José Carlos Bermejo Barrera

José Carlos Bermejo Barrera é Catedrático de Historia Antiga na Universidade de Santiago de Compostela

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José Carlos Bermejo Barrera: Trapos sucios en Fonseca

José Carlos Bermejo Barrera: Trapos sucios en Fonseca

Dijo una vez Cristina Garmendía, una ministra que tuvo el mérito de que en el plazo de dos años las universidades entrasen y saliesen de su ministerio, que debía crearse un nuevo modelo de universidad: la universidad corazón, un núcleo en torno al cual irían creciendo las empresas. Y así es, en algunas universidades españolas crecen en su seno empresas promovidas por algunos de sus profesores, y otras empresas externas se benefician de la concesión de sus servicios. Como es el caso del servicio de limpieza de la USC, que cual pelota salta de empresa en empresa, manteniendo a la misma plantilla cada vez con menos dinero, según la universidad va emperorando las condiciones del concurso público.

Como signo de los tiempos se anuncia de hecho ahora un ERE para sus empleadas, casi siempre mujeres, otro signo que muestra lo poco que ha cambiado el mundo, unas mujeres trabajadoras que limpian nuestros edificios en condiciones cada vez más precarias, y a las que algunos miembros de la USC da la impresión de que nunca les han mirado a la cara. Y se dice que el supuesto ERE es la consecuencia inevitable de la crisis, sólo porque la USC decide bajar esa partida de gasto aduciendo unas razones que no quiere aplicar en otros casos.

En las universidades españolas hay tal pasión por la negociación y la intriga a favor siempre de alguien, que da la impresión que dos medias verdades suman una verdad, cuando en realidad sólo son dos mentiras. Por ello daré algunos argumentos a favor de reducciones de plantillas y posibles rebajas de salarios, como los que se quiere aplicar al servicio de limpieza, y no a ningún otro caso. En la USC la compra de libros ha caído en picado desde el año 2001 y con ella el trabajo de catalogación, préstamo y cuidado de los mismos; sin embargo, no se ha reducido el personal de la biblioteca, porque es funcionario o laboral fijo. Si este servicio se externalizase, ¿también podrían aplicarle un ERE? Como la plantilla docente está desequilibrada, algunos profesores trabajan demasiado, otros lo que les corresponde, y algunos muchas menos de sus 240 horas de clase anuales, ¿por qué no se les rebaja su nivel de dedicación, si son funcionarios, o no se despide a contratados? Los departamentos de la USC ya no tienen casi presupuesto y se les está retirando su competencia sobre másteres y doctorados. En ellos y en las facultades, igual de empobrecidas, profesor@s cobran complementos salariales como el de secretario por cumplir una función que podría ser atribuida por ley a sus funcionarios. ¿Por qué no se suprimen esos cientos de cargos, se reduce el número de vicedecanos, asesores del equipo rectoral y vicerrectores, cuyo exceso reconoce ya el nuevo borrador de la gobernanza, que impone un número máximo de esos cargos?

¿Es necesario alquilar sistemas de votación por un día para un claustro? ¿Cuánto dinero de los proyectos de investigación se dedica a atenciones protocolarias? La lista sería interminable. No deseo ampliarla porque aquí no se trata de ninguna manera de hablar de corrupción, sino de limpieza, de la limpieza en una institución menos centenaria de lo que dice, hipertrofiada, que no administra racionalmente sus recursos humanos y materiales y que va camino del colapso. Un día, quizás no lejano, en la universidad se comenzará a despedir a profesores y funcionarios, algunos edificios tendrán que cerrar sus puertas, por ellas saldrán los despedidos junto con las "señoras de la limpieza", pero ellas además tendrán que apagar la luz.

El Correo Gallego, 01/02/12

José Carlos Bermejo Barrera: El nuevo cortesano, o arte de progresar en la academia

Eton's deanJosé Carlos Bermejo Barrera: El nuevo cortesano, o arte de progresar en la academia

El diálogo tiene lugar en el claustro de alguna universidad de la decadente España imperial.

Protagonistas:

Filodoro. Maestro en Artes.
Teódulo.
Novicio meritorio.

Teódulo. Buenos días, Maestro Filodoro, he llegado a la Corte guiado por el ansia de lograr el dominio de la antigua y la nueva sabiduría, gracias al estudio de los antiguos maestros y de sus grandes obras, y al esfuerzo y a la dedicación que fuere menester aplicar para el logro de este gran empeño.

Filodoro. Comparto Teódulo tu ansia y deseo por lograr el saber, pues todo saber al fin y cabo proviene de Dios y es precisamente gracias al dominio de todos los saberes como Nuestro Señor consigue conocer primero y luego controlar y dominar el universo mundo.

Teódulo. Pero Maestro, no me guía a mi un ansia, ni siquiera leve, de lograr dominio alguno, sino solo el desinteresado afán de obtener el placer que el conocimiento de la naturaleza de Dios Nuestro Señor y de sus obras en los reinos de este mundo suscita en nuestra alma, ese placer que solo ha de estar movido por lo que los antiguos maestros - que Ud. tan bien conoce – llamaron el amor Dei intellectualis.

Filodoro. Comprendo, Teódulo, tu afán por el saber, pero para poder conseguir tan noble fin has de comenzar por aprender las más básicas reglas de la vida y la disciplina de los académicos claustros, ya que solo en ellos es donde puede resplandecer la luz de la verdad, que siempre ha de estar guiada por la recta regla de la autoridad, cuya aceptación y respeto ha de ser siempre el comienzo de todo clase de sabiduría.

Teódulo. Comprendo, Maestro, lo que bien decís, pues el vano orgullo y la humana insolencia no han de ser el faro y guía que deba conducirnos al encuentro de la divina sabiduría, pero me da la impresión, fruto quizás de mi inmadurez e impericia, que si lo que he de aprender en el académico claustro no es más que la sumisión a la autoridad, más bien debería escoger la via de la humana milicia que la erudita república de los sabios.

Filodoro. Has de saber, Teódulo, que en este mundo no se han de hacer demasiadas sutiles distinciones, pues a veces en él todo se confunde, si no se dispone de las reglas justas para la dirección de nuestro ingenio, como te enseñaré a continuación, otorgándote así el placer de poder disfrutar de tu primera lección.

Teódulo. Ardo en deseos de escucharos, Maestro.

