Políticas institucionais

Educación reduce el préstamo para los estudios de posgrado

Educación reduce el préstamo para los estudios de posgrado
Se mantienen las mismas condiciones de financiación desde el año pasado
No hay interés al 0%, se desliga de la renta futura y no varían los plazos
El Ministerio mejora este año las condiciones de devolución del préstamo.

Ampliar la formación con estudios de máster o doctorado es una opción atractiva para miles de estudiantes universitarios cuando finalizan sus enseñanzas académicas.

Para facilitar el acceso a esta formación de posgrado, el Ministerio de Educación Cultura y Deporte ha convocado la nueva línea 2011 del programa Préstamo Renta Universidad.

Las condiciones de financiación ya se recrudecieron en 2011 respecto a las ediciones anteriores y se mantienen para este curso académico: no hay interés al 0%, se desliga de la renta futura y no se varían los plazos de carencia (tiempo en el que no se amortiza el dinero y se abonan solamente los intereses), pero se aumentan los años de amortización para la devolución.

Tanto en  la anterior convocatoria como en la vigente la evolución de las becas y ayudas al estudio de Educación se ha restringido de forma considerable. El presupuesto se ha reducido a la mitad con respecto al año pasado, cuando se destinaron 100 millones de euros frente a los 45 de este año, y las condiciones se mantienen más duras que en las primeras ediciones.

Los motivos hay que buscarlos en la situación económica que vive el país. Tal como recoge la orden ministerial que regula la nueva línea del Préstamo Renta Universidad, para este curso 2011-2012 la convocatoria se adecua a las medidas adoptadas "para reforzar la eficacia de la gestión del gasto público y la tesorería".

Nuevas condiciones

La finalidad de los préstamos es facilitar el acceso a enseñanzas universitarias oficiales de máster y doctorado impartidas en España o a la formación equivalente en los países del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), Estados Unidos y Canadá.

El programa consiste en financiar estos estudios mediante una ayuda inicial para cubrir los gastos de matrícula (máximo 6.000 euros para 120 créditos) y, si se desea, una renta mensual (máximo 800 euros, en 12 mensualidades para estudios de 30 a 60 créditos de un año de duración y en 21 mensualidades, para estudios de 60 créditos o más de dos años) durante el periodo de formación, para subsanar otros gastos adicionales como la residencia o la manutención.

  • Cuantía: los solicitantes pueden recibir en préstamo una cantidad máxima de 15.600 euros, en el caso de que los estudios tengan una duración de un año académico, o hasta 28.800 euros si se prolongan a dos cursos. Cuando se cursen estudios de máster o doctorado en el extranjero, las cuantías máximas se incrementarán con la cantidad del suplemento, "siempre y cuando el préstamo solicitado superara el máximo señalado para cada caso". Como el plazo de solicitud del préstamo se ha abierto una vez iniciado el curso académico, los interesados en la renta mensual pueden solicitar el abono retroactivo de las mensualidades.
  • Plazos: la duración del préstamo difiere en función de la carga académica de los estudios para los que se solicita. Para un máster o doctorado de 30 a 60 créditos, tendrá dos años de carencia y ocho de amortización; para estudios de posgrado de 90 créditos, tres años de carencia y doce de amortización; y para los de 120 créditos, cuatro años de carencia y dieciséis de amortización. Estos plazos son obligatorios para todos los solicitantes, con amortizaciones lineales y mensuales.
  • Intereses: el mayor atractivo de este programa en anteriores convocatorias era que la financiación carecía de intereses. Sin embargo, para los préstamos obtenidos para este curso desaparece el interés 0% y el préstamo tendrá un interés fijo al 5,433%. El Ministerio de Educación subvencionará parcialmente los préstamos con una ayuda equivalente a la cantidad que resulte de aplicar durante los años de carencia el citado tipo de interés.
  • Requisitos de los solicitantes: las medidas restrictivas también afectan de forma parcial a los requisitos que se deben cumplir para solicitar el Préstamo Renta Universidad. El pasado año se incorporó una nueva cláusula que se mantiene y restringe el acceso a quienes hayan obtenido rentas superiores a 22.000 euros en el ejercicio anterior (2010).

Quién puede solicitarlo

Hasta el 30 de mayo estará abierto el plazo para solicitar la nueva línea del Préstamo Renta Universidad 2011. Pueden acceder al programa de financiación los graduados universitarios que realicen o vayan a realizar en el curso académico 2011-2012 estudios de posgrado de máster o doctorado en España, países del EEES, Estados Unidos o Canadá. Deben cumplir los siguientes requisitos:

  • Tener nacionalidad española o de un país de la Unión Europea o no comunitario (con permiso de residencia), siempre que hayan residido en España los cuatro años anteriores a la fecha de presentación de la solicitud.
  • Haber obtenido un título oficial de grado o equivalente, que faculte para el acceso a enseñanzas de posgrado, con posterioridad al 1 de enero de 2000.
  • Tener formalizada la matrícula o haber sido aceptado en estudios oficiales de posgrado en España, en un país del EEES o Estados Unidos o Canadá, con una carga lectiva de al menos 30 créditos ECTS o equivalente en el caso de los másteres, o de un año académico para el doctorado.
  • No haber obtenido previamente otro título de máster oficial ni en España ni en otro país y no haber percibido el Préstamo Renta Universidad en ninguna de las anteriores ediciones.

20 minutos, 13/01/12

Renan Vega Cantor: La calidad educativa una noción neoliberal propia del darwinismo pedagógico

Renan Vega Cantor: La calidad educativa una noción neoliberal propia del darwinismo pedagógico

“El discurso de la calidad en educación funciona como una ‘práctica discursiva’, al tiempo que contribuye a dar credibilidad y legitimación a las nuevas acciones que declaren retóricamente pretender incrementarla. ‘Calidad’ se convierte… en un término ‘fetiche’ que permite dar un ‘barniz’ de excelencia a las prácticas cobijadas. ‘Calidad’… tiene el don de la ubicuidad: la podemos colocar ante los más diversos objetos, acciones, o productos; al tiempo que entenderla de múltiples formas (resultados, innovación, valores intrínsecos, satisfacción del cliente, etc.)”.

Antonio Bolívar, La educación no es un mercado. Crítica de la “gestión de calidad total”, en Aula de la Innovación Educativa, Nos 83-84, julio-agosto de 1999, p.80.

