José Vidal-Beneyto

JOSÉ VIDAL BENEYTONaceu en Carcaixent, Valencia, España, en 1929. Estudiou filosofía, socioloxía e dereito nas universidades de Valencia e Complutense de Madrid e doctorouse na de Málaga. Ampliou estudios nas universidades da Sorbona de París e Heidelberg. Catedrático de Socioloxía da Universidad Complutense de Madrid. Director do Colexio de Altos Estudios Europeos Miguel Servet de París.

Secretario xeral da Axencia Europea para a Cultura da UNESCO. Membro da Academia Europea das Artes, as Ciencias e as Letras. Vicepresidente do Consello Federal do Movemento Europeo. Presidente da Asociación de Usuarios da Comunicación (AUC) de España.

O seu traballo académico e intelectual xirou en torno á comunicación, a cultura, a globalización e o desenvolvemento comunitario europeo.

Autor, entre outros, de Las Ciencias de la Comunicación en las universidades españolas, Zero, Madrid, 1973; Alternativas populares a la comunicación de masas, CIS, Madrid, 1981; ‘El País’ o la referencia dominante (con G. Imbert), Mitre, Barcelona, 1986; Las industrias de la lenguaL, Fundación Germán Sánchez Ruipérez, Madrid, 1991; Diario de una ocasión perdida, Kairós, Barcelona, 1991; La Méditerranée: modernité plurielle, Publisud, París, 2000; Ventana global: ciberespacio, esfera pública mundial y universo mediático, Santillana, Madrid, 2002; Hacia una sociedad civil global, Santillana, Madrid, 2003; Poder global y ciudadanía mundial, Taurus, Madrid, 2004.

José Vidal-Beneyto: Tongo ideológico

José Vidal-Beneyto: Tongo ideológico

Chicle

[...] en línea con el fundamentalismo capitalista multinacional que domina el espacio europeo, lo que prima es el navajeo personal por el poder [...] y los sabios debates técnico-institucionales que a nadie interesan y nada van a resolver, simulacros de antagonismos entre opciones incompatibles, cuando a lo que se asiste es a un lamentable tongo ideológico entre el liberalismo, que se pretende social, y la socialdemocracia, que se ha vestido de liberal. A esta masa blandita, indiferenciada y pegajosa como el chicle la hemos llamado, para dignificarla, pensamiento único.

En La corrupción de la democracia, ps. 153-154

José Vidal-Beneyto: La corrupción de la democracia

José Vidal-Beneyto: La corrupción de la democracia
La glorificación del individuo, la satisfacción consumista como eje central de la existencia humana y el incontrolable crecimiento de las demandas dirigidas a los gobernantes priman en la sociedad actual
José Vidal-Beneyto es director del Colegio Miguel Servet de París y presidente de la Fundación Amela.

La corrupción es hoy una pandemia que todo lo invade, que todo lo pervierte. La vida política, la realidad económica, las prácticas sociales, las acciones del gobierno, los modos y fines de la sociedad civil, la esfera del ocio, el mundo del trabajo, los múltiples procesos culturales en los que intervienen y la inmensa mayoría de los que afectan a los seres humanos en su conjunto son, cada vez más, objeto de estragamiento en sus fines, de adulteración en sus modos, de perversión total de su naturaleza y objetivos. Es esta cuestión, por la que, hace tiempo, me siento muy concernido, y a la que he dedicado, conjuntamente con el crimen, 34 artículos en este mismo periódico.

