Naomi Klein

Naomi KleinNaomi Klein es una de los líderes del movimiento opositor a la globalización, nacida en Montreal (Canadá) en 1970. Es economista política, periodista y escritora. Caracterizada por su trabajo independiente en los medios periodísticos, colaboró como columnista para los periódicos como el The Guardian de Londres y The Globe and Mail de Toronto. Es hija de padres que pertenecieron al movimiento hippie y fueron cercanos al anarquismo.

Su ruptura con la globalización, implicó el estudio de las influencias del capitalismo de finales del siglo XX y del sistema de la Tercera Vía, así como en el impulso del imperialismo neoliberal y sus efectos en la cultura moderna en la de masas. Fruto de sus investigaciones, escribió varios libros importantes como No Logo (2001), Vallas y ventanas (2003) documentales como La Toma y varios artículos periodísticos y políticos.

Enlaces externos

Wikipedia

Naomi Klein: Robo a plena luz del día, te presentamos al robo de noche

Naomi Klein: Robo a plena luz del día, te presentamos al robo de noche

Me la paso escuchando comparaciones entre las revueltas de Londres y las ocurridas en otras ciudades europeas –las ventanas estrelladas en Atenas o las hogueras de coches en París–. Y, seguro, hay paralelismos: la chispa plantada por la violencia policiaca, una generación que se siente olvidada.

Pero estos actos estuvieron caracterizados por una destrucción masiva; el saqueo fue menor. Ha habido, sin embargo, otros saqueos masivos en años recientes, y quizá también deberíamos hablar acerca de ellos. Estuvo Bagdad, tras la invasión estadunidense (un frenesí de incendios y saqueo que vació las librerías y los museos). Las fábricas también fueron afectadas. En 2004 visité una que antes hacía refrigeradores. Sus trabajadores se habían llevado todo lo valioso, luego le habían prendido fuego tan concienzudamente que la bodega era una escultura de hojas de metal torcidas.

En aquel entonces, la gente de los canales de noticiarios pensaba que el saqueo era marcadamente político. Dijeron: esto es lo que pasa cuando un régimen no tiene legitimidad ante los ojos de la gente. Después de que durante tanto tiempo miraron a Saddam Hussein y sus hijos servirse a sí mismos de lo que fuera y de quien fuera, muchos iraquíes comunes sentían que habían ganado el derecho a tomar algunas cosas para sí mismos. Pero Londres no es Bagdad, y el primer ministro británico David Cameron no es precisamente Saddam, así que seguramente no hay nada que aprender ahí.

¿Qué tal un ejemplo democrático, entonces? Argentina, circa 2001. La economía iba en caída libre y miles de personas que vivían en barrios bravos (que habían sido prósperas zonas manufactureras antes de la era neoliberal) asaltaron las tiendas pertenecientes a extranjeros. Salieron de ellos empujando carritos de supermercado que se desbordaban con productos que ya no podían comprar –ropa, equipos electrónicos, carne–. El gobierno llamó a un "estado de sitio" para restaurar el orden; a la gente no le gustó y tumbó al gobierno.

El saqueo masivo de Argentina se llamó El Saqueo [en español, en el original. N de la T]. Eso era políticamente significativo porque era la misma palabra usada para describir lo que las elites de ese país habían hecho al rematar los bienes nacionales, en descaradamente corruptos acuerdos de privatización, esconder su dinero en el exterior, y luego pasarle la cuenta a la población a través de un brutal paquete de austeridad. Los argentinos comprendieron que el saqueo de los centros comerciales no hubiera pasado sin el saqueo mayor del país, y que los verdaderos gánsteres eran los que estaban a cargo.

Pero Inglaterra no es América Latina, y sus revueltas no son políticas, o al menos eso es lo que escuchamos una y otra vez. Simplemente se trata de jóvenes delincuentes que se aprovechan de una situación para tomar lo que no es suyo. Y la sociedad británica, nos dice Cameron, aborrece ese tipo de comportamiento.

