Políticas institucionais

Gabriel Tortella: Todo queda en casa

Gabriel Tortella: Todo queda en casa
Gabriel Tortella es catedrático de la Universidad de Alcalá, premio de Economía Rey Juan Carlos 1994

Qué tiene de malo la endogamia universitaria? ¿No es bueno que a medida que a un departamento se sumen nuevas generaciones sean los allí formados los que recojan el testigo, bien compenetrados con el ambiente y los métodos de trabajo? La respuesta categórica es 'no'. No hay endogamia buena y endogamia mala: la endogamia universitaria es toda mala en cualquier caso. Tampoco hay incesto bueno e incesto malo, aunque se pudiera argumentar que nada mejor que dos hermanos, o madre e hijo, o hija y padre, para constituir un matrimonio bien avenido. Al fin y al cabo, comparten valores, costumbres y genes.

La endogamia es mala porque no se puede ser buen universitario sin haber trabajado en centros distintos, a ser posible bien alejados geográfica y científicamente. La enclaustración monacal estará muy bien en el mundo de la mística, pero no en el de la ciencia. Un buen universitario no puede adolecer de lo que Bertrand Russell llamaba 'el dogmatismo de los que no viajan'. Existe además el peligro de las fidelidades personales. El profesor que lo debe todo a su maestro no es un verdadero universitario, y existe el peligro de que carezca de verdadera independencia de juicio, que es más importante en la Universidad que la simple acumulación de saber. Por eso están consagrados en el mundo académico los intercambios, los sabáticos y demás instrumentos de ampliación de horizontes científicos. Y también por eso, el artículo 37 de la LRU establece que no podrían concursar a plazas de profesor titular quienes hubieran estado contratados más de dos años en la propia universidad convocante de la plaza. El precepto está redactado de manera muy débil y admite excepciones que, por supuesto, han dado lugar a toda clase de corruptelas. Pero la motivación es la correcta.

Incentivos perversos. Sin embargo, el propio mecanismo de la ley ha creado toda una serie de incentivos perversos que favorecen la endogamia. No es sólo el amiguismo, tan arraigado en la sociedad española; hay también motivos políticos y económicos. Si una oposición la gana el candidato de fuera, el de casa permanece en su puesto (¿quién despide a la pobre víctima, uno de los nuestros?), y donde había que pagar un sueldo, ahora hay que pagar dos.
Por otra parte, si al rector se le ocurriera la locura de intentar que la oposición no estuviera amañada en favor del candidato de casa, por ejemplo, nombrando a los miembros de la comisión con arreglo a la ley (es decir, con 'criterios objetivos y generales' que 'garanticen la igualdad de condiciones de los candidatos', no permitiendo, por tanto, que los designe el de casa, como se hace ahora), se encontraría con dos graves problemas: el primero, económico, que ya hemos visto; el segundo, el político. Porque un rector que hiciera la quijotada de imponer la ley y la ética por encima de los chalaneos de los departamentos iba a durar muy poco en su puesto, al haberse granjeado la enemiga de los barones departamentales, los 'grandes electores'. A esta abyecta dependencia de los rectores con respecto a las camarillas la llaman los interesados 'autonomía universitaria'.

La consecuencia de este mecanismo aberrante es que los mediocres logran los puestos y los buenos investigadores pasan a enriquecer las universidades extranjeras, más flexible e inteligentemente organizadas. Apenas hay ningún campo científico hoy donde se pueda ser competente sin haber hecho estudios en una universidad anglosajona, escandinava o germana. Pero los que cometen la temeridad de intentar superarse ponen en gravísimo peligro su carrera en España: su puesto quedará casi invariablemente ocupado por el calientasillas que se queda a repetir un programa y trabajarse a los caciques. La prueba de esto es que nueve de cada diez puestos se han cubierto en las universidades españolas con candidatos locales. En ningún otro país donde se recopilen estadísticas de este tipo es tan alta la endogamia. En Estados Unidos, en concreto, la proporción viene a ser la inversa: sólo un 10% de los profesores se recluta en casa. Estas cifras son conocidas y contribuyen al desprestigio internacional de nuestras universidades. Huelga decir que la endogamia defrauda a estudiantes y contribuyentes y lastra nuestro futuro intelectual y económico.

