Osvaldo Bayer

Osvaldo BayerOsvaldo Bayer nació en Santa Fé en 1927. Estudió Historia en la Universidad de Hamburgo de 1952 a 1956. De vuelta en la Argentina se dedicó al periodismo, a la investigación histórica y a guiones cinematográficos. Trabajó en los diarios Noticias Gráficas, en el patagónico Esquel y en Clarín, del cual fue secretario de redacción, y en diversas revistas. Fue secretario general del Sindicato de Prensa de 1959 a 1962. Por el libro La Patagonia Rebelde y el film del mismo nombre fue perseguido y tuvo que abandonar el país en 1975. Vivió en el exilio, en Berlín, hasta su regreso a Buenos Aires, en 1983. Actualmente colabora en Página/12. Ha publicado los siguientes libros: Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia(1970); La Patagonia Rebelde (Los vengadores de la Patagonia trágica, 1972-76 cuatro tomos); Los anarquistas expropiadores (1974); Radowitzky, ¿mártir o asesino? (1974); La Rosales, una tragedia argentina (1974); Exilio (1984, en colaboración con Juan Gelman). Fue el guionista de los films La Maffia (1972); La Patagonia Rebelde (1974); Todo es ausencia (1983); Cuarentena: exilio y regreso (1984); Juan, como si nada hubiera pasado (1986); La amiga (1989); Amor América (1989); Elizabeth (1990); El vindicador (1991) y Panteón Militar (1992); los últimos seis en coproducción con Alemania.

Osvaldo Bayer: No hay que perder esta batalla

Osvaldo Bayer: No hay que perder esta batalla

Cuando estoy escribiendo estas líneas ya está en su sesión final la reunión mundial en Dinamarca sobre el cuidado del medio ambiente. Como casi siempre ha ocurrido en la historia del ser humano, durante la discusión privaron los intereses comerciales y de dominación sobre aquellos análisis sobre la vida que deberían resultar positivos para toda la humanidad. Hasta la policía danesa demostró no ser muy diferente de otras cuando comenzó a dar palos a diestra y siniestra ante la valiente reacción juvenil contra los dinosaurios representantes de los pueblos. (“Esto parece la Argentina”, me musitó un amigo ante la pantalla televisiva que daba escenas de la represión en las calles de Copenhague.) El diario alemán Frankfurter Rundschau tituló el día de la represión danesa llamando el congreso “La reunión cumbre de la rabia”. En Copenhague quedó al desnudo el sistema que domina al mundo: un desatado capitalismo que convive con guerras continuadas y con las diferencias sociales que cada vez más dejan al descubierto las injusticias en los países líderes del liberalismo económico o en aquellos que lo disimulan con el curioso e hipócrita sistema de la “economía social de mercado”. Así como en economía se prioriza al individuo en vez de la sociedad, de la misma manera se otorga fundamental importancia al interés económico y político de los países dominantes. Claro, la primera perjudicada es la paz y, al mismo tiempo, la naturaleza. Dos conceptos que el sistema capitalista ha ignorado desde sus comienzos.

Y el sistema triunfante hasta ahora nos muestra sus verdades. Se notó en el debate de Copenhague. Los países industriales dominantes explotan y deterioran la naturaleza de tal manera que hasta ellos mismos se dieron cuenta y convocaron esta reunión que debería ser fundamental y no para ganar tiempo y calmar los ánimos. Sin embargo, éstos se enardecieron en lo que atañe a los representantes del Tercer Mundo. De ahí la protesta en las calles. Fue cuando la señora Merkel, jefa del gobierno alemán, trató de mediar entre Estados Unidos y China y habló de la importancia de lograr en este congreso un plan verdadero de defensa de la ecología. Pero fueron palabras, nada más que palabras, porque el mismo día en Alemania se publicaba el nuevo presupuesto para el 2010 y las cifras hacen sonreír con sorna o llorar de pura desesperación. Veámoslas. Para gastos militares: 31 mil millones de euros; para defensa ecológica, apenas mil millones. Es decir, 30 veces más en gastos militares que en apoyo al cuidado de la naturaleza. Está todo dicho. Además las cifras para Educación son de 10,91 mil millones, tres veces menos que para gastos militares.