Pero ahora, más allá de esa atención a la gestión adulterada del ejercicio de la democracia, en que se ha centrado mi análisis, quiero abordar la problemática de su corrupción radical, es decir, de la corrupción de su naturaleza misma, que ha transformado su triunfo en una lamentable estafa. Que ha sido consecuencia de la intervención de las condiciones dominantes, estructurales e ideológicas de la sociedad actual, en su práctica operativa. Los pensadores de la izquierda radical han abordado esta cuestión con profundidad y eficacia. Jacques Rancière en El odio de la democracia; Alain Badiou en ¿Se puede pensar la política?; Zizek en El Parallax; Kristin Ross en Mayo del 68 y sus vidas ulteriores; Daniel Bensaid en Marx, modo de empleo; y Wendy Brown en El vestido nuevo de la política mundial, más allá de la descalificación del presente ejercicio de la democracia, han entrado en el análisis del porqué de su deriva. Es decir, de cómo el triunfo absoluto de la democracia, su dominación omnímoda ha equivalido a su perversión irrecuperable; de cómo hemos pasado, en palabras de Rancière, de la democracia parcial y triunfante a la democracia total pero vendida y criminal.

José Vidal-Beneyto: La corrupción y la 'transición intransitiva'

José Vidal-Beneyto: La corrupción y la 'transición intransitiva'
La mitificación política del todopoderoso dinero y el disfrute del lujo en las posiciones más altas han pervertido la democracia en Francia y España
Aquí también ha influido el modo de acceso a la democracia

El yo, ese monstruo preferible a todo" al que apostaban como emblema de la contemporaneidad, dos personalidades tan distintas y eminentes como Gide y Malraux, era una apuesta que, fueran cuales fuesen las condiciones que la acompañaban, confirmaba el imperialismo del yo en la escena de su tiempo, y culminaba el proceso de afirmación del individuo en la estructura ideológica de aquel panorama político. Lo que se tradujo en una dominación casi sin límites del individualismo, que señoreó el mundo contemporáneo, con sus contrapartidas negativas, que las tuvo e importantes, pero a cuyo ímpetu creador debemos las grandes conquistas de la modernidad y las principales realizaciones del mundo actual. Avances que, en buena medida, hay que apuntarle políticamente a la causa del primer liberalismo, con la exaltación de la libertad que éste propició y que tan en consonancia estaba con el culto del ego que su doctrina alentaba.

Pero al adentrarnos en el siglo XX se invirtió el paradigma. Intelectualmente nos situó en el firmamento de la irracionalidad con doctrinas y modas que celebraban en permanencia lo común indiferenciable, lo disparatado, lo colectivo, lo inverosímil; y que política-ideológicamente liquidaban al individuo y enterraban la libertad, emparedándola entre el colectivismo despiadado de los comunismos y el totalitarismo opresor del nazi fascismo.

José Vidal-Beneyto: La abominación que no cesa

José Vidal-Beneyto: La abominación que no cesa
El patrimonio de los 10 más ricos del mundo es superior a la suma de las rentas nacionales de los 55 países más pobres
La sociedad debe cuestionar al capitalismo que glorifica la riqueza de unos pocos

El pasado mes de enero ocupé este mismo espacio con el mismo tema y la misma indignación. Lo que entonces llamé El arma del crimen apuntando a los paraísos fiscales, lugares de la inmundicia financiera, hoy tengo que centrarlo en el aplauso que reciben los grandes protagonistas de guante blanco de la economía criminal, con Bernard Madoff a la cabeza, cuyas fechorías desbordan los límites de lo repugnante, lo que no impide que cosechen los elogios de muchos de nuestros contemporáneos.

Todo comenzó con el triunfo absoluto del yo en el universo de los valores y la emergencia de su soberanía en la sociedad con la exaltación absoluta del sujeto, propulsor sin límites de la intimidad de masa, pero indisociable sin embargo de su vocación de triunfador social, derivada de su radical inscripción colectiva. Porque ésta es la extraña matriz de la ideología del individuo, en la que lo de uno, el sujeto en cuanto tal, es indiferenciable de lo de todos, su condición de producto social, y de ahí la lectura turbadora de la conjunción de lo público y lo privado. Conjunción en la que lo que se nos aparece como la expresión más acabada de lo propio, como lo más irreductiblemente de uno, es, al contrario, la materia subjetiva más contaminada por las determinaciones comunes que vehicula masivamente la sociedad. Determinaciones cuyo repertorio es muy limitado, en virtud, por una parte, de la propia limitación entitativa de sus posibilidades y, por otra, de la presión de la oferta real con que golpean los medios de comunicación, instrumentos privilegiados de la estrategia del vendedor, que domina el mercado y practican las grandes empresas.

