Eduardo Ibarra Colado

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Eduardo Ibarra ColadoEduardo Ibarra Colado
Eduardo Ibarra Colado en fírgoa

Con gran pesar nos enteramos de la temprana muerte de nuestro amigo y colaborador de fírgoa. Reproducimos el artículo que publica Carlos Ornelas en el Excelsior de México.

Carlos Ornelas

Cuando murió, el domingo 19, se encontraba en la cúspide de su carrera académica. Antes de cumplir los 56 años, sus esfuerzos de docente, investigador y creador de instituciones ya habían rendido frutos. A pesar de ser un profesor exigente y riguroso, o quizás por ello, sus estudiantes lo veneraban.

Para Carmen, con un abrazo fraternal.

Hacia finales de enero de este año fue la última vez que platiqué con él. Nos encontramos en el pasillo y me saludó con su sonrisa tranquila. Fuimos a mi oficina y charlamos por un rato breve. Me comentó que le gustaría asesorar a una estudiante del doctorado en ciencias sociales (programa que coordino), que quería diseñar su proyecto con un tema que a él le interesaba. Quedamos en el cambio de tutor al final del trimestre.

¡Ya no hubo ese cambio ni ninguna otra plática! Aquel día se quejó de una contractura en la espalda, pensaba que tenía una lesión en la columna, mas una intervención reveló que tenía cáncer en los riñones. La metástasis era un hecho. Eduardo Ibarra Colado luchó y perdió su batalla lleno de dignidad. Carmen, su viuda, me comentó en el velorio que él sufría porque iba a dejar muchas cosas pendientes. Ella se veía resignada, “contenta de haberlo compartido con todos ustedes”, pero triste por su partida.

En La ciencia como vocación, Max Weber especula: “En el campo de la ciencia, sin embargo, el hombre que se hace el empresario de la asignatura a la que se dedique; se para en el escenario y busca legitimarse a sí mismo a través de la experiencia; luego se pregunta: ¿Cómo puedo demostrar que soy algo más que un mero especialista y cómo le hago para decir algo en la forma o en el contenido que nadie más ha dicho?”

Cuando murió, en la noche del domingo 19, Eduardo Ibarra Colado se encontraba en la cúspide de su carrera académica. Antes de cumplir los 56 años, sus esfuerzos de docente, investigador y creador de instituciones ya habían rendido frutos. A pesar de ser un profesor exigente y riguroso, o quizás por ello, sus estudiantes lo veneraban; hablaban de él con reverencia, al mismo tiempo que se quejaban de la carga que representaban sus clases. Él impartió docencia en tres unidades de la UAM: Iztapalapa, Cuajimalpa y Xochimilco.

Fue un fanático de las universidades públicas y las hizo el centro de sus estudios. Publicó más de un centenar de piezas en revistas y casas editoriales de prestigio. Algunas de ellas de calidad académica sobresaliente. Por ejemplo, la que resultó de su tesis de doctorado, La universidad en México hoy: gubernamentalidad y modernización, obtuvo el premio a la mejor investigación en ciencias sociales que otorga la Universidad Autónoma Metropolitana a sus académicos, en 2003. El mismo trabajo ya había sido galardonado como la mejor tesis de doctorado en el año 2000 en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. En él dijo cosas que nadie había expresado antes.

Eduardo Ibarra era incansable en su hacer académico. Con el fin de documentar sus investigaciones y las de sus colegas, ideó la creación de un acervo y ordenamiento de documentos, el Laboratorio de Análisis Institucional del Sistema Universitario Mexicano con el fin de facilitar el examen comparado de las universidades mexicanas. Él era el editor y redactor principal (en forma artesanal, como le gustaba decir) del semanario de LAISUM, a partir de marzo de 2011 y hasta que la enfermedad lo puso en cama. En esa página electrónica se encuentran sus análisis personales, “Los puntos sobré las íes”, reseñas de libros, discusión de actividades y artículos de investigadores asociados al proyecto.

Su trabajo fue apreciado por pares y autoridades, obtuvo reconocimientos académicos y premios. La UAM le otorgó el estímulo a la docencia y la investigación en el más alto nivel en innumerables ocasiones y era miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel III. No era un mero especialista. Eduardo Ibarra Colado se encaminaba a ser un caudillo cultural. Su pasión por la ciencia y su entusiasmo por el trabajo intelectual, su influencia entre los estudiantes y entre quienes lo leímos y escuchamos, le otorgan una estatura académica de respeto y admiración.

