José Carlos Bermejo Barrera

José Carlos Bermejo Barrera é Catedrático de Historia Antiga na Universidade de Santiago de Compostela

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José Carlos Bermejo Barrera: La cartografía del insulto: una innovadora tecnología académica

José Carlos Bermejo Barrera: La cartografía del insulto: una innovadora tecnología académica

Cuando algunos colegas de un profesor dibujan con trazos gruesos su retrato, intentando centrarse en su persona y no aportando dato o argumento alguno, debe suponerse que lo hacen impulsados por sus académicos ardores, propios de su juventud, pero que perduran en algún caso hasta después de la jubilación. Se ha escrito mucho acerca de la metodología y la epistemología de la geografía y la historia - no por cierto por parte de los autores del artículo publicado el día 2 de este mes en este periódico-, en libros y revistas nacionales e internacionales, y para ello se utilizan normalmente argumentos, siguiendo ese viejo refrán inglés que dice que “los señores hablan de ideas y los criados de personas”. Los autores de referencia sobre esos temas suelen ser conocidos por sus obras, en las que todo puede defenderse acerca de si es mejor impartir la geografía en el nivel de grados o másteres, tras destacar su carácter imprescindible, y si las instituciones en las que se enseñan han de ser institutos, departamentos o facultades.

José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca y la nostalgia del ladrillo

José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca y la nostalgia del ladrillo

España vivió no hace mucho un supuesto milagro económico cuyo autor intelectual fue Rodrigo Rato. Sus bases consistieron en reducir el déficit público privatizando lo que quedaba del sector público, que provenía de la época de Franco, y no de la época de Lenin; y en crear la burbuja inmobiliaria. Se alcanzó la cota en 2006, cuando se construyeron en España tantas viviendas como en el resto de la comunidad europea. La burbuja tuvo efectos milagrosos porque puso en movimiento muchos sectores: cemento, ladrillo, cerámica, metal, madera, electricidad, fontanería…, que junto a la propia construcción crean mucho empleo, generan unos ingresos por IVA para la hacienda pública muy altos, a los que se suman los ingresos por IRPF y otros impuestos. Su financiación corrió a cargo de la banca, pública y privada, que entró en una espiral de insensatez crediticia, que llevó a todo un país al endeudamiento masivo.

José Carlos Bermejo Barrera: Curar y cuidar

Teresa RomeroJosé Carlos Bermejo Barrera: Curar y cuidar
Para Teresa Romero

La vida es un proceso temporal, que tiene un curso propio, regido por miles de leyes de las que no conocemos casi nada, y que se autorregula, viéndose alterada episódicamente por la enfermedad, que habitualmente termina por acabar con ella. Toda enfermedad es tres cosas a la vez: un proceso biológico, un proceso psicológico y un proceso social y a veces económico. Estas tres facetas son inseparables, pero tendemos a verla sólo como un proceso biológico: anatómico, fisiológico o microbiológico, tal y así la estudian los médicos en sus textos desde el mundo griego en adelante. El médico es un espectador imparcial ante la enfermedad, debe conocer el proceso patológico de un modo objetivo y por eso tiene que ser neutral y no implicarse en él. Mira al enfermo desde arriba y a distancia. Para él la enfermedad es un espectáculo digno de observar con curiosidad y sin pasión hasta el final, y por ello hubo escuelas médicas como el “nihilismo terapéutico” de los vieneses de fines del siglo XIX, que consideraban que, dado que la enfermedad remite y se cura por sí misma o sigue su curso inexorable, sólo cabe describirla y analizarla con la esperanza de poder quizás preverla, pero nada más, ya que en ella estamos contemplando un drama científico natural.

