Novas USC

Novas da Universidade de Santiago de Compostela

José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca y la Comuna de París

José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca y la Comuna de París

El alzamiento en armas de la ciudad de París en el año 1871 fue considerado por Marx y Engels como el primer episodio revolucionario que habría de marcar la senda de las posteriores revoluciones. La ciudad pasó a ser controlada y autogestionada por la Comuna, hasta que sus miembros fueron aplastados, aniquilados o enviados a la cárcel o al exilio. Un siglo después París vivió la primavera de mayo, un movimiento estudiantil que conmocionó a toda Francia, pero que, siguiendo una de sus consignas según la cual debajo de los adoquines estaba la playa, se acabó al llegar las vacaciones, como ocurre también en este momento.

La USC, una universidad de verdad, pero que ha tenido y tiene dirigentes que no parecen querer comprender que una institución pública tiene una lógica y unos fines concretos y se asienta en un sistema de valores propio, se enfrenta por primera vez al hecho de tener que asumir un recorte salarial obligado por la Xunta, y que, de acuerdo con el art. 82-x de sus estatutos debería decidir su Consello de Goberno, pues le corresponde “aprobar as normas e procedementos para o desenvolvemento e execución orzamentaria, no marco do establecido pola comunidade autónoma”. Sin embargo, tras no lograr sucesivas veces la aprobación de sus presupuestos y tras realizar un viaje de circunvalación por los centros de su universidad, el rector y su equipo de gobierno dedicieron llevar este espinoso asunto, capaz de suscitar la ira del santo Job, a la mesa sindical, en la que no mostraron ninguna voluntad de negociar y en la que los sindicatos tampoco parecen haber sido capaces de dar un respuesta coherente, siguiendo su habitual trayectoria. Ante unos cálculos ya precocinados en medio de dudas legales, falta de datos, por carecer la universidad de una auténtica contabilidad analítica, y pareciendo querer aceptar que el recorte lo acabaría haciendo el equipo rectoral sin un debate serio en el Consello de Goberno, en el que perdería casi seguramente todas las votaciones sobre el tema, algún sindicato y persona, cuyo nombre ha de figurar en las actas correspondientes, propone jubilar a los profesores funcionarios a los 65 años, aunque sabe que no se puede hacer y es ilegal; en otro caso se propone la insumisión, no se sabe si porque algún miembro de la mesa piensa negarse ahora a hacer la mili, o porque se piensa resucitar la Comuna parisina, en un univerisdad cuyo movimiento estudiantil fue desmovilizado durante los años del bipartito, por parte del partido que lo sustentaba y algún que otro miembro del equipo rectoral que llegó a convencer a sus bases de las excelencias del llamado Proceso de Bolonia.

José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca: diálogos en el limbo

José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca: diálogos en el limbo

Al acabar el siglo XVI, en el que se fundó la Universidad de Santiago, Martín González Cellórigo, un médico vallisoletano, describió así a los profesores y habitantes de su ciudad, que había sido capital del Reino hasta hacía poco: “una república de hombres encantados que viven fuera del orden de la naturaleza” (Memorial de la política necesaria y útil restauración de España). Y es que Valladolid había conocido un desarrollo urbanístico y artístico sin precedentes por ser capital, sede del Tribunal del Reino y poseer más de 40 conventos y una universidad que le proporcionaron ingresos tan copiosos como efímeros. Algo así como lo que le ocurre ahora a nuestra ciudad: administrativa, religiosa y universitaria. Cuando solo se vive del dinero público, que proviene del trabajo real en la economía productiva, se corre el riesgo de perder el contacto con la realidad y de vivir en un mundo encantado en el que nada llega para satisfacer las ansias de prestigio en cada campo. Las universidades públicas españolas, que llevan a cabo una labor docente e investigadora estimable, han corrido el riesgo, desde que se proclamó su autonomía académica, de perder pie en el mundo real. En ellas se ha llegado a creer que todo es posible, que de todo se sabe, y que de todo se puede opinar. Y así grandes o pequeños especialistas suelen sentenciar sobre economía, política o lo que sea afirmando que de un determinado tema en concreto no saben mucho, pero que en su campo, por ejemplo, lo que se valora es tal o cual revista o tal y cual mérito, que pasan así a considerar de valor universal.

José Carlos Bermejo Barrera: ¿Qué le pasa a Fonseca?

José Carlos Bermejo Barrera: ¿Qué le pasa a Fonseca?

Decía I. Kant que nada bueno puede hacerse con el fuste torcido de la humanidad, pues los seres humanos somos socialmente insociables y vivimos en un equilibrio precario entre nuestros intereses y la aceptación del bien común, regulada gracias a la existencia de las leyes. Siguiéndole podríamos ahora hablar del fuste torcido de la universidad, pues muchos profesores parecen creer que a ella nada le deben, porque cada uno de ellos es muy importante. Por eso abusan de los pronombres personales y siempre dicen yo, lo mío, para mí, hablen de lo que hablen.

