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Slavoj Zizek: Ladrones del mundo, uníos

Slavoj Zizek: Ladrones del mundo, uníos
Traducción por S. Seguí

La repetición, según Hegel, tiene un papel crucial en la Historia: cuando algo sucede sólo una vez, puede ser descartado como un accidente, algo que podría haberse evitado si la situación se hubiera manejado de manera diferente; pero cuando el mismo evento se repite, se trata de una señal de que un proceso histórico más profundo se está desarrollando. Cuando Napoleón fue derrotado en Leipzig en 1813, pareció una cuestión de mala suerte; pero cuando perdió de nuevo en Waterloo, estaba claro que su tiempo había pasado. Lo mismo vale para la persistente crisis financiera. En septiembre de 2008, algunos la presentaron como una anomalía que podría corregirse mediante una mejor reglamentación, etc., pero ahora que los signos de una crisis financiera se repiten está claro que se trata de un fenómeno estructural.

Se nos dice una y otra vez que estamos viviendo una crisis de la deuda, y que todos tenemos que compartir la carga y apretarnos el cinturón. Todos, es decir, excepto los (muy) ricos. La idea de gravarlos más es tabú: si lo hiciéramos, nos dicen, los ricos no tendrían ningún incentivo para invertir, se crearían menos puestos de trabajo y todos sufriríamos. La única manera de salvarnos en estos tiempos difíciles es empobrecer más a los pobres y enriquecer a los ricos. ¿Qué deberían hacer los pobres? ¿Qué pueden hacer?

A pesar de que los disturbios en el Reino Unido los desencadenó el sospechoso incidente del tiroteo a Mark Duggan, todos coinciden en que expresan una inquietud más profunda. Pero, ¿de qué tipo? Al igual que en la quema de automóviles en las banlieues de París en 2005, los amotinados del Reino Unido no tienen ningún mensaje que transmitir. (Un claro contraste con las manifestaciones masivas estudiantiles de noviembre de 2010, que también fueron violentas. Los estudiantes dejaron claro que rechazaban las reformas de la educación superior que se proponían). Por esta razón, es difícil concebir a los alborotadores del Reino Unido en términos marxistas, como ejemplo de la aparición de un sujeto revolucionario; encajan mucho mejor con el concepto hegeliano de «chusma», es decir, los que están fuera del espacio social organizado y que sólo pueden expresar su descontento por medio de arrebatos “irracionales” de violencia destructiva, lo que Hegel llamó “negatividad abstracta”.

Hay un viejo cuento sobre un trabajador sospechoso de robo: todas las noches, al salir de la fábrica, inspeccionaban cuidadosamente la carretilla que empujaba. Los guardias no encontraban nada, siempre estaba vacía. Por último, cayeron en la cuenta: lo que el trabajador estaba robando eran las propias carretillas. Los guardias obviaban la verdad evidente, del mismo modo que han hecho los comentaristas de los disturbios. Se nos ha dicho que la desintegración de los regímenes comunistas, en la década de 1990, marcó el fin de las ideologías: el tiempo de los grandes proyectos ideológicos que culminaron en catástrofes totalitarias había terminado, y habríamos entrado en una nueva era de políticas racionales y pragmáticas. Si el tópico de que vivimos en una era posideológica es cierto en algún sentido, ello es visible en este reciente brote de violencia. Ha sido una protesta de grado cero, una acción violenta sin ninguna exigencia. En su intento desesperado de encontrar significado en los disturbios, los sociólogos y editorialistas han ofuscado el enigma que presentan los disturbios.

Los manifestantes, aunque socialmente desfavorecidos y excluidos de facto, no vivían al borde de la inanición. Personas en mucha peor situación material, para no hablar de situaciones de opresión física e ideológica, han sido capaces de organizarse en fuerza política dotada de programas claros. El hecho de que los alborotadores no tengan programa es pues en sí mismo un dato que exige interpretación y que nos dice mucho acerca de nuestra situación política-ideológica y del tipo de sociedad en que vivimos, una sociedad que celebra la posibilidad de elección, pero cuya única alternativa posible al vigente consenso es un ciego acting out. La oposición al sistema ya no puede articularse en forma de una alternativa realista, o siquiera como un proyecto utópico, sino que sólo puede tomar la forma de un arrebato sin sentido. ¿Qué sentido tiene celebrar nuestra libertad de elección cuando la única opción está entre la aceptación de las reglas del juego y la violencia (auto)destructiva?

Alain Badiou sostiene que vivimos en un espacio social que se experimenta cada vez más como “sin mundo”: en este espacio, la única forma que puede tomar la protesta es la violencia sin sentido. Tal vez es éste uno de los principales peligros del capitalismo: aunque en virtud de su ser global abarca el mundo entero, sostiene una constelación ideológica “sin mundo” en la que se encuentran personas privadas de su modo de localizar significados. La lección fundamental de la globalización es que el capitalismo puede acomodarse a todas las civilizaciones, de la cristiana a la hindú o budista, del Este al Oeste: no hay una visión capitalista global, ni una civilización capitalista en sentido estricto. La dimensión global del capitalismo representa la verdad sin sentido.

La primera conclusión que puede extraerse de los disturbios, por lo tanto, es que tanto las reacciones conservadoras como las liberales ante el descontento no son suficientes. La reacción conservadora ha sido predecible: no hay justificación para este tipo de vandalismo, es preciso usar todos los medios necesarios para restaurar el orden, para evitar más explosiones de este tipo no hace falta más tolerancia y ayuda social sino disciplina, trabajo duro y sentido de la responsabilidad. Lo malo de este relato no es sólo que hace caso omiso de la desesperada situación social que empuja a los jóvenes a estallidos de violencia, sino, tal vez más importante, que no tiene en cuenta la forma en que estos arrebatos se hacen eco de las premisas ocultas de la misma ideología conservadora. Cuando en la década de 1990, los conservadores lanzaron su campaña de “vuelta a lo básico”, su complemento obsceno fue revelado por Norman Tebbitt: “El hombre no es sólo un ser social, sino también un animal territorial; debemos incluir en nuestros programas la satisfacción de estos instintos básicos tribalistas y territoriales.”

Esto es lo que la ideología de “vuelta a lo básico” fue, realmente: la liberación del bárbaro que acecha bajo nuestra sociedad aparentemente civilizada y burguesa, mediante la satisfacción de sus “instintos básicos”. En la década de 1960, Herbert Marcuse introdujo el concepto de “desublimación represiva” para explicar la llamada revolución sexual: era posible desublimar los impulsos, darles rienda suelta y mantenerlos sujetos al mecanismo capitalista de control, a saber, la industria del porno. En las calles británicas, durante los disturbios, lo que vimos no eran personas reducidas a bestias, sino la forma esquemática de la “bestia” producto de la ideología capitalista.

Mientras tanto, los progresistas de izquierda, igualmente predecibles, pegados a los mantras de los programas sociales, las iniciativas de integración, el abandono que ha privado a los inmigrantes de segunda y tercera generación de sus perspectivas económicas y sociales: los brotes de violencia son el único modo que tienen que articular su descontento. En lugar de caer nosotros mismos en fantasías de venganza, debemos hacer un esfuerzo para comprender las causas profundas de los estallidos. ¿Podemos siquiera imaginar lo que significa en un barrio pobre ser joven, mestizo, sospechoso por sistema para la policía y acosado ​​por ésta, no sólo desempleado sino también no empleable, sin esperanza de un futuro? La implicación es que las condiciones en que se encuentran estas personas hacen inevitable que salgan a la calle. El problema de este relato, sin embargo, es que sólo cuenta las condiciones objetivas de los disturbios. La revuelta consiste en hacer una declaración subjetiva, declarar de manera implícita cómo uno se relaciona con una sus propias condiciones objetivas.

Vivimos en una época cínica y es fácil imaginar a un manifestante que, atrapado saqueando y quemando una tienda, si se le presiona para que exponga sus razones, responda con el lenguaje utilizado por los trabajadores sociales y los sociólogos, citando cuestiones como escasa movilidad social, inseguridad creciente, desintegración de la autoridad paterna o falta de amor maternal en su más tierna infancia. Él sabe lo que está haciendo, pero no obstante lo hace.