Un pesimista diría, muy deprimido: el mundo está perdido. Por eso la alegría de ver las calles de Copenhague repletas de juventud reclamando. Primero por el cuidado de la naturaleza, después contra el lujo destructivo de los que detentan el verdadero poder en el mundo.

Osvaldo Bayer: A calzón quitado

Osvaldo Bayer: A calzón quitado

Parece que está de moda hablar del hambre de los niños en el mundo. El papa Ratzinger, nuestro cardenal Bergoglio, empresarios del campo y tantos otros. Aquí en Alemania se está discutiendo esto a calzón quitado. Claro, se está ante elecciones nacionales. Entonces, lo que durante los gobiernos estables es un juego de transacciones y entendimientos, cuando se juega el poder, se sale a decir la verdad. Y han salido a la luz las estadísticas oficiales y los estudios de organizaciones empresarias, religiosas, obreras, etcétera.

Sí, aunque nadie lo crea, Alemania, una especie de diamante del sistema, uno de los países mejor organizados dentro del capitalismo, presenta un cuadro actual que va dejando una vez más desnudo a ese sistema. Lo bueno para la información es que, dada la disputa, surge la verdad. Fuentes informáticas del sistema sacan a la luz la verdad ante una vidriera de lujo que esconde lo que realmente sucede en el patio interior. Por ejemplo, la revista Stern –no por cierto izquierdista– publica un estudio titulado “¿Qué hacer contra la desigualdad?”, con su subtítulo “Dos terceras partes de la población alemana no poseen casi nada mientras que apenas una décima parte posee el 60 por ciento de la riqueza”. Y “Nuestra sociedad se divide cada vez más entre los ricos cada vez más ricos y los que no tienen nada”.

De acuerdo con la definición del gobierno, se considera pobre a quien gana menos del 60 por ciento de lo que se necesita para mantener un hogar medio, y al soltero que gana menos de 781 euros por mes. Debido a eso, el Instituto para la Investigación de la Economía señala que el 18 por ciento de los hogares alemanes está debajo de ese nivel, mientras que el gobierno sostiene que sólo es el 13 por ciento. La pobreza aquí es más común entre las mujeres solas que crían a sus hijos que entre hombres, y más entre jóvenes y niños que entre ancianos. Y se ha comprobado que a aquel que cae en la pobreza le cuesta mucho poder salir de ella.

Osvaldo Bayer: Las lágrimas de Bussi

Osvaldo BayerOsvaldo Bayer: Las lágrimas de Bussi

Más de lo mismo. O peor. Si uno no fuese pesimista, llegaría a serlo. Basta leer las últimas estadísticas, los últimos estudios, para preguntarnos por enésima vez: ¿en qué mundo vivimos?

Pero basta de prolegómenos. A los hechos. El Banco Mundial lo acaba de decir: un cuarto de la población mundial vive por debajo del nivel de pobreza. ¿Y el progreso, cuál es el progreso? ¿Y quién es pobre? Para hacer esa estadística la organización calificó de pobre a quien gana menos de 1,25 dólar por día. En el Africa al sur del Sahara, la mitad de la población vive en estado de pobreza extrema. Por otra parte, 850 millones de seres humanos no saben cómo van a alimentarse al día siguiente. La mitad, niños.

Saltemos de esa Africa a Alemania, uno de los países mejor organizados económicamente del mundo. Claro, según el punto de vista de lo que se entienda por organización. Un estudio sobre la situación económica desde el 2004 hasta los seis primeros meses del 2008, realizado por la Fundación Hans Böckler, lo dice con estas palabras: “El impulso económico pasó de largo ante los asalariados, los jubilados y los pobres. Los salarios reales netos entre esos dos años se han visto rebajados en un 3,5 por ciento. En cambio, las ganancias de las empresas y sus ejecutivos han tenido una “verdadera explosión” (textual). Han crecido en el mismo período del 21,8 al 26,3 por ciento.

De esas cifras pasemos a Estados Unidos. Vayamos a las estadísticas oficiales que acaba de publicar el Washington Post. Según las mismas “el umbral de pobreza oficial para una familia de cuatro miembros ha sido fijado en 21.203 dólares por año. La cifra de estadounidenses que viven por debajo de esa barrera de nivel de pobreza subió de 36,5 millones de personas en el 2006 a 37,3 millones en 2007.