La USC está ahora en un proceso de crisis institucional, debido a la falta de un proyecto colectivo y a la pérdida de sus valores propios. Todo comenzó con el nacimiento de la democracia. Gracias a ella las universidades crecieron, se dotaron mucho mejor económicamente, incrementaron su nivel docente e investigador y pasaron a ser equiparables a otras universidades europeas de nivel medio. Sin embargo en su seno anidaban graves contradicciones. La primera de ellas fue creer que su autonomía docente e investigadora las convertía en miniaturas del cuerpo político, que eran nacioncitas con sus miniparlamentos, sus pseudo partidos y que en ellas todo tenía que ser representativo y votable. Sus profesores, además de enseñar e investigar, tendrían también que negociar, pactar, captar votos, formar grupos e intentar estar siempre presentes en los medios de comunicación con sus declaraciones altisonantes.

José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca: un rectorado para el olvido

José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca: un rectorado para el olvido

Decía San Agustín, un gran conocedor del alma humana, que todos estamos divididos entre la pasión por el saber y la pasión por dominar. Y a esa pasión llamó libido, un término que otro gran conocedor del alma humana, Sigmund Freud, consagraría en su psicología. Un gran especialista en el estudio de los profesores universitarios, Pierre Bourdieu, utilizó estos dos polos del alma agustiniana como la clave para entender las comunidades académicas y sus contradicciones internas. Y es que cada profesor oscila entre su pasión por el conocimiento y su pasión por el gobierno. Es muy difícil equilibrar estos dos impulsos, y por esa razón muchas veces grandes científicos han sido pésimos administradores, y excelentes administradores no destacaron precisamente por su altura científica. Pues la virtud clave del buen gobernante, según decía el viejo Aristóteles, no es tanto la sabiduría como la prudencia.

Juan Casares Long retornó a Santiago trayendo consigo un gran prestigio como ingeniero químico, habiendo ejercido su profesión en lugares tan importantes para esta industria como los países del Golfo, y como muchos profesores, quiso aunar su labor como científico con su labor como administrador académico. Llegó el rector Casares a Fonseca tras unas complejas elecciones en las que compitió con otros seis candidatos, de diferentes características. Había una ex conselleira dispuesta a descender en la escala jerárquica, dando a entender que a la hora de ejercer un cargo podía servir a la vez para un roto o un descosido. También había un vicerrector del equipo del rector Senén Barro, que parecía querer dar a entender que no había conocido al rector anterior y que él no tenía ninguna responsabilidad en la compleja situación en la que se encontraba la USC. Junto a ellos había otros profesores y profesoras, todos ellos muy competentes en sus campos, una de ellas con una gran experiencia administrativa, y los restantes con alguna o ninguna.

En una segunda vuelta regida por la compleja matemática electoral, resultó elegido Juan Casares Long, queriendo transmitir un mensaje de reconstrucción de la vida y el gobierno universitarios, necesario tras unas largas etapas en las que, bien o mal, habían estado en manos de grupos muy definidos. Fue quizás un cierto cansancio, del que se resiente cualquier largo gobierno, el que llevó a muchos votantes a inclinarse por su candidatura, pensando quizás que con ella llegaría una cierta transparencia y equidad que algunos estaban echando de menos.

Desde el comienzo de su gobierno, estas esperanzas formuladas con el poco acertado lema de “Retorno a las esencias”, se vieron poco a poco defraudadas, a partir del momento en que varias personas que habían sido sus principales apoyos y compañeros en las lizas académicas durante los años de oposición, fueron abandonando el equipo rectoral, un equipo que parecía que el propio rector quería hacer trizas. Dejando atrás a su equipo y sus apoyos, intentó buscar alianzas con las personas y los grupos a los que había criticado, y elementos claves de su discurso académico en relación con temas como el Campus Vida cambiaron rápidamente de sentido. Si a esta marcha atrás en sus planteamientos y sus propósitos unimos una trayectoria errática en sus orientaciones y sus decisiones, llegaremos a la complejísima situación en la que ahora se encuentra la USC.

Enfrentándose a una importantísima deuda, de la que él no fue responsable y de la que nadie quiso hablar en la campaña electoral, su capacidad de maniobra estaba desde un principio muy limitada. Y, al cortar amarras con quien lo apoyaba, y no conseguir que los cabos lanzados a quienes se oponían a él se fijasen al muelle, poco a poco fue complicando su mandato hasta el punto de no conseguir aprobar sus presupuestos, ganándose la enemistad, justificada o no, de casi todos los sectores académicos.

Ahora, solo entre aquellos con los que se enfrentó, y sin tener casi el apoyo de quienes eran sus bases, le toca al rector Casares bailar con la más fea y tener que hacer, sí o sí, los recortes que sucesivamente irán cayendo sobre las universidades españolas, a la vez que en ellas se va liquidando todo el sistema electoral y de gobierno que hizo su candidatura posible. Cuando acabe su mandato, que no está dispuesto a acortar, quizás haciendo gala del significado de su segundo apellido, probablemente no quedará de sus cuatro años de gobierno nada bueno ni nada malo de lo que pueda hacerse personalmente acreedor. Su nombre y su recuerdo se borrarán en la memoria académica como el viento borra las huellas de los caminantes en las arenas del desierto desde el que llegó a Santiago.