Hoy tendremos que vivir sin él. Sus estudiantes lo lloran, sus colegas y amigos ya lo extrañamos, y su familia le guarda luto. Vivirá en nuestra memoria por un largo rato. Estoy seguro que de vez en cuando me confundiré si miro a alguien caminar como él, que le caiga el pelo castaño sobre la cara y le dé forma a una barba bien cuidada de donde surja esa sonrisa seria tan peculiar de él.

¡Descanse en paz!

Excelsior, 22/05/13

Eduardo Ibarra Colado: Rebelión universitaria contra los “mercados del saber”. El necesario debate a favor de la Universidad

Francia 1968

Rebelión universitaria, mayo del 68

Como en mayo del 68, la universidad vuelve a estar en el centro de las disputas sociales, aunque por razones y en circunstancias muy distintas. En aquella época los estudiantes salieron a las calles para exigir la libertad de expresión en la universidad y para manifestar su rechazo absoluto al capitalismo; la rebelión estudiantil encarna la politización de la universidad, desde la que se cuestiona esa idea ilusoria de “progreso” que resguardaba a una sociedad reprimida refugiada en el consumismo, y a un orden institucional autoritario en el que la participación y la democracia eran muy limitadas; se trataba de restituir la política, dotándola de espacios que facilitaran la reflexión y la crítica, para reafirmar que era posible actuar a favor de una sociedad distinta y mejor. Al grito de “sean realistas, pidan lo imposible”, ese mayo del 68 se constituyó como un movimiento internacional para transformar el orden establecido, incluida, por supuesto, la propia universidad.

A poco más de cuatro décadas de distancia, los estudiantes han salido nuevamente a las calles para escenificar una rebelión distinta, que tiene que ver con la defensa de la universidad pública ante el embate de los mercados. Nuevamente miles de estudiantes protagonizan una revuelta internacional para contener la irrupción de los mercados en la universidad, esto es, para impedir que la universidad se convierta en una más, entre las unidades económicas con fines de lucro, que hagan del mundo tan sólo un mercado total. De esta batalla depende que la educación, la ciencia y la cultura se mantengan como bienes públicos a los que tenemos derecho todos, preservando la condición de la universidad como institución al servicio de la sociedad. No se trata sólo de defender a la universidad como institución nodal de la vida política, sino de mantenerla además como espacio abierto para que los jóvenes ejerzan su derecho a la educación y para que la sociedad se beneficie directamente de los conocimientos y la cultura que en ella se producen y resguardan. 

Esta nueva transformación de la universidad para convertirla en un buen negocio, se ha ido instaurando silenciosamente en distintos países al amparo de políticas basadas en el mercado, que alentaron la competencia por recursos escasos para ir conformando los “mercados del saber”. La reforma de la educación superior en Chile durante el régimen dictatorial de Pinochet sirvió como modelo para impulsar procesos similares en otros países. El credo neoliberal se aplicó poco después en Estados Unidos y el Reino Unido, dando curso a la era Reagan-Thatcher. La fiebre de los mercados se fue extendiendo a lo largo de las últimas dos décadas hasta abarcar a la mayor parte de los países del planeta, teniendo ahora como uno de sus modelos de referencia el publicitado proceso Bolonia que se impulsa en la Unión Europea. En este contexto, los gobiernos comenzaron a hacer suya esa visión que considera al conocimiento básicamente como un recurso económico susceptible de apropiación privada y explotación comercial.

Eduardo Ibarra Colado: Utopía, ambigüedad, porvenir. Dialogando sobre los futuros de la universidad