La medicina es el arte de prevenir y curar las enfermedades con los modos de que se dispone en cada momento histórico, que ahora son: las ciencias anatómico-biológicas, las ciencias químicas y bioquímicas, desde la fisiología a la genética; y las microbiológicas, para el campo de las enfermedades producidas por agentes patógenos externos. Con su ayuda conocemos algo de algunas enfermedades, poco o nada de muchas y seguimos ignorando miles de procesos patológicos ocultos. Sin embargo, en la historia se han logrado avances clínicos mediante la mera práctica, y a pesar de desconocer los fundamentos científicos de la enfermedad. Semmelweiss consiguió reducir en Viena la mortalidad de las parturientas obligando a lavarse las manos a médicos y comadronas. No conocía el mecanismo de una infección postparto, pero supo cómo evitarla. En la Edad Media se sabía que si uno se iba al campo cuando llegaba la peste y volvía una vez que hubiese diezmado su ciudad estaría a salvo, y también que quemar las casas de los infectados y aislar sus cadáveres tenía un efecto muy beneficioso. Durante miles de años los humanos aprendimos a curar empíricamente heridas, fracturas y traumatismos, como ha estudiado G. Majno en su libro The Healing Hand (1975). Los usos medicinales de plantas, animales y sustancias minerales fueron conocidos desde la prehistoria, y las primeras farmacopeas griegas y romanas no fueron más que sistematizaciones de un saber milenario compartido por hombres y mujeres y transmitido oralmente. Y es que, antes de que la profesión médica se constituyese como parte del saber racional, y conviviendo con él, la humanidad ha sabido luchar contra las enfermedades de diferentes modos, muchos de ellos aun válidos.

José Carlos Bermejo Barrera: ¿Adiós a la geografía?

José Carlos Bermejo Barrera: ¿Adiós a la geografía?

Decía un gran historiador alemán que “los geógrafos estudian la superficie de la tierra superficialmente”, expresando la idea ampliamente compartida de que la Geografía no es más que una acumulación de datos que parece haber perdido el sentido. Hace medio siglo los niños aun cantaban los partidos judiciales en versos como: “Coruña, Noya, Padrón/ Ferrol, Betanzos, Cedeira/ Santiago, Muros, Negreira/ Puentedeume y Corcubión”, unos versos que pocas vocaciones poéticas debieron suscitar, como pocas vocaciones geográficas nacieron de niños que tuvieron que aprenderse, cabos, golfos, ríos y afluentes de memoria.

Los estudios universitarios de Geografía están en crisis. El grado de la misma no cubre los mínimos exigidos y podría ser suprimido si se aplicasen los criterios burocráticos obsesivo-compulsivos que gobiernan las universidades, y los alumnos que acuden a él lo hacen en muchos casos como última opción y porque sus notas medias apenas les permiten matricularse en otras carreras. ¿Debemos tirar la Geografía a la basura? Creo que no, pero también es verdad que su estudio podría mejorar al margen de la propia existencia de un grado, de un título cerrado o campo de concentración geográfico, que se quiere definir como ciencia de ordenación del territorio.

José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca no es lo que parece

José Carlos Bermejo Barrera: Fonseca no es lo que parece

Que en el mundo una cosa es lo que ocurre y otra lo que realmente pasa es una idea consagrada por los refranes y las obras de grandes filósofos, historiadores y literatos. Así en el año 1729 B. Mandeville llegó a sostener en su Fábula de las abejas, un libro sobre economía, que “ los vicios privados hacen la prosperidad pública”, como decía el propio subtítulo de esta obra, una realidad que en la actualidad parece confirmarse. La mentira, la falsedad y el disimulo parecen ser elementos básicos del orden social, y también del propio orden biológico. El antropólogo V. Sommer publicó el libro Elogio de la mentira. Engaño y autoengaño en hombres y otros animales (1995) en el que deja bien claro que la ocultación y el engaño son dos estrategias esenciales en el mundo de la vida unicelular, vegetal y animal. Un virus desarrolla estrategias para engañar a los anticuerpos, una planta crea sistemas químicos para defenderse de los animales y se oculta y transforma mediante el mimetismo, y los animales necesitan engañar a otros para huir, para cazar, o para conseguir a las mejores hembras. Todo el mundo engaña a todo el mundo en el reino de la vida, pero es que además todos nos engañamos a nosotros mismos, creyéndonos mejores de lo que en realidad somos, o mejores que los demás. Todos tenemos que disimular nuestros defectos y las partes menos agradables de nuestro cuerpo y nuestras funciones vitales, y para eso todas las sociedades elaboran normas sobre el vestido, el sexo, o la dosificación de la violencia y del conjunto de nuestras pasiones. Sin embargo, no podemos concluir a partir de todo esto que la mentira sea una de las virtudes cardinales ni teologales.