No tiene sentido reflexionar sobre cuál de estas dos reacciones, la conservadora o la progresista, es la peor: como habría dicho Stalin, las dos son peores, y eso incluye la advertencia dada por las dos partes de que el peligro real de estas explosiones se encuentra en la reacción predeciblemente racista de la “mayoría silenciosa”. Una de las formas de esta reacción fue la actividad “tribal” de los vecinos locales (turco, caribeño, sikh) que rápidamente se organizaron en unidades de vigilancia para proteger su propiedad. ¿Son los comerciantes una pequeña burguesía dispuesta a defender su propiedad contra una protesta genuina, aunque violenta, contra el sistema, o son representantes de la clase obrera en lucha contra las fuerzas de desintegración social? Aquí también deberíamos rechazar la exigencia de tomar partido. La verdad es que el conflicto se dio entre dos polos de los más desfavorecidos: los que han conseguido funcionar en el marco del sistema en oposición a aquellos que están demasiado frustrados para seguir intentándolo. La violencia de los manifestantes estuvo dirigida casi exclusivamente contra su propio grupo. Los coches quemados y las tiendas saqueadas no lo fueron en los barrios ricos, sino en los propios barrios de los manifestantes. El conflicto no es entre diferentes segmentos de la sociedad; es, en su manifestación más radical, el conflicto entre una sociedad y otra, entre los que tienen todo y que no tienen nada que perder; entre los que no tienen ningún interés en su comunidad y aquéllos cuya apuesta es la más alta posible.

Zygmunt Bauman ha caracterizado los disturbios como acciones de “consumidores defectuosos y descalificados”: más que nada, una manifestación de un deseo consumista violentamente escenificado, incapaz de realizarse del modo adecuado: por la compra. Como tal, también contiene un momento de genuina protesta, en forma de una irónica respuesta a la ideología consumista: “¡Nos invitan a consumir, a la vez que nos privan de los medios para hacerlo adecuadamente; así que lo estamos haciendo de la única manera que podemos!" Los disturbios son una manifestación de la fuerza material de la ideología, lo que desdeciría la llamada “sociedad posideológica”. Desde un punto de vista revolucionario, el problema de los disturbios no es la violencia como tal, sino el hecho de que la violencia no sea realmente autoasertiva. Es rabia impotente y desesperación enmascaradas como exhibición de fuerza, es la envidia disfrazada de carnaval triunfante.

Los disturbios deberían enmarcarse en relación con otro tipo de violencia que la mayoría progresista actual percibe como una amenaza a nuestra forma de la vida: los ataques terroristas y los atentados suicidas. En ambos casos, violencia y contraviolencia se encuentran atrapadas en un círculo vicioso, cada una de ellas generando las fuerzas que trata de combatir. En ambos casos, estamos hablando de ciegos passages à l'acte, en los que la violencia es un reconocimiento implícito de impotencia. Lo distinto es que, a diferencia de los disturbios del Reino Unido o de París, los ataques terroristas se llevan a cabo al servicio del Significado Absoluto que proporciona la religión.

¿Pero no fueron los levantamientos árabes un acto colectivo de resistencia que evitó la falsa alternativa de violencia autodestructiva y fundamentalismo religioso? Lamentablemente, el verano egipcio de 2011 será recordado como el fin de la revolución, el momento en que su potencial emancipador fue sofocado. Sus sepultureros han sido el ejército y los islamistas.

Los contornos del pacto entre el ejército (que sigue siendo el ejército de Mubarak) y los islamistas (que fueron marginados en los primeros meses del levantamiento, pero que están ganando terreno) son cada vez más claros: los islamistas tolerarán los privilegios materiales del ejército y a cambio proporcionarán la hegemonía ideológica. Los perdedores serán los progresistas pro occidentales, demasiado débiles –a pesar de los fondos de la CIA que reciben– para “promover la democracia”, así como los verdaderos agentes de los acontecimientos de la primavera, la izquierda laica emergente que ha tratado incesantemente de crear una red de organizaciones de la sociedad civil, de los sindicatos a las feministas. Antes o después, la situación económica, que empeora rápidamente, sacará a los pobres, en gran parte ausentes de las protestas de la primavera, a las calles. Es probable que haya una nueva explosión, que plantee la difícil pregunta de quiénes son los sujetos políticos de Egipto capaces de canalizar la rabia de los pobres. ¿Quién va a traducirla a un programa político: la nueva izquierda laica o los islamistas?

La reacción predominante de la opinión pública occidental ante el pacto entre los islamistas y el ejército será sin duda una exhibición triunfal de sabiduría cínica: se nos dirá que, como quedó claro en el caso de Irán (país no árabe), los levantamientos populares en los países árabes siempre terminan en un islamismo militante. Y Mubarak aparecerá como si hubiera sido un mal muy menor: mejor seguir con el diablo conocido que enredar con la emancipación. Contra tal cinismo, uno debería permanecer incondicionalmente fiel a la esencia radical-emancipatoria del levantamiento egipcio.

Pero también es preciso evitar la tentación del narcisismo de la causa perdida: es muy fácil admirar la belleza sublime de los levantamientos condenados al fracaso. La izquierda de hoy se enfrenta al problema de la “negación determinada”: ¿qué nuevo orden deberá sustituir al antiguo después del levantamiento, cuando el sublime entusiasmo del primer momento se haya acabado?

En este contexto, el manifiesto de los indignados (1) españoles, emitido después de las manifestaciones de mayo, es revelador. Lo primero que salta a la vista es el tono deliberadamente apolítico: “Algunos de nosotros nos consideramos progresistas, otros conservadores. Algunos de nosotros somos creyentes, otros no. Algunos de nosotros tenemos ideologías claramente definidas, los demás son apolíticos, pero todos estamos preocupados e indignados por las perspectivas políticas, económicas y sociales que vemos a nuestro alrededor: la corrupción de políticos, empresarios y banqueros, que nos deja indefensos, sin voz.”

Protestan en nombre de las verdades inalienables que deberían regir nuestra sociedad: “el derecho a la vivienda, el empleo, la cultura, la salud, la educación, la participación política, el desarrollo libre y personal y los derechos del consumidor, para una vida sana y feliz.” En su rechazo de la violencia, instan a una “evolución ética”. “En lugar de colocar el dinero por encima de los seres humanos, lo pondremos de nuevo a nuestro servicio. Somos personas, no productos. Yo no soy un producto de lo que compro, de por qué lo compro y a quién se lo compro.”

¿Quiénes serán los agentes de esta revolución? Los indignados descartan a toda la clase política, derecha e izquierda, como corrupta y poseída por el ansia de poder, sin embargo, el manifiesto consiste en una serie de demandas… ¿dirigidas a quién? No a la propia gente: los indignados (todavía) no afirman que nadie más lo hará en su lugar, que ellos mismos tienen que ser el cambio que quieren ver. Y ésta es la fatal debilidad de las recientes protestas: expresan una auténtica rabia incapaz de transformarse en un programa positivo de cambio sociopolítico. Expresan el espíritu de revuelta sin revolución.

La situación en Grecia parece más prometedora, probablemente debido a la tradición reciente de autoorganización progresista (que desapareció en España después de la caída del régimen de Franco). Pero también en Grecia el movimiento de protesta muestra los límites de la autoorganización: los manifestantes mantienen un espacio de libertad igualitaria, sin autoridad central que lo regule, un espacio público donde a todos se les asigna el mismo tiempo de intervención, y así sucesivamente. Cuando los manifestantes comenzaron a debatir qué hacer a continuación, cómo ir más allá de la mera protesta, el consenso de la mayoría fue que lo que se necesitaba no era un nuevo partido o un intento directo de tomar el poder estatal, sino un movimiento cuyo objetivo sea ejercer presión sobre los partidos políticos. Esto claramente no es suficiente para imponer una reorganización de la vida social. Para conseguirlo se necesita un organismo fuerte, capaz de tomar decisiones rápidas y ponerlas en práctica con todo el rigor necesario.

Fuente: http://www.lrb.co.uk/2011/08/19/slavoj-zizek/shoplifters-of-the-world-unite

Rebelión, 31/08/11

Reino Unido: UK students flock overseas

Reino Unido: UK students flock overseas

The number of UK students moving abroad for their studies is rising, according to industry experts.

