Alberto Rabilotta:
El verdadero choque de civilizaciones
Ya no hay fuegos de artificio bursátiles para las sangrías fiscales y
los planes de austeridad de las economías reales. Los valores bursátiles
bajan por la preocupación sobre el titubeante crecimiento económico, según
la agencia Bloomberg, que resalta las extendidas pérdidas de los índices
bursátiles que ocurren “incluso después que el Senado pasó la legislación
para elevar el límite de la deuda”. Los índices bursátiles en Estados Unidos
y Europa registraron bajas consecutivas que recuerdan las de octubre del
2008, y la confianza de los consumidores, que está en su más bajo nivel
desde marzo de 2009, amenaza con descarrilar la economía. Una recaída en la
recesión es posible en Estados Unidos (1).
En Estados Unidos, como en Europa, los índices de la economía real están
en baja. En el momento de escribir este artículo la agencia Bloomberg
anuncia que la industria de servicios, el sector terciario que compone el
76.9 por ciento del producto interior bruto (PIB), sufrió una contracción en
julio y está expandiéndose al ritmo más lento desde febrero de 2010. La
creación de empleos en el sector privado, según la misma nota, se enfrió en
julio, mes en que también bajaron las nuevas órdenes de compras en el sector
de servicio y el número de empleos efectivos. El índice de actividad
manufacturera (ISM) estadounidense también registró en julio una baja que lo
hizo descender al más bajo nivel desde julio de 2009. El gasto del consumo,
que compone las tres cuartas partes del gasto total, está decreciendo por el
desempleo y el estancamiento de los ingresos de las familias. El economista
Martín Feldstein, que integra la Oficina Nacional de Investigación Económica
(NBER, en su sigla en inglés) que determina las recesiones, opina que
hay 50
por ciento de posibilidades de una nueva recesión.
Y para hacer más deprimente el panorama baste señalar que los planes de
salvataje de los bancos acreedores y de las brutales políticas de austeridad
aplicadas por el FMI y la Unión Europea en el caso de Grecia no han podido
contener el “contagio” de la crisis de la deuda pública a España e Italia:
Merril Lynch Global Wealth Management no pondrá ni un dólar de su billón y
medio de dólares en haberes en los bonos italianos o españoles. Lo mismo
para Bank of America Corp. y para la financiera alemana DWS Investment,
reporta Bloomberg. Y ni que hablar de comprar los bonos de Portugal o
Irlanda.
Muerte anunciada de una civilización
El acuerdo bipartidario logrado entre la oposición Republicana y el
gobierno Demócrata del presidente Barack Obama para elevar el “techo” de la
deuda pública e impedir el crecimiento futuro del déficit fiscal en Estados
Unidos, es definitivamente el reconocimiento formal del fin de la
civilización del capitalismo industrial que entre finales de la segunda
Guerra Mundial y comienzos de la década de los 70 permitió la formación de
las clases medias mediante la creación de empleos estables, a largo plazo y
bien remunerados, que desarrolló las formas actuales de urbanización y de
transporte, que fabricó los sueños y las realidades que sustentaron todas
las formas asumidas por la sociedad de consumo.
Barack Obama y los legisladores Demócratas aceptaron lo esencial del
plan de los Republicanos, que cortará en dos y medio billones de dólares el
gasto público y dejará intacto el sistema tributario que favorece al sector
financiero y a los ricos,
como apunta la analista Linda McQuaig (Toronto
Star, 1 de agosto 2011). ¿Quiénes pagarán? Las clases baja y media; los
veteranos de las guerras de George W. Bush y de Obama; los estudiantes
graduados que perderán el subsidio para reducir el interés sobre la deuda
contratada para pagar los estudios; los retirados que verán reducirse el
acceso a diversos servicios sociales; los pobres que tendrán menor acceso a
la asistencia medica; los desempleados porque en diciembre se cancelará la
extensión al programa de ayuda a los cesantes crónicos, como escribe
George
Zornick en The Nation (1 de agosto 2011)
Lo realmente importante en todo ese falso debate sobre la deuda pública
en Estados Unidos, que es paralelo al que tiene lugar de manera más discreta
y a puertas cerradas en la Unión Europea, es que parece cada vez más
evidente que los gobiernos han abandonado la prioridad o se declaran
incapaces de crear empleos mediante la reactivación de las estancadas o
decrecientes economías, que aceptan y hasta promueven con sus políticas el
empobrecimiento masivo de la población. El presidente Obama se limitó a
repetir las vacías promesas de siempre después de haber cedido ante las
principales reivindicaciones de los Republicanos y de admitir que la
reducción presupuestaria afectará la recuperación de la economía
estadounidense. Según un despacho de la agencia AFP, Obama urgió a los
polarizados congresistas para que ayuden a que la “economía hambrienta de
empleos” ponga ahora el cartel de “estamos contratando”, agregando que “en
los meses venideros continuaré también luchando por lo que al pueblo
estadounidense le importa más: nuevos trabajos, salarios más altos y mayor
crecimiento económico”.