José Carlos Bermejo Barrera: Groucho Marx en Fonseca

José Carlos Bermejo Barrera: Groucho Marx en Fonseca

Desaparecido K. Marx del panorama académico, y con él lo que de su legado es ya sentido común, como saber que la economia puede determinar a una sociedad, llevándola a la ruina o garantizando su tranquilidad, y que los intereses sociales suelen ser antagónicos, y que para defenderlos se pueden tramar falsas teorías o simplemente mentir, ya solo nos queda como principal referente universitario su pariente Groucho. Hizo Groucho Marx una memorable aportación al derecho cuando leyó el contrato que decía: “La parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte”, dejando claro lo que de absurdo y redundante puede tener a veces el lenguaje legal. Si las normas académicas solo fuesen redundantes, sería un mal menor, porque además pueden llegar a ser inútiles y estar dictadas para quien no procede y para los casos contrarios a los que se pretenden aplicar.

Solían los curas reñir el domingo a quienes asistían a misa, diciéndoles que otros muchos fieles no acudían, equivocándose de este modo en el destinatario de su reprimenda. Me contaba un colega, que tuvo la suerte, ya hace años, de librar de la mili por bajito, un caso similar. En Madrid, un poco avispado sargento quiso clasificar a los inútiles para el servicio haciendo tres formaciones. En la primera, quiso agrupar a los sordos llamándolos a gritos. En la segunda, a los ciegos, dándoles órdenes por señas. Y en la última, a los locos, ordenándoles imperativamente formar. Cosas similares se dan en nuestra universidad, inagotable generadora de normas inútiles y redundantes. Así, en algún caso y con el fin de combatir el absentismo de algún que otro profesor, se ordena que el profesor que da su clase firme en el aula que la imparte, lo que solo puede hacer evidentemente si ya la está dando. De este modo, “los profesores contratantes de la primera clase serán considerados como los profesores contratantes de la primera clase”. Así, los profesores cumplidores, que son mayoría, se convierten en sus propios vigilantes. No debería ser así, porque todo el mundo sabe si un aula está llena o vacía. Los responsables de controlar la asistencia deberían saberlo, pero si son ellos los que no están, entonces tienen que promover normas redundantes como ésta.

José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca y las calificaciones secretas

José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca y las calificaciones secretas

Fue Alejandría una de las grandes capitales del mundo antiguo. En ella estaban su gran Biblioteca y su Museo y una tercera parte de su población era judía. Uno de los reyes griegos de Egipto, que seguían siendo faraones, decidió un día que, como los judíos de Alejandría ya no hablaban hebreo, sino solo griego y arameo, deberían tener un versión de su libro sagrado en el idioma helénico. Por ello, dice la leyenda, decidió encerrar a 70 sabios en sendas habitaciones y les ordenó redactar de memoria todo el texto del Antiguo Testamento, advirtiéndoles de que no podrían salir hasta haber acabado sus deberes. Concluidos éstos se vió que los 70 textos no se diferenciaban ni en una coma - los griegos dirían una iota suscrita-, gracias la inspiración divina.

Podríamos pensar que este rey fue el inventor de la llamada evaluación a doble ciego, según la cual si dos expertos aislados dicen que un trabajo es cierto es que lo es, aunque el rey hizo las cosas a lo grande y en vez de 2 revisores del texto puso a 70. Quizás el destino de esos 70 sabios encerrados en sus despachos por orden de un rey autoritario sirva hoy como metáfora de la situación de los profesores universitarios: aislados, sometidos a los caprichos de quien manda, y a la espera de que la historia se repita de nuevo y vuelva a dejarlos sin recursos, tal y como ocurrió después en Alejandría cuando un califa decidió quemar todos los libros de la antigua biblioteca porque pensó que si decían lo mismo que El Corán eran inútiles y si decían lo contrario es que eran falsos. Si cambiamos el califa por algunas de nuestras autoridades expertas en inculcar el odio a los libros y responsables del hundimiento de las bibliotecas universitarias en todo el mundo, podríamos imaginarlas diciendo que los libros sobran porque todo lo que dicen ya está en internet o en la wikipedia y por eso podemos dejarlos morir lentamente entre el moho rancio del pasado.

Son nuestras universidades víctimas de un delirio burocrático que las lleva camino a la ruina académica. Todo en ellas se tiende a convertir en burocracia y el método científico parece querer transmutarse en procedimiento administrativo, pues todo ha de seguir la lógica funcionarial. Hay en ellas unos pocos profesores muy destacados, un gran núcleo de buenos profesionales y una minoría de profesores mediocres. Lo mismo ocure con sus funcionarios y trabajadores de todo tipo. Como responsable diez años del gobierno de una facultad, puedo dar fe del buen hacer de funcionarios y personal de servicios, así como de su calidad humana, en ocasiones extraordinaria, estando muy orgulloso de su amistad, y por ello no quiero que se interprete lo que digo como ejemplo de corporativismo sino como muestra del colectivo asalto a la razón. Y otra vez en el caso de la tesis doctorales.

La Universidad de Santiago, un polvorín

La Universidad de Santiago, un polvorín
Docentes, investigadores, estudiantes y PAS llaman a hacer un "frente común" para frenar los recortes presupuestarios impuestos por la Xunta
Acusan al rector de mantener una actitud "irresponsable" y de incumplir acuerdos previos y su propio programa electoral

El proyecto de Presupuestos para 2013 va a suponer un recorte en la financiación de las universidades gallegas de casi 22 millones de euros y el consejero de Educación ya les ha advertido a las universidades que debían escoger entre recortar los salarios a los docentes o mantener las remuneraciones, pero despedir profesorado.