En todos los campos la mentira debe tener límites. Sabemos que todo el mundo miente y disimula, pero si se da el caso de que todo un sistema político o una institución miente de modo sistemático y sin disimulo, entonces puede surgir un problema, porque la tolerancia a la mentira también tiene un límite. Los estudiosos del hundimiento de la URSS y sus satélites, como N. Hayoz (L’étreinte soviétique, 1997) llegaron a la conclusión de que uno de los principales factores que puede explicar el estrepitoso y fulminante hundimiento del sistema político-militar y de toda la economía soviética fue la mentira, o la disonancia cognitiva. Los países que predican la desigualdad y la competencia en la economía pueden tener que frenarlas para evitar la destrucción generalizada mediante la avaricia de los poderosos, tal y como ha ocurrido recientemente, pero un sistema que predica la igualdad y crea desigualdades ocultas acaba por hundirse en el desprestigio y caer en el colapso. Circulaban un chiste en la URSS que decía: “el capitalismo es la explotación del hombre por el hombre, el marxismo es todo lo contrario”. Sobran los comentarios.

José Carlos Bermejo Barrera: El trébol del borriquito

BorriquitoJosé Carlos Bermejo Barrera: El trébol del borriquito

“Borriquito como tú, que no sabes ni la u, borriquito como tú, yo sé más que tú”, cantaba Peret, recientemente fallecido, y rezaba la canción infantil. Podríamos decir que en la universidad actual los profesores somos unos borriquitos a los que se nos dice constantemente “yo sé más que tú”. “Yo sé cómo se enseña y tú no, yo sé cómo se gestiona y tú no, y yo sé cómo se investiga y tú no”. Da la impresión de que los profesores, que somos los que sabemos algo de una pequeña parte de un saber, en realidad no sabemos nada y tenemos que admitir la tutela de los que, no sabiendo nada de algo, afirman saberlo todo de todo. El secreto de su éxito está en lo que podíamos llamar el trébol del borriquito, con sus tres hojas: docencia, gestión e investigación, que tienen la misma forma para cualquier clase de trébol y que pueden crecer bajo cualquier clima.

Las universidades actuales, y no solo las españolas, viven bajo la tiranía del discurso de la gestión. Se llama gestión, gestión de todo, a una técnica aparentemente neutral y racional que permite controlar cualquier proceso y a cualquier grupo social. Un gestor eficiente sabría lo mismo organizar un ejército – y así es como el ejército de los EE.UU. va de desastre en desastre en sus últimas campañas militares – que mejorar el funcionamiento de un hospital, reorganizar la plantilla de una empresa o decir cómo se enseña mejor cualquier cosa, cómo se investiga igual de bien cualquier tema, y cómo se publica cualquier cosa con el mismo formato y en las mismas revistas. Abby Day ha escrito un libro, How to get research published in journals, que ya conoce numerosas ediciones, en el que recomienda a los científicos “gestionar” sus publicaciones para mejorar su currículum partiendo de la idea de que hay que publicar lo que las revistas quieren en la forma en que lo piden, y no pretender investigar ni lo que es más importante ni lo que es más interesante. El investigador dejaría así de ser un experto guiado por la lógica de su ciencia para convertirse en un vendedor de sus mercancías a aquellos compradores que le den un mayor beneficio. Equipos de los grandes grupos editoriales científicos, que no son investigadores, dan cursos y conferencias a los investigadores enseñándoles a publicar. Los investigadores aceptan que son unos borriquitos que no saben ni la u y están dispuestos a que se la enseñe quien bien la pronuncia.

José Carlos Bermejo Barrera: Las ruinas de Bolonia: fragmentos

José Carlos Bermejo Barrera: Las ruinas de Bolonia: fragmentos

Me4rcado de la educación superior

1. Fábula: cuando los árboles buscaron un rey (Jueces, 9: 8/15)

Hubo una vez en que los árboles
se reunieron para elegir un rey.
Le dijeron al olivo: “Reina sobre nosotros.”
Pero el olivo les respondió:
“¿Por qué tendría yo que renunciar a mi aceite
que tanto alaban los dioses y los hombres
para gobernaros a los árboles?”.

José Carlos Bermejo Barrera: ¿Deben los filósofos picar piedras?

FilósofoJosé Carlos Bermejo Barrera: ¿Deben los filósofos picar piedras?