José Vidal-Beneyto: Democracias perplejas

José Vidal-Beneyto: Democracias perplejas
La elevada abstención en las últimas citas electorales es una crítica rotunda a la manera actual de hacer política
Los valores públicos están en quiebra y no hay grandes diferencias en los programas de los partidos
José Vidal-Beneyto es director del Colegio Miguel Servet de París y presidente de la Fundación Amela

Vivimos bajo el signo de la perplejidad. El imperio de la corrupción, el descrédito unánime de las instituciones, el nepotismo desbordado y sus prácticas, el oprobio inagotable en que ha devenido la política han llevado a la quiebra de todos los valores públicos, a la implosión de todas las referencias colectivas y nos han dejado sumidos en la confusión, átonos e inermes, sin pautas ni asideros a los que agarrarnos. Perplejidad que afecta a todos los ámbitos, incluyendo los más glorificados e intocables como la democracia. Causas de ello, múltiples; veamos algunas.

A partir de los años setenta se confirma el enclaustramiento de lo público en los partidos y su tendencia a la endogamia y al sectarismo partitocrático. Al mismo tiempo, su acción se reduce a las luchas por el poder y con demasiada frecuencia al enriquecimiento de sus líderes. Cabildeos y corruptelas en las alturas y cinismo en la base se convierten en datos de la más concreta cotidianeidad política. Era inevitable que los ciudadanos que no militaban en los partidos, la inmensa mayoría, se desinteresasen por los avatares de sus pugnas y que buen número de ellos rechazasen sus modos y ejercicio. Este rechazo que ha asumido modalidades diversas, unido a la perplejidad a que me estoy refiriendo, tiene en la reiterada abstención electoral a la que se asiste en todos los comicios, su expresión más patente. Y así, sería un error considerar el abultado porcentaje de abstenciones de las últimas elecciones como una impugnación específica al proyecto europeo, cuando todo apunta a una desafección de las propuestas presentadas y, con carácter más general, de la práctica electoral como expresión privilegiada, sino única de las democracias.

José Vidal-Beneyto: La dominación sin ideología

José Vidal-Beneyto: La dominación sin ideología
José Vidal-Beneyto es director del Colegio Miguel Servet de París y presidente de la Fundación Amela
El reinado de la tecnocracia hace impracticables e inútiles todas las ideologías
Para transformar la sociedad queda el recurso de la movilización renovada de los colectivos de base como reacción a la opresión

En el artículo de la Cuarta Página que publiqué en marzo sobre la democracia-marketing insistía en el abandono de los atributos propiamente políticos por parte de la nueva democracia. En primer lugar, los actores, con la sustitución de los partidos y los militantes por los colectivos de apoyo electoral y los grupos en favor de campañas sociales concretas; y por otra parte, la renuncia a toda doctrina y formación ideológica, suplantadas por nuevos dispositivos técnico-funcionales.

Esta cancelación del espacio ideológico llevó a pensar que se trataba de una reedición del tema del fin de las ideologías, que había emergido a finales de los años cincuenta en el mundo de las ciencias sociales y del análisis político y que desde entonces ha acompañado todos los intentos de conservadurismo político y social.

En su momento inicial, sin duda el más brillante, sus principales protagonistas fueron, ya en 1955, Edward Shils (The end of ideology?), Lewis Feuer (Beyond ideology) y Raymond Aron (L'opium des intellectuels), seguidos en 1960 por S. Martin Lipset (The end of ideology?, Daniel Bell (The end of ideology in the West); Dennis H. Wrong (Reflections on the end of ideology; C. Wright Mills (Letter to the New Left) y un largo etcétera hasta finales de la década, recogidos y comentados en el Reader the end of ideology debate, de Chaim I. Wayman. En Francia y en España, Jean Meynaud es el más prestigioso difusor de esta problemática, en particular en sus libros Le destin des idéologies y Technocratie et politique.