Hikes in tuition fees as well as the high cost of living in UK cities is pushing would be graduates towards Europe and America, where they are also finding it easier to get work and impress employers with their experience.

Many countries such as Scandinavia and Germany offer free tuition for EU students and as a result are seeing a high amount of uptake.  Universities in France and the Netherlands are also proving popular. Some institutions in France charge just £200 a year in fees and, while more expensive at around £1400 a year, courses in the Netherlands are still significantly less than those in the UK.

Most European universities do not offer halls of residence on campus, meaning that students are looking for property to rent in the private market. This could mean good news, and a guaranteed source of income, for those looking to rent out their properties abroad, especially in popular student cities such as Madrid.  br>
And those with offspring studying overseas may want to use the money saved on fees to invest in property. Prices across Europe are falling, with many countries such as Spain offering a VAT holiday on new build properties to attract buyers.  Living costs in many European countries are also far less than the UK.

A Place in the Sun, 31/08/11

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George Monbiot: Academic publishers make Murdoch look like a socialist

George Monbiot: Academic publishers make Murdoch look like a socialist
Academic publishers charge vast fees to access research paid for by us. Down with the knowledge monopoly racketeers

Who are the most ruthless capitalists in the western world? Whose monopolistic practices make Walmart look like a corner shop and Rupert Murdoch a socialist? You won't guess the answer in a month of Sundays. While there are plenty of candidates, my vote goes not to the banks, the oil companies or the health insurers, but – wait for it – to academic publishers. Theirs might sound like a fusty and insignificant sector. It is anything but. Of all corporate scams, the racket they run is most urgently in need of referral to the competition authorities.

Everyone claims to agree that people should be encouraged to understand science and other academic research. Without current knowledge, we cannot make coherent democratic decisions. But the publishers have slapped a padlock and a "keep out" sign on the gates.

You might resent Murdoch's paywall policy, in which he charges £1 for 24 hours of access to the Times and Sunday Times. But at least in that period you can read and download as many articles as you like. Reading a single article published by one of Elsevier's journals will cost you $31.50. Springer charges €34.95, Wiley-Blackwell, $42. Read 10 and you pay 10 times. And the journals retain perpetual copyright. You want to read a letter printed in 1981? That'll be $31.50.

Of course, you could go into the library (if it still exists). But they too have been hit by cosmic fees. The average cost of an annual subscription to a chemistry journal is $3,792. Some journals cost $10,000 a year or more to stock. The most expensive I've seen, Elsevier's Biochimica et Biophysica Acta, is $20,930. Though academic libraries have been frantically cutting subscriptions to make ends meet, journals now consume 65% of their budgets, which means they have had to reduce the number of books they buy. Journal fees account for a significant component of universities' costs, which are being passed to their students.

Manuel Castells: Tiempos borrascosos

Manuel Castells: Tiempos borrascosos

Tamizados por un difuso sopor vacacional llegan los crujidos de un mundo en quiebra. Hechos disconexos pero que juntos componen una nueva trama de vida. Arde Londres, la xenofobia masacra en Noruega, las bolsas se hunden, el euro se avergüenza, la ficción europea se desvanece, Estados Unidos en bancarrota, la crisis financiera corroe ahorros y devora empleos, los políticos se esconden para capear el temporal, las revoluciones árabes siguen removiendo el mundo entre heroísmo ciudadano y violencia de tiranos irredentos, movimientos sociales hechos de una mezcla de hastío y esperanza extienden la indignación de España hasta la India, pasando por Grecia e Israel. Pinceladas de un lienzo de historia en trance de ser. Y aunque no lo parezca hay un hilo conductor.

En la raíz, es la crisis de un modelo. No sólo de un modelo económico dominado por un capitalismo financiero especulativo que hizo de la economía una ficción, enredando al mundo en una virtualidad de valores bursátiles, sino de un modo de vida centrado en buscar sentido en un consumo sin sentido. Dependiendo de un trabajo, cualquiera, para vivir de prestado. Hasta que calla la música y aparece el vértigo del vacío interior. En esa soledad hija de la competitividad. Y cuando lo cotidiano se cae se buscan culpables. Porque nuestra cultura está hecha de culpabilidad. De los otros. Y los más otros de los demás son los que se detectan como distintos. Esos que buscaron trabajo y refugio en países europeos incapaces de hacer niños y remilgados de la faena dura. El chivo expiatorio es la más antigua lámina en el archivo de lo atroz. Puestos a desollarlo, empecemos por sus cómplices, los que abren las puertas a los que no son verdaderos noruegos o finlandeses o daneses u holandeses o catalanes de pura sangre. El asesino de decenas de jóvenes no era un loco, sino un educado militante del segundo partido de Noruega, partido xenófobo, eslabón de un espectro desencadenado que recorre Europa. Y cuando no son nazis declarados son policías cotidianamente racistas hasta que se les va la mano y liquidan a tiros a un mulato de Tottenham, sin dar explicaciones ni a su familia. Fue la gota que colmó el vaso de sempiterna humillación por parte de una Scotland Yard corrupta a sueldo de Murdoch para espiar a quien quisiera, desde líderes políticos hasta niñas asesinadas. Hete aquí que con la policía desbordada se desatan instintos de incendio y pillaje con participación de gentes de toda edad, clase y condición. Acceso libre al consumo. Como si la presión a la que se somete a una sociedad consumista incapaz de consumir hiciera explotar una caldera de rabia difusa, sin los tonos nobles de nuestros pacíficos indignados. Terror entre las élites y los ciudadanos de bien. Los salvajes están encasa y no todos son negros o inmigrados. Mano dura como respuesta. Aun sabiendo de siempre que cuanta más represión hay más hierve la sangre mientras las raíces de la cólera sigan ahí. ¡Qué civilizados y sensatos parecen los indignados españoles (o sus primos israelíes o sus hermanos griegos) en comparación con estos ingleses desbocados del siglo XXI! Pero no se equivoque. Nuestros indignados son activamente no violentos, pero que no se intente pararlos a golpes con argumentos de limpieza de plazas y ordenación de tráfico. Porque no se van a parar, van lejos, irán hasta el fin de la denuncia de un sistema que nos está tragando a todos en el torbellino de destrucción generado por el cinismo financiero y la incompetencia política. En estos movimientos sociales se juntan la crítica a formas alienadas de vida con el rechazo a pagar los platos rotos derivados de los errores (o cálculos especulativos) de los dueños del dinero y el poder que, como siempre, quieren irse de rositas.

Y mientras, allende el Mediterráneo, los árabes se reencuentran a sí mismos, con movimientos sociales derrocando tiranos y juzgando a corruptos aunque a veces sea a costa de ríos de sangre que aún fluyen a raudales en Siria ante las protestas estériles de la timorata comunidad internacional. Menos mal que los sirios, como los egipcios, los tunecinos y tantos otros decidieron hace tiempo que tenían que liberarse ellos mismos sin pedir permiso a los sospechosos habituales. Lástima que el sueño de los indignados israelíes abrazándose a los acampados de Tahrir haya chocado con la provocación deliberada de islamistas y sionistas para frustrar una paz posible entre personas cansadas de ser rehenes de políticos y geopolíticos.

En todos estos episodios dispares se repiten temas y formas. En el horizonte está la autogestión de la vida, pasando de políticos profesionales. En el núcleo de la acción están internet y las redes móviles. Es mediante las formas autónomas de comunicación que la gente ha podido autoorganizarse, coordinarse y suscitar un debate democrático de ideas, sueños y propuestas. En pocos meses se ha afirmado con fuerza en la práctica social que la comunicación es el mecanismo fundamental para unirse y que la reunión de personas en las redes sociales, preludio de acampadas y manifestaciones, permite superar el miedo en el que se basa el control social de un sistema que ya no convence y apenas vence. Las revoluciones del siglo XXI, en sus múltiples formas, ya tienen sus herramientas, hechas de comunicación autónoma interactiva y multimodal, local y global. Sabiendo que en internet, que está hecho de la vida de los internautas, hay de todo, lo mejor y lo peor, desde asesinos y saqueadores hasta rebeldes contra la tiranía o inventores de la nueva vida. Pero es la matriz del desafío a un mundo que se autodestruye, afirmando la posibilidad de reconstruir la sociedad desde la base.

