Novas USC

Novas da Universidade de Santiago de Compostela

José Carlos Bermejo Barrera: Elites y fetiches en Fonseca

ManagementJosé Carlos Bermejo Barrera: Elites y fetiches en Fonseca

I. Fonseca y la élite del poder

Suele decirse en los USA que la diferencia entre los líderes republicanos y los demócratas es que los republicanos se han hecho millonarios con el petróleo y los demócratas con la bolsa. Y es que en la más antigua democracia del mundo occidental todo el mundo es consciente, y los politólogos más, de que la política tiene la naturaleza de un juego en el que unos jugadores privilegiados intentan mover a su favor las fichas del tablero. CH.W. Mills, en un libro clásico de la sociología norteamericana, Power Elite (1956), había ya dejado muy claro que el poder político en Norteamerica, ya desde el momento de la propia independencia, fue un bien a repartir entre pequeños grupos y familias privilegiadas, que en algunos casos provenían de las élites coloniales, como los Vanderbilt, y luego los Morgan, Lehmann, Rockfeller…, que necesitaban controlar el poder político para poder defender mejor sus intereses económicos. En la Europa de los años veinte, economistas y sociólogos como W. Pareto. G. Mosca y muchos otros pusieron de manifiesto el fenómeno inverso y era que el estado, el sistema de partidos y todo el juego de la vida política podría convertirse en un medio para lograr un fin: el enriquecimiento personal. Muchos pensaron, y en buena media lo consiguieron, hacerse ricos dentro de un partido, e incluso a costa de él. Y así las elecciones se convertían en una dura competición para lograr el acceso a miles de cargos remunerados. En la Europa de fines del siglo XIX y comienzos del XX se denunciaba que la política fuese una fuente para conseguir la riqueza, al revés que en los países del capitalismo avanzado, en los que solo era el medio de conservarla mejor, pues en ellos nadie podría llegar a ser rico solo con la política, aunque la política podía ser de vez en cuando una buena hada madrina.

Queda claro que la España de comienzos del siglo XXI no es un país capitalista avanzado, sino un país con poco tejido productivo en el que el erario público se ha convertido en la cueva de Alí Babá en la que algunos aspiran a morar, de modo transitorio o permanente. ¿Pero qué pasa en nuestras universidades, gobernadas desde 1983 con un sistema creado a imitación de una nación y una democracia parlamentaria? Lo primero que tendríamos que decir es que la ficción ha funcionado tan bien que podemos ver a rectores y profesores utilizar la palabra soberanía, únicamente válida en la ficción política verosímil que es el derecho constitucional, aplicada a sus órganos de gobierno e Insulas Baratarias, cuando reclaman para ellas una autonomía que tampoco saben definir más allá de que podría ser un sistema en el que se tiene derecho a pedir a otros lo que uno considera que necesita sin pedir opinión a un tercero. Y dentro de esa ficción también han nacido unas élites de poder académico. Se trata de grupos de profesores, administrativos y alumnos manipulados por sus profesores y los partidos políticos que con diversos altibajos se vienen sucediendo en el ejercicio de los cargos académicos desde hace treinta años; profesores que provienen a veces de las mismas facultades, departamentos, y ahora de los mismos grupos de investigación. convirtiéndose en auténticos profesionales del poder universitario elección tras elección. Proclaman su legitimidad basándose en los votos obtenidos en unos sistemas electorales complejos, en los que puede convivir la abstención masiva del alumnado con la negociación del voto de personas o grupos a cambio de diferentes tipos de transacciones académicas posibles: cátedras, plazas, creación de títulos, facultades, construcción de edificios…, transacciones en un primer momento realizadas con discrección y luego a plena luz del día, dando a entender que son las legítimas hijas de la soberanía y la autonomía.

Candidatos á reitoría da USC

Candidatos á reitoría da USC

Antonio López
Web:
http://antoniolopezareitor.org/

Juan Viaño
Web:
http://juanviano.com/

José Carlos Bermejo Barrera: Una escena en Fonseca: o peche

José Carlos Bermejo Barrera: Una escena en Fonseca: o peche

Dijo A. de Foxá que el franquismo era una dictadura moderada por la incompetencia, lo que habría que matizar, puesto que la competencia represora de este régimen logró altas cotas de eficacia en algunos momentos de su historia. No era así en 1968, cuando el desarrollo económico y el propio paso del tiempo habían conseguido que en España lo político distase mucho de atraer la atención pública. Había en España instituciones que tenían el privilegio de la inviolabildad de sus recintos, por lo que las oposiciones sindical y política decidían a veces encerrarse en las iglesias o monasterios intentando con poco éxito quedar a su amparo. Eso ocurrió en el 68 santiagués y el encierro de los estudiantes en la universidad supuestamente inviolable, de la que acabaron siendo desalojados todos; algunos fueron expedientados y los demás pasaron a examinarse al final del curso. Quedó claro que ya no era posible encerrarse impunemente y así con la reanudación de las movilizaciones a partir de 1970 el encierro, luego llamado peche, fue sustituido por las asambleas, de muy corta duración, ya que el sistema de vigilancia formado por los bedeles, muchos de ellos guardias civiles jubilados a los que se les compensaba su magra jubilación con un pequeño puesto de subalterno, daban la voz de alarma para que viniese la policia a desalojar.