José Vidal-Beneyto: El arma del crimen

José Vidal-Beneyto: El arma del crimen
Los fondos desaparecidos en la estafa realizada por Bernard L. Madoff no pueden haberse volatilizado
Los 'paraísos fiscales' son el principal instrumento para lavar las prácticas fraudulentas del actual capitalismo
José Vidal-Beneyto es director del Colegio Miguel Servet de París y presidente de la Fundación Amela

La corrupción se ha convertido en una pandemia que todo lo infecta, a la que nadie y nada escapa. La corrupción entendida, no sólo ni principalmente, como la utilización abusiva e inicua de las posiciones de poder en provecho de quien las detenta, sino como la falsificación de todos los valores, la perversión sistemática, la impostura permanente en el planteamiento de medios y objetivos. Personas, organizaciones, la economía, los lenguajes, el deporte, la política, las empresas, la justicia, las ideologías, el Estado, la comunicación; todo estragado, pervertido. Es decir, la adulteración de las conciencias, la corrupción del espíritu, que transforman cualquier propósito en barbarie. Por eso, hoy, la generalización y persistencia de las prácticas corruptas no sólo han trivializado su uso, sino que lo han connaturalizado, inscribiéndolo, con todos los honores, en el patrimonio de los comportamientos legítimos y necesarios de nuestra contemporaneidad.

José Vidal-Beneyto: Las desvergüenzas del capitalismo

José Vidal-Beneyto: Las desvergüenzas del capitalismo
El sistema económico dominante se olvidó de sus ascéticos y laboriosos orígenes calvinistas y terminó glorificando el enriquecimiento rápido como referencia del éxito. Eso abrió las puertas a la trampa y la rapiña
José Vidal Beneyto es director del Colegio Miguel Servet de París y presidente de la Fundación Amela

El capitalismo es una doctrina económica, a la par que un sistema político-económico, de condición y de usos en ocasiones positivos aunque con frecuencia perversos, que después de la incorporación de las experiencias antagonistas o alternativas -Rusia, China, países emergentes, etcétera- a la sola filosofía y práctica del mercado y del beneficio, se ha convertido en un modelo único en la realidad del mundo, casi también en la esfera del pensamiento. Esta presencia gloriosamente omnipotente y unánime se ha visto sacudida por la corrupción en su funcionamiento, resultado de los numerosos desafueros que bajo su advocación se han perpetrado y que han acabado convirtiendo el latrocinio en regla. Todo ello además, viniendo de donde venía. Pues frente a la consideración de que la práctica religiosa es enemiga de la actividad económica, fue ella la que, con la aparición del protestantismo y, más aún, del calvinismo, supuso un soporte decisivo para el surgimiento y la difusión de los valores del capitalismo.

Dos pensadores son los heraldos de esta posición. En primer lugar, Max Weber, que parte de la constatación de que los países protestantes son, en el siglo XIX, los que están en cabeza del desarrollo económico, debido a su identificación con los valores del capitalismo. En su obra matriz La ética protestante y el espíritu del capitalismo, la esencia del capitalismo está en la voluntad de trabajo, simultánea con el fervor por el ahorro. Comportamientos ambos que no pueden ser sólo individuales pues su efectividad exige que lo sean de todo un pueblo, y para ello fruto de unas convicciones que son sobre todo de naturaleza religiosa. En este caso esas convicciones comunes proceden del calvinismo que descarta el consumo, condena el disfrute y el gasto y exalta el trabajo considerado como ejercicio religioso, secularizando con ello el ascetismo y elevando el trabajo profesional a la condición de práctica religiosa por excelencia. Que deviene así obra de Dios. Esa santificación del trabajo ordinario que opera el calvinismo y que saca a los creyentes de los oratorios y los lanza a la conquista del mundo profesional, sigue resonando en muchas organizaciones religiosas contemporáneas, tanto moderadas -Opus Dei, Kikos, etcétera- como progresistas -Focolares, Comunidad de San Egidio, etcétera-.