Porque algo huele a podrido en Dinamarca. Y en Noruega. Y en Europa. Y hasta en esta España que se montó en una economía de cartón piedra gobernada por monigotes de papel.

Vivimos tiempos borrascosos. Pero las borrascas limpian el aire. ¿No siente la brisa que viene del mar?

Reggio's, 29/08/11

New Zealand: Govt expands campaign to recover student debt

New Zealand: Govt expands campaign to recover student debt

A further 50,000 people who live overseas and owe money on their student loans are going to be targeted by the Government.

The total student loan debt is about $10 billion of which about $2 billion is owed by people living overseas.

Tertiary Education Minister Steven Joyce says a pilot programme run by the Inland Revenue Department has been successful.

Mr Joyce says it targeted 1000 holders in Australia and has netted more $4.7 million in debt repayments.

The programme will bbe extended to cover not only people in Australia, but also Britain.

Student loan debtors will be contacted directly about either paying the arrears, or setting regular payments.

Mr Joyce says legal action is a last resort, but will be used against those who deliberately choose not to repay their loan.

Meanwhile, Inland Revenue is beginning tough legal action against 24 student loan borrowers living in Australia, saying it will take them to court over non-repayment.

Richard Owen from the department says 21 borrowers in the pilot responded to final demand letters, but another 24 have paid only a small amount, or nothing, towards their loan.

Radio New Zealand, 29/08/11

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Carlos Martínez Alonso y Javier López Facal: La investigación, subordinada al mercado

Carlos Martínez Alonso y Javier López Facal: La investigación, subordinada al mercado
La ciencia no tiene por qué ser inmediatamente útil; a lo que sí está obligada es a ensanchar el campo del conocimiento humano. Lo curioso es que se acepta ahora como 'única' política pública un modelo conservador
Carlos Martínez Alonso y Javier López Facal son profesores del CSIC

Durante los primeros siglos de la ciencia moderna, su cultivo solía corresponder a caballeros de posibles, bien por su patrimonio familiar o por algún generoso mecenazgo. Ocurría también que el sabio podía obtener alguna sinecura regia, que le permitía dedicarse a su pasión secreta de escudriñar lo desconocido e inexplicado.

A medida que la ciencia se fue desarrollando y empezó a descubrir fenómenos y objetos que podían reportar alguna utilidad e incluso algún beneficio económico, la actividad de los sabios dejó de ser una ocupación de excéntricos visionarios para convertirse en una posible fuente de soluciones a problemas reales y en una herramienta útil a la sociedad y al poder.

Cuando Galileo presentó su recién construido telescopio al senado de la república de Venecia, en 1609, a los senadores les impresionó tanto que desde el campanile de San Marcos se pudiera ver Murano como si estuviese al lado, que lo hicieron fijo en su cátedra de Padua y le doblaron el sueldo. No es que a las autoridades venecianas les interesase mucho el estudio de los planetas del sistema solar, pero aquel artilugio tenía un evidente interés militar para la defensa de la República Serenísima.

Obviamente, el interés de las autoridades fue a más durante aquel siglo, que vio nacer las primeras academias y sociedades científicas, y se fue incrementando a lo largo del siglo XVIII, cuando prácticamente todos los monarcas ilustrados crearon reales gabinetes, jardines botánicos y museos, financiaron expediciones científicas, fundaron academias, observatorios astronómicos y centros de estudios superiores especializados.

Así, cuando Wilhelm von Humboldt creó la Universidad de Berlín en 1810, en un palacio donado por el rey Federico Guillermo III de Prusia, le propuso ya la doble misión de la enseñanza superior y la investigación, e introdujo en el currículo académico materias como la química, la física, las matemáticas o la medicina, además de las materias clásicas, habituales en todas las universidades. Esta universidad habría de servir de modelo a todas las que se irían creando en Europa y en América durante el siglo XIX, y de su eficacia como institución de enseñanza superior e investigación puede dar cuenta el hecho de que entre sus alumnos se encuentran 29 premios Nobel, entre ellos Albert Einstein o Max Planck. El siglo XIX, así pues, vio cómo la actividad de los científicos se convirtió en un asunto de interés general, para los gobernantes y los empresarios, que constataban que de su cultivo se podían obtener ventajas competitivas y negocios saneados.

David A. Love: Blacks and Latinos Will Suffer When the Student Debt Bubble Bursts

David A. Love: Blacks and Latinos Will Suffer When the Student Debt Bubble Bursts

When the housing bubble burst, the resulting foreclosure crisis was a disaster for black and Latino families, who lost 53 percent and 66 percent of their median household wealth, respectively, between 2005 and 2009. As a result, the racial wealth gap is widening, with white households enjoying 18 times as much wealth as their Latino counterparts, and 20 times more than African-American households.

There is every indication that the bursting of the student debt bubble, like the housing bubble before it, is imminent. And when it happens, it will send shockwaves throughout the financial markets. People of color will be especially vulnerable.

Although education is widely viewed as a way up and a way out for poor, working-and middle-class students, the prohibitive cost of college tuition has created a virtual debtors' prison for many. Loan defaults and delinquencies are on the rise in America, and are only expected to worsen.

A recent report from Moody's Analytics says that tuition has doubled since 2000 -- that's a 10 percent increase every year -- causing student debt to accelerate during the recession. In contrast, other types of consumer debt such as mortgages, credit cards and auto loans have decreased sharply. Outstanding student loans have increased 25 percent since 2008. Student debt now exceeds total credit card debt, and is likely to reach $1 trillion this year, with the average debt for a bachelor's degree at $24,000.

To add to the problem, unemployment is high and there are no jobs for recent graduates. And in the lucrative for-profit college industry where students of color predominate at 54 percent, graduation rates are lower than traditional institutions of higher learning. So, students leave without the benefit of a degree, but with the debt burden just the same.

For blacks and Latinos -- who suffer from lower pay and double the unemployment, and must assume larger debt loads to pay for school -- the deck is stacked against them. According to a Georgetown University study, blacks and Latinos earn less than whites, even with advanced degrees. Moreover, members of these groups who have earned a master's degree earn less than whites with a bachelor's. It is no wonder that their default rates are higher. In a 2007 survey, black students had a default rate five times higher than whites and nine times higher than Asians, with the Latino rate double that of whites and quadruple that of Asians.

This talk of student default goes far beyond dollars and statistics. These are human beings who are thrown into hopeless life situations because the tuition is too damn high. Recently I had the pleasure of reviewing the new film Default: The Student Loan Documentary. I appreciate the film's clarity in spelling out the nature of this American crisis and its impact on ordinary people. Borrowers break down and cry in front of the camera as they reveal the amount of money they owe in student loans. Some were brought to financial ruin as the result of prohibitively high monthly loan payments, compounded by illness or some other setback. Others are unable to get married and start a family because their loan payments prohibit it. One has to take a step back and ask if this is really what America has become.

Manuel Salazar Salvo: El negocio de los “sostenedores” de la educación

Manuel Salazar Salvo: El negocio de los “sostenedores” de la educación

En el año 2009 el entonces jefe de la campaña presidencial de Sebastián Piñera, hoy ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, decidió estudiar lo que él consideraba el exitoso modelo de marketing y publicidad que La Polar estaba aplicando. Los segmentos a los que la multitienda apuntaba eran los mismos donde se requería captar los votos para que la derecha ganara las elecciones, es decir C3 y C4, los estratos medios-bajos y bajos.

Varios años antes, Agustín Edwards del Río, el mayor de los hijos del dueño de El Mercurio, había desarrollado un modelo parecido para transformar al diario Las Ultimas Noticias en un “producto” orientado hacia los estratos medios-bajos, casi el mismo público al que apuntaba La Polar. Edwards y sus asesores eligieron a los habitantes de la comuna de La Florida como referencia para aplicar la iniciativa. Tanto Hinzpeter como Edwards del Río tuvieron éxito, pero con mensajes diferentes. El primero martilló con el tema de la inseguridad y la delincuencia, prometiendo mano dura y el término de “la puerta giratoria” en las cárceles; el segundo optó por la farándula y el apego editorial a los programas más simplones de la televisión.

