Opinión

Artigos de opinión

Nico Hirtt: Los tres ejes de la mercantilización escolar

Nico Hirtt: Los tres ejes de la mercantilización escolar

Desde finais dos anos 80, os sistemas educativos dos países industrializados foron sometidos a un sin fin de críticas e reformas, incluído o fomento da educación privada e de pago, cambios que se inscriben nun proceso de paso da "era da masificación" da educación á era da "mercantilización".

L’Appel pour une école démocratique, 20/05/01. Reproducido en FLATEC

Saturnino de la Plaza Pérez: La selección de profesores

Saturnino de la Plaza Pérez: La selección de profesores
Saturnino de la Plaza Pérez es rector de la Universidad Politécnica de Madrid y presidente de la CRUE

Uno de los temas que suscitan especial interés en la reforma universitaria es la selección de los profesores. Puede entenderse fácilmente por la importancia que tienen en la docencia y la investigación, en la calidad de la enseñanza, en la formación de grupos competitivos en la investigación, en la excelencia, en definitiva, que es la tendencia a la que deben ir las instituciones universitarias.

El papel del profesor universitario, con carácter general, es el de un docente que tiene como principal función la de transmitir los conocimientos a sus alumnos, dedicando parte muy importante de su tiempo en colaborar con ellos en el proceso de su aprendizaje, con las tutorías, con la actualización de bases de consultas, con la elaboración de contenidos al día, en muchos casos con la incorporación de las tecnologías de la información y de las comunicaciones a su método pedagógico. Pero además, en un porcentaje creciente, es un investigador integrado en un grupo, que genera conocimientos y los incorpora al contenido de sus enseñanzas.

Para alcanzar la posición de profesor permanente se recorre un largo camino, que en muchos casos se inicia como becario predoctoral o ayudante, incorporados a grupos ya consolidados. En esa larga carrera alcanzan un alto grado de competencia, que a veces no encuentran las posibilidades de su promoción por no disponer de suficientes plazas de profesores. Puede decirse que esto se produce en universidades con fuerte actividad investigadora, en donde precisamente interesa la continuidad del joven científico bien preparado y que estabilice su situación profesional con una plaza permanente, que debe serlo de profesor de los cuerpos docentes, al no existir otras opciones. La selección del candidato local en estas circunstancias es buena para la institución.

La endogamia, tan denostada, si se dan interpretaciones simplistas, es positiva si de lo que se trata es de consolidar situaciones precarias de excelentes profesores o de aspirantes a serlo, que deben ser el relevo de los que son sus maestros. En los últimos años se han ido estabilizando muchos profesores, en sus propios departamentos, que cumplen con gran eficiencia sus funciones docentes e investigadoras, como lo demuestra el fuerte incremento en la productividad científica de las universidades, según reflejan las estadísticas.

También nos encontramos con casos de profesores estabilizados en plazas de funcionarios docentes, con una corta trayectoria, sin apenas currículum docente e investigador, que han superado el concurso de selección con menos competencia.

No faltan voces que, con el afán de desprestigiar los procesos de selección del profesorado universitario, generalizan casos como los antes descritos, que yo creo que cada vez son más aislados, y endosan al conjunto el mal de la endogamia perniciosa. No puede desvincularse el hecho de la selección del profesorado con la realidad del sistema universitario español de las dos últimas décadas. Duplicar el número de estudiantes, desde los 750.000 del año 1982 al millón y medio del año 2000, con la casi duplicación del número de universidades, ha supuesto un esfuerzo importantísimo en la incorporación de profesores. Si a eso se añade que no ha habido un proyecto paralelo, con financiación adecuada, en la formación de profesores, con programas de becas y ayudas suficientes para estancias en centros de prestigio, con un camino plagado de obstáculos, con el esfuerzo y la sobrecarga de docencia que han tenido los profesores para sacar adelante las enseñanzas, en situación profesional precaria, nos lleva a solicitar el reconocimiento social que este esfuerzo se merece.

