Juan Gelman

Juan GelmanJuan Gelman es probablemente el más importante poeta vivo de Argentina. Nació en Buenos Aires, en el barrio de Villa Crespo en 1930, tercer hijo de inmigrantes rusos, José y Paulina. Aprendió a leer a los 3 años y pasó su infancia andando en bicicleta, jugando al fútbol y leyendo. A los 8 años se pasó la tarde leyendo Humillados y Ofendidos de Fedor Dostoeivski que le provocó una fiebre que le duró varios días. Durante su juventud, participó de diversos grupos y movimientos literarios. Ocupó importantes cargos como periodista. Con el advenimiento de la dictadura y debido a su militancia en la organización revolucionaria Montoneros (de la que se alejó por diferencias con la conducción) tuvo que exiliarse en distintos países de Europa y Latinoamérica. Durante la dictadura, fueron secuestrados y asesinados por el régimen militar su hijo Marcelo y su nuera Claudia, que se encontraba embarazada. Hace pocos años, y luego de años de intensa búsqueda, Gelman pudo reunirse con su nieta en Uruguay. Recibió en 1997 el Premio Nacional de Poesía de Argentina. Actualmente, Juan Gelman vive en México. (Wikipedia)

Juan Gelman: Los que cortan la pizza

Juan Gelman: Los que cortan la pizza

Bloomberg News, la multimillonaria agencia global de información financiera, ha revelado cuál es la entidad que gobierna realmente en EE.UU.: una suerte de administración secreta con sede en Washington/Wall Street que toma decisiones a espaldas de la opinión pública y de los legisladores estadounidenses y vuela muy por encimita de lo que se considera un sistema democrático. Tras largo insistir, la empresa consiguió la desclasificación de miles de documentos que la Junta de Gobernadores del Sistema Federal de Reserva (FED, por sus siglas en inglés) guardaba celosamente en sus archivos (www.bloomberg.com, 28-11-11). Tenía sus buenas razones para hacerlo.

“La FED y los grandes bancos lucharon más de dos años para mantener en secreto los detalles de la operación de rescate financiero más vasta de la historia de EE.UU.”, se precisa en la investigación de Bloomberg. “Una nueva visión de la crisis financiera de 2007-2009 –agrega– surge de las 29.000 páginas de documentos de la FED y de más de 21.000 transacciones bancarias, obtenidas en virtud de la ley de libertad de información.”

Un ejemplo: el programa de rescate bancario TARP, que el Congreso aprobara en el 2008, fijó en 700.000 millones de dólares la suma destinada a ese fin. La documentación desclasificada muestra que, en realidad, el monto fue diez veces superior: 7,77 billones de dólares. Ni un solo parlamentario conoció la información y menos el ciudadano de a pie. Esta financiación secreta, a tasas de interés inferiores a las que regían en el mercado, permitió que los bancos más poderosos obtuvieran beneficios adicionales por valor de 13.000 millones de dólares, cantidad suficiente para dar empleo a un par de centenares de miles de desocupados. Y aun más. “Cuando se conoce la cantidad de dólares que recibieron los bancos, es difícil afirmar que eran instituciones exitosas”, manifestó Sherrod Brown, senador demócrata por Ohio que en el 2010 presentó –en vano– un proyecto de ley para limitar su dimensión. En efecto: pese a las declaraciones tranquilizadoras de sus ejecutivos, los documentos conseguidos por Bloomberg dan cuenta del estado tambaleante del sistema bancario estadounidense.

El Departamento del Tesoro se basó en las recomendaciones de la FED para decidir qué bancos recibirían fondos en el marco del programa TARP y eligió seis: JP Morgan, Bank of America, Citigroup Inc., Wells Fargo & Co., Morgan Stanley y Goldman Sachs. La investigación determinó que recibieron 160.000 millones de dólares vía TARP y préstamos de la FED por 460.000 millones. El rescate se prolongó desde agosto del 2007, bajo W. Bush, hasta abril del 2010, bajo Obama. El ex y el actual ocupante de la Casa Blanca tampoco en esta esfera difieren.

Al mismo tiempo que se debatía en el Congreso la reinstauración de la Ley Glass-Steagall con el objeto de combatir la especulación, separando la banca de depósito y la banca de inversión o Bolsa de Valores, la verdadera administración de EE.UU. utilizaba fondos públicos para acelerar las fusiones bancarias en favor de los más grandes. Según los datos de la misma FED, el activo de los seis bancos más importantes del país pasó de 6,8 billones de dólares en el 2006 a 9,5 billones en el 2011, un incremento del 40 por ciento que años de crisis ni rozaron. Al revés.

No falta la parte que las mantas del encubrimiento no lograron cubrir. Los seis grandes cabildearon mucho más para garantizar su aprovechamiento de la crisis: invirtieron en conjunto 22,1 millones de dólares en la tarea en el 2006, en el 2010, 29,4 millones, un tercio con creces más (www.opensecrets.org, 31-10-11). Poca sorpresa causa que el intento del senador Brown haya fallecido sin estrépito.

La crisis de la Eurozona acrece el apetito de los seis grandes, en particular de Goldman Sachs. Mario Monti, uno de sus hombres, hoy primer ministro de Italia, es miembro del consejo asesor internacional de Coca-Cola y consultor de Goldman Sachs. Este gigante financiero envió en agosto un informe sobre la crisis europea a sus clientes más importantes del mundo entero. El Wall Street Journal informó sin mucho detalle acerca del contenido de sus 54 páginas, en las que G-S aconseja “a los inversores en productos financieros sacar provecho de la crisis” y explica mecanismos conducentes (//online.wsj.com, 1-9-11). No cabe duda de que tales indicaciones servirán para hacer varios agostos.

Hoy se inició en Bruselas la reunión cumbre para “salvar al euro”, a la que el dúo Merkel-Sarkozy lleva una propuesta de austeridad durísima y el proyecto de que los jefes de Estado de la zona se conviertan directamente en sus propios ministros de Economía en el seno de un consejo ad hoc. En vez de dirigir políticamente la economía se propone que la economía dirija la política. Como ocurre desde hace largo tiempo, sólo que en adelante sin disfraz.

Página 12, 08/12/11

Juan Gelman: Wall Street ocupada y preocupada

Juan Gelman: Wall Street ocupada y preocupada

A Ocupar Wall Street merece ya el nombre de movimiento nacional: se ha extendido a decenas de ciudades importantes de EE.UU. con idénticas consignas, consigue apoyo sindical y estudiantil. Es un movimiento pacífico, como prueba la reacción de los ocupantes de Oakland: el martes respondieron con una marcha sin mayores incidentes al brutal ataque policial contra su campamento que terminó con cien arrestos y un agredido baleado y en estado de coma. Es pacífico pero no pasivo y el miedo empresarial pasa sigiloso por las calles del centro financiero más importante del mundo.

Es notorio que estos indignados se declaran representantes del 99 por ciento infortunado de la población estadounidense y que sus reclamos están dirigidos al opulento uno por ciento del país. Forbes invitó a varios multimillonarios de sus listas a visitar de incógnito a los reunidos en el Parque Zuccotti, ahora de la Libertad, para conocer de primera mano las demandas de los ocupantes. Sólo aceptó Jeff Greene, magnate del negocio inmobiliario al que la revista le calcula un capital de 2100 millones de dólares, y éste fue su comentario: “Por ahora es como una manifestación estudiantil, una muestra de la frustración de la clase media, pero podría eventualmente desembocar en la violencia, el próximo paso a temer” (www.forbes.com, 19/10/11).

No falta el ejecutivo que contactó a una agencia privada de seguridad “solicitando ayuda para planear su huida de EE.UU. en el caso de que el gobierno federal fuese derrocado”, informa el New York Times. Ni el banco que distribuye entre sus empleados un manual de seguridad ad hoc con instrucciones como éstas: “Evitar las zonas pobres o aisladas que los tornan vulnerables a un ataque”. O: “Eludir confrontaciones y contactos innecesarios con los manifestantes”, “No portar la identificación o algún logo del banco”, “No caminar o conducir solo”, “No razonar o argumentar con los manifestantes”, “Si le parece que está en peligro o si observa actividades sospechosas o ilegales, llame a la policía o marque 911”, “Sea un buen testigo y procure recordar al máximo posible los detalles de lo que ocurra” y otras del mismo tenor (www.truthout.org, 16/10/11).