Los cálculos realizados por la CIG indican que el recorte salarial previsto del 5% no será suficiente, y dejará el desajuste presupuestario en nueve millones de euros, por lo que según el sindicato "tal desajuste se podría traducir en unos 250 despidos de PAS y PDI así como en mayores recortes salariales". También se ha alertado de que los recortes en la financiación supondrán una muy importante subida de las tasas universitarias, unos ingresos que además no servirán para mejorar la calidad de la enseñanza, sino que serán destinados directamente al pago de la deuda.

Este miércoles nuevamente representantes de la comunidad universitaria han denunciado que la "no apuesta" de la Xunta "por la sociedad del conocimiento y por la I+D+I" va a provocar un gran perjuicio tanto a estudiantes, como a personal docente e investigador, como al personal de administración y servicios.

Han denunciado en este sentido que la política de la Xunta parece destinada a promover el desarrollo de un sistema universitario privado al elevar los precios de matricula de los centros públicos y rebajar su calidad hasta los niveles de la privada. También se critica "el desnorte" de algunas medidas apuntadas por la Xunta para reducir los costes, como por ejemplo la eliminación de los complementos autonómicos de los sueldos del profesorado, "con lo que se perjudica a aquellos docentes con mejor productividad", señaló la profesora Alba Nogueira.

Los representantes de los trabajadores volvieron a alertar de que los recortes en la financiación podrían significar 115 despidos en la USC, pero recordaron a este respecto que desde 2010 la universidad ya ha prescindido de más de 600 trabajadores, entre la no renovación de contratos de investigación, jubilaciones no cubiertas o la supresión de puestos de profesorado asociado. Antonio Pérez Casas, del colectivo de PAS A Trabe, denunció que el trabajo de esas 600 personas tuvo que ser asumido por el resto del plantel y que significó un esfuerzo extra para todos ellos y también una merma de la calidad de la enseñanza y de la investigación en la USC. Añadió que "todos estos esfuerzos económicos sólo sirvieron para financiar a la Xunta de Galicia, y ni un solo euro sirvió para mejorar el servicio público o para reducir la deuda".

Todos los colectivos que integran la comunidad universitaria de la USC son muy críticos con el rector Juan Casares y califican su actitud como "irresponsable". Lo acusan de acatar el bloqueo presupuestario y de limitarse a negociar el lugar en el que efectuar los recortes, en vez de denunciar la posición de la Xunta y el incumplimiento del plan de financiación universitaria por parte del Gobierno gallego. Creen que estudiantes, profesorado, investigadores y PAS deben trabajar unidos en la defensa de la universidad pública y concienciar al conjunto de la ciudadanía "de que esta es una batalla que hay que dar ahora". Y animan el rector a ponerse a la cabeza de esta reivindicación. "Podemos tener un conflicto e incluso problemas de tesorería", dice Pérez Casas, que añade: "Bienvenidos sean si con eso conseguimos salvar la universidad pública".

De momento los estudiantes siguen encerrados en la Facultad de Historia y alrededor de 200 PAS acaban de comenzar un encierro indefinido en el edificio de la Balconada, que acoge algunos servicios administrativos de la USC. El martes, cuando está previsto que el Parlamento apruebe los Presupuestos, llevarán la protesta hasta el Hórreo.

El Diario, 23/01/13

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José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca y el desbarre legal

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Son las universidades una parte, sin duda importante, del mundo que las rodea. A él se deben y de él reciben lo mejor y lo peor, aunque es su especial deber servir como orientadoras de la opinión. En el campo del derecho vivimos una situación magistralmente analizada por el profesor Alejandro Nieto en sus libros de los años 2008 y 2010, que define como “desgobierno de lo público”. Parte esencial de él sería la multiplicación hasta el infinito de decretos y normativas cada vez más alambicadas que no solo contradicen leyes superiores, sino que se contradicen entre sí, dando a quien gobierna una discrecionalidad que podría decirse que pone en peligro el propio estado de derecho. Como no podía ser menos, las universidades están siendo afectadas por este mismo mal, como ahora veremos.

Conviene comenzar por aclarar que en el derecho administrativo se regulan dos clases de órganos de gobierno: los unipersonales y los colegiados. Cada órgano posee las competencias que la ley le asigna, y no puede excederlas ni invadir las de otros órganos, teniendo siempre que respetar el conjunto de las leyes vigentes. Pues bien, dice la Ley de Universidades, y así recogen los Estatutos de la USC, que los estudios de doctorado son competencia de los Departamentos, y que los títulos de validez estatal, como el de Doctor, tienen que ser impartidos por centros que han de ser facultades, escuelas técnicas, departamentos o institutos de investigación.