Como estudioso de temas universitarios, debo mantenerme al tanto de lo que se produce y publica sobre los problemas de la universidad y sus temas recurrentes: la cobertura universitaria, el financiamiento, la normatividad, el gobierno de las instituciones, la carrera académica, el sindicalismo, las relaciones laborales y la gestión universitaria. También debo considerar los aportes realizados por colegas que abordan las nuevas agendas de investigación, que incluyen los procesos de evaluación y acreditación y sus efectos; la llamada “educación por competencias”; la universidad abierta, a distancia o digital; la internacionalización, la comercialización y los rankings universitarios; y la transparencia, la rendición de cuentas y el derecho a la información. Finalmente, hay otro conjunto de textos, acaso los más significativos, que llaman inmediatamente mi atención, porque discuten los problemas que agobian a la universidad. En este caso puedo mencionar a título indicativo asuntos como el de los rechazados; la reducción del financiamiento público a la educación, la ciencia y la cultura; las practicas académicas indebidas, incluidas el plagio, el hostigamiento y la corrupción; la privatización del conocimiento y la aparición de las “hipotecas del saber”; el envejecimiento académico muy vinculado al “desretiro” y la “desjubilación”; y los problemas de raza, género y etnicidad.

Todos estos asuntos, sin duda relevantes, cobran sentido sólo cuando los relacionamos con reflexiones de mayor orden, por ejemplo, las que discuten las finalidades sustantivas de la universidad o aquellas que atañen a sus futuros considerando los desafíos de su presente. Las contribuciones que se ubican en este nivel se traducen en meta-textos ya que funcionan como el indispensable marco de referencia desde el que es posible reflexionar y dar sentido a los problemas más específicos de la universidad. La fábrica del porvenir: el ambiguo futuro de la universidad, libro recientemente publicado por la Universidad Iberoamericana, se encuentra en esta categoría, pues se ocupa claramente por reflexionar los temas de fondo y, sobre tal base, por interpretar y dar sentido a algunos de los problemas que mencionaba al principio.

Quisiera compartir con ustedes algunos atisbos de diálogo sobre lo que me ha provocado la lectura del libro, advirtiendo que estos apuntes son tan sólo insinuaciones de una obra vasta que es indispensable leer. Considerada en su conjunto, la obra tiene como su trasfondo los futuros de la universidad; ella se suma a un caudal de libros que asumen esta misma tarea1, aunque lo hace desde lugares distintos, con lo que efectivamente suma, añade y enriquece una reflexión vital para esclarecer dónde estamos y hacia dónde vamos. Se trata de un libro que analiza una época de rupturas para mostrar el extravío de una sociedad que no sabe hacia dónde se dirige. El futuro se hace presente porque el presente se nos escapa de las manos. La obra comporta por ello una vocación hacia la búsqueda, moviéndose ambivalente entre el pesimismo que emerge de un presente que parece no tener salida y el optimismo de ciertos futuros que prometen redimirnos. Por ello la obra parece por momentos cruda, dura, hiriente, y por momentos optimista, alegre, llena de esperanza.

El libro está cruzado por un conjunto de problemas abiertos a la reflexión. Se trata de un texto que invita a debatir. Se puede estar de acuerdo o no con sus autores, esto no es lo importante. Lo realmente relevante es que la obra cumple su función como espacio de diálogo y conversación, pues alienta a su contraparte, al lector, a asumir un papel activo al tener que lidiar con los argumentos y las dudas e inquietudes que va dejando la lectura a su paso. Al final, este lector confrontado tendrá que cuestionarse, desde tales ideas, el mundo en el que vive y se desenvuelve como persona y como universitario, y reflexionar sobre sus futuros.

Eduardo Ibarra Colado: Universitas calamitas: “Por mis competencias hablará el mercado” (Segunda y última parte)

(Parte I)

En la primera parte de esta entrega establecí algunos de los rasgos más significativos del contexto que ha dado lugar a la “Universitas calamitas”, esa institución que, incubada por las reformas universitarias de mentalidad neoliberal, actúa contra sí misma provocando su empobrecimiento y autodestrucción. Ahora quisiera comentar algunas de las paradojas y consecuencias de este proceso, con la intención de animar la reflexión y el debate sobre lo que sucede en los espacios universitarios que compartimos y que estamos llamados a defender. Comencemos por las paradojas.

Los procesos de reforma universitaria en curso, desde Bolonia y Tuning hasta las políticas que han implicado recortes presupuestales e incremento de cuotas, y las que intentan profundizar la privatización de la educación y el conocimiento, hacen todo lo contrario de lo que afirman. Se señala con insistencia que estas iniciativas permitirán transformar a la universidad para que esté en capacidad de afrontar los retos de la “sociedad del conocimiento”, haciendo de ella una institución activa, flexible, adaptable, innovadora y sustentable. Con ello se modifica su razón de ser, pues en adelante la nueva universidad deberá centrarse, ya no en el cultivo del conocimiento como aspiración suprema en la formación del ser humano, sino en la atención de las demandas que le planteen empresas, organismos y diversos sectores de la sociedad que requieran de sus “servicios”. Esta nueva universidad es concebida como una organización post-burocrática que sustentará su éxito en la creatividad y la innovación, y en el trabajo en equipo que produce sinergia.