Otro estudio oficial, de la Organización Mundial de la Salud, pone el siguiente ejemplo patético que nos llama a preguntarnos: ¿vivimos en un mundo racional? Se señala el caso de la ciudad escocesa de Glasgow, típico Primer Mundo. Se ha constatado que un niño del barrio pobre de Calton tiene una esperanza de vida de 28 años menor que otro del barrio aristocrático de Lenzie. Y partiendo del ejemplo increíble de esos dos barrios británicos comienza a analizar el problema de los “países en desarrollo”, como amablemente se les califica. Basta un caso ejemplar: en Nigeria, un niño de cada cuatro muere antes de los cinco años. En cambio, en los países del Primer Mundo, en los primeros cinco años de vida, muere un niño cada 150. “La biología no puede explicar eso”, dice la Organización Mundial de la Salud. Pero sí la pobreza, la explotación, la falta de medios, agregamos. Y algo más increíble pero cierto, para repetir: “Niños de madres bolivianas analfabetas tienen un riesgo de morir del 10 por ciento; los de madres con instrucción tienen un riesgo de morir del 0,4 por ciento”.

Osvaldo Bayer: La culpa la tienen los niños gitanos

Osvaldo BayerOsvaldo Bayer: La culpa la tienen los niños gitanos

Si un novelista hubiera escrito en 1950 que el ejército ruso bombardearía en 2008 la ciudad de Gori, donde nació Stalin, la crítica habría señalado que el escritor estaba influido por alguna droga ultrapenetrante, o que ese día se había bajado tres botellas de vodka. Si algún literato, en la década del ’50, hubiera previsto en sus líneas narrativas que un ruso nacido, criado y educado en la Unión Soviética, compraría un castillo en la Costa Azul francesa por 500 millones de euros –como ocurrió este año–, se hubiera dicho en aquel tiempo, con sorna, que el pobre escritor tenía un carcinoma en el cerebro. Si un autor de teatro hubiera descripto en 1919, en una escena de comedia, que un dirigente de un sindicato alemán, en 2008, usaría pasajes regalados por una empresa para él y su mujer en primera clase de un avión para pasar sus vacaciones en el Caribe, ese dramaturgo habría sido calificado de “extraviado, psicópata y paranoico”. Claro, con razón, porque pensemos que en 1919 los obreros que se levantaron contra el Káiser, contra la guerra y contra la injusticia, ni siquiera llevaban un sandwich de milanesa en el bolsillo ni sus dirigentes cobraban ningún sueldo. Y ahora sí: acaba de suceder con el señor Bsirske, secretario general de uno de los más importantes sindicatos de Alemania. En la Argentina, Bsirske pasaría a formar parte de la galería de los llamados “gordos”. El capitalismo echa a perder todo, ha dicho más de un sociólogo realista.

Y ya lo estamos viendo en esta Europa: para tratar de detener la violencia, al primer ministro Berlusconi no se le ha ocurrido otra cosa que poner al ejército en las calles italianas. Violencia contra violencia. Esto ha alarmado hasta a la grey católica. El semanario católico, bien burgués, La Famiglia Cristiana, de Roma, ha pegado un verdadero alarido de alerta. En su editorial señala que Italia se acerca a un nuevo fascismo. Así, sin remilgos. Principalmente, critica la “increíble dureza” berlusconiana contra los rumanos y los gitanos que viven en Italia. Y contra la política que se lleva a cabo contra los inmigrantes. Esa publicación critica también las leyes que favorecen sólo a Berlusconi, la política de medios y la participación italiana en la guerra de Irak. Pero, claro, eso lo dice la revista católica y no el Papa. El papa Ratzinger, por supuesto, se apresuró a distanciarse de la publicación a través de su vocero Federico Lombardi, quien salió a la palestra para expresar que esa opinión no es la del Papa ni la de la conferencia de obispos italianos. A lo que el valiente cura Antonio Sciortino, director de la publicación, respondió: “Nosotros nos inspiramos en el Evangelio”. Siempre hay hermosas excepciones en la historia.