José Carlos Bermejo Barrera: Gatopardos en Fonseca

José Carlos Bermejo Barrera: Gatopardos en Fonseca

G. de Lampedusa trazó en El gatopardo el retrato de la decadencia de la aristocracia terrateniente italiana, que estaba muy orgullosa de su status, sus ideas y sus costumbres, considerándose a sí misma la pieza clave de todo el orden social. En esa novela uno de los protagonistas acuñó un famoso lema: “cambiar para que nada cambie”, que ha dado nombre a la expresión gatopardismo. Un magnífico ejemplo de actual gatopardismo son las universidades, dispuestas a llevar a cabo innumerables reformas construidas a base de remiendos jurídicos, que consiguen cambiar y complicar las formas y dejar que en lo sustancial todo siga igual. Todo debe seguir igual para que sus miembros, que también se consideran la pieza clave del orden social y económico, sigan disfrutando de sus privilegios sin ver mermadas sus rentas, en este caso las que provienen del dinero público.

Los gatopardos académicos no son capaces de entender por qué han de recibir menos rentas en un momento de gravísima crisis económica y creen que, como en su mundo todo es perfecto, el único problema es que se les recorten sus ingresos y se les haga reembolsar las deudas que ellos mismos contrajeron. Creen los gatopardos que en la universidad no se deben exigir responsabilidades a quienes las gobernaron, puesto que el único problema real que ha habido es que no se les ha dado todo el dinero que se merecían. Y lo merecían porque el desarrollo económico ha dependido y dependerá de ellos y de sus sucesores. Pero esto no es cierto.

Las universidades, cuya financiación creció a la par que la burbuja inmobiliaria, no han cambiado ni cambiarán la estructura económica del país. El empleo que han creado es básicamente el de sus propias plantillas, cuyo incremento no cesan de pedir. Se piensa en ellas que en la función pública los puestos de trabajo deben servir primariamente para la promoción de los trabajadores, y solo secundariamente para el desempeño racional de unas funciones. Y todo vale a la hora de justificar su creación. Si no se puede crear una plantilla de investigadores, inviable por no responder a las necesidades económicas reales, se pretende convertir en profesores, con cada vez menos docencia y siempre en los mismos departamentos y facultades, a aquellos jóvenes, víctimas del sistema, que han pasado procesos de selección, diseñados muchas veces por sus profesores metidos a políticos, que crearon los parámetros con los que midieron sus méritos, designaron a quienes habían de medirlos y al final acabaron por decir que siempre seleccionaron a los mejores, que son aquellos que ellos llaman así y que acabarán por creerse que también lo son, convencidos de su derecho a ser promocionados como lo han sido los demás, y de su papel de clave de bóveda de todo el edificio económico del futuro.

Nuestros gatopardos, viejos y jóvenes, están tan orgullosos de sí mismos que no son capaces de entender cómo el mundo no se da cuenta de su importancia. Y creen que todos sus males derivan de la falta de dinero, de dinero público. Por eso, tras alabar el mercado, dicen ahora que quieren salvar a la universidad pública, a la que se le reducen sus rentas. Y como en ella nadie es responsable de nada, los que la llevaron a la situación en la que está - como en el caso de la Universidad de Santiago - buscan chivos expiatorios en el exterior ofreciéndonos públicamente su metamorfosis, haciéndonos creer que también los felinos pueden cambiar de especie.

José Carlos Bermejo Barrera: La culpa colectiva de la universidad española

José Carlos Bermejo Barrera: La culpa colectiva de la universidad española

“Se encontraron las tinieblas
y fueron a tientas al mediodía
como si fuese de noche”
Job, V, 14.

En la España que ve asomarse con temor el final del año 2011 nadie parece ser capaz, o no quiere, juzgarse a sí mismo o a sus conciudadanos de acuerdo con criterios morales, y ello a pesar de que en el lenguaje imperante de la corrección política, compartido por empresas, instituciones públicas y partidos, no deja de apelarse constantemente a los códigos éticos y de buenas prácticas de todo tipo, unos códigos de los que todo el mundo habla y en los que parece que nadie en realidad cree.

Y es que, en realidad, parece ser un sentimiento socialmente compartido que todo el mundo actúa persiguiendo sus propios intereses en un juego en el que todo puede llegar a valer como estrategia, en el que todo se puede manipular a la hora de hablar para justificar cualquier postura, y en el que parecen haber desaparecido los hechos, puesto que, en nombre de unos principios supuestamente democráticos, se sostiene la idea de que todo el mundo tiene derecho a opinar lo que quiera de todo lo que desee, porque todas las opinones son sagradas e igual de respetables, no existiendo en realidad los hechos, ya que todo puede interpretarse de mil maneras distintas. No deja de ser curioso que, en un país en el que los medios de comunicación son cada vez menos libres y están cada vez mas condicionados por los intereses económicos y la sumisión a los poderes políticos, se quiera dar la impresión de que todo el mundo tiene acceso a una esfera de la opinión que en realidad ha dejado ya de existir, asfixiada por los lemas vacíos de los partidos políticos, los sofismas baratos de decenas de tertulianos y supuestos analistas que copan con éxito todos los medios de comunicación, dejando la verdad, la realidad y los hechos ocultos bajo la espesa capa del silencio.

Decía Thomas Jefferson en una carta a Edward Carrington del día 10 de enero de 1787: “si me dieran a elegir entre tener un gobierno sin periódicos o periódicos sin un gobierno, no dudaría un instante en escoger lo segundo” (Gardner, 2011, p. 51). Tenía razón, pero al contrario que en su época lo que ahora ocurre en España y sus universidades es que los gobienos y los períodicos son lo mismo, puesto que quienes ejercen el poder no sólo consiguen constantemente ahogar la opinión, sino ocultar la verdad.

En las universidades españolas del crepúsculo del año 2011 podríamos decir que son ciertas dos célebres frases: la del Qohelet, (9, 10), cuando este sabio judío afirmaba que “mucha sabiduría conlleva mucha aflicción y quien aumenta su conocimiento aumenta su dolor”, y la de una mujer judía alemana de fines del siglo XVIII, Rahel Varnhagen, que decía que: “la verdad es muy dificil de encontrar y además hay que ocultarla (Arendt, 2000).

José Carlos Bermejo Barrera: Poemas de despedida

José Carlos Bermejo Barrera: Poemas de despedida

MI CAPITÁN
Leonard Cohen (trad. J.C.Bermejo Barrera)

El capitán me llamó a su cama,

buscó mi mano a tientas

y me dijo:” coge estas barras de plata,

te doy el mando”.

“¿El mando de qué? Aquí ya no queda nadie,

sólo Ud y yo.

Los demás están muertos, huyeron,

o se pasaron al enemigo”.

“¡Hala quéjate, quéjate, es todo lo que sabes hacer.

Aunque hayamos perdido.

Si esto no es la crucifixión,

entonces es el holocausto.

Y que Cristo me perdone por hacer este chiste

Entre estos corazones que arden como el carbón

Y la carne que sube al cielo como si fuera humo”.

“Ya sé que has sufrido, chaval,

pero sufre un poco más,

porque lo que pone triste a un soldado

hace reir a su enemigo”.

