
Primera plana del Excélsior en la que se anuncia la creación de la UAM
¡LA UAM nació moderna! Desde su creación se presentó como una novedosa alternativa de organización universitaria que contrastaba con el modelo de escuelas y facultades predominante en las universidades del país, pues contaría con una estructura dinámica que le permitiera cumplir con flexibilidad y eficiencia los programas académicos, de investigación y de difusión cultural. Se trataba de una institución que, surgida como uno de los grandes proyectos de la reforma educativa de la época, permitiría poner en práctica un nuevo modelo de organización universitaria, preparado para atender las necesidades cambiantes del país y para incorporar y hacer suyos los acelerados avances científico-tecnológicos. Como una universidad sustentada en la planeación, en ella no cabrían la improvisación ni el anquilosamiento que se apreciaba en otras instituciones.
Su organización bajo en el régimen de desconcentración funcional y administrativa, proyectaba a la UAM como centro coordinador de unidades académicas distintas pero articuladas, pues cada una de ellas podría resolver sus propios problemas, aunque debía hacerlo en el marco compartido de la Ley Orgánica. Se planeaba como una institución atenta a los cambios de su entorno, pues podría crecer al ritmo de las exigencias de la demanda de educación superior en distintas regiones de la ciudad de México, contribuyendo así a la atención de las necesidades educativas, culturales y sociales de sus comunidades. Sus tres primeras unidades, Iztapalapa, Azcapotzalco y Xochimilco, permitieron el desarrollo local transformando profundamente el entorno urbano. Hoy sus otras dos unidades de reciente creación, Cuajimalpa y Lerma, enfrentan un reto similar aunque en condiciones diametralmente distintas.