Osvaldo Bayer: ¿Al revés o al derecho?

Osvaldo BayerOsvaldo Bayer: ¿Al revés o al derecho?

¿El mundo al revés o el mundo del revés? ¿El mundo al derecho o el mundo del derecho? Es lo mismo, la cuestión es que el mundo al revés se ha convertido en el mundo del derecho. ¿Anverso o reverso? ¿Cómo? Así de simple. Veamos. Unos ejemplos, apenas. Berlusconi en Italia... que si analizamos su programa se puede sostener hasta con criterio filosófico que ha impuesto la avidez como principio moral. Y con un agregado: egoísmo como precepto. Se aseguró por ley que mientras él esté como jefe de Italia, la Justicia no lo podrá llamar a rendir cuentas. Y esto se debe a que El Matador, como lo llaman, tiene un juicio por coima y lo esperan otros dos, uno por el comercio sobre derechos de televisión y el otro, también por coima a parlamentarios.

Eso, de que la Justicia no pueda actuar mientras alguien esté en el poder, en cualquier código moral no podría existir. En Italia sí, y por voto del Parlamento. ¿Cómo? ¿Acaso el Palacio de Justicia de Roma no tiene la inscripción indiscutible “Ante la ley son todos iguales”? Bien, desde hace unos pocos días y, como dicen los pesimistas: sí, pero hay algunos más iguales que otros.

La coima ya parece ser algo común, habitual, acostumbrado. Encontremos otro término más tierno: familiar. Sí. Por ejemplo, la Justicia alemana acaba de ventilar el juicio por coimas, dineros en negro y otros “usos” en la firma Siemens. Se comprobó que en esa empresa –antes catalogada en el mundo como una de las más honestas y honradas– se emplearon dineros en forma ilegal por una suma de 1,3 mil millones de euros. No, no me equivoco, claro, hay que repetirlo varias veces para poder imaginarse algo así. Es ése, la coima, el proceder que se ha hecho costumbre entre políticos y empresarios. ¿Para qué, para que las licitaciones las gane finalmente aquel que ponga más en el sobre?

Pero ahí no se detiene la inmoralidad del sistema. La misma Siemens anunció que dejará cesantes a 18.000 empleados y obreros. Hay que economizar para abaratar los productos y poder enfrentar a China. Alemania sigue siendo el primer país exportador del mundo, pero se sabe que pasará en el 2009 al segundo lugar. China pasará a ser el campeón mundial de exportaciones en el año próximo. Pero no solamente la competencia es pagada por los de abajo, que quedan sin trabajo. Sino que en el capitalismo mundial se imponen cada vez más los millonarios sueldos de los “managers”, de los “ejecutivos”. Aquí en Alemania se está discutiendo en forma ya muy agria el “autoservicio” de los altos jefes. Los gremios han denunciado, por ejemplo, que el jefe máximo de la fábrica de autos Porsche ha ganado cien millones de euros en un año. Sí, tal cual, no es un error: cien millones de euros en un año. Lo ha denunciado el ex ministro de Economía Oskar Lafontaine en el Bundestag, acusando al gobierno de incapacidad al no poder frenar el “desvergonzado manejo del autoservicio de los managers empresarios”. La avidez como principio moral.

Osvaldo Bayer: ¿Tenía razón Kafka?

Osvaldo Bayer: ¿Tenía razón Kafka?

Kafka tenía razón. A los 150 años de su nacimiento podemos tildar de “kafkiana” la realidad del mundo actual. Leo, al pasar, las noticias de un diario serio y objetivo. Primera noticia: “En Alemania, alrededor de 200.000 personas por año son internadas en institutos psiquiátricos. Y la tendencia va en aumento”. Los alemanes se han vuelto locos, pienso, pero no, el estudio señala que en los países del primer mundo la tendencia es la misma. Pero a eso hay que agregar el estudio de la Universidad de Siegen, por el cual se informa que personas de bajo status social, es decir pobres, son llevadas e internadas en los psiquiátricos mucho más que las adineradas. Por ejemplo, en general los “managers” maníaco-depresivos son calificados como “coléricos”, mientras que personas pobres son consideradas de inmediato enfermas psiquiátricas e internadas en los institutos respectivos. Y se sostiene que la psiquiatría con sus medicamentos potentes acorta la vida de los pacientes aproximadamente 25 años. Esto lo ha demostrado un reciente estudio epidemiológico realizado en Estados Unidos.