Asamblea y desalojo pasaron a ser las dos instituciones básicas de la revuelta estudiantil. La asamblea era una reunión en la que se intentaba hablar para reivindicar alguna cuestión, pero en la perspectiva del régimen parecía que fuese algo así como el motín del acorazo Potemkin o el preludio de un posible asalto armado al Palacio del Pardo. Las asambleas eran disueltas sin piedad, como las manifestaciones, y las autoridades se ponían histéricas ante ellas. En enero del año 1971 una asamblea en Xeografía e Historia fue desalojada de tal modo que la policía nacional, situada en embudo en las escaleras del edificio, fue aporreando a los estudiantes según salían, con tan mala suerte que a uno de ellos le destrozaron un ojo. Las asambleas se generalizaron y el rector cerró la universidad hasta mayo. Eran pues los rectores quienes cerraban periódicamente algunas universidades cuando entraban en pánico de pérdida de su control. Y así ocurrió hasta la muerte del dictador moderado por la incompetencia. Aún en 1975, en la misma facultad de que hablamos, un desalojo de una asamblea hizo que un alumno se cayese por la ventana desde un primer piso rompiéndose la pelvis. El panorama del aula desalojada era desolador, cientos de hojas de apuntes desparramadas y numerosos zapatos. D. Manuel Rabanal, un pacífico catedrático de griego que había llegado a dar clase a una aula vacía tras un desalojo, quizás porque creía en la idea platónica del alumno, al ver el panorama comentaba ¡qué barbaridad, qué barbaridad!

José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca y el síndrome del indiano

José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca y el síndrome del indiano

Castelao: O regreso do indiano - 1918  
Castelao: "O regreso do indiano" (1918)

Es la emigración uno de los fenómenos de larga duración característicos de nuestra historia. El desequilibrio entre población y escasos recursos obligó a abandonar su tierra a decenas de miles de personas que, o bien fracason de nuevo, o bien sobrevivieron, o retornaron ricos y victoriososo a su país. Geógrafos, historiadores e historiadores del arte han investigado este tema que hoy conocemos con detalle. Los que retornaron ricos a su patria tenían a veces una mentalidad que les llevaba a exhibir su riqueza mediante el consumo ostensible, construyéndose grandes y lujosas casas que los igualasen en prestigio a las clases dirigentes. En algunos casos fueron además mucho más generosos que ellas, pues fundaron escuelas para que los jóvenes no volviesen a emigrar, donaron edificios y parques públicos, como el que en Betanzos hicieron los hermanos García Naveira, que expusieron en él sus sencillas ideas sobre la vida y la cultura mediante imágenes de enciclopedia.

El consumo ostensible no es más que la ostentación de la riqueza para lograr prestigio, y es lógico que algunos indianos creyesen en él, como los millonarios norteamericanos estudiados por el economista T. Veblen a comienzos del siglo XX; pero es más discutible que una universidad lo manifieste en sus políticas constructivas. La Universidad de Santiago tuvo muy pocos edificios hasta el siglo XX: los colegios de Fonseca, San Xerome y San Clemente, junto con el edificio central ocupado a partir del siglo XVIII, sede hoy de una sola facultad. Como ese edificio se había quedado pequeño, Montero Ríos, como parte de su política de construcción de edificios públicos en Santiago que le llevó a construir una nueva y moderna Facultad de Veterinaria, hoy sede del Parlamento Gallego, decidió a comienzos de siglo XX añadirle un segundo piso que rompió las proporciones de la fachada original. En él se construyó la biblioteca con sus estanterías a medida, hoy atacadas por las termitas, el Paraninfo, decorado con pinturas contemporáneas de Picasso en las que las Musas llevan microscopios en el Olimpo, y tan cubierto de oro que parece que en él fuese a dar un baile María Antonieta. Allí estaban a mediados de los años 60 del siglo XX las facultades de derecho, ciencias, filosofía y letras, junto a la biblioteca y los servicios centrales de la universidad, quedando la facultad de farmacia en la vieja Fonseca y la de medicina, tras 1928, en un nuevo y funcional edificio.

José Carlos Bermejo Barrera: Retratos en Fonseca: Juan Casares Long

José Carlos Bermejo Barrera: Retratos en Fonseca: Juan Casares Long

Decía Bertrand Rusell que nadie cotillea acerca de las virtudes ocultas del prójimo. Por esa razón y porque la labor del historiador ha de ir más allá del mero cotilleo, cuando llega el momento de hacer el balance de la actuación como rector de J. Casares, una vez culminada su labor de gobierno, será conveniente glosar únicamente lo que fueron hechos evidentes de un mandato convulso, polémico y errático, del que fueron corresponsables tanto quienes en él ejercieron la labor de gobierno como aquellas personas institucionalmente encargadas de llevar a cabo una labor de oposición que osciló entre una clara complicidad y una complacencia teñida de un toque de sadismo, que se recreaba en contemplar los sucesivos errores que nadie podía ocultar.