En una situación como la actual, con tendencia decreciente en el número de estudiantes que acceden a las universidades en las enseñanzas regladas y con la perspectiva a diez años vista de una amplia renovación, por jubilación de los actuales profesores permanentes, es un momento adecuado para diseñar nuevos métodos de selección y promoción de los profesores.

Una universidad tiene autonomía plena cuando es competente para seleccionar a sus profesores y a sus estudiantes y tiene capacidad de gestión en régimen de autogobierno. En este sentido, debe ser responsable de establecer la dotación de las plazas de los cuerpos docentes en función de sus necesidades y de los objetivos de su plan estratégico. De acuerdo con sus peculiaridades, debe establecer en la convocatoria el perfil de la plaza que precisa cubrir y los requerimientos exigibles a los posibles candidatos.

Entre las diversas opiniones que se manifiestan sobre el procedimiento de selección de los candidatos, hay quienes defienden que debería ser sobre una fase previa de habilitación estatal, para el conjunto de plazas del mismo área que hayan previsto el conjunto de las universidades y que cada una de ellas seleccionara de forma autónoma entre los profesores habilitados y los pertenecientes al mismo cuerpo y área el candidato de sus preferencias. Parece ser la línea por la que opta el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes para la futura ley.

Hay otras opiniones que se inclinan en que la fase previa se centrara exclusivamente en la plaza convocada por la universidad con una evaluación, posiblemente externa, de los candidatos presentados, para la decisión final por parte de la universidad convocante. Los próximos debates que han de producirse indicarán cuál es la opción deseable desde la perspectiva universitaria, debiendo eliminarse en todo caso cualquier sistema que condujera a endogamias negativas.

El País, 08/04/01

Gabriel Tortella: Todo queda en casa

Gabriel Tortella: Todo queda en casa
Gabriel Tortella es catedrático de la Universidad de Alcalá, premio de Economía Rey Juan Carlos 1994

Qué tiene de malo la endogamia universitaria? ¿No es bueno que a medida que a un departamento se sumen nuevas generaciones sean los allí formados los que recojan el testigo, bien compenetrados con el ambiente y los métodos de trabajo? La respuesta categórica es 'no'. No hay endogamia buena y endogamia mala: la endogamia universitaria es toda mala en cualquier caso. Tampoco hay incesto bueno e incesto malo, aunque se pudiera argumentar que nada mejor que dos hermanos, o madre e hijo, o hija y padre, para constituir un matrimonio bien avenido. Al fin y al cabo, comparten valores, costumbres y genes.

La endogamia es mala porque no se puede ser buen universitario sin haber trabajado en centros distintos, a ser posible bien alejados geográfica y científicamente. La enclaustración monacal estará muy bien en el mundo de la mística, pero no en el de la ciencia. Un buen universitario no puede adolecer de lo que Bertrand Russell llamaba 'el dogmatismo de los que no viajan'. Existe además el peligro de las fidelidades personales. El profesor que lo debe todo a su maestro no es un verdadero universitario, y existe el peligro de que carezca de verdadera independencia de juicio, que es más importante en la Universidad que la simple acumulación de saber. Por eso están consagrados en el mundo académico los intercambios, los sabáticos y demás instrumentos de ampliación de horizontes científicos. Y también por eso, el artículo 37 de la LRU establece que no podrían concursar a plazas de profesor titular quienes hubieran estado contratados más de dos años en la propia universidad convocante de la plaza. El precepto está redactado de manera muy débil y admite excepciones que, por supuesto, han dado lugar a toda clase de corruptelas. Pero la motivación es la correcta.

