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Universia: Grandes proyectos universitarios de globalización para España y Latinoamérica

Universia: Grandes proyectos universitarios de globalización para España y Latinoamérica

Tras el pistoletazo de salida que a finales del mes de junio dieron la UOC (Universidad Oberta de Cataluña) y el Grupo Planeta llegando a un acuerdo para la extensión de las enseñanzas de la Universidad Virtual catalana al resto de España y el mundo latinoamericano, otras iniciativas surgen con fuerza en el campo de la educación, dirigidas al mismo ámbito de actuación, con objetivos muy similares y teniendo tras de sí un sólido respaldo financiero. El Banco Santander Central Hispano (BSCH) y Telefónica son los otros grandes que se han sumergido en proyectos educativos online de esta envergadura para el mundo latino.

Los proyectos educativos que hasta ahora se han presentado en la Red hacían referencia a proyectos de emprendedores que lanzaban su portal vertical en Internet bajo la idea de crear una red de formación en la que participasen centros privados y públicos para la compartición de recursos, la creación de plataformas de comercio, en algunas ocasiones como con Edunexo.com, y sobre todo ser una ventana de formación e información a los alumnos, profesores y padres. En paralelo, cada universidad mantiene sus desarrollos internos para ofrecer una imagen de información, y en ocasiones, de tramitaciones administrativas desde la Red, sin embargo, tan solo la UOC se ha comportado como una verdadera universidad virtual, debido también, como es lógico, a sus orígenes como tal. Acuerdos bilaterales y restricciones geográficas, por tanto, han sido las principales características de los proyectos. Las últimas iniciativas, sin embargo, cuentan con las posibilidades y estabilidad que supone un fuerte respaldo financiero aportado por Telefónica y el BSCH, con la participación de la mayoría de la universidades españolas y con objetivos claros: crear centros virtuales de formación.

31 universidades españolas formarán parte de Universia.net, la iniciativa educativa promovida por el BSCH en colaboración con el CSIC y centros privados y públicos que cuenta con una fuerte inversión: 11.000 millones de pesetas, de los cuales 8,5 serán aportados por las instituciones iberoamericanas que formen parte del proyecto y 1,5 procederán de España. El proyecto, que comenzará a estar activo en el mes de septiembre en la dirección www.universia.net. se ha constituido bajo la premisa de potenciar y dinamizar las relaciones culturales entre España y el resto de países latinos de América, según ha comentado Ignacio Berdugo, Rector de la Universidad de Salamanca, en la presentación del portal (informa Europa Press).

El portal está dirigido especialmente al estudiante preuniversitario, universitario y antiguos alumnos para la oferta de todo tipo de servicios en español y en inglés. Planes de estudios, información de becas, cursos en el extranjero, bolsa de trabajo, comunidades, bibliotecas virtuales y recursos a la investigación serán los contenidos que recogerá bajo la filosofía de que la suma de esfuerzos multiplica la capacidad de acción, como han comentado los responsables, en una primera fase, dejando de lado la universidad virtual propiamente dicha para desarrollos futuros.

La Universidad de Alcalá de Henares, la de Cádiz, la de Alicante, la UNED (Universidad Nacional de Educación a Distancia) o la Fundación San Pablo CEU son algunas de la treintena de universidades que ofrecerán información y servicios integrados en el portal educativo.

En la misma línea, Telefónica bajo sus dos unidades de negocio Telefónica de España y la Fundación Telefónica han anunciado otro proyecto. Se llama CampusRed, se encuentra en la dirección wwww.campusred.net y está completamente operativo desde hoy, 10 de julio. También dirigido al ámbito español y latinoamericano su meta es convertirse en un espacio virtual de referencia para centros, profesores, estudiantes, postgraduados y personal administrativo albergando información universitaria, foros, chats, bolsa de trabajo, asesoramiento y teleformación, así como acceso a bibliotecas virtuales y documentación especializada de disciplinas académicas. El portal tiene prevista la utilización de las tecnologías más avanzadas entre las que se encuentran la videoconferencia, la creación de aulas plenamente virtuales y el acceso a los contenidos través de WAP. La idea es llegar a acuerdos con universidades que pertenezcan a este ámbito geográfico para que se integren al proyecto.

CampusRed se enmarca en el conjunto de iniciativas de Telefónica y la Fundación bajo el nombre de Educación en la Red destinado a contribuir a la mejora de la enseñanza y la formación a través del uso de las nuevas tecnología y que ya ha promovido proyectos como el de EducaRed dirigido a la enseñanza primaria y secundaria con 7.5000 centros inscritos y más de tres millones de alumnos.

Proyectos menores

Universitarios.org, por su parte, también ha sido presentado recientemente para dirigirse, como su nombre indica, al sector universitario creando un lugar de encuentro para esta comunidad en la Red en la que puedan disfrutar de cursos, enlaces a universidades nacionales, compartir un antes o participar en foros. Los interesados en conocer la iniciativa pueden acceder a la dirección www.universitarios.org.

www.universia.net
wwww.campusred.net
www.universitarios.org

iworld, 10/07/2000

Jesús Núñez Velázquez: El futuro de las universidades privadas en España

Jesús Núñez Velázquez: El futuro de las universidades privadas en España
Jesús Núñez Velázquez es Presidente de ACADE

Si exceptuamos a las Universidades confesionales, producto del Concordato con la Santa Sede de 1953, la historia de las Universidades Privadas en España es muy reciente. Tanto, que actualmente están cumpliendo el primer lustro de vida, o poco más. En este lapso de tiempo, las universidades privadas han conseguido consolidarse y captar algo más del 5 por ciento del alumnado superior, que en su conjunto representa 1.600.000 estudiantes.

Es un buen resultado para unas instituciones creadas ex novo, que aún deben demostrar todas sus capacidades y acumular prestigio, y que deben competir con unos centros públicos superiores que subvencionan más del 80 por ciento de la docencia que imparten: mientras que el coste real de la plaza de una Universidad pública está por encima de 500.000 pesetas, el alumno apenas paga 100.000 pesetas. corriendo el resto a cargo del Estado o de entidades colaboradoras.

Mientras tanto, y como es lógico, las Universidades privadas no solamente deben repercutir el cien por cien del coste de la enseñanza, sino que además tiene que amortizar las cuantiosas inversiones realizadas en edificios y equipamientos. Por todo ello, el esfuerzo económico que debe hacer el alumno, o su familia, para acudir a uno de nuestros centros, es muy superior al que se requiere para cursar estudios en la Universidad pública. Por lo demás, la Ley no contempla ningún tipo de desgravación o deducción fiscal a las cantidades invertidas en formación superior privada, mecanismo que de existir contribuiría algo a igualar los costes.

En estas condiciones, haber ganado la confianza de más de 80.000 estudiantes en apenas cinco años es un verdadero éxito, como lo es también el sentido creciente de la “cuota de mercado” de las privadas en el total de educación superior de nuestro país.  

A este éxito ha contribuido la mayor importancia que está adquiriendo el factor humano en el mundo de la producción y de las empresas,  y todos somos conscientes de que la clave del factor humano está en la adecuada formación de los profesionales del futuro. Las Universidades privadas realizaron desde el inicio una apuesta por la excelencia educativa, que en el caso de la Alfonso X El Sabio se ha traducido en aunar docencia, investigación y prácticas en las empresas, desarrollando aquéllas titulaciones específicas que más horizonte profesional presentan, y por ello más posibilidades de rápida inserción en el mercado de trabajo.

Hemos procurado huir de la burocracia, la rutina y la masificación que durante tanto tiempo ha caracterizado al modelo universitario español, y no sin muchas resistencias e incomprensiones, lo hemos conseguido. En este nuevo modelo, los titulados de la Alfonso X El Sabio presentan unas posibilidades de desarrollo profesional casi inmediatas, una vez obtenida su licenciatura.

¿Y cuáles son las expectativas en un futuro próximo?  

Por una parte constatamos un dato preocupante: España tiene una de las tasas de natalidad más bajas del mundo, de suerte que es previsible que las generaciones de jóvenes que en el futuro se incorporen a la Universidad sean menos numerosas que las actuales. De hecho, ya este año han quedado vacantes más de 30.000 plazas en las Universidades públicas españolas. En un primer análisis, si sobran plazas en centros públicos que subvencionan el 80 por ciento del coste de la docencia, con más razón deberían quedar vacantes plazas en universidades privadas que deben cobrar el coste real.

Sin embargo, para que este análisis sea ajustado a la realidad hay que introducir otras variables también muy importantes: en primer lugar, y como ya he señalado, la importancia creciente que se le da a la calidad de la formación en un mundo en que prima el factor humano, hace que los alumnos y sus familias estén dispuestos a pagar más si con ello aseguran una educación de calidad y adecuada a las exigencias del actual mercado de trabajo.

Además, las plazas actualmente sobrantes se producen en carreras y titulaciones con menor capacidad de ser absorbidas por el sistema productivo, y como es lógico, las privadas han centrado sus esfuerzos en las otras, en las que presentan mayor demanda.

Abundando en la cuestión, la tasa de escolarización de los jóvenes sigue aumentando: hace unos diez años esta tasa, para jóvenes de 18 a 20 años, apenas llegaba al 40 por ciento, y hoy día alcanza el 60 por ciento. En otras palabras, que aunque va a haber menos jóvenes, un porcentaje mayor de éstos cursarán estudios universitarios.

Por otra parte, y si en enseñanza media la cuota de mercado de los colegios privados (no públicos ni concertados) están en el 27 por ciento, no hay razón para que en educación superior la iniciativa privada no llegue a proporciones similares, y debemos recordar que aún estamos en el 5 por ciento.

Así pues, y aún manteniendo el muy desfavorable marco de competencia actual, es previsible que:  

  • Las Universidades privadas tendrán mayor penetración que ahora, aunque sea en un mercado que en valores absolutos se reducirá.
  • La creciente tasa de escolarización superior paliará en parte la disminución de la natalidad, y esto beneficiará igualmente a los centros privados superiores.
  • Las familias harán su elección basándose en excelencia educativa, combinación de prácticas e investigación y en salidas profesionales, y en todo ello las privadas están muy bien situadas.
  • Y por último, aunque no menos importante, las Universidades privadas no suelen presentar los condicionamientos lingüísticos y políticos que hoy caracterizan a tantas universidades públicas controladas por gobiernos autonómicos que amoldan la docencia a sus designios. La asepsia, la objetividad y la libertad de cátedra son hoy factores que sin duda apoyarán el desarrollo de nuestros proyectos.  

En conclusión, hay más motivos para la esperanza que para el pesimismo, y todo ello en un escenario como el actual que mantenga los rasgos de competencia desleal, trato discriminatorio e injusticia fiscal para nuestros centros.