Nada diferente en la Unión Europea, donde el doble rasero también se
aplica: severa austeridad en el gasto público que agrava el desempleo y
deprime aun más los salarios, y por el otro lado una generosidad sin límites
hacia el sector financiero, es decir los bancos acreedores de las impagables
deudas públicas de Grecia, Portugal, Irlanda, España, Italia y las que están
por venir de otros países. En Irlanda el 25 por ciento de los trabajadores
del sector privado están empleados a tiempo parcial, lo que explica –como
señala The Guardian en su edición del 1 de agosto- que 300 mil trabajadores
hayan sufrido una reducción del 50 por ciento en sus ingresos laborales.
Y ahora el autentico “choque de
civilizaciones”
Al describir todo el potencial del capital para el desarrollo de las
fuerzas productivas y “el cultivo de todas las propiedades del hombre social
y la producción del mismo como un individuo cuyas necesidades se hayan
desarrollado lo mas posible, por tener numerosas cualidades y relaciones”,
Karl Marx se refiere a la “gran influencia civilizadora del capital” (2).
Y, en efecto, en la fase de desarrollo caracterizada por la introducción
de la planificación económica, el papel gestor del Estado con el New Deal
que siguió a la crisis de la Gran Depresión de los años 30, el capitalismo
industrial construyó una civilización –los gloriosos 30 años- marcada
por la abundancia y estabilidad de los empleos, el aumento de los ingresos
de las familias que permitió la formación de las clases medias en los países
avanzados. Así fueron sentadas las pautas de “progreso social” que se
manifestó en todo un abanico de ambiciones, desde la posesión de bienes de
consumo durables hasta el acceso masivo a la educación, pasando por la
posibilidad del ascenso social y económico, Esta “gran influencia
civilizadora del capital” no solo creó la sociedad de consumo sino que formó
una cultura y perspectivas de vida que parecían estables a pesar de las
periódicas crisis económicas, y que marcó a las últimas generaciones de los
países capitalistas avanzados.
Y es esta civilización marcada por la estabilidad del empleo, por
el mejoramiento de las condiciones de vida y la posibilidad del ascenso
social y económico, que está pasando a la historia porque ya no puede
ofrecer empleos y perspectivas para concretar todo lo que prometió a la
mayor parte de una juventud que dispone de los más elevados niveles de
educación y de preparación para el trabajo de toda la historia de la
humanidad.
Y lo mismo puede decirse de las clases medias que han realizado sus
aspiraciones de acceso a la propiedad de casas, a las millones de familias
que se mudaron a los suburbios y pasaron a depender del automóvil privado,
que “compraron” la sociedad del consumo y ahora se hallan aplastadas por la
falta de empleo o empleos precarios, por la baja de los ingresos familiares
que hacen insoportable el fardo de la deuda hipotecaria o del consumo. Las
generaciones que fueron inculcadas y preparadas para esta civilización
enfrentan ahora la perspectiva de un mundo sin empleos ni salarios estables,
se sienten desamparadas y sin perspectivas.
Por eso mismo en Grecia y España, donde los sacrificios se acumulan
implacablemente para el pueblo trabajador, los retirados y la juventud, las
formas de protestas populares se diversifican y multiplican.