“Me tengo que ir mi capitán,

me tengo que ir.

Hay sangre en sus manos,

Pero dígame mi capitán si Ud sabe

De un sitio decente en el que quedarse”.

“No hay ningún sitio decente en el que quedarse

en medio de una masacre.

Pero si una mujer te coge de la mano

Véte y estate con ella”.

Yo dejé una esposa en Tennessee

Y un niño en Saigón.

Yo arriesgué mi vida,

Pero no para escuchar una canción

“Mira si no consigues que tu amor

se eleve hasta un grado sublime,

entonces eres justo el hombre

en el que estaba pensando,

así que quédate conmigo”

Sus días de resistencia se acabaron”, le grité.

Ya no puede levantarme el ánimo,

Porque ya no sé de qué lado estamos,

Ni para qué ni para quién luchamos”.

“Mira, yo estoy del lado de los que siempre perdieron,

yo estoy en contra del lado del Cielo

y del lado de los que pierden sus apuestas.

Y estoy en contra del lado de los que siempre las ganan.

Me lei la Declaración de los Derechos Humanos

Y en ella hay algo de verdad,

Pero ya no puedo más,

Así que te la dejo sobre tus hombros”

Ahora mi capitán se está muriendo,

Pero en realidad no estaba herido.

Así que cogí sus barras de plata

Y me las clavé en mi camisa.

CORAZÓN SIN ACOMPAÑANTE
Leonard Cohen (trad. J.C.Bermejo Barrera)

Te saludo desde el otro lado

De la pena y la desesperación

Con un amor tan grande y desgarrado

Que te alcanzará estés donde estés.

Y canto para el capitán

Al que nunca le construyeron su barco

Para la madre perdida

Cuya cuna siempre estuvo vacía.

Para el corazón sin acompañante

Para el alma sin ningún rey

Para la prima balerina

Que nunca pudo bailar.

Pero en todos los días vergonzosos que nos esperan

Y en todas las noches de caos e inquietud,

Aunque tus promesas no sirvan para nada

Manténlas de todos modos

Manténlas para tu capitán.

José Carlos Bermejo Barrera: Los profesores huecos y "el fin del conocimiento"

José Carlos Bermejo Barrera: Los profesores huecos y "el fin del conocimiento"

Si tuviésemos que acuñar un lema que pueda describir a la sociedad española actual, podríamos pedir prestado a Chris Hedges el título del libro con el que ganó el Premio Pulitzer del año 2009: El imperio de la ilusión. El fin de la cultura y el triunfo del espectáculo (Hedges, 2009), puesto que las sociedades española y americana, que al fin y al cabo no son más que dos partes del complejo mundo del capitalismo global, son semejantes en muchos aspectos.

La sociedad española del año 2011 está fuertemente condicionada, en efecto, por la existencia de una auténtica red de desinformación construida por los grandes medios de comunicación, tal y como ha analizado Max Otte (Otte, 2010), que no necesitan necesariamente mentir de un modo palmario o dar noticias falsas, sino construir una estructura de la información en la que el mejor modo de ejercer el control es administrar las correspondientes dosis de silencio a todas aquellas noticias o personas cuya presencia o cuya existencia pudiese poner en peligro el discurso que se plasma en los medios de comunicación impresos, digitales o audiovisuales.

Esa estructura informativa se articula, según Hedges, en cinco ilusiones o apariencias: la apariencia de la cultura, la apariencia del amor, la apariencia del saber, la apariencia de la felicidad y la apariencia de la nación. Todas ellas se basan en la creación y difusión masiva de imágenes, eslóganes y patrones discursivos que tienen dos propósitos fundamentales: dar la sensación de que agotan el mundo y describen la realidad, y silenciar y apagar cualquier posibilidad de debate real, de discusión o de disidencia.

José Carlos Bermejo Barrera, Alfonso García Tobío y Juan Carlos Pardo Pérez: Una nueva amenaza para los profesores: el acoso administrativo

José Carlos Bermejo Barrera, Alfonso García Tobío y Juan Carlos Pardo Pérez: Una nueva amenaza para los profesores: el acoso administrativo

“On most campuses the institution´s various Propaganda organs perhaps receiving stylistic Inspiration from the North Korean press, touted  The president as an academic and intellectual  Giant and a Renaissance man beloved by  employees, venerated by the students and  by faculty”.
Benjamin Ginsberg: The Fall of the Faculty. The Rise of the All-Administrative University and why It matters, Oxford University Press, Oxford,2011, p.212.

La mayor parte de los profesores universitarios creemos que las funciones básicas de la Universidad son en primer lugar la docencia y en segundo lugar la investigación, y observamos día a día como se está produciendo una progresiva degradación de ambas, debida en gran parte al incremento desproporcionado de los procesos de control y gasto administrativos, que en muchos casos violan la legislación vigente y conculcan nuestros derechos como profesores, a la vez que los derechos de los estudiantes.

Todo ello responde a un nuevo proceso, que denominaremos como acoso administrativo, que se ha convertido de hecho en el instrumento básico del control de las instituciones universitarias y de la mayoría de sus miembros por parte de un reducido número de supuestos expertos en la gestión y la administración. Dichos expertos desarrollan continuamente complejas tramas normativas, que son a la vez artificialmente complejas y contradictorias entre sí mismas, pudiéndose adaptar su aplicación a todo tipo de circunstancias que pueden llegar a hacer irreconocible a la propia norma utilizada, a base de aplicarle todo tipo de excepciones y los correpondientes argumentos ad hoc que hagan posible refrendar cualquier uso de la misma.

Por ello es necesario sacar a la luz la naturaleza del acoso administrativo y dejar bien claro que es posible evitarlo, no mediante la rebelión, la violencia o el uso de la insumisión, sino reclamando la correcta aplicación de las leyes y siendo conscientes como profesores de que tenemos una serie de derechos irrenunciables, que no han sido objeto de concesión graciable de quién nos gobierne en cada momento, sino que son constunciales al ejercicio de nuestra profesión y han de servir como garantía del buen ejercicio de nuestra función docente. Unos derechos absolutamente indisociables de nuestra dignidad como docentes, como ciudadanosy como personas.

José Carlos Bermejo Barrera: Universidades: las fortalezas vacías

José Carlos Bermejo Barrera: Universidades: las fortalezas vacías

La Constitución reconoció a las universidades su autonomía como un derecho irrenunciable. Desde 1978 han crecido en profesores y alumnos, han mejorado sus recursos e incrementado su financiación. Sin embargo el camino iniciado hace más de 30 años se ha visto truncado porque se han convertido en un coto cerrado, manipulable por los intereses electorales de los partidos desde el nivel municipal al nacional, y que sirve básicamente a los intereses de los profesores y los funcionarios que no ven en ellas más que un medio de incrementar sus plantillas.