Este planteamiento encierra una gran paradoja, pues invoca lo nuevo para implantar lo viejo. Si logramos desprendernos de los juegos retóricos que acompañan y legitiman los procesos de reforma en curso y ponemos más atención a lo que sucede realmente, nos percataremos de inmediato que las cosas son muy distintas: las reformas son la nítida negación de lo que tanto se exalta y afirma en documentos y discursos que anuncian el nacimiento de la “nueva universidad del siglo XXI”, esa que se proyecta como emprendedora, creativa, fluida y de “clase mundial”.

Es necesario enfatizar que las reformas desde las que se impulsa esta ficción, remiten a uno de los principios básicos de la burocracia. Me refiero a la estandarización, que funcionó como sustento y base de la industrialización de los Estados Unidos desde finales del siglo XIX, esa que se perfeccionó gracias al estudio de tiempos y movimientos de Frederick W. Taylor y los esposos Frank y Lillian Gilbreth y a la introducción de la línea de montaje que permitió a Henry Ford fabricar poco más de 15 millones de automóviles Modelo T.

Efectivamente, la “nueva universidad” que se invoca con las conjuras de las reformas en curso, es en este sentido una universidad “muy pero muy vieja”, pues intenta imitar y parecerse a esas fábricas industriales que encontraron en el control y la estandarización la necesaria combinación entre eficacia política y eficiencia económica –entre disciplina y productividad– para contener la resistencia en el trabajo hacia dentro y para derrotar a los competidores y cautivar a los clientes hacia fuera.  Este modelo de organización sustentado en la división y descalificación del trabajo, hizo realidad la producción en masa de cuanto producto nos imaginemos, y se prepara hoy, desde las “fábricas del saber”, para producir ahora a cientos de miles de competentes “trabajadores de conocimiento” estandarizados e intercambiables.

Esta es una historia centenaria. La traducción y traslado del one best way tayloriano del mundo industrial a la universidad fue operada desde la primera década del siglo pasado por la renombrada Fundación Carnegie para el avance de la enseñanza, institución filantrópica encargada de distribuir entre las universidades, sobre una base competitiva, los recursos provenientes de las donaciones de las grandes corporaciones empresariales. Desde esa época se diseñaron diversos estándares educativos que debían cumplir las instituciones, para estar en condiciones de competir por los fondos disponibles. Este modelo precozmente introducido en los Estados Unidos, se ha esparcido y generalizado en las últimas décadas entre las instituciones universitarias de la mayoría de los países del planeta, dando lugar a una verdadera pandemia provocada por las plagas de la evaluación, la acreditación y los rankings que pululan por doquier.

Eduardo Ibarra Colado: Universitas calamitas: “Por mis competencias hablará el mercado” (Primera parte)

Basta seguir las noticias que dan cuenta de los conflictos sociales que han protagonizado recientemente los jóvenes indignados en España o los indignados jóvenes universitarios en muy diversos países del mundo, para darnos cuenta de la esencia destructiva de las reformas en curso. Se trata de la aparición de la “Universitas calamitas”, institución “neo-liberalizada” de su pasado ilustrado, pues su transformación implica pérdida, daño, empobrecimiento, precariedad y desastre. Esta depredación institucional, pues es efectuada con la complicidad de los funcionarios universitarios contra la universidad misma, se enfrenta a una creciente resistencia social de la que abundan los ejemplos:

- Encabeza la lista el destacado movimiento estudiantil en Chile, que ha sabido defender el carácter público de la universidad y el conocimiento, frente a las intenciones del gobierno de Piñeira para profundizar la privatización y mercantilización de la educación (brotes similares se aprecian ya en Colombia, Brasil, Honduras y Paraguay);

- En países como Estados Unidos, Canadá, el Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda, se registran fuertes protestas por los recortes presupuestales, el incremento de cuotas y el descontento de las familias debido al creciente endeudamiento que enfrentan para intentar cubrir los créditos educativos, esas nuevas “hipotecas del saber” in crescendo;

- El plan Bolonia con su “Espacio Europeo de Educación Superior” ha provocado diversas manifestaciones de rechazo, como lo muestra la férrea oposición a la reforma educativa y universitaria en España, las protestas crecientes por el desempleo, la precariedad y la inestabilidad laboral de los docentes en Portugal y de movimientos similares en Italia, Grecia, Francia y Alemania.
 