A juzgar por lo que se decía en la España de Franco, sí. La frase adecuada era: “yo a los filósofos los ponía a picar piedras”, proyecto a la vez laboral y político que resulta comprensible si se tiene en cuenta que muchos pensaban que la filosofía era una profesión peligrosa para el orden establecido, pues los filósofos, tábanos impertinentes, tenían la manía de poner en duda el orden establecido y las verdades consagradas de la religión. Como en la España de Franco la mayor parte de la población había interiorizado inevitablemente el franquismo, cuando una persona tenía una idea que consideraba buena para el bien común podía decir: “ si yo fuera Franco prohibiría…”, lo que naturalmente suponía admitir que la forma básica de la acción política y la mejora moral de un país ha de consistir siempre en prohibir o censurar algo. La idea del filósofo picapedrero, que no escultor en mármol o granito, también podía verse reforzada por la existencia de notorias iniciativas en el ramo de la cantería, como fue el caso del Valle de los Caídos, cuando no por la idea de que la filosofía había de ser esclava, “esclava de la teología”: ¿qué mejor trabajo para un esclavo que picar piedra en una cantera?

A lo largo de 2.500 años de historia, la filosofía y los filósofos han cumplido diferentes funciones dentro de una matriz que puede seguirse considerando como común. El filósofo no siempre fue un profesional de una materia. Tales de Mileto, el primero de ellos, no vivía de la filosofía. Se le atribuyeron un viaje de estudios a Egipto y unos conocimientos físicos y astronómicos extraordinarios, que le permitieron, ante la burla de una esclava, que se rió de él por caerse en un pozo al caminar de noche mirando a las estrellas, hacerse millonario alquilando todos los molinos de aceite de su ciudad a un precio ridículo cuando todo el mundo esperaba una horrible cosecha que sólo él sabía que había de ser extraordinaria. Sería así el inventor de las operaciones bursátiles a corto plazo. Los filósofos griegos, que consideraron que la cumbre de todos los saberes eran las matemáticas y que todos los saberes racionales forman parte de la filosofía, vivieron a veces en cofradías religiosas, como la escuela del matemático Pitágoras o la Academia de Platón, porque pensaron que la filosofía, además de la síntesis de todos los saberes, era ante todo una manera de vivir, orientada a la búsqueda del conocimiento, y no del poder o las riquezas. Aunque otras veces fueron educadores y asesores de los poderosos y también itinerantes vagabundos o predicadores callejeros, como Heráclito de Éfeso y los filósofos cínicos.

José Carlos Bermejo Barrera: Retratos en Fonseca: Xosé Manuel Beiras Torrado

Xosé Manuel BeirasJosé Carlos Bermejo Barrera: Retratos en Fonseca: Xosé Manuel Beiras Torrado

Segundo o sociólogo Max Weber, existen tres tipos diferentes de autoridade: a tradicional, a carismática e a burocrática. Estes tres tipos poden darse tanto no campo político como no universitario e poden solaparse nunha mesma persoa, e quizais por iso a figura de X. M. Beiras, que desenvolveu a súa actividade vital simultaneamente nestes dous campos, poida ser un dos mellores exemplos da validez desta teoría.

Foi e segue sendo este profesor e político, próximo xa aos oitenta anos, un referente esencial para poder comprender gran parte da vida académica galega e por suposto do seu desenvolvemento político nos últimos corenta anos. E é que Beiras, que chegou a Santiago como catedrático de Estrutura Económica a finais dos anos sesenta, nunha universidade que comezaba a vivir as tensións políticas dos últimos anos do franquismo, foi á súa vez un mestre intelectual no campo das ciencias sociais e un político na clandestinidade que trataba de reformular o nacionalismo galego partindo dos desenvolvementos máis recentes da economía marxista e intentando comprender dun modo científico a realidade histórica e social da Galicia dese momento, sen dúbida moi diferente en moitos aspectos da actual. Para os estudantes da recentemente creada Facultade de Ciencias Económicas Beiras era un modelo a imitar, como só pode selo un profesor que a súa vez posúa a categoría de intelectual. E un intelectual, término creado na Francia de fins do século XIX a raíz do Asunto Dreyfus, é un escritor, pensador ou científico que se compromete política e persoalmente a defender as ideas nas que cre. Émile Zola, o novelista que publicou un artigo xornalístico titulado “Eu acuso”, sería o primeiro deles cando denunciou a falsedade do consello de guerra ao que fora sometido o capitán Dreyfus, acusado de traizón, debido entre outras cousas á súa orixe xudea.

José Carlos Bermejo Barrera: Elogio y censura de la académica fama

José Carlos Bermejo Barrera: Elogio y censura de la académica fama

Quizás pudiese parecer funesto,
U obra de un espíritu perverso,
Escribir esta crítica en un verso.

Es su estilo más bien algo pomposo
Y su uso de los hechos muy tramposo,
Fiel reflejo de su ánimo ambicioso.