La periodista
Angelique Chrisafis (The Guardian, 31 de julio 2011) cita
a Antonis Gazakis, profesor de idiomas e historia que se dice sorprendido
por cómo “los novicios que vienen de diferentes posiciones políticas, de
izquierda y de derecha, están uniéndose a las protestas y debatiendo cómo
cambiar lo que ven como un sistema político y parlamentario corrupto () La
última vez que los griegos salieron a las plazas para pedir cambios
constitucionales similares a los actuales fue en 1909. Esta es una
oportunidad dorada, un cambio de paradigma. Grecia está despertándose”.
Podría decirse lo mismo de España y los
indignados, y
de los diferentes movimientos que en otros países están gestando la protesta
social que lleva al autentico “choque de civilizaciones”, que no es, como
pronosticaba Samuel Huntington, entre el mundo musulmán y el mundo
cristiano, sino entre una civilización capitalista que está dejando
de existir y otra que está imponiéndose, igualmente capitalista pero
controlada por una oligarquía financiera que busca hacernos retornar a un
“régimen de servidumbre”, a un “neofeudalismo” como bien lo define Michael
Hudson (3).
Del trabajo estable al trabajo
justo-a-tiempo
Fábricas de explotación es el término que en español designa los infames
sweatshops, esos talleres insalubres donde se explota la mano de obra de
ambos sexos, sean niños, adultos y hasta ancianos, que marcaron toda una
etapa del capitalismo industrial en Europa, Estados Unidos y otras economías
entre el siglo 19 y comienzos del siglo 20, pero que nunca dejaron de
existir en los países pobres, donde fueron rebautizadas como maquiladoras, y
que en las últimas décadas florecieron en los actuales países emergentes.
Pues bien, como dice el columnista canadiense
Thomas Walkom, del Toronto
Star (29 de julio 2011), en países avanzados como Canadá hemos progresado
retrocediendo a los sweatshops (pero con twitter).
Walkom analiza la brutal transformación en curso en el mundo del
trabajo: “Imaginemos un mundo que es totalmente, materialmente inseguro. Un
mundo en el cual las personas se disputan cualquier trabajo pagado que
puedan conseguir. Y que cuando tengan éxito trabajarán largas horas sin
tener un salario asegurado. Siempre corriendo el riesgo de perder sus
trabajos porque habrá otros preparados para hacer lo mismo por menos.
Incluso cuando consigan mantenerlos, sus empleos serán invariablemente de
corta duración, de unos pocos meses, quizás un año. Y después volverán a
tener que disputarse por otro trabajo. No tendrán, por supuesto, beneficios
marginales o pensiones. En la mayoría de los casos ni siquiera se les
aplicará el salario mínimo. En este mundo prevalecerá la pura lucha por la
existencia. Lo demás será secundario. La vida familiar existirá sólo cuando
haya cabida. ¿Cultura, educación, feriados? Olvídense de todo eso. Los
estudiantes de la historia reconocerán este mundo. Es el de la
industrialización en la Inglaterra del siglo 19 o de partes de América
latina durante el siglo 20, el mundo que Charles Dickens, Karl Marx,
Friedrich Engels y más tarde el Che Guevara describieron y criticaron”.
Esta descripción no es producto de la fantasía de Walkom, sino “el mundo
para el cual nuestros gobiernos e instituciones dicen que debemos
prepararnos porque no tenemos otra opción a pesar de haber creado una de las
sociedades más ricas de toda la historia humana”. Y cita el folleto
producido por el Consejo Escolar del Distrito de Toronto para operar el
Next-Steps Employment Centre, un programa de búsqueda de empleos financiado
por los gobiernos de la provincia de Ontario y de Canadá. Ese folleto de 10
páginas, agrega, “es una de las más honestas –y más depresivas-
descripciones que jamás he visto del trabajo en Canadá, (que) hace las
usuales distinciones entre el viejo y el nuevo mundo del trabajo. Lo inusual
es que las muestra crudamente, sin barniz alguno”.