Si fueran deducibles las cantidades invertidas en educación universitaria privada; si por fórmulas de “cheque escolar” los alumnos sin posibilidades económicas pudieran acudir a nuestros centros; si la subvención en la universidad pública se concediera solamente a alumnos que unieran a sus buenas notas una demostrable incapacidad económica; si fuera posible que una mala universidad pública acabara cerrando sus puertas, como lo debe hacer un centro privado que fracasa en su proyecto, entonces el futuro de las universidades privadas sería todavía más halagüeño, como lo sería el futuro de  nuestro sistema educativo, la calidad de nuestros profesionales y el porvenir económico de España.

Lamentablemente, nada nos hace pensar que todas estas reformas se realicen. De hecho, ni siquiera las contempla el traído y llevado “Informe Bricall”, así que debemos ser realistas y escrutar nuestro futuro a la luz del marco regulatorio actual, que es tan malo para nosotros que difícilmente puede empeorar. Y aún en este marco, si somos capaces de mantener la calidad educativa y la conexión con las necesidades empresariales, las Universidades privadas tendremos asegurado el futuro.

Anuario Entre Estudiantes, 01/03/00

Nico Hirtt: La OMC y el gran mercado de la educación

Nico Hirtt: La OMC y el gran mercado de la educación

Nico Hirtt, miembro de la asociación belga “Llamamiento por una escuela democrática” (http://users.skynet.be/aped), es autor de L’Ecole sacrifiée (La escuela sacrificada, EPO, Bruselas, 1996), Tableau noir (Pizarrón, EPO, 1998) y Les nouveaux maîtres d’école (Los nuevos maestros de escuela, EPO y VO Editions, Bruselas-París, 2000).

La Organización Mundial del Comercio ha emprendido un proceso de liberalización de la educación, uno de los últimos mercados jugosos y protegidos. ¿Hasta dónde llegará?

Para la mayoría de nosotros, la enseñanza es ante todo un servicio público encargado de dar instrucción a las generaciones jóvenes. Pero para un inversor que busca cómo colocar su dinero representa también un presupuesto anual mundial de un billón de dólares, un sector con 50 millones de trabajadores y, sobre todo, una clientela potencial de mil millones de alumnos y estudiantes universitarios. Después del fracaso, a fines de 1999, de las negociaciones celebradas en Seattle en el marco de la Organización Mundial del Comercio (OMC), es difícil decir cuándo se iniciará el “ciclo del milenio”. Sin embargo, es seguro que en él se abordará el tema de la enseñanza, pues el mercado de la educación se desarrolla a un ritmo desenfrenado.

En 1994 se decidió que la liberalización de los intercambios internacionales, que hasta esa fecha sólo afectaba a las mercancías, se aplicaría también a los servicios. Firmado en abril de ese año, el Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (AGCS) incluía ya a la enseñanza entre los sectores por liberalizar. Para quedar al margen de la aplicación de este acuerdo, el sistema de educación de un país debía ser totalmente financiado y administrado por el Estado, cosa que ya no sucede en ninguna parte. Sin embargo, cada nación podía determinar libremente los compromisos específicos que deseaba contraer, en especial definir qué sectores de la enseñanza se abrirían al mercado. El gobierno de Nueva Zelandia, por ejemplo, decidió exponer a la competencia nacional o extranjera todo el sector privado de la enseñanza –primaria, secundaria y superior.

Hasta ahora Nueva Zelandia constituía una excepción, pero es posible que la situación cambie. El AGCS dispone en efecto, en su artículo xix (Parte iv, “Liberalización progresiva”), que deberán organizarse nuevas negociaciones, a más tardar en 2000, encaminadas a “eliminar los efectos desfavorables de ciertas medidas” y a “facilitar un acceso efectivo a los mercados” de los servicios, entre los que figura la educación. Al amparo de la sede ginebrina de la OMC, lejos de los reflectores de la actualidad y de los manifestantes, los trabajos prosiguen. De todos modos, independientemente del AGCS, de la OMC y de las políticas nacionales, un conjunto de condiciones objetivas impulsan a los sistemas de enseñanza por la vía de la “mercantilización”.

La enseñanza pública en el banquillo

La educación es un sector en pleno crecimiento, en el que a los poderes públicos les resulta cada vez más difícil satisfacer la demanda, sobre todo en la enseñanza superior. Entre 1985 y 1992, el número de estudiantes de la enseñanza terciaria pasó de 58,6 millones a 73,7 millones (o sea un alza de 26%), pero desde hace unos quince años los gastos públicos en educación tienden a mantenerse estacionarios (alrededor de 5 a 6% del pib para los países desarrollados, 4% para los demás). Frente a esta falta de medios del sector público, los padres y los estudiantes buscan cada vez más una salida en la educación privada. En Estados Unidos, cada nuevo acto de violencia en una escuela pública y cada escándalo que salpica a la enseñanza oficial hacen subir las inscripciones en el sistema de escolarización a domicilio (niños instruidos en su hogar que no asisten a establecimientos escolares).

La enseñanza pública tradicional es objeto de críticas virulentas: las empresas le reprochan su inadaptación a las necesidades de los empleadores y su falta de flexibilidad. Así, el poderoso grupo de presión patronal europeo “Mesa redonda de los industriales” lamenta que “en la mayoría de los países de Europa, las escuelas formen parte de un sistema público centralizado, administrado por una burocracia que frena su evolución o las torna impermeables a las exigencias de cambio que proceden del exterior”. Por presión de los medios económicos ya se ha iniciado un proceso de desregulación del sistema de enseñanza. La autonomía creciente de que gozan los establecimientos incita a éstos a buscar fuentes de financiación alternativas: del patrocinio a la gestión completa por empresas privadas, pasando por múltiples formas de asociación escuela-empresa. Como advertía el grupo de trabajo educación-empresa de la Comisión Europea, “el tiempo de la educación fuera de la escuela ha llegado y (...) la liberalización del proceso educativo que así se ha hecho posible desembocará en un control por parte de proveedores de servicios educativos más innovadores que las estructuras tradicionales”.

Por último, el progreso y la difusión masiva de las tecnologías de la información y la comunicación posibilitan el desarrollo de la enseñanza paga a distancia: utilización de tecnologías multimedia, difusión mundial en Internet, tutoría y exámenes a distancia, etc. La enseñanza secundaria y la primaria no se salvan. Son cada vez más los sitios Internet de pago que proponen sustituir a la escuela pública o a las escuelas privadas tradicionales: la pantalla de la computadora actúa como preceptor contra una retribución de unos 2.250 dólares anuales.

En 1998, la Secretaría de la OMC constituyó un grupo de trabajo encargado de estudiar las perspectivas de una mayor liberalización de la educación. Su informe destaca el rápido desarrollo del aprendizaje a distancia y la multiplicación de la colaboración entre instituciones de enseñanza y empresas (como la Western Governors’ University, fundada por 17 gobernadores de estados norteamericanos con el apoyo de compañías como IBM, AT&T, Cisco, Microsoft y Thompson International). Dicho informe constata igualmente la desreglamentación creciente de la enseñanza superior en Europa, y que los gobiernos han empezado a “abandonar la esfera de la financiación exclusivamente pública para acercarse al mercado, abriéndose a mecanismos alternativos”. Por último, la OMC enuncia los numerosos “obstáculos” que habrán de eliminarse a fin de liberar el comercio de los servicios educativos, citando como ejemplo “las medidas que limitan la inversión directa por proveedores extranjeros de servicios en materia de educación” o “la existencia de monopolios gubernamentales y de establecimientos subvencionados en gran medida por el Estado”.

El proceso está en marcha

Es cierto que sólo se trata de las reflexiones de un grupo de trabajo. Pero, como hizo notar Martin Khor en Le Monde diplomatique de mayo de 1997, “en la OMC, como antes en el GATT la creación de un grupo de trabajo nunca es inocente: pone en marcha un engranaje en el que rápidamente se ven atrapados los gobiernos participantes. Muy pronto, ya no se trata de saber si se está a favor o en contra de los objetivos indicados en su título, sino más bien de cómo alcanzar esos objetivos”.

El 16 de octubre de 1998, 350 especialistas norteamericanos en comercio internacional de servicios, 170 de los cuales eran hombres de negocios, se reunieron en el Departamento de Comercio en Washington a fin formular recomendaciones destinadas a los negociadores de su país ante la OMC. La finalidad de esta conferencia, titulada Servicios 2000, era estudiar la forma en que el gobierno de Estados Unidos debía “seguir apoyando los esfuerzos de los empresarios norteamericanos para que pudieran ser competitivos en los mercados extranjeros”. Estados Unidos controla un 16% del mercado mundial de los servicios. En diez años sus exportaciones por ese concepto se han duplicado con creces, lo que le ha permitido compensar 42% del déficit que arrojaba su comercio de mercancías. Ese país es también el primer exportador mundial de servicios educativos. Durante la mencionada conferencia, un grupo de trabajo se ocupó de ese sector. En sus conclusiones observa que éste “necesita un grado de transparencia (...) y de libertad sin trabas ni barreras idéntico al que Estados Unidos concede a los demás servicios”. El informe insiste en tres puntos que se espera sean un tema esencial de las negociaciones de la OMC sobre la enseñanza. En primer lugar, debería garantizarse la libre circulación de la información electrónica y de los modos de comunicación, tanto a nivel nacional como internacional. A continuación, los negociadores deberían analizar las “barreras y demás restricciones que impiden el suministro de servicios en educación y formación, dentro de cada país como entre los países” y también las que obstaculizan las equivalencias de diplomas.

Partidarios y detractores

Esta exigencia de Estados Unidos es apoyada por la mayoría de los países de la APEC (Organización de Cooperación Económica de Asia y el Pacífico). En una nota divulgada en 1999, la delegación australiana ante la OMC indicó que “alentaba a todos los Estados miembros a orientarse hacia la apertura de ciertos sectores” en los que las negociaciones precedentes habían fracasado, especialmente el de la educación. Corea del Sur está en la misma posición. En el marco del encuentro de “ministros de recursos humanos” de la Apec que presidió en septiembre de 1997 en Seúl, su gobierno publicó un informe que anuncia claramente su visión instrumental de la educación al servicio de la competición económica: “Ya no procede hacer hincapié en la educación en sí sin insistir, en mayor medida, en la preparación para un futuro trabajo. Semejante visión ya no se justifica en un mundo que da prioridad al desarrollo económico.” Ahora bien, prosigue el informe coreano, “en muchos países, los sistemas educativos no tienen suficientemente en cuenta las condiciones del mercado de trabajo. Esos sistemas, por carecer de flexibilidad y de eficacia, no pueden recoger los nuevos desafíos del contexto económico actual.” Por consiguiente, hay que “flexibilizar” la enseñanza, es decir desregularla y liberalizarla. En particular, “los sistemas educativos deberían permitir que cada cual estudie lo que le interesa”, y “la enseñanza a nivel universitario debería ser compartida por profesores y empleadores”.