El caso de la educación muestra similitudes a estos dos ejemplos. Desde la época de la dictadura militar y en especial desde 1990 en adelante, lo que se ha ofrecido a los mismos grupos sociales a los que se dirige La Polar y LUN es la ilusión de que pueden obtener una mejor enseñanza -accediendo incluso a la universidad- a través de la iniciativa privada. Y con ello, ser partícipes de los beneficios que para los exitosos reserva el modelo neoliberal. Así, hoy se muestra a casi un 80% de los estudiantes de todos los niveles matriculado en establecimientos privados. En el caso de la enseñanza superior, de los 940 mil alumnos de universidades, centros de formación técnica e institutos profesionales, 162 mil estudian en planteles estatales, lo que equivale sólo a un 17%.

Marco Kremerman, economista de la Fundación SOL, afirmó en El Mostrador que sumando las matrículas de la Universidad de las Américas, Universidad Nacional Andrés Bello, Universidad de Viña del Mar y el Instituto Profesional AIEP, todos pertenecientes al consorcio internacional Laureate Education Inc., se contabilizan 102.591 alumnos, y si se agrega al holding Corporación Santo Tomás, controlado en 57% por el grupo económico Hurtado-Vicuña y el fondo de inversión Linzor Capital, con 63.755 alumnos, los dos conglomerados privados reúnen 166 mil estudiantes, más alumnos que todos los planteles estatales de Chile.

La realidad escolar

En el actual sistema escolar coexisten cuatro modalidades de establecimientos educacionales, según su dependencia y fuente de financiamiento:

Municipal: en su mayoría establecimientos fiscales traspasados a los municipios a principios de los 80 y que reciben subvención estatal;

Particular subvencionado: creados en 1980 para desarrollar la administración escolar y ser reconocidos como “cooperadores de la función educativa del Estado”, con recursos provenientes de la subvención estatal y cobros a los padres: financiamiento compartido;

Particular pagado: no reciben financiamiento del Estado y son administrados de manera privada, financiados con el cobro de matrículas y mensualidades; y,

Corporaciones educacionales de administración delegada: enseñanza media técnico-profesional (TP), cuya administración fue traspasada -en su mayoría- a gremios empresariales que reciben subvención del Estado.

En 2007, un año después de la “revolución de los pingüinos”, en la Región Metropolitana había 2.764 establecimientos educacionales básicos y medios, con una matrícula de 1.403.200 alumnos. Los técnicos profesionales eran 33 (1,19%) con una matrícula de 27.354 (1,94%); los municipales eran 753 (27,24 %) con 444.788 alumnos (31,93%); los particulares subvencionados llegaban a 1.653 (59,80%) con 781.887 alumnos (55,64%); y los privados eran 325 (11,76%) con 151.171 alumnos (10.76%).

Los 1.653 establecimientos particulares subvencionados eran administrados por 1.391 sostenedores, que jurídicamente se distribuían en un 40.4% de sociedades comerciales, 41,1% de personas naturales y 17,1% de fundaciones, corporaciones y congregaciones.

La subvención entregada por el Estado consiste en un pago por alumno calculado en la denominada Unidad de Subvención Escolar (USE), cuyo monto difiere según sea el tipo de enseñanza (parvularia, básica, media, adultos, etc.), nivel educacional, tipo de escuela (diurno, vespertino), región geográfica y ruralidad. El monto de la subvención varía también si el establecimiento tiene jornada escolar completa o no. El aporte mensual se calcula sobre la base del promedio de asistencia efectiva de los alumnos en los últimos tres meses. En 1993, con el propósito de aumentar los recursos escolares, el gobierno generó un mecanismo para incentivar el aporte de las familias a la educación de sus hijos, autorizando a los establecimientos de educación particular subvencionada (básica y media) y a los liceos municipales para cobrar una cuota mensual a los padres -el llamado financiamiento compartido-, sin perder la subvención estatal o rebajándola porcentualmente. A nivel nacional, el número de establecimientos particulares subvencionados creció en un 71,9% entre 1990 y 2005, mientras las escuelas municipales disminuyeron en 3 por ciento y siguen bajando.

Entre las principales diferencias de la educación municipal con el ámbito privado subvencionado destacan los vínculos laborales entre el sostenedor y los profesores; en el caso del sector municipal, los profesores se rigen por el Estatuto Docente, mientras en el sector particular la relación se rige por el Código del Trabajo. Otra diferencia se da en la selección de alumnos, que en el caso del sector público está prohibida, mientras el sector privado la ha practicado desde su origen, pese a las restricciones introducidas por la nueva Ley General de Educación, LEGE. Una tercera divergencia es la posibilidad de los privados de adherir al sistema de financiamiento compartido, tanto en enseñanza básica como en media, mientras que en la educación municipal sólo es permitido para esta última. Y una cuarta diferencia es la mayor facilidad que tienen los sostenedores para crear nuevas escuelas, versus las restricciones que enfrenta el sector municipal, sin considerar que respecto al sector particular subvencionado hay escasa información sobre los sostenedores.

Un nicho de negocios

El investigador Claudio Almonacid, doctor en educación de la Universidad Católica, entre otros, ha afirmado que la ciudadanía desconoce quiénes son los sostenedores: “Por ejemplo -dice- sabemos que un colegio puede ser ‘de Iglesia’ o de inspiración católica, pero no quiénes efectivamente administran o son dueños de ese colegio. Muchas veces, la Iglesia Católica -el sostenedor privado actual más poderoso- se vincula a sociedades, fundaciones, corporaciones o personas naturales a través de su proyecto educativo”.

Almonacid clasificó a los sostenedores en religiosos (adscritos al credo católico, seguido de las iglesias evangélicas), sociales (ligados a la beneficencia, fundaciones o empresas) y privados (desglosados en particulares y en sociedades).

Desde los 90, hubo una expansión de sostenedores que no provenían de los ámbitos educativos. Aparecieron ingenieros, abogados, comerciantes, contadores y otros de múltiples oficios. Se había creado un nuevo “nicho de negocios” y era una nueva oportunidad de conseguir ganancias. A mediados de los 2000 ya existía una sobreoferta de colegios en comunas “emergentes” como La Florida, Puente Alto, Peñalolén, Maipú y otras. Pero en las zonas rurales aisladas la oferta era nula, a ningún sostenedor le convenía abrir allí una escuela.

En 2007 cerca de la mitad de los sostenedores, es decir, 46% de las personas naturales y 55% de los miembros de sociedades sostenedoras participaba en sociedades comerciales, destacándose entre ellas las educacionales, de comercio de productos, de transportes, de servicios financieros y las inmobiliarias. Mientras muy pocas personas naturales concurrían en más de tres sociedades comerciales (sólo el 5%), los socios de sociedades sostenedoras figuraban frecuentemente en cuatro, cinco y hasta 17 sociedades (casi el 30%). (Al respecto, ver el estudio “Gubernamentalidad y provisión educativa privada en Chile. Reflexiones a partir de la identificación de la propiedad y dinámica de la oferta educativa privada en la Región Metropolitana”, en http://www.opech.cl/inv/analisis/sostenedores_domeyko_final.pdf.).

En ese trabajo, los investigadores detectaron que existía una concentración de la propiedad de los establecimientos bastante mayor a la aparente. Se encontraron: a) Personas naturales sostenedoras que también estaban en sociedades educacionales sostenedoras; b) Sociedades educacionales sostenedoras distintas, cuyos socios eran los mismos o con pocas variaciones; c) Sociedades educacionales sostenedoras distintas, compuestas cada una por una familia, que compartían entre sí uno o más socios o constituían, en conjunto, una sociedad mayor; d) Fundaciones y corporaciones educacionales sostenedoras cuyos socios también figuraban en sociedades educacionales sostenedoras o en otras fundaciones o corporaciones o redes de las mismas.