Hay, sin embargo, seres felices en medio de esta paranoia: los fabricantes de dispositivos de seguridad y los directores de las agencias del ramo. Ejecutivos de bancos, compañías financieras y aseguradoras llaman cada vez con más frecuencia a las firmas que se ocupan de proporcionar seguridad. Paul M. Viollis, confundador de Risk Control Strategies –que vende protección a algunos de los ejecutivos más importantes de Wall Street–, espera “duplicar con creces sus ingresos este año” (www.nytimes.com, 18/10/11). Christopher Falkenberg, director de Insite Security, dice que los suyos aumentarán un 40 por ciento. Las tarifas son picantes.

Un guardaespaldas fornido y entrenado del “servicio profesional de protección” puede costar 200 dólares la hora y un chofer full-time hasta 150.000 por año. La vigilancia de locales y oficinas se cobra por metro cuadrado y el precio de un sistema completo de seguridad para viviendas oscila entre los 100.000 y 1,5 millón de dólares. Se ofrecen –y se venden– además ventanales a prueba de balas y artefactos de vanguardia como cerraduras biométricas que sólo se dejan abrir si la huella digital es la correcta, cámaras de infrarrojo que graban aunque la oscuridad sea total y sensores especiales que detectan movimientos de algún posible intruso. La panoplia es amplia. Y cara.

En tanto, los indignados multiplican acciones novedosas. Instan a escribir cartas con los agravios bancarios padecidos y enviarlas a los gigantes financieros como Goldman Sachs, Bank of America o Wells Frago y aun personales a unos 180 de sus ejecutivos prolijamente elencados (www.occupytheboardroom.org). El propósito es irónico: como “la vida de los de arriba se ve rodeada por una creciente y terrible soledad”, esas cartas les permitirán saber “que alguien está pensando en ellos”. No deben de ser pensamientos halagadores para los CEO de Morgan Stanley o del Citigroup. Los ocupantes proyectan inaugurar un tribunal público para juzgar los delitos contra los estadounidenses cometidos por Goldman Sachs.

El grupo Anonymous probó su eficacia hackeadora bloqueando a megaempresas como Master Card, Paypal, Visa y Amazon en apoyo de Wikileaks. Ahora promete acciones en favor de los indignados y el asalto más peligroso para el sector financiero estadounidense no se detendrá con ventanas blindadas ni cerraduras biométricas. Las nuevas técnicas electrónicas son algo serio.

Página 12, 03/11/11

Juan Gelman: “A ocupar Wall Street”

Juan Gelman: “A ocupar Wall Street”

Es la consigna de centenares de jóvenes –y no tan jóvenes– que desde hace dos semanas protestan en el Zuccotti Park, ex Liberty Plaza Park, en pleno centro financiero de Nueva York. La policía detiene a algunos, les rocía la cara con pimienta a otros, pero ellos no abandonan el lugar donde se reúnen y debaten qué hacer. Alzan carteles que dicen “Me gradué, no tengo trabajo” y están tan indignados como sus coetáneos españoles.

Los medios no les hacen mucho caso, el New York Times los tilda de actores de “un progresismo de pantomima”, pero los reclamantes viven en un país con 14 millones de desocupados según cifras oficiales (www.bls.gov, 2-9-11) o 34 millones según estimaciones europeas (www.eutimes.net, 6-3-11). En el extremo opuesto de la pirámide social, exactamente en la cúspide, se encuentra Bill Gates, el más rico de los 400 estadounidenses más ricos en la lista de Forbes, con bienes por valor de 54.000 millones de dólares (www.forbes.com/forbes400, 21-9-11). Los 400 tienen juntos más riqueza que 180 millones de sus conciudadanos juntos (www.politicalfact.com, 5-3-11) y su total, que asciende a 1,5 billón de dólares, aumentó un 12 por ciento respecto del 2010 (//blog.nj.com, 20/9/11). Decididamente, la crisis económica global tiene características especiales en la primera potencia del mundo. Y ciertas curiosidades.

Los CEO o directores ejecutivos de las grandes empresas reciben en promedio 11 millones de dólares anuales (www.aflcio.org/corporate watch, 2011) y aun ganan dinero ya en la tumba si fallecieron durante el desempeño de sus funciones. La familia de Eugene Isenberg, CEO de la Nabor Industries especializada en la perforación de pozos de petróleo, habría recibido 263,6 millones de dólares en concepto de compensaciones póstumas, incentivos, bonos y diferentes seguros de vida si Eugene hubiera muerto antes de que la empresa renegociara el trato (The Wall Street Journal, 10/6/08). Para Michael Jeffries, de la fábrica de ropa Abercrombie & Fitch, la suma concertada fue modesta: apenas 17 millones de dólares (www.marketwatch.com, 13/5/09). Huelga decir que no es la situación de muchos asalariados que mueren antes de retirarse, incluso en sus lugares de trabajo.

Pocas compañías estarían dispuestas a conceder compensaciones póstumas a las familias de sus empleados, por mínimas que fueran. Pasa lo contrario y es siniestro: hace años que las empresas estadounidenses conciertan seguros de vida para sus millones de operarios, obtienen así descuentos fiscales y embolsan el importe cuando alguno de ellos fallece. El Wall Street Journal narró el caso de la viuda de un empleado de banco que demandó al Amegy Bank de Houston reclamando los 1,6 millón de dólares que la entidad recibió por el seguro de vida de su marido, un seguro que los directivos habían contratado meses después de que lo operaran de un cáncer y que mantuvieron a pesar de haberlo despedido (//online.wsj.com, 24/2/09).

A poco más de un año de los comicios de los que espera salir reelecto, el presidente Obama presentó al Congreso un plan para reducir el déficit fiscal, que llegó a 1,23 billón de dólares en agosto pasado, es decir, el 8,5 por ciento del PIB nacional. El plan incluye un alza tributaria para los que tienen ingresos anuales superiores al millón de dólares: es la llamada “norma Buffet”, por el multimillonario Warren Buffet, que desde 2007 proclama que él y sus amigos “megarricos” suelen pagar menos impuestos que el ciudadano corriente y que, en consecuencia, habría que aumentarles la imposición fiscal. Es difícil que la aprueben los republicanos pero, aunque lo hicieran, el número de alcanzados por la norma llegaría al 0,3 por ciento de los contribuyentes y rala sería la recaudación posible en una década, estima el New York Times (17/9/11). Claro que, como movida electoral, no es mala.

El plan de Obama propone una inversión de 447 mil millones de dólares para crear fuentes de empleo, pero algunos especialistas no comparten el optimismo que despierta una proposición que tampoco goza del afecto de los republicanos. “Tiende más bien a conservar puestos de trabajo que a aumentarlos”, opinó el conocido estratega financiero John Hermann (www.bloomberg.com, 27/9/11). Contribuiría a crear o a mantener unos 280.000 empleos en los dos próximos años, cantidad muy exigua dada la desocupación imperante.

Por Internet se organizan y alimentan las manifestaciones de Zuccotti Park, como sucedió en Egipto, y el twitteo es la vía de contacto preferida. De la revolución egipcia han aprendido otras lecciones: el régimen de Mubarak bloqueó Internet con eficacia y un grupo de expertos y activistas está empeñado en generar redes alternativas para el caso de que algo similar eventualmente se produzca (//chronicle.com, 18/9/11). Con la ayuda de las nuevas técnicas, las redes sociales han adquirido un peso político notorio y bien lo saben quienes invitan a ocupar Wall Street.