Algunos piensan que la resistencia a la liberalización de la enseñanza vendrá de Europa y sobre todo de Francia. “Las futuras negociaciones de la OMC no pueden atentar contra los fundamentos del servicio público de la salud o de la educación”, clama el informe sobre la OMC redactado por Béatrice Marre en nombre de la Asamblea Nacional francesa. Y el ministro de Educación, Claude Allègre, confirmaba también, pocos días antes de la cumbre de Seattle, “su adhesión invariable al servicio público de la enseñanza”.

Los participantes estadounidenses en el coloquio Servicios 2000 no se engañaron: “Es probable que otros países, sobre todo europeos, estimen que la educación y la formación constituyen actividades no comerciales, y que deberían en vista de ello quedar al margen de las negociaciones vinculadas al AGCS. Hay que oponerse a esos argumentos, que reflejan los propios intereses de dichos países como competidores en el mercado.”

En efecto, Francia ocupa actualmente el segundo lugar entre los países exportadores de servicios educativos. Hace un año, el grupo francés Vivendi, a través de su filial Havas, tomó el control del gigante norteamericano de los soportes lógicos educativos y de esparcimiento, Cendant Software. Y en enero de 1999, los ministros franceses de Educación y Asuntos Exteriores anunciaron que su país iba a lanzar una ofensiva para aumentar su participación en el “mercado” de los estudios superiores. Cabe entonces preguntarse legítimamente en qué medida las declaraciones de los responsables franceses no apuntan simplemente a proteger el lugar que ocupa su país en el mercado educativo francófono.

Las cuatro formas de comercio internacional de la educación

La OMC distingue cuatro formas de intercambios comerciales transfronterizos en el sector de los servicios. Cada una de esas formas da lugar a reivindicaciones específicas de los partidarios de una liberalización.

En la enseñanza, el “consumo en el extranjero” es hoy por amplio margen la forma más importante. Afecta sobre todo a la enseñanza universitaria. El hecho de estudiar en un país extranjero es considerado una “exportación” de servicios educativos. En 1995, el volumen de ese comercio era de 27.000 millones de dólares tratándose de la enseñanza superior. En términos de participación en el mercado, Estados Unidos ocupa el primer lugar (7.000 millones de dólares), seguido por Francia, Alemania y el Reino Unido. En ese ámbito, los partidarios de una liberalización desean sobre todo derogar las medidas que limitan la movilidad de los estudiantes (inmigración, control de cambios, no reconocimiento de equivalencias de formación, etc.).

El “suministro de servicios” se desarrolla actualmente a través de la venta de cursos por Internet o gracias a soportes del tipo CD-ROM O DVD Es probablemente la forma de comercio de servicios educativos que aumenta con mayor rapidez, pero todavía no hay estadísticas precisas al respecto. Los promotores del libre intercambio quieren sobre todo favorecer el acceso de los jóvenes a Internet, desreglamentar la enseñanza a distancia, armonizar las condiciones exigidas para tener acceso a ellas así como los criterios de equivalencias de cursos y garantizar el reconocimiento de los diplomas a nivel internacional.

La “presencia comercial” se refiere sobre todo a la creación de institutos de formación privados controlados por firmas extranjeras. Varios obstáculos se oponen al progreso de este mercado en expansión: negativa a proceder al reconocimiento de una institución extranjera, prohibición de otorgar diplomas reconocidos, requisitos de nacionalidad, etc.

La última forma, ligada a la precedente, tiene que ver con la “presencia de personas físicas”, o sea el hecho de recurrir a profesores extranjeros. Limitar su número se considera un “obstáculo” al progreso del mercado.

El Correo de la UNESCO, febreiro de 2000

Galo Burbano López: La educación superior en la segunda mitad del siglo XX. Los alcances del cambio en América Latina y el Ca

Galo Burbano López: La educación superior en la segunda mitad del siglo XX. Los alcances del cambio en América Latina y el Caribe
Galo Burbano López es Director Ejecutivo de la Asociación Colombiana de Universidades, Colombia.

En el preámbulo de la "Declaración Mundial sobre la Educación Superior en el Siglo XXI: Visión y Acción", se expresa que "la segunda mitad de nuestro siglo pasará a la historia de la educación superior como la época de expansión más espectacular; a escala mundial, el número de estudiantes matriculados se multiplicó por más de 6 entre 1960 (13 millones) y 1995 (82 millones). Pero también es la época en la que se ha agudizado aún más la disparidad, que ya era enorme, entre los países industrialmente desarrollados, los países en desarrollo y en particular los países menos adelantados en lo que respecta al acceso a la educación superior y la investigación y los recursos de que dispone. Ha sido igualmente una época de mayor estratificación socioeconómica y de aumento de las diferencias de oportunidades de enseñanza dentro de los propios países, incluso en algunos de los más desarrollados y más ricos. Si carece de instituciones de educación superior e investigación adecuadas que formen a una masa crítica de personas cualificadas y cultas, ningún país podrá garantizar un auténtico desarrollo endógeno y sostenible; los países en desarrollo y los países pobres, en particular, no podrán acortar la distancia que los separa de los países desarrollados industrializados. El intercambio de conocimientos, la cooperación internacional y las nuevas tecnologías pueden brindar nuevas oportunidades de reducir esa disparidad"1. Allí aparece reflejada la situación de la educación superior en América Latina y el Caribe durante el mismo período, lo que implica el más grande reto político y académico de la región en el siglo XXI.

1. Introducción

Desde otra perspectiva internacional, Madeleine F. Green, del American Council on Education, señala que la fisonomía de la educación superior alrededor del mundo ha cambiado considerablemente en los últimos 25 años. La masificación, el aprendizaje a distancia, la educación para toda la vida, la redefinición de las relaciones enseñanza-aprendizaje, la articulación con la educación primaria y secundaria, la vinculación con las comunidades y grupos de negocios, aparecen como algunos de los temas dominantes desde los años setenta2.

Esos y otros temas de igual importancia produjeron especial impacto en la educación superior en América Latina y el Caribe durante la segunda mitad el siglo XX, con algunos rasgos diferenciales.

A juicio de expertos internacionales, los factores que han incidido en los procesos de transformación de la actividad académica de nivel terciario alrededor del mundo, en ésta misma época, son el acceso a la educación superior, el financiamiento, la incidencia del desarrollo económico y social, la accountability (rendición de cuentas), la autonomía, la tecnología y la internacionalización3.

2. Las transformaciones en América Latina y el Caribe

CRESALC/UNESCO, en la presentación de los fundamentos estratégicos de la Conferencia Regional sobre "Políticas y estrategias para la transformación de la educación superior en América Latina y el Caribe", realizada en la Habana, Cuba, del 18 al 22 de noviembre de 1996, destaca entre las transformaciones más importantes acaecidas a partir de la década de los años cincuenta las siguientes: gran expansión cuantitativa del sector; notable diversificación institucional; aumento de la participación del sector privado; incremento de la internacionalización; cambio de actitud de los gobiernos, y esfuerzos de transformación de algunas universidades4.

Con el propósito de ampliar los principales rasgos característicos del cambio en la educación superior en América Latina y el Caribe, presentamos a continuación una relación condensada de cada uno de ellos.

3. Expansión cuantitativa

Durante los años sesenta y setenta se impulsaron procesos de reforma universitaria en toda la región; tales procesos coincidieron con el paso de una enseñanza superior elitista a una enseñanza superior de masas, y la adopción del llamado modelo de "desarrollo hacia adentro" promovido por la CEPAL5.

Según el documento citado, en el aparte "Fundamentos estratégicos de la conferencia" el número de inscritos en las instituciones de educación superior se multiplicó por 27 entre 1950 y 1994, alcanzando ese último año alrededor de 8 millones. Se espera que para el 2000 ésta cifra ascienda a 10 millones de estudiantes en el nivel terciario.

Esto se debió fundamentalmente al aumento de la cobertura de los otros niveles del sistema educativo. Sin embargo, considera la UNESCO que dicha expansión no ha estado acompañada de la calidad y pertinencia requeridas a esos niveles, afectando el acceso de los estudiantes al tercer nivel.

La tasa bruta de escolarización terciaria sólo ha llegado a cubrir el 17.7% del grupo de edad correspondiente, manteniéndose muy lejos de la cobertura lograda en los países desarrollados (CRESALC/UNESCO).

Dentro de la expansión cuantitativa, un fenómeno a resaltar ha sido la participación de la mujer, que, a partir de la segunda guerra mundial, obtuvo el reconocimiento y el derecho de acceder a la educación superior, hasta alcanzar el 50% o más del total a finales de siglo.

En cuanto a docentes, se pasó de 25.000 en 1960 a 700.000 en 1994 "sin que aumentara simultáneamente la capacidad de formación"6. Esta insuficiencia ha debilitado su labor pedagógica y la producción investigativa.

4. La diversificación institucional

Ante el crecimiento de demanda de la educación superior, los gobiernos nacionales y regionales, y un considerable número de iniciativas particulares, respondieron creando una oferta diversificada en lo institucional.

"El número de instituciones de educación superior pasó de 75 (la mayoría universidades) en 1950 a alrededor de 6.000 en 1994. El aumento se dio a nivel de las universidades, que pasaron de alrededor de 70 a algo más de 800, con aproximadamente un 60% en el sector privado, pero fue mucho mayor en las otras instituciones de educación superior, que de unas pocas unidades han llegado a ser más de 4.000, con predominio absoluto de las instituciones privadas de carácter lucrativo"7.

Esta diversificación está plasmada en las diferencias establecidas en su capacidad académica, en su misión, variedad de oferta de programas académicos, y formas de organización y tamaño. Algunas de ellas con gran vigor en el campo de la investigación, las más en lo docente y las menos con una gran vocación de servicio a la comunidad.

A pesar de la cantidad de instituciones y del bajo número de universidades, éstas últimas representan el 70% de la población estudiantil, docente e investigadora.

En el estudio sobre la "Educación superior en América Latina: una agenda de problemas, política y debates en el umbral del año 2000", se clasifican las instituciones en universidades complejas, universidades completas, universidades incompletas o especializadas e instituciones no universitarias.

Las universidades complejas son aquellas "entidades que combinan actividades sistemáticas y variadas de investigación y de docencia de pre y postgrado en un número significativo de áreas del conocimiento"8.

A diferencia de lo apreciado a comienzos de la década, en la que se ubicaba en la categoría de complejas a las universidades oficiales y de manera excepcional a unas pocas privadas, la tendencia en los últimos años muestra un crecimiento relativo de las privadas que se pueden ubicar en esa categoría.