José Vidal-Beneyto: Bomberos pirómanos / 2

José Vidal-Beneyto: Bomberos pirómanos / 2

Las múltiples intervenciones estatales para apuntalar a los bancos más averiados y envilecidos y a los sistemas bancarios que los albergan, pueden considerarse como premios a la trampa y al chanchullo. Pero además esas intervenciones no conseguirán detener la desbandada, si no van acompañadas de un conjunto de medidas rigurosas y radicales que impidan, más allá de la mano salvífica de los mercados que evidentemente no funciona, primero, el mantenimiento de las prácticas actuales y luego, una transformación total del orden capitalista actual.

Y digo transformar y no sustituir, porque los que como yo estamos frontalmente contra la explotación capitalista y defendemos la igualdad en y desde la libertad, sabemos que, hoy por hoy, no tenemos una propuesta cabal, ni siquiera una hipótesis válida que poner en su lugar. Esa incapacidad es nuestra mayor frustración, nuestra más lacerante impotencia, que no nos obliga, sin embargo, a aceptar las prácticas generales de latrocinio en que ha derivado hoy. ¿Cómo ha sucedido esto?

Decir capitalismo es constituir al capital en piedra angular del edificio económico, cuyo propósito esencial es obviamente generar beneficios, pero respetando una serie de reglas y cumpliendo la función social de satisfacer las necesidades, expresadas técnicamente en demandas, de los miembros de la comunidad. Satisfacción que comporta la producción de las mercancías y servicios que estas necesitan para su subsistencia y desarrollo y que se inscriben en la esfera que se califica como economía real. Esta a su vez reclama la cooperación auxiliar de una estructura que la dote de los mecanismos de financiación que reclama su ejercicio. Ahora bien, esta economía financiera, en posición subordinada ha abandonado su función instrumental y se ha erigido en matriz privilegiada de la riqueza, autonomizándose de los riesgos y servidumbres de los procesos de producción y consumo y suplantando, mediante la manipulación de las cifras y las finanzas, la rigidez fáctica de lo real por la flexibilidad de lo virtual y abstracto.

José Vidal-Beneyto: Bomberos pirómanos (1)

José Vidal-Beneyto: Bomberos pirómanos (1)

Como los bomberos que no pueden superar su adicción al fuego y se pasan la vida provocando incendios, con la esperanza de poder apagarlos luego, los financieros del neoliberalismo, legitimados por una ideología que ha estragado los principios que la inspiraron, no pueden resistir a su incontrolable codicia, convertida en pasión y cargan tanto el barco con sus botines que acaban hundiéndolo siempre. Esta historia la hemos vivido y nos la han contado muchas veces y para su versión actual bastan los breves libros de Marie Paule Virard y Patrick Artus Le capitalisme est en train de s'autodétruire (2007) y La finance mène-t-elle le monde?, parvos en la información anecdótica que tanto nos prodigan los medios de comunicación, pero insistentes en lo esencial, la falta de liquidez y la falta de solvencia del sistema financiero.

Comparando este diagnóstico con lo que sucedió hace 69 años en el crack del 29, vemos que las causas y los mecanismos son los mismos y que la pulsión hacia la especulación bolsística, como fuente inagotable de riqueza, es irresistible. Pulsión encarnada de forma paradigmática por los call loans o préstamos al día -Bernard Gazier: La crise de 1929- en los que el comprador sólo paga una parte muy reducida del valor de las acciones adquiridas, en torno del 10%, y el resto lo proporciona un corredor, gracias al crédito bancario. Esta práctica abrió la bolsa a las clases populares y provocó un aflujo extraordinario de compradores modestos que generaron una demanda efervescente que evidentemente no podía durar. Pero con todo, no fueron ellos, sino la política de altos rendimientos impuesta por los directivos, la que sumada a la desregulación general instaló una estrategia de continuos y muy elevados rendimientos que produjo el colapso de 1929 y es la responsable de la debacle actual.