Paso la página y me encuentro con un título simpático: “Tendencia al glamour” y un señor Anil Ambani me mira desde la foto con gesto algo despreciativo. Leo: “49 años, multimillonario de la India, que pesa 115 kilogramos, va a invertir medio millón de dólares en Hollywood”. ¿Cómo, de la India, me digo, del país de Gandhi, el estoico, en aquel país de la constante pobreza extrema? Quiero convencerme de que no puede ser y sigo leyendo: “Los multimillonarios Ambani son mellizos y los dos valen como miembros vigorosos del clan de los más ricos del mundo, pero los dos hermanos se odian a muerte. Uno quiere sobresalir más que el otro y por eso Anil Ambani invierte en Hollywood, para que todos hablen de él”. Multimillonarios en la India. Buen título para un libro de Kafka. Sí, el diario que leo le dedica la central a este escritor genial. Franz Kafka, tal vez el mejor conocedor del alma humana.

Osvaldo Bayer: Mucho circo y poco pan

Pan y circoOsvaldo Bayer: Mucho circo y poco pan

Toda Europa se prepara para el Campeonato Europeo de Fútbol que comienza hoy. Si comparamos los espacios en los medios de comunicación que se le han dedicado a la Conferencia Mundial de Alimentación que acaba de finalizar con las páginas y páginas que se dedican a los comentarios y reportajes de fútbol, son diez a uno. Diez para el fútbol y uno para el hambre mundial que esa conferencia ha dejado en claro: 800 millones de seres humanos padecen hambre en el mundo; la mayoría, por supuesto, niños. Diez goles a uno: toneladas de papel sobre jugadores, pronósticos, entrenadores, hinchadas. Otros diez golazos en contra para los pobres del mundo.

Que los hay en todos los países. Desde el primer mundo hasta el tercero, cuarto. Sí, leamos por ejemplo el informe de la Asociación Federal de la Mesa Alemana. Es una organización de ayuda a hombres, mujeres y niños que no pueden alimentarse bien por falta de medios. Actualmente, se atiende a 800.000 necesitados en toda Alemania. Se les entrega pan, productos lácteos, fruta y verdura. La razón de este aumento de pobres es la suba que han tenido últimamente los precios de alimentos. Justamente ayer, viernes, se instaló la llamada “mesa larga de la solidaridad”, de 200 metros de largo, en Magdeburgo. Eso se llama verdadera solidaridad. Esta organización comenzó en 1993 en una ciudad y hoy ya hay 785 filiales en las diversas regiones alemanas. Tienen 35.000 ayudantes voluntarios que solicitan a los supermercados, panaderías o carnicerías la donación de productos sobrantes. El presidente de esta organización, Gerd Häuser, declaró a la revista Stern: “La red social no existe más en Alemania. Muchos que reciben del Estado ayuda por desocupado y jubilado, pero también madres solas con hijos, ya no llegan a comer todos los días sin nuestra ayuda”. Agregó que “cada vez aumenta más el numero de niños y los adolescentes que necesitan ayuda. Ya están llegando a una cuarta parte de los que vienen a nuestras mesas. En algunas ciudades llegan ya hasta el 40 por ciento”.

Osvaldo Bayer: Hambre y piojos

Osvaldo Bayer: Hambre y piojos

Interesante. Acaba de ocurrir en esta Alemania. Gobernada, como la califican los sociólogos de fuste, por una coalición de la izquierda “moderada” (las comillas son mías) y la derecha moderada. (La derecha siempre es moderada, en la Argentina hubo “pensadores” que calificaron a Videla de gobernante “moderado”.) Es decir, en Alemania el gobierno está compuesto por demócratas cristianos y socialdemócratas. Pues bien, el ministro de Trabajo, Olaf Scholz, salió a leer un documento oficial ante los periodistas. En ese documento, estudiado y redactado por organismos oficiales, se señala que en el 2007, en Alemania –el país mejor organizado económicamente de Europa– ha avanzado la pobreza y, al mismo tiempo, avanzado la riqueza. Se señala en ese estudio que en Alemania el 13 por ciento de la población está bajo el nivel de pobreza, y otro 13 por ciento no cae en la pobreza porque cobra del Estado ayuda por niño o el seguro de desocupación.