Página 12, 02/10/11

Juan Gelman: Los hombres de negro

Juan Gelman: Los hombres de negro

Actúan en 70 naciones del mundo –por ahora– y no precisamente en la TV. Son comandos de las fuerzas de operaciones especiales de los EE.UU. que así visten y en este minuto mismo están haciendo algo de lo suyo en alguna parte: ejecuciones extrajudiciales, secuestros, espionaje, construcción de bases y prisiones secretas, financiación y entrega de armas y entrenamiento en prácticas idénticas a nacionales de numerosos países del planeta. Entre otras cosas, enseñan cómo matar a civiles paquistaníes o somalíes con aviones no tripulados (www.nationinstitute.org, 12.7.11). El manto de clandestinidad que los envuelve empezó a rasgarse con el operativo que terminó con Osama bin Laden.

El Comando de Operaciones Especiales de EE.UU. (Socom, por sus siglas en inglés) se estableció en 1987, su misión consiste en combatir al terrorismo en todo el mundo y es una fuerza combinada de marines, comandos de la fuerza aérea, boinas verdes, rangers, asesores y militares de otras ramas. No ha cesado de crecer desde su creación: de 37.000 efectivos a comienzos de los ‘90 pasó a unos 60.000, su presupuesto se ha cuadruplicado y asciende hoy a 9800 millones de dólares (www.bloom berg.com, 7.6.11) y, sobre todo, se ha convertido en una suerte de Pentágono dentro del Pentágono. Goza de independencia para adquirir armas y puede organizar sus propios equipos de tareas, prerrogativas en general reservadas a instancias de mayor jerarquía, como el Departamento de Marina y el Departamento de Ejército.

El almirante Eric T. Olson, ex jefe del Comando, lo dijo con todas las letras: “El Socom es un microcosmos del Departamento de Defensa, lo integran componentes de tierra, mar y aire, y tiene una presencia global y facultades y responsabilidades semejantes a las de los departamentos, servicios y organismos militares” (//armed-services.secate.gov, 1.3.11). La criatura preferida de ese hijo preferido del Pentágono es el Comando Conjunto de Operaciones Especiales (JSOC, por sus siglas en inglés): su misión fundamental es perseguir y asesinar a sospechados de terrorismo. Informa y responde directamente a Obama, como la SIDE a Videla, y en su lista de candidatos a difunto figuran ciudadanos estadounidenses (www.washingtonpost.com, 27.1.10). Para John Nagel, ex asesor de contrainsurgencia del próximo director de la CIA, el general David Petraeus, el JSOC es “una máquina contraterrorista de matar casi a escala industrial” (www.pbs.org, 17.6.11).

Centenares de yemenitas que protestaban para liberarse de la tiranía de Abdullah Saleh fueron asesinados gracias a la ayuda militar, el entrenamiento del ejército del país, las armas y los ataques con aviones no tripulados de EE.UU. y resulta difícil sospecharlos de terrorismo. Más bien son víctimas del terrorismo de Estado que Washington fomenta en la región según sus intereses. No es curioso que “el arco de inestabilidad”, como lo bautizara W. Bush, que según él abarcaría a 97 países del Medio Oriente, Asia, Africa y aun del sur de América latina, coincida en gran medida con territorios de grandes reservas petrolíferas. La extendida presencia de los hombres de negro es otra expresión de la voluntad del gobierno estadounidense de imponer su dominio en todo el mundo.

El Socom tenía presencia en 60 países al concluir la era W. Bush y Obama aumentó su despliegue a 75 (www.washingtonpost.com, 27.1.10). El 85 por ciento de sus efectivos opera en veinte países del Gran Medio Oriente, desde Afganistán, Yemen y Egipto, hasta Siria, Jordania y Turkmenistán (//armedservices.house.gov, 3.3.11). El resto, desde el sudeste asiático hasta el Cono Sur pasando por Centroamérica. Pero esto no ha de quedar así: el coronel Tim Nye, vocero del Socom, anunció que los hombres de negro estarán a fines de este año operando en 120 países, el 60 por ciento de las naciones de la Tierra. En fin, no es el mundo entero todavía.

El periodista Ron Suskind recuerda en su libro The One Percent Doctrine (Simon & Schuster, Nueva York, 2006) el plan destinado a llevar a cabo “operaciones detalladas contra terroristas en 80 países” que preparó la CIA en el 2001. Casi al mismo tiempo, el entonces jefe del Pentágono Donald Rumsfeld declaró que EE.UU. estaba embarcado en “un amplio esfuerzo conjunto que probablemente englobe a 60 países” (//news.bbc.co.uk, 16.9.01). Obama, por lo visto, le duplica la apuesta.

El mandatario estadounidense ha aumentado además el número de bases militares, secretas y no, en la región del “arco de inestabilildad”, que llega hasta las fronteras con China. Se ha convertido en un eficaz vendedor de armas a esos países y “documentos del Pentágono y de otras fuentes públicas indican que los organismos militares y de inteligencia de EE.UU. operan en todas las naciones del arco, sin excepción” (www.tomdispatch.com, 3.8.11). En este campo, Obama no sólo ha vencido a W. Bush: también se ha derrotado a sí mismo, al Obama que se opuso a la guerra de Irak aun antes de que comenzara.

Página 12, 22/09/11

Juan Gelman: Colapsos

Juan GelmanJuan Gelman: Colapsos

“Irresponsabilidad. Egoísmo. Actuar como si los actos no tuvieran consecuencias. Hijos sin padres. Escuelas sin disciplina. Recompensas sin esfuerzo. Crimen sin castigo. Derechos sin responsabilidades. Comunidades fuera de control. Algunos de los peores aspectos de la naturaleza humana tolerados, consentidos –a veces hasta incentivados– por un Estado y sus organismos que en parte han perdido literalmente la moral.” El primer ministro británico David Cameron explicó así la violencia desatada en Tottenham, uno de los barrios más pobres de Londres, y en otras ciudades de Inglaterra (www.guardian.co.uk, 15/8/11). Calificó la situación de “colapso moral”.

Olvidó señalar que la desocupación entre los jóvenes londinenses asciende al 23 por ciento y es aún más alta en el interior del país. O que los costos de la educación universitaria la convierten en algo prohibido, salvo para los hijos de familias ricas: 15 mil dólares anuales. Olvidó sobre todo el costo de 30 años de thatcherismo para amplias capas de la sociedad británica, las comunidades devastadas por la desindustrialización cualquiera fuese el color de la autoridad, conservador o laborista. Protestar contra ese estado de cosas es “totalmente inaceptable”, para Theresa May, secretaria del Interior. La violencia de la represión policial y el apuro de la Justicia en aplicar penas desproporcionadas a los manifestantes son, en consecuencia, necesarios.

Es verdad que elementos o bandas cometieron acciones condenables como el incendio de casas y pequeños comercios del vecindario, y el saqueo de supermercados. Para Christian Guy, director del Centro para la Justicia Social (www.centerforsocialjustice.org.uk), los disturbios fueron el producto de una bien coordinada operación de las pandillas de la zona. La BBC de Londres señaló, en cambio, que “en realidad, pocos (de los arrestados) son pandilleros genuinos”. Y “toda clase de personas” –asistentes de la educación, un diseñador gráfico, estudiantes universitarios– fueron detenidas por tomar parte en el pillaje. Paul Lewis, periodista del The Guardian que pasó cinco noches observando la violencia, manifestó que es erróneo el intento de culpar a un grupo: “La única generalización plausible es que, en conjunto, eran jóvenes y pobres” (www.bbc.co.uk, 16/8/11).

Parece clara la intención de disimular las razones de fondo, agravadas por el nuevo plan de austeridad –que The Financial Times calificó de “brutal”–, y el gobierno conservador no encuentra mejor camino que proponer algunos cambios sociales de corto alcance y, sobre todo, revigorizar la represión. “La policía tendrá más poderes”, insistió la secretaria May. El gabinete de Cameron estudia la posibilidad de imponer toques de queda en zonas específicas y aplicar medidas restrictivas a los menores de 16 años (www.bbc.co.uk, 16-8-11). Ninguna atención presta a lo que el sindicato de trabajadores de los servicios públicos Unisom de Londres considera necesario: “Debemos preguntarnos por qué nuestros jóvenes están tan enojados y cómo podemos unir a nuestra comunidad” (lambethunison.blogspot.com, 9/8/11).