- México también es parte de este escenario. Aunque se quiera negar, están a la vista una infinidad de conflictos sumergidos –pero aflorando– por la deficiente cobertura del sistema universitario, que ha propiciado la organización de los jóvenes rechazados y excluidos a lo largo y ancho del país, pero también debido a la arbitrariedad endémica de grupos de poder que se sienten dueños de la universidad, haciendo de la legislación universitaria –siempre que conviene– letra muerta, como se aprecia, por ejemplo, en los conflictos de los últimos meses en la Universidad Juarez del Estado de Durango, las universidades de Baja California y Baja California Sur, la Universidad Autónoma de la Ciudad de México y en el conflicto irresuelto y agravado de nuestra UAM-Cuajimalpa.

Eduardo Ibarra Colado: Designación de autoridades: el problema de los votos

ganador

¡Hagan sus apuestas, los dados ruedan! Y el ganador es...

Hace meses, en una conversación casual, un colega de la UAM-Xochimilco me indicó categórico: “Ya verás, Jorge Alsina será el nuevo Director”. He recordado esa plática a la luz de los acontecimientos que, durante las últimas tres semanas, han seguido a su nombramiento, haciendo bueno el pronóstico de mi amigo. El caso nos invita a reflexionar sobre los mecanismos que operan para designar a las autoridades de la institución y a preguntarnos con seriedad sobre la necesidad de su abandono, ajuste o modificación.

Sin duda, al revisar este tipo de procesos, uno no puede dejar de preguntarse por qué son designados candidatos que no gozan de un respaldo amplio de sus comunidades. Es de sobra conocido que ello conduce a conflictos que dificultan la colaboración entre los miembros de tales comunidades, para cumplir cabalmente con las funciones sustantivas de la universidad. Pero no se me mal interprete, no estoy afirmando que nunca deban ser nombrados candidatos que no gocen de las simpatías y los apoyos mayoritarios, pues ello conduciría a un “populismo pseudo académico” que de ninguna manera comparto y que alteraría en su esencia el modelo de gobierno que opera en la UAM.

Más bien, lo que sostengo es que, cuando éste sea el caso, el proceso de tal designación se conduzca con absoluta claridad y transparencia, para que las deliberaciones realizadas por cada uno de los órganos involucrados y por todos y cada uno de los representantes que en ellos participan, sean conocidas en detalle por la comunidad. Sólo así se alcanzaría la legitimidad de un nombramiento que, aunque no haya sido ampliamente compartido, se sostiene en razones y deliberaciones que explican y dan claridad a los votos emitidos, evitando con ello conjeturas y suspicacias. Sin duda, éste no fue el caso en el proceso que nos ocupa. Recapitulemos los hechos y comentemos el fondo de la cuestión.

Eduardo Ibarra Colado: Elecciones, confianza y universidad: “hoy prometo, mañana veremos"

Eduardo Ibarra Colado: Elecciones, confianza y universidad: “hoy prometo, mañana veremos"

Promesas
“Las muchas promesas disminuyen la confianza”, Quinto Horacio Flaco

Se comienza a sentir el ambiente electoral que nos acompañará hasta julio de 2012, cuando se dirima quién conducirá los destinos del país, en un nuevo ciclo sexenal de esperanzas y desengaños. Las noticias que informan de las campañas electorales en curso en los estados de México, Nayarit y Coahuila muestran esa tendencia endémica de prometer lo que no se tiene, para despertar el interés de una población que es inducida a renovar su fe en una clase política cada vez más desgastada, por tantas declaraciones huecas y ofertas incumplidas.

