Samir Amin

Samir Amin

Samir Amin: 'El concepto de democracia ha sido vaciado de contenido'

Samir AminSamir Amin: 'El concepto de democracia ha sido vaciado de contenido'
El economista y politólogo clausura la Semana Galega da Filosofía
Samir Amin defiende el paso del capitalismo al socialismo del siglo XXI
Cree que las medidas de austeridad sólo harán la crisis más profunda
Apunta que las revoluciones no están ocurriendo sólo en el mundo árabe
Invita a Europa a dejar de alinearse con Estados Unidos

El origen de la crisis va mucho más allá del hundimiento financiero de septiembre de 2008. Se trata de una crisis sistémica, la del "capitalismo imperialista de los oligopolios". La transformación del imperialismo de las potencias en permanente conflicto entre sí en un tipo singular: el de la tríada Estados Unidos-Europa-Japón es uno de los rostros de esa fase actual del capitalismo, en la que el mercado financiero y monetario ostentan el status dominante, dirigiendo el intercambio de productos. Los oligopolios escogieron la financiarización del sistema porque ello les permite concentrar una proporción cada vez mayor de los beneficios realizados en la economía real.

La tríada inició en los años 70 una segunda oleada de concentración oligopolista, de modo que la crisis comenzó en el 68/71, al no encontrar los beneficios derivados de la producción salidas suficientes en forma de inversiones lucrativas capaces de desarrollar posteriormente nuevas capacidades productivas. Así lo cree el economista y politólogo egipcio Samir Amin, que el viernes cerró en Pontevedra la Semana Galega da Filosofía. Amin, presidente del Foro Mundial de las Alternativas y del Foro del Tercer Mundo, fue profesor en Poitiers, Dakar y París. Reconocido como uno de los principales renovadores de la teoría del desarrollo, es una de las voces más reputadas del neomarxismo.

- Ha explicado que las políticas neoliberales gestionan la crisis, sin resolverla, con ajustes coyunturales destinados a asegurar la rentabilidad financiera del capital excedente, a través de las privatizaciones o de la deslocalización, por ejemplo. El rescate de los bancos, los recortes sociales... ¿acelerarán las contradicciones del capitalismo, o por el contrario éste saldrá reforzado?

- Lo que está claro es que no hay una solución financiera a la crisis. Y la respuesta en forma de rescates a los bancos y políticas de austeridad contra las clases obreras va a profundizar la crisis, y con ello las contradicciones del capitalismo. Lo que va a pasar dependerá de las respuestas de los pueblos del centro y de las periferias. No creo que la solución vaya a ser una nueva fase brillante del capitalismo. Es posible que se originen avances revolucionarios, paso a paso.

Samir Amin: Managing the Euro: Mission Impossible!

Samir Amin: Managing the Euro: Mission Impossible!

1.  No state, no money.  Together, a state and its currency constitute, under capitalism, the means to manage the general interest of capital, transcending the particular interests of competing segments of capital.  The current dogma that imagines a capitalist system managed by the "market," i.e. without the state (reduced to its minimal functions of ensuring law and order), is based on neither any serious understanding of the history of real capitalism nor any "scientific" theory capable of demonstrating that management by the market produces -- even as a tendency -- any such equilibrium (a fortiori "optimal").

The Euro was created in the absence of a European state that substitutes for national states, whose essential functions of managing the general interests of capital were themselves on the way toward being done away with.  The dogma of a currency that is "independent" of the state is an expression of this absurdity.

"Europe" does not exist politically.  Despite the naive illusion that calls for transcending the principle of sovereignty, national states alone remain legitimate.  The political maturity that could make people of historical nations accept a Europe constituted by a "European vote" doesn't exist yet.  One can only hope for it at this point; it remains the case that we would have to wait for the emergence of a politically legitimate Europe for a long time.