Entre los cambios que han afectado a la educación en las últimas décadas sobresale la imposición de una nueva lógica, propia de la empresa privada, que ha venido acompañada de la implantación de un nuevo lenguaje, importado en gran medida del ámbito gerencial. Entre algunos de los términos que han hecho carrera en el mundo educativo se encuentran privatización, competencias, medición de resultados, rendimiento de cuentas, competitividad, eficiencia, eficacia, estándares, acreditación y calidad, ligados a otros más generales como los de “sociedad del conocimiento” o “era de la información”.

Entre estos vocablos sobresale el de calidad educativa, una de las muletillas más socorridas del discurso neoliberal en todo el mundo y, por supuesto, no lo podía dejar de ser en Colombia, donde esa retórica ha penetrado en todas los niveles del sistema educativo, incluyendo a la universidad pública.

Lo preocupante estriba en que al mismo tiempo que gran parte de los críticos del neoliberalismo pedagógico rechazan con firmeza la privatización y mercantilización de la educación y la nueva lengua franca que se impuesto, ellos mismos aceptan sin ninguna distancia crítica la noción de calidad de la educación, como si este término se pudiera aislar del resto del proyecto neoliberal, y fuera posible y deseable incorporado a una propuesta de defensa de la educación pública.

En este artículo se pretende demostrar que un proyecto de educación crítico e integral, no puede asumir el término de calidad educativa ni, por supuesto, su contenido, porque éste forma parte del darwinismo pedagógico que se ha impuesto en las últimas décadas y que ha arrasado con los sistemas públicos de educación en todo el planeta.

Esta crítica a la noción neoliberal de calidad educativa se hace a partir de la premisa que “ha llegado el momento de comenzar a pensar en utilizar otros conceptos para referirnos a propuestas de política educacional que tengan como objetivo promover una educación que considera al ser humano como una totalidad que debe interactuar con la sociedad de forma consciente y no como quien está llamado a concretar un legado natural” [i] .

Manuel Pérez Rocha: Negocios y engaños

Manuel Pérez Rocha: Negocios y engaños

El editorial de La Jornada del pasado martes 10 de este mes analiza con gran acierto el mal llamado "Programa Nacional de Financiamiento a la Educación Superior" anunciado por Felipe Calderón un día antes. El citado "programa", cabe subrayar, es un indignante conjunto de engaños. El primero está en el nombre mismo de lo anunciado, pues no es nacional y no " financia" a la "educación superior" –pues por tal se entiende al conjunto de todas las instituciones de ese nivel educativo–, sino sólo a un conjunto (ahora 18) de las selectas instituciones privadas que lo imparten.

En realidad, señala con acierto el editorial de La Jornada, se trata de un negocio bancario que beneficiará a esas instituciones educativas privadas, lucrativas, y a un conjunto de bancos, la mayor parte extranjeros (los gigantes HSBC, BBVA y Santander) y una Sofol apoyada por el Banco Mundial. Para los bancos y la Sofol no hay el menor riesgo: el "programa" está garantizado por Nacional Financiera (Nafin) y la Secretaría de Hacienda y Crédito Público; los eventuales tropiezos serán pagados con recursos públicos; cobrarán sus intereses (10 por ciento según lo anunciado, pero en el folleto de Nafin ponen como "ejemplo indicativo" 12.5 por ciento) y el capital también está asegurado pues, para otorgar el crédito, se exige al estudiante contar con un "deudor solidario o aval con relación patrimonial" (engañosamente Calderón anunció que se eliminaba el requisito de una garantía hipotecaria); otros requisitos son que ni el estudiante ni el deudor solidario tengan "experiencia negativa en Buró de Crédito" y la contratación de un seguro de vida para el estudiante.

El director de Nafin promete a los bancos, para asegurarles clientes, que "las propias universidades harán un esfuerzo promocional con los estudiantes que quieran ingresar a su plantel mediante pláticas y material publicitario, y los bancos instalarán módulos de atención en los campus más importantes para orientar y recibir las aplicaciones (sic) correspondientes". Es necesario demandar que se hagan públicos los contratos de Nafin con los bancos, pues no queda clara la razón por la cual el gobierno destina ahora 2 mil 500 millones de pesos a este "programa", y llama la atención el entusiasmo de los bancos.

Una exigencia adicional a los estudiantes, para otorgar el crédito, es mantener como mínimo un promedio de calificaciones de ocho, lo cual implica que sea alumno regular y dedique tiempo completo a los estudios. ¿Cuántos jóvenes mexicanos podrán cumplir esas exigencias económicas y escolares? Un engaño de fondo es, pues, la afirmación de que con este programa se democratizará el acceso a la educación superior, se logrará una "sociedad mas cohesionada, más igualitaria y más solidaria" y se brindará "igualdad de oportunidades a todos los jóvenes". Este programa, se anuncia, " liberará, además, recursos para que las familias puedan destinar una mayor parte en vivienda o en ahorro para el futuro, suavizando el patrón de gasto que implica la educación". ¿Cuáles familias? Las familias privilegiadas que envían a sus hijos al Tecnológico de Monterrey –donde se anunció este programa– y otras instituciones semejantes, las cuales destinan parte de sus recursos a pagar altas colegiaturas. Aun con el crédito, los pagos están fuera del alcance de la gran mayoría de las familias mexicanas. En el folleto de Nafin se presenta un ejemplo: en el último semestre de su carrera el estudiante "beneficiado" con el crédito estaría pagando mil 875 pesos mensuales de intereses y 5 mil 555 pesos semestrales de complemento de colegiatura; los siguientes seis meses "de gracia" estaría pagando mil 875 pesos mensuales, y a partir de que consiga un empleo (en no más de seis meses) deberá efectuar 108 pagos de 2 mil 784 pesos mensuales. Resultado: por una carrera cuyo costo es 230 mil pesos acabaría pagando 371 mil 500 pesos en un plazo máximo de 10 años (sólo en colegiaturas).

El programa se estableció para ayudar a resolver los problemas de algunas de las familias de la "clase media alta" con dificultades para pagar las elevadas colegiaturas de esas instituciones lucrativas, procurar que no disminuya la clientela de éstas, garantizarles el pago de las colegiaturas con la obligación bancaria adquirida por las familias y dar una nueva oportunidad de negocios a los bancos. Nada tiene que ver con las necesidades de la juventud mexicana y la construcción de una sociedad igualitaria y democrática. El programa es expresamente elitista, están excluidos los estudiantes de las instituciones públicas y los de las privadas no incorporadas a él. Es indignante que se presenten dichos negocios como "Programa Nacional de Financiamiento a la Educación Superior".