Las universidades necesitan una reforma radical que las lleve a asumir su función docente y las ponga al servicio de la sociedad. Para ello es necesario una nueva ley estatal y una reestructuración de sus funciones, sus ingresos y sus plantillas. En España las universidades son todo menos racionales. Tienen un número excesivo de alumnos (1.400.000 matriculados en grados y licenciaturas a comienzos del curso 2010-11), un número desproporcionado de profesores (105.034 para unas 60, mientras que las 2000 universidades de los USA sólo tienen 675.000: si les aplicásemos nuestra ratio deberían pasar de los 3.300.000 profesores). Unos profesores mal distribuidos por áreas de conocimiento: unos están sobrecargados de trabajo y otros rozan el ocio académico. Y además con un número inverosímil de titulaciones: Cataluña ofrece este curso 408 másteres y 239 doctorados, y la provincia de Madrid 261 y 221 respectivamente. Másteres y doctorados de ínfimo nivel en muchos casos, diseñados para recaudar fondos y servir como escenario para que algunos profesores exhiban sus méritos.

Las universidades tienden al autismo porque no colaboran entre sí. Sus profesores son los únicos funcionarios que no se pueden trasladar, ni siquiera dentro de su Comunidad, y están adscritos a áreas que no se cambian desde hace más de 30 años. Esos profesores son gobernados por unos rectores que son los únicos cargos públicos que resuelven los recursos contra los acuerdos de su universidad, enviando a sus recurrentes al país de irás y no volverás que es el mundo de lo contencioso administrativo. Los rectores españoles han incrementado sus gastos administrativos en los últimos 20 años y definen sus competencias de modo casi obsesivo. El DOGA del 18 de agosto publica la delegación de competencias del Rector de la USC a su equipo, y esas competencias pasan ampliamente de las 200.

Las universidades no contribuyen al crecimiento económico, a pesar de la subida de sus ingresos. El número de sus publicaciones desde 1996 es casi el mismo aunque los fondos de investigación casi se han triplicado, asi como sus plantillas. Pero sí publican normas prolijas hasta el disparate: el decreto que regula el Consejo de Estudiantes ocupa 27 hojas de letra menuda del BOE. Unas normas contradicen a otras superiores y su conocimiento es casi imposible, pero con ellas están consiguiendo que sus profesores sean sumisos, porque crean incentivos mínimos y todo el mundo ha llegado a creer que sólo puede sobrevivir a costa de los demás aunque reconociendo siempre a quien manda y a sus decisiones casi inapelables, guardando silencio ante sus mensajes propagandísticos que asfixian a la opinión pública. Las universidades ni se gobiernan democráticamente ni cumplen su función básica ni administran bien sus recursos, y por ello deben ser reformadas de arriba abajo. ¿Por quién?

José Carlos Bermejo Barrera: La carcoma: carta abierta a la Vicerrectora Eva Castro Caridad, con motivo de su marcha

José Carlos Bermejo Barrera: La carcoma: carta abierta a la Vicerrectora Eva Castro Caridad, con motivo de su marcha

“Tres personas pueden guardar un secreto si dos de ellas están muertas”
Benjamin Franklin, Poor Richard’s Almanac.

Querida Eva: decía el viejo Cicerón que le faltarían los días si quisiese contar a las personas buenas a las que les ha ido mal y a la malas a las que les ha ido bien (De natura deorum, 5), y el viejo Cicerón, que vio desaparecer las instituciones de la república romana y cómo pasaban a ser sustituidas por el poder personal, sabía muy bien lo que decía. También afirmaba que la historia es una maestra para la vida. Y por esta razón como profesor, como compañero y como estudioso del mundo antiguo, al igual que tú, querría ofrecerte estas reflexiones en voz alta.

Nosotros, a los que nos llaman “de letras”, quizás debido a que seamos de los pocos que aún saben leer; nosotros, que leemos libros viejos en idiomas raros, podemos aún permitirnos el lujo de contemplar al mundo con el desapasionamiento que nos proporciona la distancia, y observarlo con una mirada a la vez tierna y desencantada, pensando quizás que así también nos podrá ver alguien en un lejano futuro cuando ya no estemos en él.

Cuentan nuestros viejos libros que hubo una vez un gran imperio, el Imperio de Roma, que murió contemplando extasiado su propia perfección. A partir del siglo III d.C. el Imperio romano comenzó a ser cada vez más eficaz en su administración, a la que vez que se iba descomponiendo. Creció el número de funcionarios y se incrementó el control de cada parte del territorio, de cada persona y de cada bien. Aumentó el número de las leyes, se las sistematizó y se las estudió. Y así nació una corte imperial, en la que en torno a la figura omnipotente y omnipresente del emperador se crearon cargos con nombres que hoy en día nos pueden parecen pomposos, a la par que absurdos.

Vivió el emperador rodeado por gentes como el “conde de los sagrados dispendios”, el “prefecto de la sagrada alcoba”, el “conde de las cosas privadas”, el “conde de las cosas públicas”, el “secretario de las cartas griegas”, o el “secretario de las cartas latinas”. Y así todo se gobernó, todo se reguló. Se reguló el ancho de las franjas de púrpura que algunos podían llevar en sus togas, cuáles habían de ser sus telas, quién podía llevar una corona de oro, y con cuántos rubíes o cuántas perlas, ya fuese el emperador, la emperatriz, o alguna que otra mujer que supiese ascender en la corte, como la inefable Teodora.

Y como a tal señor tal honor, el emperador se vió necesitado de profesores, oradores o gramáticos que cantasen sus alabanzas. Para ellos se crearon algunas cátedras públicas con el fin de que sus ocupantes compusiesen panegíricos, es decir, discursos laudatorios con los que se solía recibir al emperador o a las cada vez más numerosas autoridades cuando visitaban una ciudad, una región o un palacio.

Creían los panegiristas que sin ellos el emperador no podría subsistir. Y por eso estaban seguros de que sus cantos a la bondad del gobierno y a las virtudes de quienes lo ejercían sólo podrían ser el digno tema de unos letrados tan cultos como ellos, que eran quienes con sus palabras de adulación creaban la verdadera dignidad de quien los nombraba y los mantenía. Uno de estos gramáticos, originario del norte de África y de nombre Aurelio Agustín, llegó un día a la corte imperial a Milán con el fin de poder obtener una cátedra y hacer a la vez carrera política, pero se quedó muy asombrado cuando, al entrar en una basílica, vio a un personaje, un clérigo llamado Ambrosio, que estaba leyendo un libro en silencio. Como en esta época los libros se leían en voz alta, Agustín se quedó conmocionado al observar que se podía leer con la boca callada, y poco a poco se dio cuenta que debía leer sus libros en silencio.