Worse, "Europe" doesn't exist socially and economically either.  A Europe composed of 25-30 states remains profoundly unequal in terms of capitalist development.  The oligopolies that control the economy of the region (and its current politics and political culture besides) are groups whose "nationality" is determined by that of their major directors.  These groups are primarily British, German, and French, only marginally Dutch, Swedish, Spanish, and Italian.  Eastern Europe and in part Southern Europe are to Northwestern and Central Europe what Latin America is to the United States.  Under these conditions, Europe is little more than a common, indeed single, market, part of the global market under late capitalism of generalized, globalized, and financialized oligopolies.  From this perspective, as I have written before, Europe is the "most globalised region" of the world system.  This situation, reinforced by the impossibility of a politically united Europe, results in differentiated levels of real wages, systems of social solidarity, and regimes of taxation that cannot be done away with in the framework of such European institutions as exist today.

Entrevista Samir Amin: Se abre el Foro Social en Nairobi

Samir AminEntrevista Samir Amin: Se abre el Foro Social en Nairobi
Samir Amin, presidente del Foro Social que se ha inaugurado esta semana en Nairobi, es un prestigioso economista de origen egipcio.

En vísperas de Nairobi, Giuliano Battiston entrevista para Il Manifesto al economista Samir Amin, presidente del Foro Mundial de las Alternativas. Entre los asuntos abordados, el de la inconsistencia del proyecto europeo. De las primeras reuniones de que surgió el Foro social, la que acabó llamándose “anti-Davos”, pequeña pero marcadamente simbólica: participaron los representantes de las grandes fuerzas sociales víctimas de las políticas capitalistas.

¿Un capitalismo con rostro humano? «Pura ilusión». ¿Altermundialismo moderado? «Una ingenuidad». ¿Europa? «Aún no existe». Alejado de la circunspecta retórica del politically correct, incansable promotor de alternativas políticas y económicas al dogma neoliberal dominante, el economista egipcio Samir Amin ha hecho del lenguaje franco, del rigor analítico y de la pasión militante los instrumentos de su inveterada batalla por anteponer el hombre y sus necesidades al beneficio. Convencido partidario de la necesidad de acompañar las reivindicaciones de justicia social y la crítica de las desigualdades intrínsecas a la globalización capitalista de una radicalización de la lucha política capaz de unificar las multiformes energías de los movimientos altermundialistas, Samir Amin es un autor extremadamente prolífico. Sus textos son leídos y discutidos por cuantos pretenden transformar la heterogeneidad de  «movimientos» en un actor político colectivo, no menos que por quienes temen las derivas politizadas de los mismos.

Samir Amin y Rémy Herrera: Sobre la insurrección de los suburbios en Francia

Samir Amin y Rémy Herrera: Sobre la insurrección de los suburbios en Francia
Traducido del francés para Rebelión por S. Seguí

Tanto en Francia como en el extranjero se ha escrito mucho sobre los acontecimientos que los medios de comunicación han denominado la "insurrección de los suburbios" o la "guerrilla urbana", deformándolos parcial o completamente, y que se desarrollaron entre finales de octubre (a raíz de la muerte en condiciones poco claras de dos jóvenes perseguidos por la policía en Clichy-sous-Bois) y finales de noviembre (tras la decisión del Gobierno Chirac-Villepin-Sarkozy de prorrogar el estado de urgencia por tres meses). El ridículo se alcanzó cuando las embajadas de varios países extranjeros difundieron consignas de seguridad dirigidas a sus nacionales residentes en territorio francés. Francia no está en llamas. Los desordenes sólo tuvieron lugar en las ciudades satélite y los barrios suburbiales más pobres del país, donde habitan numerosas familias de las capas populares en grandes torres y masas de hormigón (y donde raramente se ven turistas u hombres de negocios). Los jóvenes que se rebelaron contra el orden establecido la emprendieron contra bienes materiales, incendiando coches (por millares), centros comerciales, comisarías de policía, bancos, etc. no contra las personas, con la excepción de las fuerzas del orden. Nuestra intención aquí no es justificar estos actos de violencia gratuita, sobre todo cuando se sabe que afectaron a bienes públicos (escuelas, transportes públicos, etc.), sino intentar comprender las razones de esta rebelión. Ya que, aún sin aceptar las formas que ha tomado, muchos Franceses comprenden esta explosión y, para decir todo, la esperaban como algo absolutamente ineludible. Sabemos todos que esta sociedad (capitalista) nuestra no ofrece nada a estos jóvenes: ni condiciones de alojamiento satisfactorias, ni una educación que les permita conseguir un empleo estable, ni esperanza de promoción social, ni reconocimiento, ni escucha. La relación más tangible de estos jóvenes con el Estado (capitalista) consiste en los controles policiales, a veces brutales, siempre intimidatorios y humillantes, basados en el aspecto.