Soluciones. ¿No hay salida? Puede haberla. Una solución de la que se habla mucho estos días es la 'habilitación', el requerir un examen nacional (o estatal), sustraído de los trapicheos locales, que 'habilite' a los candidatos. Las universidades sólo podrían contratar a profesores habilitados. Esta solución, de inspiración alemana, se viene discutiendo aquí desde hace muchos años. A los beneficiarios del sistema endogámico, la habilitación les parece un atentado a la sacrosanta autonomía. Es un sofisma: están defendiendo sus fuentes de poder. La pretendida autonomía universitaria no se da en España, donde el 80% de los ingresos de la universidades proviene de subvenciones estatales en función del número de estudiantes, y no de la calidad de los centros. Con este sistema, la Universidad de Harvard obtendría mucho menos apoyo estatal que cualquier monstruo masificado, porque tiene pocos estudiantes. Con este sistema, una universidad no se ve perjudicada por tener un claustro de mediocres, y cuanto más autónoma, es decir, cuanto más sujeta a los intereses de los caciques departamentales, mayor será su coeficiente de mediocridad.

La habilitación debiera ir complementada por un sistema de subvención a las universidades que estuviera relacionado con su calidad. Hay muchos indicadores de calidad que se podrían combinar, pero los méritos científicos de los profesores constituyen quizá el más importante. En España funciona desde hace más de diez años una Comisión Evaluadora de la Actividad Investigadora del profesorado cuyos informes podrían perfectamente utilizarse como indicador de la excelencia universitaria. Quizá si percibieran claras ventajas económicas en contratar buenos profesores comenzaran las autoridades académicas a exigir que se aplicaran la ley, la lógica y la ética en la selección del profesorado.

El País, 08/04/01

Jesús Núñez Velázquez: El futuro de las universidades privadas en España

Jesús Núñez Velázquez: El futuro de las universidades privadas en España
Jesús Núñez Velázquez es Presidente de ACADE

Si exceptuamos a las Universidades confesionales, producto del Concordato con la Santa Sede de 1953, la historia de las Universidades Privadas en España es muy reciente. Tanto, que actualmente están cumpliendo el primer lustro de vida, o poco más. En este lapso de tiempo, las universidades privadas han conseguido consolidarse y captar algo más del 5 por ciento del alumnado superior, que en su conjunto representa 1.600.000 estudiantes.

Es un buen resultado para unas instituciones creadas ex novo, que aún deben demostrar todas sus capacidades y acumular prestigio, y que deben competir con unos centros públicos superiores que subvencionan más del 80 por ciento de la docencia que imparten: mientras que el coste real de la plaza de una Universidad pública está por encima de 500.000 pesetas, el alumno apenas paga 100.000 pesetas. corriendo el resto a cargo del Estado o de entidades colaboradoras.

Mientras tanto, y como es lógico, las Universidades privadas no solamente deben repercutir el cien por cien del coste de la enseñanza, sino que además tiene que amortizar las cuantiosas inversiones realizadas en edificios y equipamientos. Por todo ello, el esfuerzo económico que debe hacer el alumno, o su familia, para acudir a uno de nuestros centros, es muy superior al que se requiere para cursar estudios en la Universidad pública. Por lo demás, la Ley no contempla ningún tipo de desgravación o deducción fiscal a las cantidades invertidas en formación superior privada, mecanismo que de existir contribuiría algo a igualar los costes.

En estas condiciones, haber ganado la confianza de más de 80.000 estudiantes en apenas cinco años es un verdadero éxito, como lo es también el sentido creciente de la “cuota de mercado” de las privadas en el total de educación superior de nuestro país.  

A este éxito ha contribuido la mayor importancia que está adquiriendo el factor humano en el mundo de la producción y de las empresas,  y todos somos conscientes de que la clave del factor humano está en la adecuada formación de los profesionales del futuro. Las Universidades privadas realizaron desde el inicio una apuesta por la excelencia educativa, que en el caso de la Alfonso X El Sabio se ha traducido en aunar docencia, investigación y prácticas en las empresas, desarrollando aquéllas titulaciones específicas que más horizonte profesional presentan, y por ello más posibilidades de rápida inserción en el mercado de trabajo.

Hemos procurado huir de la burocracia, la rutina y la masificación que durante tanto tiempo ha caracterizado al modelo universitario español, y no sin muchas resistencias e incomprensiones, lo hemos conseguido. En este nuevo modelo, los titulados de la Alfonso X El Sabio presentan unas posibilidades de desarrollo profesional casi inmediatas, una vez obtenida su licenciatura.

¿Y cuáles son las expectativas en un futuro próximo?  

Por una parte constatamos un dato preocupante: España tiene una de las tasas de natalidad más bajas del mundo, de suerte que es previsible que las generaciones de jóvenes que en el futuro se incorporen a la Universidad sean menos numerosas que las actuales. De hecho, ya este año han quedado vacantes más de 30.000 plazas en las Universidades públicas españolas. En un primer análisis, si sobran plazas en centros públicos que subvencionan el 80 por ciento del coste de la docencia, con más razón deberían quedar vacantes plazas en universidades privadas que deben cobrar el coste real.