Todo comenzó cuando, retomando sin saberlo un viejo dicho de Gladstone, que afirmaba que “el matrimonio son dos personas en una y esa persona es el marido”, J. Casares decidió gobernar de un modo personalísimo, consecuencia quizás de su fuerte carácter, que le llevó a algo insólito en la historia de la USC, y es que el rector en poco más de un año había entrado en conflicto con su propio equipo de gobierno y con las bases que le apoyaban, de modo tal que sucesivamente fueron dejando su equipo la mitad de sus vicerrectores y colaboradores más cercanos. Así comenzó a dar la impresión de que el nuevo rector parecería querer enfrentarse a sus propios apoyos e intentaba tender puentes con aquellos a los que llevaba años criticando y a los que atribuía todos los males de su institcuión: las llamadas plataformas, pequeños grupos de poder y presión que se movían por la universidad bajo unas supuestas banderas políticas casi nunca avaladas ni por los partidos correspondientes, ni siquiera por los carnets que certificarían la militancia pública de sus miembros.

José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca y los hombres de negro

José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca y los hombres de negro

C.M. Reinhart y K.S. Rogoff publicaron en 2009 en la prestigiosa universidad de Princeton el libro Esta es vez es distinto. Ocho siglos de locura financiera. El lema “esta vez es distinto”, o lo que es lo mismo, “a mi no me va a pasar eso”, es un leitmotiv que perduró ocho siglos de historia antes de que se fuesen sucediendo las quiebras de los estados. Varias lecciones nos enseña esta historia. La primera es que todo el mundo se ha creido más listo que sus predecesores en el desastre, y la segunda es que nadie se endeuda si no quiere. En la historia de los estados el endeudamiento solía provenir del gasto público, que se centraba básicamente en la guerra, y del despilfarro, unido a la corrupción política y económica. Ese endeudamiento se cubría emitiendo moneda y provocando una crisis inflacionaria, que incrementaba todavía más la espiral del endeudamiento hasta llegar a un punto final en el que todo quedaba al albur de los acreedores. Este esquema se ha reproducido en las estrepitosas crisis financieras de Argentina, por ejemplo, inexplicables sin la corrupción económica y política, y con las intervenciones de tres de los PIGS europeos, Portugal, Grecia e Irlanda, debidas a dos razones: a que esos países no tienen moneda propia y dependen del Banco Central Europeo, y a que compesaron su empobrecimiento provocado por la entrada en el euro con el endeudamiento masivo del estado, la banca, la empresa y las propias familias. Hasta que llegaron los hombres de negro, ajustaron sus cuentas públicas e hicieron pagar a justos por pecadores, naturalmente. Por suerte, España se quedó a un pelo de ser visitada por estos caballeros, aunque también aquí llovieron los recortes sobre los débiles. Y en una situación similar se encuentra a día de hoy la USC. Lastrada por una deuda que, como el río Guadiana, aparece y desaparece, cuyo monto casi nadie sabe y de la que parece que nadie ha sido responsable, que no culpable.

Ninguna persona sensata puede imaginar que unas especies de Bárcenas salieron de San Xerome con maletines llenos de billetes de 500 euros. Es inverosímil en una institución cuyo gasto básico son sus nóminas, pero habrá que reconocer que algo pasa. No vale recurrir al tópico de la presunción de inocencia, pues ese derecho solo lo tienen aquellas personas previamente imputadas, antes de ser condenadas, y no los ciudadanos de a pie. El Juan Nadie de turno no es presuntamente inocente de la quiebra de Bankia o Pescanova, lo son los responsables si son procesados. A los ciudadanos de a pie ya les hubiese gustado ver físicamente los billetes que se manejaron, y luego ser procesados para salir sin cargos y con la pasta. No hay ningún procesado en la USC y lo que se ha hecho es legal, si un juez no dice lo contrario, pero ¿qué ha pasado con sus cinco rectores y su deuda?

José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca y la insipiencia académica

CuantofreniaJosé Carlos Bermejo Barrera: Fonseca y la insipiencia académica

Suele decirse en los EE.UU. que si hay dos términos contradictorios, estos son “inteligencia militar” y “administración universitaria”. En España, si tenemos en cuenta la evolución de nuestras universidades, habría que intercambiar los adjetivos. Y es que vivimos cada vez más bajo la tiranía de las palabras vacías. Decía Harry Truman que los evaluadores no quieren aprender nada nuevo, porque si lo hiciesen tendrían que dejar de ser evaluadores. Y Truman sí que sabía lo que eran la gestión y el poder; no en vano decidió lanzar dos bombas atómicas para poner de rodillas al emperador del Japón.

Las universidades de Bolonia están en manos de pedagogos que saben enseñar cómo se enseña pero que no saben enseñar nada; de evaluadores capaces de evaluarlo todo menos a sí mismos; y de gestores incapaces de gobernar, pero maestros en generar déficits y desvirtuar las leyes, con universidades que, desde que comenzó la crisis en 2008, han incrementado sus plantillas de profesores a la vez que están perdiendo alumnos, en las que quien gobierna pretende monopolizar el uso de la palabra y tener autoridad para decir siempre qué es verdad y qué es mentira. En las universidades de Bolonia todo es verdad, está claro que la verdad es verdad y como es verdad que la mentira es mentira, por lo tanto también puede ser considerada verdad.