Sin embargo, el 10 de febrero de 2011 el BOE publica un Real Decreto que viola la Ley de Universidades, por el que se pueden crear las Escuelas de Doctorado, que dejarían sin competencias en materia de enseñanzas de doctorado a sus legítimos dueños: los departamentos y centros que la Ley dictamina. Las Escuelas de Doctorado tienen una lógica y un sentido. Sus protagonistas son los grupos de investigación de excelencia, que poseen muchos recursos y se agruparían en los Campus de Excelencia. Ellos organizarían los estudios, gobernarían las nuevas escuelas, tras ser aprobadas por los Consejos de Gobierno de sus universidades. Y estos grupos deberían asociarse con sus afines, buscar recursos y establecer lazos con empresas. En este modelo el doctorado pasaría a ser priorizado en muy pocos campos de conocimiento y dejaría de ser un café para todos. Todo lo que es muy discutible.

Alba Nogueira: As Universidades ao pé do precipicio

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Logo de varios anos de recortes orzamentarios que teñen colocado ás universidades e á investigación realizada desde o seu ámbito (sobre o 60%) nunha situación difícilmente reversibel, o esganamento orzamentario  compleméntase con durísimas medidas de selección do alumnado e redución do persoal.

As enormes diminucións orzamentarias nos fondos dedicados á universidade dentro do plan de financiamento na última lexislatura provocaron despidos e que non se renovaran contratos, severísimas reducións do gasto corrente ou diminucións escandalosas de compra de libros e de suscripción a revistas científicas que levaron mesmo a cortar a continuidade de coleccións que nin a guerra civil fora quen de romper.  Sen convocatorias de proxectos de investigación autonómicos e coas de persoal investigador (en formación, técnicos ou doutores) como unha caricatura do que foron algún día, a investigación estáncase.

A burbulla orzamentaria, comezada nos últimos mandatos do PSOE e mantida polo PP, cun financiamento da investigación cada vez máis polarizado cara os créditos á investigación, conduciu ás universidades a un endebedamento irresponsabel nunha carreira sen saída de infraestruturas, campus de excelencia e demais artefactos ligados á moda do emprendemento. Pincha agora coa crise e unha boa parte dos fondos de investigación (o 40% no último exercicio) quedan sen gastar precisamente porque non hai centro público de investigación que poida achegar a parte coa que debería complementar o orzamentado e financiar os intereses.

Fálase igualmente de reducir aínda un ano máis as titulacións -tres anos- nunha lóxica clara de redución da formación do estudantado e apertura dun mercado para os masters, cada vez máis selectivos económicamente debido á enorme subida das súas taxas e nos que, ademáis, concentra a súa oferta unha boa parte dos centros de ensino privados.  Con solícito apoio de gobernos autonómicos, como os de Madrid ou Murcia, que brindan edificios públicos, axudas e apoio á implantación de universidades privadas.

José Carlos Bermejo Barrera: Gestión honoris causa: recetas para un doctorado

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Fue en la Sorbona medieval donde se creó el procedimiento para conceder el doctorado. En él un candidato debía desarrollar una tesis por encargo y bajo la dirección de su maestro y defenderla públicamente de toda objeción posible ante el cuerpo de doctores, garantes de la validez del texto propuesto por el aspirante. Desde entonces el doctorado, máximo grado académico, ha estado siempre bajo el amparo de la responsabilidad y el conocimiento de los especialistas, únicos garantes posibles de su calidad. Ahora, sin embargo, las cosas han cambiado. Los profesores de las universidades tenemos la impresión, muy bien fundada, de vivir bajo continua sospecha y ser culpables de algo hasta que demostremos nuestra inocencia ante otros profesores, evaluadores o burócratas que ejercen algunas competencias que les dan las leyes y se atribuyen alguna que otra a mayores en muchos casos, y entre ellos la del doctorado.

La elaboración de una tesis supone un trabajo arduo, que requiere la dirección de un profesor experto y muchas veces medios materiales cuantiosos. Doctorandos y directores trabajan, muchas veces de modo desinteresado, para lograr honradamente algún resultado científico, que unas veces rentabilizan en su curriculum y muchas otras no. Cuando se termina el trabajo, después de ser aprobado el proyecto, tras pasar el filtro del departamento competente y cumplir varios requisitos formales, la tesis ha de pasar varios filtros: se deposita en ese departamento y sus doctores pueden consultarla y, en caso de que observen algo incorrecto o irregular, impugnarla. Luego, siguiendo un poco el trámite medieval, pasa a poder ser consultada por todos los doctores de la universidad, que podrán impugnarla si tienen conocimientos y motivo para ello, y por último se defiende ante un tribunal de especialistas en público. Un tribunal siempre formado por un un número impar de miembros para evitar empates.

Está claro que si se diese el caso de que en una universidad sus profesores formasen un claustro de defraudadores científicos, sus tesis doctorales carecerían de valor, lo que quedaría patente cuando se publicasen y fuesen objeto de crítica por parte de verdaderos científicos. Sólo ellos podrían detectar el supuesto fraude y no los profesores que gobernasen esa universidad, ni sus funcionarios, puesto que no tendrían conocimientos ni competencia para identificar fraudes y defraudadores, por muy perfeccionados que fuesen sus procedimientos. No es esto lo que parece deducirse de las normas vigentes en la Universidad de Santiago en este tema: unas normas prolijas hasta la obsesión y basadas en la idea de que doctorandos y directores de tesis pueden ser siempre sospechosos de fraude científico- al igual que ocurre en las demás universidades españolas-, como veremos a continuación.