José Vidal-Beneyto: ¿Comienza el deshielo? / 2

José Vidal-Beneyto: ¿Comienza el deshielo? / 2

El persistente deslumbramiento que siguen produciendo, a pesar de la debacle económica, los oropeles de la moda neoliberal explican la múltiple reaparición del socialismo liberal al que he dedicado cinco columnas antes del verano. Pierre Manent, en su Historia intelectual del liberalismo, insiste con Tocqueville en que el rasgo históricamente más definitorio de esta ideología no es su propuesta económica sino, frente a las pretensiones religiosas, su reivindicación de la absoluta soberanía de lo humano. De aquí que la libertad y la igualdad -todos los hombres son en cuanto tales, libres y en virtud de ello, iguales- sean sus principios básicos y sus objetivos últimos. Planteamiento frontalmente antagónico con la práctica y los resultados del neoliberalismo actual, que ha llevado la desigualdad a límites insoportables y ha creado un enfrentamiento dramático entre la cúspide de las empresas y sus cuadros medios y hasta superiores.

Las abultadísimas remuneraciones de los presidentes de los grandes grupos, los paracaídas dorados y todas las retribuciones añadidas de que se han ido dotando han creado un clima de nepotismo y abusos que han generado los lamentables escándalos en que se han visto envueltas las principales empresas del mundo económico. Limitándome a Francia, Georges Pebereau, uno de sus principales empresarios, presidente durante muchos años de la CGE, el mayor grupo industrial francés y hoy presidente de honor de Alcaltel, numero uno mundial en el sector de las telecomunicaciones, ha denunciado las prácticas de Phillippe Jafré en ELF, Antoine Zacharias en Vinci, Daniel Bernard en Carrefour y Jean-Noël Forgeard en EADS, que se han llevado la palma en esta desbocada competición de desvergüenza empresarial.

José Vidal-Beneyto: ¿Comienza el deshielo? / 1

José Vidal-Beneyto: ¿Comienza el deshielo? / 1

El imperialismo mediático, la infantilización de saberes y prácticas -"me cago en mis viejos"-, la invasión numérica, el culto obsesivo del ego, la implosión de lo público y la celebración unánime de lo privado, el dinero como único rasero, y su consecuencia del todo negocio, la política devorada por los partidos y éstos enclaustrados en las luchas por el poder, han convertido nuestro paisaje intelectual en una paramera y han agostado nuestro horizonte ideológico condenándolo a una glaciación perversa de redundancias inútiles y vacíos corruptores. Tras casi 20 años de tedioso inmovilismo comienzan a aparecer signos de deshielo, como prueban las tomas de posición teórico-programáticas en el seno del socialismo institucional, la movilización de la izquierda radical, así como de diversos núcleos intelectuales extraeuropeos. El desencadenante común a todos ellos es la conciencia cada vez más extendida de fin de ciclo que se manifiesta en las múltiples crisis y disfunciones del sistema de organización económica dominante, el capitalismo, a la par que en el agotamiento del régimen político soberano en los últimos 150 años: la democracia.