Otras categorías las conforman las universidades "completas", con un fuerte énfasis en la formación profesional, que ofrecen carreras o programas en la mayoría de las áreas del conocimiento, y las universidades "incompletas", que "ofrecen programas en un número limitado pero diversificado de áreas del conocimiento; o universidades especializadas que concentran sus actividades docentes en una sola área".

Con la expansión de la educación superior surgieron las instituciones no universitarias, caracterizadas por su gran diversidad, entre las que se cuentan institutos y escuelas politécnicas, centros e institutos técnicos e institutos orientados a la formación de maestros, entre otros. Estas organizaciones han estado orientadas a responder a las demandas de educación a menor costo, tiempo y utilidad en el mercado laboral.

5. Aumento de la participación del sector privado

El llamado proceso de privatización en América Latina y el Caribe está fundamentado en dos tendencias políticas: la de fomentar el crecimiento de las inversiones privadas y la de reducir los aportes del Estado destinados al financiamiento de la universidad pública.

La política de financiamiento de las instituciones privadas se ha concentrado en la autofinanciación como lógica de supervivencia, a través de las matrículas o aranceles y el incremento de la vinculación con el sector productivo.

Como consecuencia de la disminución de los aportes a las universidades públicas, éstas han tenido que establecer sistemas de consecución de recursos similares a los de las privadas.

Al lado de las antiguas instituciones privadas de origen confesional o religioso, surgieron otras vinculadas a municipalidades, cooperativas y otras organizaciones de la sociedad civil, que han procurado captar la demanda no atendida por las universidades públicas en campos en los cuales predomina la oferta profesionalizante y mínimos estándares académicos, sin consideración a las necesidades sociales de mediano y largo plazo.

Otro fenómeno de la educación privada latinoamericana es la consolidación de las universidades de elite, que nacieron con el propósito de ofrecer la más alta calidad académica y de competir con el sector público, pero con unos aranceles o matrículas de alto costo que no se encuentran al alcance de los grupos sociales menos favorecidos.

El aumento de la participación del sector privado es de tal magnitud, que en el estudio mencionado se afirma: "no sólo ha aumentado espectacularmente el número de instituciones privadas sino que, además en varios países —como Brasil, Colombia, Chile, El Salvador y República Dominicana— la mitad o más de la matrícula de tercer grado se encuentra localizada en instituciones de dicho sector. En varios países —como México, Perú y Venezuela—, alrededor de un tercio o más de la matrícula no universitaria es ofrecida por instituciones que pertenecen al sector privado. En general, puede estimarse que más de 2 millones de alumnos cursan sus estudios en instituciones privadas de nivel universitario y no universitario, de los cuales aproximadamente la mitad pertenece a Brasil"9.

6. Internacionalización

Suzy Halimi, en su relatoría general de la Conferencia Mundial sobre la Educación Superior, efectuada en París en octubre de 1998, expresa: "es preciso tener conciencia de que la educación superior ya no se puede concebir solamente a partir de situaciones y criterios nacionales. Ya no existe investigación o formación dignas de ese nombre en términos puramente locales"10. La creciente mundialización de los problemas, caracterizada por la extrema complejidad de las situaciones, hace que la universidad torne su mirada hacia el fenómeno de la internacionalización, forzando a que implemente cambios que respondan a estos nuevos desafíos.

Es indudable que la educación superior debe prestar mayor atención a la experiencia internacional, a la colaboración y aún a la solidaridad entre naciones, y en ese sentido contribuir a la cooperación académica, al fortalecimiento de la calidad, a la pertinencia y a la eficacia del servicio educativo.

La conformación de redes de instituciones de enseñanza superior y de investigación que han surgido con vigor en los últimos años en América Latina y el Caribe, constituye una metodología innovadora en el fortalecimiento de las capacidades de los países en desarrollo. En América Latina tenemos que hacer de la movilidad académica no un privilegio exclusivo de los países industrializados, sino una estrategia para el desarrollo de la educación superior.

Ante este panorama, si las instituciones de educación superior no adoptan la nueva cultura internacional y no establecen políticas y estrategias que la integren a la dimensión internacional, abandonarán su vocación primaria: la universalidad del conocimiento.

7. La actitud de los gobiernos

En la década de los sesenta existían muy pocas dudas en la mente de los dirigentes políticos y de los representantes de la comunidad académica sobre el papel clave de la educación superior como formadora de los recursos humanos de alto nivel; inclusive algunos sectores le atribuían el papel de conciencia crítica del desarrollo social. El debate actual está imbuído por una escuela de pensamiento "promovida incluso por algunos organismos internacionales de financiamiento que pone en tela de juicio la eficacia de la educación superior, particularmente la pública, cuestiona su eficiencia económica y su rentabilidad social, y discute la prioridad y cuantía de las inversiones destinadas a este nivel educativo"11.

Durante la década pasada diversos gobiernos de la región impulsaron reformas que modificaron el papel del Estado y de los sectores público y privado en relación con la educación superior. En tal sentido, CRESALC/UNESCO describe las características más generales de las reformas legislativas que se instrumentaron en esos años: "i) nuevas modalidades de coordinación de los subsistemas de educación superior, ii) formas laxas de control de las instituciones privadas, iii) variados modelos de evaluación de los sistemas, instituciones y programas, y iv) modificaciones sustanciales de los mecanismos de asignación de los recursos públicos"12.

La realidad sobre la actitud de los gobiernos muestra una modificación sobre su visión en cuanto al papel de la sociedad civil y del Estado en lo que concierne a la educación superior, a través de formas muy variadas de atender el problema que, "en general están marcadas por una percepción bastante negativa respecto al desempeño de las universidades públicas, lo que ha llevado a medidas que generalmente intentan condicionar los recursos adjudicados a la educación superior pública al logro de objetivos de eficiencia, eficacia y calidad"13.

8. Los esfuerzos de transformación de algunas universidades

En mayor o menor medida, las instituciones de educación superior de la región han procurado adaptarse a los cambios ocurridos en la sociedad en todos los órdenes: económico, social, político, cultural, científico y tecnológico.

Algunas universidades, las de mayor desarrollo académico, conscientes de la necesidad de adoptar procesos de innovación acordes con el entorno, han seguido políticas, programas y proyectos que han quedado plasmados en sus misiones y planes de desarrollo.

Esas universidades, en el nuevo contexto, se han comprometido a la búsqueda y consolidación de mecanismos de diálogo con las instancias gubernamentales; a la intensificación de los vínculos con el sector productivo, público y privado, de bienes y servicios; a la aceptación de la necesidad de establecer mecanismos de evaluación orientados al perfeccionamiento continuo de su gestión, a la disponibilidad de instrumentos para la planificación y a la presentación sistemática de cuentas a la sociedad; a los intentos de diversificación de las fuentes de financiamiento a través de la suscripción de contratos de servicios con entes públicos y empresas privadas, a la realización de proyectos de investigación y desarrollo bajo el sistema de riesgos compartidos, a la creación de empresas universitarias, y a la instalación de parques tecnológicos; al impulso a la investigación sobre educación superior; y a diversas iniciativas de reorientación de la cooperación internacional14, aspectos todos que muestran la vitalidad de nuestras instituciones.

Aunque los cambios en las instituciones de educación superior de América Latina y del Caribe no han sido satisfactorios para algunos políticos o dirigentes empresariales, describir a las universidades como inmutables resultaría equívoco. Un buen número de instituciones ha cambiado sustancialmente en la segunda mitad del siglo XX, como se señaló anteriormente, y es de tal magnitud que la tasa de cambio es cada vez más ascendente.

En todo caso, se ha dicho que la última parte del siglo XX fue el período de más rápido crecimiento en la sociedad y en la educación superior de todos los tiempos15.

En los albores del siglo XXI América Latina y el Caribe, como región, tendrá que elaborar una política, diseñar estrategias y ejecutar programas que permitan aumentar sustancialmente su capacidad de formación de talento humano, de creación, apropiación y gestión del conocimiento, de manera tal que "el aumento del sufrimiento y el dolor de los seres humanos a causa del incremento de la pobreza, el hambre, las guerras genocidas, los desastres naturales y la destrucción del medio ambiente"16 sean desgracias del pasado.

Notas

(1) UNESCO. Declaración Mundial sobre la Educación Superior en el siglo XXI. Visión y Acción. Informe Final. Conferencia Mundial sobre la Educación Superior, París, 5-9 de octubre de 1998, pág. 19.

(2) GREEN, Madeleine F. "Transforming Higher Education. Views from Leaders Around the World". American Council on Education, Oryx Press, 1997. Phoenix, Arizona, pág. 4.

(3) Ibidem, pág. 6.

(4) CRESALC/UNESCO. "Hacia una nueva educación superior, Caracas, 1997, pág. 15.

(5) TÜNNERMANN Carlos. "La educación superior en América Latina y el Caribe en su contexto económico, político y social". En: Hacia una nueva educación superior. Ediciones CRESALC/UNESCO, Caracas, 1997, pág. 99.

(6) Ibidem, pág. 17.

(7) Ibidem, pág. 17.

(8) Proyecto de políticas comparadas de educación superior. CEDES, NUPES, DIE, FLACSO, IEPRI. José Joaquín Brunner (coordinador) "Educación superior en América Latina: una agenda de problemas políticos y debates en el umbral del año 2000". Empresa Editorial Universidad Nacional de Colombia, Santafé de Bogotá, D.C., 1995, pág. 12.

(9) Proyecto CEDES, NUPES, DIE, FLACSO, IEPRI. "La Educación Superior en América Latina: una agenda para el año 2000", pág. 13.

(10) HALIMI, Suzy. Informe Oral preparado con motivo de la clausura de la Conferencia Mundial sobre la Educación Superior, UNESCO, París, 1998, pág. 12.

(11) TÜNNERMANN, Carlos. "La educación superior en América Latina y el Caribe en su contexto económico, político y social", pág. 99.

(12) CRESALC/UNESCO, Caracas, 1997, pág. 21.

(13) YARZÁBAL, Luis. "Consenso para el cambio en la educación superior", IESALC/UNESCO, Caracas, 1999, pág. 43.

(14) CRESALC/UNESCO. Fundamentos estratégicos de la conferencia, pág. 21.

(15) GREEN, Madeleine F. Op. cit., pág. 4.

(16) YARZÁBAL, Luis. Op. cit., pág. 3.