Incentivos perversos. Sin embargo, el propio mecanismo de la ley ha creado toda una serie de incentivos perversos que favorecen la endogamia. No es sólo el amiguismo, tan arraigado en la sociedad española; hay también motivos políticos y económicos. Si una oposición la gana el candidato de fuera, el de casa permanece en su puesto (¿quién despide a la pobre víctima, uno de los nuestros?), y donde había que pagar un sueldo, ahora hay que pagar dos.
Por otra parte, si al rector se le ocurriera la locura de intentar que la oposición no estuviera amañada en favor del candidato de casa, por ejemplo, nombrando a los miembros de la comisión con arreglo a la ley (es decir, con 'criterios objetivos y generales' que 'garanticen la igualdad de condiciones de los candidatos', no permitiendo, por tanto, que los designe el de casa, como se hace ahora), se encontraría con dos graves problemas: el primero, económico, que ya hemos visto; el segundo, el político. Porque un rector que hiciera la quijotada de imponer la ley y la ética por encima de los chalaneos de los departamentos iba a durar muy poco en su puesto, al haberse granjeado la enemiga de los barones departamentales, los 'grandes electores'. A esta abyecta dependencia de los rectores con respecto a las camarillas la llaman los interesados 'autonomía universitaria'.

La consecuencia de este mecanismo aberrante es que los mediocres logran los puestos y los buenos investigadores pasan a enriquecer las universidades extranjeras, más flexible e inteligentemente organizadas. Apenas hay ningún campo científico hoy donde se pueda ser competente sin haber hecho estudios en una universidad anglosajona, escandinava o germana. Pero los que cometen la temeridad de intentar superarse ponen en gravísimo peligro su carrera en España: su puesto quedará casi invariablemente ocupado por el calientasillas que se queda a repetir un programa y trabajarse a los caciques. La prueba de esto es que nueve de cada diez puestos se han cubierto en las universidades españolas con candidatos locales. En ningún otro país donde se recopilen estadísticas de este tipo es tan alta la endogamia. En Estados Unidos, en concreto, la proporción viene a ser la inversa: sólo un 10% de los profesores se recluta en casa. Estas cifras son conocidas y contribuyen al desprestigio internacional de nuestras universidades. Huelga decir que la endogamia defrauda a estudiantes y contribuyentes y lastra nuestro futuro intelectual y económico.

Soluciones. ¿No hay salida? Puede haberla. Una solución de la que se habla mucho estos días es la 'habilitación', el requerir un examen nacional (o estatal), sustraído de los trapicheos locales, que 'habilite' a los candidatos. Las universidades sólo podrían contratar a profesores habilitados. Esta solución, de inspiración alemana, se viene discutiendo aquí desde hace muchos años. A los beneficiarios del sistema endogámico, la habilitación les parece un atentado a la sacrosanta autonomía. Es un sofisma: están defendiendo sus fuentes de poder. La pretendida autonomía universitaria no se da en España, donde el 80% de los ingresos de la universidades proviene de subvenciones estatales en función del número de estudiantes, y no de la calidad de los centros. Con este sistema, la Universidad de Harvard obtendría mucho menos apoyo estatal que cualquier monstruo masificado, porque tiene pocos estudiantes. Con este sistema, una universidad no se ve perjudicada por tener un claustro de mediocres, y cuanto más autónoma, es decir, cuanto más sujeta a los intereses de los caciques departamentales, mayor será su coeficiente de mediocridad.

La habilitación debiera ir complementada por un sistema de subvención a las universidades que estuviera relacionado con su calidad. Hay muchos indicadores de calidad que se podrían combinar, pero los méritos científicos de los profesores constituyen quizá el más importante. En España funciona desde hace más de diez años una Comisión Evaluadora de la Actividad Investigadora del profesorado cuyos informes podrían perfectamente utilizarse como indicador de la excelencia universitaria. Quizá si percibieran claras ventajas económicas en contratar buenos profesores comenzaran las autoridades académicas a exigir que se aplicaran la ley, la lógica y la ética en la selección del profesorado.

El País, 08/04/01

Antón Losada: Gallaecia Fulget

Antón Losada: Gallaecia Fulget

Nuncap tan cierto fue el lema del quinto centenario de la universidad compostelana. Da gusto leer y oír las noticias. Un fulgor de protesta y libertad sacude esa Galicia átona y triste que nos dejó octubre Incluso en este país en estado de censura constante, hemos podido enterarnos de que estudiantes y profesores se ha echado a la calle contra una ley que es el mayor ataque perpetrado jamás contra la universidad pública gallega.

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