Jesse Jackson

Jesse Jackson

Jesse Jackson: Reconstruir EE.UU., dejar Irak

Jesse Jackson: Reconstruir EE.UU., dejar Irak
Bush continúa desubicado. La catástrofe del 'Katrina' nos obliga a devolver las tropas a casa

Pobres abandonados a su suerte en tejados, cuerpos inertes flotando en las aguas. Y no estamos hablando de ningún país pobre al otro lado del mundo. Estamos hablando de Nueva Orleans. Y los que quedaban abandonados eran americanos. El Ejército tardó una semana en llegar a sitio. Un tercio de la Guardia Nacional de Luisiana y Misisipí, amén de la mitad del equipamiento, estaban en Irak. Un millón de desplazados, y Rita añadió unos miles más. Los medios hablan de ellos como de refugiados de la tormenta. Pero no son refugiados. Esta gente sin techo son americanos.

El presidente Bush finalmente despertó a la dimensión de la catástrofe y prometió un plan de reconstrucción nunca visto. Se podría esperar que la devastación lo cambiaría todo, desde nuestras pesadillas hasta las prioridades del presidente.

Jesse Jackson: Desastre natural, caos oficial

La imagen “http://www.black-collegian.com/african/images/ph_revjjacksonjr.jpg” no puede mostrarse porque contiene errores.Jesse Jackson: Desastre natural, caos oficial
La respuesta del Gobierno de Bush al 'Katrina' debería despertar la furia de los americanos

El Katrina golpeó como sólo la furia de la naturaleza sabe hacerlo. Pero el sufrimiento que ha seguido a la tormenta debería despertar la furia americana. La naturaleza lo hizo lo peor que pudo, pero el coste humano ha sido magnificado de forma extraordinaria por una falta de liderazgo mayor de lo que sería aceptable.

Jesse Jackson: Tiemblo por mi país

Rev. Jesse L. Jackson, Sr.Jesse Jackson: Tiemblo por mi país
Pastor baptista y exaspirante demócrata a la presidencia de EEUU
El presupuesto de Bush es inmoral, beneficia a los ricos y carga el peso del déficit en los débiles

Ahí donde está tu riqueza, está también tu corazón. Nuestros ojos dan vueltas sobre las cantidades del presupuesto federal de EEUU, demasiado grandes para comprenderlas: un presupuesto anual de 2,5 billones de dólares, un déficit de 427 billones de dólares, un gasto militar de más de 500.000 millones de dólares en un año.

Pero bajo los números subyacen interrogantes acerca de qué es lo que valoramos, qué tipo de sociedad somos y cuáles son nuestras prioridades. Y en este aspecto, el presupuesto que Bush ha presentado ante el Congreso es tan vergonzoso en sus prioridades como desvergonzado en su falta de honestidad. Es el presidente más antiderechos civiles, antisindical y antipobres en 75 años. Es la antítesis de todo lo que simbolizaban Martin Luther King Jr. y Lyndon Johnson hace 40 años.

Ningún presupuesto surge del vacío. Sus prioridades deben estar de alguna manera relacionadas con los retos a los que se enfrenta el país. Durante los últimos cuatro años, en EEUU la pobreza ha aumentado en un 14%. Hoy, uno de cada ocho estadounidenses viven en la pobreza; uno de cada cinco niños. El número de norteamericanos sin seguro de enfermedad --más de 45 millones, y en alza-- ha batido un nuevo récord. Cada día son más los que pasan hambre. La vivienda a un precio asequible está fuera del alcance de cada vez más trabajadores. Los más pobres van cayendo por debajo del umbral de la pobreza mientras los más ricos obtienen cantidades mayores de la renta y la riqueza nacional.

AHORA debemos afrontar un déficit récord. La reducción de la presión fiscal de Bush --ante todo para los ricos-- ha ocasionado aproximadamente la mitad de dicho déficit. El aumento del gasto en la guerra, el Ejército y la seguridad nacional ha originado más de una tercera parte del déficit. Todo el gasto para ayudas sociales y programas nacionales supone un 15%.

Esencialmente, el presupuesto de Bush pide a los estadounidenses más pobres y débiles que sigan pagando el coste de sus reducciones tributarias a los más acaudalados. Demanda la ampliación permanente de las reducciones de impuestos, ampliando incluso las lagunas de la ley tributaria que sólo benefician a los muy ricos. Los ricos no correrán con carga alguna. Bajo el mandato de Bush, EEUU va a dedicar aproximadamente tanto dinero a su Ejército como el conjunto del resto del mundo. Nuestro presupuesto para el Pentágono va a ser superior a la integridad de la economía de Rusia.

Los pobres, los débiles, los vulnerables y los jóvenes serán quienes soporten las mayores cargas para pagar la reducción de la presión fiscal de Bush a los sectores de mayor poder adquisitivo. Se reducirán las ayudas para la vivienda a las familias trabajadoras pobres. Incluso Start, el programa de alfabetización para los niños más necesitados, será eliminado. Se reducirán las ayudas para la calefacción doméstica de los ancianos vulnerables. Los veteranos tendrán que pagar una "cuota de usuario" de 250 dólares si quieren utilizar la asistencia sanitaria. Los vales para alimentos se reducirán en más de 1.000 millones de dólares en cinco años. La atención médica para los pobres, los discapacitados, los ancianos y los jóvenes --Medicaid-- sufrirá un recorte drástico de 44.000 millones de dólares a lo largo de 10 años.

La Administración es comprensiblemente sensible a esta realidad. Como los fariseos sobre los que advierte la Biblia, sus portavoces pretenden que, como ha dicho el vicepresidente Cheney, "no se les está dando la espalda a los pobres". No, les están pisando el cuello.

Las inmorales prioridades de este presupuesto se reflejan en la insensible deshonestidad que lo envuelve. El presidente insiste en que todos estos sacrificios son necesarios para reducir el déficit a la mitad en cinco años. Pero en el presupuesto no incluye su principal iniciativa en política exterior, las guerras en Irak y Afganistán (a unos 100.000 millones de dólares por año), ni su principal iniciativa en política interior, la privatización de la Seguridad Social, que requerirá 4,5 billones de dólares en 20 años para empezar. Y no incluye el coste que comportará que su reducción de la presión fiscal sea permanente. Los pobres serán pisoteados, pero los déficits seguirán creciendo.

ÉSTA ERA, desde el primer momento, la estrategia manifiesta de los fanáticos de la derecha como Grover Norquist. Reducción de la presión fiscal para los más adinerados. Hacer subir los déficits. Obligar a los pobres y a los trabajadores a pagar las reducciones de impuestos con recortes de los programas vitales. Ocultar estas realidades tras un velo de retórica moralista. A un árbol no hay que juzgarlo, dice la Biblia, por la corteza que lo envuelve sino por el fruto que da. Desde este punto de vista, tiemblo por mi país si el Congreso acepta el presupuesto de Bush.

El Periódico (reproducido en Rebelión), 17/02/05

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