Francisco Imbernón:
Una reforma ideológica
Francisco Imbernón es catedrático de Pedagogía de la Universidad de Barcelona.
El Gobierno presenta su reforma educativa en la línea de las propuestas que
lanzó antes de verano. Aunque abrió una consulta en la web, no ha habido el
debate que nos urgía, y en las conclusiones es fácil ver cómo el ministerio
lleva el agua a su molino. En los últimos 30 años España ha tenido tres
grandes reformas (LOGSE, LOCE y LOE), y cinco en 50 años. Mientras, los
países referencia por sus resultados académicos han mantenido sus grandes
leyes, y se han limitado a reformas parciales. Si en España fuésemos capaces
de consensuar una ley no necesitaríamos estos golpes de timón con cada
Gobierno.
La educación se asimila a ideología y las políticas educativas
son políticas ideológicas, no solo en los grandes temas (religión contra
ciudadanía...), sino en el currículum oculto (el determinismo social, el
autoritarismo, la selección…). En realidad, más que reformas educativas son
contrarreformas, hay que eliminar la herencia recibida, no importa que haya
sido un intento de innovación, y además se hace sin probar su invalidez. En
el sector eso genera desconcierto, desilusión, resignación y grandes acopios
de paciencia.
Esta reforma responde a un modelo ideológico: recentralización, aceptar
la educación diferenciada (para poder subvencionar a sus grupos de presión),
eliminación de la educación de la ciudadanía y sustitución por una
asignatura más afín a su ideología, la evaluación como medición, la
desconfianza en el profesorado, una menor participación de los padres y
madres, segregación temprana en la ESO, eliminación progresiva de la
comprensividad, movilidad forzosa del profesorado (con lo que cuesta
cohesionar un equipo docente)...
Este modelo defiende que el fracaso escolar se elimina con mano dura,
considera la evaluación un instrumento de selección y no de mejora, quiere
crear ciudadanos disciplinados que salgan bien en la foto PISA, persigue la
empleabilidad y no se hace garante de una cultura y una educación para
todos. Y todo ello se argumenta pero no se prueba, basta con pregonarlo.
Al Gobierno de Aznar se le quedó en el tintero y este no ha tardado en
presentar su proyecto, pues considera el sistema educativo un foco de
adoctrinamiento. Sin consenso ni debate, con una consulta mínima, lo peor
del anteproyecto es que no construye la escuela del futuro, sino que
recupera la mala escuela del pasado con alguna nueva idea interesante. A un
Gobierno se le pide que anticipe el futuro. Este no es el caso, por
supuesto.
El País, 13/09/12