La capacidad demostrada de desvirtuar leyes cuando se desea se ha puesto de manifiesto en el intento de la USC de no aplicar el Real Decreto que regula la carga docente de los profesores, y que permitiría hacer un cálculo de las necesidades reales de plantilla. En él se establecen tres clases de profesores en función de sus méritos investigadores: los que tienen que impartir 160 horas de clase al año, los de 240 y los de 320. El criterio puede ser discutible, pero precisamente es lo que no se discute. No se discute que la docencia es lo último que debe desear un profesor, y que se puede intentar escapar de ella sumando puntos a partir de una serie de parámetros, que en el borrador ya no son solo los sexenios del ministro Wert, o lo que es lo mismo, los méritos investigadores que personalmente cada profesor ha acumulado a lo largo de su vida académica, sino toda clase de servicios. El borrador de la normativa que pretende implantar la USC para regular el trabajo de sus profesores eleva al paroxismo el ansia de no impartir clase a costa de lo que sea.

Lo malo no es que se desprecie la docencia, que le correspondería en el caso ideal a los profesores que no tengan méritos de ningún tipo, sino que la norma revela un espíritu profundamente autoritario, solo mitigable con la desidia y la ineficiencia que caracteriza a nuestra administración académica. Se afirma que es necesario controlar todas las horas de trabajo de los profesores a lo largo de todo el año, y no solo su dedicación docente, en una universidad que ha renunciado a controlar la presencia de los profesores en su puesto de trabajo durante sus 37,5 horas semanales. Pero es que además se sostiene que la medición en horas sirve para todo: es lo mismo estar sentado una hora dormitando en una Junta de facultad que impartiendo una clase magistral, traduciendo un texto anglosajón o demostrando un teorema, porque la gestión, la investigación y la docencia son medibles por el mismo patrón de desgravación docente. Aparte de desvirtuar intencionadamente un Real Decreto con cuya filosofía se está plenamente de acuerdo, se introducen parámetros que no se le hubiesen ocurrido ni a Franz Kafka, como el que afirma que un profesor debe indicar los libros y artículos que lee cada año; o que es un mérito viajar, si se hace durante más de seis semanas, o que es una actividad básica de investigación la pertenencia a equipos de prevención de riesgos (¿bomberos voluntarios?); y así hasta 22 ítems de “docencia e investigación básica”.

Todo tendrá que ser declarado, todo tendrá que ser computado, medido e informatizado. ¿Por quién? Por dos clases de profesores: los pedagogos, que darán clase a todos los demás profesores, pero a los que nadie puede dar clase, porque son los únicos que saben cómo se enseña; y por los profesores gestores, que no solo controlan el sistema, sino que a su vez están exentos de control. Por eso se explica que el equipo rectoral en su totalidad tenga una desgravación de 320 horas de docencia. Por supuesto, los profesores que ejercerán a partir de ahora la llamada “gestión de base” no podrán criticar la “gestión de altura” de las autoridades que pretenden controlarles cada una de las horas de su permanencia en el centro.

El borrador de la normativa ofrece un ejemplo de lenguaje vacío, de delirio administrativo, que se puede contemplar en la maravillosa tabla que se adjunta, en donde el uso de siglas y números pretende conseguir darle a este dislate una apariencia científica. Decía el viejo Séneca que de todos los tipos de esclavitud, la más indigna es aquella que es voluntaria. Si los profesores de la USC aceptan llenar páginas y páginas explicando su participación en todos y cada uno de estos delirantes ítems y justificando toda su labor científica, docente y administrativa ante unas autoridades que por otra parte ya deberían conocerla, pero que exigen el acto de sumisión voluntaria obligando a declarar todo esto cada año, entonces podríamos decir que habrán perdido su dignidad. No han hecho falta dos bombas atómicas para ponerlos de rodillas. Solo un reglamento. Y si además lo hacen sabiendo que no importa, porque en realidad no se cumple, como tantas cosas, y es solo una verdad de mentira, entonces es que también habrán perdido la decencia.

José Carlos Bermejo Barrera: Universidades gay and lesbian

José Carlos Bermejo Barrera: Universidades gay and lesbian

La ventaja de estudiar el mundo griego antiguo es que es excesivamente contemporáneo. Cuando el griego desaparece de los planes de estudio, la palabra que lo designa solo aparece ya en la prensa dentro de las secciones de ofertas de servicios sexuales. Es lo que hay, pero esto nos permite comprender por qué el estudio de la homosexualidad, una realidad humana muy compleja así designada a partir de la segunda mitad del siglo XIX, fue desde hace un par de siglos una preocupación de los historiadores del mundo griego, en el que el sexo entre hombres gozó de cierta aceptación social y tuvo reconocimiento literario y filosófico, aunque no así el sexo entre mujeres, solo reflejado en los poemas de Safo de Lesbos, isla que dio nombre al cultismo lesbiana. Hay numerosos libros sobre la homosexualidad o bisexualidad griega y en menor medida romana, y a través de ellos y de todo un campo de estudios denominados en el mundo anglosajón “gay and lesbian studies” podemos conocer hoy un poco de lo que fueron a lo largo de la historia las prácticas sexuales entre personas del mismo sexo.