También observaron una tendencia de los sostenedores a modificar su figura legal a lo largo del tiempo. Por ejemplo, convertir sociedades de responsabilidad limitada en sociedades anónimas, personas individuales en sociedades o empresas individuales de responsabilidad limitada, o una tendencia a reemplazar las figuras jurídicas por fundaciones y corporaciones. Tanto las sociedades anónimas como las fundaciones y corporaciones invisibilizan a sus socios o participantes. Una fundación o corporación, por otra parte, tiene la ventaja de no exponerse públicamente como una organización cuyo fin es el lucro.

Licuando las ganancias

Roberto Molina Viveros, profesor de historia de la educación, ha explicado que desde el siglo XIX hasta 1989, el título de “sostenedor de establecimiento educacional” correspondía a un particular o una sociedad sin fines de lucro que gastaban dinero para “sostener” un colegio. Era un título digno y unos y otros colaboraban con la función educacional del Estado, sosteniendo a su costa, colegios y escuelas. A cambio, recibían cierta ayuda estatal para cubrir parte de los costos. Así, el sostenedor aportaba fondos al sistema educacional y se le concedía, en tanto, la posibilidad de tener una cierta influencia ideológica en los niños que formaba, aunque debía ceñirse estrictamente a los planes y métodos establecidos por el Ministerio de Educación, quien lo controlaba a través de inspectores.

Desde la dictadura militar y particularmente en los gobiernos de la Concertación, el sostenedor pasó a ser sostenido por su o sus colegios. No sólo no aporta dinero al sistema escolar, sino que saca dinero, sea como utilidades o designándose director. Y si no tiene título pedagógico se nombra gerente del colegio y se asigna una remuneración millonaria, con lo que esos dineros pasan a ser “gastos operacionales” del colegio. También se usa nombrar a toda la familia y amigos en cargos financiados con la subvención estatal.

El profesor Molina Viveros agrega que otras fuentes de lucro de los nuevos sostenedores son: captación de los fondos que el Mineduc entrega para construcción de infraestructura o para adquisición de equipamiento escolar; venta obligatoria a su mercado cautivo -alumnos y apoderados- de uniformes, artículos escolares con logo, poleras, buzos de gimnasia, etc.; captación de los aportes de sus centros de apoderados y centros de alumnos, los que trabajan gratis para conseguir computadores, equipos audiovisuales, materiales didácticos, laboratorios, reparación de infraestructura y otros gastos que debieran asumir los sostenedores.

Un estudio efectuado por Dante Contreras, investigador del Departamento de Economía de la Universidad de Chile, precisó que del total de colegios subvencionados, un 60% obtiene ganancias, o sea lucra. Entre ellos destacan la familia Hormazábal Calderón, dueña de 15 colegios H.C. Libertadores; Filomena Narváez, propietaria de ocho establecimientos -con nombre en inglés- avaluados en cinco mil millones de pesos y de la Universidad Iberoamericana de Ciencias de la Información; Víctor Aguilera, que posee varios colegios, cinco de los cuales están en una fundación en la que dice no obtener ganancias; y la familia Romo, donde entre padres, tíos, hijos y sobrinos suman 15 colegios dispersos entre Recoleta, Quilicura e Independencia.

En 2005, el Mineduc tenía apenas 38 inspectores para fiscalizar los 2.357 colegios subvencionados en la Región Metropolitana. A lo más, podían inspeccionarlos una vez al año. Así y todo, aquel año, a través de multas y devoluciones de dinero, los sostenedores encausados debieron reembolsar 1.165 millones de pesos.

Los métodos para cobrar irregularmente la subvención son varios. Dado que la plata estatal se entrega en función de la efectiva concurrencia de los niños a clases, una de las faltas más comunes es la adulteración de libros de asistencia. Otra es la contratación de profesores sin título o, derechamente, menos docentes de lo que se indica en la planta. También hay una cantidad enorme de horas pagadas por el Estado por clases que jamás se hicieron.

Un fiscalizador recuerda que en algunos años de la década del 2000 en todo Chile se registraron dos millones de horas de clases pagadas y no realizadas. Por hora de clase el Estado pagaba entonces 10.300 pesos, en promedio. En los 90 los inspectores eran cerca de 400, pero la Ley de Presupuesto puso obstáculos para llenar el cupo de un inspector que jubila o muere.

En la captación de alumnos los sostenedores emplean técnicas similares a las usadas por las grandes tiendas y el retail, donde la apariencia es lo principal. Vistosas fachadas y engañosa publicidad seducen a padres y apoderados que buscan una “buena” educación para sus hijos. La realidad, sin embargo, suele ser diferente

Publicado en “Punto Final”, edición Nº 740, 19 de agosto, 2011

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Rebelión, 22/08/11

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Reino Unido: Student debt ¼ of national debt by 2047

Student debtReino Unido: Student debt ¼ of national debt by 2047

Increasing the university tuition fees in Britain will impose a crippling debt equal to a quarter of the country's national debt on the students who begin their higher education studies in the future, a report says.

According to a report by the Department for Business, Innovation and Skills (BIS), the British government's decision to raise tuition fees cap from £3,290 to £9,000 a year will lead to student debts shooting up to £191bn by 2047 with the increase accounting for £124 billion of the figure.

The figure obtained by the Liberal Conspiracy website under Freedom of Information regulations shows the student debt bill amounting to the entire welfare bill and passing well over the 2010 £136bn gross mortgage lending.

The report has drawn criticism from Professor Les Ebdon, the chair of the membership group of 27 British universities established after 1992, the million+ group.

Ebdon, who is also the vice-chancellor of the University of Bedfordshire, has described the new tuition fee system as “unstable” and a "house of cards built on borrowed money".

This comes amid warnings by economists, academics and student leaders that the lending bill could even rise higher, limiting the university entries in the future.

Based on the coalition's newly-drawn “graduate contribution scheme”, taxpayers should pay for a third of the loans' costs to curb defaults and write-offs while subsidizing interest rates.

That means both the education system and taxpayers are looking to a grim future.

"This is worrying as, if costs to the Government are higher than anticipated, then taxpayers of the future are going to have to pay more in taxes to fill that gap. We are talking about real money and a lot of it," said Bahram Bekhradnia, director of the Higher Education Policy Institute.

Meanwhile, Nicholas Barr, professor of public economics at the London School of Economics, described the new system as "badly designed and... incredibly expensive to the taxpayer".

That was echoed by president of the National Union of Students Liam Burns who said "all the Government has done is simply succeed in getting the debt off its books and placed it on exactly the same people in 40 years' time".

Press TV, 21/08/11

EEUU: Estudantes estrangeiros dizem ser explorados em fábrica de chocolates Hershey

Estudantes estrangeiros dizem ser explorados em fábrica de chocolates HersheyEEUU: Estudantes estrangeiros dizem ser explorados em fábrica de chocolates Hershey
Centenas de estudantes estrangeiros abandonaram uma fábrica dos chocolates Hershey dizendo ser utilizados como mão-de-obra barata
Os jovens encontram-se num programa intercâmbio cultural

Estalou a polémica no estado da Pensilvânia nos EUA. Um grupo de estudantes estrangeiros insurgiu-se contra as condições de trabalho numa fábrica de chocolates Hershey e, num ato de protesto, abandonou em bloco as instalações.

De acordo com os estudantes, o programa de intercâmbio cultural em que se encontram tinha-os transformado em mão-de-obra barata e desprotegida que companhias como a Herschey aproveitavam para conseguir maiores lucros.

O programa de intercâmbio do Departamento de Estado americano J-1 traz estudantes estrangeiros para os EUA, por um período de dois meses, para trabalhar e aprender inglês. A criação do programa teve como intuito preencher vagas de emprego durante o Verão em cidades costeiras e, ao mesmo tempo, dar a oportunidade a jovens doutros países de ganharem algum dinheiro e experienciarem o "american way of life".

Porém, a realidade revelou-se pior do que o sonho.

Patricio Herman: Trampas para optimizar los lucros en las universidades privadas

Patricio Herman: Trampas para optimizar los lucros en las universidades privadas
Patricio Herman, Presidente de la Fundación Defendamos La Ciudad
http://www.defendamoslaciudad.cl/

Gracias a las masivas movilizaciones de los estudiantes secundarios y universitarios, a través de todo el país, se están conociendo con mayor nivel de detalle los artificios que  utilizan los más habilidosos para obtener ganancias en sus emprendimientos educativos que la ley dice que no tienen fines de lucro. Al respecto, el senador Alberto Espina (RN) en una entrevista en El Mercurio indicó “cuando te das cuenta de que los dueños de las universidades se han ganado fortunas, la sensación de impotencia, injusticia e inequidad en la gente es muy grande”.