Con desmesura incomparable, tanto Calderón como los demás oradores en la ceremonia en la que se presentó este negocio proclamaron que con él "se elevará la productividad de nuestro país", y esto " se traduce en mayor inversión y creación de empleos", se fortalecerá "el desarrollo social de México y esto trae consigo menores tasas de delincuencia, reforzando así y complementando la estrategia de seguridad del país".

De manera reiterada, Calderón identificó a la educación privada como "la educación de calidad". Como indicador casual de dicha "calidad" está el siguiente párrafo de la intervención del rector general del Sistema Tecnológico de Monterrey en la ceremonia de presentación del "programa": "Cuando yo vi toda la oportunidad de muchachos que no tienen oportunidad, que tienen un gran liderazgo y no tienen la oportunidad de acceder a la educación, cuando empecé a darme cuenta que (sic) el Tecnológico, más de la mitad de los alumnos tienen oportunidad de tener algún tipo de beca, pero que aun así hay todavía tres cuartas partes de mexicanos que están en edad de poder estar en estudios universitarios y no tienen acceso, la gran pregunta es: ¿qué tenemos que hacer?" (literal, sin comentarios).

La Jornada, 12/01/12

British Universities Under Attack Conference (Talks)

British Universities Under Attack Conference (Talks)

At the end of November 2011, The London Review of Books, together with  The New York Review of Books,  The Fritt Ord Foundation of Oslo, The Europaeum, Oxford Magazine, and Times Higher Education, ran a one-day conference on ‘British Universities Under Attack’. Some of the talks have since been published in LRB and are linked here: Sir Keith Thomas, Michael Wood, and Rachel Malik. Other talks will be linked as they become available.

Campaign for the Public University, 22/12/11

Thomas De Koninck et Luc Langlois: L'université gouvernée à la manière d'une entreprise?

Thomas De Koninck et Luc Langlois: L'université gouvernée à la manière d'une entreprise?
Thomas De Koninck et Luc Langlois, Faculté de philosophie, Université Laval

L'Université Laval s'apprête à transformer sa gouvernance en y réduisant drastiquement la représentation des corps professoral et étudiant, pour y augmenter le nombre d'administrateurs externes peu familiers avec la communauté universitaire, et leur donner ainsi un pouvoir décisionnel accru. On voit mal les constructeurs d'un pont ou d'un barrage en confier la responsabilité à des personnes n'ayant pas la compétence requise. C'est pourtant l'équivalent qui est proposé, comme le fait remarquer, en citant d'autres exemples, le Mémoire du Syndicat des professeurs et professeures sur la gouvernance de l'Université Laval. Le projet de loi 38 sur la gouvernance des universités étant mort au feuilleton et n'étant même plus «dans les cartons» du ministère de l'Éducation, du Loisir et du Sport, on est aussi en droit de se demander d'où viendrait l'urgence de modifier cette gouvernance à la veille d'une nouvelle course au rectorat, le 20 février prochain, et de s'étonner, comme le fait le Syndicat, de l'absence de données pertinentes et d'arguments à l'appui de ce projet.

Il faut savoir que le bilan de réformes similaires est désastreux, comme le rapportent huit ouvrages parus en 2011. Il suffit de lire le texte Our Universities : Why Are they Failing? qu'y consacre Anthony Grafton dans le New York Review of Books du 24 novembre 2011, p. 38-42. Ce sont le virus de la performance à courte vue et le mirage du financement privé qui motivent de telles orientations (cf. Vincent de Gaulejac, La société malade de la gestion. Idéologie gestionnaire, pouvoir managérial et harcèlement social, Paris, Seuil, 2009). Même de prestigieuses universités américaines comme Harvard, Princeton, Yale, Chicago en ont été victimes. La conséquence est un déséquilibre croissant, au détriment de la mission de l'université, défavorisant notamment les humanités et les sciences pures au profit de domaines plus «payants» (cf. David J. Frank et Jay Gabler, Reconstructing the University : Worldwide Shifts in Academia in the 20th Century, Stanford University, CA, 2006; voir en outre Patricia J. Gumport, Academic restructuring : Organizational change and institutional imperative, in Higher Education 39: 57-91, 2000).

Il en résulte la marginalisation progressive d'immenses champs de l'expérience et de tous les discours en lesquels ceux-ci tentent de se dire, de s'expliciter et de se comprendre. Les humanités, par exemple, demeurent des domaines de controverses, leur référent ultime étant la condition humaine elle-même, leur raison d'être l'épanouissement de la pensée, de l'imagination et de l'affectivité dont dépend la liberté. La littérature, l'histoire, la philosophie, la théologie, les sciences politiques - pour ne citer qu'elles - engagent en profondeur les forces de l'imagination et du raisonnement; les étudiants y sont appelés à argumenter, de sorte qu'on y voit à quel degré la marque des autres est vitale dans l'éducation.

On ne saurait non plus ignorer la place considérable revenant aux sciences pures. Elles suivent des voies de plus en plus spécialisées, si bien que la science devient davantage encore aujourd'hui une oeuvre collective, l'affaire d'une communauté. Il faut la dimension d'une université ou de son équivalent, et le type de relations humaines qui la définit en principe, pour que, sous les apparences d'une diversité insurmontable, puisse émerger la vie universelle du sens se construisant dans une approximation permanente.

Le mépris de ces exigences menace la démocratie, comme l'a mis en lumière Martha Nussbaum dans Not for Profit : Why Democracy Needs the Humanities (Princeton University Press, 2010). Un étudiant diplômé grâce à des habiletés techniques uniquement, sans avoir formé son jugement, n'a pas été éduqué et risque d'être un piètre citoyen. L'idéologie marchande fait accroire que le système démocratique est un produit secondaire du système de libre-échange, ce que démentent assez les lourdes crises économiques et politiques actuelles.

L'évolution des sociétés est déterminée par la culture avant tout, ainsi qu'en témoigne la restructuration de la vie sociale qu'opèrent les nouveaux pouvoirs de communication au niveau de l'action politique et des domaines scientifiques et commerciaux. Toute société dépend du bon jugement de ses membres que seule une culture responsable peut assurer. L'université est une communauté de partage entre penseurs, artistes, savants, réunissant jeunes et aînés dans la considération imaginative du savoir. Dans l'organisme social complexe du monde moderne, l'aventure de la vie et l'aventure intellectuelle vont de pair. C'est ce que la gouvernance de l'université doit refléter et respecter.

L'université est la «centrale d'énergie de la liberté» (Northrop Frye, By Liberal Things, Toronto, 1989, p. 18-19). Partout où l'on accepte la vision de l'artiste, le désintéressement, la distance du savant, la patience de l'enseignant, le questionnement des jeunes, l'université est à l'oeuvre dans le monde.