Esto se dice con toda seriedad. Como si nunca hubieran ocurrido los masivos rescates bancarios, seguidos por los desafiantes bonos, los más altos de la historia. Seguidos por las reuniones de emergencia del G-8 y el G-20, cuando los dirigentes decidieron, colectivamente, no hacer algo para castigar a los banqueros, ni hacer nada serio para prevenir que volviese a ocurrir una crisis similar. En vez, todos volverían a casa, a sus respectivos países, e impondrían sacrificios a los más vulnerables. Harían esto mediante despedir a trabajadores del sector público, echarle la culpa a los maestros, cerrar bibliotecas, subir las colegiaturas, revertir los contratos sindicales, realizar aceleradas privatizaciones de bienes públicos y disminuir las pensiones –mezcle el coctel para donde usted viva–. Y, ¿quién está en la televisión sermoneando acerca de la necesidad de renunciar a estos "derechos"? Los banqueros y los administradores de los fondos de cobertura [hedge funds], claro.

Este es el Saqueo global, son tiempos de grandes despojos. Nutrido por un patológico sentido de que tienen derecho a hacerlo, este saqueo se ha llevado a cabo con las luces prendidas, como si no hubiera algo que esconder. Sin embargo, algunos miedos persisten. A principios de julio, The Wall Street Journal citó una nueva encuesta y reportó que 94 por ciento de los millonarios tenía miedo de "la violencia en las calles". Resultó ser un miedo razonable.

Imaxe de O Garcia do Outeiro

Antom Fente Parada: Líbia, umha guerra de manual

Antom Fente Parada: Líbia, umha guerra de manual

Caiu Muammar Khadaffi e Europa e os EUA falam de reconstruçom e de grandes somas de dinheiro para reflotar a economia líbia. Podemo-nos sentir fachendosos do bom fazer e obrar dos nossos dirigentes sempre atentes a exportar a "democracia" lá onde o ouro preto sai da terra. Queiramos ou nom a guerra de Líbia, sob a camuflagem de guerra incivil, configura o novo modus operandi  do imperialismo dos direitos humanos. A diferença do iraque supom umha nova forma de interferir num Estado soberano para benéficio das elites ocidentais em que o desgaste do império é menor, a sua imagem nom se resente e os benefícios correrám a regueiros.

A guerra de Líbia é a morte matada da primavera dos povos árabe. Umha dupla morte, dumha banda pom-se fim à soberania líbia mediante as dívidas contraídas com occidente, coma sempre em meio dumha guerra, e assumindo nom só a dívida do bando ganhador mas também com toda certeza as dívidas da Líbia de Khadaffi. Doutra banda, esmagará-se o nível de vida da populaçom local e provavelmente vivirá-se umha involuçom nos direitos colectivos e individuais baixo a extrema direita islámica que já impuxo a lei islámica como fundamento do direito do futuro estado "democrático".

Prolongar a guerra de Líbia era umha boa forma de nom sujar as maos directamente enquanto os impostos das populaçons dos estados occidentais (contrárias à guerra maioritariamente) pagavam os bombardeios, enquanto eles proprios som bombardeados por pacotes de mais e mais austeridade. Richard Armitage, ex-subsecretário de Estado indicou para o Iraque que a forma de conduzir a guerra da "coligaçom" fora demasiado branda. Em sua opiniom devia-se tomar nota de Alemanha e Japom após a II Guerra Mundial, quando a populaçom ficou exausta e profudamente paralisada (em estado de shock) a raíz do acontecido. Assim, umha vitória muito rápida frente às forças inimigas impediu que a gente se sinta atemorizada como nos casos aludidos e, portanto, "os EUA enfrentam-se a umha populaçom iraquiana à que o shock e a conmoçom nom lhe figérom efeito" [1].  O imperialismo dos direitos humanos, tal e como o historiador Eric Hobsbawn o tem denominado, mais umha vez actua seguindo o seu manual:

A persistência da firme linha de continuidade até o presente revela mais uma vez que os EUA parecem-se muito a qualquer estado poderoso. Perseguem os interesses estratégicos e económicos dos sectores dominantes da sua populaçom, ao som dumha fanfarria retórica sobre a sua dedicaçom aos valores mais elevados. Trata-se praticamente dum universal histórico, e é o motivo pelo que a gente sensata empresta pouca atençom às declarações de nobres intençons dos dirigentes ou os elogios de seus seguidores [2].