Agustín dejó la ciudad y se fue al campo y, según fue profundizando en la filosofía y abandonando la oratoria y las pretensiones de medrar en la corte , llegó a la conclusión de que el poder y el saber tenían que ser incompatibles, de que el poder político y el ansia por las riquezas eran dos caras de la misma moneda, a las que a su vez solía ir unida la búsqueda desmesurada del placer sexual.

Pensaba también Agustín que podía existir una comunidad de personas en la que la búsqueda de la verdad podía ir unida a la búsqueda del bien común, en la que unas personas pudiesen trabajar para otras y transmitir su legado de conocimientos y los frutos de sus obras a quienes les vendrían a relevar en el mundo. Agustín murió en el norte de Africa, cuando su ciudad, Hipona, estaba sitiada por los vándalos en ese imperio que se considerada a sí mismo racional, perfecto y destinado a perdurar para la eternidad.

Al imperio romano le pasaba lo mismo que le pasa a la madera cuando está colonizada por las termitas. Las termitas son unos insectos fotófobos, no les gusta trabajar a la luz pública, pero poco a poco van corroyendo las maderas, las vigas y las casas por dentro, dejando, eso sí, las superficies impolutas, hasta que llega un día en el que todo se derrumba, como el imperio romano, corroido por todo tipo de tensiones económicas, sociales y militares bajo su brillante apariencia de púrpura, oro y autocomplacencia. Las termitas tienen en sus colonias a obreros, u obreras, especializados, que segregan ácidos que les permiten hacer pequeños canales en la piedra y poder pasar así de una casa a otra, extendiendo poco a poco su dominio.

Nosotros, como estudiosos del pasado y como profesores del presente, sabemos lo peligrosos que pueden ser los bárbaros cuando se alían con quienes gobiernan el mundo para sí, en su propio beneficio y contemplándose a sí mismos, arrobados por su propia perfección. También sabemos lo dañinas que pueden ser las termitas, sólo aletargadas por el frío del invierno.

Nosotros, los que ante todo somos profesores y no nos avergonzamos de ello, sino al contrario, conocemos el valor de la educación, el valor del conocimiento, y sabemos cuál es nuestro deber y a quién nos debemos, y también sabemos a quién no tenemos que servir. Nosotros, los que ante todo somos profesores, sabemos que es posible gobernar bien, si se hace racionalmente, que se pueden hacer leyes razonables, pero también irracionales, y que el objetivo del gobierno es el logro del bien común, y no la satisfacción de la libido dominandi de los gobernantes, como decía Aurelio Agustín. Y por eso, como él, sabemos cuándo tenemos que retirarnos a esperar que lleguen los vándalos, o que las termitas acaben su trabajo. Pero eso sí, seguiremos intentando salvar lo que aun pueda quedar del conocimiento en los viejos y en los nuevos libros, intentando enseñarlo e intentando salvar lo que aun quede de nuestras instituciones.

En el año 1933, cuando en Alemania ya les empezaba a ir más que bien a muchos malos, una chica judía que había realizado su tesis doctoral sobre Agustín abandonó Alemania para no volver nunca más. Ella pudo ver como todas las tradiciones culturales y académicas de su pais quedaron arruinadas y fueron prostituidas al servicio de una causa política demencial, que sin embargo fue apoyada por la mayor parte de sus compatriotas y aceptada con entusiasmo por la inmensa mayoría de los profesores, los científicos, los intelectuales y los juristas de la que había sido la nación más culta de Europa y la creadora de sus mejores tradiciones científicas.

Sería más adelante esta chica una de las más importantes filósofas políticas del siglo XX. Por eso sería bueno acabar esta carta con unas palabras suyas, especialmente oportunas en este momento y que deberíamos no olvidar.

Decía Hannah Arendt:

“La educación es la clave en la que tenemos que decidir si amamos lo suficientemente al mundo como para responsabilizarnos de él e intentamos salvarlo, o lo dejamos arruinarse. Y también para saber si apostamos por su renovación y admitimos que será inevitable la llegada de lo nuevo y lo joven. Del mismo modo es también en la educación donde tendremos que decidir si amamos lo suficientemente a nuestros hijos para no expulsarlos de nuestro mundo y dejarlos ir a la deriva, arrancándoles de sus manos la oportunidad de hacer algo nuevo, algo que nosotros no podíamos preveer, o bien los preparamos para su misión de renovar nuestro mundo común”.

Hannah Arendt: Between Past and Future, Penguin Books, New York, 1968, p. 196.

La educación superior fue, y debería seguir siéndolo, la misión fundamental de la universidad, acosada ahora por los vándalos, como lo estuvo en su tiempo el Imperio Romano, y, como el resto de nuestra sociedad, también carcomida por las termitas.

José Carlos Bermejo Barrera: A la memoria de Serafín Moralejo Álvarez (1945-2011)

A LA MEMORIA DE SERAFÍN MORALEJO ÁLVAREZ (1945-2011)
CATEDRÁTICO DE HISTORIA DEL ARTE DE LA USC
CATEDRÁTICO DE HISTORIA DEL ARTE MEDIEVAL DE LA UNIVERSIDAD DE HARVARD

PARA MI MAESTRO

Nacido de una vez por todas en el silencio

un gran dolor acabó sin ninguna canción que lo cantase.

¡Quién pudiese estar a tu lado tan cerca del Paraiso!

Cuando ante nuestros ojos brillaba en el altar

el cuchillo ante el que temblaban el carnero y el hijo.

Y estar ahora en el silencioso manicomio

donde viven las sombras colgadas de las vigas del techo

como murciélagos cansados por la luz del día,

hasta que los despierte una señal de radar

y les haga ver señuelos gigantes en el blanco muro de piedra.

¿Cómo puedo dejarte solo en esa casa con tu pequeña cojera?

¿No hay ya más santos ni más brujos

para cantar sus hazañas con tus alumnos?

¿Ya no queda ningún mal que fulminar

con el rayo de tu lengua afilada?

¿Te confundieron con el Mesías visto en el espejo

y quedaron tranquilos porque al fin habías llegado?

Déjame llorar ahora a tu lado, maestro,

porque también yo me cobijo bajo ese tenebroso techo

como un hijo honrado que entra sin miedo en la casa de su padre.

Leonard Cohen ( Trad. J.C. Bermejo Barrera)

José Carlos Bermejo: "Con la reforma universitaria del PSOE no hace falta el PP"

José Carlos Bermejo: "Con la reforma universitaria del PSOE no hace falta el PP"
El historiador Bermejo ahonda en la agonía de lo público

Como Frank Donoghue en The last professors, su ensayo sobre el declive de las humanidades, José Carlos Bermejo Barrera encuentra, a las malas, una justificación a sus últimos trabajos: "Quizá la función de los humanistas en el futuro será relatar la destrucción de las universidades públicas".