¿Pero cómo? ¿Acaso Fukuyama no nos aseguró que el capitalismo, por sí mismo, iba a solucionar todos los problemas económicos del mundo? ¿Qué podemos esperar si Alemania va para atrás? Claro, en lo que respecta sólo a los pobres, porque el mismo estudio oficial señala que los ricos van para adelante, a toda vela. Palabras textuales del ministro Olaf Scholz: “La tijera entre pobres y ricos se ha abierto más aún”. Bien, aquí podríamos preguntarle al ministro por qué con esa tijera no le cortan las alas al sistema económico que aplican. “Las ganancias de los ricos crecieron –agregó el ministro– y la clase media se ha estancado.” Tal cual. Y agregó: “Es deprimente, en especial, que haya crecido el número de los que trabajan y a pesar de ello se encuentran en situación de riesgo de caer en la pobreza”.

Osvaldo Bayer: La corrupción del modelo

Globalización da corrupciónOsvaldo Bayer: La corrupción del modelo

El oro destruye más que la pólvora. Los alemanes están deprimidos. En el país considerado el más organizado del capitalismo y donde la ética parecía mantener sus principios, han ocurrido sucesivos casos de corrupción increíbles. El “caso Zumwinkel” dejó a todo el sistema en su absoluta desnudez. El director de Correos en Alemania, una especie de ministro de Comunicaciones, demostró que para él el dinero era su máxima vocación. Hizo negocios por millones de euros y los depositó en Liechtenstein, el pequeño Estado europeo que juega el mismo papel en Europa que las islas Caimán en América. Lo que se gana en negro y en blanco se deposita allí y no hay que dar ninguna explicación y no pagar ningún impuesto.

Claro, los ávidos de dinero se creen todopoderosos. Pero siempre hay alguien de sus filas que los traiciona o que denuncia, por dinero, claro.

Es lo que pasó en el caso Zumwinkel. Un empleado de uno de los bancos de Liechtenstein, o mismo algún integrante del directorio, pasó al servicio de investigaciones alemán un CD con los nombres de los anónimos depositantes millonarios. Pero para entregar ese disco exigió más de cuatro millones de euros y, además, que jamás se diera a conocer su nombre. Luego de muchas discusiones entre los responsables, se accedió a pagar ese dinero. Y la olla podrida estalló ensuciando a todo el sistema. Actualmente, la fiscalía general alemana ha comenzado la investigación de setecientos acaudalados empresarios. Más de 3400 millones de euros se habrían depositado en Liechtenstein ignorando el deber impositivo.

La reacción de la sociedad fue estupor y vergüenza. Se ha llegado al límite. El sistema comenzó a temblar. Y surgió la pregunta: ¿Es imposible frenar la sed de riqueza de los ricos? Riqueza significa, por cierto, más poder. Y más poder para una minoría significa menos democracia para todos.

Osvaldo Bayer: Occidentales, cristianos y moderados

Osvaldo Bayer: Occidentales, cristianos y moderados

El capitalismo y las democracias parlamentarias lo iban a solucionar todo. Este optimismo interesado se pronunciaba con voz grave en la década del cincuenta. Estoy en Alemania, en la que he residido en varias oportunidades justamente desde esa década. La regla era aquello de la “libertad de competencia”. El ansia de ganancia nos llevaría al progreso porque así todos debían dar lo mejor de sí si querían llevar una vida cómoda. Es decir, en otras palabras, el progreso venía si se luchaba por más poder. Y a eso está llegando el primer mundo. Están los que cada vez tienen más poder al poseer más dinero, pero también los que se van quedando al margen, a pesar de la advertencia de los que pregonan una repartición justa y viven con la humildad que enseña la sabiduría.