 A Líbia do ditador Khadaffi cumpre lembrar que era um estado com uns níveis de serviços sociais à cabeça do continente africano, com o nível educativo e a esperança de vida mais elevados de África algo que reconhecem até os que agora o pintam como inimigo público de Ocidente enquanto há dous dias se abraçavam a ele e nos diziam que era um "amigo" que combatia a Al-Qaeda [3].

Naomi Klein: Looting with the lights on

Naomi Klein: Looting with the lights on
We keep hearing England's riots weren't political – but looters know that their elites have been committing daylight robbery

I keep hearing comparisons between the London riots and riots in other European cities – window-smashing in Athens or car bonfires in Paris. And there are parallels, to be sure: a spark set by police violence, a generation that feels forgotten.

But those events were marked by mass destruction; the looting was minor. There have, however, been other mass lootings in recent years, and perhaps we should talk about them too. There was Baghdad in the aftermath of the US invasion – a frenzy of arson and looting that emptied libraries and museums. The factories got hit too. In 2004 I visited one that used to make refrigerators. Its workers had stripped it of everything valuable, then torched it so thoroughly that the warehouse was a sculpture of buckled sheet metal.

Back then the people on cable news thought looting was highly political. They said this is what happens when a regime has no legitimacy in the eyes of the people. After watching for so long as Saddam Hussein and his sons helped themselves to whatever and whomever they wanted, many regular Iraqis felt they had earned the right to take a few things for themselves. But London isn't Baghdad, and the British prime minister, David Cameron, is hardly Saddam, so surely there is nothing to learn there.

How about a democratic example then? Argentina, circa 2001. The economy was in freefall and thousands of people living in rough neighbourhoods (which had been thriving manufacturing zones before the neoliberal era) stormed foreign-owned superstores. They came out pushing shopping carts overflowing with the goods they could no longer afford – clothes, electronics, meat. The government called a "state of siege" to restore order; the people didn't like that and overthrew the government.

Naomi Klein: "La crisis en Haití ofrece oportunidades de intervención a EEUU"

Naomi Klein: "La crisis en Haití ofrece oportunidades de intervención a EEUU"
Intervención de Naomi Klein el jueves pasado, 14 de enero, en el programa de Amy Goodman Democracy Now!, sobre los sucesos de Haití y sobre quienes ya se están lucrando con la tragedia
Traducido para Rebelión por Michael Friedman

Como escribí en "The Shock Doctrina" ("La doctrina del choque"), se aprovechan las crisis como pretexto para imponer las políticas que no se pueden llevar a cabo en condiciones de estabilidad. Durante los períodos de crisis extremas, los pueblos están desesperados por recibir ayuda humanitaria de cualquier índole, cualquier forma de financiamiento, y no se encuentran en una posición favorable para negociar los términos de esa ayuda.

Y quiero hacer una digresión momentánea para leerles un documento extraordinario, que acabo de publicar en mi Website. El titular dice "Haití: detenerles antes que impongan el 'choque' otra vez". La información fue presentada hace unas pocas horas en la Web de la Heritage Foundation (una fundación o "think-tank" de la élite de la clase dominante estadounidense que formula las políticas e ideologías implementadas por los gobiernos de turno).

"En medio del sufrimiento, la crisis en Haití ofrece oportunidades a EEUU. Además de proporcionar ayuda humanitaria inmediata, la respuesta de EEUU ante el trágico terremoto ofrece la oportunidad para reestructurar el gobierno y ela conomía de Haití, disfuncionales desde hace tiempo, además de mejorar el imagen de EEUU en esa región". Y el documento sigue.

No sé si las cosas están mejorando, pués la Heritage Foundation respondió a los 13 días del huracán Katrina con 32 propuestas neoliberales para ayudar a los damnificados de aquel desastre. Publicamos ese documento, también, en nuestra Web. Sus propuestas para las víctimas de Nueva Orléans resultaban en el cierre de de las viviendas públicas, convertir la costa del Golfo de México en una zona franca y eliminar las leyes que obligaron a que los empresarios pagaran un salario mínimo a sus empleados. Entonces tardaron trece días en formular esa recomendación en el caso de Katina, pero no esperaron ni 24 horas en el caso de Haití.