Apenas conoce su pluma algún reposo,
Impulsada por deseo muy gozoso
De convertirse en un autor famoso.

Abandonando las ideas en un remanso
Ha conseguido dejar su mente en blanco,
Y lograr así en su lector descanso.

El arte de su oficio es alabado
Y de todos es muy apreciado,
Sentándolo la autoridad junto a su lado.

Es hoy autor muy laureado,
Siendo una y otra vez condecorado,
Y por nadie puede ser menospreciado.

Sabe bien que vano es el esfuerzo,
Si puede ser suplido por un gesto
Que a nadie pueda parecer molesto.

A figurar siempre ha de estar dispuesto,
Sirviéndose de cualquier pretexto,
Más fingiendose de espíritu modesto.

Su fama ha de ser continuo empeño.
Lograr la gloria sin fruncir el ceño
Sonriendo al que de las riquezas es el dueño.

Heroicos serán su esfuerzo y su tesón
A la hora de luchar por un sillón
Que le otorgue para siempre posición.

Mas al conquistar su brillante recoveco
Se la ha quedado el cerebro hueco
Y en él de ninguna idea se oye el eco.

Ved amigos que toda la sapiencia
No es más que del mundo la apariencia
Y el logro de una vana complacencia.

Y si quieres conseguir sabiduría
Intriga lo que puedas cada día,
No cejando un momento en tu porfía.

Pues necio es quien en pensar se esfuerza
Y quiere ser oído en cada puerta,
Ignorando que al saber vence la fuerza.

Podemos ya cerrar la conclusión:
Dedica joven todo tu tesón
En lograr de quien manda admiración.

MORALEJA

¡Lector tú que has leido verso tras verso!
No leerás la verdad de la moneda en el anverso
Muda, oculta y silenciosa la hallarás en su reverso.

Académica fama

José Carlos Bermejo Barrera: Deprimidos en Fonseca

El gritoJosé Carlos Bermejo Barrera: Deprimidos en Fonseca

Culminó su mandato el rector Casares dando la nota en el solemne acto de su relevo, al dejar claro que no podía improvisar un discurso de ocasión si no leía unos papeles sobre los que entabló contienda con su secretaria, a la que intentó poner en su lugar, tal y como de ello dieron fe las cámaras de la televisión, testigos parlantes de la ceremonia. Quizás no podía acabar de otro modo un mandato en el que, tras ser investido caballero, el nuevo desfacedor de entuertos entabló singular combate, siguiendo las huellas de su antecesor literario, con unos odres de vino en una venta, derrotó en épica batalla a unos molinos en los que quiso ver gigantes y realizó otras grandes gestas, como purgar a su propio equipo de gobierno sucesivas veces, pagar a trompicones una deuda de la que no era responsable, guiado para ello por su personal criterio contable, dar batalla a la vez a tirios y troyanos, para acabar condecorando a quienes combatieron con él hasta el final, a los que él mismo premió no sabemos si por su fidelidad o por su paciencia, a la vez que se encargaba un retrato que inmortalizase el recuerdo de su memoria.

En este trance tomó posesión de su cargo el rector Juan Viaño, un hombre de carácter afable que sabe lo que es el esfuerzo cuando uno desea conseguir algo y al que por ser especialista en el campo de la llamada matemática aplicada se le supone a su vez el manejo de la capacidad de abstracción y la visión práctica de la realidad. Señaló Viaño que veía a su universidad desanimada o desencantada, a la vez que magra en recursos financieros, lo que sin duda sabe por haber sido miembro del equipo de gobierno que dejó en herencia al rector anterior esa misteriosa, discutida y relativa deuda, cuyo monto varía según sea la persona que hable de ella.

Hay que reconocer que Fonseca tiene razones para estar deprimida. Sus miembros han sufrido recortes en su nómina, por parte de Zapatero, de Rajoy, de Feijóo, y por parte de la propia universidad que los aplicó sin acuerdo alguno del Claustro ni del Consello de Goberno y ante el silencio de unos sindicatos, sobre todo de profesores, únicamente preocupados en ver a quién se le puede asignar una nueva cátedra o en consolidar, sea a costa de lo que sea, a las pobres víctimas de los programas de formación de investigadores, que poco a poco comienzan a darse cuenta de que no existe ya la tierra prometida. Las nóminas se recortan, se recortan los gastos a la vez que los nuevos edificios del Campus de Excelencia Internacional se alzan tan orgullosos en el campus como lo están de ellos sus usufructuarios, cuyos proyectos de investigación son cada vez menos - al fin y al cabo manda la crisis -, cuyos equipos entran en crisis, a la vez que lo único que crece son los intereses de la deuda que la construcción de esos edificios supuso al sumarse a la deuda anterior.

