cae en una hiperinflación y al final quiebra, ante la impertérrita seguridad de sus gobernantes, seguros de que “esto a mi no me va a pasar porque yo soy distinto”. En ocho siglos de historia esos gobernantes distintos, pero igualados en su irresponsabilidad y su estupidez, han sido responsables de las mayores catástrofes financieras y las peores guerras, que suelen comenzar casi siempre en verano. En España de momento lo que ha ocurrido es que ha subido el IVA de la plastilina del 4 al 21 %. Los hilillos nos van a costar caros.

Miren Etxezarreta: Neoliberalismo a ritmo acelerado

Miren Etxezarreta: Neoliberalismo a ritmo acelerado
Miren Etxezarreta, catedrática emérita de Economía Aplicada de la Universidad de Barcelona y doctora por la London School of Economics.

Desde mayo de 2010 la economía española, debido a su importante problema de endeudamiento, está sometida a fuertes presiones externas, formadas por los mercados, el FMI y la UE. Un endeudamiento privado, pues el endeudamiento público del Estado español está todavía hoy, entre los más bajos de los 17 países de la eurozona.

A partir de entonces la economía española está tutelada principalmente por la UE, que se ha convertido en el eje central y dominante en la gestión de la economía española. Desde entonces, la UE exige la implantación de una serie de duras medidas de austeridad y ajuste que, aunque han empeorado seriamente las condiciones de trabajo y de vida de la mayoría de la población, no han resuelto ninguno de los problemas de la economía del país, sino que ésta se ha deteriorado: el paro crece por encima de los 5,6 millones de desempleados, la atonía de la actividad económica se intensifica y la deuda pública aumenta.

Hace muy poco -los acontecimientos se suceden a tal velocidad que dos meses parecen un largo periodo-, el caso Bankia hizo imposible disimular por más tiempo el deterioro de la situación de los bancos y cajas españoles. Junto a la desastrosa gestión de su crisis, han llevado a destruir toda confianza, si existía alguna, en la capacidad del Gobierno español para gestionar la crisis y de la economía española para enfrentarla. El Gobierno se vio presionado por la UE para que plantease un rescate financiero que fue presentado a la opinión pública de la forma del engaño más burdo que se pueda imaginar, pretendiendo hacer creer que dicho rescate no iba a tener consecuencias negativas para la población. Además, tras la cumbre europea del 28 y 29 de junio se presentó como un gran triunfo que el rescate concedido para los bancos se llevará a cabo por un fondo europeo (MEDE) que irá directamente a los bancos y  estos serán los responsables del mismo, por lo que no supondrá un aumento de la deuda del Estado.

La UE, tras conceder la línea de rescate hasta 100.000 millones de euros para auxiliar a las finanzas privadas de este país, alarga en un año el plazo para cumplir con las cifras de reducción del déficit. Pero precisa que de momento el rescate se cargará a la deuda del país, hasta que se cree en la Unión un supercontrol financiero, no antes de fines de 2013, y que la ejecución del rescate está sometida al estricto cumplimiento de las recomendaciones que la Unión ya había hecho al Gobierno español. Además, el 10 de julio presenta el Memorando que exige al Gobierno para proceder a la entrega de una parte del rescate con 32 condiciones bien detalladas para el ámbito financiero y algunas más de tipo fiscal. Y queda claro que a partir de ahora la troika controlará muy estrechamente la actuación del sector público y las finanzas de este país.

El deterioro de la situación, la prima de riesgo que no para de aumentar, y la imposibilidad de ocultar la situación, han obligado a Rajoy a presentar en el Parlamento, el 11de julio, las medidas que se ve obligado a tomar para cumplir las condiciones impuestas por la troika formada por los mercados, el FMI y la UE, y que esta última lidera. Hasta el punto de que es lícito preguntarse cuánta autonomía le queda al Gobierno español (ahora PP) para gestionar los asuntos del país.