Digo que 'no sé si están mejorando las cosas' porque quitaron ese documento de su sitio hace dos horas. Entonces, a lo mejor alguien les informó de que no estaba bien. Y pusieron un documento mucho mas sensible. Afortunadamente, los corresponsales de Democracy Now! lograron descubrir el documento anterior en un caché de Google. Pero lo que vieron en el sitio es la parte mas suave, de "Lo que hay que tener en cuenta mientras ayudamos a Haití". Enterrado abajo, se encuentra el planteamiento de que "ya van muy atrasadas las reformas necesarias para la democracía y economía haitianas".

Para nosotros, es preciso garantizar que que la ayuda que llega a Haití asuma la forma de subvenciones y no de préstamos. Ésta es crítica. Se trata de un pueblo ya agobiado por la deuda externa. Este desastre, como djo Amy, por un lado es natural, un terremoto, pero por otro lado es una creación y está empeorado por el empobrecimiento de los haitianos en la profundización de lo cual son cómplices nuestros gobiernos. Los desastres naturales son peores en los países como Haití, por ejemplo, debido a la erosión del suelo, que se produce cuando cuando la pobreza obliga a que los sectores marginados construyan sus viviendas en condiciones precarias. Como resultado, las casas se derriban facilmente. Todos estos fenómenos estan entretejidos. Pero no podemos permitir en ningún momento que esta tragedia -en parte natural y en parte artificial- se utilice para endeudar más a Haití ni para impulsar políticas que favorecen nuestras corporaciones. Y esta no es una teoría de conspiraciones. Lo han hecho en una ocasión tras otra.

Fuente: http://i3.democracynow.org/2010/1/14/naomi_klein_issues_haiti_disaster_capitalism

Rebelión, 17/01/10

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Naomi Klein & Avi Lewis: The Cure for Layoffs: Fire the Boss!

Naomi Klein & Avi Lewis: The Cure for Layoffs: Fire the Boss!

In 2004, we made a documentary called The Take about Argentina's movement of worker-run businesses. In the wake of the country's dramatic economic collapse in 2001, thousands of workers walked into their shuttered factories and put them back into production as worker cooperatives. Abandoned by bosses and politicians, they regained unpaid wages and severance while re-claiming their jobs in the process. 

As we toured Europe and North America with the film, every Q&A ended up with the question, "that's all very well in Argentina, but could that ever happen here?" 

Well, with the world economy now looking remarkably like Argentina's in 2001 (and for many of the same reasons) there is a new wave of direct action among workers in rich countries. Co-ops are once again emerging as a practical alternative to more lay-offs. Workers in the U.S. and Europe are beginning to ask the same questions as their Latin American counterparts: Why do we have to get fired? Why can't we fire the boss? Why is the bank allowed to drive our company under while getting billions of dollars of our money? 

Tomorrow night (May 15) at Cooper Union in New York City, we're taking part in a panel that looks at this phenomenon, called Fire the Boss: The Worker Control Solution from Buenos Aires to Chicago.

We'll be joined by people from the movement in Argentina as well as workers from the famous Republic Windows and Doors struggle in Chicago. 

It's a great way to hear directly from those who are trying to rebuild the economy from the ground up, and who need meaningful support from the public, as well as policy makers at all levels of government. For those who can't make it out to Cooper Union, here's a quick round up of recent developments in the world of worker control. 

Naomi Klein: ¡Que se vayan todos!

Naomi Klein: ¡Que se vayan todos!

¡Que se vayan todos!

Viendo a las multitudes en Islandia blandiendo y golpeando ollas y cacerolas hasta hacer caer a su gobierno me acordaba yo de una popular consigna coreada en los círculos anticapitalistas en 2002: "Ustedes son Enron; nosotros, la Argentina".