Pasados los filtros reales de los departamentos, el director ha de proponer al organismo correspondiente el nombre de diez especialistas, razonando su competencia y méritos, tras consultarlos, pues participar en el tribunal de una tesis es voluntario y no tiene remuneración alguna, y teniendo que decirles que los propone pero que a lo mejor no han de juzgar la tesis ni como titulares ni como suplentes, siendo sólo sobreros. De ellos, la autoridad competente, pero no especialista en el tema, seleccionará a cinco titulares y dos suplentes, que tendrán que hacer informes previos a la lectura de la tesis, pudiendo impugnarla de nuevo, aunque los suplentes no vendrán a la lectura y harán el trabajo gratis et amore. Todo ello en vez de proponer tres miembros y un suplente, como se hace en la mayor parte de las universidades.

Por si todo esto fuera poco, se ha de tener en cuenta que el tribunal sea paritario en el número de especialistas y especialistos, como si en un mundo en el que se publican más de 3.000.0000 de artículos científicos al año, en todos y cada uno de los miles de campos posibles, a priori hubiese el mismo número de hombres que de mujeres; y como si fuese posible que un número impar se dividiese en dos números pares. Dice Goldbach que todo número par es la suma de dos primos; en el doctorado santiagués parece que lo que se quiere es que primos sean los directores de tesis. Ya que además deben tener en cuenta que los gastos de desplazamiento, alojamiento y manutención de cinco profesores en 2 o 3 días no superen los 800 euros. Podríamos pedirle a nuestro supercomputador que resuelva este problema:

Hallar los nombres de un par de mujeres sabias que, sumado a un número par de hombres sabios, dé un número impar de sabios igual a 5, teniendo que vivir todos ellos a una distancia de Santiago tal que puedan ir y venir a nuestra ciudad a hacer un trabajo gratis, y pernoctar en ella dos días por el máximo de 800 euros.

Si Ud., esforzado profesor, no es capaz de hallar la solución, repase la normativa.

José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca: fin de un sistema

FonsecaJosé Carlos Bermejo Barrera: Fonseca: fin de un sistema

Saben bien los juristas que la función de las leyes no es crear el mundo de la nada, como Dios hizo en el Génesis, sino regular la realidad de tal modo que en ella se puedan minimizar los conflictos. Las leyes son textos genéricos que se aplican en circunstancias concretas, por eso el derecho real no es el que está escrito, sino el que se aplica realmente. Y un sistema legal no es tal si pierde la credibilidad, es decir, si la mayor parte de la gente cree que en realidad ya no se aplica. En general en España y en concreto en sus universidades es esa credibilidad la que se está perdiendo, dando lugar a una sensación colectiva de descrédito y desencanto y suscitando el presentimiento de que se avecina una catástrofe.

Y es que en el momento presente da la impresión de que la única ley que siempre se cumple en las universidades es la ley de la gravedad, pues las leyes genéricas que les conciernen se desarrollan sin cesar en docenas de normativas y reglamentos en los que los legisladores se convierten en jueces, los jueces piden leyes hechas a la carta, y son a la vez parte y todo, encausados y sentenciadores de sí mismos, razón por la cual en las universidades nadie es responsable de nada y todo el mundo no es sólo inocente, sino que además hace que su caso particular se eleve a la categoría de doctrina.

La aplicación de las leyes se llama legalidad, pero como puede hacerse de múltiples modos, a veces quien la aplica puede perder la legitimidad y con ella su credibilidad ante la opinión públlica, si es que la opinión pública puede expresarse libremente. En las universidades españolas ya no hay opinión pública, sino que más bien reina una omertá napolitana ante los machacones mensajes de sus equipos de gobierno, obesionados por demostrar el prestigio de sus instituciones a base de índices elaborados en la China, o más allá. Esos mismos equipos que niegan que las universidades tengan otro problema que la falta de dinero, y que quieren hacer creer a la opinión pública que el dinero invertido en sus instituciones incrementa la riqueza del país, además de sus libros de contabilidad. Dicen que cuanto más se investiga más rico se es y menos paro hay, cuando en realidad lo que ocurre es que quienes más investigan son los que ya eran ricos, y como sus países son más ricos tienen también menos pobres y consecuentemente menos paro, porque en ellos los bueyes suelen ir delante del carro y no detrás, como en España.

Ya se sabe lo que les va ocurrir a las universidades. Se subirán las tasas, en el caso gallego después de las elecciones, se diferenciarán las destinadas a la investigación de las de segunda categoría, se favorecerá la entrada de capital privado y se introducirá el principio de gobernanza, ya incluido en el proyecto de reforma de las enseñanzas medias. Esto último quiere decir que los rectores serán nombrados por la autoridad política, que ellos nombrarán decanos y directores de departamentos, que tendrán que reducir drásticamente sus megaequipos, pagar sus deudas, cortar sus gastos y despedir profesores contratados, administrativos y otro tipo de trabajadores. Para eso se les nombrará, no para que caigan simpáticos. Se incrementará el control sobre sus cuentas y cada vez podrán legislar menos a favor de su propia casa. Y todo se hará casi sin resistencia, pues los no afectados seguirán casi seguro en la omertá, los afectados se quedarán fuera, los nombrados para gobernar en un sistema con menos órganos colegiados se sentirán más fuertes. Y los investigadores privilegiados por el azar y la fortuna se sentirán también a salvo, mientras cumplan los índices que miden su calidad, que pueden modificarse en cualquier momento por parte de quien manda.