Después de La fábrica de la ignorancia, el catedrático de Historia Antiga en la Universidad de Santiago vuelve a extraer ideología -del mercado- del frondoso mundo de normativas para la educación superior. En su reciente La maquinación y el privilegio. El Gobierno de las universidades (Akal), la sátira sigue ahí -para dimensionar la vanidad académica utiliza, entre otros, el tratado de Bernard Mandeville Una humilde defensa de los burdeles públicos (1724)-, pero lo que se retrata es la "reconversión brutal" de la enseñanza superior y la configuración de castas triunfadoras: "Las oligarquías que se van a beneficiar del expolio del Estado y las universidades".

El libro empieza con un poema admonitorio: "Viven felices y tranquilos muchos profesores / en sus chalés adosados al borde del abismo / de un abismo del no quieren saber / que de él nunca nadie ha vuelto". Según el autor de Para que serve a historia de Galicia?, lo que se avecina -con CIU solicitando ya la elección de los rectores por designio político- es una reforma universitaria, avalada por el PSOE y el PP, "que en nombre del mercado libre y la igualdad intentará conseguir que unos pocos funcionarios se hagan con el control de las universidades públicas y faciliten la entrada en ellas de la banca". Cita, entre otros, Propuestas para la reforma de la universidad española, el estudio de la Fundación Alternativas (2010). Además de afirmar que el interés básico de las humanidades consistirá "en la formación de los jubilados", ese documento socialista defiende liberalizar las tasas, acortar los grados y privilegiar los másteres. Menos docencia y más investigación, jerarquizada por número de artículos científicos citados en las carísimas revistas de referencia. Aquí Bermejo resucita el pánico a lo que no se puede medir, razón de ser de la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (Aneca), creada bajo mandato de Aznar y responsable de controlar los planes de estudio conforme al plan Bolonia. El PSOE -que en 2004 propuso la reforma "inmediata" de la Ley Orgánica de Universidades- criticó en su momento la vocación "mercantilista" de la Aneca.

En esa línea, pero publicado en el BOE (31 de diciembre), se aprobó el texto del Estatuto del Estudiante Universitario. Con 50 universidades públicas y 27 privadas y católicas en España, un nuevo consejo será interlocutor único de todos los estudiantes frente al ministerio. Con menos de 145.000 estudiantes -el 11,63% del total-, la privada concentrará el 33% de los votos en el nuevo organismo. "Si esta es la reforma universitaria del PSOE, la firmaría el Tea Party", zanja Bermejo. "Así no nos hace falta el PP".

El País, 20/07/11

José Carlos Bermejo: «La universidad española se convertirá en algo elitista»

José Carlos Bermejo: «La universidad española se convertirá en algo elitista»
Su libro diagnostica la situación actual de la educación

Bajo el título de La maquinación y el privilegio. El gobierno de las universidades, el catedrático de Historia Antiga de la USC, José Carlos Bermejo, hace una feroz crítica a la mercantilización de las universidades públicas y a los sistemas de evaluación de la calidad que se impusieron a inicios de la pasada década.

- En su libro critica la labor de la Aneca, encargada de evaluar la calidad universitaria y proporcionar acreditaciones.

- La Aneca nació con el gobierno de Aznar para intentar recuperar el control central sobre las universidades. Es una agencia de evaluación científica que no es meramente técnica, sino también ideológica. Se ha apropiado de los sexenios, que son complementos salariales creados por Hacienda que no tienen valor científico, pero que ahora sirven para medir la calidad científica de docentes e investigadores con una arbitrariedad monstruosa.

- ¿Arbitrariedad?

- Hay casos de personas con dos sexenios que juzgan a una persona para concederle su quinto sexenio. Además, las Humanidades no se valoran y las revistas científicas españolas, que apenas tienen prestigio mundial, son consideradas de máximo nivel.

- También critica que se evalúa el número de citas de los trabajos de investigación sin leer dichos trabajos.

- Es cierto, todo se evalúa sin leer y solo se cuentan las citas. Eso significa que si perteneces a un área de investigación donde hay muchas publicaciones, tienes más posibilidades de que te citen y por lo tanto mejor valoración. De hecho, la mayoría de las citas son de médicos y químicos porque hay muchas publicaciones.

- Lleva ya varios libros hablando de un discurso mercantil sobre la educación superior.

- Parece que la universidad solo sirve para formar fuerza de trabajo y es un discurso asumido por la propia universidad que es un disparate. Hay carreras cuyo destino natural es la docencia, y formar educadores no es formar fuerza de trabajo. Si las empresas quieren fuerza de trabajo que la paguen, que abran universidades privadas.

- ¿Dónde estará la universidad española dentro de diez años?

- Habrá adelgazado sustancialmente, hablan de despedir al 30% del profesorado, y se convertirá en algo elitista, del mismo modo que lo está haciendo en Estados Unidos.

La Voz de Galicia, 10/06/11

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Presentación do libro "La maquinación y el privilegio. El gobierno de las universidades" de José Carlos Bermejo Barrera

Presentación do libro "La maquinación y el privilegio. El gobierno de las universidades", de José Carlos Bermejo, publicado pola Editorial Akal.
Xoves, 9 de xuño de 2011, ás 19.00 horas, na Librería Universitas, Fernando III, O Santo, número 3. Santiago de Compostela

Bermejo: La maquinación y el privilegio

 

A Librería Universitas e M. Alonso Estravís Distribuidora, S.L. anuncian a presentación do libro "La maquinación y el privilegio. El gobierno de las universidades", do catedrático de Historia Antigua da Universidade de Santiago de Compostela, profesor José Carlos Bermejo. A presentación correrá a cargo do político e ensaísta, Carlos Mella.

José Carlos Bermejo Barrera: ¿Quién desacreditó de verdad a la democracia?: una apología de la Indignación

José Carlos Bermejo Barrera: ¿Quién desacreditó de verdad a la democracia?: una apología de la Indignación

Decía un conocido filosófo de orientación liberal, K.S. Popper, que la democracia es el peor de todos los sistemas políticos posibles, si excluimos a todos los demás. Creía Popper que no se puede decir de las teorías científicas que sean verdaderas, pero en cambio sí se pueden establecer condiciones para saber cuándo son falsas. Y ello es así cuando predicen todo lo contrario de lo que ocurre. En la política, del mismo modo, no podemos aspirar a que exista un sistema perfecto, pues cada uno de los sistemas posibles genera sus tipos específicos de problemas, pero sí a que exista un sistema que se pueda refutar a sí mismo cuando falla, cambiando sencillamente a las personas que han ejercido mal las tareas del gobierno. Esa sería la base de nuestra creencia en el valor de los sistemas parlamentarios

La democracia no es sólo el gobierno de las mayorías, puesto que muchas dictaduras han contado con el apoyo mayoritario de sus gobernados en determinados momentos (como ocurrió en el caso del nazismo, el fascismo italiano, el comunismo soviético, e incluso el franquismo), sino también un sistema que reconoce el derecho a la existencia de las minorías, de los disidentes y de los que crean que este propio sistema puede ser examinado, discutido, criticado y puesto en tela de juicio. La democracia es un sistema político que parte del reconocimiento de los derechos inalienables de todos los ciudadanos y que pone los medios para que esos derechos, además de ser reconocidos, puedan llegar a a ser efectivos. Derechos como el trabajo, la vivienda, la salud, la educación y la participación en la vida pública.

