José Ángel García Landa: Nueva normativa de másteres
Sigue el perpetuum mobile de normativas de estudios de postgrado.
Tras el nuevo decreto de Doctorado, ahora la Universidad de Zaragoza
reorganizará sus estudios de máster—en una línea que parece apuntar a mayores
requisitos (y por supuesto mayores papeleos) para la implantación de estudios de
máster. El discurso es cómo no el de la calidad, junto con el de la viabilidad—y
en la práctica supondrá un ajuste selectivo de la oferta a la nueva realidad
económica de la Universidad: que tiene que aprovechar personal, reducir gastos,
y recortar estudios. Incluidos los de calidad que no tengan buena ratio
calidad-precio. A los que no recorte, los llamarán de calidad—o léase al revés,
harán una selección de lo que interese conservar por A, B o C, y se guardará lo
más competitivo según criterios de número de estudiantes, financiación externa
recibida, y posibilidades de competir frente a otras universidades. Ya cuando
estaba yo en la Comisión de Doctorado íbamos teledirigidos con unas plantillas
encaminadas a recortar programas de doctorado. Que, vale, será más viable
económicamente para una universidad endeudada hasta las cejas, pero difícilmente
puede considerarse que es una mejora del conocimiento o un aumento de la calidad
en todos los sentidos, el eliminar estudios y posibilidades de doctorarse en
áreas y especialidades donde antes sí se podía. El estrangulamiento burocrático
será inexorable. En nuestro departamento igual son noticias bienvenidas para
algunos (eso de que ahora sí se reconoce como un criterio prioritario la
existencia de proyectos financiados, para la existencia del máster)—pero de
hecho es dudoso que nuestros másteres puedan sobrevivir en la nueva ecología
académica. Ya hay uno que sobrevivirá de oficio, de hecho
el peor organizado—el de Formación de Profesorado que nos aterrizó de rebote
y por imposición ministerial, en una facultad de Educación que no estaba lista
para organizar ni ése ni el resto de la colección de másteres paralelos que
forman el llamado "Máster de Secundaria". Allí se ve bien claro que una cosa es
la calidad (académicamente o intelectualmente entendida) y otra las plantillas
administrativas que se utilizan para distribuir enseñanzas por aquí y por allá y
recortar por unos sitios y otros. Difícil veo que sobreviva a las evaluaciones y
plantillas el máster de Estudios Textuales y Culturales en Lengua Inglesa, por
falta de demanda estudiantil—aunque tenga muchos indicadores de calidad
adicionales. Seguramente habrá conversaciones para reorganizar todo el mapa de
másteres y ofertar sólo uno de Filologías Modernas... o quizá sólo uno de
estudios ingleses. El máster de Traducción tendrá que ceder sus estudiantes por
el bien de la causa, me temo, para juntar fuerzas. De los papeleos ya mayúsculos
que tuvieron que hacer los coordinadores para implantar los másteres ahora
existentes, yo me libré en tiempos porque mis colegas me vetaron la entrada
de entrada,
anticipándose a un futuro que quizá nunca llegue y haciendo obligatorio ya, hace
seis años, venir con la financiación debajo del brazo (en forma de proyecto
subvencionado) para poder participar en la docencia. Luego un juez les obligó a
los coordinadores a dar marcha atrás y retrotraer toda la cuestión y deshacer
toda esa normativa sobrepuesta, y comérseme con tomate les apeteciera o no. Los
nuevos papeleos para diseñar el máster creo que van a dejar pequeños a los
anteriores—así que esperemos les queden fuerzas o ganas a nuestros catedráticos
para seguir coordinando, y que las nuevas plantillas y cuadrículas aprieten pero
no ahoguen. Si no, se cerrará el chiringuito de los postgrados filológicos, y la
Universidad... agradecida, que estamos de recortes y nos gustan más los másteres
con prácticas en empresas. Y con el máster es de temer que caerá el Doctorado en
Estudios Ingleses, que lo tiene como puerta de entrada. Y habremos hecho una
calidad como unas tortas. Eso de doctorarse por amor al arte no tiene bastante
calidad, así de entrada, en el Nuevo Mundo boloñés—tiene que haber cifras detrás
que lo avalen. Y toda esta historia es también parte del discurso de la
competencia entre universidades—para que unas destaquen
inter pares,
lo más expeditivo es cerrar a las otras o cortarles los recursos. Tened y se os
dará: hasta Cristo estaría de acuerdo con eso.
La FP Empresa-Universidad