Samir Amin: Foro social mundial ¡Levántate y anda!

Samir Amin: Foro social mundial ¡Levántate y anda!
Samir Amin, economista y escritor, es director del Foro del Tercer Mundo, con sede en Dakar

El movimiento impulsado por el Foro Social Mundial (FSM) ya ha obtenido una victoria moral. "El mundo no está en venta" y "Otro mundo es posible" no son frases huecas sino consignas vibrantes que han conquistado la simpatía de la opinión pública en todo el planeta.

El movimiento es múltiple y en ello radica su fuerza, aun cuando su multiplicidad dificulta la convergencia en objetivos estratégicos prioritarios.

Pero la mera asunción de las reivindicaciones de las víctimas del sistema, aunque es perfectamente legítima, no constituye una alternativa ni una estrategia que permite avanzar. Más aún, se corre el grave riesgo de limitarlo a la función de denuncia, que es lo que algunos de sus miembros postulan.

El movimiento ha logrado movilizar segmentos importantes de las clases medias instruidas particularmente en los países centrales del sistema. Casi todas sus organizaciones se dedican a un objetivo singular -la promoción femenina, la defensa de minorías oprimidas, culturales o de otro tipo, etcétera- y suelen ser interclasistas por principio.

Es sumamente positiva esta intervención en el interior de clases sociales que habitualmente han restringido su campo de acción a utilizar el derecho de voto y los medios de la democracia representativa: lobbies y participación en agrupaciones políticas. La defensa del individuo y de la libertad de iniciativa individual y la firme dimensión moral de estas organizaciones no es de manera una "deformación pequeño-burguesa" -como en algunos sectores del movimiento obrero se la considera- sino al contrario un progreso en la práctica política para beneficio, a largo plazo, de todas clases dominadas.

Pero estas organizaciones no han superado a las de las clases populares en lucha por sus intereses "materiales". Las luchas obreras por la ocupación y el salario, o las de los campesinos por precios remunerativos y el acceso a la tierra, siguen siendo el eje de los combates capaces de modificar las relaciones de fuerza sociales. Los sindicatos obreros y rurales son los componentes esenciales del movimiento.

Pero es indudable que esas organizaciones "clásicas" que son el medio de expresión y de acción de las clases dominadas, no han sabido adaptarse a los nuevos desafíos. Las innovaciones en la estructuración del trabajo y en la conducción de la vida económica consiguientes a la evolución del capitalismo exigen nuevas formas organizativas y de lucha que constituyen, entre otras, el programa de trabajo del Foro Mundial de las Alternativas. Sin embargo, esto no justifica el desprecio con el que muchos de aquellos movimientos miran a los sindicatos obreros y rurales llamados "tradicionales".

Las organizaciones topan con obstáculos considerables para traspasar las fronteras estatales. ¿Cómo pueden ser superados? Pienso que el único medio puede ser la orquestación de grandes campañas mundiales focalizadas en objetivos estratégicos prioritarios. Algunos ejemplos:

  • una campaña contra las guerras de Estados Unidos (llamadas preventivas) y, sucesivamente, contra la evacuación de todas sus bases militares;

  • una campaña a favor de derecho al acceso a la tierra, cuyo reconnocimiento es vital para tres mil millones de campesinos de tres continentes;

  • una campaña para la regulación de las tercerizaciones industriales;

  • una campaña para la cancelación de todas las deudas externas del Tercer Mundo.

Ninguna de estas campañas movilizará a "todo el mundo" y sus respectiivos centros de gravitación serán diversos, pero todos ellos deberían lograr una fuerte resonancia -no sólo en los países escogidos- de manera de hacer avanzar concretamente las expresiones de un nuevo internacionalismo de los pueblos.