Eruviel
Eruviel Ávila repartiendo promesas a diestra y siniestra en la UAEM

Tomemos como ejemplo las campañas en curso por la gubernatura del Estado de México. El candidato de la coalición “Unidos por ti”, Eruviel Ávila, se comprometió a impulsar la educación media superior y superior en el Estado, mediante la apertura de más planteles de preparatoria y la creación de 20 nuevas universidades. Su oferta de campaña asume como eje uno de los problemas más agudos de la educación superior en México, el de la cobertura y el acceso a la educación, cuyo lado oscuro se expresa en los movimientos de rechazados que ocupan cíclicamente las páginas de los diarios.

Eduardo Ibarra Colado: Conflicto en la UAM-Cuajimalpa: abuso de autoridad y violación de la normatividad

Conflicto en la UAM-C

Crisis

Hace unos días vi interrumpida la tranquilidad que proporciona un período sabático al ser informado de la renuncia del Dr. Marco A. Jaso Sánchez a la Jefatura del Departamento de Estudios Institucionales de la UAM-Cuajimalpa, proyecto que me correspondió fundar en 2005 y conducir hasta agosto de 2009. Los profesores de este departamento me convocaron a una reunión, el jueves pasado, dada la gravedad de la situación. El Dr. Jaso ha hecho públicos los motivos de su renuncia, indicando que padeció durante casi dos años la intromisión permanente e indebida del Director de División, Dr. Mario Casanueva López, en sus funciones, lo que sin duda violenta la legislación universitaria vigente. Indica, además, que recibió constantes presiones y agresiones a lo largo de su gestión, lo que derivó en un fuerte desgaste psicológico y, finalmente, en su renuncia. La crisis se produjo ante la insistencia del Director de arrebatar las plazas asignadas al Departamento y de intervenir en la determinación de sus perfiles, a pesar de que el artículo 118 del Reglamento de Ingreso establece con claridad que ésta atribución corresponde exclusivamente al Jefe de Departamento.

Este caso no deja de llamar la atención y pone nuevamente de manifiesto el problema del abuso de autoridad y de la violación de la legislación universitaria, lo que conduce irremediablemente a situaciones de ingobernabilidad. Desafortunadamente, no hemos podido desterrar del todo, de nuestras universidades, esa idea de que el puesto es propiedad o botín de quien lo ocupa, o de evitar actitudes de ciertas “autoridades” que creen que pueden imponer decisiones sin importar si transgreden la legalidad, más en una institución en la que priva el ejercicio de la razón y el trabajo colegiado.

Eduardo Ibarra Colado: Desintegración salarial en la UAM: ¿nueva reforma de facto?

Eduardo Ibarra Colado: Desintegración salarial en la UAM: ¿nueva reforma de facto?

En enero y abril pasados, el Dr. Enrique Fernández Fassnacht, Rector General de la UAM, publicó los acuerdos para establecer los montos económicos y las condiciones para obtener los estímulos y becas en la institución. En contraste con acuerdos de años anteriores, en éstos se introdujeron cambios importantes en la periodicidad de los pagos sin mediar explicación alguna, lo que ha ido generando descontento e inquietud entre diversos sectores de la comunidad. Durante la última década, la UAM pagó las remuneraciones obtenidas mediante estos programas cada quincena. Sin embargo, a partir de los acuerdos de 2011, dos de los estímulos se pagarán en una sola exhibición anual y los otros dos una vez al mes (Tabla 1). Todo parece indicar que estamos ante el inicio de una reforma de facto que modifica el esquema de remuneración asociado a los viejos programas de deshomologación salarial, para pasar ahora a una nueva etapa en la que el modelo de remuneración académica se basará en un esquema de desintegración salarial.

Desintegración salarial
Nuevo modelo de remuneración académica en la UAM

Aunque el Acuerdo 01 anticipaba estos cambios, las reacciones se presentaron sólo hasta que los académicos las vieron reflejadas en la disminución de los pagos en sus cheques. Como dice el refrán, uno lo sabe hasta que lo siente. Probablemente muchos académicos omitieron revisar el Acuerdo, pues su publicación se había constituido como una rutina que se repetía cada año, sin comportar modificaciones. Tampoco la institución tuvo a bien alertar a los académicos sobre estos cambios, para lo que pudo utilizar otros canales de comunicación, tal como lo ha hecho cuando la UAM enfrenta los procesos de revisión salarial y contractual, o cuando se proponen reformas en temas sensibles que son de interés para la comunidad, como las modificaciones a las políticas generales y operacionales de docencia o al modelo de carrera académica.