Todos estos acontecimientos, y especialmente los que están teniendo lugar desde que salió a la luz la crisis de Bankia, están generando una sucesión de medidas y noticias que han motivado en la población una situación de desconcierto, preocupación y temor muy acusados. No me dedicaré aquí a reseñar cuáles son estas medidas, pues los medios de comunicación las han transmitido ampliamente. Me limitaré sólo a algunos comentarios sobre todo este proceso:

Muchas y muy variadas medidas que llegan a un recorte de 65.000 millones en dos años: desde la disminución del número de funcionarios, de sus salarios y de una de sus pagas extras, pasando por la reducción del número de concejales, la subida del IVA y de los impuestos medioambientales, la rebaja del subsidio de desempleo… Sin embargo, todas ellas, sin excepción, siguen fielmente el modelo neoliberal de gestión de la economía: liberalización, desregulación, privatización, impuestos a pagar por la mayoría de la población indiscriminadamente, reducción de salarios y deterioro de las condiciones de trabajo. No nos engañemos. Que los árboles no nos impidan ver el bosque. Que la profusión de medidas no nos impida ver la línea fundamental de su orientación. Todas ellas van dirigidas esencialmente a mejorar el mundo de los negocios y a apretar, a asfixiar a la población en sus condiciones de vida: más despidos, menos salarios, más y más privatizaciones, menos derechos sociales, unos impuestos indirectos totalmente injustos mientras no se tocan de ninguna manera los ingresos de los más ricos, a quienes se acaba de conceder una escandalosa amnistía fiscal casi total. Y un aspecto particularmente preocupante: la disminución de las cotizaciones sociales que sólo favorece a los empresarios y que conducirá directamente a que pronto nos digan que los derechos sociales son insostenibles porque no hay dinero, probablemente preparando un nuevo golpe, esta vez a los pensionistas… Estas orientaciones señalan claramente cuál es la línea de las políticas de la UE: todas ellas constituyen la estricta continuidad con la esencia del neoliberalismo, que están imponiendo en todos los países miembros, estrechando todavía más las opciones posibles para  estos y convirtiéndose, de paso, en la vanguardia del neoliberalismo mundial.

Pero no hay que considerar que, dentro del estrecho marco de sometimiento al control de la UE, el Gobierno no tiene ningún margen. Bruselas manda, es verdad, pero dentro de sus exigencias hay alguna, aunque pequeña, opción diferente: la reducción del gasto podría hacerse disminuyendo el de Defensa, o la ayuda a la Iglesia católica, eliminando muchas sedes diplomáticas o de otras maneras, mientras que el aumento de los ingresos podría consistir en una verdadera reforma fiscal que gravara a quienes realmente concentran el dinero de este país. Las exigencias de la troika transcurren por la misma estrategia de los planteamientos de los gobiernos sucesivos de este país, que acogen aquellas con docilidad (¿o simpatía?) y a quienes les viene muy bien insistir en los requerimientos externos para llevar a cabo muchas medidas que integran sus propios planes.

Lo peor de todo esto es que estas medidas no sirven para resolver los problemas del país. Es dudoso que se pueda reducir el déficit en los plazos señalados; de hecho, la propia Unión se ve obligada a ampliar los plazos originales ante la percepción de que no es posible cumplirlos, mostrando así, además, que las exigencias de plazos sobre el déficit son totalmente arbitrarias y no existe razón económica alguna que obligue a eliminarlos en plazos tan cortos. Y la deuda es impagable. La banca europea y los inversores institucionales que son nuestros principales acreedores y probablemente instigadores de las medidas exigidas, habrán de aceptar esta realidad en algún momento. Es decir, los dos objetivos supuestamente claves para exigir las medidas no se pueden cumplir. Pero, además, estas medidas empeoran la situación económica del país al hacer más difícil todavía el crecimiento (el programa futuro de 120.000 millones de euros para estimular el crecimiento de toda la Unión mientras se mantienen los duros programas de ajuste es patético y sería cómico si las situaciones no fueran tan graves). Entre todas las políticas dictadas no hay una sola medida que impulse el crecimiento y la mejora de la situación productiva ni comercial del país. Al contrario, caerá todavía más la demanda, disminuye la inversión y la investigación, se desmotiva totalmente la mano de obra, excepto por el miedo al paro. Se concentra todo el estimulo al aumento de competitividad en el deterioro de los salarios y la situación laboral bajo el eufemismo de la devaluación interna. Las medidas que se imponen son contradictorias, llevan al colapso de la economía y conducen a una situación irresoluble. La opción de pagar por la deuda privada lleva al caos al país, ¿por qué la ciudadanía ha de ser responsable de la deuda privada? ¿A dónde vamos con estos planteamientos?