José Carlos Bermejo Barrera: La nueva servidumbre: microeconomía de las publicaciones científicas

José Carlos Bermejo Barrera: La nueva servidumbre: microeconomía de las publicaciones científicas

Intentaremos llevar a cabo a continuación un análisis microeconómico del proceso real de publicación de los artículos científicos. De acuerdo con los principios de la microeconomía analizaremos el comportamiento de los agentes económicos en el mercado de las publicaciones de tipo científico, en el cual, como en todos los mercados, debemos distinguir dos tipos de actores: las empresas y las personas físicas. Este análisis no presupone de ninguna manera que el contenido de las publicaciones científicas carezca de valor, ya que no se trata de analizarlas desde los diferentes puntos de vista propios de cada una de las ciencias, labor propia del trabajo científico, sino que solo intentará comprender los patrones de conducta económica de los distintos tipos de agentes que interactúan en este tipo de mercados, basados como todos los demás mercados en dos elementos clave: la producción y el consumo, y tendentes a la búsqueda del equilibrio entre lo que se produce: la oferta, y lo que se consume: la demanda.

Hay que comenzar por señalar que es necesario aplicar el concepto de mercado al campo de las publicaciones científicas, pues todas ellas, o su inmensa mayoría, se venden y se compran, ya sea de modo individual o mediante el sistema de suscripciones. El mercado de las publicaciones científicas delimita el campo de lo que puede y lo que no puede ser llamado ciencia, en tanto que se considera de un modo prácticamente unánime que toda aquella publicación que no esté contenida en una revista científica o avalada por una editorial con prestigio científico no debe a priori alcanzar el estatuto de publicación científica.

En la producción de publicaciones científicas los agentes básicos del mercado son las revistas y editoriales, que se comportan del mismo modo que cualquier otro tipo de empresas y que utilizan lo que el derecho mercantil se llama marca. Entendemos por marca un concepto jurídico que avala y protege la comercialización en exclusiva de un determinado tipo de producto dentro del espacio delimitado de un mercado. Las editoriales científicas y las revistas científicas especializadas en un tema concreto actúan como marcas en un mercado porque su nombre avala y garantiza a priori la calidad de los productos que ofrecen a la venta, a la vez que excluye de esa categoría a aquellos otros productos no avalados por su marca exclusiva. El valor de la marca se incrementa en tanto en cuanto una revista se aproxime al logro del monopolio de un sector del mercado editorial y ese valor se suele concretar en el precio de su suscripción, más elevado cuanto más exclusiva sea la revista. Comprender la importancia del concepto de marca en el mercado de las publicaciones científicas permite entender porqué el valor de los artículos depende a priori del nombre de la revista en la que están publicados y del número de citas que cada artículo posee en el campo de esa revista o de otras similares, que interactúan con la revista en la que el artículo está publicado en el sector editorial correspondiente a uno o unos determinados temas. La contabilidad de las citas mide el grado de integración de un producto, el artículo, en el mercado de las publicaciones científicas y funciona del mismo modo como marca comercial, ya que en este mercado como en todos los demás, las empresas y las marcas forman redes en las que interactúan constantemente, ya sea mediante la competencia entre diferentes marcas o la interacción entre ellas, una interacción que permite incrementar el valor comercial de una marca gracias a su interrelación con el valor comercial de otras.

José Carlos Bermejo Barrera: Universidad pública, propiedad privada y especulación financiera

José Carlos Bermejo Barrera: Universidad pública, propiedad privada y especulación financiera

1. ¿Quién defiende a la universidad pública?

Muchas personas que creen en ella, pero desde luego sus rectores no, ni tampoco los principales partidos políticos españoles o gallegos; y raras veces los sindicatos, sobre todo cuando se trata de los sindicatos de profesores. Para defender la universidad pública, es necesario tener muy claro cuáles son sus funciones: la enseñanza y la investigación, y su carácter de servicio público orientado al bien común y no a la defensa numantina de los intereses corporativos. La universidad pública, como todo el sistema de la educación pública, es un instrumento esencial para la articulación de la sociedad civil, y el derecho al estudio universitario tiene que ser además un medio de igualación social en el cual los méritos de los individuos sirvan como criterio esencial de su promoción profesional.