Todos los ciudadanos que viven en un país democrático tienen el derecho y el deber de interesarse y de participar en la vida colectiva y en la vida pública mediante su voto. Sin embargo, la participación electoral, que puede ser clave a la hora de echar a un gobierno, no tiene sentido si los ciudadanos carecen de información y no pueden basar su voto en algún tipo de conocimiento que les permita discernir el sentido de lo que están votando. Muchos dictadores han convocado referéndums sobre toda clase de temas, esperando siempre que el voto en ellos sobre un asunto concreto, una ley fundamental por ejemplo, se entendiese sencillamente como una clara adhesión a su persona. Es evidente que esto no tiene nada que ver con la democracia.

La democracia es un sistema político que no solo se basa en el reconocimiento de unos derechos y en la posesión de una información política, sino fundamentalmente en un sentimiento: el sentimiento de pertenencia a una comunidad política que nos lleva a sentirnos implicados colectivamente en ella, y a juzgar las acciones individuales y colectivas mediante dos sentimientos morales, básicos, descritos ya hace siglos por I. Kant: el entusiasmo que suscita la aprobación de unas conductas y la realización de unos determinados hechos, y la indignación y la condena de todo aquello que podemos considerar censurable y nocivo para el bien común.

La indignación y el entusiamo son pues los dos sentimientos políticos básicos y por ello un panfleto de dimensiones reducidas como el libro de S. Hessel ha conseguido suscitar en Europa un gran revuelo que se concretó en España en un movimiento social, el de los indignados, que ha sido objeto de toda clase de juicios. Un movimiento que habría que interpretar como una renovación de la fe en la democracia precisamente a partir de una crítica radical a un sistema político: el de la España del año 2011, que ha conseguido hundir a las instituciones de la democracia en el más absoluto descrédito.

José Carlos Bermejo Barrera: La maquinación y el privilegio: el gobierno de las universidades

Bermejo: La maquinación y el privilegioJosé Carlos Bermejo Barrera: La maquinación y el privilegio: el gobierno de las universidades
Ediciones Akal, 2011

Todas las profesiones son conspiraciones contra los laicos.
George Bernard Shaw

Introducción: Bases para un expolio

Las universidades de todo el mundo económicamente desarrollado están sumidas ahora, en el año 2011, en una muy profunda crisis, consecuencia de la crisis económico-financiera en la que este mundo está inmerso, y resultado también de la propia transformación de la enseñanza superior y de los complejos procesos de la investigación científico-técnica que están teniendo lugar en la actualidad.

Se cierran muchas universidades enteras, o algunas facultades concretas, sobre todo en los campos de las llamadas humanidades, se despiden profesores, se les bajan los salarios, se les precariza el empleo, y los estudiantes ven incrementadas sus tasas de matrícula, se ven obligados a endeudarse hasta niveles extremos con la banca para poder financiar sus estudios y cada vez más se dan cuenta de que sus títulos académicos, que antes les garantizaban un empleo de elite, o por lo menos un salario digno, los llevan también al mundo de subempleo (Newfield, 2008).

Frente a esta situación patente en los EEUU, Japón, y la mayor parte de la Comunidad Europea, España y sus autonomías nos ofrecen un panorama insólito. En España, un país que tiene el mismo número de estudiantes universitarios que Alemania, a pesar de que Alemania la dobla en población y la supera infinitamente en riqueza (Peña, 2010, p. 15), las autoridades políticas y académicas no cesan en sus lamentos, exigiendo que se contraten más profesores y se incremente la financiación de sus universidades, olvidándose de una gigantesca crisis financiera que a ellos no parece afectarles.

Las universidades españolas parecen ser ya no sólo mónadas aisladas en el espacio sin puertas ni ventanas que las comuniquen con el exterior, sino auténticas esferas cristalinas autistas, en las que los más destacados de sus miembros, en lo que al ejercicio de las responsabilidades se refiere, hablan un lenguaje que no tiene apenas nada que ver, no sólo con la realidad circundante, sino con la realidad de sus propias instituciones.

Nadie parece querer ver que las universidades españolas, repartidas entre 17 autonomías, no forman un sistema coherente, que se pueda controlar, organizar o diseñar, mientras que no se cesa de hablar como si ello fuese posible. Y, a la hora de analizar la realidad concreta de las instituciones académicas, podemos observar cómo se apela al lenguaje del mercado en un país en el que apenas hay universidades privadas de calidad en lo que se refiere a la investigación, y en el que la gran banca no muestra el menor interés en invertir su capital en ese posible proceso de creación de unas universidades privadas de elite, como reconocen los propios apologetas del mercado (Peña, 2010, p. 19).

Las universidades españolas dan la impresión de ser el reino de los arbitristas y los pícaros de nuestra Edad Moderna, puesto que en ellas abundan cada vez más organizadores y planificadores que crean sistemas paralelos a la realidad, que permiten la formación de elites de funcionarios, banqueros y políticos que se van a beneficiar del claro proceso de expolio del Estado y las universidades que se dibujará a continuación.

Los planificadores y evaluadores universitarios, tanto en el nivel central como en los autónomicos, han creado sistemas de control insólitos, como aquel que sostiene que se pueden definir nada más ni nada menos que 69 parámetros para diseñar un plan de estudios, parámetros que no tienen nada que ver con el contenido de cada plan y que obvian todos los matices sociales, económicos, ideológicos y de todo tipo que forman pare del proceso educativo (Angulo Rasco y Redon Pantoja, 2010, pp. 13 ss.). Ése es el sistema con el que se ha abordado en España el llamado «proceso de Bolonia», un supuesto proceso de renovación pedagógica integral protagonizado por los mismos profesores que ya había, que cuentan con menos medios para impartir unas titulaciones de calidad inferior -si ello fuera posible- a las que ya había.