Abundan las disquisiciones psicologizantes sobre la razón de los saqueos: “La gente sin poder se siente de pronto poderosa y eso intoxica mucho”, dice el profesor John Pitts, un criminólogo que asesora a diversas autoridades londinenses en materia de jóvenes y pandillas (www.bbc.co.uk/news/magazine, 9/8/11). O: “Hay evidencias que sugieren que los líderes de una pandilla padecen tendencias psicopáticas”, anota el Dr. Lance Workman. Es otra forma de demonizar la violencia de jóvenes excluidos de un mañana. Como señala el doctor Raúl Zaffaroni, miembro de la Corte Suprema de Justicia de Argentina y distinguido penalista, el sistema castiga los delitos que provoca (La palabra de los muertos, Ediar, Buenos Aires, 2011).

Cabe preguntarse dónde radica el verdadero “colapso moral” del Reino Unido. “La clase política poco explora su propia responsabilidad en la creación de la marginación social que conduce a la ‘anarquía’ –advierte la investigadora Michelle Chen (www.inthesetimes.com, 10/8/11)–. Se supone que el problema no es el exceso policial, sino su insuficiencia, que no es la falta de oportunidades educacionales o de programas para la juventud en esos barrios, sino los padres que no pueden controlar a sus hijos.”

Es posible, sin embargo, coincidir con el premier David Cameron en que un Estado y sus organismos que han perdido en parte la moral toleran, consienten y aun incentivan algunos de los peores aspectos de la naturaleza humana. Así lo muestran los bombardeos de la R. A. F. contra poblaciones civiles inermes en Irak y Afganistán.

Página 12, 21/08/11

Juan Gelman: El agua, ¿de quién es?

Juan Gelman: El agua, ¿de quién es?

Aunque el sentido común responde que es de todos, los hechos suelen contradecirlo: el calentamiento global y los cambios climáticos que conlleva han convertido el agua en algo tanto o más codiciado que el petróleo y grandes empresas se están convirtiendo en dueñas de ese recurso natural, extrañamente, con la ayuda de las Naciones Unidas, la organización creada para velar por los derechos de los habitantes del planeta entero. En este caso, y no sólo, parece inclinada a preservar más a los unos que a los otros. Con razón decía Bernard Shaw que el sentido común es el menos común de los sentidos.

Una de las primeras medidas que adoptó Ban Ki-moon, flamante secretario general de la ONU, fue el lanzamiento del CEO Water Mandate, “una iniciativa público-privada especial destinada a asistir a las empresas en el de-sarrollo, aplicación y difusión de políticas y prácticas sostenibles en la esfera del agua” (www.unglobalcompact.org). Un propósito loable, su trastienda no tanto. Megapolios como Marck&Co. o Siemens se acogen al Mandato para privatizar un bien común. Como sucede con otros proyectos importantes de la ONU, FMI, el Banco Mundial y bancos de desarrollo regionales en general se encargan de manejarlos.

El Banco Mundial acaba de asumir el control del Fondo Verde de la Conferencia sobre el Cambio Climático, financiado con 100 mil millones de dólares. Es notoria la poca o ninguna transparencia del BM en lo que hace a proyectos similares, pero estas iniciativas se reiteran “no sólo porque los Estados miembros más poderosos de las Naciones Unidas las empujan”, señaló Maud Barlow, presidenta del Consejo Nacional de Canadienses (CNC): también porque la ONU carece de fondos suficientes y sus organismos y programas “recurren al patrocinio privado para funcionar”. Barlow es autora, entre otros libros, de Oro azul y El Pacto Azul: la crisis mundial del agua y la lucha por el derecho al agua.

Juan Gelman: Negocios y diplomacia

Juan Gelman: Negocios y diplomacia

Se sabe hasta qué punto en EE.UU. los candidatos a presidente, diputado, senador, gobernador de un estado, alcalde y aun edil dependen del apoyo económico de las grandes empresas para llevar a cabo con éxito su campaña electoral. No son favores impagos: miles de cabilderos hacen su trabajo en la Casa Blanca, el Capitolio, oficinas del gobierno y otras instancias mientras una correntada de millones de dólares afluye a Washington y ambos, los cabilderos y los millones, consiguen que la reforma sanitaria de Obama beneficie a las grandes empresas farmacéuticas en detrimento de los enfermos. Por ejemplo.

No pocos cabilderos se convierten en legisladores y viceversa transitando una puerta giratoria que difumina cada vez más la línea que separa, o debería separar, a la actividad oficial de los intereses privados. El servicio exterior estadounidense tampoco escapa a la influencia de este sistema regido por las megacorporaciones, por no decir corporativo, y en esta esfera poco se conocían los detalles hasta que llegó WikiLeaks. En esta columna se mencionaron sus revelaciones en torno de los manejos de la embajada de EE.UU. en Haití para impedir que se aumentara el salario mínimo de los trabajadores (Milenio, 11-6-11). Una labor de poca monta comparada con otras.

Una serie de cables de WikiLeaks que dio a conocer el The New York Times a comienzos de año detalla el febril involucramiento de funcionarios del Departamento de Estado en la venta de productos de la Boeing. Sus embajadores no vacilan en tocar las puertas de los niveles más altos de los gobiernos de Arabia Saudita, Barhein, Jordania, Turquía y otros, con ofrecimientos personales a los jefes de Estado a cambio de que compren aviones a Boeing y no a su rival europeo Airbus. Un cable de la embajada norteamericana en Ankara, fechado el 19 de enero del año pasado, da cuenta de un hecho curioso (//news.discovery.com, 6-1-11).

El embajador James Jeffrey informa a sus jefes que el gobierno turco estaría dispuesto a comprar aviones de línea de Boeing para la Turkish Airlines por valor de 3400 millones de dólares, siempre que se ajustara el precio y con una condición: un astronauta turco debería formar parte de la tripulación de un vuelo espacial de la NASA. “Probablemente no podremos poner en órbita a un astronauta turco –dice JJ–, pero podríamos establecer programas para fortalecer la capacidad de Turquía en esta área... En cualquier caso, debemos dar alguna respuesta al vago pedido del ministro (de Transportes, Binali Yildirim) si queremos ampliar al máximo la posibilidad de concretar la venta.” Un mes después, Ankara adquirió a Boeing 20 aviones.

Esta empresa cuenta con corredores o comisionistas o vendedores de altísimo nivel: a fines del 2006, nada menos que el entonces presidente W. Bush envió una carta personal al rey Abdullah de Arabia Saudita pidiéndole prácticamente que comprara 43 Boeing de línea para la Saudi Arabian Airlines y 13 cazas para la flotilla real. La venta se formalizó y además, en noviembre pasado, el gobierno saudí anunció la compra de 12 777-300 ER, una operación por valor de 3300 millones de dólares. Favor con favor se paga: el rey pidió y obtuvo que se instalara en su avión personal la tecnología de avanzada que utiliza la Fuerza Aérea 1 de EE.UU.

Los cables filtrados por WikiLeaks describen la activísima intervención del Departamento de Estado en apoyo a Boeing en Bahrein. En diciembre del 2007, la compañía bahreinita Gulf Air decidió adquirir aviones al gigante europeo Airbus, que ofrecía cada unidad a 400 millones de dólares menos que Boeing. El embajador estadounidenses Adam Ereli y su asesor económico “asediaron a los directivos de Gulf Air, a funcionarios del gobierno y miembros del parlamento y apelaron directamente al príncipe heredero para que la transacción se hiciera con Boeing antes de que Bush viajara a Bahrein, cumpliendo la primera visita de un presidente estadounidense al reino... Dos semanas después, la embajada avisaba a los ejecutivos de la compañía que el príncipe heredero y el rey habían rechazado la oferta de Airbus y ordenado al presidente de Gulf Air que cerrara el trato con Boeing” (www.nytimes.com, 2-1-11).