Sin embargo, para que este análisis sea ajustado a la realidad hay que introducir otras variables también muy importantes: en primer lugar, y como ya he señalado, la importancia creciente que se le da a la calidad de la formación en un mundo en que prima el factor humano, hace que los alumnos y sus familias estén dispuestos a pagar más si con ello aseguran una educación de calidad y adecuada a las exigencias del actual mercado de trabajo.

Además, las plazas actualmente sobrantes se producen en carreras y titulaciones con menor capacidad de ser absorbidas por el sistema productivo, y como es lógico, las privadas han centrado sus esfuerzos en las otras, en las que presentan mayor demanda.

Abundando en la cuestión, la tasa de escolarización de los jóvenes sigue aumentando: hace unos diez años esta tasa, para jóvenes de 18 a 20 años, apenas llegaba al 40 por ciento, y hoy día alcanza el 60 por ciento. En otras palabras, que aunque va a haber menos jóvenes, un porcentaje mayor de éstos cursarán estudios universitarios.

Por otra parte, y si en enseñanza media la cuota de mercado de los colegios privados (no públicos ni concertados) están en el 27 por ciento, no hay razón para que en educación superior la iniciativa privada no llegue a proporciones similares, y debemos recordar que aún estamos en el 5 por ciento.

Así pues, y aún manteniendo el muy desfavorable marco de competencia actual, es previsible que:  

  • Las Universidades privadas tendrán mayor penetración que ahora, aunque sea en un mercado que en valores absolutos se reducirá.
  • La creciente tasa de escolarización superior paliará en parte la disminución de la natalidad, y esto beneficiará igualmente a los centros privados superiores.
  • Las familias harán su elección basándose en excelencia educativa, combinación de prácticas e investigación y en salidas profesionales, y en todo ello las privadas están muy bien situadas.
  • Y por último, aunque no menos importante, las Universidades privadas no suelen presentar los condicionamientos lingüísticos y políticos que hoy caracterizan a tantas universidades públicas controladas por gobiernos autonómicos que amoldan la docencia a sus designios. La asepsia, la objetividad y la libertad de cátedra son hoy factores que sin duda apoyarán el desarrollo de nuestros proyectos.  

En conclusión, hay más motivos para la esperanza que para el pesimismo, y todo ello en un escenario como el actual que mantenga los rasgos de competencia desleal, trato discriminatorio e injusticia fiscal para nuestros centros.

Si fueran deducibles las cantidades invertidas en educación universitaria privada; si por fórmulas de “cheque escolar” los alumnos sin posibilidades económicas pudieran acudir a nuestros centros; si la subvención en la universidad pública se concediera solamente a alumnos que unieran a sus buenas notas una demostrable incapacidad económica; si fuera posible que una mala universidad pública acabara cerrando sus puertas, como lo debe hacer un centro privado que fracasa en su proyecto, entonces el futuro de las universidades privadas sería todavía más halagüeño, como lo sería el futuro de  nuestro sistema educativo, la calidad de nuestros profesionales y el porvenir económico de España.

Lamentablemente, nada nos hace pensar que todas estas reformas se realicen. De hecho, ni siquiera las contempla el traído y llevado “Informe Bricall”, así que debemos ser realistas y escrutar nuestro futuro a la luz del marco regulatorio actual, que es tan malo para nosotros que difícilmente puede empeorar. Y aún en este marco, si somos capaces de mantener la calidad educativa y la conexión con las necesidades empresariales, las Universidades privadas tendremos asegurado el futuro.

Anuario Entre Estudiantes, 01/03/00

Carlos Berzosa: "Hay que descentralizar la Complutense"

Carlos Berzosa: "Hay que descentralizar la Complutense"

Líder del movimiento de izquierdas en la universidad, catedrático de Economía Aplicada, decano en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Complutense de Madrid y sin filiación política actual, Carlos Berzosa reclama en esta entrevista una universidad mejor gestionada y descentralizada, con más nivel de autonomía económica, docente y de investigación, que ponga más énfasis en la calidad que en la cantidad y que solucione el problema de las prácticas. Ve las "funcionarización" como una de las mejores salidas para el profesorado inestable, considera que el Ministerio de Educación y Cultura no tiene una política universitaria orientada al futuro, que la Complutense ha sufrido una privatización y que las universidades privadas deben autofinanciarse.

Cambio 16, 23/02/98

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