Tabla 1

Eduardo Ibarra Colado: ¿Es posible la transformación de la UAM? Algunos desafíos a 37 años de distancia

Emblema UAM

Emblema de la UAM

Como lo comentamos en nuestra última entrega, cuando se creó la UAM, en 1974, todo pintaba muy bien en el papel. Sin embargo, como siempre sucede, el trabajo formal plasmado en los planes y modelos que sirven para proyectar las nuevas instituciones, se logra concretar sólo parcialmente y de manera imperfecta. La UAM idealmente proyectada, contrasta con la UAM socialmente construida. No podía ser de otra manera. Afortunadamente siempre existe también la oportunidad, a partir de este contraste, de valorar los caminos recorridos. Mediante un ejercicio reflexivo y autocrítico, es posible revitalizar esa capacidad de transformación que formaba parte de la identidad original de la UAM. Por ello su lema, Casa Abierta al Tiempo, sintetiza esa identidad, que se nutre de la tradición, la apertura, la flexibilidad, la interdisciplinariedad y la autonomía. Como lo explica Miguel León-Portilla:

In calli significa casa en náhuatl Ix (tli) rostro, cáhui (tl) tiempo y
-copa hacia, integran ix-cahuicopa, "hacia el tiempo con rostro".
El elemento central cáhui (tl) implica "cambio y lo que éste va dejando".
En resumen, In calli ixcahuicopa es "casa orientada al tiempo con rostro".
Convertida la frase en lema, apunta a los propósitos de la Universidad, que es
CASA ABIERTA AL TIEMPO portador de sentido, posibilidad de saber y de diálogo.

Bien haríamos en recordar con frecuencia el significado profundo, sin duda trascendente, de este lema. Lo señalo porque han pasados 37 años en los que la UAM ha ido perdiendo paulatinamente esa capacidad para transformarse a partir de la autocrítica. En su lugar se asoma, cada vez con mayor frecuencia, una institución pasiva y auto-complaciente que parece conformarse con lo ya realizado, sin mostrar el ímpetu de todo espíritu joven que no duda en asumir nuevos retos y desafíos. Comentemos sólo tres asuntos que muestran esta pérdida.

La desconcentración funcional y administrativa fue piedra angular del modelo original de la UAM. Sin embargo, se practica sólo de manera parcial y no ha sido llevada hasta sus últimas consecuencias. De hecho, algunas de las autoridades de la universidad, ni comprenden su sentido como modalidad organizativa, ni aceptan sus implicaciones para desempeñar sus responsabilidades con plenitud; cuando ocupan alguna posición en la estructura de dirección, lo hacen más apegándose a los usos y costumbres que al espíritu plasmado en la legislación, lo que ha ido transformando este principio esencial en un híbrido hecho de contradicciones. Al no asumirse plenamente la estructura definida en la Ley Orgánica, que establece con suficiente claridad y precisión los ámbitos de responsabilidad de sus órganos y sus mecanismos de articulación, se han producido retrocesos que han hecho que la UAM se parezca cada vez más a las viejas instituciones de las que se trataba de diferenciar, aquellas en las que la concentración del poder, la verticalidad, el manejo discrecional de los recursos, el establecimiento de relaciones clientelares y el burocratismo han sido monedas de curso legal.

Eduardo Ibarra Colado: UAM Modelo 1974. Primeros trazos de un ambicioso proyecto

 

  Nace la UAM

Primera plana del Excélsior en la que se anuncia la creación de la UAM

¡LA UAM nació moderna! Desde su creación se presentó como una novedosa alternativa de organización universitaria que contrastaba con el modelo de escuelas y facultades predominante en las universidades del país, pues contaría con una estructura dinámica que le permitiera cumplir con flexibilidad y eficiencia los programas académicos, de investigación y de difusión cultural. Se trataba de una institución que, surgida como uno de los grandes proyectos de la reforma educativa de la época, permitiría poner en práctica un nuevo modelo de organización universitaria, preparado para atender las necesidades cambiantes del país y para incorporar y hacer suyos los acelerados avances científico-tecnológicos. Como una universidad sustentada en la planeación, en ella no cabrían la improvisación ni el anquilosamiento que se apreciaba en otras instituciones.