Algunos dirán que se acabaron la democracia y la autonomía, porque ya no se puede seguir legislando a demanda y decidir que se tiene derecho a ingresar lo que uno quiere gastar. Sus voces, deslegitimadas por los hechos, apenas tendrán eco en ese nuevo mundo de sálvese quien pueda. Pues les recordarán cómo se gobernaban las universidades con el absentismo generalizado en los órganos de gobierno, con el absentismo docente de parte del profesorado y el escaso peso investigador de otra parte, con la sensación general de que los obsesivos mecanismos de control no controlaban ya nada cuando los aplicaban unos cargos académicos de los que cada vez más gente quería alejarse. Un mundo en el que dio la impresión de que los mejores profesores acabarían siendo empresarios privados dentro de la instituciones públicas, pero siendo solo aprendices de brujo, como lo fueron dos grandes filósofos griegos cuando perdieron el sentido de su oficio.

En efecto, Platón, un rico terrateniente ateniense, quiso educar a los tiranos de Sicilia, y por eso creó una ciudad ideal para aplicarla experimentalmente. En su aventura acabó siendo vendido como esclavo por el tirano Dioniso, aunque pudo ser rescatado por su rica familia. Aristóteles, que formó parte de la corte del rey de Macedonia, también acabó siendo un títere del juego de los poderosos y murió en el exilio, acogido por otro tirano, tras haber salido a duras penas de Atenas con su biblioteca a cuestas. Ambos fueron dos gigantes de la filosofía. A nosotros, los profesores de Fonseca, casi enanos a su lado, no nos va a tocar un mejor destino.

José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca y la muralla china

José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca y la muralla china

Construyeron los emperadores chinos una muralla que tenía como fin evitar que en su imperio penetrasen los bárbaros. Se hizo a mano, movilizando millones de personas en régimen de trabajos forzados, gracias a un sistema burocrático controlado por los mandarines, letrados y funcionarios, orgullosos de su saber, su eficacia y obsesionados con sus rituales y sus mecanismos de promoción profesional. Los filósofos chinos decían que el mejor gobernante es el que no gobierna nada, porque gobernar es siempre cobrar más impuestos, gastar más dinero y hacer obras, como la Gran Muralla, para mantener a un país aislado del mundo, como lo estuvo China hasta el siglo XIX, cuando los bárbaros ocidentales se infiltraron en el país desde el mar, haciéndola inútil.

Los estudiosos de la historia de las universidades bautizaron a sus profesores con el nombre de mandarines, es decir, letrados chinos, porque muchas veces, como ocurre ahora, creían poder estar al margen del mundo y sus turbulencias económicas, sociales o militares, a pesar de no ser más que frágiles peones en el juego del poder y de la historia, escondidos solo tras una muralla imaginaria. Los mandarines, chinos y académicos, creen tener un sistema racional y perfecto en el que todo está regulado en los papeles, en las normas y en los procedimientos burocráticos, no importándoles si ese sistema atenta contra el sentido común o niega la realidad. Como creen que su sistema es perfecto, todo tiene en él su razón de ser, todo está justificado por una normativa y ha de hacerse siempre de la misma manera, y cuanto más complicada mejor, porque así harán falta más mandarines para controlar la realidad y para espiarse a sí mismos. Esto es lo que está ocurriendo hoy en lo que los economistas y juristas llaman la universidad omniadministrativa. Una universidad también defendida de la realidad por una gran muralla y en la que la pasión por hacer obras y dictar normas infinitas salta a la vista.

Hay cosas dificiles de comprender para el común de los mortales, pero que en la universidad siempre tienen explicación. Pueden hacerse edificios que es necesario ampliar antes de su inauguración porque ya no sirven, como el caso de la Facultad de Física de la Universidad de Santiago, edificio del tamaño de un gran chalet cuya planta baja exenta tuvo que ser cerrada para acoger a duras penas a profesores y alumnos, teniendo que ser derivados departamentos a otro edificio que nació muerto, a pesar de su nombre, como fue el caso del hospital materno infantil, construido en el campus de Santiago, sin parking y casi sin accesos, y que por suerte fue reconvertido en residencia universitaria. También pueden hacerse facultades en las que no caben los libros disponibles el día de su imauguración, teniendo que reconvertir a toda prisa en depósito de la biblioteca lo que en plano era un garaje, el caso de la Facultad de Filología, cuyo rápido crecimiento hizo igualmente que su profesores acabasen por quedar amontonados en sus despachos. Hubo también proyectos faraónicos, por suerte no realizados, como la idea de situar el depósito de libros de la Facultad de Geografía e Historia en la planta noble y hacer aulas en un piso abuhardillado bajo cubierta. Y hay por suerte proyectos efímeros revisables, gracias al pladur y las mamparas que hacen que algunos edificios vayan cambiando sus paredes como si estuvieran vivos. Así se tabica y destabica, a pesar de la crisis, se cierran unos pasillos para abrir otros, para que quede eterna memoria de quien manda gracias a las murallas chinas de yeso y cristal.