Revista Iberoamericana de Educación, nº 21, Setembro-Decembro 1999

El Libro Blanco de la Administración aboga por privatizar servicios públicos

El Libro Blanco de la Administración aboga por privatizar servicios públicos.
Acebes apuesta por la flexibilidad del modelo neoliberal neozelandés

El borrador del Libro Blanco de la Administración que impulsa el Gobierno camina en la dirección de la flexibilidad en su funcionamiento interno y de la privatización paulatina de los servicios públicos. Este informe, a cuyo borrador ha accedido EL PAÍS, es el principal proyecto del ministro de Administraciones Públicas, Ángel Acebes, quien encargó su elaboración a una consultora. En una nueva etapa, que empieza hoy, el ministerio recogerá las sugerencias de los departamentos y organismos afectados.

La filosofía que rige el borrador del Libro Blanco para la mejora de los servicios públicos que impulsa el Gobierno apuesta por la flexibilidad y la privatización paulatina de los servicios de la Administración del siglo XXI, según se deduce del texto del borrador. Una filosofía coincidente con la ponencia que la alcaldesa de Zaragoza, Luisa Fernanda Rudi, defendió con éxito en el Congreso del PP, en enero pasado. Los nuevos criterios sobre la Administración, incluida la mejora de su calidad, serán, además, uno de los puntos fuertes del programa electoral del PP, según anunció su secretario general, Javier Arenas, la pasada semana.

La publicación del Libro Blanco de la Administración, al final de la legislatura, se ha interpretado entre los partidos del arco parlamentario como un "acto preelectoral" del Gobierno del PP ya que este tipo de compromisos suelen corresponder a los comienzos de la legislatura. El borrador del Libro Blanco, en su apartado más político, dedicado a los nuevos desafíos de la Administración, defiende la introducción de la competencia en la prestación de servicios entre lo público y lo privado y apuesta también por la prestación indirecta de servicios a través de la subcontratación de la prestación. "Una de las maneras de incentivar la búsqueda de la mejora continua (de los servicios) consiste en introducir la competencia en la prestación de servicios allá donde sea posible y razonable", dice el texto. Más adelante, el estudio apunta el procedimiento. "Los mecanismos son variados y van desde el establecimiento de índices sectoriales de rendimiento que comparen la eficiencia de diferentes Administraciones homologables hasta la prestación indirecta de servicios a través de la subcontratación de la prestación", señala el documento. Precisa también que "donde sea posible, la introducción de la competencia comportará la libre elección del servicio por parte del ciudadano/usuario entre distintas unidades administrativas o, incluso, entre servidores públicos y privados. En ningún caso, ello ha de suponer la pérdida del control por parte de los poderes públicos".

El Libro Blanco apuesta por que la privatización llegue a los servicios municipales. En este sentido, ya se han experimentado privatizaciones en servicios municipales como abastecimiento de agua, recogida y tratamiento de basuras o mensajerías, en ayuntamientos gobernados por el PP.

"Búsqueda sin cansancio"

Las tesis centrales del Libro Blanco coinciden con el texto sobre La mejora de la Administración, que el PP aprobó en su congreso de enero. El texto de la ponencia congresual defendía "la búsqueda sin cansancio de la forma de que las prestaciones de las Administraciones Públicas y su actividad sean cada vez menos necesarias o puedan reducirse hasta quedarse sólo en aquello que, por su naturaleza, sólo puede ser realizado adecuadamente por la autoridad pública".

La pretensión de aplicar en el sector público criterios del ámbito privado se lleva también, en el Libro Blanco, al funcionamiento interno de la Administración. "Sólo con autonomía de gestión se puede responsabilizar a los directivos públicos de los resultados, previamente fijados en los correspondientes contratos-programa establecidos con los órganos planificadores y controladores". El texto sugiere intensificar la productividad para incentivar la búsqueda de mejoras en todos los niveles de la Administración: "Es ésta una forma de motivación, que puede permitir, en determinadas circunstancias, beneficiar económicamente a los empleados públicos en función del grado de eficiencia alcanzado".

La invocación a la flexibilidad de la Administración y la apertura a la privatización por necesidades de los tiempos es una constante en el documento. "Las demandas de los ciudadanos, habituados a operar cotidianamente en entornos sometidos a los mecanismos del mercado, se orientan en el sentido de equilibrar sus expectativas razonables con respecto al sector público hasta igualarlas con las del sector privado, lo que sitúa necesariamente a la Administración en el punto de mira de la jornada continua". El Libro Blanco bebe de las fuentes de los modelos de Administración del Reino Unidos, Estados Unidos y de Nueva Zelanda. Dice el texto que "lo más significativo" es que los gobiernos progresistas o socialdemócratas, cuando ganaron las elecciones en estos países, mantuvieron los "caminos de reforma" de la Administración que emprendieron los ejecutivos neoliberales. El Libro Blanco alaba el modelo de Administración neozelandés. Tras calificarla como "la más avanzada en materia de reformas", señala que ha establecido "una revisión periódica para todas las agencias estatales que empieza por cuestionarse la propia existencia de la agencia revisada, a fin de evitar la continuidad de organismos cuya principal misión acaba siendo la de asegurarse la supervivencia".

El País, 15/11/99

Raúl E. Cuello: El neoliberalismo, una ideología contraria al equilibrio social

Raúl E. Cuello: El neoliberalismo, una ideología contraria al equilibrio social
Doctor en Ciencias Económicas, UNBA, 1959. Master de Economía, Universidad de Columbia, 1964. Ex-Director de la DGI. Ex-Subsecretario de Ingresos Públicos. Profesor Ordinario Titular de Economía, UCA, desde 1965.

1. A modo de recordatorio

Parecía que había muerto con la crisis de 1929 y que alguien se había olvidado de otorgarle su certificado de defunción. Colocó al sistema capitalista al borde de su extinción, de la que fue salvado por el resurgimiento de la ideología clásica aggiornada por J.M. Keynes. Resucitó de la mano de R. Reagan y M. Thatcher en la década de los setenta. Debería pensarse que, a partir de la crisis del Brasil, y no obstante el apoyo que recibe de los centros financieros, ha llegado el momento de efectuar las exequias del neoliberalismo.

De concepción monetarista, privilegiante de las variables monetarias por sobre las que se vinculan con la economía real, ingresó con fuerza en los países emergentes en el marco de la denominada globalización, concepto que en realidad se refiere a la nueva frontera ideológica que se consolida luego de la implosión soviética. Sin embargo, sus impulsores y defensores no advirtieron o no quisieron advertir la flagrante contradicción que existe entre la adopción de un régimen político, la Democracia, que es por definición un estilo de vida con igualdad de oportunidad para todos con un sentido profundamente solidario, y el Mercado, en el que el éxito depende ya no de los méritos sino del poder de negociación de quienes concurren al mismo.

En este encuadre somos testigos de un severo cuestionamiento a la economía como ciencia social, dado que hay serias dudas acerca de su aptitud para contribuir a la solución de los graves problemas que aquejan a la humanidad, las cuales están abonadas por los debates entre los economistas, que en no pocas oportunidades se efectúan desde posiciones francamente opuestas.

El privilegio que algunos otorgan al análisis macroeconómico constituye un enfoque unilateral además de insuficiente, toda vez que el presunto equilibrio atribuible a los “fundamentales” demuestra no garantizar ni el pleno empleo ni la justa distribución de los ingresos. El repliegue del Estado, exigido por el neoliberalismo, no es otra cosa que la pretensión de renuncia por parte de los gobernantes a su función específica: la de gobernar. Dicha función se deja a cargo del Mercado, al que se le atribuyen virtudes que no tiene, dada la ausencia de uno de sus prerrequisitos como es el de la libre concurrencia (lo cual no debe interpretarse como un rechazo a su rol en cualquier economía moderna). Claro está, con el control que debe realizar el Poder Político para evitar la presencia y acción de los monopolios.

Tanto la macro como la microeconomía son por sus consecuencias sociales lo suficientemente importantes como para quedar libradas exclusivamente a acciones privadas, sin las necesarias decisiones públicas. Lamentablemente, a la clase dirigente parece preocuparle mucho más la estabilidad monetaria que la lucha contra la marginación y la exclusión, cuyos antecedentes inmediatos son los altos niveles de desempleo, subempleo e informalidad laboral. Este cuadro no se revierte sin fuertes liderazgos y políticas públicas, apelando solamente a invocaciones voluntaristas.

¿Constituye esta afirmación un cuestionamiento al formidable edificio teórico en el que se apoya la Economía como Ciencia? En modo alguno. El mismo, originado en los aportes de clásicos como W. Petty (1623-1687), A. Smith (1723-1790), T. Malthus (1766-1834), D. Ricardo (1772-1823), K. Marx (1818-1883) y J.S. Mill (1806-1873), por citar sólo a los principales, da lugar a un modelo con fuerte apego a la realidad. La producción ocupa el lugar central.

Era una teoría lúgubre y con una alta cuota de resignación para las clases más pobres, siendo su expresión concreta la famosa “Ley de bronce de los salarios”. Las apelaciones a leyes regulatorias del mercado por parte del Estado en defensa de los consumidores, y el intento de establecer principios de equidad en las finanzas públicas, destacan los caracteres de la economía clásica: su realismo, ya que se combina el compromiso con la producción, y la preocupación por los problemas sociales.

Parece oportuno mencionar que uno de sus precursores, William Petty, recomienda ya a mediados del siglo XVII utilizar las finanzas públicas para compensar las fluctuaciones en el nivel de actividad, anticipando en casi tres siglos a la Teoría Keynesiana, con el fin de evitar el paro involuntario1. Es en este autor donde se encuentran las primeras elaboraciones de la contribución al financiamiento del gasto público apoyadas en el principio de la capacidad de pago.

A mediados del siglo XIX se producen cambios culturales a los que la economía no resulta ajena. Como consecuencia del auge que adquiere el análisis matemático debido al avance de la física en momentos en que Charles Darwin (1809-1882)2 da a conocer su teoría sobre “El Origen de las Especies”, adaptada al campo de la sociología y la religión con particular entusiasmo por el filósofo Herbert Spencer (1820-1903), otorgándole el sentido ético necesario para justificar al Mercado como el medio más idóneo para la selección de los más capaces.

Dado que los fenómenos que caen bajo el estudio de la Economía son susceptibles de medición y pueden ser expresados por funciones continuas, el uso del cálculo diferencial se coloca como instrumento indispensable, y da lugar posteriormente a la Escuela Marginalista. Entre algunos de los pensadores fundacionales del Neoliberalismo puede citarse a Cournot (1801-1877), Jevons (1835-1882), Menger (1840-1921) y Walras (1801-1866).

Por oposición a la Clásica, esta escuela tiene una concepción individualista y no social, idealista y no realista, caracteres propios del marco intelectual que arranca en 1860. Resulta un ejercicio muy simple encontrar estos rasgos en la mayoría de quienes adscriben a políticas económicas que privilegian al sector financiero de la economía y no al real, elevando al Mercado a la categoría de dogma al tiempo que descreen del Estado en cualesquiera de sus funciones para lograr la verdadera síntesis de los intereses sociales. Rasgos, en definitiva, que definen a los neoliberales.