José Carlos Bermejo Barrera: Universidad pública, plantilla privada

José Carlos Bermejo Barrera: Universidad pública, plantilla privada

Frente al recorte del gasto público y la campaña de privatizaciones que se viene desarrollando en unas autonomías más que en otras, llevándose la palma la de Madrid, tiene lugar una campaña ciudadana a favor de los servicios públicos básicos, sobre los que han recaído unos recortes cuyo monto es muy inferior al dinero empleado en el rescate de Bankia. Subiéndose al carro, los rectores pretenden igualar los recortes de pensiones, prestaciones sanitarias y servicios educativos esenciales con los que sufren sus instituciones en las que ellos mismos unas veces están dispuestos a practicar el despido y otras a recortar el sueldo de sus subordinados con criterios mucho más que discutibles. Apelan ellos a la autonomía, un concepto que no saben definir, pero que sería algo así como: “solo yo puedo fijar mis derechos y los deberes de los demás”. Pues de las universidades se supone que solo pueden hablar los universitarios.

Señala Óscar Alzaga en su voto particular a la propuesta de reformas encargada por el ministro Wert, que sus compañeros de comisión, excepto una que también era jurista, eran incapaces de entender la lógica jurídica, y por eso propusieron medidas que violaban la ley orgánica que rije las universidades, creyendo que eso se puede hacer sin problemas. Y es que cada vez hay menos universitarios capaces de comprender la lógica jurídica elemental, como veremos en el caso de las plantillas. Todo el mundo sabe que en una empresa cada persona ejerce una función, lo mismo que en un ejército, o en cualquier otra institución. Y en una institución pública, financiada con los impuestos, está claro que las plantillas de funcionarios o personal laboral han de cumplir una función específica con el máximo rendimiento y el menor coste posible, respetando, eso sí, los derechos de sus trabajadores. Las plazas de funcionarios, por ejemplo, se dotan para cumplir una función, y solo subsidiariamente se pueden cambiar para facilitar la promoción de los mismos entre distintos cuerpos. Parece claro, sin embargo, que lo que en realidad está ocurriendo en la USC es que, sobre todo en los cuerpos de profesores, el principio de la promoción personal intenta apoderarse de toda la racionalidad académica y por eso es fácil adivinar que en la próxima campaña electoral los temas estrella serán: ¿a cuántos titulares se les dota su cátedra?; y ¿a cuántos investigadores se les dota su plaza de profesor? En ambos casos, por supuesto, nadie se pregunta si hacen falta cátedras o más investigadores transmutados en profesores, y por qué la plaza es suya.

José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca y el gobierno de los elefantes

José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca y el gobierno de los elefantes

Me comentaba un colega, que además de serlo también fue rector, que gobernar la universidad puede ser desesperante porque, me decía: “es como si fuese un elefante, si te pones detrás para empujarla no consigues nada, y si te pones delante te aplasta”. Y es cierto, el gobierno de la universidad es un auténtico cementerio de los elefantes, pero paradójicamente de elefantes vivitos y coleando; pues en él se amontonan estructuras sin función pero con costes elevados que vienen de antiguo, junto a otras nuevas que compiten por el ejercicio de las mismas funciones, se interfieren mutuamente y consiguen que las partidas dedicadas a la administración crezcan casi sin control, tal y como ha estudiado el economista J. Galindo Lucas (JLCR, II, 2, pp. 20/32). Veámoslo con unos ejemplos.

En la USC existen 333 cargos remunerados ocupados por profesores, así que un 14% de ellos ejercen alguna responsabilidad de gobierno. Como muchos de ellos, además de cobrar por su trabajo, tienen exenciones de horas de docencia, al costo de sus cargos hay que sumarle el de las horas de trabajo de quienes los suplen en sus labores docentes. ¿Está esto justificado, o es que hay muchos cargos-elefantes? Más bien lo segundo. El gobierno de la universidad se basó tradicionalmente en los centros, o facultades, que controlaban un presupuesto docente, de biblioteca, de mantenimiento y administración con sus funcionarios y cargos propios. Cada facultad tiene un decano, varios vicedecanos y un secretario que es un profesor. Y cada decano tiene un secretario personal, estando además asistido por un gerente de centro, un funcionario de asuntos económicos, varios funcionarios para el control de administración docente y un conserje, que es el jefe del personal de servicios. Todo iría a las mil maravillas si la facultad tuviese competencias, pero es que casi no las tiene: los presupuestos de biblioteca son mínimos y además cada biblioteca tiene un director y su propia plantilla. Las funciones docentes básicas corresponden a los departamentos, la planificación docente al vicerrectorado correspondiente, el presupuesto docente ha quedado reducido al ridículo, ya no se pueden dar a los alumnos fotocopias de trabajo a 1 céntimo cada una porque se dice que no hay dinero. Los decanos restringen al máximo los gastos del correo oficial de los profesores, que por otra parte normalmente carecerían de ordenador si no tuviesen algún proyecto de investigación en el que incluir su compra. El dinero de prácticas de campo es cada vez menor y los servicios de la facultad languidecen, por un lado por la obsesión controladora de los vicerrectorados, que han arrebatado a las facultades competencias propias según la ley, como el doctorado y los másteres, basándose en otras leyes que contradicen a las vigentes; y por otra parte a causa de unos departamentos insurgentes y a veces insumisos a la autoridad del decano. Si esto es así, sería lógico reducir cargos académicos en las facultades, hacer que el secretario fuese un funcionario, lo que la ley permite, y dejar los equipos decanales en cuadro haciendo que los funcionarios coordinasen el trabajo que les quedase. Nada hay de ello, ni siquiera la intención de plantearlo, pues imponente es la lógica de los elefantes.