Pienso que la amenaza principal que acecha al movimiento es el riesgo de creer ingenuamente que se puede "transformar al mundo sin perseguir la conquista del poder". Es cierto que en ciertos momentos de la historia ha habido movmientos sociales poderosos que lograron cmabiar la sociedad. El de 1968 es en este sentido el mayor ejemplo. Cambió muchas cosas (en Occidente) y en modo positivo: el auge de la reivindicación femenina y la profundización de la responsabilidad democrática individual se deben, entre otras cosas, a su impulso. Pero el capitalismo ha demostrado que es capaz de absorber esas evoluciones sin que resulten cuestionados sus modos fundamentales de explotación y de opresión.

EL FSM está hoy en día ante una opción decisiva. Tiene la posibilidad de convertirse en vehículos de la construcción paciente de frentes capaces de hacer progresar la convergencia en la diversidad de todas las fuerzas progresistas del planeta. Para ello, creo que no hay mejor camino que la definición de plataformas comunes articuladas en base al doble rechazo del neoliberalismo y de la militarización de la globalización bajo el control de Estados Unidos. Una alianza amplia y abierta de movimientos que operen en esa perspectiva llevaría a colocar el acento en la construcción de alternativas positivas.

Rebelión, 29/05/05

Samir Amin: The liberal virus. Permanent War and the Americanization of the World

THE LIBERAL VIRUS

Permanent War and the Americanization of the World


The Liberal Virus

by Samir Amin

About the Author
SAMIR AMIN is director of the Third World Forum in Dakar, Senegal. His numerous works include Accumulation on a World Scale, Unequal Development, and Specters of Capitalism.


Samir Amin's ambitious new book argues that the ongoing American project to dominate the world through military force has its roots in European liberalism, but has developed certain features of liberal ideology in a new and uniquely dangerous form. Where European political culture since the French Revolution has given a central place to values of equality, the American state has developed to serve the interests of capital alone, and is now exporting this model throughout the world. American imperialism, Amin argues, will be far more barbaric than earlier forms, pillaging natural resources and destroying the lives of the poor.

The Liberal Virus examines the ways in which the American model is being imposed on the world, and outlines its economic and political consequences. It shows how both citizenship and class consciousness are diluted in "low-intensity democracy" and argues instead for democratization as an ongoing process—of fundamental importance for human progress—rather than a fixed constitutional formula designed to support the logic of capital accumulation.

In a panoramic overview, Amin examines the objectives and outcomes of American policy in the different regions of the world. He concludes by outlining the challenges faced by those resisting the American project today: redefining European liberalism on the basis of a new compromise between capital and labor, re-establishing solidarity among the people of the South, and reconstructing an internationalism that serves the interests of regions that are currently divided against each other.


Table of Contents

One—The Liberal Vision of Society

Two—The Ideological and Para-Theoretical Foundations of Liberalism

Three—The Consequences: Really Existing Globalized Liberalism

Four—The Origins of Liberalism

Five—The Challenge of Liberalism Today

NOTES
INDEX


Monthly Review Press home

Samir Amin: El reto de la mundialización

Samir Amin: El reto de la mundialización

La mundialización, coartada del capitalismo salvaje

El discurso dominante hace de la mundialización una "obligación absoluta, una "ley incuestionable" contra la que no se puede hacer nada. Aún más, la mundialización sólo tendría un aspecto, la que se nos propone en su nombre, siendo todas las demás forzosamente utopías.

Ahora bien, la historia nos muestra exactamente lo contrario. La historia no está dirigida por el despliegue infalible de las "leyes de la economía pura" tal como lo imaginan los ideólogos del sistema. Se construye por las reacciones sociales a las tendencias que estas leyes expresan, las cuales definen a su vez las relaciones sociales concretas en el marco en que estas leyes operan. Este rechazo organizado, coherente y eficaz de la sumisión unilateral y total a las exigencias de estas supuestas leyes modela la verdadera historia así como la lógica "pura" de la acumulación capitalista. Dirigen las posibilidades y las formas de la expansión que se desarrolla por tanto en aquellos marcos en que imponen su organización.