Su mensaje era suficientemente simple. Ustedes –políticos y altos ejecutivos amalgamados en alguna que otra cumbre comercial— son como los temerarios estafadores ejecutivos de Enron (claro que entonces no sabíamos ni la mitad de lo ocurrido)—. Nosotros –el populacho mantenido al margen— somos como los argentinos, quienes, en medio de una crisis económica misteriosamente parecida a la nuestra, salieron a la calle con ollas y cacerolas al grito de: "Que se vayan todos". Forzaron la dimisión de cuatro presidentes en menos de tres semanas. Lo que hizo única la rebelión argentina de 2001-2002 fue que no iba dirigida contra ningún partido político concreto, ni tampoco contra la corrupción en abstracto. Su objetivo era el modelo económico dominante: fue la primera revuelta de una nación contra el capitalismo desregulado de nuestros días.

Ha tomado su tiempo, pero, finalmente, desde Islandia hasta Letonia, pasando por Corea del Sur y Grecia, el resto del mundo está llegando al mismo resultado: ¡que se vayan todos!

Las estoicas matriarcas islandesas que sacaban sus cacerolas mientras sus hijos buscaban proyectiles en el frigorífico (huevos, desde luego, ¿también yogures?) reproducen las tácticas que se hicieron famosas en Buenos Aires. Un eco de la rabia colectiva contra unas elites que destruyeron un país otrora próspero pensando salir de rositas. Como dijo Gudrun Jonsdottir, una oficinista islandesa de 36 años: "Estoy hasta el moño de todos esto. No me fío del gobierno, no me fío de los bancos, no me fío de los partidos políticos y no me fío del FMI. Teníamos un país estupendo, y se lo han cargado".

Naomi Klein: Un año después de la publicación de “La doctrina del shock”

Naomi KleinNaomi Klein: Un año después de la publicación de “La doctrina del shock”
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Hace exactamente un año, salí a una gira promocional para mi libro “La doctrina del shock”. Planeábamos que duraría tres meses, bastante tiempo según los estándares editoriales. Doce meses después, todavía continúa. Pero no es una gira promocional cualquiera. Por todas partes donde he ido – de Calgary, Alberta a Cochabamba, Bolivia – he escuchado más historias sobre como han utilizado las estrategias del shock para imponer políticas indeseables favorables a las corporaciones. También he participado en estimulantes debates y discusiones sobre como las crisis actuales – petróleo, alimentos, mercados financieros, mal tiempo – puede ser transformadas en oportunidades para el cambio progresista.

Y ha habido otro tipo de reacciones. “La doctrina del shock” es un ataque directo contra intelectuales e instituciones que han diseminado la ideología corporativa por el mundo. Al escribir el libro, estaba segura de que sería atacada. Sin embargo, durante ocho meses después de la publicación, hubo un silencio escalofriante de los ideólogos del “libre mercado.” Claro que aparecieron unas pocas reseñas desdeñosas en la prensa económica. Pero ni una palabra de los think-tanks de Washington que menciono en el libro. Nada del departamento de economía de la Universidad de Chicago. Incluso la revista The Economist, que solía atacarme jubilosamente y con gran regularidad, nunca mencionó el libro impreso. Una productora de televisión estadounidense, que estaba tratando de encontrar un oponente para que debatiera conmigo en vivo, me confesó que nunca había sido rechazada con tanta consecuencia. “Parecen pensar que si la ignoran, usted desaparecerá.”

Bueno, el silencio de la derecha ha sido ciertamente roto. En los últimos meses, han aparecido varios artículos e informes que pretenden desacreditar mi tesis. Los más destacados son: un “documento introductorio” publicado por The Cato Institute, ampliado a todo un libro en sueco (¡), y un largo ensayo en The New Republic por el editor sénior Jonathan Chait.

Naomi Klein: Los Chicago Boys de Obama

Naomi Klein: Los Chicago Boys de Obama

Barack Obama se esperó sólo tres días después de que Hillary Clinton se salió de la carrera demócrata para declarar a CNBC: “Mira, estoy en favor del crecimiento, soy un tipo en favor del libre mercado. Amo el mercado”.