“Es una realidad del siglo XXI, los gobiernos juegan un papel mayor en defensa de sus compañías y nosotros tenemos que hacer lo mismo”, postuló Robert Hormats, ex vicepresidente de Goldman Sachs que Obama nombró subsecretario de Economía, Comercio y Agricultura. Lo cierto es que los funcionarios del Departamento de Estado trabajaron duro para que el presidente ecuatoriano Rafael Correa no aprobara la ley que reduce el costo de los medicamentos (cables de la embajada en Quito de fecha 13 y 21 de octubre del 2009 y 10 de febrero del 2010, www.eluniverso.com, 22-4-11). O defendieron y defienden a muerte los intereses de Monsanto incluso contra sus aliados europeos cuando alguno pretende prohibir tal o cual variedad genéticamente modificada que la empresa vende (//wikileaks.org, 14-12 07 y 19-5-09).

Napoleón dijo que “La diplomacia es la policía, pero bien vestida”. Hoy tal vez dijera que, para las grandes potencias, es mero corretaje comercial. Casi siempre mal vestido.

Página 12, 26/06/11

Juan Gelman: Claro pero oscuro

Juan Gelman: Claro pero oscuro

Es curioso el proceso que desembocó en el bombardeo de Libia. La Casa Blanca vaciló mucho antes de dar su visto bueno: explicó que esperaba una resolución del Consejo de Seguridad y la aprobación de la Liga Arabe. Sólo que lo aclaró después, cuando varios senadores se quejaron de la tardanza en actuar. Cabe preguntarse el porqué de esa demora: ¿se esperaba la contraofensiva de Khadafi para que las dos partes contendientes se debilitaran al máximo, abriendo así la posibilidad de instalar un gobierno tan afín a EE.UU. como el de Arabia Saudita?

El jefe del Pentágono, Robert Gates, y el contraalmirante William Gortney declaraban que Khadafi no forma parte de la “lista de objetivos” y que matarlo no figura en el mandato de la ONU, mientras el secretario de Defensa británico, Liam Fox, reiteraba que el dictador libio era “un blanco legítimo”. El presidente Obama dijo que la intervención militar estadounidense obedecía “a una disposición internacional” y que la participación de su país sería limitada, aunque no aclaró sus metas. La resolución 1973 del Consejo de Seguridad autoriza a detener “por todos los medios” la matanza de civiles desatada por Khadafi, de manera que su alcance es, por lo menos, indefinido. ¿Uno de esos medios sería la invasión, como en Irak?

Es evidente que las incursiones aéreas no cancelan la hipocresía del autonominado “Rey de Africa”: declaró varias veces un alto el fuego, pero sigue combatiendo a los alzados. La Liga Arabe está molesta porque, a su entender, se estableció la zona de exclusión aérea para impedir las muertes de más civiles y no para aumentar su número con las incursiones. ¿Acaso no recordaba las consecuencias de idénticas medidas aplicadas a otros países sin mayores resultados políticos? Las zonas de exclusión aérea impuestas hace veinte años a Saddam Hussein no lo derrocaron, aunque fueron apuntaladas con sanciones y bloqueos económicos que infligieron un grave daño al pueblo iraquí. ¿Ignoraba la Liga que Occidente resolvió el impasse invadiendo Irak? ¿Se inquieta ahora porque no es unánime el apoyo mundial a la Odisea del Amanecer y porque, además, se cuestiona su papel al abrigar el bombardeo de un nación árabe?

Juan Gelman: Una crisis tipo Jano

Juan Gelman: Una crisis tipo Jano

El 1 por ciento más rico de EE.UU. percibía el 9 por ciento de la renta nacional en 1979. Hoy esa proporción asciende al 24 por ciento, casi una cuarta parte del total (www.alternet.org, 19/1/2011). El ingreso de ese mismo 1 por ciento era 125 veces superior a la media nacional en 1962. Hoy es 190 veces superior. Los beneficios de las 500 corporaciones más importantes aumentaron el 141,4 por ciento y la compensación de los ejecutivos de empresa se elevó un 282 por ciento de 1990 a 2010.

La crisis económica mundial no ha interrumpido esta tendencia: en 2010 se han vendido 13 por ciento más automóviles que el año anterior y la producción de acero se incrementó un 18 por ciento (www.economist.com, 13/1/11). Una encuesta reciente de American Express Publishing y Harrison Group revela que el sector opulento del país gastó 28 mil millones de dólares en la adquisición de bienes de lujo durante 2010. El 71 por ciento de tales compradores se declara feliz, contra el 40 por ciento en 2007, aunque la mayoría piensa que EE.UU. sigue en recesión (Reuters, 13/1/11). Del otro lado de la moneda no hay tanta felicidad.

El número de desocupados prácticamente no disminuyó en los tres años que dura la crisis, en los que se perdieron 8 millones de puestos de trabajo: es de 14 millones, incluidos los más de 6 millones que no trabajan desde hace medio año. El Wall Street Journal informó que la existencia de esta reserva de desempleados produce una persistente baja de los salarios: “Entre 2007 y 2009, más de la mitad de los trabajadores de tiempo completo que perdieron su empleo después de tenerlo tres años por lo menos y encontraron luego otro de tiempo completo reciben un salario menor... la tercera parte, un 20 por ciento menos” (//online.wsj.com, 11/1/11). Pintan calva a la ocasión, pero nunca falta la forma de agarrarla.

Hace veinte meses que el índice de desocupación permanece inalterable y seis de cada diez desempleados tienen que pedir dinero prestado a la familia o a los amigos. No pocos de aquellos que vuelven a conseguir empleo se ven obligados a aceptar el salario mínimo. Según Jeannette Wicks-Lim, miembro del Instituto de Investigación Política y Económica de la Universidad de Massachusetts, casi nueve de diez de estos trabajadores no están en condiciones de solventar sus necesidades básicas en materia de alimentación y salud (www.peri.umass.edu, octubre 2010). Esta situación castiga a sus hijos.

El Wall Street Journal no lo oculta: “Las investigaciones muestran que los hijos de quienes han perdido el empleo y consiguen otro con un salario inferior también padecen este hecho. Un grupo de economistas llevó a cabo en 2008 un estudio sobre la relación de los salarios padre/hijo de 60 mil familias en el período 1978/1999. Los hijos de víctimas de los despidos masivos de la recesión de 1982 percibían ingresos un 9 por ciento más bajo que el de padres que no padecieron esa suerte”.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, integrada por 34 países –sobre todo europeos y desarrollados–, aplica patrones muy estrictos para medir la indigencia en los Estados miembro. Ya a mediados de la década pasada, EE.UU. figuraba en el tercer lugar de los más pobres (www.oecd-library.org, 2009) y la crisis actual ennegrece aún más el panorama. Entre otras cosas, los bancos siguen confiscando casas y departamentos cuyos propietarios no logran pagar la hipoteca. Pero no todo es tan oscuro para algunos.

El informe más reciente de la financiera JPMorgan Chase es luminoso en tal sentido: revela que en 2009 obtuvo beneficios un 48 por ciento superiores a los de 2008 y que el año pasado tampoco le fue mal: sus ingresos del primer cuatrimestre de 2010 aumentaron un 47 por ciento respecto del mismo período de 2009 (www.finfacts.ie, 14-1-11). Jamie Dimon, director ejecutivo de la firma, declaró que esto era la prueba de “una amplia recuperación económica. Pienso que el futuro es extremadamente esplendoroso”. A saber si piensan lo mismo quienes alquilan a extraños habitaciones de su vivienda para sobrevivir. No hay estadísticas sobre el consiguiente deterioro de la vida familiar.