Los retos a los que los pueblos se enfrentan hoy día son, sin duda, diferentes a los de ayer. Hay novedades. Son el resultado del conjunto de las transformación que han sufrido las relaciones sociales y las relaciones internacionales. Estas relaciones habían sido construidas al finalizar la segunda guerra mundial sobre la base de la derrota del fascismo. En Occidente, esto había creado una relación de fuerzas considerablemente más favorable para la clase obrera como no lo había sido nunca en la historia precedente. Esta nueva relación constituye la clave que permite comprender el compromiso histórico capital-trabajo del Estado socialdemócrata.

Igualmente, la victoria de la Unión Soviética y de la revolución china crearon unas condiciones que estimularon el desarrollo obligando precisamente al capital a ajustarse al compromiso histórico socialdemócrata. El debate sobre la naturaleza social de este desarrollo - socialista o no- y sus contradicciones internas en el origen de su derrumbe no debe hacernos olvidar este efecto estimulante de la competencia política Oeste Este. Simultáneamente el ascenso de los movimientos de liberación en el Tercer Mundo - la liquidación de la colonización- y la capacidad de los regímenes salidos de estas victorias para movilizar en su provecho los conflictos Este-Oeste han favorecido el crecimiento de las economías del Sur, crecimiento prodigioso en muchos de sus aspectos.

Por lo tanto, la expansión de la postguerra se produjo por el reajuste de las estrategias del capital ante las condiciones sociales que las fuerzas democráticas y populares le imponían. Justo lo contrario de las llamadas políticas de reajuste de nuestra época. Pero el período posterior a la guerra (1945-1990) es también el de la erosión progresiva de los equilibrios sobre los que se asentaba su sistema. Por una parte es, en efecto, el de la industrialización de las periferias, y por la otra, el desmantelamiento progresivo de los sistemas productivos nacionales centralizados y su recomposición en tanto que elementos constitutivos de un sistema productivo mundial integrado. Esta doble erosión es la nueva manifestación de la profundización de la mundialización. Esta ha carcomido progresivamente la eficacia de las gestiones de la modernización por el Estado nacional a la vez que aparecían nuevas dimensiones del problema, mundiales de golpe (el desafío del medio ambiente a escala planetaria). El sistema mundial ha entrado entonces en una fase de crisis estructural a partir de 1968-1971, crisis de la cual no ha salido aún un cuarto de siglo más tarde, expresándose por la vuelta masiva y tenaz del paro en Occidente, la caída de los regímenes del sovietismo, graves involuciones en ciertas regiones del tercer mundo generalmente acompañadas por una endeudamiento exterior insoportable.

Es así como se han recreado unas condiciones favorables para la puesta en marcha de la lógica unilateral del capital. La mundialización es hoy día la coartada detrás de la cual se esconde esta ofensiva del capital, que quiere aprovecharse de las nuevas relaciones de fuerza que le son más favorables para aniquilar las conquistas históricas de las clases obreras y de los pueblos. Lo que aquí decimos sobre la mundialización se aplica igualmente al proyecto europeo porque también se nos presente el proyecto europeo bajo un aspecto exclusivo, el de un "mercado común" privado de cualquier dimensión social progresista. En estas condiciones, este proyecto sirve igualmente de excusa para desmantelar el orden social producido por las socialdemocracias nacionales sin que le sustituya un compromiso capital/trabajo análogo a escala europea.

La gestión capitalista de la crisis mundial

La crisis se expresa por el hecho que los beneficios obtenidos de la producción no encuentran salidas suficientes en inversiones rentables financieramente susceptibles de desarrollar las capacidades de producción. La gestión de la crisis consiste entonces en encontrar "otros mercados" a este excedente de capitales flotantes, para evitar su desvalorización masiva y brutal, tal como ya se produjo en los años 30.