El viejo mundo del trabajo, según el folleto citado por Walkom, estaba
marcado por empleos a tiempo completo y a largo plazo, y un medio
ambiente laboral estable. El nuevo mundo laboral se caracteriza por
empleos de corta duración, en los cuales el trabajador estará bajo un
contrato, quizás sólo empleado de manera temporal o a tiempo parcial: Pero
la clave es que Usted será probablemente contratado por un muy corto período
(trabajo justo-a-tiempo, como lo apodan) y después será ‘dejado ir’
adonde haya trabajo. Y para poder sobrevivir durante toda su vida laboral
–según el folleto- Usted tendrá que tener simultáneamente dos o tres
trabajos. Y olvidarse de una pensión, de cualquier beneficio marginal, de
vacaciones pagas o de licencias pagas por enfermedad. Durante toda su
existencia tendrá que buscar trabajo: “los trabajos permanentes, en la
mayoría de los casos, son cosa del pasado. Y no lo olvide, Usted tendrá que
reciclarse y perfeccionarse continuamente, y es Usted, y no el empleador,
quien pagará por esa formación”.
Ese capitalismo industrial con una gran misión civilizadora está
en fase de extinción porque su razón de ser, el trabajo asalariado estable
está extinguiéndose rápidamente en los países de la avanzada del
capitalismo, pero este proceso ineluctable está empezando en los países
emergentes donde el trabajo humano asalariado todavía predomina, como en
China. Un despacho periodístico titulado “Robots don’t complain or die” -
publicado por el semanario The Economist el 2 de agosto 2011 - reseña el
caso de la empresa china Foxconn, una de las principales empleadoras del
país con más de un millón de trabajadores y fabricante de productos
electrónicos para muchos “prestigiosos clientes” en el mundo, incluyendo
Apple. Esta empresa, donde se registraron varios suicidios por las
condiciones de trabajo, busca “pacificar” a sus trabajadores que no soportan
el tedioso y duro trabajo mediante aumentos salariales, mejoras en las
condiciones laborales y poniendo en el exterior de los edificios redes que
“recojan” a los trabajadores que buscan suicidarse arrojándose por las
ventanas.
The Economist
afirma que el principal dirigente ejecutivo de Foxconn, Terry Gou, anunció
un plan “para reemplazar una gran cantidad de trabajo humano con robots, en
el 2013”: En una declaración pública, Foxconn habla de transferir a más de
un millón de trabajadores “a una escala superior de la cadena de trabajo,
más allá del trabajo manufacturero básico, y de su deseo de transferir los
trabajadores empleados en las tareas más rutinarias hacia posiciones de
mayor valor agregado en la manufactura, como son la investigación y el
desarrollo, la innovación y otras tareas igualmente importantes al éxito de
nuestras operaciones”. Según la información la escala de la automatización
de que se está hablando con seguridad implica que algunos de esos
trabajadores humanos perderán sus trabajos.
Y el semanario agrega que en gran medida el reciente desarrollo
económico de China se basó en ir en una dirección contraria a la del mundo
capitalista avanzado, de usar mano de obra humana para reemplazar la
automatización, el capital fijo, en las cadenas de producción. Pero con
los salarios aumentando rápidamente como resultado de la demanda de mano de
obra calificada, y el fuerte aumento del salario mínimo legal, es
previsible que las empresas reajusten la mezcla de capital (fijo) y de
trabajo humano.
Esta nota periodística de The Economist es otra confirmación de
la pertinencia del análisis que Marx hizo del desarrollo del capitalismo.
Con el reemplazo del trabajo asalariado por la automatización el
empobrecimiento masivo de la población trabajadora está ocurriendo y esta
pauperización afecta a masas de individuos educados y preparados como nunca
antes para la revolución social. Para muestra están los
indignados.
La Vèrdiere, Francia.
1.-
http://www.bloomberg.com/news/2011-08-02/feldstein-recession-panel-members-see-rising-odds-of-a-renewed-u-s-slump.html
2.- Karl Marx, “Elementos fundamentales para la critica de la economía
política (borrador) 1857-1858”, Siglo Veintiuno Editores SA, Buenos Aires,
1971, páginas 361 y 362 del primer tomo.
3.-
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=133429 Michael Hudson es
profesor investigador en la Universidad de
Missouri de la ciudad de Kansas y autor de numerosos libros, entre ellos
Super Imperialism: The Economic Strategy of American Empire.
Adital, 04/08/11