Ese sistema de control de los planes de estudio diseñado por la ANECA (Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad) no mejora la realidad de la enseñanza, pero sí permite el control creciente de la mayoría de los profesores funcionarios por parte de una minoría, también formada por funcionarios, como señalan Angulo Rasco y Redon Pantoja (2010, p. 16):

"Las competencias sitúan a los docentes en un plano técnico, es decir, los descualifican profesionalmente; al traducir en forma transparente -medibles, cuantificables y acumulables- las habilidades profesionales, las estamos exponiendo al control de los gestores, a su mercantilización y a la descualificación neoliberal de la profesión docente; una, como decía, vuelta política al más burdo taylorismo".

Estos nuevos sistemas de control, rígidos hasta la esclerosis, se presentan en un lenguaje ideológico, en el sentido clásico de la palabra, es decir, en un lenguaje en el que la realidad aparece invertida. Como cuando Daniel Peña, encargado por el PSOE de elaborar y coordinar un magno estudio, realizado por la Fundación Alternativas y presentado al Congreso de los Diputados, bajo el título Propuestas para la reforma de la universidad española, afirma que con Bolonia «la formación en ciclos hace también posible que un estudiante haga un grado en ingeniería, un máster en psicología y un doctorado en humanidades, favoreciendo los enfoques multidisciplinarios e innovadores» (Peña, 2010, p. 8), a pesar de que este mismo autor afirma que el interés básico de las humanidades consistirá en la formación de los jubilados (p. 10), aunque no se sabe si esos jubilados estudiarán humanidades en el nivel de doctorado o en otros algo más simple.

El panorama que se avecina en España es el de una reforma, avalada por el PSOE y el PP, que en nombre del mercado libre y la igualdad intentará conseguir que unos pocos funcionarios se hagan con el control de las universidades públicas y faciliten la entrada en ellas de la banca, mediante los mecanismos del endeudamiento, como se podrá ver en las páginas posteriores.

Para defender esta propuesta se apela a toda clase de argumentos torcidos. Se dice, por ejemplo, que en España los hijos de los universitarios acceden 4,5 veces más a la universidad que los de los no universitarios (Peña, 2010, p. 14), pero no se dan estadísticas de otros países, objeto de admiración de los neoliberales y los nuevos socialistas, como los EEUU. Se sostiene que las tasas académicas bajas son antidemocráticas porque exigen financiación pública y privilegian a los que estudian frente a los que no lo hacen, dando a entender que tasas de 9.000, 10.000 euros o 25.000 dólares, como las de las mejores universidades norteamericanas, son más democráticas si se financian con préstamos.

Por ello, en este documento socialista que pretende anunciar el futuro, se pide claramente que se liberalicen las tasas, porque ello favorece la igualdad, que se acorte la duración de los grados y se privilegien los másteres, que se jerarquicen las universidades y se desfuncionarice a los profesores, de modo tal que una minoría de funcionarios pasaría a desfuncionarizar a la mayoría (Dolado, 2010, pp. 13-27). Y no se habla de privatizar o vender las universidades públicas porque todo el mundo sabe que nadie estaría dispuesto a comprar ninguna.

Se hace demagogia afirmando que en España sobran estudiantes, porque por cada alumno de Formación Profesional hay 2,5 universitarios, mientras que en Alemania la ratio es 1/1, pero no se dice que Alemania posee un gran tejido industrial que absorbe a los alumnos de esa formación profesional, y España no.

Se defiende, y ello se podrá ver con todo detalle a lo largo del libro, que las universidades están demasiado orientadas a la docencia, lo que no es verdad aunque lo diga J. J. Guinovart (Guinovart, 2010, pp. 91-102), y que habría que orientarlas a la investigación, jerarquizarlas y privilegiar a unas pocas, dejando a muchas como universidades meramente locales (se supone que en algunas autonomías poco poderosas).

Pero esas jerarquizaciones, que se basan en rankings que los propios defensores de este tipo de propuestas reconocen que son totalmente discutibles, deben ser llevadas a cabo por unas nuevas elites de funcionarios docentes e investigadores, los grupos de excelencia, que se definen de este modo en palabras de D. Peña (2010, p. 149):

"Como el sistema de gobierno es participativo, los grupos de excelencia son muy minoritarios y los votos de todos los que pertenecen a un mismo estamento tienen el mismo peso. Esta heterogeneidad de nuestros centros hace difícil tomar decisiones que favorezcan la excelencia y favorece las alianzas de intereses para hacer prevalecer los intereses generales sobre los particulares".

Los profesores que se conceden a sí mismos la excelencia, pues son a la vez evaluadores y evaluados, se sienten preteridos, amenazados por una especie de rebelión de las masas que les dificulta la consolidación de su control de casi todos los recursos académicos y financieros, y por ello comienzan a pergeñar un nuevo sistema -que se anuncia ya- de universidades públicas, gobernadas por «consejos directivos o de administración» (Ferrer, 2010, pp. 27-37), consejos de administración de unas instituciones públicas cuyos miembros parecen creer que se van a convertir en sus futuros dueños sin pensar en modo alguno en comprarlas.

La pobreza del discurso académico sobre la universidad y la pasión tecnocrática, pseudocientífica y verbal de algunos profesores llega al extremo de intentar analizar, como en el caso de una antigua rectora, a las universidades como dinamizadoras territoriales (Gómez Mendoza, 2010, pp. 61-91), como si las necesidades de la ordenación urbana fuesen variables independientes a las que el diseño de las universidades y su creación debiesen someterse, de acuerdo con la nueva ciencia de la planificación académica.

Las universidades españolas tendrán que enfrentarse a la crisis, como todas las del resto del mundo, pero en la realidad de la España de las autonomías y sus universidades públicas, las autoridades políticas y académicas sólo parecen ser capaces de ofrecer soluciones delirantes, como la de D. Peña, cuando diseña las universidades locales, internacionales y orientadas a Latinoamérica (Peña, 0, p. 149) en ese texto magistral del PSOE, sin decir cómo va a conseguir quitarles las competencias en educación a las 17 autonomías españolas y lograr que algunas de ellas consientan en hacerse el haraquiri.

***

Este libro, escrito en el año 2011, es una continuación de otro anterior, La fábrica de la ignorancia. La universidad del como si, escrito en el año 2008, cuando la crisis económica era apenas una amenaza en el horizonte. Las circunstancias básicamente siguen siendo las mismas, pero la continuación del texto anterior está justificada no sólo por lo que hay ya de nuevo, sino también porque lo que ahora se aborda es el problema del gobierno de las universidades y de la legitimidad académica, intentando a la vez hacer una propuesta de mínimos para restaurar el equilibrio académico, propuesta que precisamente por su sencillez y su carácter más que evidente no tiene el menor viso de ser aceptada por quienes desde su verbalismo han conseguido elevar la maquinación académica a la cumbre del sistema de las malas artes.

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