Las últimas estadísticas demuestran a lo que se ha llegado en Alemania, sin duda alguna el país capitalista mejor organizado. Comencemos por lo que ganan los ejecutivos de las grandes empresas germanas. (Hagamos la aclaración que ganan menos que los ejecutivos de las empresas norteamericanas y de muchas británicas y francesas.) Son cifras tan descabelladas que cabe la pregunta: ¿qué hacen con tanto dinero? Estos son los datos oficiales: Harry Roels, el titular de la firma energética RWE ganó en el 2006, 16.560.000 euros de sueldo. Josef Ackermann, presidente del Deutsche Bank (Banco Alemán), 13.210.000 de euros en el 2006 y 11,9 millones, en el 2005. Dieter Zetsche, titular de Daimler-Chrysler; 5,09 millones. Ulrich Lehner, de Henkel, 6,10 millones; Wolfgang Mayrhuber, de Lufthansa, 4,62 millones. Jürgen Hambrecht, de BAFS, 6,06 millones; Reithofer, de BMW, 2,8 millones; Werner Wenning, de Bayer, 3,47 millones; Bernd Pietschrieder, de Volkswagen, 3,53 millones; Klaus Kleinfeld, de Siemens, 3,62 millones (2006) y 3,27 millones (2005); Herbert Hainer, de Adidas, 3,79 millones (2006) y 4,17 millones,(2005); y sigue la larga lista.

Osvaldo Bayer: Ved en trono a la noble igualdad

Osvaldo Bayer: Ved en trono a la noble igualdad

Me causó sorpresa que el diario alemán liberal por excelencia –liberal, claro está, en lo económico– produjera un estudio tan profundo sobre la pobreza en Alemania.

Sí, y lo repetimos, pobreza en el país modelo del capitalismo del Primer Mundo. Es que claro, esa publicación debe ser como un llamado de atención. Un “no exageremos, porque puede pasar algo”. Es decir, pensar como Bismarck, el conservador por excelencia, quien solía decir: “Hay que mantenerlos contentos a los pobres porque si no se hacen socialistas”. Y esta vez le tocó esa misión al diario Frankfurter Allgemeine Zeitung, que publicó un estudio serio y profundo llamado “La pobreza, la vergüenza y la felicidad”, de la socióloga Julia Schaaf. Y el subtítulo es un verdadero llamado a la razón: “Un país pobre en niños no puede permitirse la pobreza infantil. El futuro de los niños está en peligro”. Sí, así, nada menos. En Alemania. ¿Cómo? ¿En el país que hasta hace un año y medio era el más grande exportador del mundo –ahora superado por China– corre peligro el futuro de los niños? No, no puede ser. Más sabiendo que los alemanes tienen tan pocos niños. Después de Italia y España –que baten todos los records de no natalidad– está Alemania.

Osvaldo Bayer: En qué mundo vivimos

Osvaldo Bayer: En qué mundo vivimos

Este viernes 17 leo en Bonn los titulares de los dos diarios que recibo. El Frankfurter Rundschau (liberal él) titula a toda tapa: “Las bolsas de comercio entre el cielo y el infierno”. Leo, pero del cielo habla poco y todo parece que el mercado de acciones de EE.UU. habla de crisis e insolvencia. El otro diario, bien conservador por cierto, el General Anzeiger de Bonn, titula con algo que parece sacado de una opereta de carnaval: “El sindicato de policías exige tanques” y en la misma página algo realmente triste, porque se trata de niños. Dice: “Crece el número de niños pobres”. Leo rápidamente para saber si es en Latinoamérica o en Africa o... No... lo leo tres veces, es en Alemania, donde –y esto es la estadística oficial– existen 1.929.000 niños bajo el nivel de pobreza. Casi dos millones.

De niños bajo el nivel de pobreza, repito. Sí, sí, el 17 por ciento de los niños menores de 17 años que viven en familias que reciben el “Plan Hartz IV”, plan que reemplazó a la ayuda a los desocupados en forma absolutamente negativa. Y esto a pesar de que ha disminuido en las últimas décadas el número de nacimientos.

Osvaldo Bayer: ¿Somos idiotas útiles?

Osvaldo Bayer: ¿Somos idiotas útiles?