Se entiende así el uso intensivo de los “supongamos...” y del pizarrón para demostrar cómo las cosas no son como debieran ser, y explicar ex post lo que no se previno antes. Más que una ideología económica es una posición intelectual con un alto contenido de ingenuidad, ya que cuando existe divorcio entre la realidad y los objetivos planteados la equivocada siempre es la primera. Permanentemente hay argumentos para racionalizar los fracasos, que descansan obviamente “en los otros” y no en “nosotros”.

2. Introducción

Aunque muchos subestimen la magnitud de la crisis que se inicia con el episodio de Tailandia en julio de 1997, la misma dista de estar resuelta y habrá de prolongarse en el tiempo debido a los encadenamientos inducidos por la globalización. En enero de 1999 alcanza plenamente a Brasil, y la polea de transmisión habrá de impactar en algún momento sobre las economías estadounidense y europea. Aunque parezca un ejercicio de imaginación, basta recordar el grado de exposición financiera que tienen en los países donde la crisis se manifiesta.

Frente a esta realidad, sería de interés analizar dos cuestiones desde la perspectiva argentina: la primera, las características del escenario internacional como consecuencia de políticas económicas neoliberales, y la segunda, cuál será el curso futuro de la economía nacional, que no podrá soslayar la realidad internacional, la cual la encuentra prácticamente desprotegida como consecuencia de la falta de instrumentos propios y de una regla monetaria, que la hace dependiente de decisiones que se toman en los centros financieros.

Tales cuestiones deben ser abordadas con la mayor objetividad posible y exentas del voluntarismo propio de quienes adhieren a la sabiduría convencional, la cual basa sus predicciones en simples indicadores financieros que sólo reflejan decisiones de operadores especulativos: los que al iniciarse 1999 creían que lo peor ya había pasado, y que en modo alguno puede repetirse la crisis iniciada en 1929 y finalizada en 1933. Pasan por alto que hoy estamos en un mundo más complejo, totalmente interrelacionado, menos provinciano y con situaciones sociales de arrastre de características inéditas. Un mundo, además, que carece de liderazgos políticos.

La línea divisoria entre el progreso y la marginalidad no se encuentra como antaño entre el Norte y el Sur. Existen cortes transversales en el Centro y en la Periferia. Hay islas de prosperidad y exclusión social en cualquier país que se considere. La diferencia puede darse tal vez en el acento que algunos ponen para preservar sus tejidos sociales, lo cual es propio de muchas naciones europeas, con mayor conciencia acerca de la importancia de la geopolítica en la proyección de sus futuros.

Asimismo, la creencia en la eficacia de los mecanismos amortiguadores y de las instituciones financieras para prevenir la ocurrencia de escenarios exentos de colapsos económicos y pánicos financieros, es propia de quienes generalmente sólo proyectan futuros cercanos, extrapolando experiencias con mecanismos de ajustes disímiles. Esta visión optimista baja los mecanismos de autodefensa y pasa por alto que, si tuvieran alguna relación con la realidad, las crisis de México, del sudeste asiático, la moratoria rusa y el colapso brasileño, no deberían haberse producido. Sobran testimonios escritos que certifican los graves errores de predicción en que incurrieron, lo cual no parece producirles ninguna incomodidad, confiando tal vez en una memoria social totalmente amnésica. De esta imputación no queda ajeno el FMI, totalmente desprestigiado por sus absurdas predicciones y apoyos financieros.

Existen focos potenciales de desequilibrios mayores a los del pasado, y vulnerabilidades sistémicas en los mecanismos políticos y técnicos, incapaces de detectarlos para quienes no quieran ver la realidad. Dado que nunca se encuentra la razón del fracaso, siempre se actúa ex post facto, y el costo recae obviamente fuera de los límites que enmarcan los intereses de quienes detentan el poder económico y político.

La crisis presente, aún cuando no tengamos la adecuada perspectiva histórica que brinda el transcurrir del tiempo para evaluarla, no es sólo financiera sino también económica, social, política e ideológica. De allí que reviste connotaciones muy particulares y conduce en su dinámica, aún no concluida, a situaciones muy difícilmente predecibles. Para los argentinos, dada la restricción externa a la que está sujeto el país, que lo torna altamente dependiente de los capitales externos, éste es el encuadre en el que la crisis tiene lugar.

3. El fracaso del neoliberalismo

Hasta hace poco parecía carente de lógica cualquier afirmación vinculada a la reaparición de una crisis que pudiera igualar en sus efectos a la que fuera considerada como la peor del siglo XX. Sin embargo, la realidad está superando a la lógica fundada en la imposibilidad. La razón debe buscarse en que la lección de la historia no fue aprendida. En aquel tiempo los Bancos Centrales se encontraron imposibilitados de honrar sus compromisos porque las reservas no alcanzaban para satisfacer la demanda en masa de convertir en oro el papel moneda, lo cual produjo de hecho un efecto contagio debido al sentimiento de pánico generalizado, el cual se profundizaba además en la medida que se adoptaban políticas contraindicadas.

En efecto, la lógica de la ideología neoliberal aconsejaba la restricción de los medios de pago y la contracción del crédito para frenar el drenaje de metálico. Y como si se tratara de fichas de dominó, todos los países del patrón oro fueron cayendo en la medida que se quedaban sin respuestas frente a los efectos de la crisis.

La crisis se liquidó después del abandono del patrón oro por parte de los países que se apoyaban en él, pero además por la aplicación de ideas keynesianas que confirieron al Estado la responsabilidad de la implementación de medidas monetarias y fiscales compensatorias del ciclo, por la Segunda Guerra Mundial, y por el ordenamiento cambiario apoyado en los mecanismos creados más tarde en Bretton Woods.

La resolución de la crisis tuvo un fuerte componente de cambio ideológico, una verdadera revolución ideológica, que basó su diagnóstico en el hecho de que la política económica neoliberal fue incapaz de resolver los temas más acuciantes de la sociedad, el desempleo y la injusta distribución de los ingresos, y de que debía hacerse precisamente lo contrario a la terapia recomendada.

Naturalmente, el colocar al Estado como elemento equilibrador de los intereses sociales, y el reconocimiento explícito del papel disruptor de los monopolios, permitieron la expansión económica que sucedió a la contienda bélica, en el marco de un avance tecnológico en todos los frentes del saber humano -desde la medicina a las comunicaciones, desde los transportes a la conquista del espacio- apoyado en la expansión de la frontera producida por la cibernética.

Desde que se liquidan los efectos de la Gran Depresión y hasta fines de los sesenta, el modelo que dio lugar al famoso Estado del Bienestar impuso sus reglas de juego habiendo eliminado los efectos negativos de las consecuencias acarreadas en la etapa anterior, fundada en el crecimiento hacia afuera con libertad absoluta en el movimiento de capitales. Un mérito que no reconocen, ciertamente, quienes oponen el Estado a los intereses de la sociedad. Ello no justifica, por supuesto, los excesos por parte de los que violaron el principio de neutralidad.

Aquella lección de la historia económica no parece haber sido aprendida. El núcleo de la crisis generalizada estuvo en la contracción monetaria simultánea que produjo la disminución de la actividad económica, y se proyectó en desequilibrios presupuestarios que se reforzaban en la medida que se acentuaba la iliquidez. El hecho de que no se encuentren países centrales con régimen de patrón oro y de que los tipos de cambio sean flexibles garantiza a priori que el mundo esté a cubierto de una recesión generalizada, dado que difícilmente Estados Unidos, Europa y Japón se embarquen en una política simultánea de contracción de los medios de pago.

Sin embargo, paradójicamente, ésa es la política que aconsejan a los países emergentes auditados por el FMI, dando como resultado el descenso de la producción y el aumento del desempleo, el déficit presupuestario y la cuenta corriente del balance de pagos. Todo ello, ajustando al sistema por el tipo de cambio administrado o, como en el caso argentino, a partir del sostenimiento de la convertibilidad.

Pero vale la pena reiterar que más arriba se ha expresado “garantizaría a priori”, con lo cual queda abierta la posibilidad que aún esa política, pretendidamente expansiva basada en instrumentos monetarios, no arroje resultados positivos o quede superada por el efecto que puede sobrevenir por el lado de los ingresos, si es que se da el reacomodamiento a la baja de los valores a que han llegado las Bolsas de Valores en Estados Unidos y en Europa, dado el efecto contagio proveniente de Asia, el Este Europeo y Latinoamérica.

Si esto ocurre de nada habrán valido los esfuerzos para equilibrar el mercado mediante la reiterada baja de los tipos de intereses, porque el valor de las acciones reflejará la verdadera rentabilidad de las mismas. En ese caso, el efecto riqueza combinado con la suba implícita de la tasa de interés para la inversión y el gasto de consumo producirá un descenso en las tasas de crecimiento norteamericana y europeas. Recién a partir de entonces la crisis se derramará sobre los países centrales, y comenzará a tener un principio de solución el crítico cuadro que se iniciara con el episodio de la deuda ocurrido en México a fines de 1994 y cobrara impulso a mediados de 1997 en el sudeste asiático.

Mientras tanto, la receta basada en la suba de la tasa de interés, la reducción del gasto público y el aumento de los impuestos, contraindicada por la experiencia histórica para combatir la recesión y el desempleo, se mantiene en plenitud por parte de no pocos economistas en los países emergentes, más preocupados por los mercados de capitales que por el bienestar de sus pueblos. Sus conciencias están tranquilas porque a partir de la estabilidad cambiaria, que se sostiene sólo merced al cumplimiento de la receta impuesta desde los centros financieros, confían en que la microeconomía se arreglará sola, y con ella también el desempleo. Lo realmente negativo es que muchos están convencidos de buena fe, y la posición que asumen es propia de una formación académica deficiente.

Dado que el corte transversal de las sociedades, del que no escapa ningún país, muestra el agravamiento de los conflictos sectoriales y el auge de la delincuencia de todo tipo, es imposible no retornar a políticas macroeconómicas con el mayor grado de libertad posible para solucionar la patología de fines del siglo XX. Si así no se hace, la deflación de precios profundizará las tendencias recesivas, cuyas consecuencias sociales aumentarán la polarización.

El pensamiento neoliberal no tiene otra fórmula que resignarse y confiar en que las fluctuaciones del riesgo país no dificulten el acceso a fuentes de financiamiento, que llevan necesariamente al aumento sistemático del endeudamiento externo con sus efectos futuros sobre la cuenta corriente y la estructura del gasto público, en la que los intereses de éste desplazan a otros de alta prioridad social: los contribuyentes de mañana deberán financiar con sus impuestos el gasto que en el pasado disfrutaron sus predecesores, tal como ocurre en la actualidad.