El pico de la JPMorgan Chase es sólo el Himalaya de una alta cordillera: los analistas estiman que las ganancias de las corporaciones crecieron un 27 por ciento en el último cuatrimestre de 2010. En realidad, Washington usó la crisis para favorecer a la elite financiera engordándola con billones de dólares. Steven Rattner, el hombre de Wall Street que Obama eligió para dirigir la Auto Task Force, encargada de apoyar a la industria automovilística, asienta en su libro Overhaul (Hougthon Mifflin Harcourt, Nueva York, 2010): “Más de una vez pensaba yo en la frase de Rahm Emanuel (jefe de gabinete de la Casa Blanca), ‘nunca permitas que se desperdicie una buena crisis’, puesto que utilizamos la creciente catástrofe económica para introducir cambios y determinar sacrificios que hubieran sido imposibles en otro contexto”. Muy claro, ¿no?

Página 12, 23/01/11

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Juan Gelman: El menú de Wikileaks

Juan Gelman: El menú de Wikileaks

Se explica la saña con que la Casa Blanca persigue a Wikileaks: las amenidades han quedado atrás y ahora sirve el primer plato. Y no se crea que el paquete de chismes, groseros o divertidos, ha dejado de causar impacto. Trascendió que Obama proyecta cambiar personal de las embajadas que produjeron más irritación a diferentes gobiernos. El Departamento de Estado, el Pentágono y la CIA han comenzado a estudiar los reemplazos necesarios.

Esta reorganización no se produce porque el mandatario norteamericano haya asumido la responsabilidad de lo ocurrido: “Tendremos que sacar a alguna de la mejor gente –manifestó un alto funcionario de seguridad nacional– porque teme que no le devolverán la confianza en los países en los que sirven” (www.thedailybeast.com, 4/12/10). Se adelanta que muy probablemente cambiará de destino Gene Cretz, el embajador en Libia que destacó, tal vez con envidia, la voluptuosidad de la enfermera ucraniana y rubia que acompaña a Khadafi cuando viaja. Tayyip Erdogan, primer ministro de Turquía, amenazó con querellar a Eric Edelman, ex embajador de EE.UU. en Ankara, que en el 2004 afirmó que el premier escondía una fortuna en bancos suizos. El Departamento de Estado está aprendiendo que en diplomacia hay detalles que es mejor no precisar.

El primer plato de Wikileaks, después de las entradas, es sin duda fuerte. Devela los planes secretos de la OTAN para instalar nueve divisiones de tropas de combate estadounidenses, británicas, alemanas y polacas en los tres estados bálticos y un elenco de puertos de Alemania y el norte de Polonia que recibirán fuerzas navales de asalto y buques de guerra de EE.UU. y Gran Bretaña “en la eventualidad de una agresión armada (de Rusia) contra Polonia” (www.guardian.co.uk, 6/12/10). Una agresión muy improbable. Más bien parece un fortalecimiento del cerco en torno a Rusia.

Otras salsas: Brasil tiene una sed “insaciable” de armamento y colabora secretamente con EE.UU. en la lucha contra presuntos terroristas de San Pablo y la Triple Frontera: “con paranoia”, porque no quiere que se sepa. El Líbano está dispuesto a que Israel lo invada, con ciertas condiciones. El Departamento de Estado se siente frustrado porque hay multimillonarios sauditas que financian a los talibán y Al Qaida. Corea le proporciona misiles a Irán y Siria. Se estableció una lista de instalaciones en los cinco continentes que EE.UU. estima vitales para su seguridad nacional. En una palabra: los documentos filtrados pintan el paisaje del nuevo desorden mundial.

Un capítulo aparte es el cable de fecha 15 de mayo de 2009 que la embajada estadounidense en Tel Aviv envió al departamento que dirige Hillary Clinton. Se titula “¿Israel, tierra prometida del crimen organizado?”. Señala que tres figuras prominentes involucradas con el crimen organizado solicitaron y obtuvieron sendas visas para participar en una “convención relacionada con la seguridad” en Las Vegas. Zvika Ben Shabat, uno de los tres, es presidente de la H.A.Sh Security Group (www.mokedhas.co.il), una compañía que se dedica –precisa el cable– “al desarrollo de tecnologías y ya está presente en muchos mercados del mundo, entre ellos, Dinamarca, Bruselas, Italia, Nueva York, Singapur, Sudáfrica, Kenya, Nigeria, Sri Lanka y más. Ofrece tecnologías de seguridad para identificar y vigilar teléfonos celulares, vehículos, estructuras, computadoras, infraestructura y tecnologías WIFI”. Para espiar, pues.

El presidente del sector Seguridad de la H.A.Sh es el mayor general (R) Dan Ronen, ex encargado de coordinar el servicio de seguridad nacional y el ejército israelí “en la batalla contra el terrorismo” (www.sotpconvention.com), y su empresa opera en casi todo EE.UU. en aeropuertos y dependencias gubernamentales. ¿El título del cable del embajador de EE.UU. en Israel tendría una respuesta afirmativa? La actividad de esta mafia fue investigada por Carl Cameron, periodista de Fox News, hace años ya: el 17 de diciembre de 2001 informó que “el crimen organizado israelí presuntamente actúa en Nueva York, Miami, Las Vegas, Canadá, Israel y Egipto. Se alega que trafica cocaína y éxtasis... según documentos clasificados que obtuvo Fox News, vigilan los teléfonos celulares, bípers y hasta los teléfonos de las casas de los policías. (www.informationcleasringhouse.inf).

La posibilidad de cerrarle la boca a Wikileaks es cada vez más tenue. Assange está detenido, el sitio fue bloqueado y vuelto a bloquear, Amazon lo expulsó de su hospedaje, PayPal le canceló el servicio y un banco suizo le congeló la cuenta. Pero cuando se escriben estas líneas más de mil sitios en todo el mundo facilitaban el acceso a los documentos filtrados (www.guardian.co.uk, 51210). El diario libanés Al Akhbar ha publicado 183 cables de ocho embajadas estadounidenses en Medio Oriente y el norte de Africa que no dieron a conocer los cinco diarios que publican las filtraciones de Wikileaks. ¿Documentos que Assange adelantó previendo más presiones del Departamento de Estado que impedirían su publicación? Al parecer, el plato fuerte no se ha servido todavía.

Página 12, 09/12/10

Juan Gelman: Plata, plata, dinero

Juan Gelman: Plata, plata, dinero

De todo se puede hacer plata en EE.UU., hasta de los inmigrantes a punto de ser deportados. Varias empresas privadas administran prisiones por las que alrededor de un millón de sin papeles han pasado en espera de su expulsión y en condiciones de pesadilla: mujeres y niños violados por los guardianes y muertes causadas por falta de atención médica básica. Las más importantes son la Corrections Corporation of America (CCA) y el GEO Group, las financia el gobierno y gozan del pleno apoyo de Wall Street. No es raro entonces que alienten con fuerza la criminalización y el encarcelamiento de centroamericanos, mexicanos y otros que entraron a la potencia del Norte en busca de trabajo.

La T. Don Hutton, una verdadera cárcel con sede en Taylor, Texas, es un caso que grita: en los primeros días de marzo de 2006 se comenzó a encerrar en ella a los padres y los hijos que iban a ser echados y no tardaron los informes y denuncias sobre el maltrato que el personal de la CCA propinaba a los niños. La Unión Estadounidense de Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) documentó los hechos en una querella judicial y se prohibió alojar a familias en T. Don Hutton, sólo podían ingresar mujeres (www.aclu.org, 26/8/07). El remedio fue peor que la enfermedad: se incrementaron los abusos sexuales y violaciones (www.aclu.org, 20/8/10). La Casa Blanca se ocupa de otras cosas, de guerras, por ejemplo.

Los presos deben pagar su atención médica y que puedan es difícil y aun imposible: en el centro de detención del condado texano de Reeves murieron cinco hombres entre agosto de 2008 y marzo de 2009 –dos suicidios incluidos– por inatención a su salud. El 12 de diciembre de 2008 falleció encerrado en solitario Jesús Manuel Galindo, aquejado de epilepsia, y los guardianes retiraron su cuerpo en una bolsa. Esto desató a mediodía un motín de proporciones: el 12 de diciembre se celebra el Día de la Virgen de Guadalupe, un hondureño y un mexicano recluidos en un calabozo quemaron un colchón y los demás cautivos obligaron a sus vigilantes a liberarlos (www.texasobserver.org, 7/10/09). Acudieron Rangers, agentes del FBI, policías y efectivos del Departamento de Seguridad Pública, pero no pudieron sofocar la protesta.