Somos todos idiotas útiles. Cada vez más. ¿Tiene usted alguna duda? Leamos las últimas estadísticas de la compra de armas en el mundo. Es algo para no creer. China gastó en 2006 más de tres mil millones de dólares en comprar armas (exactamente 3261 millones), después le siguen los Emiratos Arabes con 2439 millones de dólares. En tercer lugar, es de no creer, la India (plena de problemas con las catástrofes de los tifones que le destruyen pueblos enteros), con 1672 millones. En cuarto lugar, esto sí que no se puede creer, Grecia, sí, el pequeño país aquel de Sócrates y Platón, en vez de editar libros (por supuesto no de Sócrates, aunque Menem sostuvo haber leído un libro de él pero sí de Platón y de todos sus pensadores y regalarlos al mundo entero). ¡Cómo amaríamos a Grecia, si hiciera eso! No, al contrario, compra armas. En lugar del diálogo socrático, tanques, ametralladoras, bombas, bombas. ¿Quién ocupa el sexto lugar en la importación de armas? En esto sí que la realidad supera a toda fantasía humana. Chile: con más de mil millones de dólares (1125 millones). Pero no el Chile de Pinochet sino el Chile de la señora Bachelet y el señor Lagos, socialistas los dos. Pero cómo, ¿no creímos siempre que la mujer es pacifista por naturaleza porque es la que trae la vida? ¿Bachelet es una Thatcher cualquiera? Chile importa más armas que Israel. Sí, sí (este país ocupa el lugar siguiente, con 994 millones) y que el mismísimo Irán (con 891 millones) y casi el doble que Alemania (con 529 millones), que ocupa el lugar decimocuarto en la lista de Sipri.

Osvaldo Bayer: No todo es fútbol en Alemania

Osvaldo Bayer: No todo es fútbol en Alemania

Alemania no es sólo la del fútbol. En esta semana se han producido dos sucesos que tienen que ver sí, sin exagerar, con el futuro de la humanidad. El primero, la irracionalidad del sistema económico, que lleva a ironías que transgreden cualquier fantasía. El segundo tiene que ver con el futuro del ser humano, que es la maternidad, justamente el origen de todo, y a la cual no se la puede ya pasar por alto como se hizo hasta ahora.

Osvaldo Bayer: Los dueños de la regadera

Osvaldo Bayer: Los dueños de la regadera

Los recuerdos me hacen acortar las distancias pero no estoy en el Plata sino en el Rhin y al leer las noticias de aquí me encuentro con un estudio que me hizo mirar hacia el sur y pensar: un estudio de Doris Schneyink y Jan Boris Wintzenburg, con datos de la Fundación Böckler (www.lohnspiegel.de), constata que el trabajador alemán cada vez tiene que trabajar más por cada vez menos dinero. Está detrás de él el fantasma de la desocupación, como siempre, cerca de cinco millones. Y en todo el mundo capitalista se encuentran cifras parecidas. Es el sistema. No hay aumentos, y si se amenaza con paros u otras medidas la respuesta es típica: “Bien, entonces la empresa se va a Hungría, a Polonia, a Rumania donde los salarios son increíblemente más bajos”. Sí, a pesar de que este año ha sido muy bueno para las empresas: desde la Volkswagen a la Allianz han repartido el año pasado más de 18 mil millones de dividendos a sus accionistas. En cambio, se calcula que los 34,3 millones de trabajadores alemanes van a tener menos dinero en su beneficio. Otro año igual al 2004, cuando el trabajador promedio alemán perdió el 2,7 de su poder de compra. En una palabra: el trabajo cada vez se cotiza menos. En la DaimlerChrysler, un técnico de construcción de autos va a perder –así se calcula– el 2,79 por ciento de su sueldo en el presente año, y a los ingenieros aeronáuticos se les pagarán menos bonificaciones, se ampliarán los horarios de trabajo y, en general, con respecto al sueldo ya se llegó a aceptar la “ronda cero”, es decir ninguna renovación de convenio, se seguirá con la misma tarifa. En donde sí hay crecimiento es en la inquietud de los obreros y en la mayor producción. La cantidad de aviones para los cuales se es responsable de la seguridad, se ha duplicado. Por supuesto, el argumento de las empresas es siempre igual: “En Alemania los costos salariales son demasiado altos si se comparan con el mercado mundial de trabajo. Y hay que mantener constantemente la competencia con esos mercados. No hay otra salida que rebajar los salarios”.

Distribuir contido