Jaime Gómez Márquez: Máis universidade, mellor sociedade

Jaime Gómez Márquez: Máis universidade, mellor sociedade
O autor é catedrático de Bioquímica e Bioloxía Molecular da Universidade de Santiago

Un dos tesouros que ten Galicia é a USC, unha universidade cunha tradición de máis de cinco séculos que formou a milleiros de licenciados e doutores, liderou a investigación das Letras e as Ciencias e colaborou na difusión da cultura e o coñecemento na nosa Terra. Ao longo dos case 30 anos que levo traballando na USC, puiden comprobar o enorme progreso da institución grazas ao traballo de moita xente e o apoio das administracións públicas. Recoñezo que na miña universidade non sempre se fixeron ben as cousas e houbo erros na implantación do Espazo Europeo de Educación Superior, na planificación das infraestruturas, nas políticas de investigación e profesorado, no deseño e posta en marcha das titulacións de grao e máster, etc. Todo iso sen esquecer o que foi, probablemente, o principal erro na recente historia da USC: a súa división en tres universidades. Estou convencido que tería sido moito mellor para Galicia unha única universidade con sete campus especializados.

Sen dúbida puidemos facelo mellor; sempre se pode facer mellor e tamén peor. Mais a pesar de todas as eivas e erros cometidos, creo, sinceramente, que dende a chegada da democracia ata o presente, na USC soubemos modernizarnos e facer avanzar a nosa sociedade continuando co noso labor docente, investigador e divulgador. A día de hoxe, quero supoñer que ninguén cuestiona o papel da USC no progreso de Galicia e na súa proxección internacional.

José Carlos Bermejo Barrera: Un nuevo rector para Fonseca

José Carlos Bermejo Barrera: Un nuevo rector para Fonseca

A lo largo del tiempo, los rectores de las universidades accedieron a sus cargos de distintas maneras. En la Edad Media hubo dos modelos: el de Bolonia, en el que el rector era elegido exclusivamente por los estudiantes (pudiendo ser un estudiante); y el de la Sorbona, donde lo elegían los profesores. A ello se añadió el criterio de que el rector siempre fuese nombrado por una autoridad superior. Sea como fuere, en el ejercicio de este cargo debemos distinguir dos cosas: la legitimidad, es decir, la forma legal por la que se accede al cargo, para ejercerlo según la ley; y la autoridad, o el peso moral y social que la persona que ejerce un cargo ha de tener sobre sus subordinados.

Se acerca un nuevo y agitado curso electoral en Fonseca. En los meses declinantes del rectorado de J. Casares, que se presentó bajo el lema de volver a las esencias para continuar esencialmente con la forma de gobierno que ya había, y que consiguió que una gran parte de los miembros de su equipo desapareciesen sucesivamente sin dar explicación pública; se abre un nuevo escenario en el que lo primero que parece evidente es que el rector actual debería aplicarse la eutanasia electoral. Lo haga o no, comenzará el juego: ¿quién debe ser rector? Las opciones están claras: por una parte podríamos hablar de las impulsadas por la inercia del pasado; y por otro lado podría también haber quizás alguna alternativa innovadora que intentase salvar a la USC sin apelar a la demagogia y al oportunismo y enfrentarse a la incoherente reforma de los sistemas de gobierno que se avecina.

Ignacio Zarra, Mercedes Pintos y Eva Castro: Rector reelegido y mártir reincidente o por qué ahora

Ignacio Zarra, Mercedes Pintos y Eva Castro: Rector reelegido y mártir reincidente o por qué ahora
Ignacio Zarra, Catedrático de Fisiología Vegetal, fue Director del Centro de Posgrado de la USC
Mercedes Pintos, Catedrática de Física, fue Vicerrectora Adjunta al Rector para Coordinación Interna de la USC
Eva Castro, Catedrática de Filología Latina, fue Vicerrectora de Estudios de Grado y Posgrado de la USC

Finalizando su mandato se sitúa Juan Casares Long públicamente en una simbólica encrucijada en la que vacila a la hora de asumir de nuevo el reto de presentarse como candidato a rector, en cuanto que, según sus propias palabras, no tiene espíritu de mártir. La USC no necesita mártires a estas alturas, sino gestores inteligentes y proactivos, capaces de conducir a la institución hacia el mejor horizonte posible. Conviene que los futuros candidatos sean conscientes de que van a asumir un reto, no un martirio, que le supondrá al que resulte elegido estar al servicio de los demás para lograr el bien común con trabajo, esfuerzo y honradez, no para disfrutar de una vanagloria, parabienes y honores tan efímeros como irreales.