No se puede defender la universidad pública, tal y como hacen los rectores y los partidos políticos, ejerciendo una doble moral y practicando un doble discurso según las circunstancias políticas. No se puede defender la universidad pública faltando a la verdad, ocultando todos sus problemas, negándose a reformarla, ni siquiera parcialmente, y desentendiéndose del futuro de miles y miles de titulados a los que se les están ofreciendo centenares de másteres de calidad ínfima y todo un sistema de docencia, amparado en la declaración de Bolonia, que ha supuesto la burocratización enfermiza de la vida universitaria, la degradación del nivel docente y la generalización de las peores técnicas pedagógicas, basadas en el conductismo más romo y en la adoración de los valores del mercado. No se puede defender la universidad pública subordinando el valor de la docencia al de la investigación, predicando la competitividad salvaje entre profesores y grupos de investigación, favoreciendo el acaparamiento de los recursos colectivos en manos de unos pocos, y formando a unos investigadores a los que desde su juventud se les inculca la idea de que lo fundamental es su promoción personal, sea al coste que sea, y que pronto tienen que asumir el principio básico de sálvese quien pueda.

José Carlos Bermejo Barrera: A administración do silencio: Filosofía e psiquiatría en J.M. López Nogueira

José Manuel López NogueiraJosé Carlos Bermejo Barrera: A administración do silencio: Filosofía e psiquiatría en J.M. López Nogueira
A trabe de Ouro, 95, III, Ano 24, 2013, pp. 347/356

Para Alicia Beatriz López Gallego (Ali)

Adoitaba dicir A. Hitler, do que non debemos esquecer que, por desgraza, gobernou a nación máis culta de Europa entre 1933 e 1945, que a política non é máis que a administración do terror (Sofsky, 1993). O terror é a base de todos os sistemas políticos, pero cada un deles o dosifica e o modula dunha forma diferente e cunha intensidade maior ou menor. Na Galicia do 2013 a política xa non é basicamente a administración do terror, senón do diñeiro público, e é ese diñeiro o que mantén unha cultura que á súa vez se basea na administración do silencio. A cultura galega, tal e como está agora constituída, é basicamente unha cultura do encomio, o panexírico e a conmemoración, na que aqueles que administran o diñeiro público deciden premiar ou castigar, loar ou censurar a unha serie de autores e persoas que foron os seus creadores nun pasado máis próximo ou remoto.

Por esa razón autores menores en todos os campos, creadores de frangullas filosóficas, poéticas ou narrativas, poden pasar a ser considerados como creadores de referencia, mentres se deixa intencionadamente caer no esquecemento a outros autores, moito máis importantes, e igualmente galegos, que en moitos casos ademais de ser creadores literarios ou artistas viron como as súas vidas quedaron truncadas ou marcadas para sempre polo sufrimento e a adversidade, dúas experiencias descoñecidas para a maior parte dos administradores do silencio cultural de Galicia, xa sexa debido á súa mocidade ou a que sempre souberon estar á beira do bando gañador. Como o están neste momento, logrando converter o que foi unha cultura de resistencia nunha cultura concibida como panexírico dun poder político, que dono do diñeiro e dosificador do silencio, necesita cada vez menos administrar o terror.

Foille administrado o silencio a un libro e a un autor excepcional no panorama filosófico e científico de Galicia, o Dr. José Manuel López Nogueira, médico, psiquiatra e filósofo outsider, é dicir, non profesor de filosofía senón creador dunha filosofía propia como “intelectual libremente flotante”, seguindo a terminoloxía de Max Weber, exposta nun libro que se sae do común: Dialéctica existencial y psiconálisis, publicado en 1972 sen subvención pola que foi editorial de referencia da cultura galega resistente ao franquismo, e caído hoxe en día practicamente no esquecemento (de feito, só pódese atopar un breve artigo sobre o autor obra de M. Pombo (2007) e publicado nunha revista de circulación limitada), ao que non é alleo o feito de que se trate dun gran libro de filosofía que excede as 600 páxinas. Un libro escrito ademais por un psiquiatra e non por un filósofo académico que tería que ser encomiado de oficio polos demais académicos turiferarios de quenda.