Comenzaron las negociaciones y los intermediarios descubrieron, para su sorpresa, que no se trataba de un enfrentamiento gangsteril, una cuestión racial o un estallido espontáneo de violencia: los presos tenían sus demandas por las pésimas condiciones en que los sume el GEO Group. Exigieron una reunión con miembros del Consulado mexicano, el FBI y los guardianes para exponer sus reivindicaciones. Por la tarde, una delegación de siete detenidos –un venezolano, un nigeriano, un cubano y cuatro mexicanos– denunciaron la comida incomible, el abuso del solitario para castigar a quienes pedían tratamiento médico y, sobre todo y ante todo, una completa falta de atención en la materia. Las autoridades prometieron soluciones y el motín terminó al día siguiente.

Juan Gelman: La gran tenaza

Juan Gelman: La gran tenaza

EE.UU. no renuncia al sueño de un imperio ganado a fuerza militar. Obama anunció con pífanos y tambores la vuelta a casa de una buena parte de los efectivos que combaten en Irak, pero a no pocos les tocará volver a Afganistán. Las cosas andan mal por allí, aumenta el número de bajas y la opinión pública estadounidense se cansa cada vez más de la guerra: una encuesta reciente de USA Today/Gallup revela que el apoyo en la materia descendió al 36 por ciento del 48 por ciento registrado en febrero (www.usatoday.com, 3/8/10). Por lo demás, de hecho y según datos oficiales, la retirada de tropas de Irak sólo reducirá el número de las que combaten en los dos países de 177.000 a 146.000 en septiembre, menos del 20 por ciento (www.whitehouse.gov, 2/8/10). Y no hay fanfarria que valga.

Transcurre en forma menos estruendosa el armado de la tenaza con la que EE.UU. y su séquito de la OTAN se propone anular a Rusia y China. Obama y Robert Gates, el jefe del Pentágono, declararon en septiembre del 2009 que el plan Bush del escudo antimisiles sería sustituido por un sistema más vasto geográficamente, cuyo objetivo último es abarcar a toda Europa –menos a Rusia y Belorús, naturalmente– completando así el cerco que el Kremlin contempla con el ceño fruncido. Un mes antes trascendió que el gobierno Obama se inclinaba por la posibilidad de un despliegue antimisil en los Balcanes, Israel y Turquía (UPI, 27/8/09). En febrero de este año fue concertada la ampliación del escudo mediante bases en Bulgaria y Rumania (Reuters, 4/2/10). El Pentágono ha instalado ya una batería de misiles Patriot en el este de Polonia a pocos kilómetros de la frontera rusa (www.defense news. com, 24/5/10). Unos cien efectivos del ejército estadounidense se estacionan muy cerca de Kaliningrado.

La base rumana tiene un relieve particular para el gobierno israelí. Su viceministro de Defensa, Matan Vilnaí, no ocultó su dicha: “Volamos a Rumania, así que podemos operar bien adentro de los países árabes vecinos” (www.jpost.com, 30/7/10). Y por primera vez en la historia de Israel, tropas extranjeras –estadounidenses, claro– se estacionan por un largo período en su territorio para maniobras conjuntas de capacitación en el uso de antimisiles y el manejo de un radar del escudo basado en su territorio desde el 2008.

Juan Gelman: El 373

Juan Gelman: El 373

Los 75.000 documentos clasificados sobre la guerra en Afganistán que dio a conocer el sitio Wikileaks (//wikileaks.org) provocaron la airada reacción de la Casa Blanca, del Pentágono y de los neoconservadores de todo pelaje que pululan en Washington. No es para menos: se trata de informes internos de las fuerzas armadas de EE.UU. y la OTAN que combaten en territorio afgano y dan cuenta de hechos ominosos que no se declaran oficialmente y aun se niegan. El fundador y alimentador del sitio, Julian Assangem, les dio amplia difusión enviándolos a The New York Times, Der Spiegel y The Guardian y anunció que está analizando con su equipo otros 17.000 documentos que pronto dará a conocer. El gobierno de Obama condenó en duros términos semejante filtración, histórica por el volumen de registros secretos develados (ver Página/12, 27-7-10).

El vocero del Departamento de Defensa, Geoff Morrell, anunció que se ha lanzado una caza del hombre para encontrar al responsable de un acto que revela, por un lado, el poder de la informática y, por el otro, las fragilidades del Pentágono. La documentación cubre el período junio 2004-diciembre 2009 de la guerra y va de lo torvo, como el ocultamiento estadounidense de la muerte de civiles, a lo francamente ridículo, como el informe sobre un presunto complot del servicio de inteligencia de Pakistán (ISI, por sus siglas en inglés) para asesinar al presidente afgano Hamid Karzai envenenando su cerveza.

Esta hemorragia informativa pinta el verdadero rostro de la guerra en Afganistán, los llamados “daños colaterales” –el eufemismo inventado en la guerra de Vietnam para disimular el asesinato de civiles– que los mandos invasores encubren, las matanzas indiscriminadas en las aldeas, el accionar de escuadrones de la muerte, los bombardeos de aviones sin tripulación manejados a control remoto desde una base estadounidense, la complicidad del ISI con los talibán, los estragos que el “fuego amigo” provoca en la policía y el ejército afganos y otros detallitos que los Pactos de Ginebra califican de crímenes de guerra. Pero quién se acuerda de eso en Afganistán.

Asciende a 144 el número de incidentes que segaron la vida de simples ciudadanos en el período de referencia. Un par de días antes de la difusión de los documentos, un misil impactó en un caserío de la provincia de Helmand causando la muerte de 52 civiles (www.latimes.com, 26-7-2010). El servicio de inteligencia del ejército estadounidense registró “seis insurgentes muertos, incluido un comandante talibán”, pero el aldeano Abdul Ghaffar manifestó a la AP que había llevado siete niños heridos a un hospital de Kandahar. Marjan Agha, otro vecino, dijo que un grupo de pobladores fue al encuentro de las tropas alzando una bandera blanca y fueron recibidos a balazos con un saldo de dos víctimas.

Juan Gelman: Una industria novísima y vigorosa

Juan Gelman: Una industria novísima y vigorosa

El lector sin duda recuerda la definición que el general Dwight Eisenhower aplicó al conjunto de industrias que engrosan con la producción de armamentos: lo llamó el complejo militar-industrial. Desde los atentados del 11/9 hizo su aparición y crece velozmente otro: el de las agencias oficiales y privadas que se dedican al espionaje interior. Su tarea consistiría en detectar los intentos de terrorismo en EE.UU. Una investigación de los periodistas Diana Priest y William M. Arkin revela que el número de estos organismos asciende por lo menos a 1271 del gobierno y 1931 compañías particulares y el de su personal, a 854.000 agentes que trabajan en programas establecidos en unos diez mil puntos del país. La investigación duró dos años y se publicó por entregas en The Washington Post (projects.washingtonpost.com).

El anuncio de la serie despertó cierto pánico en el Pentágono y la Casa Blanca. La oficina del director de Inteligencia nacional emitió un memo interno: “Se recuerda a los empleados que no deben confirmar ni negar la información aparecida en este medio o en cualquier otro. También deben recordar que si periodistas o personas no autorizadas los contactan para averiguar sobre su trabajo, deben informar del hecho al funcionario de seguridad que corresponda” (www.wired.com, 16710). Secretos son secretos.

Este enorme aparato de espionaje requiere alojamiento. Desde el 11/9 se han construido y/o se construyen 33 sedes en Washington y sus alrededores. A unos siete kilómetros al sudeste de la Casa Blanca se erigirá la que el Departamento de Seguridad Interior compartirá con el cuerpo de guardacostas. El DSI, con sólo siete años de existencia, posee sus propios programas, su propia flotilla de vehículos blindados y un personal de 230.000 empleados. Pero los problemas no escasean.