Un pequeño comentario marginal: escuchando la sesión parlamentaria de presentación de las medidas que se propondrán para su aprobación en el Consejo de Ministros del próximo viernes, me ha impresionado una vez más (no es nada nuevo, pero en una situación tan tensa y difícil como la actual es más grave) el lenguaje que se utiliza en los foros políticos, lleno de sobreentendidos y eufemismos, y abundando en una retórica que muchísima gente no entiende y si se entiende es absolutamente gratuita y falsa. El intentar embellecer la naturaleza de las medidas que se están tomando, el pretender justificarlas cuando se saben injustificables, la floritura de las referencias… “Se rebajará el subsidio de paro para no desincentivar la búsqueda de empleo”, en un país con más de cinco millones de parados que buscan desesperadamente un trabajo, o “despediremos funcionarios para hacer más eficiente el sector público”, despidiendo médicos, maestros, bomberos, y así continuamente. ¿Hasta dónde el eufemismo no se convierte en insulto? No es extraño el alejamiento de la población de la escena política. Incluso para los profesionales obligados a su escucha, el ambiente y el lenguaje se hacen difíciles de soportar. ¿No se podría lograr un ambiente de cierta sinceridad en el hemiciclo? Es verdad que es un detalle menor, pero es todo un símbolo de la vida política de un país.

Es obligado concluir que en esta estrategia existen otros objetivos más profundos, además de los señalados. Y estos no pueden ser más que utilizar la crisis y la deuda como una valiosa excusa para lograr destruir la mayor parte de los derechos laborales, sociales e incluso políticos, que las sociedades europeas han logrado con grandes sacrificios y luchas desde el final de la II Guerra Mundial. No pueden entenderse estas estrategias bajo otro prisma, pues aunque para nada importe el bienestar de la mayoría de la población, están suponiendo la destrucción de la capacidad productiva de los países y una enorme concentración de la actividad económica en ciertas zonas y bajo la propiedad de muy pocos capitales. No se podría entender el entusiasmo de la patronal y los grandes empresarios por estas medidas de otra manera. Una estrategia que conduce al desorbitado freno a la actividad económica y a la consecuente caída brutal de la demanda interna, que está llevando al cierre de miles de pequeñas y algunas medias empresas, al vaciado paulatino de la capacidad de producción de este país, que camina al endurecimiento de esta situación, no puede ser vista más que en el contexto de una permanente lucha de clases, en este caso de ámbito continental; la cual, según Warren Buffet (uno de los mayores millonarios estadounidenses), están ganando los propietarios del capital.

Público, 13/07/12

Francisco J. Bastida: Recortes y descrédito de la Constitución

Francisco J. Bastida: Recortes y descrédito de la Constitución
Francisco J. Bastida, catedrático de Derecho constitucional

Tantos recortes acaban por poner en entredicho el sistema democrático y la propia Constitución. Crece el descrédito de la política, arrodillada a los pies de la economía especulativa, crece el descrédito de la clase política, distanciada de la sociedad y enrocada en sus engaños, corrupciones y privilegios, y crece también el descrédito de la Constitución, el de las instituciones por ella reguladas y el de sus principios rectores de la política social y económica.

Se ha dicho que estamos de facto en un estado de excepción parlamentario, porque el Gobierno prescinde del parlamento y gobierna por decreto-ley. En realidad estamos ante algo más grave aún, un cambio de modelo constitucional por la puerta de atrás. Parece que solo hay un precepto que cumplir, el nuevo art. 135, introducido con nocturnidad y alevosía por PSOE y PP, que impone la estabilidad presupuestaria y da prioridad absoluta al pago de la deuda pública. El resto de la Constitución se pone a la cola.