Una comunidad universitaria vigorosa intelectualmente, comprometida y responsable ante sí misma y ante la sociedad, no puede aceptar que se presente como candidato a rector quien no tenga claro el sentido del cargo. Tal cosa es comprensible en el actual rector que sólo consiguió el respaldo del claustro para aprobar sus primeros presupuestos (2011), frente a sus numerosos y bien sonados fracasos. El máximo responsable de la institución no puede esconderse tras terceros, sean colaboradores o comisiones, para eludir su responsabilidad en el rechazo de los presupuestos de los años 2012 y 2013, la desaprobación de las programaciones plurianuales (2012-2014), la imposibilidad (¿incapacidad?) de sacar adelante unos nuevos estatutos (programa electoral, 2010, p. 41), tumbados en el mes de abril del 2012, o los encontronazos con las organizaciones sindicales y la Xunta.

¿Cómo se ha llegado a esta situación de pérdida de apoyos? Por una muy sencilla razón: por el incumplimiento, desde el primer día de mandato, de los compromisos adquiridos ante la comunidad universitaria. Los lectores se podrán preguntar por qué hablan ahora los miembros de su equipo que compartieron un proyecto y que en su día presentaron su dimisión y se marcharon sin dar una explicación pública; por qué se fueron cuando habían estado dando voz desde el año 2006 a la comunidad que no se sentía representada ya por las plataformas, agrupadas en torno a Senén Barro, y cuando algunos de ellos fueron elegidos, con gran número de apoyos, como representantes de sus colegas en el Claustro y en el Consejo de Gobierno durante cuatro años. La respuesta es esta pregunta: ¿qué credibilidad podrían tener personas avezadas en tareas docentes, investigadoras y administrativas, que se consideran serios y rigurosos en su trabajo, que se dan cuenta de repente que la persona con la que habían estado trabajando codo con codo, como iguales, durante años se ha transformado? ¿No fuimos capaces de intuir el cambio o no lo quisimos ver? Era necesaria una particular travesía del desierto y el cultivo ‘del silencio creador como preparación para la palabra’, porque uno mismo no podía dar crédito a su propia torpeza. La conclusión es que, si durante esos años alguien nos hubiera dicho cómo iba a ser ese colega con el que compartimos tantas horas de trabajo, no se le hubiera creído, porque la experiencia personal que teníamos era muy distinta. Después de tanto tiempo, reflexionando y repasando frases y situaciones, uno ahora se da cuenta que lo que achacábamos al nerviosismo del inicio de campaña del 2010 en realidad estaba siendo un indicio de otra cosa muy distinta; pero no lo supimos ver.

Antes se ha apuntado que la situación en la que se halla la USC se debe al incumplimiento de los compromisos adquiridos. La lista de inobservancias de los ejes propuestos en el programa electoral del 2010 es larga, pero esa es otra historia que habrá de ser contada en otra ocasión, aunque baste ahora con recordar la renuncia a la consecución tanto de una gestión ágil y eficaz, como del equilibrio entre áreas de conocimiento, como se ve en la última convocatoria de plazas del programa ‘Ramón y Cajal’, contraria a lo que se había defendido durante años y afirmado en el programa del 2010 (pág. 14). No es cuestión menor que el proyecto del 2010 se apoyara, según ese mismo programa, en un equipo (págs. 5, 42-44); pero al menos siete miembros (entre adjuntías, direcciones y vicerrectorados) se han desligado de un proyecto, en el que se demostró que la imagen de grupo era sólo una estrategia para dar seriedad al proyecto y arañar más votos que las demás candidaturas. El silencio fue debido a un profundo sentido institucional, pero ese mismo sentido impulsó en otras ocasiones a una dura carta abierta, en la que se subrayaba que la acción de gobierno estaba respondiendo no a los intereses generales, sino a ‘decisiones unilaterales, interesadas o intervencionistas’ (Fernández Morante, noviembre 2012).

No fue el cansancio ni en la defensa de la palabra comprometida ante la comunidad universitaria, ni en la constante reclamación de que se cumpliera lo acordado, lo que nos movió a presentar la renuncia, sino el límite donde cada uno puso su dignidad personal ante una forma de gobernar errática en la que sólo imperaba la razón del ‘ordeno y mando’, tan voluble como el viento o variable como las fases de la luna. En unos casos fue el insulto en privado, en otros la desautorización en público, en otros ir deshaciendo con nocturnidad y alevosía lo que se había hecho de día con acuerdos legítimos en comisiones, en otros tardar más de nueve meses en dar una autorización para así hacer recaer sobre el responsable del ‘negociado’ la imagen de dejadez o incapacidad, o enviar a un miembro del equipo con una propuesta a una reunión para después hacer todo lo contrario, dejándole a los pies de los caballos de la desacreditación. Los que conocían los antecedentes de esa forma de actuar, estaban convencidos de que los que llevábamos tanto tiempo colaborando juntos la habíamos frenado. Craso error, porque ese modo de actuar no la habíamos visto jamás!