La Oficina de Seguridad Nacional intercepta y almacena cada día 1700 millones de emails, llamados telefónicos y otros tipos de comunicación captados mediante distintos equipos electrónicos. La repetición de los datos es inevitable y, sobre todo, ¿quién o quiénes podrían analizarlos y evaluarlos a tiempo? No el teniente general (R) John R. Vines, que alguna vez comandó 145.000 efectivos en Irak y a quien se le encargó el año pasado que revisara los métodos de detección del Ministerio de Defensa: “No conozco ningún organismo con la autoridad y la responsabilidad de coordinar todas estas actividades entre servicios y comerciales, o algún proceso en marcha con ese fin –declaró–. La complejidad de este sistema impide describirlo.” La conclusión del general: “No podemos determinar con certeza si nos procura más seguridad”.

Eficaz o no, el volumen de negocios creado por la labor de seguridad aumenta a pasos agigantados. “El 20 por ciento de las organizaciones del gobierno que se dedican a enfrentar la amenaza terrorista se establecieron o remodelaron como consecuencia del 11/9 –señala la investigación de The Washington Post–. Muchas que existían antes de los ataques se desarrollaron en proporciones históricas en razón de que el Congreso y el gobierno Bush les otorgaron más dinero del que eran capaces de gastar con responsabilidad.” En efecto: el presupuesto de las actividades de Inteligencia que se anunció públicamente el año pasado asciende a 75 mil millones de dólares, 21 veces más que antes de los atentados del 11 de septiembre del 2001. Esta infusión de dinero multiplicó el número de organismos y de agentes.

Esta tendencia ya era clara en el sector privado. A mediados de la década, la inversión en aparatos y sistemas de seguridad superó las ganancias de una industrias tan sólida como el cine: 59 mil millones de dólares contra 40 mil respectivamente, según la oficina de investigación del Departamento de Seguridad Interior (wyohomelandsecurity.state.wy.us, diciembre 2005). El punto de partida fueron los aeropuertos, pero hoy esta industria produce sistemas de detección de naturaleza química, biológica y radiológica, así como dispositivos de seguridad para fronteras, ferrocarriles, puertos y plantas nucleares.

Las principales beneficiarias de este boom son, desde luego, las grandes empresas como Lokheed Martin, Ericsson, Boeing o Raytheon. La megacompañía Accenture proporciona tecnologías de seguridad en todo el mundo, pero su mejor cliente es el Departamento de Seguridad Interior. En el 2005 declaró un ingreso neto de 15,5 miles de millones de dólares. Antes del 11/9 no tenía empleado alguno que se empeñara en temas de seguridad. Ahora su personal es de 20 ejecutivos y 600 trabajadores.

“Muchos organismos de Inteligencia y de seguridad hacen la misma tarea, originan redundancia y gasto”, señalan los periodistas del Post. Los analistas producen 50.000 informes cada año, imposibles de leer en una sola vida. El gran poeta inglés William Blake dijo que el camino el exceso conduce al Palacio de la Sabiduría. En materia de espionaje, a EE.UU. le sucede exactamente lo contrario.

Página 12, 25/07/10

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Juan Gelman: Ser y parecer

Juan Gelman: Ser y parecer

El antetítulo dice “Conflicto de intereses”. El título va al punto: “La OMS (Organización Mundial de la Salud) y la ‘conspiración’ de la gripe pandémica” (www.bmj.com, 2-6-10). Ambos encabezan un informe de la prestigiosa publicación British Medical Journal (BMJ, por sus siglas en inglés) que firman Deborah Cohen, editora de la revista, y el periodista Philip Carter, de la Oficina de Periodismo de Investigación de Londres. Se recuerda que hace exactamente un año la OMS declaró “pandemia” la aparición de la gripe A provocada por el virus H1N1. El texto detalla la muy estrecha relación que los encumbrados científicos que así lo aconsejaron mantienen con las empresas farmacéuticas que el año pasado embolsaron ganancias de miles de millones de dólares gracias a la calificación. La OMS negó que tales lazos influyeran en la decisión. En realidad, los ocultó.

El boletín médico Natural News Network (www.naturalnews.com, 5-6-10) resume los pasos que permitieron a grandes compañías como Glaxo SmithKline, Baxter Vaccins, Hoffman-La Roche, Novartis y otras obtener beneficios por valor de 7000 a 10.000 millones de dólares, según el banco JP Morgan. El primero: la OMS exageró el riesgo llevándolo a la fase 6 o pandemia, “aunque la tasa de mortandad del virus era tan baja que se lo podía detener simplemente con suplementos de vitamina D de la que se ha probado científicamente que es cinco veces más eficaz que las vacunas para prevenir la gripe”. El segundo: la OMS urgió a las naciones de todo el mundo a que acopiaran vacunas contra el H1N1 subrayando que la situación era una “emergencia de salud pública”. El tercero: los gobiernos nacionales invirtieron sumas ingentes para comprar y almacenar esas vacunas.

El cuarto paso se internó en territorios decididamente oscuros: los asesores de la OMS recibieron, entre tanto, “comisiones” “de los fabricantes de vacunas, que se mantuvieron en secreto deliberadamente”. El quinto y último: a fin de que la demanda de vacunas fuera la mayor posible, la OMS “exacerbó el miedo advirtiendo que el H1N1 era peligroso en extremo y que todos debían vacunarse”. La urdimbre tuvo éxito y sería interesante inventariar las vacunas no utilizadas que aún conservan los servicios de salud de los gobiernos. No deben ser pocas.

La Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, organismo que agrupa a representantes de 47 naciones del Viejo Continente, acompañó la publicación del informe en la BMJ con uno propio, resultado de una investigación dirigida por el parlamentario británico Paul Flynn. Señala que la Asamblea “expresa su alarma por la manera con que no sólo la OMS, también las autoridades de salud pública competentes a nivel de la Unión Europea y a nivel nacional, manejaron el problema de la pandemia de gripe H1N1”. Va más lejos: “También perturban particularmente (a la Asamblea) algunas decisiones adoptadas y asesoramientos formulados que condujeron a la distorsión de las prioridades de los servicios de salud pública en toda Europa, al desembolso de grandes sumas del dinero público y además a la intimidación y a los temores que el habitante europeo en general tuvo que padecer por los riegos (anunciados)” (www.washingtonpost.com, 4-6-10). Duro, aunque no tanto como “la intimidación y los temores” que recorrieron el planeta.

El informe de BMJ indica que los preparativos de la OMS para combatir todo tipo de influenza comenzaron en 1999, cuando seis investigadores, en colaboración con el Grupo Europeo de Trabajo Científico (ESWI, por sus siglas en inglés), elaboraron un plan ad hoc. Este documento no menciona ningún posible conflicto de intereses, aunque la farmacéutica La Roche financia el presupuesto entero del ESWI.

El silencio de la organización de las Naciones Unidas sobre el tema duró más de diez años. Tampoco ha proporcionado el nombre de los 16 miembros del comité de emergencia que lo asesoraron durante el cimbronazo del virus H1N1. “La OMS no ha proporcionado detalle alguno acerca de si los expertos del caso declararon la existencia de esos conflictos de intereses y, si así fue, qué se hizo al respecto, si algo se hizo”, destaca el texto del BMJ.

Inferencias, indicios, datos sobre la actitud de la OMS y el papel que la industria farmacéutica desempeñó en la declaración de la pandemia gracias a científicos muy “recompensados”, se sintetizaron en esta página hace cuatro meses ya (ver Página/12, 17-1-10). De haberlos conocido hace un año con la minuciosidad que despliega el BMJ, no pocos temores –y dineros– se hubiera ahorrado el mundo. De paso: no se ha publicado un solo estudio científico sobre la eficacia o no de la vacuna contra el H1N1. Vaya a saber por qué.

Página 12, 13/06/10

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