Su organización bajo en el régimen de desconcentración funcional y administrativa, proyectaba a la UAM como centro coordinador de unidades académicas distintas pero articuladas, pues cada una de ellas podría resolver sus propios problemas, aunque debía hacerlo en el marco compartido de la Ley Orgánica. Se planeaba como una institución atenta a los cambios de su entorno, pues podría crecer al ritmo de las exigencias de la demanda de educación superior en distintas regiones de la ciudad de México, contribuyendo así a la atención de las necesidades educativas, culturales y sociales de sus comunidades. Sus tres primeras unidades, Iztapalapa, Azcapotzalco y Xochimilco, permitieron el desarrollo local transformando profundamente el entorno urbano. Hoy sus otras dos unidades de reciente creación, Cuajimalpa y Lerma, enfrentan un reto similar aunque en condiciones diametralmente distintas.

Eduardo Ibarra Colado: Paradojas de la deshomologación a 22 años de distancia

El 7 de marzo pasado se cumplieron 22 años de la entrada en vigor del Estímulo a la Docencia e Investigación de la UAM, conocido popularmente en nuestra Casa Abierta al Tiempo como “EDI”. Se trata del antecedente más directo de las políticas de deshomologación salarial, que el gobierno aplicó poco después en las universidades públicas del país, mediante la operación del Programa de Becas al Desempeño Académico (1990) y del Programa de Carrera Docente (1992). Estos programas marcaron el inicio de un nuevo modelo de carrera académica basado en la evaluación del desempeño, por lo que desde ese momento una parte sustancial de la remuneración descansa en la productividad y la certificación.

En esencia, estos programas y otros que se han ido incorporando al catálogo de políticas gubernamentales, se plantearon tres propósitos básicos. En primer lugar, promover la permanencia del personal académico mediante la recuperación del poder adquisitivo de sus ingresos, mermados por la grave crisis económica registrada a lo largo de la década de los años 1980s. Luego, propiciar un trabajo de mayor calidad y un cumplimiento óptimo de las funciones académicas, mediante recompensas económicas a la “productividad sobresaliente”. Finalmente, impulsar la profesionalización del cuerpo académico alentando a los profesores a realizar y/o concluir sus estudios de posgrado, bajo el supuesto (o la corazonada) de que una mayor habilitación formal se traduce, casi en automático, en un mejor desempeño en el aula y en una mayor capacidad científica.

Aunque no podemos negar que las experiencias institucionales son diversas, pues en la aplicación de estas medidas hay de chile, de dulce y de manteca, en el fondo todas ellas operan bajo la misma lógica y obedecen a los mismos principios. La UAM se ha constituido como un caso ejemplar, pues en ella operan cinco programas distintos que afectan a casi la totalidad de su planta académica, integrada esencialmente por profesores de tiempo completo (87%) y de medio tiempo (7.5%). Al examinar esta experiencia es posible comprender lo que ha sucedido de manera más general a lo largo de estas dos décadas y del escenario que nos aguarda si no somos capaces de transitar hacia un modelo más estable, que garantice la educación universitaria de calidad que demandarán miles de jóvenes mexicanos y el conocimiento que necesita el país para sustentar su desarrollo.

Eduardo Ibarra Colado: Calderón, entre tirios y troyanos, les quita a los pobres para darle a los ricos

Eduardo Ibarra Colado: Calderón, entre tirios y troyanos, les quita a los pobres para darle a los ricos

 

No cabe duda, Calderón sorprendió a tirios y troyanos. Hace casi dos semanas, el 14 de febrero, el Presidente anunció la firma de un decreto por el cual será posible, por primera vez en México, deducir el pago de colegiaturas de escuelas privadas del nivel preescolar al medio superior. Aunque sabemos que se trata de una vieja aspiración de la Unión Nacional de Padres de Familia y de los grupos empresariales, el decreto de Calderón, a la usanza de una especie de Robin Hood invertido, fue sorpresivo porque no había formado parte de la agenda educativa del actual gobierno. No existe alusión alguna en el documento de campaña dedicado a plantear la transformación educativa ni en las 100 acciones para los primeros 100 días de Gobierno. Tampoco encontramos indicios en los planes sectoriales, los informes de gobierno o los discursos y declaraciones del titular del ejecutivo a lo largo de los primeros 50 meses del régimen. Fue un golpe inesperado que hizo titubear a más de uno a unas horas del anuncio.

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