El drama de Chile es que estamos llenos de leyes que no se cumplen porque los que están llamados a fiscalizar  -funcionarios públicos-  no se atreven a ejercer sus atribuciones por diferentes motivaciones. Las universidades privadas se crearon en 1981, bajo el régimen militar, y los dueños de las mismas, con la complicidad del Estado, han estado lucrando a destajo sin que nadie revise sus mentirosas contabilidades y balances.

En la mayoría de estas universidades sus accionistas y controladores, con ardides, retiran utilidades sin reinvertirlas en educación como en rigor corresponde, no tienen consejos imparciales a quienes deban rendirle cuenta de sus actos, traspasan entre diversas sociedades costosos inmuebles y todo tipo de bienes y flujos de clientes (alumnos). Todo se transa en el mercado y los sueldos que se auto asignan como educadores, decanos y directores son lo suficientemente altos para que así sus inversiones sean muy rentables.

Como tales influyentes actores particulares no son tímidos, se las han arreglado para no pagar las contribuciones de bienes raíces de las propiedades que poseen a nombre de sus sociedades, con el argumento de que allí se imparte educación. Y esto es sabido por todos quienes se desenvuelven en este tipo de empresas, como también por los distintos gobiernos desde Pinochet, pasando por todos los de la Concertación, a Piñera. Es decir, la clase política ha estado tolerando este tipo de corrupción.

Portugal: De nuevos ricos a nuevos pobres

Portugal: De nuevos ricos a nuevos pobres

Portugal: revolución dos (es)cravos

“La crisis es solo para algunos”, es la frase más oída y leída en Portugal tras los ajustes impuestos en mayo por la Unión Europea y el FMI para otorgar un rescate financiero de 112.000 millones de dólares.

Mientras los vendedores de automóviles deportivos de lujo se quejan de no poder satisfacer los pedidos en el plazo deseado por los clientes, el Banco de Alimentación contra el Hambre (BAH) enfrenta un problema similar, al no poder cumplir a cabalidad su cometido.

Hasta 2009, los usuarios exclusivos del BAH eran las familias más pobres. Pero en la actualidad acuden personas de clase media, que, rompiendo la barrera de la vergüenza, solicitan alimentos y apoyos médico y espiritual.

La organización Defensa del Consumidor (DECO) recibe cotidianamente pedidos de ayuda de personas incapacitadas para cumplir sus obligaciones ante los bancos y demás entidades financieras, que solo en junio incautaron por falta de pago las viviendas de unas 3.000 familias.

La economía de Portugal, que en los últimos 25 años había logrado abandonar su sino de país periférico y mostraba un futuro promisorio, cayó en el hondo pozo de la crisis en 2009, con la inevitable aparición de miles de nuevos pobres, otrora miembros de la clase media, principal víctima de los aumentos de impuestos, recorte salariales y aguinaldos, así como de despidos compulsivos de un día para el otro.

Desde su ingreso a la UE en 1986, Portugal había registrado un notorio avance. Sin embargo, todos los economistas hoy coinciden en que el logro fue más virtual que real.

El crédito fácil sustentado en los ríos de dinero proveniente del bloque, cuya capital es considerada Bruselas, se reflejó en la proliferación de los teléfonos celulares móviles, canales de televisión por cable, autopistas, automóviles y casas adquiridas en cuotas.

El consumo desmedido sacrificó el desarrollo agrícola e industrial, para dar lugar con fuerza a un vasto sector de los llamados “nuevos ricos”, orgullos del país con más autopistas por kilómetro cuadrado y los más grandes centros comerciales de Europa, modernos estadios de fútbol y pistas para bicicletas, entre otros adelantos edilicios.

Pero esta aparente riqueza era un espejismo. No tenía ninguna relación con la realidad económica de Portugal, afirman los analistas.

Esteban Magnani: La reforma digital

Esteban Magnani: La reforma digital

La tecnología expande el horizonte de lo posible y, por lo tanto, fuerza discusiones éticas que antes ni se imaginaban. En los ‘80, por ejemplo, uno de los campos que se abrían imponiendo debates nuevos lo daba la fecundación in vitro y la posibilidad de implantar óvulos en otro útero, lo que obligaba a plantear cuestiones tan básicas como los cánones aceptados de “familia” (niños con dos madres, por ejemplo). Con el tiempo, las prácticas (y el deseo de procrear como fuera) relegaron los debates a un segundo plano. De alguna manera es lo que está ocurriendo con otro tipo de paternidad, la intelectual, que viene ocupando el centro de la escena gracias al nuevo corrimiento de lo posible que ha generado la digitalización de la información. Pero el potencial de Internet se contradice con una lógica de negocios que se agrieta y se apoya en la propiedad privada como axioma que justifica todo lo demás. Pero empecemos por el principio de un nuevo capítulo en esta lucha.

TRANSACCIONES FILOSOFICAS

Philosophical Transactions of the Royal Society es la revista científica más antigua de todos los tiempos. Comenzó a publicarse en 1666, y sigue hasta nuestros días, e incluyó trabajos de los grandes pensadores de la revolución científica y posteriores, desde Robert Hooke hasta Charles Darwin, pasando por Isaac Newton. Sin duda esta revista es uno de los grandes patrimonios culturales de la humanidad.

En la era digital la materia resulta un estorbo. Por eso, luego de un acuerdo entre la Royal Society y la empresa Jstor (que se dedica, justamente, a archivar digitalmente publicaciones científicas), esta última procesó los números de los Philosophical... de los últimos 350 años. El objetivo, seguramente trabajoso, fue logrado en 2010, cuando se publicaron 18.592 papers online. Una simple visita al sitio de la Royal Society permite descubrir que para ver la dedicatoria del primer número de la revista (de 5 párrafos) es necesario pagar US$ 8, aunque la mayoría de los papers cuestan US$ 19, dinero que seguramente compensa muy satisfactoriamente el esfuerzo de la digitalización, sobre todo teniendo en cuenta que el grueso del trabajo se hace un sola vez y luego solo queda facturar. Un poco de matemática simple indica que con que se descargue una vez cada paper, a un promedio de US$ 15, se obtendrían US$ 278.880. De más está decir que la ganancia queda limpia, ya que los derechos de autor caducaron hace siglos. En cualquier caso es muy probable que rápidamente se cubra la inversión y luego sea todo rentabilidad neta. Jstor es una empresa sin fines de lucro y la Royal Society asegura que entre sus misiones está “incrementar el acceso a la mejor ciencia internacionalmente”. ¿Entonces por qué una vez cubiertos los costos de la digitalización no liberar esa información, que es parte de la historia cultural mundial? El precio puede no parecer mucho para los científicos, pero ¿qué pasa, por ejemplo, con estudiantes del tercer mundo usando el material para sus trabajos escolares?

Como era de esperar, a muchos no les gustó la idea de pagar por algo que consideraban patrimonio de la humanidad. Uno de ellos es un joven de 24 años llamado Aaron Swartz, conocido activista y empresario informático con varias campañas en su haber (ver recuadro). En un manifiesto de 2008 que se le atribuye, advertía: “La información es poder. Pero como todo poder hay quienes quieren quedárselo para sí mismos”. Un poco más abajo explicaba que era necesario apelar a la desobediencia civil y descargar “revistas científicas y subirlas a las redes que comparten información”, es decir a las redes P2P (o peer to peer), en las que se comparten archivos digitales entre usuarios, como permiten hacer numerosos sistemas, desde el iniciador Napster hasta los actuales torrent.