La mundialización exige que la gestión de la crisis opere a este nivel. La liberación de las transferencias internacionales de capitales, la adopción de cambios flotantes, las tasas de interés elevadas, las políticas de déficit sistemático de la balanza de pagos americana, la deuda exterior del tercer mundo, las privatizaciones, constituyen en conjunto una política perfectamente racional que ofrece a estos capitales flotantes la salida de una huida hacia delante en la inversión financiera especulativa, descartando por ahí mismo el peligro mayor, el de una desvalorización masiva del excedente de capitales. Se puede hacer una idea de la enormidad de la grandeza de este excedente uniendo dos cifras: la del comercio mundial, que es del orden de 3.000 millones de dólares por año y el de los movimientos internacionales de capitales flotantes, que es del orden de 80 a 100.000 millones, o sea, treinta veces más importante.

En este marco de gestión de la crisis las instituciones internacionales son instrumentalizadas, para servir especialmente para controlar las relaciones Oeste-Sur y las nuevas relaciones Oeste-Este. Los programas de reajuste estructural impuestos en este marco no son pues en absoluto lo que su nombre quisiera sugerir. No se trata de transformar las estructuras de una manera que permitiera seguidamente un nuevo impulso general y la expansión de los mercados. No se trata más que de adaptaciones coyunturales sometidas a las lógicas a corto plazo de gestión de la crisis, en particular a las exigencias de la garantía de la rentabilidad financiera de los capitales excedentes. Las exigencias de la gestión de la crisis están en el origen de la "financiarización" del sistema. La protección prioritaria de la rentabilidad de las inversiones financieras, sea en detrimento de las inversiones productivas, agrava la desigualdad en la repartición de los beneficios tanto en las escalas nacionales como en la mundial, y encierra en una espiral de estancamiento que hace difícil la salida de la crisis. Por el contrario, eso implicaría la modificación de las reglas sociales que dirigen el reparto del beneficio, el consumo, las decisiones de inversión, la gestión financiera, es decir, otro proyecto social distinto al que prevalece actualmente.

Otros aspectos de la mundialización son necesarios y posibles

El capitalismo es un sistema mundial y la ofensiva del capitalismo salvaje también lo es. La respuesta a esto, la solución del problema por tanto debe serlo también. Pero el socialismo mundial -la única respuesta humana al desafío- no es para mañana, hay que actuar desde ahora mismo en un sentido que favorezca una evolución favorable a más largo plazo, saber insertarse en los márgenes de acción posibles -por tenues que sean- para reforzar las capacidades de elección en un futuro. Sin duda estas posibilidades son diferentes en cada país, pero se inscriben en una misma perspectiva porque, en definitiva, las políticas del capital son las mismas al Norte que al Sur, en todas parten producen el paro, la pobreza y la exclusión, incluso si la herencia histórica y la posición ocupada en la jerarquía mundial dan dimensiones más o menos dramáticas a la catástrofe social. Existe pues una base objetiva sobre la cual puede y debe erigirse el internacionalismo de los pueblos, frente al del capital.

Si el mundo no puede gestionarse como un "mercado mundial", el hecho de lo que la mundialización representa no puede ya ser rechazado y negado. Nunca es posible "remontar hacia atrás" el curso de la historia. Volver a los modelos de la expansión de postguerra implicaría regresiones económicas y de otros tipos insostenibles. Es por lo que las ideologías del pasado que niegan el carácter irreversible de la evolución recorrida, necesariamente son llamadas a funcionar como fascismos, es decir, a someterse de hecho a las exigencias de las nuevas condiciones impuestas por la mundialización mientras que se pretende liberarse de las mismas. Están pues fundadas sobre el engaño y la mentira, y es por lo que únicamente pueden funcionar mediante la negación de la democracia. Por lo tanto, ellas están abocadas a movilizar a las sociedades sobre falsos problemas - la emigración, la pureza étnica, la sumisión a leyes supuestamente religiosas - y a instrumentalizar estos métodos para imponer sus dictaduras mediante el terror o la manipulación del chovinismo.