Es cierto que la propia Constitución no da un mismo tratamiento a todos los derechos. Los llamados "fundamentales" (derecho a la vida, a la intimidad, a la libertad personal, etc.) tienen una eficacia directa, mientras los derechos "sociales" (derecho a la protección de la salud, a una vivienda digna, protección de los discapacitados, de los mayores, etc.) se articulan como meros principios rectores de la política social y económica. Pero los principios no son papel mojado; se enmarcan en el Estado social de derecho y son mandatos que la Constitución impone a los poderes públicos para que los cumplan en la mayor medida posible. Una cosa es el grado de cumplimiento y otra una política que los margine y desprecie.

La Constitución dispone la preferencia del pago de la deuda pública y la exigencia de un equilibrio presupuestario, pero nada dice sobre cómo hacerlo. Lo que sí establece es cómo no hacerlo y para ello señala unas líneas rojas que no deben rebasar los poderes públicos. Esas líneas están trazadas en aquellos principios rectores de la política social y económica, en los principios que han de informar el sistema tributario y en la obligación general de los poderes públicos de remover los obstáculos para que la igualdad sea real y efectiva (Art. 9.2).

Sin duda es difícil sentenciar cuándo se pisan tales líneas, porque su contenido es gaseoso y por ello es problemático que un tribunal constitucional decida sancionar como inconstitucionales medidas que afectan a esta nebulosa de principios, pero gaseoso no significa inexistente.

Para obviar esta parte de la Constitución el Gobierno afirma que sus medidas no son ideológicas y no obedecen a una determinada opción política; que son las necesarias e inevitables en el momento actual. Incluso exhibe Rajoy como prueba que siendo él de derechas ha tenido que nacionalizar un banco. (La verdad es que cada vez es más difícil saber si quien gobierna es Rajoy o Ruiz Mateos, visto el pago piramidal de los intereses de la deuda con más deuda y la simpleza mental para explicarlo). Sin embargo, son ideológicas: una mezcla de neoliberalismo que abomina de lo público, salvo para sanear lo privado, y de centralismo que intenta con cada decreto-ley incapacitar a las comunidades autónomas, imputándoles el origen del déficit. Una manifestación de esa carga ideológica es el efusivo aplauso de los diputados del PP a los recortes del Gobierno en políticas de ayuda a la dependencia o al desempleo. La diputada Fabra llegó a gritar "¡que se jodan!".

Pero además de ideológicas, las medidas pisan esas rayas rojas de la inconstitucionalidad; de manera clara en el terreno competencial de las comunidades autónomas y de manera más difusa, pero perceptible, en el campo de los principios rectores de la política impositiva, social, económica. Hay otras vías para recaudar y hay otras materias donde recortar. El Gobierno transita por una dirección contraria a la establecida en la Constitución cuando, para poder insuflar más dinero a los bancos a través del endeudamiento público, opta de manera sistemática por una fiscalidad que deja a salvo a las grandes fortunas e incluso amnistía a los grandes defraudadores, cuando los recortes pierden todo sentido de equidad y caen del lado de los grupos más vulnerables de la sociedad (parados, personas dependientes, pensionistas, inmigrantes, etc.) o cuando decide privar de la paga extra a los funcionarios con un claro sentido confiscatorio (lo de diferir su pago a un plan de pensiones suena a supresión de futuras pagas extra, no sólo la de navidad, para endilgar a los funcionarios una especie "participaciones preferentes", de ilusorio cobro). Dicho con trazo grueso, el resultado político es un Gobierno que actúa como un Robin Hood en negativo, le mete mano a los pobres y a la clase media en beneficio de los ricos. El resultado jurídico es que los recortes alcanzan también a la Constitución. La pregunta está en cuánto se puede seguir metiendo la tijera al Estado social de derecho sin que el Tribunal Constitucional certifique que se han rebasado las líneas rojas de nuestra norma fundamental.

En todo caso, más allá de disputas jurídicas, los ciudadanos son los que pueden y deben mostrar al Gobierno las líneas rojas de su actuación. Para ello no habrá que esperar a las próximas elecciones, solo a que explote el cabreo social, aunque al parecer apenas existe, según el nuevo patrón de medida utilizado por Esperanza Aguirre, el estadio Santiago Bernabeu.

Faro de Vigo, 15/07/12

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