Or le projet soumis par l'actuelle administration de l'Université Laval va tout à fait à l'encontre de ces principes. Il contribuera à affaiblir le débat universitaire, tel qu'il a lieu dans les échanges entre les chercheurs, les professeurs, les administrateurs et les étudiants, dont le premier forum est le Conseil universitaire. Le modèle de gouvernance de l'Université Laval, on ne le sait peut-être pas, est l'un des plus démocratiques de toutes les universités en Amérique du Nord. Il repose sur les principes du bicaméralisme (un Conseil universitaire, de composition plurielle, à qui revient l'examen des principales questions académiques, et un Conseil d'administration, première instance de la reddition de comptes), de l'élection, par un large collège électoral, du recteur (alors que dans plusieurs autres universités québécoises et canadiennes, le recteur est nommé par le Conseil d'administration). C'est ce modèle de la communauté des chercheurs, des professeurs, des étudiants, des chargés de cours et des administrateurs, définissant ensemble le bien commun hors de tout a priori corporatiste et idéologique, qu'il faut préserver pour que l'université demeure, au-delà de toutes les fausses façades de l'efficacité managériale, un authentique espace de liberté.

En un mot, une gouvernance réduisant l'université au statut d'une entreprise ne saurait être à la hauteur de ses responsabilités. L'université une fois minée de l'intérieur, qui pourra encore assumer cette mission?

Le Soleil, 12/01/12

Josep Maria Montaner: Omnipresencia financiera

Josep Maria Montaner: Omnipresencia financiera
El mercado quiere enseñanza de excelencia para la élite y masificada para la mano de obra barata
Los objetivos son los de debilitar la sanidad y la enseñanza públicas en favor de las privadas
Josep Maria Montaner es arquitecto y catedrático de la ETSAB-UPC.

Este cambio de año nos deja la certeza de que el mundo funciona con una extraña lógica empresarial, que sigue las arbitrarias fluctuaciones estadísticas e intenta homogeneizar todo valor humano dentro de las leyes de las finanzas. Y así se ha intentado convencernos de que los recortes necesarios solo se pueden hacer de una manera: desmantelando el Estado de bienestar en vez de exigir a las grandes fortunas y de poner tasas a las transacciones financieras. La economía domina, y naciones y autonomías se gestionan con criterios meramente cuantitativos.

Las universidades han pasado de enfatizar la transmisión de conocimiento a contarlo todo por créditos; en las ciudades, de la gestión llevada por políticos y técnicos se ha evolucionado hacia la rentabilidad del managerialismo, y de los modelos urbanos a las marcas. Una plaza pierde sus valores sociales y simbólicos, como espacio público, y se convierte en una pista de hielo para deslizarse por el consumo, y una rambla termina como un amnésico paseo de obstáculos hecho de tiendas de souvenirs horteras.

El sistema pretende que solo hay dos salidas: o nos integramos con docilidad (y en estos tiempos, con miedo) como trabajadores y consumidores o seremos expulsados como residuos y convertidos en marginados. Pero hay otras alternativas a esta falsa lógica empresarial que será fatal. En el caso de Cataluña se está hundiendo lo que funcionaba: la sanidad y la educación pública. Y se está desaprovechando la formación y el entusiasmo de los jóvenes que se están viendo obligados a emigrar: a Europa (Reino Unido, Francia, Alemania) o a América (Estados Unidos, Argentina, Brasil).

Descaradamente, los objetivos son los de debilitar la sanidad y la enseñanza públicas en favor de las privadas. En el caso de la Universidad, se quieren detener sus avances para que la crisis no golpee tan fuertemente a las privadas. Ya en 2005, en el Fórum Social por la Educación en Cataluña celebrado en Barcelona y titulado Otra educación es posible, el sindicalista belga Nico Hirtt denunciaba que en un futuro inmediato, de una Europa fuertemente dualizada, se iban a necesitar solo un 25% de lugares de trabajo muy cualificados y el 75% restante interesaba que fueran poco cualificados, con una formación temporal recibida rápidamente en los mismos lugares de trabajo, para una mano de obra flexible y deslocalizable, subalterna del falsamente opulento mundo de las TIC y de la fluctuante industria turística. El mercado quiere enseñanza de excelencia para unas élites y masificada para mano de obra barata. De ahí esta caída de las inversiones en la Universidad pública, que está intentando mantener la calidad con el voluntarismo de una parte de profesorado y estudiantes.

En este contexto, el rectorado de la Universidad Politécnica de Cataluña quiere aprobar un plan de viabilidad que se basa, a grandes rasgos, en aumentar las horas de trabajo, colocar más estudiantes por grupo, reducir la plantilla no renovando a los asociados e interinos, y reducir los beneficios sociales a profesores, investigadores y personal de administración. Con todo ello la aplicación de los objetivos del Espacio Europeo de Educación Superior no se va a poder cumplir. Y es que la Universidad no se puede gestionar como una empresa, ya que ni produce bienes materiales, ni los que la dirigen son un consejo de administración, sino profesores elegidos por votación, y sus objetivos tienen que ver con la investigación, el saber y la mejora de la sociedad antes que con la inmediata instrumentalidad. No solo es injusto, sino que es erróneo hacer pagar a los estamentos más débiles de la Universidad, generalmente los miembros más jóvenes, estos ajustes, ya que se está truncando un vital y laborioso relevo generacional.

Hay mucho que hacer para demostrar que hay otras opciones además de este horizonte impuesto de recortes. Se ha de superar esta visión monetarista y a corto plazo, promoviendo una labor de debate en cada ámbito, protagonizada por los trabajadores, que son quienes conocen bien las realidades, consensuando los criterios para la necesaria racionalización económica y planteándolos con relación a las expectativas estratégicas para el futuro de cada sector.

El País, 12/01/12

Matthew Batstone: In defence of the humanities

Matthew Batstone: In defence of the humanities
Humanities graduates do incredibly well professionally and it is time academia acknowledged this, argues Matthew Batstone
Matthew Batstone is a co-founder and director of New College of the Humanities

According to a recent piece of research from New College of the Humanities, 60% of the UK's leaders have humanities, arts or social science degrees. The STEM subjects (science, technology, engineering, maths) account for only 15% of the sample. This might come as a bit of a surprise for some.

Somebody studying the politics or sociology of Britain might reasonably infer from government policy that only people with STEM degrees make a contribution to the prosperity of the nation.

Moreover the literature from academics in support of the humanities tends to reinforce that supposition. Supports tend to argue that the humanities are vital for society because successful societies need to understand their past, the history of ideas and their culture.