El análisis más convincente de la peripecia política nos viene de la mano de uno de los politólogos actuales más prestigiosos, Guy Hermet, compañero indefectible en nuestra lucha contra el franquismo, tan moderado en su opción política básica, como radical en su defensa de la democracia. El profesor Hermet lleva 20 años advirtiéndonos del deterioro de la práctica democrática y sus libros El pueblo contra la democracia (1989), Les désenchantements de la liberté (1993) y últimamente L'Hiver de la démocratie, que en octubre aparecerá en castellano, nos dan amplia noticia de este proceso de descomposición que parece imparable. A lo que hay que añadir, de manera más concreta e inmediata, las mencionadas luchas por el poder en el interior de los partidos, casi siempre con ocasión de la renovación de las posiciones en la cúspide, que con frecuencia tienen lugar a palo seco, como está ocurriendo ahora en el PSOE de mi País Valenciano, pero en otros casos, como en el partido socialista francés, buscan reforzar las posibilidades de los diversos candidatos a golpe de libros, referencias doctrinales y propuestas de programa. Lo que ha producido este año en Francia una abundante floración de textos, casi siempre en forma de entrevistas, por obra de los principales pretendientes y de sus aledaños. Y así Bertrand Delanoë con De l'audace (Laffont 2008), Ségolène Royal y Alain Touraine Si la gauche veut des idées (Grasset 2008), Martine Aubry Et si on se retrouvait (Ed. de l'Aube 2008) entre los primeros; y entre la pléyade de los segundos sólo dos textos en la forma tradicional de libro, Vincent Peillon La révolution française n'est pas terminée (Seuil 2008) y Gérard Grunberg y Zaki Laïdi Sortir du pessimisme social (Hachette 2008).

José Vidal-Beneyto: Corruptos y gloriosos / 2

José Vidal-Beneyto: Corruptos y gloriosos / 2

La primera parte del análisis sobre la corrupción que se publicó antes de la interrupción veraniega mereció la aprobación de mi hijo Miguel, cosa poco frecuente en su apreciación de mi actividad periodística, lo que me lleva ahora, después de su fallecimiento la semana pasada, a dedicarle esta parte final. En aquélla, y más allá de la condición anecdótica de los inventarios sobre los casos y modos corruptos que inundan nuestras sociedades, se procedió a la presentación de las determinaciones estructurales e ideológicas que caracterizan ese fenómeno y lo configuran como una dimensión fundamental de la contemporaneidad última. Ahora bien, esa característica sistémica de la corrupción debe su efectividad a su inscripción en un marco geoeconómico y geopolítico que la soporta y la legitima. Ese marco, como quedó apuntado entonces, es el de la mundialización liberal capitalista, asentada en la dominación política y económica de la potencia norteamericana, bajo la batuta institucional del FMI, del Banco Mundial y de los Departamentos de Estado y del Tesoro de EE UU, que la dotan de una extraordinaria presencia expansiva.

Pero esa dominación ha empezado a hacer agua por muchas partes, con un capitalismo financiero desnortado y enloquecido, que entre el furor por la especulación, el hiperconsumismo incontrolable y una inflación que no cesa no sabe a qué carta quedarse, sin que los avatares del subprime, la crisis que ha desencadenado y los contradictorios remedios que se le han aplicado -inyecciones masivas de liquidez y nacionalizaciones- apunten a solución alguna capaz de impedir el naufragio. Este capitalismo inicuo y depredador con la ignominia de sus repugnantes escándalos empresariales, el aumento de su precariedad laboral y la salvaje agravación de las desigualdades entre los pocos muy ricos y todos los demás nada tiene que ver con el capitalismo de los padres fundadores. El capitalismo que nos propusieron Max Weber, en su obra pionera La ética protestante y el espíritu del capitalismo en 1905, y la magistral Religion and the rise of capitalism del historiador inglés Richard H. Tawney en 1926 ha sido objeto de una corrupción total. Su exhortación a la autodisciplina, al trabajo duro, a la austeridad, al ascetismo individual tan ligados a la ética calvinista y más ampliamente protestante son antónimos del irresponsable despilfarro consumista en que se ha convertido el régimen capitalista, en el que el gasto en publicidad en EE UU es superior al del presupuesto de toda la enseñanza superior. Por lo demás, la depredación de recursos es tal que, según el Worldwatch Institute, el consumo de bienes y servicios de la humanidad en los 40 años que van de 1950 a 1990 es superior al de todas las generaciones precedentes. A lo que se agrega que el objetivo principal del sistema no es ya el de producir bienes para satisfacer necesidades sino sólo producir beneficios, ganar dinero.