Para demostrar que ésta no es una simple aventura de primavera, nombró a Jason Furman, de 37 años, encargado de su equipo de política económica. Furman es uno de los más destacados defensores de Wal-Mart, compañía a la que describe como “una historia progresista de éxito”. Durante la campaña, Obama arremetió contra Clinton por formar parte de la junta directiva de Wal-Mart y se comprometió: “No compraré ahí”. Sin embargo, para Furman, la verdadera amenaza son los críticos de Wal-Mart: los “esfuerzos por lograr que Wal-Mart incremente sus salarios y beneficios” crean un “daño colateral”, el cual es “demasiado grande y perjudicial a la gente trabajadora y a la economía en general como para que me quede aquí sentado cantando Kum-Ba-Ya* en aras de los intereses de una armonía progresista”.

El amor de Obama por los mercados y su deseo de “cambio” no son intrínsecamente incompatibles. “El mercado está desequilibrado”, dice, y seguro que lo está. Muchos rastrean el origen de este profundo desequilibrio hasta las ideas de Milton Friedman, quien lanzó una contrarrevolución al New Deal desde su percha en el departamento de economía de la Universidad de Chicago. Y aquí encontramos más problemas, porque Obama –quien dio clases de derecho en la Universidad de Chicago durante una década– está complemente incrustado en el pensamiento conocido como la Escuela de Chicago.

Los desastres naturales y las crisis son motores de las privatizaciones

Los desastres naturales y las crisis son motores de las privatizaciones
Lo asegura Naomi Klein (foto), periodista y militante anticapitalista
"El neoliberalismo nunca fue un proceso democrático", afirma en su último libro

Klein se encuentra en el país para presentar su última obra, La doctrina del shock, en la Feria del Libro. Allí, esta canadiense asegura que crisis y desastres naturales como la guerra de Irak, el atentado a las Torres Gemelas, los problemas políticos y económicos de China, Rusia y Polonia y el huracán Katrina preparan el terreno para el avance privatizador.

Considera, además, que cada desastre es una oportunidad de negocio para desplazar al Estado.

Este "análisis latinoamericano del neoliberalismo" plantea que es lógico que las primeras voces de rechazo a este proceso hayan nacido en esta parte del mundo. Como este modelo económico fue aplicado primero en América Latina, también la región fue pionera en el análisis y la posterior crítica, a partir de gobiernos caracterizados como "populares". "El neoliberalismo nunca fue un proceso democrático", afirmó la autora en una entrevista al diario La Nación.

Naomi Klein: Desheredados de la sociedad de propietarios

Naomi Klein: Desheredados de la sociedad de propietarios

¿Recuerdan la “sociedad de propietarios”, constante en los principales discursos del presidente George W. Bush durante los primeros cuatro años de su presidencia? “Estamos creando... una sociedad de propietarios en este país, donde más estadunidenses que nunca podrán abrir la puerta de donde viven y decir, bienvenido a su casa, bienvenido a mi pedazo de propiedad”, dijo Bush en octubre de 2004. Grover Norquist, un analista en un centro de investigación en Washington, predijo que la sociedad de propietarios sería el mayor legado de Bush, y que sería recordado “mucho tiempo después de que la gente ya no pudiera pronunciar o deletrear Fallujah”. Sin embargo, en el último informe presidencial, la alguna vez ubicua frase estaba visiblemente ausente. Y no es para sorprenderse: en vez de ser su orgulloso padre, Bush resultó ser el enterrador de la sociedad de propietarios.

Mucho antes de que la sociedad de propietarios tuviera una pulida etiqueta, su creación fue básica para que tuviera éxito la revolución económica de la derecha en el mundo. La idea era simple: si la gente de la clase trabajadora era dueña de un pequeño pedazo del mercado –una hipoteca, un portafolio de acciones, una pensión privada– dejaría de identificarse con los trabajadores y empezaría a verse a sí misma como dueña, con los mismos intereses que su jefe. Eso significaría que votaría por políticos que prometieran mejorar el desempeño de las acciones, en vez de las condiciones laborales. La conciencia de clase sería una reliquia.