This is true, but it misses a key argument underpinning the value of the humanities, the fact that graduates of these disciplines do incredibly well professionally, including those who follow business careers. What's more, this is a vital part of the argument in favour of continued support of these subjects.

The full Choose Humanities report can be found here, but the data is pretty clear. The study reviewed leaders across a broad range of fields in the UK, including FTSE 100 CEOs, MPs, vice chancellors of Russell Group universities, Magic Circle law firms, managers of creative businesses and so on. Dividing subject areas between STEM, humanities, arts, social sciences and vocational, leaders with degrees from the core humanities were the largest group. Even among FTSE 100 companies there are 34 CEOs with a humanities degree against 31 with a STEM degree.

If so many of the UK's leaders have humanities degrees, is it possible to determine whether what they have studied contributes to their success?

A good starting point is the business lobbying organisation, CBI. The CBI says that what big business needs are graduates who can work in teams, who can problem solve and who are numerate. This may be the basis of the government's preoccupation with STEM subjects and it is certainly true that any client would be concerned if their auditor could not add up.

However, these are the basic skills graduates must have. They can only take professionals so far up the ladder. They are not the capabilities that will generate ideas or create wealth and employment. Steve Jobs' obsession was with calligraphy, not cash flow statements. The capabilities that the CBI talks about are the plumbing (without being dismissive – you wouldn't want to live in a house without plumbing). The humanities provide a rich training in the skills underpinning leadership and innovation, regardless of whether that leader runs a government department, a school, a newspaper or a corporation.

To succeed in the humanities you need to build an argument and you need to be able to recognise the strengths and weaknesses of the contrary position. Moreover you need to be able to present your position in a compelling and charismatic manner (the tradition of 1:1 tutorials is fantastic training for this). Purely on a practical level, the weekly distillation of a huge amount of material is exactly the discipline required in many forms of work.

If you appreciate, for instance, Bleak House or Nostromo, you will appreciate the importance of human relationships and the fact that it is people, as well as organisations and how they are structured, that shape outcomes. Most importantly, however, at the centre of the humanities is an appreciation of ideas and the value of creativity.

If Britain is to have a future in the economic life of the planet, it is unlikely to be in low value manufacturing. We will stand or fall with our creative and information industries and where better to find the leaders of these industries than from graduates of economics, law, philosophy, English and history.

The Guardian, 12/01/12

Los universitarios estadounidenses se ahogan en préstamos

Los universitarios estadounidenses se ahogan en préstamos
Uno de cada cinco estudiantes será perseguido por impago
La deuda supera los 780.000 millones de euros
Ocupa Wall Street llama a la insumisión

En Estados Unidos existen pocas cosas tan sagradas como el contrato. Y repudiarlo es algo similar a una herejía. "Es un tipo de obligación que llevamos impresa en nuestro ADN". Pero Andrew Ross, profesor de sociología en la New York University, lleva incitando a ese sacrilegio desde que en octubre decidió dar una charla en el contexto del movimiento Ocupa Wall Street titulada ¿La deuda universitaria es un contrato? En el atrio del Deutsche Bank en Wall Street, Ross detalló la gravedad de la deuda universitaria estadounidense, que supera el billón de dólares (786.163.522 euros), los cálculos que vaticinan que uno de cada cinco estudiantes será perseguido por impago -en 2005 se les prohibió declararse en quiebra-, dejó claro que el sistema de préstamos a estudiantes es un negocio suculento para las instituciones financieras que se convierte en una trampa mortal para los jóvenes en tiempos de crisis e incitó a los estudiantes a hacer algo.

Un mes después, su nombre se convirtió en uno de los muchos implicados en la campaña Ocupa la Deuda Estudiantil, creada por el grupo Education & Empowerment de los indignados estadounidenses y con el que se aspira a reunir un millón de firmas de universitarios dispuestos a no pagar su deuda hasta que se cumplan una serie de demandas concretas: desde devolverle la gratuidad a las universidades públicas a que se desvele la contabilidad de las privadas y la eliminación de los intereses en los créditos a estudiantes. "Negarte a pagar una deuda por voluntad propia y no solo por falta de fondos es controvertido, porque tiene una fuerte implicación moral y consecuencias prácticas, así que sabemos que será una carrera de fondo", afirma Ross, quien considera injusto que su sueldo esté vinculado al endeudamiento de los estudiantes.

Desde que se lanzó la campaña hace un mes, apenas 3.000 personas han firmado la petición. Sin embargo, en el seno del movimiento Ocupa Wall Street, se muestran satisfechos y calientan motores para relanzarla en febrero. "De momento, hemos conseguido que el problema de la deuda estudiantil entre en el debate político, salte a la prensa y obligue a los estadounidenses a hacerse preguntas: hoy, un estudiante puede ser perseguido por impago el resto de su vida mientras que en el universo de las finanzas empresas y empresarios pueden escapar a sus deudas sin problemas", explica Suzanne Collado, una de las firmantes y coordinadoras de la campaña, quien calcula que se licenciará con unos 35.000 dólares (27.515 euros) de deuda.

Sin duda es una propuesta radical para un país en el que los ciudadanos asumen como algo natural que para tener estudios superiores hay que endeudarse. Obtener una licenciatura universitaria costaba en 2010 una media de 25.000 dólares (19.654 euros) y aunque se opte por una universidad pública, nadie se libra de pagar. Aunque hasta los años setenta las matrículas en centros públicos de Nueva York y California eran gratuitas, poco a poco se implantaron tasas -como ha ocurrido en España- y hoy quienes estudian ahí pueden llegar a acumular deudas de hasta 35.377 euros, según The Institute for College Access & Success.

El coste de las matrículas se ha incrementado en un 900% en los últimos 30 años y desde 1999 las cifras de la deuda estudiantil también se han disparado en un 511%, hasta alcanzar en 2010 el billón de dólares, una cifra superior a lo que los ciudadanos estadounidenses le deben a las tarjetas de crédito, 550.000 millones de euros. Y con el mayor índice de paro de jóvenes licenciados de la historia de EE UU (9,1%) la devolución de esa deuda se ha convertido en un quebradero de cabeza no solo para ellos sino para el Gobierno, que ve cómo la capacidad de consumo (dos tercios de la economía se apoya en el consumo privado) de los jóvenes, se reduce exponencialmente.

Curiosamente, desde que se lanzó la campaña se han multiplicado las voces de alarma. La propia secretaria de Educación, Arne Duncan, urgía hace unas semanas a los rectores para que "sean creativos" y piensen urgentemente "en fórmulas para reducir los costes y las deudas de los estudiantes", y el presidente Obama incluso se reunía con algunos de ellos con el mismo objetivo.