Es fácil advertir que la política que se sigue en los países centrales está en las antípodas de la que se sugiere a los denominados emergentes. Ha dicho bien, aunque tardíamente, el Presidente de Brasil, Fernando Cardoso, cuando expresara que la globalización está planteada sobre relaciones asimétricas. Las mismas son impuestas por el sistema capitalista, que no busca la manera más eficaz para resolverlas, sino la más conveniente para obtener beneficios. Que el sistema funcione mal no significa que hay que eliminarlo, sino que hay que mejorarlo.

Los líderes de los países discriminados por la globalización debieran comprender que gobernar es sinónimo de tomar decisiones, y desechar la idea basada en la unidireccionalidad de la política económica, que no resuelve los problemas presentes, sobre todo cuando al poner el acento en la ortodoxia financiera potencia la inestabilidad de la economía real.

4. La razón de la asimetría

La evidencia empírica es suficientemente rica respecto de la asimetría en los ajustes que practican y aconsejan los centros financieros. En ellos, el papel central se otorga a la política monetaria activa, que ajusta por variación del tipo de interés, y produce según sea el caso la devaluación o revaluación de la moneda. Los tres ajustes practicados a la baja en la tasa de interés por parte de la FED desde octubre hasta diciembre de 1998 posibilitaron el sostenimiento de las burbujas especulativas en los centros financieros, pero sirvieron además para devaluar el dólar, principalmente en relación con el yen.

A la Argentina en cambio se la priva de tener política monetaria, y su ajuste debe producirse por vía fiscal, esto es, por el aumento de la presión tributaria, considerando a la evasión y la elusión generalizada como datos de la realidad y produciendo reformas que afectan siempre a los sectores de menores ingresos. Se cumple además con el axioma que establece que la concentración del poder económico deviene en la del poder político, y que nadie legisla en contra de sus propios intereses.

La asimetría descripta tiene su costo en términos de neutralidad, ya que habida cuenta de la mayor eficiencia instrumental de la política fiscal sobre la monetaria, los centros financieros distorsionan al mercado internacional de capitales. En efecto, si en Norteamérica se hace necesario incentivar la demanda doméstica, lo más aconsejable sería hacerlo por el lado del aumento del gasto público, la reducción de los impuestos y el rescate de títulos de la deuda interna, esto es, con la política fiscal idónea para recuperar niveles de actividad económica y aumentar la demanda laboral.

Pero los efectos económicos de la política monetaria difieren en sus efectos de la política fiscal. La primera tiene una vinculación mayor con los intereses del sector financiero. Se trate tanto del alza como de la baja de la tasa de interés, los operadores arbitran en los mercados de títulos y acciones, de los que obtienen posibilidades de altos beneficios, normalmente exentos del pago de impuestos. ¿Pero qué ocurre con el mercado de capitales de los países emergentes? La decisión de la Reserva Federal es el sustituto de la política monetaria de la que carecen países con tipos de cambios fijos, ya que en ellos la base monetaria depende del nivel de la tasa de interés que no manejan, y que se ve además influenciada por el denominado “riesgo país”.

Si por el contrario la política compensatoria se efectuara en el plano de las Finanzas Públicas, no se transferirían al exterior los citados efectos en los mercados de capitales. Tan pronto como se observe el manejo de la política macroeconómica en Estados Unidos, se verá el uso intensivo de la concepción monetarista en lugar de la fiscalista. Esto significa que el costo del equilibrio macroeconómico se pone en los países emergentes. Se llega así a comprender que la identificación entre el neoliberalismo y los sectores financieros es resultante no sólo de una simple preferencia, sino de una muy alta conveniencia. Para quienes tienen capitales nunca es agradable ni conveniente pagar impuestos.

Pero además, el pasaje de una política macroeconómica clásica contracíclica a otra estructuralmente restrictiva persigue como objetivo fundamental controlar todos los riesgos eventuales de tensiones económicas y no a las tensiones mismas, lo cual constituye una diferencia mucho más que semántica.

En síntesis, debe encontrarse la razón de la asimetría con que se manejan los países centrales respecto de las recetas que se imponen a los países de la periferia en la relación de poder que es utilizada para beneficio de los sectores financieros-económicos dominantes en aquellos que han llegado a constituir una estructura que se antepone a las que conforman los poderes políticos. Naturalmente, cuentan con elementos domésticos que favorecen sus estrategias. En algunas oportunidades, los propios gobiernos.

5. El impacto sobre Argentina

Las consecuencias del neoliberalismo en Argentina bajo el régimen de convertibilidad, pueden ser expresadas sintéticamente: crecimiento con estabilidad, sin efecto derrame sobre la sociedad, habida cuenta que es el único país de América Latina donde los salarios reales bajaron y el desempleo aumentó en mayor medida.

El índice de bienestar medido por el acrecentamiento de la incertidumbre respecto de mantener el empleo, y la creciente marginación y exclusión con sus secuelas en términos de drogadicción, delincuencia, crimen y prostitución, ha descendido en menos de una década hasta el punto de sorprender al observador más pesimista. La gente no sabe ni está obligada a saber de economía, pero sufre sus consecuencias. Su futuro se acota en la medida que se estrecha el presente. Asimismo, la corrupción se extiende por todo el cuerpo social a medida que los sentimientos de solidaridad se debilitan. La filosofía del Mercado ha permeado en la sociedad de modo tal que ha sido suficiente para desplazar, por incapacidad de sostener sus niveles de ingreso, al 60% de la población.

¿Por qué se ha producido esta situación? La respuesta a tal interrogante insumiría mucho más espacio que el destinado a este ensayo, pero podría sintetizarse a partir del diseño de una política económica que, habiendo conferido el carácter de variable instrumental independiente y única al tipo de cambio, restableció el régimen de convertibilidad que los países con tradición en la materia habían abandonado definitivamente luego de la Gran Depresión. Lo que pudo ser un instrumento recomendable para superar la hiperinflación se constituyó en una verdadera trampa al confundírselo con el objetivo más importante de la acción de gobierno: mantener la paridad cambiaria con el dólar independientemente de la evolución de los factores monetarios y reales en Argentina y Estados Unidos desde que fuera establecida.

Así, el régimen de convertibilidad se convierte en la pieza maestra del neoliberalismo para que, una vez asegurada su vigencia, los acreedores internacionales puedan contar con un seguro de cambio gratuito que los ponga a cubierto de eventuales pérdidas de capital por devaluación del peso. Los intereses diferenciales, más altos que los obtenidos en el exterior, arrojan ganancias importantes para quienes vienen a financiar los desequilibrios de los “fundamentals”, basados en la extraordinaria confianza que ofrece el “manejo responsable” de la economía argentina.

Veamos la razón de tales desequilibrios. Primero, en relación con el sector externo. En el año 1998 este desequilibrio, que tiende a aumentar y sostenerse en el tiempo, se ubica en el 5% del PBI. ¿Cómo puede esto ser posible, si en esencia la política económica neoliberal descansa en el argumento del aumento de la competitividad argentina y en consecuencia el país debería generar los excedentes en divisas con su propia producción de modo de acrecentar su endeudamiento sólo en la medida en que estuviera justificado en la inversión de capitales en el sector real de la economía? ¿Se cumplieron los requisitos como para que la competitividad mejorara? Si se concede crédito a los defensores de la ideología neoliberal la respuesta debiera ser afirmativa, pero si se repasa el listado de las condiciones que se requieren para que la competitividad de un país sea real y no imaginaria, veremos que no.

Peor aún. Aunque suene extraño, es posible sostener el punto de vista contrario y decir que la Argentina ha perdido competitividad.

5.1 Criterios para la competitividad externa

Primer criterio: para ser competitivo, cualquier país debe tener en equilibrio a su sector externo. Si no lo está y debe acudir al endeudamiento para cubrir su déficit de cuenta corriente, la tasa de interés que pague debe ser inferior a su tasa de crecimiento. Endeudarse es siempre provechoso en la medida en que la rentabilidad de la inversión sea superior al costo de colocar deuda. No ha sido éste el caso de nuestro país. La tasa de interés promedio de su deuda es superior a la tasa promedio de crecimiento del PBI, no obstante haber alcanzado el 6% promedio anual desde 1991. De acá en adelante, producida la crisis de la deuda brasileña, la primera aumentará más y la segunda disminuirá, aumentando la brecha de pérdida de competitividad.

Segundo criterio: la tasa de inflación no debe ser mayor que la de los países con que se comercia en mayores volúmenes. Si así fuera, los precios habrían de aumentar más que los de los países extranjeros, lo cual de hecho conduciría a la devaluación para restaurar la competitividad perdida. Claro está que cuando el desbalance comercial se hace presente, una forma de recuperar el equilibrio es reduciendo las importaciones por medio de la recesión económica, lo cual permitiría simultáneamente el aumento de las exportaciones. Naturalmente, este mecanismo de ajuste externo no conduce a una posición de equilibrio del sistema, no sólo por su impacto sobre los niveles de empleo e ingresos, sino porque al mismo tiempo induce un círculo fiscal perverso: menores ingresos estrechan la base imponible, y por ende hay menor recaudación fiscal, afectada además por la menor recaudación de aranceles aduaneros en las importaciones y mayores reintegros a las exportaciones por el recupero del I.V.A. Esta la situación que se registra desde el segundo semestre de 1998 en adelante.

Antes de entonces, la cuenta corriente en rojo se financiaba con el aporte de capitales, lo cual se tenía por virtuoso, sin reconocerse que la mayor demanda de divisas era la consecuencia del exceso de consumo originado en los sectores beneficiados por la regresiva distribución del ingreso y la nunca reconocida sobrevaluación del tipo de cambio.

En consecuencia, se aprecia que no obstante satisfacerse este criterio, el mismo no puede desvincularse de los factores que subyacen a la pseudo-estabilidad y sus beneficiarios.

Tercer criterio: la competitividad requiere de una situación interna de pleno empleo, o al menos que la tasa del mismo sea inferior a la de los países con que se comercia. Esta condición es decisiva y de orden superior a las dos anteriores, dado que carece de sentido acudir al ahorro externo a tasas inferiores a la del crecimiento del PBI y mostrar un escenario de estabilidad total si ello se logra por un paro diferencial mayor. El diferencial de paro habrá de aumentar más a partir de la recesión que se instalará en 1999 como consecuencia de la restricción externa no resuelta por la contracción de la liquidez internacional disponible para los países emergentes.