Por tanto, ahora el reto consiste en conciliar la interdependencia que la mundialización implica y las desigualdades de poder frente a esta mundialización que, como se dice, caracterizan los diferentes "compañeros sociales" y los diferentes "compañeros nacionales". Hay que partir de esta evidencia banal: el mundo es a la vez único y diverso. Pero cuidado, la diversidad no es únicamente -o incluso principalmente- cultural. El acento puesto sobre esta última relega a un segundo plano la diversidad mayor, la de las posiciones ocupadas en la jerarquía económica del capitalismo mundializado. Es a esta última a la que hay que combatir en primer lugar.

No solamente ésta se manifiesta en las desigualdades entre los pueblos sino también en las desigualdades sociales internas. No habrá solución a la crisis en tanto que no sean reforzadas las posiciones de todos los "débiles" del sistema: los pueblos de las periferias, las clases sociales dominadas en todos los países de los centros y de las periferias. Dicho de otra manera, salir del "colonialismo global" y de los mitos liberales, rechazar los repliegues neo-fascistas ilusorios. Tales son los grandes principios a partir de los cuales se puede desarrollar una reflexión util para la construcción de un contra proyecto humanista, universalista y preocupado por respetar las diversidades (pero no las desigualdades), democrático.

La realización de un proyecto tal implica la construcción de un sistema político mundial, no "al servicio" del mercado mundial sino definiendo el marco de operación de éste, como el Estado nacional a representado históricamente no el campo de despliegue del mercado nacional sino el marco social de este despliegue. Un sistema político mundial que tendría pues mayores responsabilidades en cada uno de los cuatro dominios siguientes:

(I) La organización de un desarme global en los niveles apropiados, liberando a la humanidad de la amenaza de holocaustos nucleares y otros.

(II) La organización de un acceso equitativo, cada vez menos desigual, en el uso de los recursos del planeta, y la puesta en marcha de sistemas mundiales de decisión en este terreno, incluido un arancel de los recursos que imponga la reducción del despilfarro y el reparto del valor y de la renta asignada a estos recursos, iniciando por ahí incluso los elementos de un sistema fiscal mundializado.

(III) La negociación de relaciones económicas flexibles, abiertas pero controladas entre las grandes regiones del mundo; desarrolladas desigualmente, reduciendo progresivamente los monopolios tecnológicos y financieros de los centros.

(IV) La organización de negociaciones que permitan una gestión correcta del conflicto dialéctico mundial/nacional en los terrenos de la comunicación, de la cultura y de la política. Esta gestión implica la creación de instituciones políticas que permitan la representación de los intereses sociales que operan a escala mundial, de alguna manera el inicio de un "Parlamento mundial", dejando atrás el concepto de las instituciones inter-Estados en vigor hasta ahora.

Resulta más que evidente que los objetivos del proyecto humanista evocado no constituye el centro inmediato de los conflictos en curso. No nos asombra e incluso nos sorprendería si fuera así. La erosión del antiguo sistema de la mundialización no prepara por sí misma su propia superación y no puede desembocar en lo inmediata más que en el caos. Las fuerzas dominantes inscriben su acción en este caos, buscando únicamente obtener la cobertura para su beneficio a corto plazo, agravando por eso mismo el caos. Las respuestas inmediatas de los pueblos a la degradación de sus condiciones no son ya necesariamente positivas; en el desconcierto de las respuestas ilusorias, como son los repliegues fundamentalistas o chovinistas, pueden movilizar fuerzas importantes. Nos toca construir en la teoría y en la práctica las condiciones de la respuesta humanista al desafío. A falta de ello y hasta que sea así, involuciones regresivas -y criminales- seguirán estando dentro de lo posible.

Globalizacion.org, s.d

Samir Amin: La ideología estadounidense

Samir Amin: La ideología estadounidense
Samir Amín, egipcio, profesor de ciencias económicas de formación marxista, trabajó de 1957 a 1960 en la planificación del desarrollo de Egipto y entre 1960 y 1963 como consejero del gobierno de Mali. Tras ser director del Instituto Africano de Desarrollo Económico y Planificación, en la actualidad dirige el departamento africano del 'Foro del Tercer Mundo', en Dakar, Universidad de Naciones Unidas.

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