Es difícil de explicar por qué se pretenden trasladar fotocopiadoras a los puntos más alejados de alguna biblioteca, o por qué se derriban los servicios de una planta con ocho aulas repletas de alumnos el día antes del comienzo de las clases. También lo es saber por qué las pruebas de acceso a la universidad se celebran quince después del comienzo del curso, o por qué un festivo como la inauguración del curso es laborable porque hay exámenes en un centro, o por qué el plazo de matrícula de algunas asignaturas se abre casi un mes después de su inicio. Naturalmente todo ello obedece a una razón, porque siempre hay una normativa que explica que es la realidad lo que está mal porque todo es perfecto e inmutable para quienes viven tras la Gran Muralla.

José Carlos Bermejo Barrera: La universidad de pocas luces

José Carlos Bermejo Barrera: La universidad de pocas luces

Santiago está que echa chispas desde que un juez imputó a un electricista del robo más espectacular de la reciente historia de la Catedral. Quizás por esta tendencia a reducirlo todo al campo del electromagnetismo, su universidad - en contra de lo que ocurría en los viejos comics cuando ante una nueva idea se encendía una bombilla sobre la cabeza del protagonista - ha decidido solucionar todos sus problemas apagando bombillas. Es posible que comenzase a agotar sus pilas cuando celebró su centenario con el lema: “Ahora Galicia Resplandece”. A lo que respondió modestamente la universidad de A Coruña incluyendo en su escudo el lema: “Con esta luz”, convencida quizás de que la Torre de Hércules habría de ser faro y guía de sus futuros miembros.

Sea como fuere, lo que es cierto en que en Santiago todas las medidas de ahorro que se toman en su universidad técnicamente en quiebra, asfixiada por su deuda y los costes financieros de la misma, son siempre para ahorrar luz. Para ahorrar luz se cerró tres días en Semana Santa y ahora quince en agosto. Para ahorrar luz se cambiará todo el horario de clases en el segundo cuatrimestre, comenzando a las 8:30 y acabando a las 19:30, apagándolo todo precisamente cuando los días comiencen a alargarse. Para ahorrar luz, no se sabe cómo, sus administrativos pasarán a trabajar de 9 a 17 horas y no de 8 a 15, como los de las restantes administraciones públicas; teniendo casi que comer en sus puestos de trabajo con una fiambrera, no sabemos si porque sus sueldos cada vez mas recortados ya no les den para otra cosa, o porque su universidad haya decidido regular ahora sus ritmos culinarios con este nuevo horario. Un horario, no anunciado con luz y taquígrafos precisamente, sino sacado a la luz pública antes de hablar con ninguno de los sindicatos que legalmente representan a sus trabajadores y funcionarios.

Todo es cuestión de luz en una universidad que es incapaz de aprobar su presupuesto, siendo responsables de ello tanto quienes la gobiernan como la oposición establecida dentro de las reglas del sistema, y que se gestiona sin presupuesto renovado. Todo es cuestión de bombillas en una universidad incapaz de aprobar la renovación de sus estatutos por estas mismas razones. Todo parece ser cuestión de luces en una universidad cuya única opción política es promocionar a los profesores de mayor edad a escalones docentes superiores, aun a costa, según el Ministerio de Hacienda, de reponer el 600% de sus jubilaciones frente al 10% permitido por la ley. Y en una universidad en la que no importa poner en la calle a investigadores jóvenes, a los que se les juzga con alambicadísimos baremos siempre cambiantes por quien convoca las plazas docentes para ellos.

Ya no hay más ideas, ni se encienden nuevas bombillas, pues se decide que todo siga igual y nada cambie cuando casi todo es insostenible. Quizás habría que reunir un consejo o senado de exrectores sabios y pedirle a Carlos Pajares que nos descubra la mínima partícula de la que se compone el euro, y así salir de nuestra penuria, a Ramón Villares que busque viejos documentos de históricos pelotazos que hayan sacado de la bancarrota a instuticiones en quiebra, a Darío Villanueva que nos patente alguna metáfora o metoniminia convertible también en euros y a Senén Barro que nos haga un programa informático que, desviando a nuestra cuenta los céntimos de las operaciones bursálites de un solo día de los “mercados”, nos permita de nuevo nadar en la abundancia. Y es que otras ideas no hay, las pilas se están agotando, las baterías nos muestran ya la señal de recarga cada vez más rápida. Quizás tampoco eso sirva ya y habría que recurrir a las energías renovables.

Inverno na USC

Inverno na USC

Duro inverno

O pasado día 23 de xullo celebrouse unha reunión do Reitor e membros do Equipo  de Goberno cos Decanos e Directores de Departamentos da USC.

A previsión de ingresos e gastos para o presente exercicio presenta un panorama desolador. Como as medidas tomadas ata o de agora para conter o gasto (retencións dun 25 % no capítulo II, Gasto corrente, dun 50 % no capítulo IV, Transferencias correntes, e dun 80% no capítulo VI, Inversións reais) non foron suficientes, contémplase agora a necesidade de reducir o gasto corrente en Subministracións (electricidade, gas, gasóleo, auga, ...), para o que se contempla a adopción de diversas medidas, entre as que se atopa a redución en dúas horas o horario de apertura dos centros.

O inverno será duro na USC.

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