Naomi Klein: Desposeídos por la sociedad de propietarios

Naomi Klein: Desposeídos por la sociedad de propietarios

¿Recuerdan la “sociedad de propietarios”, motivo de los discursos de George W. Bush padre durante los cuatro primeros años de su presidencia? “Estamos creando una sociedad de propietarios en este país, en que más americanos que nunca podrán abrir la puerta de allí donde vivan y decir «Bienvenidos a mi casa, bienvenidos a mi trozo de propiedad»”, dijo en octubre de 2004. El ideólogo de Washington Grover Norquist predijo que la sociedad de propietarios sería el mayor legado de Bush y que, en cambio, “en unos cuantos años, la gente no podrá pronunciar o escribir Fallujah”. Ya en el discurso sobre el Estado de la Unión la otrora ubicua frase brillaba por su ausencia. Y, pequeño milagro: más que su orgulloso padre, Bush se ha convertido en el enterrador de la sociedad de propietarios.

Mucho antes de que la sociedad de propietarios tuviera un label claro, su creación fue esencial para el éxito de la revolución de la derecha económica en todo el mundo. La idea era simple: si la gente de clase obrera posee un pequeño trozo de mercado ?una hipoteca sobre su casa, una cartera de acciones o una pensión privada? dejará de identificarse como trabajadora y comenzará a verse a sí misma como propietaria, con los mismos intereses que sus jefes. Eso significa que podría votar a políticos que prometan mejorar la realización de los estocs por encima de las condiciones de trabajo. La conciencia de clase se convertiría en una reliquia.

Naomi Klein: Police and Tasers: Hooked on Shock

Naomi Klein: Police and Tasers: Hooked on Shock

The past couple of weeks have been rocky on the stock market, but one company that hasn’t been suffering too much is Taser International. At the end of January, its stock jumped by an impressive 8 per cent, and it’s even higher today.

Matthew McKay, a stock analyst at Jeffries & Co. in San Francisco, cites a simple cause: news that the Toronto Police Services Board plans to buy 3,000 new Taser electroshock weapons, at a cost of $8.6 million for gear and training. If the deal goes ahead, tasers would become standard issue weaponry for all of Toronto’s frontline officers, right next to their handcuffs and batons.

On Wednesday night, I participated in a public forum about the prospect of a fully taser-armed police force, organized by the Toronto Police Accountability Coalition. One speaker, who had a history of psychiatric illness, told the room: “We’re worried because we’re the people who are going to get shocked.”

It’s a concern grounded in experience. According to Toronto Police Chief Bill Blair’s own analysis, in 2006, city cops deployed the devices in 156 incidents. In all but nine, the subject appeared “to have a mental disorder” or was in some sort of “crisis.”

Naomi Klein: Por qué a la derecha le encanta el desastre

Naomi Klein: Por qué a la derecha le encanta el desastre
Traducido para Rebelión por S. Seguí

La agencia de calificación Moody’s asegura que la clave para resolver los problemas económicos de Estados Unidos está en la drástica reducción de los desembolsos de la seguridad social. La National Association of Manufacturers (Asociación National de Fabricantes, patronal) afirma que la receta consiste en que el Gobierno federal acepte la “lista de la compra” de esta organización en la que se prescriben nuevos recortes fiscales. Para la publicación Investor's Business Daily el permiso para realizar prospecciones petrolíferas en la Arctic National Wildlife Refuge (Reserva natural ártica de Alaska) constituye “probablemente el estímulo más importante de todos.”

Pero de todos estos cínicos intentos de camuflar como “estímulos económicos” lo que no es sino la apropiación masiva de recursos por parte de los capitalistas, la palma se la lleva Lawrence B. Lindsey, ex asistente del presidente Bush para asuntos económicos y asesor de éste durante la recesión de 2001. El plan de Lindsey consiste en resolver la crisis desatada por la práctica de préstamos fraudulentos mediante una gran ampliación de los créditos de riesgo. “Una de las soluciones más fáciles sería permitir que los fabricantes y distribuidores –en particular, Wal-Mart— abriesen sus propias instituciones financieras, mediante las cuales podrían negociar empréstitos y conceder créditos”, afirmó recientemente Lindsey en un artículo en el Wall Street Journal.

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