Ante este panorama sólo quisiéramos hacerle al posible candidato a rector-mártir tres cuestiones: para intentar volver a ser elegido, ¿va a renunciar a su supuesta independencia y aglutinará a miembros de antiguas plataformas?; su futuro programa electoral ¿cuánto tiempo tardará en incumplirlo?; sobre su posible equipo ¿cuánto tiempo tardará en dinamitarlo? Sin duda alguna ese futurible candidato está en todo su derecho a presentarse, pero carece de credibilidad.

José Carlos Bermejo Barrera: Cuatro rectores y una universidad: Santiago de Compostela

José Carlos Bermejo Barrera: Cuatro rectores y una universidad: Santiago de Compostela

Los grandes nos parecen grandes

solo porque estamos de rodillas.

¡Pongámonos de pie!”

Cit. K. Marx y F. Engels,

La Sagrada Familia, Madrid, Akal, 1977, p. 108.

Solían algunas viejas universidades situar en sus claustros los llámados Víctores o retratos de aquellos que habían sido sus rectores o sus más eminentes profesores. Esta tradición continúa en la Universidad de Santiago, que suele estar a la vez orgullosa de su pasado escasamante glorioso, a la vez que sienta las bases para destruir las posibilidades de reconstruir ese mismo pasado de un modo crítico. En esto sólo es fiel seguidora del paso marcado por los gobernantes centrales, autonómicos y la sociedad gallega en general y en esto también ha aportado su contribución a la construcción de un gran muro de silencio, tras el que se amparan la mayor parte de sus miembros, incapaces de sacar a la luz o impotentes para ello, un discurso que les permita ser conscientes de su propia situación institucional y del lugar que las universidades ocupan realmente en el mundo de la producción económica, la realidad social o la vida política.

Yacen cuatro retratos de los últimos rectores en el silencio del claustro del Pazo de san Xerome, una sede del rectorado de la universidad de Santiago, que a la vez de poseer el calificativo de Palacio está también bajo la advocación del santo que tradujo la Biblia al latín creando la versión única y obligatoria del texto más sagrado del Occidente cristiano para decenas de siglos, lo que podría interpretarse alegóricamente más que como una coincidencia.

Como modesto cronista trazaré a continuación una imagen histórica de esas cuatro personas que gobernaron mi universidad desde hace treinta años con la tranquilidad de saber, fuese cual sea el resultado, que su imagen siempre quedará mejor parada que la que reflejan sus retratos, de los que lo único que se puede decir con seguridad es que no pasarán a ser parte de la Historia del Arte. Con ello intentaré contribuir a que se puedan dejar de oir en el futuro en Santiago los sonidos del silencio que hace ya más de cuarenta años habían descrito Simon y Garfunkel.

Los sonidos de silencio

¡Hola oscuridad, mi vieja amiga¡,

otra vez vuelvo a hablar contigo,

porque una visión que reptaba suavemente

me dejó sus semillas mientras dormía,

y esa visión que se me grabó en la cabeza

aun perdura

en el sonido del silencio.

Caminaba solo en mis pesadillas

Por callejuelas de adoquines

Y bajo el halo de una farola,

Entre el frío y la humedad me subí el cuello

Cuando mis ojos se cegaron por un resplandor de neón

Que atravesaba la noche,

Y sonó el sonido del silencio.

Bajo la luz desnuda ví

A diez mil personas, quizás más.

La gente hablaba sin decir nada

Y oía sin escuchar,

Y escribían canciones que nadie compartía

Y que a nadie le importaban

Interrumpiendo el sonido del silencio.

“¡Estúpidos!, les dije, ¿es que no veis

que el silencio está creciendo como un cáncer?

¡Escuchad lo que os quiero decir,

coged los brazos que os extiendo!”

Pero mis palabras cayeron como silenciosas gotas del lluvia

Resonando en los pozos del silencio.

La gente se inclinaba y rezaba

Al dios de neón que ellos mismos se habían hecho.

Y el luminoso iba formando un anuncio,

Que con sus luces decía:

“Las palabras de los profetas

están escritas en las paredes del metro

y en las vallas de los solares”

Y así susurraba en los sonidos del silencio.

(trad.J.C.Bermejo Barrera).

Xosé Luís Barreiro Barreiro: O Proceso de Boloña: “Crónica dunha morte anunciada”

Xosé Luis Barreiro BarreiroXosé Luís Barreiro Barreiro: O Proceso de Boloña: “Crónica dunha morte anunciada”
Xosé Luís Barreiro Barreiro é Catedrático de Filosofía da Universidade de Santiago de Compostela

"Dicía Hegel que non hai resultado sen proceso. O proceso foi como foi, e o resultado é/será para a Universidade pública -tal como foi anunciado ao inicio desta intervención -tomando prestado o título da novela de García Márquez-, a Crónica dunha morte anunciada. Ora ben, quixera trabucarme. Adoitase dicir que ‘mentres hai vida, hai esperanza’. O proceso ‘definitivamente’ aínda non rematou. Ata aquí, pois, ata o día de hoxe, a ‘miña crónica’ -que non é outra cousa que crónica-, con certo sabor de canción triste, con evidente perda da inocencia, e con escasa esperanza".

Así remata o profesor Barreiro - universitario, mestre e amigo bo e xeneroso - a súa lúcida e sentida crónica do Proceso de Boloña que conducíu á Universidade ao seu actual estado agónico.

Distribuir contido