En conclusión, la aptitud competitiva de un país no se mide por el volumen y calidad de los bienes transados internacionalmente, sino por la forma en que los criterios expuestos quedan satisfechos. En este orden de ideas, queda claro que la economía argentina está inserta en el mundo, al costo de sostener un cuadro social desequilibrado, y no puede en consecuencia considerarse en condiciones de competir internacionalmente brindando al mismo tiempo el bienestar requerido por su población. En realidad, no podría considerarse de otra manera si se concuerda con que el comercio exterior es la expresión productiva del país en condiciones de pleno empleo.

Si el sistema no ha ganado en competitividad externa no genera excedentes para su crecimiento autosostenido, y es natural que tenga desequilibrios en su frente externo que deben ser financiados con endeudamiento, el cual, como se ha visto, no resulta en ventajas económicas por el diferencial de tasas. Pero esto no es todo, porque tampoco la ideología neoliberal ha puesto en orden a las finanzas públicas.

5.2 El déficit fiscal

Constituye un verdadero paradigma para la sabiduría convencional neoliberal. Independientemente del grado de ocupación de la capacidad de producción instalada, se afirma que las cuentas públicas deben estar equilibradas a fin de evitar la emisión monetaria para financiar al Tesoro. La macroeconomía se agota en una muy simple operación aritmética. El pleno empleo se alcanza automáticamente, y poco importan los avances registrados por la teoría económica luego de la Gran Depresión. Sin duda, sus lecciones de macroeconomía no llegaron a los avances registrados desde Keynes en adelante.

Pero como la experiencia de nuestro país lo indica, entre 1991 y 1998 el Gasto Público Consolidado creció nada menos que el 125% en moneda corriente, y aunque los recursos tributarios también crecieron, fueron insuficientes para cubrir la brecha, razón por la cual también ha sido necesario acudir al endeudamiento externo, no obstante el producido por la venta de las Empresas Públicas a las que se consideraba responsables de los déficits del pasado.

De esta manera, la presión sobre los productores argentinos tuvo su antecedente, primero en un tipo de cambio que está sobrevaluado3 y discrimina en contra de los bienes transables, efecto que se acentúa cuando las cotizaciones de los productos en el exterior son inferiores a sus similares argentinos, segundo en el impacto que aporta a la distorsión de la estructura de precios relativos la mayor demanda de bienes no transables por parte del Estado, y tercero porque deben afrontar el costo del financiamiento del mismo por medio de impuestos distorsivos y la tasa de interés real, que hace atractiva al inversor del exterior la compra de papeles de la deuda pública. Con tasas de inflación a valores anuales muy próximas a las de estabilidad absoluta, el costo diferencial del dinero y la mayor presión tributaria, medida por el Gasto Público, constituyen verdaderos agravios a la producción nacional.

La expansión monetaria que tiene su contrapartida en los movimientos de capitales externos se considera virtuosa, mientras que si lo fuera para la colocación de Títulos del Tesoro constituiría una herejía. No se aprecia, o se oculta deliberadamente, que de esta manera la marcha de la economía argentina depende de una variable que nadie en el país controla: los flujos de capitales. De ellos depende la suerte de vidas y haciendas de los argentinos.

Debido a ello no es de extrañar que se dispense más atención y cuidado a los capitales que a los trabajadores argentinos, sean éstos empresarios o asalariados, y que importen más los juicios del establishment financiero local y externo que los de los argentinos, quienes deben sufrir las consecuencias del injusto planteo neoliberal que discrimina en contra de los verdaderos intereses nacionales.

Al plantear en estos términos la problemática la respuesta es que no hay alternativas a la política actual, como si dentro de las restricciones que impone la misma no hubiera posibilidad de redireccionar los pocos instrumentos de los que se dispone. Esto constituye una verdadera trampa intelectual, que el neoliberalismo ha montado a través de sus códigos, y que hace que los economistas en su gran mayoría “hayan comprado” la receta recesiva frente a la presente crisis. Será tal vez porque sobra ejercicio macroeconómico y falta la vivencia de la microeconomía, pero puede ser también porque algunos estén imbuidos de suficiente realismo como para comprender la situación de desventaja que los países emergentes como el nuestro, tienen frente a la tiranía de los acreedores internacionales, y el hecho de que el futuro está enmarcado por la secuencia de estabilidad o devaluación según sea el caso, pero siempre con sacrificio y costo sobre los pobres y los que se van sumando a esta categoría. No habría en verdad otra alternativa.

El criterio de unidireccionalidad y de falta de alternativas es falso y debe rechazarse de plano aún dentro del planteamiento neoliberal. Por ejemplo, ¿quién puede afirmar que el Gasto Público no puede ser cambiado al igual que la estructura tributaria, ambos objetivando una mayor progresividad? ¿Quién puede afirmar que los organismos de control no puedan funcionar para mejorar la calidad de sus servicios y no cometer abusos tarifarios? ¿Quién puede impedir un sistema adecuado para auditar la oferta de bienes sociales tales como la educación, la salud, la justicia, la previsión social? ¿Qué se opone a un eficiente control de las fronteras para evitar la invasión de mano de obra indocumentada, de muy baja productividad, que se aprovecha del gasto público al tiempo que no tributa y remesa al exterior parte de sus ingresos? ¿Quién puede pensar que se puede producir la apertura de la economía sin tener el organismo aduanero adecuado?

El listado precedente no puede considerarse una agresión al orden constituido de manera directa, pero tan pronto como se lo analice con detenimiento se apreciará que no son pocos los sectores de intereses que se benefician de la baja productividad del Estado y su deficiente funcionamiento por apoyarse en un sistema amiguista y clientelista, y no meritocrático como el que impera en los países que imponen a otros las reglas que no practican.

Al neoliberalismo estas sofisticaciones le importan poco y nada, porque todo el esfuerzo está puesto en mantener el sistema financiero sin tensiones y a la Oficina del Presupuesto en equilibrio, sin atender al principio de restricción presupuestaria, porque siempre está abierta la imaginación para crear o aumentar impuestos que recaen fatalmente sobre el reducido universo de quienes los pagan, y también porque el déficit encuentra a generosos prestamistas dispuestos a arriesgar sus capitales. Ciertamente, el neoliberalismo requiere, para ser practicado con eficiencia, poco más que sumar y restar.

6. El FMI y el neoliberalismo

Una vez que comienzan las dificultades para afrontar los pagos externos, aparece en escena la inefable presencia del FMI, que con el pretexto de ayudar financieramente a los países para superarlas, lo que realmente hace es evitar las pérdidas de quienes asumieron riesgos financieros más allá de lo prudente y transferirlas a quienes deberán ver incrementados sus impuestos, generalmente los más pobres, de modo que se trasladan al futuro los problemas. El F.M.I. y los consorcios de bancos efectivamente aportan capitales para que el país pague a esos mismos acreedores. En definitiva, lo que importa es seguir cobrando los intereses de la deuda que tienen como contrapartida fondos que no estarán disponibles ni para el consumo ni para la inversión local. El F.M.I. es el auditor del endeudamiento y de la recesión estructural, aunque en alguna etapa haya muestras de crecimiento.

Los neoliberales desconocen un principio mercantil muy elemental: nadie se hace rico pagando intereses. En realidad, la proposición válida es la inversa. Los acreedores realizan su actividad, al igual que los grandes especuladores bursátiles de los países centrales, con poco riesgo, dado que siempre estará presente de un modo u otro la mano salvadora que solucionará las eventuales pérdidas. Algunas veces la Reserva Federal bajando tasas de intereses, y otras el FMI proveyendo fondos.

Distinto sería el caso si quienes se sobrestimaron se hicieran responsables de sus errores y asumieran las pérdidas emergentes, tal como impone el mercado al que pontifican pero en el que no creen a la hora de aceptar sus reglas. En todo caso, debieran renegociar sus créditos como cualquier acreedor, y el aporte internacional dedicarse a la expansión de la economía deudora, con el fin de generar recursos externos que a más largo plazo hagan a la sociedad con mayor capacidad de pago. ¿Por qué deben ser los pobres quienes paguen la fiesta a la que no han concurrido? Sencillamente, porque el FMI y los organismos multilaterales de crédito son funcionales a la operatoria del Neoliberalismo en los países emergentes.

7. Conclusión

Lejos de solucionar los problemas del subdesarrollo, la escuela neoliberal los agrava al polarizar en forma creciente a los sectores sociales. Alertar al respecto no implica en modo alguno una crítica al sistema capitalista ni tampoco a la filosofía liberal, pero sí poner de manifiesto que se trata de una corriente de pensamiento de la que sacan ventajas los especuladores, la cual tiene como mérito el hacer creer a los observadores que es la única fórmula viable en el mundo moderno, y que sus principios deben aplicarse urbis et orbis independientemente de las características propias de cada país. Da lo mismo que sea Brasil, México, Argentina, Venezuela o Corea del Sur.

No son iguales Suecia, Italia, Canadá, Japón o Estados Unidos, pero aplican políticas económicas basadas en sus recursos, sus intereses nacionales y en la concepción geopolítica que los caracteriza. Se trata de un problema práctico y no doctrinario.

Nadie puede realizar la función del mercado con más eficiencia, ni nadie puede realizar la que compete al Estado en su rol de orientador, regulador y árbitro de los intereses sectoriales. Estar en oposición al neoliberalismo es estar en contra de una concepción exclusivamente individualista y no social. Es estar a favor de la equidad distributiva, que sólo puede resolverse aplicando criterios políticos. Es estar a favor del tejido social, que da el carácter distintivo a cada país porque hace a su propia cultura.

El día en que se comprenda que las Instituciones de Bretton Woods deben volver a abocarse a las funciones para las cuales fueron creadas en el marco de una verdadera red solidaria internacional, entonces el Neoliberalismo pasará a ser un recuerdo del pasado. Será el momento en que sus panegiristas deban asumir los riesgos que recomiendan a otros, razón por la cual dejarán de ganar el dinero tan fácil como lo logran ahora a costa de quienes no tienen recursos para oponerles. Será ese el momento que deje de socializarse el riesgo, tal como ocurre ahora, a fines del siglo XX. c

Notas

1. W. Petty – Treatise of Taxes and Contributions (1662).

2. La obra de este famoso naturalista inglés, apareció el 24/11/1859, y su edición de 1250 ejemplares se agotó en el mismo día. La obra en general, trata acerca de la evolución de las especies, para lo cual se apoya en la aporte de la paleontología entre otras evidencias.

3. A.Buscaglia, citado por el autor en su libro “Política Económica y Exclusión Social”, Ed. Macchi, Julio 1998, Bs.As.

CLACSO, abril de 1999

Delhi Universiti: The Crisis of Higher Education and the Teachers' Movement

Delhi Universiti: The Crisis of Higher Education and the Teachers' Movement

Forum for Democratic Struggle
Delhi University Teachers For Academic Reform, 01/04/97

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