Quienes no tienen la suerte de ser el número uno en deportes o en matemáticas de su instituto -el sistema premia con becas a los números uno y a las minorías étnicas, pero deja fuera a todos los demás, la clase media- solo pueden estudiar si piden un crédito y, por tanto, se licencian con deudas que crecen y se multiplican a medida que pasan los años y les llueven los intereses o las penalizaciones por no pagar a tiempo. "Es aún peor si aspiras a seguir estudiando tras la licenciatura", explica Barbara Adams, quien tras 10 años pagando su deuda decidió pedir otro préstamo para financiarse un doctorado en Sociología en The New School que cuesta 30.000 dólares (23.584 euros) al año. "Con el préstamo pagas la matrícula pero para vivir tienes que trabajar (ella es profesora en diversas universidades). Eso no te deja tiempo para estudiar así que el doctorado se alarga eternamente (ella lleva siete años) y las deudas también. Es una trampa, pero solo atrapa a los que no somos ricos. Si puedes pagar, tardas la mitad en escribir tu tesis. Sé que es mi problema haber decidido hacer un doctorado en una universidad cara pero si solo la gente con dinero tiene el privilegio de acceder a lo más alto de la educación es que el sistema está equivocado. ¿No nos habían vendido que el sueño americano consistía en que todos podíamos aspirar a nuestros sueños? La realidad es que el sistema educativo es brutalmente clasista".

El País, 10/01/12

John Holmwood (ed.): A Manifesto for the Public University

A Manifesto for the Public University John Holmwood (ed.): A Manifesto for the Public University
Bloomsbury Academic, 2011

The Browne report advocates, in effect, the privatisation of higher education in England. With the proposed removal of the current cap on student fees and the removal of state funding from most undergraduate degree programmes, universities are set for a period of major reorganisation not seen since the higher education reforms in the 1960s.

This book brings together some of the leading figures in Higher Education in the UK to set out what they see as the role of the university in public life. The book argues for a more balanced understanding of the value of universities than that outlined in the Browne Report. It advocates that they should not purely be seen in terms of their contribution to economic growth and the human capital of individuals but also in terms of their contribution to the public.

This book responds to the key debates that the Browne review and Government statements have sparked, with essays on the cultural significance of the university, the role of the government in funding research, inequality in higher education, the role of quangos in public life and the place of social science research. It is a timely, important and considered exploration of the role of the universities in the UK and a reminder of what we should value and protect in our higher education system.

Table of Contents

Galicia: Las universidades ajustan todas las partidas para pagar nóminas

Galicia: Las universidades ajustan todas las partidas para pagar nóminas
Santiago no cubrirá bajas ni jubilaciones que no sean imprescindibles

Pese a la advertencia de que no debe frenarse la inversión en educación superior, el consejo se topa con una realidad: si los recortes llegan a la educación y a la sanidad, las universidades no escapan a ellos. Vigo aprobó ayer unos presupuestos para el 2012 que suponen un descenso de un 3% respecto al año anterior; A Coruña prevé que bajen ligeramente; y Santiago ha tenido que prorrogar sus cuentas y tendrá que buscar fórmulas para recortar seis millones.

Todas estas medidas se traducen fundamentalmente en paralización de inversiones, ralentización de proyectos y congelación de plantillas. En algunos casos, como el de la USC, van más allá, con medidas más contundentes para afrontar el 2012.

La institución que dirige Juan Casares Long es un claro ejemplo de que las administraciones no solo deben apretarse el cinturón sino de que se están quedando sin agujeros para hacerlo. La institución se enfrenta a unos presupuestos prorrogados, ya que el claustro tumbó la propuesta del equipo rectoral. El escenario actual es que en el 2012 hay menos dinero que en el 2011, por lo que además de no hacer nuevas inversiones hay que recortar, de donde sea, los seis millones de euros de caída de ingresos respecto al 2011.

Estos seis millones con los que ya no cuenta la USC se deben a que no queda ningún tipo de remanente y a la caída de los ingresos de matrícula. Además, en el plan de financiación de la Xunta se recogían 405 millones para las tres universidades en el 2012 si esta conseguía un nivel de ingresos. No se consiguieron, y la cifra a repartir se ha quedado en los 390.

Hay menos, y hay más gastos, porque los profesores consiguen trienios, quinquenios y sexenios que hay que abonarles, y los gastos corrientes suben por la subida de conceptos como la luz o la calefacción. ¿Qué hacer? Sara Cantorna, vicerrectora de Economía, lo tiene claro. Si se aplicase el recorte de seis millones de forma proporcional habría que echar a personal, porque supone el 67% del gasto, pero este capítulo no se ha tocado. Aún así, se necesitan más recursos para abonar los nuevos complementos, por lo que la USC recurrirá a la no cobertura de bajas ni de vacantes por jubilación, en este último caso salvo que sea imprescindible para garantizar la docencia. En cuanto a los gastos corrientes, se aplicarán medidas como el cierre de los centros por las tardes las dos próximas semanas.

En A Coruña el descenso paulatino de la inversión de la Xunta ha llevado a la universidad a realizar con más calma proyectos anunciados en época de bonanza, como el Campus Center, cuyo presupuesto superaba los 20 millones de euros y del que se ha iniciado solo una parte.

David Hursh & Andrew F. Wall: Re-politicizing Higher Education and Research within Neoliberal Globalization

David Hursh & Andrew F. Wall: Re-politicizing Higher Education and Research within Neoliberal Globalization
Paper presented at the World University Forum, Davos, Switzerland, February, 2008

Universities, like education and social services in general, are increasingly pressured to adopt neoliberal principles that encourage privatization, entrepreneurship, standardization, assessment, and accountability. In this paper, we examine recent efforts in the U.S. to develop measurement and accountability systems that commodify higher education and show how they reflect a neoliberal rationale and undermine the historical purposes of higher education, reduce faculty autonomy, and harm the common good. However, because assessment and accountability have a role not only in higher education but all education, we propose how assessment and accountability might be implemented in higher education to promote teaching and learning responsive to the interests of students, faculty, the university and wider communities.

We begin, therefore, with a general description of neoliberalism and its influence on education policy and practices. We then turn to showing how some of the recent higher education initiatives embody neoliberal rationales. These reforms include the Charting The Future Report that calls for quantitative assessments promoting institutional comparisons and market competitiveness; proposals by higher education groups to create self-reported and “voluntary” forms of assessment that are quantitative, technical and formulaic ( i.e. institutional report cards); the press for apriori definitions of student learning and success; individual tracking of students; and the push for ranking schemes popularized by the American media.