José Vidal-Beneyto: Corruptos y gloriosos / 1

José Vidal-Beneyto: Corruptos y gloriosos / 1

La tesis que preside este análisis es que la corrupción no es un comportamiento ocasional y aberrante de unas personas o grupos sino el cumplimiento del destino actual del orden económico capitalista. De aquí que no se trate de describir prácticas y usos corruptos sino de profundizar en la condición sistémica del fenómeno contemporáneo de la corrupción. Su efecto más patente, su consecuencia más verificable es el volumen total que representan las actividades conjuntas de la economía, que de manera lata podemos llamar paralela, entendiendo por tal la que generan la economía ilícita y la economía criminal. El contenido principal de la primera lo conforman el fraude y la evasión fiscal; la segunda esta constituida por la dimensión económica de las actividades propiamente criminales tales como tráfico de drogas; comercio de seres humanos o de partes de los mismos (tráfico de órganos); robos con violencia; contrabandos y estafas de todo tipo; producción y venta de moneda falsa y en general todas aquellas cuyo objetivo es apropiarse de bienes o productos que tienen un valor por y en sí mismos o que pueden proporcionar una prestación o un servicio de condición ilícita, retribuidos de manera ilegal. Lo que lleva a distinguir entre actividades entera o parcialmente criminales, casi siempre obra de las mafias; y las de las organizaciones criminalizables, que se atribuyen a la delincuencia de guante blanco.

La cuantía económica derivada de ambos sectores, el ilícito y el criminal, es impresionante. A pesar de la extrema dificultad, por razones obvias, de evaluarlo, puede afirmarse, partiendo de las afirmaciones más fiables, que el volumen del dinero negro en circulación supera el 15% del PIB mundial y que la masa dineraria objeto de blanqueo está entre el billón y medio y los dos billones de dólares. Lo que significa que esta realidad económica, al margen de los circuitos de la vida normal de la economía, es ya superior al tercio de la economía legal mundial. Y ello nos plantea la escandalosa cuestión de intentar explicar cómo ha podido llegarse a esta inmensa porquería y como persiste año tras año en estos tiempos de nuestros tan proclamados valores éticos, primacía del derecho y democracia.

José Vidal-Beneyto: Corrupción y poder

José Vidal-Beneyto: Corrupción y poder


Goodbye

Los dos términos que encabezan esta columna forman una indisociable pareja que protagoniza uno de los comportamientos más frecuentes y lamentables de nuestra triunfal democracia capitalista, cuya ilustración paradigmática representan hoy los antagónicos destinos, uno en la derrota, el del periodista Denis Robert, y otro en la apoteosis del triunfo político-empresarial, el de Silvio Berlusconi. El primero es un escritor francés y obstinado profesional de la investigación periodística, Denis Robert, cuya actividad de base es el periodismo, que logra reunir en 1996 a siete grandes magistrados anticorrupción y lanza con ellos el Llamamiento de Ginebra, que quiere ser la convocatoria de una acción contra el capitalismo negro y la criminalidad financiera organizada.

A golpe de libros de ensayo en los que presenta análisis de casos concretos, siete libros en los últimos diez años; de obras de ficción, ocho novelas sobre la misma problemática en el mismo periodo de tiempo; así como de una combativa filmografía, que cuenta ya con seis películas, siempre con variaciones sobre los malhechores de cuello blanco; y sobre todo gracias a una incansable movilización personal de todos los instantes, de la que da cuenta diaria en su blog La dominación del mundo, se ha convertido en el gran debelador de la corrupción financiera mundial. Su acción se centra en la denuncia de las trampas y turbiedades de los paraísos fiscales, y más concretamente de las prácticas de las cámaras de compensación bancaria, concretamente en las de Clearstream, basada en Luxemburgo, que conjuntamente con Euroclear, representan las dos principales sociedades mundiales de clearing (compensación) financiero, instrumentos absolutamente indispensables para el buen funcionamiento de la globalización financiera, y según los datos que aporta nuestro autor, insustituibles en las prácticas de fraude fiscal masivo y de blanqueo de dinero.

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