Non deixa de ser curioso que dous dos máis orixinais filósofos galegos, Francisco Sánchez (1550-1623) e J.M. López Nogueira (1932-1983) sexan precisamente médicos (si deixamos ao carón a figura de Amor Ruibal, xa que se trata en realidade dun teólogo, cuxa filosofía loxicamente é inseparable do dogma católico). A relación entre a medicina e a filosofía é ben coñecida para calquera coñecedor de Corpus Hipocraticum, no que está presente o contraste entre médicos empíricos e dogmáticos, ou teóricos. Pero é que ademais o máis grande filósofo grego, Aristóteles, tamén foi médico de formación, habendo sufrido a persecución que dictan os avatares da política, que o levaron a morrer no exilio, do mesmo xeito que a Moisés Maimónides, o máis grande filósofo do xudaísmo, médico tamén, nacido en Córdoba e morto no Cairo, a onde o conduciron os avatares da política.

José Carlos Bermejo Barrera: Elites y fetiches en Fonseca

ManagementJosé Carlos Bermejo Barrera: Elites y fetiches en Fonseca

I. Fonseca y la élite del poder

Suele decirse en los USA que la diferencia entre los líderes republicanos y los demócratas es que los republicanos se han hecho millonarios con el petróleo y los demócratas con la bolsa. Y es que en la más antigua democracia del mundo occidental todo el mundo es consciente, y los politólogos más, de que la política tiene la naturaleza de un juego en el que unos jugadores privilegiados intentan mover a su favor las fichas del tablero. CH.W. Mills, en un libro clásico de la sociología norteamericana, Power Elite (1956), había ya dejado muy claro que el poder político en Norteamerica, ya desde el momento de la propia independencia, fue un bien a repartir entre pequeños grupos y familias privilegiadas, que en algunos casos provenían de las élites coloniales, como los Vanderbilt, y luego los Morgan, Lehmann, Rockfeller…, que necesitaban controlar el poder político para poder defender mejor sus intereses económicos. En la Europa de los años veinte, economistas y sociólogos como W. Pareto. G. Mosca y muchos otros pusieron de manifiesto el fenómeno inverso y era que el estado, el sistema de partidos y todo el juego de la vida política podría convertirse en un medio para lograr un fin: el enriquecimiento personal. Muchos pensaron, y en buena media lo consiguieron, hacerse ricos dentro de un partido, e incluso a costa de él. Y así las elecciones se convertían en una dura competición para lograr el acceso a miles de cargos remunerados. En la Europa de fines del siglo XIX y comienzos del XX se denunciaba que la política fuese una fuente para conseguir la riqueza, al revés que en los países del capitalismo avanzado, en los que solo era el medio de conservarla mejor, pues en ellos nadie podría llegar a ser rico solo con la política, aunque la política podía ser de vez en cuando una buena hada madrina.

Queda claro que la España de comienzos del siglo XXI no es un país capitalista avanzado, sino un país con poco tejido productivo en el que el erario público se ha convertido en la cueva de Alí Babá en la que algunos aspiran a morar, de modo transitorio o permanente. ¿Pero qué pasa en nuestras universidades, gobernadas desde 1983 con un sistema creado a imitación de una nación y una democracia parlamentaria? Lo primero que tendríamos que decir es que la ficción ha funcionado tan bien que podemos ver a rectores y profesores utilizar la palabra soberanía, únicamente válida en la ficción política verosímil que es el derecho constitucional, aplicada a sus órganos de gobierno e Insulas Baratarias, cuando reclaman para ellas una autonomía que tampoco saben definir más allá de que podría ser un sistema en el que se tiene derecho a pedir a otros lo que uno considera que necesita sin pedir opinión a un tercero. Y dentro de esa ficción también han nacido unas élites de poder académico. Se trata de grupos de profesores, administrativos y alumnos manipulados por sus profesores y los partidos políticos que con diversos altibajos se vienen sucediendo en el ejercicio de los cargos académicos desde hace treinta años; profesores que provienen a veces de las mismas facultades, departamentos, y ahora de los mismos grupos de investigación. convirtiéndose en auténticos profesionales del poder universitario elección tras elección. Proclaman su legitimidad basándose en los votos obtenidos en unos sistemas electorales complejos, en los que puede convivir la abstención masiva del alumnado con la negociación del voto de personas o grupos a cambio de diferentes tipos de transacciones académicas posibles: cátedras, plazas, creación de títulos, facultades, construcción de edificios…, transacciones en un primer momento realizadas con discrección y luego a plena luz del día, dando a entender que son las legítimas hijas de la soberanía y la autonomía.

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