António Nóvoa: Quem quer bater-se pelas Universidades?

António Nóvoa: Quem quer bater-se pelas Universidades?
António Nóvoa, reitor da Universidade de Lisboa

Quando se aceita um convite, quando se toma a palavra, nem que seja por breves Instantes, temos o dever de dizer o que pensamos e o que sentimos. Palavras de circunstância não fazem parte da minha circunstância, da minha maneira de ser e de estar. 

Cinco anos é o meu tempo como reitor. Tempo intenso, difícil, ainda que insubstituível no plano pessoal. Cinco anos é o tempo de um país que se afastou das suas universidades, através de políticas que procuraram fraturar e enfraquecer as Instituições, retirando-lhes vida própria e independência.

A primeira fratura, cuidadosamente pensada e preparada, foi com a ciência. As universidades, acusadas de imobilismo, transformadas em "barrigas de aluguer" dos centros de Investigação, esses sim dinâmicos e inovadores. Da ciência só vinham luzes. Da universidade só vinham sombras. Uma narrativa dual, de separação, de divisão. Triste narrativa.

A segunda fratura, legitimada, como sempre, por instâncias internacionais, deu-se no governo das universidades. A participação e a democracia vistas como empecilhos e a ideologia da Nova Gestão Pública invadindo, de rompante, o espaço universitário. As novas instituições passariam a ser governados por órgãos mais manejáveis e o Reitor passaria a ser o CEO da Universidade. Foram estas as palavras ditas na apresentação do Regime Jurídico das Instituições de Ensino Superior no Centro Cultural de Belém, em 2007. Pobre ideologia, falsamente modernizante.

A terceira fratura, complicada, mais pelo processo do que pela ideia, promoveu a tendência privatizante das universidades, através de fundações sem fundos, de falsas fundações. Fraca história, feita de provincianos oportunismos.

É justo dizer que grande parte destas evoluções se verificou também em muitos outros países por esse mundo fora. A Ideologia do valor económico das universidades tem vindo a dominar o mundo universitário.

O nome do departamento governamental do Reino Unido que tutela o ensino superior fala por si: Ministério dos Negócios, da Inovação e das Competências. O novo Ministério tem a tutela das Universidades, da Ciência, da Aprendizagem ao Longo da Vida (transformada em avatar da empregabilidade), do Investimento e Comércio e dos Negócios e Empresa.

Estas orientações conduziram, na maioria dos países, a um reforço do financiamento público. No caso português, deram origem a um desinvestimento ao longo dos últimos anos. Entre 2006 e 2012, a preços constantes, as transferências do Orçamento de Estado para a Universidade de Lisboa, depois de descontadas as contribuições para a Caixa Geral de Aposentações, diminuíram 50%. Metade desta redução representa o empobrecimento da instituição; a outra metade, o empobrecimento dos seus profissionais.

A grande reforma do ensino superior serviu para esconder o desinteresse dos governos pelo destino das universidades, arrastadas para lógicas de sobrevivência. As reformas sucedem-se às reformas, consomem-se umas às outras, servindo para justificar a instauração de novos poderes e de novas regulações. Raramente (ou nunca) servem os propósitos de uma transformação, de uma renovação das instituições. São estratégias de controlo. Não são estratégias de mudança.

Face a este panorama, confesso-vos que o meu principal espanto, direi mesmo a minha maior desilusão, foi a forma resignada como as comunidades universitárias viveram esta situação, sem uma verdadeira discussão de temas centrais para o seu futuro.

Como é frágil a nossa cultura de liberdade, mesmo nas Instituições que a deviam cultivar acima de tudo. No Centenário da Universidade de Lisboa, fomos buscar a Coimbra, à oração de sapiência de Bernardino Machado, o nosso lema: "Uma Universidade deve ser escola de tudo, mas sobretudo de liberdade".

Curiosamente, o silêncio público traduziu-se, muitas vezes, num ruído dentro das instituições. A conflitualidade transferida do espaço político para o espaço institucional. Voz fina para fora. Voz grossa para dentro.

As situações de mal-estar Institucional têm um conjunto vastíssimo de razões. Não são apenas consequência das políticas recentes. Há uma longa história de corporativismos e de protecionismos que marca a vida das universidades. São imensas as mudanças que temos a obrigação de fazer.

Mas é evidente que as evoluções recentes, que alguns, como Hermínio Martins, designam por "capitalismo académico", promovem lógicas de controlo, de produtivismo e de intensificação do trabalho docente que, num quadro de desvalorização salarial, geram um enorme mal-estar.

Como transformar este mal-estar, de conflitualidades Internas, de quezílias e litigâncias num debate público sobre o futuro das universidades, sobre o futuro que queremos para as universidades?

Não vos quero deixar com um retrato negro. Peço-vos que não confundam a crítica com o pessimismo. Nem tudo são espinhos.

Não tenho quaisquer saudades da Universidade do passado. Nem do passado distante da Ditadura, essa universidade medíocre e elitista fechada ao mundo da ciência e da cultura. Nem do passado recente dos anos 80 ou 90, quando a universidade se abriu à cultura, é certo, mas não à ciência, e quando manteve políticas que impediram o acesso de muitos ao ensino superior. A universidade do passado não merece que dela tenhamos saudades.

Temos, hoje, instituições mais fortes e mais responsáveis, instituições que percebem a importância de acolher mais estudantes, que reconhecem a necessidade de prestar contas à sociedade, que têm uma consciência clara de que não há universidade sem ciência.

Falta-nos, é verdade, uma cultura académica mais crítica e mais independente. Quando tantas instituições falharam, não podem falhar as universidades. Precisamos de universitários que pensem o que os outros não são capazes de pensar, que digam o que os outros não podem dizer, que façam o que os outros não têm conseguido fazer por Portugal.

O futuro não passa por pequenas universidades. Passa por grandes universidades, não necessariamente no tamanho, mas na "massa crítica", na capacidade de integrarem todos os saberes, de juntarem a melhor ciência ao melhor ensino, de atraírem jovens de todo o mundo, na capacidade de serem, como dissemos ao longo deste ano, Universidades, instituições da cidade, da polis, da sociedade.

Nada define melhor uma universidade do que a capacidade de se rejuvenescer, de se abrir às novas gerações, de as acolher, de as formar, de as ver superar as gerações anteriores. A minha maior mágoa é a dificuldade que estamos a ter para dar uma oportunidade a tantos jovens de imenso mérito e talento, permitindo-lhes a entrada na profissão académica.