Chile: El negocio de los créditos universitarios que está en manos de Álvaro Saieh

Chile: El negocio de los créditos universitarios que está en manos de Álvaro Saieh
Crédito con Aval del Estado (CAE) es un de los puntos cuestionados en las movilizaciones

Corpbanca se adjudicó la cartera que licitó el Estado, bajando la tasa para los estudiantes de un 5,7 a un 5,3 por ciento anual. Una mejora en la condiciones de mercado, que, sin embargo, las propias universidades califican de muy pequeña. Algo que se complica para los estudiantes si se considera que, según un informe del Banco Mundial, los universitarios con CAE tendrán una deuda casi 180% mayor de lo que será su ingreso anual cuando se titulen y se incorporen al mercado del trabajo.

En enero del año pasado, la ex Presidenta Michelle Bachelet anunciaba un beneficio que iría, según sus propias palabras, a fijarse como colchón en los bolsillos de los más pobres. “Hemos tomado la decisión de que mi gobierno va a ampliar por segundo año consecutivo los créditos con aval del Estado para educación superior, beneficiando en el 2010 a un total de 92 mil estudiantes vulnerables, pero también de clase media, pertenecientes hasta el cuarto quintil de ingreso”.

La voz de Bachelet en el Patio de Los Naranjos se escuchaba firme. Usando el tiempo que tenía para la promulgación de una ley para Pymes, la ex Mandataria aprovechó, esa mañana, la ocasión para hablar de educación: “Porque hemos hecho bien las cosas, porque creemos en el rol del Estado y en la protección social”.

Sin embargo, el Crédito con Aval del Estado (CAE) se convirtió en un salvavidas de plomo. Por una parte es un instrumento objetivo para quienes necesitan apoyo para estudiar y no lo tienen; pero por otra, ha beneficiado más a la banca en desmedro de altos intereses para los estudiantes y un altísimo costo para el Estado. No por nada fue uno de los anuncios importantes de Sebastián Piñera. La misión: bajar la tasa a un 4% e incorporar un seguro de cesantía.

Hasta 2010 el negocio estaba en manos de distintas instituciones financieras y pasó a ser manejado este año por un único prestador: Corpbanca, cuyo socio mayoritario es Álvaro Saieh. El empresario es dueño, además, de Copesa –que posee los diarios La Tercera, La Cuarta, La Hora y revista Qué Pasa–, controlador de SMU, la tercera cadena de supermercados del país; Construmart; OK Market y la mayor empresa de rentas vitalicias del país (Corpvida).

El que una sola institución se haga cargo del negocio forma parte de las bases de Ingresa, entidad que administra el sistema. Compitieron 13 instituciones, se escogió una y el crédito bajó su tasa de 5,7% a 5,3% anual. Dado que compitieron más instituciones por la administración, el sobreprecio pagado en la cartera comprada a los bancos por el fisco bajo de un 30% promedio a un 6% promedio. Pero esto podría ser muy variable a futuro.

En Ingresa explican que durante el mes de mayo se llevó a cabo el proceso de licitación pública para adjudicar el servicio de financiamiento y administración de créditos para educación superior regulados por la Ley 20.027, correspondientes al año 2011. En este proceso de licitación, las instituciones financieras, en su conjunto, presentaron 160 ofertas, para un total de 20 nóminas de alumnos a adjudicar. El día 3 de junio, la Comisión Ingresa adjudicó la cartera de Créditos con Garantía del Estado 2011, a Corpbanca por presentar la oferta más conveniente para el total de las nóminas en licitación. Los criterios empleados para hacer esta asignación están establecidos en las bases de la licitación pública que la Comisión Ingresa realiza (bases que han sido previamente aprobadas por la Contraloría General de la República).  Se trata fundamentalmente de dos variables. Por un lado, se analiza qué porcentaje del monto total de los créditos de cada nómina venderá el banco a la Tesorería General de la República, teniendo en cuenta que el máximo permitido es el equivalente al 45%. La segunda variable considera cuánto recargo aplicará el banco sobre ese monto que venderá al Fisco. De este modo, el orden de las ofertas está dado por el resultado de la multiplicación entre ambos factores, dejando en primer lugar a aquella institución que proponga una menor venta y recargo.

Este crédito está dirigido a quienes no pueden optar al Corfo ni al Fondo Solidario –para las 25 universidades que conforman el Consejo de Rectores– y según las propias casas de estudio en nada ayuda una disminución tan pequeña: “Desde el punto de vista general todas las universidades están preocupadas por la diferencia entre el crédito solidario y con aval y la preocupación principal la tenemos nosotros porque tenemos muchos estudiantes que estudian con este sistema. Una tasa de 5,3% sigue siendo muy alta”, comenta Luis Winter, presidente de la Corporación de Universidades Privadas.

Para Jaime Retamal, jefe del Departamento de Carreras de la Usach, “nadie puede dudar que el CAE es un instrumento usurario e injusto que perjudica sobre todo a la clases medias y bajas. Por lo tanto, a priori, una institución financiera que no sólo mira los intereses propios, sino que además tiene conciencia social, debiese restarse a participar en el negocio que lucra con la educación superior y debiese restarse también a participar en la perpetuación de este tipo de créditos. El CAE es verdaderamente escandaloso como instrumento y debiese ser investigado también como tal”.

En el sector hay quienes señalan también que no importa cuál sea la tasa de interés de este crédito ni cuánto baje, puesto que será siempre impagable por alumnos de bajo nivel que a la vez estudiaron en universidades malas. “Es un crédito que cuesta 100 UF al año, por cinco años. Esa persona con la tasa actual va a terminar pagando 83 mil pesos al mes. Si tú bajas la actual a 3,7, entonces el problema no esta ahí porque esa cuota quedará en 73 mil pesos. El problema de fondo es que tienes malas carreras, con profesionales con sueldos que no van a poder pagar los créditos”, explica un actor del mercado financiero de la educación.

Lo que pierde el Estado

¿Por qué el crédito con aval puede resultar un buen negocio para los privados? Porque finalmente el que más arriesga es el Estado. “Es un negocio muy seguro, de bajísimo riesgo, pero que se produce por una mala asignación de los recursos del Estado”, explica Francisco Castañeda de la Usach.

Según Manuel Riesco, economista del Centro de Estudios Nacionales de Desarrollo Alternativo (Cenda) hasta el 2010 el fisco había puesto fondos por un total de 345.438 millones de pesos (un poco mas de 700 millones de dólares), incluyendo recompras y pagos de recargos a los bancos. “Acabamos de procesar los datos oficiales del 2011, año en que se ha desembolsado otros 192.899 millones de pesos (cerca de 400 millones de dólares adicionales), con lo cual el desembolso fiscal total por CAE ha sido de 538.337 millones de pesos (holgadamente por encima de los mil millones de dólares). El desembolso fiscal equivale al 51 por ciento del total de CAE otorgados”, comenta Riesco, que suma un dato más: “Lo otro gravísimo que surge de la licitación del 2011, es que la recarga bajó de casi 40 por ciento de la recompra los años precedentes ¡a sólo 6 por ciento! Es decir, se pagaron más de 80.000 millones de pesos de más”.

De hecho, según un informe del Banco Mundial publicado por La Tercera, “los universitarios con CAE habrán adquirido una deuda casi 180% mayor de lo que será su ingreso anual cuando se titulen y se incorporen al mercado del trabajo. Este hecho sitúa a Chile como el país más caro en la relación deuda-ingreso entre diez naciones analizadas”.

Sin embargo, el escenario planteado el martes por el Presidente Piñera podría repercutir en la decisión de los bancos de participar en el proceso. Según Castañeda, con el nuevo  “e impredecible cambio en las reglas del juego en el CAE (el cual incluiría seguro de cesantía) es impredecible que va a ocurrir en cuanto al interés de la banca. Si se mantiene la ley de que el Estado les compra casi un 50% del total de créditos, los bancos seguirán interesados. Si esto se altera, reduciendo sustancialmente los porcentajes de la cartera de crédito, habrá menos interés de la banca. La incorporación del seguro de cesantía reduce la exposición del riesgo, y ésta debería fluctuar entre 0,1% y 0,2% mensual adicional a los costos de los créditos de los estudiantes. Si no hay interés de la banca, o esto es muy caro, deberían considerarse inyección de recursos directos del Fisco con una nueva gobernanza para la recuperabilidad de esos cobros. UF + 4% sigue siendo altísimo aún”.

El Mostrador, 17/08/11

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