As universidades só merecerão este nome se souberem estar à altura das suas responsabilidades, numa época tão exigente como aquela que vivemos. Independência e espírito crítico. Recusa de qualquer lógica de controlo ou de redução da autonomia, a não ser quando resultem de processos legítimos e necessários de avaliação e de garantia da qualidade.

E por último, e sempre, um sentido exato, preciso, profundo, da nossa dimensão pública, da nossa responsabilidade social, do nosso compromisso com o país.

Disse, e repito, prefiro um mundo imperfeito, com liberdade, do que um plano perfeito, sem ela. Estou disposto a renunciar a tudo, menos à liberdade.

Sei bem que, nos tempos que correm, não podemos perder tempo com pessimismos. Fala-se das universidades como instituições com um grande passado (em Portugal, nascemos há mais de 700 anos) e com um glorioso futuro (dizem-nos que somos as instituições centrais das sociedades do conhecimento).

Um grande passado e um glorioso futuro. E o presente? Parece que o presente "desapareceu" no meio de tanto passado e de tanto futuro. A mim, interessa-me o presente, o presente futuro certamente, o presente como futuro.

O futuro? Mas o futuro não existe, exclamou um dia António Sérgio! Existe, sim. Existe o futuro como ideia. O que constitui uma nação não é uma causa eficiente: é sempre sim uma causa final: um projeto, um plano, uma ideia do que há de ser.

E sobre isto que devemos concentrar as nossas energias: Que universidades queremos para o século XXI português? E quem está disposto a bater-se por elas?

CRUP, 14/12/11

Henry Giroux: Why Faculty Should Join Occupy Movement Protesters on College Campuses

Henry Giroux: Why Faculty Should Join Occupy Movement Protesters on College Campuses

In both the United States and  many other countries, students are protesting against rising tuition fees, the increasing financial burdens they are forced to assume, and the primacy of market models in shaping higher education while emphasizing private benefits to individuals and the economy. Many students view these policies and for-profit industries as part of an assault on not just the public character of the university but also as an attack on civic society and their future. 

For many young people in the Occupy movement, higher education has defaulted on its promise to provide them with both a quality education and the prospects of a dignified future. They resent the growing instrumentalization and accompanying hostility to critical and oppositional ideas within the university. They have watched over the years as the university is losing ground as a place to think, dissent, and develop a culture of questioning, dialogue, and civic enlightenment. They are rethinking what should be the role of the university in a world caught in a nightmarish blend of war, massive economic inequities and ecological destruction.

What role should the university play at a time when politics is being emptied out of any connection to a civic literacy, informed judgment, and critical dialogue, further deepening a culture of illiteracy, cruelty, hypermasculinity and disposability? Young people are not only engaging in a great refusal; they are also arguing for the social benefits and public value of higher education while deeply resenting the fact that, as conservative politicians defund higher education and cut public spending, they do so in order to be able to support tax breaks for corporations and the rich and to ensure ample funds for sustaining and expanding the warfare state.

The Occupy protesters view the assault on the programs that emerged out of the New Deal and the Great Society as being undermined as society increasingly returns to a Second Gilded Age, in which youth have to bear the burden of an attack on the welfare state, social provisions, and a huge wealth and income inequality gap. Young people recognize that they have become disposable, and that higher education, which always embodied the ideal, though in damaging terms, of a better life, has now become annexed to the military-academic-industrial complex. 

What is important about the Occupy protesters' criticism of being saddled with onerous debt, viewed as a suspect generation, subjected to the demands of an audit culture that confuses training with critical education and their growing exclusion from higher education is that such concerns situate the attack on higher education as part of a broader criticism against the withering away of the public realm, public values and any viable notion of the public good. To paraphrase William Greider, they have come to recognize in collective fashion that higher education has increasingly come to resemble "an ecological dead zone" where social relevance and engaged scholarship perishes in a polluted, commercial, market-driven environment. The notion of the university as a center of critique and a vital democratic public sphere that cultivates the knowledge, skills, and values necessary for the production of a democratic polity is giving way to a view of the university as a marketing machine essential to the production of identities in which the only obligation of citizenship is to be a consumer.

"Debt, Democracy, and the Future of the Public University": A Series

"Debt, Democracy, and the Future of the Public University": A Series

Last Wednesday (December 7) qui parle, Reclamations, and Representations organized a public forum on the present crisis, ongoing protests, and future prospects of the public University.  Each Journal has recently put out a special issue on the topic: qui parle's "Higher Education on its Knees," Reclamations' "Generation of Debt," and Representations' "The Humanities and the Crisis of Public University."  But the talks were not simply about the special issues.  Instead they ranged farther afield to address the questions of where we are and what is to be done.

We will be publishing texts of talks from the Forum this week.  We will begin tomorrow (December 12) with James Vernon's Introduction to the Forum and Chris Newfield's presentation, and then followed up the talks of Wendy Brown, Rei Terada and others.  Please check back for the actual papers and please use the comment space as a way to further discuss and extend the issues raised.

James Vernon: Debt, Democracy, and the Future of the Public University: An Introduction

The restructuring of higher education and the privatization of the public university has operated through a series of vectors: the push for online education, the challenges to access and diversity, the tremendous increase in studentfees and student debt, the growth of management bloat. It has been met—point by point—by a politics of protest. These protests have made clear that those defending Public Higher Education at UC must confront a number of problems. I’ll highlight just three:

Firstly we must recognize that whatever the particular nature of the crisis at UC it must be understood as part of a broader transnational restructuring of higher education and the privatization of public goods.

Secondly at the heart of this resistance is not simply a critique of the corporatization or privatization of the university – for these have a deep history – but a diagnosis of a new and distinct mode of contemporary transformation: the financialization of university. Universities are now in the grip of a culture of finance that produced a global recession and an insistence upon austerity cuts to public services, while redirecting the burden of higher education on to student debt through the very type of sub-prime loans that got us in to this mess in the first place.

And thirdly, as I suggested above, our current crisis has been a catalyst for critical thought and has been generative of new forms of politics on and beyond our campuses. It is no coincidence that the humanities have been central to the debates over the future of the public university. The value of the humanities seems at best precarious in the new financial culture of higher education. But as has been continually shown, humanities scholarship remains analytically and politically necessary for our universities and our democracies.

But we are here today less to discuss the content of arguments already made than than to take stock of where we are now as the restructuring of higher education proceeds apace and has been met these past months by the Occupy movement and the criminalization of protest on our campuses.

In that spirit let us begin.

Remaking the University, 12/12/11

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